El faraón se queda en momia
La Momia deambula por el escenario negándose a cantar el aria del destierro de Aída: "Oh patria mia, mai più ti rivedrò". Anhela ser enterrada en el valle del Nilo. Podría encontrar descanso en la cercana Arabia, la tierra de La Meca y Medina, pero no, en esta hora suprema proclama que se siente más egipcia que musulmana.
Sus soldados miran a la Momia con extrañeza: no se ha dado cuenta de que ya terminó su vida como faraón y solo es un cadáver embalsamado. Quiere seguir gobernando hasta septiembre. Pero ¿quién de ellos se atreve a proponerle celebrar ya el entierro, sellar el ataúd y devolver así la paz al país de las pirámides?
Y es que el pueblo no quiere a la Momia, para el manso y paciente pueblo de las riberas del gran río ha llegado el momento de la ira y el valor. Lleva días exigiendo que se vaya, que deje de comportarse como si aún fuera el faraón.
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