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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

Revolucionarias sí, pero sin poder

Las revueltas populares en el mundo árabe han dado paso a una nueva era democratizadora en la región. No hay vuelta atrás, coinciden estos días la gran mayoría de los expertos. Lo que no está tan claro es si en el futuro traslado de poder de dictadores eternos al pueblo, participarán también las mujeres, comienzan a preguntarse algunas feministas árabes. Otras confían, sin embargo, en que el impulso revolucionario propiciará cambios culturales capaces de poner fin al cuasi monopolio masculino del poder en muchos países árabes.

 

"Nos dicen que no es momento de hablar de los derechos de la mujer, pero es precisamente ahora cuando tenemos que trabajar más que nunca. Hombres y mujeres hemos luchado codo con codo para acabar con el régimen de Mubarak, pero ya hemos empezado a ver que cuando llega el momento de la toma de decisiones políticas son ellos los que deciden por nosotras", sostiene Nihad Abul Qomsan, abogada y presidenta del Centro Egipcio para los Derechos de la Mujer.

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El imputado candidato

La designación de Francisco Camps como candidato del PP a las elecciones valencianas de mayo próximo sólo puede interpretarse como un desprecio olímpico del partido conservador por los principios elementales de la ética. El problema de Camps no se circunscribe a su imputación por un delito de cohecho impropio en el ya famoso caso de los trajes, que debería ser suficiente motivo para que se le aparte de las listas mientras aclara su situación judicial. El problema de fondo es que el caso Gürtel, el mayor escándalo de corrupción política de la democracia, se extendió hasta límites insospechados en Valencia siendo Camps presidente del Gobierno y del PP en esa comunidad, lo que, cuanto menos, arroja una sombra muy inquietante de duda sobre su capacidad como gobernante.

 

A diferencia de lo sucedido con otros imputados en el caso Gürtel, que fueron invitados a abandonar sus responsabilidades políticas, Mariano Rajoy ha decidido que Camps se presente a la reelección después de que el PP valenciano, en abierto desafío a la dirección nacional del partido, formalizara la candidatura con una semana de antelación. La forma en que se ha desarrollado todo este proceso pone en evidencia la debilidad del liderazgo de Rajoy y hace añicos su declarado compromiso con la limpieza en la práctica política. Lamentablemente, al presidente del PP parece preocuparle más lo primero que lo segundo. Sólo así se entiende que, después de haber sucumbido a la presión de Camps, alardease ayer: “Dije hace seis meses que sería el candidato y nadie me creyó”.

 

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Lo que no cabe esperar de Obama

La revuelta árabe es resultado de décadas de dictaduras corruptas, falta de perspectivas para la juventud, injusticia, desigualdad y ausencia de libertad. Estados Unidos toleró esa vergüenza, pero la llegada a la Casa Blanca de Obama, hijo de un africano musulmán que lanzó en 2009 en El Cairo un canto a la libertad, ha estimulado, quizá sin pretenderlo, a la legión de desposeídos.

 

La prudencia marcó al principio la actitud de Obama ante el tsunami revolucionario, pero soltó lastre justo antes de que sus aliados Ben Alí y Mubarak fuesen cadáveres vivientes. Comparada con la europea, falta de reflejos, la diplomacia norteamericana actúa con habilidad, y abjuró con rapidez del sofisma de que las dictaduras, si son amigas, suponen la mejor garantía de estabilidad.

 

No es que, de repente, cambie la política exterior del imperio, sino que, en defensa de sus intereses estratégicos, se adapta al giro inesperado de la historia, una oportunidad para acabar con el antiamericanismo en la región. Así, un día se abandona al aliado tunecino; al siguiente, al egipcio; al otro se presiona al bahreiní y, por fin, se gradúa la respuesta a la represión salvaje de Gadafi, ante el riesgo de que sea precisa una intervención exterior. En esta última crisis, la más grave de todas, ya en el estadio de sangrienta guerra civil, Obama sostiene que “no es sólo un problema de EEUU” y aboga por que la comunidad internacional “hable [y actúe] con una sola voz”.

 

Los límites de lo que cabe esperar de Obama quedaron en evidencia con el veto en la ONU a la condena a Israel por seguir construyendo asentamientos en tierra palestina. Washington comparte la esencia del texto y ha intentado, sin éxito, torcer la voluntad del Gobierno de Netanyahu en este asunto pero, a la hora de la verdad, dejó claro en qué lado de la trinchera está, pese a que ese conflicto alienta la desconfianza árabe hacia EEUU, desestabiliza la región y nutre la yihad contra Occidente.

 

Esta esquizofrenia puede costarle cara a Obama. Resulta más fácil decir que “lo válido para Egipto debe serlo para Irán” que aplicar esa vara de medir a aliados vitales para defender los intereses económicos del imperio. La auténtica prueba de fuego, si llega allí la revuelta, será Arabia Saudí, gasolinera del mundo y aliado vital, además de Israel, para contener a la república de los ayatolás.

 

LUIS MATÍAS LÓPEZ

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El más inquieto no es Rubalcaba ni Chacón, sino Rajoy

La incorporación fáctica de Carme Chacón, al elenco sucesorio –no en el sentido dinástico del término, sino en el coloquial- ha provocado una primera descarga de insultos y descalificaciones contra la ministra de Defensa desde la derecha mediática. Hete aquí la prueba irrefutable de que estos días se ha apoderado del PP un enojoso malestar porque no contaban los dirigentes genoveses con el efecto Chacón.

 

Han combatido durante más de tres meses –con la brutalidad dialéctica que caracteriza a los populares- al ahora vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero no han conseguido en absoluto liquidarlo políticamente. Se trata de un rival muy peligroso, con gran facilidad para el regate, adentrarse en el área y marcar goles. Ni los faisanes, ni los Gal, ni el Sitel, ni toda la retahíla de alucinantes calumnias –muchas de ellas gacetiles- han logrado doblegar a Pérez Rubalcaba.

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Sindicalismo europeo

Una de las carencias que esta crisis económica ha puesto de manifiesto ha sido la ausencia de un movimiento sindical europeo e internacional fuerte y organizado, que responda a la nueva economía del siglo XXI, esa economía que se ha globalizado y que ha ganado el pulso a la política, que también se ha dotado de instrumentos efectivos para implementar medidas en ámbitos supranacionales, como la Unión Europea o el G-20.

 

Los sindicatos mayoritarios de la Unión, organizados en Confederación, renunciaron a utilizar el último recurso a su alcance, la convocatoria de una huelga general europea. Con ello, desarmaron a los trabajadores y enviaron un mensaje inequívoco a gobiernos y empresarios, que estos no tardaron en traducir en reformas apresuradas de un sistema económico que había sustentado el Estado de bienestar desde la Segunda Guerra Mundial.

 

El sindicalismo europeo e internacional debe dotar a sus confederaciones (la CES y la CSI) de una estrategia unívoca y de mayores competencias en la toma de decisiones, aunque eso suponga renunciar a ciertas autonomías confederales. Así, seguirán yendo a remolque de la globalización económica, pero un poco por delante de gobiernos europeos y mundiales. En sus manos está nuestro poder.

 

FRANCÍ XAVIER MUÑOZ SÁNCHEZ - Madrid - 25/02/2011

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VENIMOS DE DÉCADAS DE DESPRESTIGIO DE LO PÚBLICO Y DE EXALTACIÓN DE LO PRIVADO

La conversión de los partidos políticos en meras maquinarias electorales y la corrupción son, entre otros, algunos de los argumentos que el diputado socialista por Granada,  José Antonio Pérez Tapias, expone en la entrevista concedida a “La Antorcha de la Información”, para justificar la progresiva desafección política de los ciudadanos.  Para el miembro de la Coordinadora Federal de la corriente Izquierda Socialista del PSOE, la izquierda aún no se ha recuperado del desconcierto ideológico en el que vive hace décadas.

 


1.  ¿Por qué los ciudadanos se alejan de la política?

 


Por una parte, la política como tal requiere conciencia de vínculos solidarios, espíritu cívico, voluntad participativa y capacidad de sumarse a proyectos ciudadanos, y todo ello no es precisamente lo que más destaca en una sociedad marcada por el individualismo. Mas por otra parte, si los ciudadanos se alejan de la política, verificando la desafección política de la que tanto se habla, también es por el hecho de que la política que de hecho se hace se ha alejado de ellos. Hay momentos, sin embargo, en que el interés de la ciudadanía por la política se explicita manifiestamente: determinadas coyunturas electorales (elecciones generales de 2004), respuestas ante determinados acontecimientos (caso del Prestige, guerra de Irak, Estatut de Cataluña…). En esos casos se evidencia el potencial de acción política que está presente en la ciudadanía.

 


2.  ¿Cuáles son los hechos y las razones que han contribuido al desprestigio de la política y de los políticos?

 


Los casos de corrupción pesan como una losa sobre la valoración de la política, con el agravante de la injusta y populista conclusión de que todos los políticos son iguales. Hay, además, otros  motivos de fondo. Venimos de décadas de desprestigio de lo público y de exaltación de lo privado, de una hegemonía neoliberal que ha pregonado que el Estado (o el gobierno) es el problema y el mercado, la solución. Tal lluvia neoliberal acaba empapando la valoración que se impone socialmente respecto a la política y los políticos.

 

3.  ¿Cuál es la responsabilidad de la izquierda en el desprestigio de la política?

 


La responsabilidad de la izquierda se puede cifrar, respecto al desprestigio de la política, en algunos puntos especialmente importantes. Uno de ellos es el no haber  sido capaz de desarrollar modelos de partido más internamente democráticos. La reducción de un partido a maquinaria electoral se vuelve contra lo que es exigible a un partido de izquierda. Otro es el haberse dejado atrapar por la exclusividad de la gestión cuando se ha gobernado, desatendiendo la participación en movimientos sociales, la presencia en colectivos y asociaciones, abandonando la reelaboración teórica del propio proyecto y la discusión crítica en torno al mismo. Y, en tercer lugar, la timidez de la izquierda para presentar alternativas consistentes y creíbles ha afectado al declive de la política entre su base social.

 

4.  ¿Se ha desarmado ideológicamente la izquierda?

 


La izquierda vive desde hace tiempo en un desconcierto ideológico del que no se ha recuperado. Los intentos de articular el legado de la tradición socialdemócrata con los movimientos ecologistas no han cuajado lo suficiente, por ejemplo. La necesidad de reemplazar antiguos modelos revolucionarios, como los del movimiento comunista, por un reformismo fuerte tampoco se ha visto suficientemente satisfecha. Quizá sea la articulación de feminismo e izquierda la que ofrezca el flanco más exitoso. En cualquier caso, la izquierda, acostumbrada a plantear su acción política en el marco del Estado nacional, se ve tan rebasada como ese mismo Estado en el actual contexto de globalización. Haría falta un nuevo internacionalismo y despertar nuevos potenciales utópicos. Ahora mismo incluso parece decaer el lema “otro mundo es posible”.

 


5.  ¿Qué argumentos puede esgrimir la izquierda para contrarrestar el auge del capitalismo de rapiña en el que vivimos?

 


El actual capitalismo de rapiña, el capitalismo de la época de la globalización, determinado por el capitalismo financiero que en él marca la pauta, es el causante de la terrible crisis económica en la que estamos inmersos. Durante un breve tiempo se pensó por la izquierda que era el momento de retomar políticas socialdemócratas de cuño keynesiano para afrontar la crisis y salir de ella. Vemos cómo ha vuelto con fuerza una política neoliberal que viene a reforzar de nuevo el capitalismo. ¿Qué puede y debe decir la izquierda? Debe señalar cómo ese capitalismo va a destruir las bases del Estado de bienestar que hemos querido construir, cómo va a hacer sociedades más desiguales invocando una y otra vez el discurso de la competitividad, cómo ese capitalismo de voracidad insaciable va a impedir políticas medioambientales serias de conservación de recursos y lucha contra el cambio climático. Y, además, la izquierda debe poner de manifiesto las contradicciones internas del capitalismo fuertemente especulativo ahora dominante, el cual siembra su propia destrucción, arrastrándonos a todos, con las pretensiones de desregulación, si no de sometimiento de los mismos Estados, que vuelve a hacer valer.

 


6.  ¿Cómo se explica que los políticos, los gobiernos occidentales, hayan sido incapaces de establecer controles y límites al movimiento internacional de capitales especulativos?

 


Los gobiernos se mueven en la órbita del Estado y los capitales especulativos lo hacen en la de un mercado global que los Estados, ni queriendo, controlan. Los intentos de hacer frente a una crisis como la que estamos viviendo con actuaciones de estímulo fiscal han chocado con fuerzas financieras que presionan a los Estados que las han puesto en práctica, y ello con el fin de que el déficit público no afecte a las expectativas de beneficios de los grandes capitales. Por otro lado, si los países tienen difícil, si no imposible, salir de la crisis en solitario, los organismos internacionales como el G 20 y los supraestatales como la UE se muestran incapaces de articular respuestas colectivas y eficaces. Los intereses contrapuestos bloquean un G 20 que actúa con una lentitud que lo incapacita como foro de decisiones compartidas y la UE se ve condicionada por el nacionalismo económico, muy acusado en algunos de sus miembros de mayor peso, como es el caso de Alemania.

 


7.  ¿Cómo se explica que los causantes de la crisis, los bancos y los mercados financieros, sean los que sigan marcando la pauta de la economía internacional y de la salida de la crisis?

 


Bancos y mercados financieros son los que tienen el poder más determinante, frente al cual Estados y gobiernos evidencian su posición subalterna. Esa asimetría explica el chantaje a gran escala que estamos padeciendo por parte de mercados, con su entramado de entidades financieras y fondos de inversión, que imponen políticas de ajustes a los Estados bajo la amenaza del caos. En España también tenemos un ejemplo de ello.

 


8.  ¿Es el actual ejecutivo del PSOE un gobierno de izquierdas?

 


En el actual gobierno hay personas con un perfil de izquierdas, empezando por su presidente. También es un gobierno que viene de realizar, como los anteriores de Rodríguez Zapatero, políticas de izquierdas, tanto en reconocimiento de derechos como en políticas redistributivas y de extensión y profundización del Estado de bienestar. Pero la situación ha mermado su capacidad de resistencia frente a los mercados y a los poderes económicos, hasta verse en la tesitura de aplicar propuestas neoliberales como camino único para salir de la crisis. Siendo verdad que hay que hacer reformas en el terreno laboral y en el sistema de pensiones, por ejemplo, la cuestión es cómo, con qué alcance, con qué criterios, y es ahí donde planteamientos de derechas desplazan a enfoques de izquierda hoy por hoy desarbolados. Hay que recordar que no hay política de izquierda sin estrategia en que se enmarque, sin proyecto que la oriente y sin alianzas sociales (y no sólo parlamentarias) que permitan sacarlas adelante. Todo ello es lo que ahora se echa en falta. Siendo verdad que el discurso socialdemócrata padece un agotamiento difícil de subsanar desde el momento en que la práctica de gobierno la contradice, al final son los hechos los que determinan la ubicación política real.

 


9.  ¿Está estancado el actual modelo de democracia?

 


Nuestra democracia puede mejorar en muchos aspectos. La ciudadanía más activa y crítica reclama cauces de participación más efectiva, a la hora de promover debates en serio, de articular mecanismos de decisión y de elegir candidatos y representantes políticos. Eso exige cambios en la estructura y funcionamiento de los partidos políticos. En otra escala, habría que introducir contrapesos institucionales para que la división de poderes en un Estado social y democrático de derecho nunca se vea disminuida, así como para que los poderes económicos y mediáticos no atenacen al poder político. Hay que ir a un modelo de democracia a la altura de las sociedades complejas, incluyendo su diversidad cultural, de este siglo XXI. Igualmente, la democracia hay que llevarla con todas sus consecuencias a los organismos supraestatales. El caso de la UE es nuestro horizonte más cercano y exigente a ese respecto.

 


10.  ¿Qué reformas fundamentales serían necesarias para revaluar el papel de la política y para hacerla más cercana a los ciudadanos?

 


Es fundamental fomentar la democracia interna de los partidos políticos, así como la mayor transparencia en todo lo que se refiere a su financiación. Hay que mejorar el funcionamiento de instituciones claves en democracia, como el parlamento, llevando a cabo la tantas veces anunciada reforma de los reglamentos del Congreso y del Senado para posibilitar más agilidad, participación y capacidad de iniciativa por parte de los representantes políticos en su seno. También es importante clarificar y redefinir el papel de las Administraciones públicas (central, autonómicas y locales), resistiendo a los afanes privatizadores que tanto las acosan, pues ellas son decisivas para la realización de las políticas públicas. Y tenemos pendiente la reforma del Senado como Cámara territorial, algo imprescindible para nuestro Estado autonómico y su necesario desarrollo federalista.

 


18 de Enero de 2011

El faraón se queda en momia

La Momia deambula por el escenario negándose a cantar el aria del destierro de Aída: "Oh patria mia, mai più ti rivedrò". Anhela ser enterrada en el valle del Nilo. Podría encontrar descanso en la cercana Arabia, la tierra de La Meca y Medina, pero no, en esta hora suprema proclama que se siente más egipcia que musulmana.

 

Sus soldados miran a la Momia con extrañeza: no se ha dado cuenta de que ya terminó su vida como faraón y solo es un cadáver embalsamado. Quiere seguir gobernando hasta septiembre. Pero ¿quién de ellos se atreve a proponerle celebrar ya el entierro, sellar el ataúd y devolver así la paz al país de las pirámides?

 

Y es que el pueblo no quiere a la Momia, para el manso y paciente pueblo de las riberas del gran río ha llegado el momento de la ira y el valor. Lleva días exigiendo que se vaya, que deje de comportarse como si aún fuera el faraón.

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ACUERDOS Y DESACUERDOS

José Antonio Pérez Tapias

 

 La calidad política de una democracia se puede apreciar a la vista de sus acuerdos y también de sus desacuerdos, pues la política democrática se nutre tanto de unos como de otros. Que el sistema democrático exige ciertos consensos en torno a valores básicos y a principios compartidos sobre los que asentar instituciones y procedimientos es un lugar común. Son imprescindibles ciertos acuerdos en torno a cómo entender las libertades de los individuos y los derechos de los ciudadanos, aunque no agoten lo que se pueda pensar, decir y hacer respecto a aquéllas y éstos. Por ello, la democracia también conlleva disensos: el pluralismo es un valor político.

 

La dialéctica de consenso y disenso es, pues, clave en una dinámica política que no tiene más fundamento que el que los ciudadanos podamos darle justamente al reconocernos recíprocamente como tales. De ahí que la igualdad se sitúe en el corazón de la política si de ella ha de tratarse. Como sostiene Jacques Rancière, hay política en tanto que haya igualdad o, al menos, eficaz empeño por ella. Hay que reconocer, sin embargo, que la realidad social dista de ser igualitaria. Cuando esa distancia se acorta la democracia se hace efectiva y la política, verdadera. Cuando no es así, las correlaciones de fuerza y el juego de intereses pueden sobre la política. Es decir, se impone la economía y la política se desvirtúa como mero gestionar al servicio de aquélla, subalterna gestión de lo necesario para un orden dado.

 

Los acuerdos y desacuerdos concretos que en diferentes situaciones se alcancen pueden ser valorados a su vez considerando si refuerzan, respectivamente, los consensos básicos de la democracia o si nutren disensos para mantenerla viva. ¿Qué decir de un pacto como el ahora alcanzado por gobierno y sindicatos? La reforma del sistema de pensiones, ciertamente pactada bajo la presión de la necesidad, habrá que contrapesarla con lo acordado sobre medidas contra el paro, especialmente el paro juvenil. Si la primera no se ve acompañada por un convincente desarrollo de planes de empleo fracasaremos ante el reto político de la igualdad, ya que a pensiones más costosas de obtener se añadirá el incremento de desigualdad que implica el aherrojamiento de muchos, millones de personas, en el desempleo. La tarea es lograr objetivos de justicia en época de crisis, aunque sea difícil precisamente cuando es más imperativo. Si por los mencionados acuerdos no hay que echar campanas al vuelo –no es una victoria el éxito político que suponen-, los desacuerdos tampoco han de llevar a rasgarse las vestiduras. Ya que no se trata ni de reír ni de llorar, tratemos de comprender, como sugeriría Spinoza. Pero exijamos, sobre todo a quien quiera ser muy popular, que se deje de demagogia.

 

(Publicado en el diario Granada Hoy el 3 de febrero de 2011)

Vergüenza

MARUJA TORRES  03/02/2011

 

Transición. Hermosa palabra. Cuántos crímenes se cometen en tu nombre. Ahora mismo se perpetra uno en Tahrir Square y sus alrededores: es decir, en todo Egipto. Tahrir ha sido el corazón de la protesta y sus criaturas resisten bravamente, pero todos sabemos que los esbirros de Mubarak -algunos los llaman partidarios: cómo no lo van a ser- vencerán. Nos tienen a nosotros detrás. A Estados Unidos y su novia de toda la vida, Israel, y a este carcamal medio paralizado y enmudecido que llamamos Unión Europea.

 

El sapo tirano ha escupido sobre todos nosotros y nos ha inmovilizado. No le ha hecho falta saliva. En el fondo, todos sabemos cuál es su arma suprema, de qué se sirve para tener a Obama y a sus siervos en el bolsillo: islamismo. Uhhhhhhh, que vienen los islamistas.

 

Nunca lo sabremos. Nunca les damos la oportunidad, a esos pueblos, de decidir por sí mismos. Y si se la damos, tampoco les permitimos decepcionarse y rectificar en las urnas, como hacemos nosotros. Sucedió en Argelia, y vino un baño de sangre.

 

Era fundamental que Egipto resultara un ejemplo. El pueblo lo deseaba y se sentía orgulloso, tras la estela de Túnez pero en grandioso. No podían comunicarse entre sí, el sátrapa ordenó aislarles de Internet, del teléfono móvil. Pero ellos se veían, se sentían, se sabían. Han presenciado demasiadas veces esta épica, protagonizada por otros, para ignorar que hacían historia.

 

Pues bien, ya lo sabéis. Ejemplarmente, Egipto va a ser sometido a los deseos de los queridos amigos de Occidente y su palanganero local. Habrá más islamistas que nunca, nos odiarán más que antes.

 

Y nosotros continuaremos impávidos, como esas palmeras de plástico que Mubarak hizo poner en El Cairo para camuflar las antenas de los celulares luego enmudecidos. Inmóviles, sin que ningún viento nos sacuda. Aborrecibles.

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La batalla de Egipto continúa

Qué admirables me parecen los jóvenes manifestantes ante los que hablé el otro día, esos egipcios unidos contra las injusticias y que comparten una ira que nadie va a poder dominar. El martes fue para mí un día inolvidable. Me uní a los manifestantes en El Cairo, junto con los cientos de miles de personas que, en todo Egipto, salieron a la calle para exigir libertades y enfrentarse a la terrible violencia policial. El régimen posee un aparato de seguridad con 1.500.000 de soldados e invierte millones en entrenarlos para una tarea: reprimir al pueblo egipcio.

 

Me encontré en medio de miles de jóvenes que solo tenían en común su valor increíble y su determinación de hacer una cosa: cambiar el régimen. Unos jóvenes que son, en su mayoría, estudiantes universitarios sin ninguna esperanza sobre su futuro. Que no encuentran trabajo y, por tanto, no pueden casarse. Y que actúan movidos por una ira indomable y un profundo sentido de las injusticias existentes.

 

Siempre admiraré a estos revolucionarios. Todo lo que dicen demuestra una aguda conciencia política y un deseo de libertad que desafía a la muerte. Me pidieron que pronunciara unas palabras. Aunque he hablado cientos de veces en público, en esta ocasión era diferente: me encontraba ante 30.000 manifestantes que no estaban de humor para oír hablar de concesiones y que no dejaban de interrumpir con gritos de "¡Abajo Hosni Mubarak!" y "El pueblo dice: ¡Fuera el régimen!".

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¿PACTO “GLOBAL”?

En los últimos días, estamos viendo cómo desde los sindicatos se ha llamado a la consecución de un “gran pacto global”, en el que se lleguen a acuerdos en materia de pensiones, reforma laboral, negociación colectiva, políticas activas de empelo, etc.

 

¡¡¡AHORA, parece ser, que se apuesta de forma decidida por la consecución de ese “pacto global”!!!.

 

Ahora que se han destruido millones de empleos; ahora que se ha liberalizado totalmente el despido; ahora que se ha facilitado a los empresarios el descolgarse de los convenios colectivos; ahora que se ha permitido el acceso de las ETTs. a las bolsas de empleo público; ahora que se ha rebajado un 5% los salarios de los empleados públicos y se han congelado las pensiones; ahora que se va a ampliar la edad de jubilación a los 67 años y a ampliar a 20 o 25 años los años para su cálculo; ahora que se va a decretar la reforma de la negociación colectiva; ahora que se ha eliminado la ayuda de 426 euros; ahora que se quiere implantar el copago sanitario; ahora que se están lapidando los derechos individuales de los trabajadores, etc.,¡¡¡AHORA!!!

 

Empezaron hace unos días Gobierno y sindicatos, ahora se suman las organizaciones empresariales y desde las organizaciones sindicales se está forzando para que también se unan al mismo todos los partidos políticos con representación parlamentaria.

 

La verdad es que en estos momentos de durísima crisis económica, desestabilización y ataques mercantiles, este pacto sería necesario para poder luchar juntos contra estos poderes ocultos que nos atacan y realizar reformas de control de la economía, entidades financieras y tejido industrial español.

 

Pero la cuestión es que llevamos más de tres años de profunda, durísima y gravísima crisis y . . . ¿Por qué no se hizo esto desde el principio?. . . y si se intentó, ¿Quiénes fueron los culpables de su fracaso?.

 

Sí, digo culpables, pues la inacción, discusión  y zancadillas que han protagonizado durante estos tres últimos años de crisis . . . ¿Sabéis cuanto nos han costado?.

 

Se han destruido millones de empleos (4.200.00 parados), millones de puestos de trabajo  que tardaran años en volverse a crear por mucho pacto global que alcancemos; si lo hubiéramos hecho hace tres años quizás estaríamos hablando de algún millón menos de parados (como pasa en el resto de Europa).

 

¿Cuántos millones de españoles han sido empujados a la precariedad, se han quedado sin empleo, no han podido pagar la hipoteca y por ello han sido desahuciados?.

 

¿Cuántos ciudadanos se han visto empujados hacia el umbral de la pobreza?.

 

¿Cuántos millones de euros ha tenido que utilizar la sanidad pública para tratar depresiones, dependencias alcohólicas, psicotrópicos, tendencias suicidas, ansiedades . . . como consecuencia de todo este desastre?.

 

¿Cuánto ha podido repercutir toda esta precariedad laboral, económica, y social en el número de suicidios, asesinatos, violencia doméstica, agresiones, accidentes laborales, accidentes de tráfico, . . . cuántas muertes por todo ello?.

 

¿Cuántos miles y miles de millones de euros en prestaciones por desempleo, subsidios, ayudas, etc.?.

 

De haberse producido hace tres años este “pacto global”, quizás estaríamos hablando de menos pobreza, de menos muertes, de menos terapias, de menos paro, de menos desahucios, y de un ahorro considerable de miles y miles y miles de millones de euros que podrían haberse invertido en políticas activas de empleo. Las consecuencias por no haberlo alcanzado tres años antes son gravísimas.

 

 ¿Porqué no se intentó entonces?, ¿Porqué no se llegó a un acuerdo?, ¿Quiénes fueron los culpables?. ¿Fue el gobierno?, ¿la oposición?, ¿la patronal?, ¿los sindicatos?.

 

Los ciudadanos tenemos derecho a saberlo. Ellos son, en cierta medida, responsables de una parte de esta degradación social.

 

Ahora toca pelear y conseguir ese acuerdo y luego exigir responsabilidades.

 

La política no es un juego. Los políticos no están jugando al monopoly, a las finanzas o al estratego. Sus decisiones, acciones u omisiones, inciden directamente en las condiciones de vida, bienestar o pobreza de los ciudadanos; por ello las organizaciones políticas, empresariales, financieras y sindicales son responsables de las consecuencias de sus hechos y . . . . . . los ciudadanos tenemos la obligación de exigir responsabilidades.

 

 

Jesús Molíns

No cabe un tonto más

Me van ustedes a disculpar -o no-, pero la culpa no la tiene el niño, ni sus padres. Alguien debería romper una lanza por esa familia; así que aquí me tienen, rompiéndola. En el asunto del profesor del instituto de La Línea que mentó el jamón en clase, ofendiendo la sensibilidad islámica de un alumno musulmán de trece años, los culpables son otros. Después de todo, el padre que puso una denuncia en comisaría, tras calificar de maltrato escolar el hecho de que se pronunciasen las impuras palabras jamón y cerdo en clase, no hacía otra cosa que demostrar que sabe muy bien dónde está. Que nos ha tomado el pulso. Los hipócritas somos nosotros, ciudadanos socialmente correctos y de limpia conciencia, que después de llenarnos la boca tragándolo todo hasta el fondo porque no vayan a decir que somos intransigentes, xenófobos y fachas, y por el resto del qué dirán, de pronto nos ponemos estrechos y tiquismiquis diciendo que no, oiga. Por Dios. Ahora, la puntita nada más.

Esto es España, oigan. Donde, como dice mi compadre Carlos Herrera, no cabe un tonto más, pues nos caeríamos al agua. Cuando la familia del niño musulmán ofendido por el jamón dirigió sus pasos a la comisaría más próxima, de ingenua tenía lo justo. La movía la certeza absoluta de que, por descabellada que fuese su denuncia, tenía ciertas posibilidades de prosperar. Y no puedo menos que darle la razón. Conociendo el patio.

El maestro, en primer lugar. Menos mal que anduvo prudente y achantó la mojarra. Con la hiperprotección que en España dispensamos a los pequeños cabroncetes, que un niño se levante en clase y le quite la palabra al profesor que está hablando de Geografía y de climas adecuados para la cura del cochino, a fin de exigirle que no ofenda su sensibilidad religiosa, nos parece a muchos lo más natural del mundo. O semos tolerantes, o no lo semos. Respeto a la multiculturalidad, se llama eso. Y si al maestro se le ocurre levantar la voz para decirle al zagal que cierre el pico, o agarrarlo por el pescuezo si se pone flamenco y sacarlo al pasillo, calculen el desparrame. Docente fascista, violencia escolar, xenofobia en las aulas, tertulias de radio y televisión, Internet a tope. Se le cae el pelo, al profe. Niño y encima musulmán, casi nada. Si además llega a ser niña y con pañuelo en la cabeza, abre telediarios.

En cuanto a la policía, imaginen que son el cabo Ramírez, o como se llame, que está echándose un cigarrito en la puerta, y en ésas llega el padre de la criatura y dice que a su hijo le han mentado el jalufo en clase, y que es intolerable. Entonces usted, Ramírez, considera dos opciones. La primera que se le ocurre es mandar al padre y al hijo a tomar por saco; pero, lo mismo que el maestro, sabe perfectamente en qué país imbécil se juega los cuartos. También sabe que, si no se pone a disposición de cualquier fanático oportunista, tramitando tal clase de denuncias, puede ponerse a remojo: xenofobia policial, abuso de autoridad, prevaricación, nocturnidad -son las siete de la tarde- y alevosía. Titulares de prensa, y María Antonia Iglesias, descompuesta de belfo, llamándolo fascista y mala persona en la telemierda. Así que opta por la segunda opción, y tramita. Cayéndosele la cara de vergüenza, pero resignado con su puto oficio y su puta España, va al día siguiente a tomarle declaración al maestro. Y que salga el sol por Antequera.

Ahora, el juez, fiscal o lo que sea. Afortunadamente estaba de guardia uno normal, de los que no buscan salir en los periódicos. Y decidió, con sano criterio, hacer lo que no pudo el cabo Ramírez: mandar al demandante a tomar por saco, como la Justicia hace esas cosas: archivando la denuncia. Mi pregunta es qué habría ocurrido si en vez de tocarle al fiscal Fulano le hubiese caído al fiscal Mengano: uno de los que tocan otro registro y se la cogen con papel de fumar, por si acaso. De los que, en una discusión de tráfico, una conductora llama cabrón a un conductor, éste responde zorra, y empapelan al conductor por conducta machista. Dirán ustedes que es imposible. Que la denuncia del jamón no podía prosperar jamás. Vale. Piénsenlo despacio. Esto es España, recuerden. Paraíso de demagogos y cantamañanas, donde prospera todo disparate. Ahora díganme otra vez que la denuncia nunca iría adelante, por lo menos en fase de diligencias. Díganlo mirándome a los ojos.

Así que, en mi opinión, el digno musulmán hizo perfectamente. No arriesgaba nada. Y si cuela, cuela. Con suerte, incluso habría sacado una pasta para pagarse el viaje a La Meca con la familia. En todo caso, lo seguro es que en la comunidad islámica de su pueblo deben de tenerlo ahora por un hombre santo, honesto mahometano. Todo un tipazo. De estar en su chilaba, yo también lo habría hecho.

 

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DOCE IDEAS PARA INTENTAR REMONTAR DESDE LA IZQUIERDA

 

 

01.Carlos Mulas, Director de la Fundación Ideas (PSOE). Profesor de economía en la Universidad Complutense.

 

El director del laboratorio de ideas del PSOE, Carlos Mulas-Granados, considera que la izquierda tiene que ser “valiente” y reconocer que en el nuevo marco de la globalización “no es viable regresar a las esencias de la socialdemocracia tradicional”.

 

“Necesitamos ofrecer un socialismo innovador y moderno, que se plasme en un nuevo contrato social de derechos pero también de deberes”, explica este economista ascendente en el PSOE.

 

"Ofrecer un socialismo innovador y moderno, de derechos pero también de deberes"El valor de la igualdad juega un papel esencial en la propuesta de este nuevo relato, pero no sólo en su concepción filosófica, sino también como oportunidad económica: “La igualdad es un motor de crecimiento y el intento de conquistarla abre muchos nuevos sectores económicos que generarán empleo y crecimiento”. 

 

02. Ludolfo Paramio, Investigador del CSIC y del Ortega y Gasset. Autor de La socialdemocracia y ex asesor de Zapatero.

 

“La izquierda tiene un problema de credibilidad, en parte porque en la década de 1990 se impuso la visión de Tony Blair de dar prioridad a las oportunidades individuales por encima de las solidaridades colectivas”, apunta Ludolfo Paramio, uno de los intelectuales más respetados en el PSOE, que dirigió el gabinete de análisis de José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa entre 2004 y 2008. Y añade: “Blair tenía partes buenas, pero no se trata sólo de aumentar los ascensores, sino de subir el suelo”.

 

"Encontrar un relato creíble de salida de la crisis manteniendo el modelo social"Ahora, prosigue, “hay que reconstruir el barco en alta mar” y para ello urge “encontrar un relato creíble de salida de la crisis manteniendo el modelo social”. Para ello cree básico “encontrar liderazgos capaces de contar, por ejemplo, que la izquierda puede reducir el déficit sin heridas sociales”.

 

 03. Ignacio Urquizu, Profesor de sociología de la UCM. Dirige un curso sobre la socialdemocracia en el siglo XXI.

 

A juicio de este joven e influyente sociólogo, la gran tarea de la izquierda es “replantear el Estado del bienestar”. Y no solo como consecuencia de la crisis económica, sino “por los grandes cambios sociales de las últimas décadas”.

 

"Replantear el Estado del Bienestar dando prioridad a las políticas que aporten igualdad"“Debería ponerse el foco en las grandes desigualdades, que afectan sobre todo a niños, mujeres y ancianos, y dar prioridad a las políticas que aporten igualdad”. Ello implica, advierte, asumir que “no todo el dinero público genera igualdad” y pone como ejemplo el gasto universitario, que en su opinión en realidad genera desigualdad porque los más pobres apenas se benefician de esta gran inversión del Estado.Urquizu también juzga prioritario “que los ciudadanos y los parlamentos recuperen el poder político que han ido acumulando los expertos”. 

 

04. Inés Sabanés , Fundación europa de los ciudadanos (IU). Diputada de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid.

 

Entre los esfuerzos “titánticos” que la izquierda debe realizar si quiere recuperarse, destaca, en opinión de la presidenta del principal ‘think-tank’ de IU, “revisar en profundidad los métodos y formas de los partidos tradicionales”. Con un fin: “introducir la radicalidad democrática”.

 

"Revisar los métodos de los partidos para introducir radicalidad democrática" Sabanés considera que ello es básico para volver a conectar con los ciudadanos y sumar “a todos los que defienden una alternativa a la hegemonía del pensamiento conservador y sus valores”.

 

La receta de la diputada de IU en Madrid supone una visión de la izquierda “menos dogmática e identitaria”, que se centre en construir “redes” alrededor de distintas causas que no exijan un compromiso con una cosmovisión cerrada y global. “Hoy tejer es más importante que los grandes discursos”.

 

05. Vicenç Navarro , Catedrático de la Pompeu Fabra. Autor de El subdesarrollo social de España.

 

El catedrático de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (EEUU) es quizá una de las mayores autoridades universitarias del mundo socialdemócrata. Y en su opinión habría que empezar por desandar parte de lo andado últimamente: “La razón más importante de la crisis de la socialdemocracia en Europa (incluyendo España) es la incorporación de las propuestas liberales que han alienado a sus bases electorales”.

 

"Desprenderse de los elementos liberales que han alienado a sus bases electorales "A su juicio, “la enorme influencia de los poderes económico y financiero limita los espacios de la socialdemocracia.”  “Cumplir sus compromisos les llevaría a unas políticas de enfrentamiento que ni siquiera consideran”, concluye.

 

06. Matt Browne , Asesor electoral del partido laborista. Investigador del Center for American Progress (EEUU).

 

No es que una de las figuras emergentes de la izquierda anglosajona —asesor electoral del laborismo y referente del principal think-tank demócrata en EEUU— niegue la magnitud de los retos a que deben enfrentarse los progresistas para recuperar influencia. Ni mucho menos. Pero, según Matt Browne, el punto de partida pasa por un cambio de mentalidad: “Hay que recuperar la autoestima y la mentalidad de ganadores. Esto es una parte importante del problema: a los electores no les gustan los perdedores”.

 

A su juicio, este giro no debería ser difícil porque la izquierda “tiene las mejores políticas y las más eficientes, también para salir de la crisis”. Browne considera básico que la izquierda sea “honesta” y asuma que hay que hacer reformas.

 

07. Enrique Santiago,  Secretario de Refundación de IU. Abogado especializado en derechos humanos.

 

El dirigente de IU que coordina el proyecto para refundar la formación política y abrirla a nuevos sectores considera prioritario “recuperar la capacidad de incidencia de los sistemas democráticos porque no sólo se está desmontando el Estado del bienestar, sino el Estado mismo”.

 

Por ello, urge “reconstruir un internacionalismo que genere espacios supranacionales más amplios en la UE y en el mundo”. “Un proyecto de izquierdas no puede sobrevivir en un solo país de la Unión porque las fuerzas para desmantelar el Estado del bienestar están totalmente coordinadas”.

 

Esta situación excepcional justifica en su opinión la construcción de coaliciones —no necesariamente orgánicas— que reúna a todos los interesados en “darle la vuelta a las políticas liberales”.

 

08. Reyes Montiel, Presidenta de la fundación Equo.  Ex diputada de IU en la Asamblea de Madrid.

 

"Dejar atrás los dogmas del siglo XIX y empezar a mirar al siglo XXI"“Las explicaciones enlatadas ya no sirven. La izquierda ha perdido pie en explicar qué pasa y si no se entiende qué pasa, no puede ofrecer soluciones”, opina la ex diputada de IU en Madrid, que acaba de incorporarse al nuevo proyecto ecologista de Juan López de Uralde.

 

Esta premisa exige ponerlo todo en cuestión: las formas de los partidos, los análisis, las propuestas... “Es básico dejar atrás los dogmas del siglo XIX y empezar a mirar al siglo XXI”, recalca Montiel, irónica: “Ya no sirve eso de que son las 5 de la tarde porque lo dice el comité central”.

 

“La sociedad tiene que ver que la izquierda es útil y demasiadas veces parecemos marcianos”, añade la ex diputada, que defiende que el discurso ecológico debe pasar a ser un elemento central de la propuesta.

 

09. Sami Naïr, Catedrático de la universidad de parís 8 . Ex eurodiputado socialista y ex asesor de Lionel Jospin.

 

"Plantearse qué significa ser de izquierdas y ello exige entender el mundo"“Lo fundamental, hoy, es plantearse y definir qué significa ser de izquierdas”, sostiene uno de los intelectuales más respetados de la izquierda europea. Podría parecer algo demasiado teórico, pero el catedrático insiste: la crisis de la izquierda no arranca ahora, sino con la “contrarrevolución de Reagan y Thatcher”, cuando “se quedó sin discurso de emancipación y se limitó a tener estrategias para conquistar el poder”.

 

Naïr, que está preparando un libro sobre cómo está decepcionando la izquierda, cree que si no hay discurso, el resto es accesorio: “Quizá gane alguna elección, pero a los seis meses ya hará las políticas de sus adversarios”. A corto plazo, el catedrático sugiere apostar por un plan neokeynesiano que a su juicio sólo es viable a escala europea.

 

10. Josep Fontana, Catedrático emérito de la UPF. Historiador de referencia del siglo XIX y XX en España.

 

Josep Fontana avisa que conviene “revisar cómo y por qué los elementos de una democracia formal conquistada con tanto esfuerzo y con tanta lucha han llegado a corromperse hasta el punto de alejar progresivamente la práctica política de las aspiraciones y necesidades de la mayoría”.

 

 "Revisar a fondo la democracia para que sea realmente reoresentativa" “Que esta mayoría pueda acabar votando, como está sucediendo regularmente, a aquellos políticos que se proponen despojarle de sus derechos sociales en provecho de los beneficios empresariales indica que hay que revisar a fondo los mecanismos del sistema para descubrir cómo se ha apartado de sus objetivos y ver el modo de repararlo con el propósito de establecer una democracia realmente participativa”. Simultáneamente, la prioridad debe ser oponerse “al brutal avance de la desigualdad”.

 

11. Jaime Pastor, Profesor de ciencia política de la UNED. Dirigente de Izquierda Anticapitalista.

 

"Tejer espacios de encuentro mestizo de todas las resistencias al neoliberalismo" “El gran reto de todas las izquierdas es cómo romper el sentido común dominante del TINA [‘There Is No Alternative’]”, admite uno de los referentes de los movimientos sociales más alternativos. Si no se logra, añade citando al filósofo esloveno Slavoj Zizek, se mantendrá “el permanente estado de excepción económico y social”. Por ello es tan urgente en su opinión “tejer espacios de encuentro mestizo de todas las resistencias al neoliberalismo”.

 

“No hablo de fusiones, sino de alianzas de geometría variable y muy horizontales que, empezando por lo local, vayan buscando propuestas comunes”, subraya Pastor, quien recalca que hay que prestar atención a los “laboratorios” que han surgido en América Latina.

 

12. James K. Galbraith , Economista de la Universidad de Texas. 

 

James K. Galbraith, estadounidense de 58 años, es uno de los más renombrados economistas “heterodoxos” en EEUU. Heterodoxo es ya una etiqueta que, incluso en la América de Barack Obama, se aplica también a la tradición keynesiana que tanto tuvo que ver en la construcción del Estado del bienestar. Uno de sus más lúcidos exponentes fue John Kenneth Galbraith, colaborador de John F. Kennedy y uno de los grandes economistas del siglo XX, cuya estela sigue ahora su hijo James, formado en Harvard, Yale y Cambridge, y profesor de la Universidad de Texas, que atiende a Público por teléfono desde EEUU.

 

¿Qué tendría que hacer la izquierda para recuperar el poder en a UE?

 

 Me temo que tardará muchísimo en hacerlo, suponiendo que lo logre.

 

Si Obama sigue al frente de la primera potencia, ¿por qué no puede conseguirse algo parecido en la UE?

 

Obama despertó una gran ilusión en el mundo progresista, que se ha ido transformando en una gran desilusión. Le quedan muy pocos elementos progresistas. Pero incluso si Obama fuera lo que creíamos, el problema de Europa sigue siendo profundo: la derecha tiene una gran presencia en las instituciones de la UE y particularmente en los elementos clave, como el Banco Central. El margen es muy estrecho.

 

Pero las elecciones permiten alterar la situación actual, que es consecuencia de que en la gran mayoría de países gobierna la derecha.

 

El problema es que toda la política gira alrededor de las elecciones y estas tienen pocas consecuencias de calado. La gente vota, pero nada cambia, salvo en cuestiones muy menores. No hay margen para modificar lo importante.

 

¿Y qué es lo importante?

 

Reducir el poder económico y político del sector financiero, que empuja para desmantelar el Estado del bienestar. El Estado debería poder controlar a los poderes económicos, pero es el sistema financiero el que controla el Estado.

 

"Urge reducir el poder del mundo financiero" ¿Cómo puede intentarse en un solo país en la era de la globalización?

 

Toda la izquierda debería estar pensando en cómo lograr este objetivo en los tiempos actuales. Y no sólo la izquierda: me atrevería a decir que la gente de buena voluntad. Pero, al mismo tiempo, la globalización no debe ser una excusa para no hacer nada: algunos países han hecho cosas interesantes, sobre todo en América Latina, donde ha avanzado la democracia. ¿Cómo se ha conseguido? Volvemos a lo mismo: parando los pies al poder financiero y siendo persistentes en el compromiso para la mejora social.

 

Pero con la situación de asedio que atraviesa la UE, ¿es realmente factible?

 

Se puede ser todo lo gradualista que se quiera, pero con un rumbo claro: si se quiere salir de la crisis y avanzar en la democracia, necesariamente hay que reducir el poder de los bancos. Hoy, los bancos mandan más que los gobiernos. Si no lo cambiamos, ni se saldrá de la crisis ni se recuperará la izquierda.

 

Publico. Madrid 09/01/2011  

 

INTER”ACCION”

¡Cómo está cambiando todo!, ¡con qué rapidez!; tal es la velocidad  que nos está pillando tan de sorpresa que no reaccionemos con la suficiente fuerza y celeridad.

 

Los poderes económicos marcan el paso y supeditan a los Gobiernos mediante las presiones bursátiles, mercantilistas y financieras.

 

Las organizaciones políticas y sindicales no cambian, siguen aferradas a sus estructuras, viejas fórmulas y métodos (manifestaciones, movilizaciones, huelgas, etc.) que hoy por hoy, por si solas, no son ni efectivas ni suficientes como para hacer varias las políticas impuestas por el nuevo orden mundial.

 

Todo está cambiando hacia un nuevo sistema que regirá al mundo del siglo XXI.

 

Un nuevo sistema totalmente liberalizado, basado en el poder financiero, en el que priman los resultados económicos frente a los derechos de los ciudadanos; donde se da mas importancia a los beneficios que a la redistribución de la riqueza; donde los movimientos bursátiles doblegan  la libertad de los Estados.

 

Un nuevo sistema en el que las libertades individuales y la democracia están supeditadas al interés de los poderes económicos.

 

Ante esta situación, no cabe más que reformar las organizaciones políticas y sindicales rápidamente. Ya no nos sirven, para defendernos, las viejas recetas..

 

Hay que cambiar y readaptarse a la nueva situación rapidísimamente o corremos el peligro de que el sistema que se está imponiendo nos enguya a todos.

 

No podemos seguir esperando a que la situación mejore, pensando que luego volveremos al estado anterior como si nada, esto no ocurrirá si no nos reformamos rápidamente y plantamos cara de forma eficaz a la nueva concepción mundial que se nos impone.

 

Las manifestaciones, movilizaciones, huelgas, etc., han pasado a servir simplemente para escenificar el descontento popular y la existencia de un conflicto, no siendo en sí mismas el camino para una solución efectiva. Si realmente queremos “incidir” en las decisiones debemos conjugarlas con el uso de otros mecanismos; los mismos mecanismos y medios que los poderes económicos están utilizando para doblegar a los gobiernos.

 

Para ello necesitamos reforzar el “internacionalismo social”, es imprescindible la unidad total, la unidad de todas las organizaciones políticas, sindicales, asociaciones, etc., que coinciden en que existen otras formulas para salir de la crisis y que es posible otro ordenamiento mundial.

 

Hay que concienciarnos de que solos o divididos tenemos la derrota asegurada; perderemos todo lo conquistado durante estos últimos siglos y los mercados nos impondrán su régimen económico, financiero, político y social.

 

Frente a la globalización mercantil y especulativa, debemos reforzar el “internacionalismo social”.

 

Hay que introducirse en sus organismos,  estructuras; hay que entrar, mediante el accionariado, en los medios de comunicación, entidades financieras, banca, multinacionales, mercados de bolsa, adquirir deuda de los diferentes países, de forma totalmente organizada, estructurada, coordinada y a todos los niveles: nacional, continental y mundial.

 

Todo ello con el objetivo de poder mover, comprar ó vender, con el fin de contar con un poder real de presión e incidir en las decisiones de los diferentes gobiernos y poderes económicos (banca, grandes empresas, bolsas, etc.), siempre en defensa de los intereses de los ciudadanos en defensa de sus derechos y libertades; de la misma manera y formas que ahora están haciendo los poderes económicos contra los Estados.

 

Por otro lado, tenemos que entrar masivamente en todas las instituciones mediante la unidad, fusión, coalición o convergencia de “todas” las organizaciones de izquierdas en una única fuerza de “alternativa social” con el objetivo “no de alcanzar el poder”, sino de obtener la representación suficiente “para incidir en el poder”.

 

Tenemos que reaccionar rápida y decididamente, debemos readaptarnos y reformarnos a la carrera. Hay que hacerlo ya, utilizando ese triple camino: desde dentro del sistema político, moviendo los hilos en el sistema financiero y ganando la calle.

 

Frente a la globalización especulativa: internacionalismo social.

El alma internacionalista

JUAN F. LÓPEZ AGUILAR  10/01/2011

 

El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.

 

Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de antipolítica que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el sufragio universal. Lo cierto es que ni la explicación ni la superación de este estadio depresivo podemos esperarla ya de los economistas: el tsunami comenzó siendo financiero; hundió la economía real; se ensañó con Europa, donde produjo un terrible impacto social que ha destruido empleo y minado la confianza en nuestro porvenir... para acabar corroyendo ¡y cómo! el crédito de la política. Este es, en sí, el triunfo de una reacción ultraconservadora, un híbrido de demagogia y miedo, que ahuyenta a cada vez más gente de todo interés por las urnas. De ahí, un crudo debate sobre la resiliencia de la socialdemocracia e incluso, yendo más lejos, un stress test sobre el pulso de la democracia en Europa ante este embate.

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Para la izquierda es pues urgente intervenir políticamente ese derrotero en la UE, convenciendo a muchos ciudadanos expuestos a un desenganche irreversible de que el reequilibrio en las cuentas no es en sí mismo nuestro fin, ni aún menos, el fin de la Historia, sino una palanca desde la que edificar reformas modernizadoras que habrán de preservar el modo de vida europeo, no derogarlo ni arrasarlo. Y eso solo podrá hacerse con una ambición paneuropea para esa socialdemocracia sin la que los cambios pasados no habrían sido posibles y sin la que los futuros no serán imaginables. Pero su reactivación pasa por la acción política, no por su desistimiento; por la movilización electoral europea de cuantos se identifican con valores hoy sometidos a asedio, y por su restauración frente a la antipolítica apología de los mercados y la erosión de los Gobiernos legitimados en las urnas como herramienta de transformación de un mundo que asusta más que entusiasma.

 

He subrayado a sabiendas el desafío electoral. Es cierto que, frente al nuevo espectro que recorre Europa -el fantasma del populismo-, hemos asistido a una fronda difusa de manifestantes: Islandia, Grecia, Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido... España. Pero también que esas revueltas inscritas en el invierno de nuestro descontento no han acertado todavía a perfilar su inspiración positiva y propositiva, moviéndose más bien en clave resistencial y reactiva: por ello no se ha acompañado de una reanimación del voto de ciudadanía y del espacio político -no solo a través del sufragio, pero también, sí, con este-. Esta sobrevendrá solo con la promesa de un cuerpo claro de propuestas reformistas para preservar lo irrenunciable cambiando lo impostergable. Y habrá de ser europea o simplemente no será. Ninguna solución es local. Ni tampoco nacional. A tiempo que dejó de serlo. Sí se nos exige, empero, saber que en cada elección nos jugamos un asalto de una batalla épica contra la arbitrariedad impersonal de arcanos contables sin rostro humano ni responsabilidad. Solo si recobramos el alma internacionalista del progresismo europeo tendremos oportunidades de construir un futuro que no sea el que muchos temen, sino un espejo razonado de los motivos y trabajos de nuestras esperanzas, tantas veces sometidas a pruebas aún más duras que esta.

 

Juan F. López Aguilar es presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo.

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Devolver el piso y saldar la hipoteca

Desde hace bastantes meses, el endeudamiento de algunas economías europeas, incluyendo la española, está bajo la atenta mirada de los mercados. Los casos de países pequeños como Irlanda o Islandia son bien conocidos. En el caso español, el endeudamiento total sobre el PIB, en torno al 350%, está en el medallero del mundial de grandes economías, detrás de Japón (470%) y Reino Unido (490%). Sin embargo, hay diferencias importantes en la composición de dicho endeudamiento: mientras en Japón es la deuda pública la que pesa como una losa, en el Reino Unido la mayor contribución corresponde a las instituciones financieras. En el caso español, el endeudamiento de empresas no financieras ocupa la primera plaza de las grandes economías. Solo países con mucho menor peso económico, como Irlanda o Portugal, están por encima. Del endeudamiento de las sociedades no financieras, una parte corresponde a la financiación de grandes multinacionales españolas. Sin embargo, otra parte está enterrada en el sector inmobiliario español. Esta es la parte preocupante.

 

El endeudamiento de las familias españolas no alcanza la importancia relativa del endeudamiento empresarial en el ranking internacional. Con una proporción en torno al 87% del PIB, está claramente por debajo del Reino Unido o EE UU, aunque haya superado con creces la media de la eurozona (alrededor del 62%). El principal problema del endeudamiento familiar español no es, por tanto, su nivel, sino la rapidez con la que ha crecido y la inadaptación de la legislación española para resolver situaciones de elevado endeudamiento familiar. Aunque la morosidad hipotecaria de las familias se encuentra en límites manejables (2,58%), el número de ejecuciones hipotecarias se está acelerando: el año pasado fueron 93.319, y este año, solo en el primer semestre, ya alcanzaban las 51.975. Estas cifras infravaloran el problema, puesto que una petición puede suponer la subasta de varios inmuebles, si bien es cierto que la estadística incluye no solo familias. El número de ejecuciones del primer semestre de 2010 es similar al de todo el año 2008 y representaría un 23% de las compraventas del primer semestre de 2010 si cada ejecución fuera un inmueble.

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José García Montalvo es catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra.

 

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Las reformas del sistema de pensiones

Las pensiones son un elemento esencial de nuestro modelo de protección social, especialmente para trabajadores y trabajadoras para los que, una vez termina su vida laboral, son la principal o única fuente de ingresos. Mantener y mejorar las mismas son objetivos preferentes para quienes representamos a los trabajadores también cuando cesan en la actividad laboral. Abordar con rigor su futuro es prioritario para una sociedad que, además de atender a sus mayores, asume su importancia como demandantes de bienes y servicios, es decir, para el empleo y las empresas.

 

Desde 1995 existe un amplio consenso en España para no utilizar el sistema de pensiones en la confrontación política, revisarlo y acordar reformas periódicamente para mejorar sus niveles de protección de forma compatible con nuestra capacidad de financiación de sus necesidades.

 

El gasto en pensiones no es causa ni consecuencia de la actual crisis económica. El sistema mantiene una situación de autofinanciación con cotizaciones sociales, que pagan incluso más de 4.000 millones de euros anuales (complementos hasta pensiones mínimas) que debería asumir el Estado conforme al contenido del Pacto de Toledo y sucesivos acuerdos sociales.

 

El gasto en pensiones tampoco es la causa del déficit y deuda públicos. Las reformas de pensiones no son útiles para afrontar los desequilibrios actuales en nuestras cuentas públicas. Sus efectos se ven al cabo de muchos años y, además, actualmente no incrementan el déficit público ni lo harán en bastante tiempo, lo que da margen para continuar pactando reformas como en los últimos 15 años, en los que se han alcanzado dos acuerdos políticos, tres con el recién alcanzado en el Congreso de los Diputados, y tres acuerdos entre Gobierno, empresarios y sindicatos (1996, 2001 y 2006), todos ellos firmados por CC OO.

 

No es cierto que una reforma de pensiones haga desaparecer las tensiones sobre la prima de riesgo de nuestra deuda pública. La alternativa, además de establecer reglas de actuación en los mercados financieros, es una actuación coordinada europea que refuerce las garantías existentes, ya suficientes a nuestro juicio, de pago de la deuda ante nuestros acreedores y, especialmente, deje claro que no es posible en Europa ganar dinero a corto plazo a costa de la deuda soberana.

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LA DERROTA DE UNA IDEA DE ESPAÑA

Antonio García Santesmases*
                           
 Tras las elecciones del pasado 28 de noviembre son muchas las reacciones ante lo ocurrido;  llama la atención que, entre las mismas, son pocos los que reconocen como propia la derrota  de los socialistas ante las urnas. Son pocos los que lo hacen fuera de Cataluña. Desde la misma noche electoral conocimos la retirada de José Montilla como secretario general del PSC, e incluso, al día siguiente, su propósito de no acceder a su escaño en el parlamento; comenzaba una nueva etapa en la cual quizás  por respetar la autonomía del PSC a la hora de reflexionar sobre las causas de la derrota,  o porque, con la que está cayendo, no hay tiempo para detenerse, son pocas las voces  que han profundizado en un aspecto que me parece esencial; el 28 de noviembre ha perdido el PSC : es evidente; el 28 de noviembre la derrota tiene consecuencias para el PSOE: es obvio; pero, hay que añadir que el 28 de noviembre, ha sido derrotado algo más importante, ha sido derrotado el intento de superar la confrontación entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán. Y es esto último lo que tiene realmente trascendencia de cara al futuro.
                            

 

Algunos considerarán discutible la tesis de que ha triunfado el nacionalismo español conservador pero si repasamos los hechos no me parece que la cosa admita muchas dudas.  Es evidente que el Partido Popular sale reforzado en el conjunto de España. Un parlamento aprueba por más del 80% un Estatuto para Cataluña. El  proyecto  es enviado al congreso de los diputados, y  es enmendado, rectificado, modulado, hasta el punto que el presidente de la Comisión Constitucional afirma que los diputados han logrado cepillarlo  debidamente. Ese Estatuto, convenientemente cepillado, es devuelto al parlamento de Cataluña y  es sometido a referéndum. Y, a pesar del cepillado, es aprobado mayoritariamente por el pueblo de Cataluña.
                            

 

Se han cumplido todos los procedimientos; se ha  respetado la legalidad pero,  a pesar de todo, los representantes del Partido popular deciden que el cepillado no es suficiente y enmiendan  el texto ante el Tribunal Constitucional. Durante toda la segunda legislatura del tripartito hemos vivido a la espera de la sentencia del Tribunal. Producida ésta la reacción de la sociedad catalana se expresa en la manifestación del pasado 10 de julio. El Partido Popular logra imponer parte de sus tesis en la sentencia del Constitucional. No todas pero sí las suficientes para lograr que cale el sentimiento de agravio: una vez más España no es capaz de asumir la realidad nacional de Cataluña. Lo que había comenzado como un intento de lograr un encaje de la realidad catalana en vida española  acaba en una nueva frustración.
                 

 

El Partido Popular, tras la sentencia, aparece para una parte de la opinión pública como garante de la constitucionalidad y Convergencia i Unió  como el partido destinado a hegemonizar la representación de la Cataluña dolorida, victima de un nuevo agravio. ¿Es de extrañar que, en estas circunstancias, se produzca un voto útil de todo el espectro nacionalista hacia CiU? El traslado de votos desde  ERC y desde el sector más catalanista del PSC responde a este designio. Unos  han pensado que el desenlace le ha dado la razón a Jordi Pujol y que era preferible no haberse embarcado en estas aventuras; otros   consideran que  había  que aglutinar el voto en un partido que represente sólo y exclusivamente los intereses de Cataluña.
                  

 

A partir de esa situación, de incomprensiones y de agravios, los dos nacionalismos se retroalimentan: el Partido Popular vuelve a insistir en que sólo ellos son capaces de defender la vigencia de la nación española, sólo ellos son capaces de reivindicar sin complejos la unidad de la patria, sólo ellos son capaces de reivindicar los quinientos años de la historia de España. El nacionalismo catalán vuelve a sus tesis tradicionales, pero con un matiz importante: el soberanismo ha quedado reforzado. Su mensaje es inequívoco: podemos entendernos con la derecha española en la política económica a desarrollar, podemos ser capaces de colaborar en la defensa de los derechos de la Iglesia católica, pero no queremos compartir sentimientos. Nosotros somos una nación que no tenemos, por ahora, un Estado propio; pero   para nosotros España no es una nación, es un Estado; no es una realidad sentimental, es una realidad jurídica y administrativa; será en todo caso una nación para los que acepten la hegemonía castellana, pero nuestro camino es otro. El 2014 no está tan lejos y allí tendremos la oportunidad de recordar lo ocurrido en estos trescientos años de frustraciones e incomprensiones.
                  

 

Algunos pretenden resolver el problema planteando que en el fondo no ha ocurrido nada, que CiU es un partido muy pragmático, que sabe que no es el momento para aventuras independentistas y  que de lo que se trata es de conllevarnos. Y vuelven a citar a Ortega. Creo que es muy saludable volver a leer el famoso discurso. Entre las muchas reflexiones ante las Cortes republicanas hay una especialmente brillante y es cuando Ortega dice: “Yo creo, pues, que debemos renunciar a la pretensión de curar radicalmente lo incurable. Recuerdo que un poeta romántico decía con sustancia paradoja: Cuando alguien es pura herida, curarle es matarle. Pues eso acontece con el problema catalán”
                  

 

Los socialistas y la izquierda federalista en Cataluña han pretendido, en efecto,  resolver el problema  catalán; han  buscado un camino que permitiera asumir una identidad múltiple, una identidad donde no fuera preciso elegir entre los dos nacionalismos, donde uno se pudiera sentir catalán y español; donde un  cordobés nacido en Iznájar pudiera llegar a la Presidencia de la Generalitat y donde se pudiera vibrar, a la vez, con Antonio Machado y con Joan Manuel Serrat. Era una perspectiva nueva  que exigía trascender la doctrina del nacionalismo español, de los que siguen considerando que el Estado español está compuesto por una única nación y  trascender también la perspectiva de los que piensan que a cada realidad nacional corresponde un Estado propio.
            

 

El problema, pues, no ha estribado, únicamente, en que no hubiera una cultura de coalición o en que José Montilla tuviera más o menos carisma. Todo eso ha influido pero no ha sido  decisivo. Lo decisivo ha sido que en una legislatura en la que se proclamaba la necesidad de hechos y no de palabras, ha pendido todo el tiempo como una espada de Damocles, una sentencia, que nunca llegaba y que cuando se ha producido  ha desatado un caudal imparable de emociones  porque- por citar de nuevo a Ortega- “es muy peligroso, muy delicado hurgar en esa secreta, profunda raíz, más allá de los conceptos y más allá de los derechos, de la cual viven esas plantas que son los pueblos. Tengamos cuidado al tocar en ella”.
                          

 

Al releer el texto, no he podido dejar de pensar que la, sentencia aprobada por  mayoría del Tribunal constitucional,  tocó una raíz que ha provocado la polarización emocional y el voto útil a favor del nacionalismo convergente.
                         

 

En ese clima de polarización emocional entre los dos nacionalismos, era muy difícil resituar la agenda política en torno al debate entre derecha e izquierda. Máxime cuando las elecciones se producen dos meses después de la huelga general de los sindicatos y cuando la víspera el Presidente del Gobierno recibe a la cúpula empresarial que le demanda ser firme y acometer las reformas que exigen los mercados. Ni con todo el carisma de Obama hubiera podido Montilla convencer a los electores de que sus propuestas eran una garantía para salvar los derechos laborales, mantener las prestaciones sociales y hacer viable el Estado del bienestar. Cuando el mensaje que se transmite cotidianamente es que, gobierne la derecha o la izquierda, sólo cabe dar por concluido el modelo social europeo, reconozcamos que la comunicación política no lo puede todo, ni el carisma es capaz de saltar por encima  de una realidad económica que se presenta como inexorable. Montilla se puede consolar pensando lo que le ha ocurrido al carismático Obama en las elecciones norteamericanas.
                  

 

Y ahora viene lo difícil para la izquierda federalista, para la que quería compartir identidades y proyectos, la que quería superar recelos y frustraciones. Difícil para ella a la hora de reconstruir su proyecto, y difícil también para lo que dentro de   la izquierda española les hemos apoyado.  Unos y otros  hemos querido superar la conllevancia  orteguiana. No nos parecía deseable mantener congelado el problema catalán; aunque Ortega dijera que  no es cosa tan triste, eso de conllevar ya que  “Llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros, dolidamente no lo discuto, pero eso, el conllevarnos dolidamente, es común destino, y quien no es pueril ni frívolo, lejos de fingir una inútil indocilidad ante el destino, lo que prefiere es aceptarlo”.
                       

 

¿Por qué hemos sido derrotados? Porque, indóciles a un destino inexorable, lo que pretendían los socialistas catalanes, y pretendíamos los que les apoyábamos, era volver a pensar España con la pretensión de  superar la eterna desconfianza; por eso su derrota es la nuestra, es la derrota  de una  idea de España plural, y lo que más nos preocupa del triunfo de ambos nacionalismos, es que como decía con gran acierto  Pascual Maragall, con su concepción nacional-estatalista del mundo  y con su actitud de ensimismamiento están comprometiendo el futuro de España
                      

*Catedrático de Filosofía Política de la UNED, dirigente de Izquierda Socialista-PSOE

Gabilondo: "Zapatero se está dejando la vida. Hay que subrayarlo frente a la indolencia de Rajoy"

“Zapatero se está dejando la vida. Hay que subrayarlo frente a la indolencia de Rajoy, que no alcanzo a entender. ¿De verdad no le importa llegar a La Moncloa de forma tan barata, tan pequeña...?”, ha agregado el periodista en un encuentro digital mantenido con los lectores del diario El País.

Encuentro digital
En su charla, Gabilondo también se ha pronunciado sobre el fin de ETA, la crisis económica, los atentados del 11 de marzo de 2004 y el cierre de CNN+. Por su interés informativo, reproducimos algunas de las intervenciones más destacadas del periodista de Prisa.

La opinión de Gabilondo sobre Zapatero
“Es muy probable que le hubieran superado también a otros. Pero su declive comenzó cuando acometió asuntos de gran envergadura (diálogo con ETA, estatuto catalán, etc.). Midió mal, o su capacidad personal, o la complejidad de los asuntos. Me parece que infravaloró esa complejidad y sobrevaloró su propia capacidad. Desde mayo aquí, está viviendo una especie de alucinación heroica. Ha puesto boca abajo cuanto siempre creyó y ha abrazado una nueva fe, la de las reformas imprescindibles para España. Dicho lo cual, atribuirle todos los males del país es patético. Finalmente, no puedo ocultar que me merece respeto su titánico esfuerzo. Se está dejando la vida. Hay que subrayarlo frente a la indolencia de Rajoy, que no alcanzo a entender. ¿De verdad no le importa llegar a La Moncloa de forma tan barata, tan pequeña...?”

La opinión de Gabilondo sobre el fin de ETA
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El mundo necesita a Wikileaks

El mundo está librando una batalla: el poder económico y político contra los ciudadanos. Una guerra donde las armas han sido sustituidas por PC, iPad y teléfonos móviles. Lo que realmente está en juego es quién controla la información en la Red, y hoy la Red es lo único que puede hacer frente al poder: la garantía de nuestra libertad está en la imposición de límites al ejercicio del poder. Los mismos que consideran las presiones a jueces y fiscales, las amenazas a bancos y empresas, como simples comadreos de portera, califican la difusión de los documentos como "actos deplorables". La democracia y la libertad son temidas por los guardianes del orden.

 

El derecho a saber de los ciudadanos, y el deber de los Gobiernos a rendir cuentas, son intrínsecos al sistema democrático y, en este sentido, la transparencia es el mejor antídoto al abuso del poder. La democracia es un sistema excepcional, demasiado reciente y demasiado frágil, que debemos cuidar, y la libertad es indisociable a la democracia, pero la Libertad, con mayúscula, no puede protegerse con censura: el mundo necesita a Wikileaks.

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