Blogia
Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

El alma internacionalista

JUAN F. LÓPEZ AGUILAR  10/01/2011

 

El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.

 

Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de antipolítica que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el sufragio universal. Lo cierto es que ni la explicación ni la superación de este estadio depresivo podemos esperarla ya de los economistas: el tsunami comenzó siendo financiero; hundió la economía real; se ensañó con Europa, donde produjo un terrible impacto social que ha destruido empleo y minado la confianza en nuestro porvenir... para acabar corroyendo ¡y cómo! el crédito de la política. Este es, en sí, el triunfo de una reacción ultraconservadora, un híbrido de demagogia y miedo, que ahuyenta a cada vez más gente de todo interés por las urnas. De ahí, un crudo debate sobre la resiliencia de la socialdemocracia e incluso, yendo más lejos, un stress test sobre el pulso de la democracia en Europa ante este embate.

..................

Para la izquierda es pues urgente intervenir políticamente ese derrotero en la UE, convenciendo a muchos ciudadanos expuestos a un desenganche irreversible de que el reequilibrio en las cuentas no es en sí mismo nuestro fin, ni aún menos, el fin de la Historia, sino una palanca desde la que edificar reformas modernizadoras que habrán de preservar el modo de vida europeo, no derogarlo ni arrasarlo. Y eso solo podrá hacerse con una ambición paneuropea para esa socialdemocracia sin la que los cambios pasados no habrían sido posibles y sin la que los futuros no serán imaginables. Pero su reactivación pasa por la acción política, no por su desistimiento; por la movilización electoral europea de cuantos se identifican con valores hoy sometidos a asedio, y por su restauración frente a la antipolítica apología de los mercados y la erosión de los Gobiernos legitimados en las urnas como herramienta de transformación de un mundo que asusta más que entusiasma.

 

He subrayado a sabiendas el desafío electoral. Es cierto que, frente al nuevo espectro que recorre Europa -el fantasma del populismo-, hemos asistido a una fronda difusa de manifestantes: Islandia, Grecia, Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido... España. Pero también que esas revueltas inscritas en el invierno de nuestro descontento no han acertado todavía a perfilar su inspiración positiva y propositiva, moviéndose más bien en clave resistencial y reactiva: por ello no se ha acompañado de una reanimación del voto de ciudadanía y del espacio político -no solo a través del sufragio, pero también, sí, con este-. Esta sobrevendrá solo con la promesa de un cuerpo claro de propuestas reformistas para preservar lo irrenunciable cambiando lo impostergable. Y habrá de ser europea o simplemente no será. Ninguna solución es local. Ni tampoco nacional. A tiempo que dejó de serlo. Sí se nos exige, empero, saber que en cada elección nos jugamos un asalto de una batalla épica contra la arbitrariedad impersonal de arcanos contables sin rostro humano ni responsabilidad. Solo si recobramos el alma internacionalista del progresismo europeo tendremos oportunidades de construir un futuro que no sea el que muchos temen, sino un espejo razonado de los motivos y trabajos de nuestras esperanzas, tantas veces sometidas a pruebas aún más duras que esta.

 

Juan F. López Aguilar es presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo.

elpais.com/articulo

0 comentarios