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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

Aznar se siente la autoridad suprema en materia antiterrorista

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La Ley General de Sanidad

He leído que ayer se cumplieron los 25 años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, por la que se creaba el Sistema Nacional de Salud. Una nueva ley social realizada por un Gobierno socialista, como todas las leyes sociales, ya que el PP en sus ocho años de Gobierno no aprobó ninguna ley social y, por eso, es normal que Aznar diga que el Estado de bienestar se va acabar en los próximos años, lógicamente, si ellos gobiernan.

 

La Ley de Sanidad, promovida por el ministro socialista Ernest Lluch, puso en marcha la reforma y modernización de la sanidad española, que desde ese momento se convertía en universal y con financiación pública a través de los impuestos de todos los españoles, convirtiéndose en un pilar fundamental del Estado de bienestar. Era la sustitución de la caridad por derechos, vinculan-do la protección sanitaria a la condición de ciudadano. Hoy, la Sanidad ocupa el 6,5% del PIB y aportan más los que más tienen.

 

Ernest Lluch fue asesinado por ETA, como tantos otros socialistas, pero nunca el PSOE ha utilizado el terrorismo para sus fines particulares, como está haciendo ahora el PP, de forma constante, algo detestable que califica claramente a esas personas que salen en los medios para avergonzarnos a los que creemos en el Estado de derecho, en la justicia y en la policía. Decir y hacer hoy lo contrario a lo que dijeron e hicieron cuando estaban en el poder es una norma habitual de esta derecha que demuestra diariamente que los ciudadanos y España no les interesamos, solo les interesa llegar al poder.

 

Eliminarán todo lo público y se cargarán los cuatro pilares de nuestro Estado de bienestar, la sanidad, la educación, las pensiones y la dependencia. Nos vamos a enterar.

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Raúl Castro y Otmar Issing

Raúl Castro y Otmar Issing no podrían ser más distintos. El primero es un militar caribeño y el segundo un economista europeo. Castro es uno de los padres fundadores del régimen comunista de Cuba e Issing es uno de los padres del euro. Mientras que Castro luchaba por exportar la revolución cubana, Issing trabajaba por la integración de Europa y es uno de los arquitectos del sistema monetario europeo. Castro está por cumplir 80 años e Issing tiene 75. No sé si se conocen, o si alguna vez hayan hablado, pero lo dudo.

 

A pesar de que no tienen nada en común, recientemente ambos sorprendieron al mundo con estridentes declaraciones acerca del inminente fracaso de los muy distintos proyectos a los cuales dedicaron sus vidas. La sorpresa no termina allí. Una aún mayor es que a pesar de las inmensas diferencias entre Cuba y Europa ambos recetan la misma medicina para evitar el colapso de su proyecto.

 

"O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos", dijo el presidente Raúl Castro en un importante discurso a finales del año pasado. "Mi conclusión a comienzos del 2011 es sombría. Aún no hemos llegado a la hora de la verdad para el sistema monetario europeo. Solamente ha sido pospuesta", escribió Otmar Issing en esos mismos días. Según él, si los países europeos no hacen profundos cambios, el euro no sobrevivirá. Y a buen entendedor, pocas palabras: el fracaso del euro sería un devastador golpe para el proceso de integración europeo. El artículo de Issing tuvo un gran impacto debido a las credenciales de su autor, quien fuera miembro tanto del directorio del Banco Central de Alemania como del Banco Central Europeo, donde también fungió como su economista principal. Issing enfatiza que las transferencias financieras de los que llama "países disciplinados" a los que no lo son crean tensiones políticas que amenazan el futuro de la Unión Europea. Un modelo en el cual los países viven (y gastan) más allá de sus posibilidades es insostenible y está condenado al fracaso, reitera Issing.

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Auto contra Garzón

En el juicio abierto al juez Garzón por las escuchas en la cárcel a imputados en el caso Gürtel y a algunos de sus abogados, uno de ellos imputado, no puede pasarse por alto la simbología que encierra: una justicia que actúa más diligentemente contra quien persigue el delito por supuestas extralimitaciones en su función que contra los presuntos delincuentes, que ponen ruedas en la investigación y que están asistidos de estrategias defensivas pagadas probablemente con el fruto del saqueo realizado a las Administraciones públicas y al contribuyente.

 

No parece cosa del azar que sea este el primer juicio contra Garzón de las tres querellas que pesan sobre él. El primer turno correspondería más bien a la causa por los crímenes del franquismo, pendiente de juicio desde hace un año y que sufre una extraña parálisis desde entonces, como si el Supremo temiera la repercusión mundial que suscita y pretendiera iniciar el paso de Garzón por el banquillo con un asunto menos controvertido.

 

La causa por las escuchas es procesalmente tan endeble como la de los crímenes del franquismo. No tiene, sin embargo, su trasfondo: la desconsideración a las víctimas de aquel régimen y a los familiares que pugnan por rescatarlas de las fosas donde yacen. A los pocos meses de iniciada la investigación del caso Gürtel, Garzón detectó indicios de que abogados de los cabecillas de la trama -Correa y Crespo- podían hacer funciones de enlace con el exterior y ordenó intervenir sus comunicaciones de acuerdo con la Ley Penitenciaria y la expresa salvaguarda del derecho de defensa.

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Programa: ambigüedad

El Partido Popular parece no tener otro programa que el de la ambigüedad. Instalándose en ella con una determinación que roza el absurdo, como la huida física de su líder, Mariano Rajoy, ante las preguntas que le obligarían a definirse, cuenta con llegar hasta las elecciones generales empujado por los buenos resultados que le auguran las encuestas. A menos de mes y medio para las municipales y autonómicas, y de un año para las generales, los dirigentes populares han dejado claro que tienen ganas de gobernar, pero aún no han explicado para qué. Confían, además, en que el debate sucesorio abierto en el Partido Socialista se acabe resolviendo a su favor. No porque se imponga uno u otro candidato, sino porque en el camino sean los socialistas en su conjunto quienes aparezcan divididos.

 

Ambigüedad es lo que el Partido Popular viene ofreciendo en materia económica, después de que el Gobierno haya emprendido las reformas exigidas para afrontar los problemas de la deuda. La insistencia en el adelanto electoral no parece tomar en consideración ni los intereses del país ni tampoco la experiencia que vive Portugal. La Comisión Europea cuenta con interrogar a los principales candidatos sobre los planes económicos en el caso de que llegaran al Gobierno. Es una pregunta que Mariano Rajoy, o no podría responder, o tendría que hacerlo desvelando las intenciones que, hasta ahora, ha mantenido rigurosamente ocultas ante los ciudadanos españoles.

 

También en materia de terrorismo el PP no ofrece más que ambigüedad. El hecho de que Rajoy evite pronunciarse sobre la política adoptada por el Gobierno no significa que callen otros dirigentes populares; es más, hablan para que Rajoy pueda seguir callando sin que, por ello, se sientan defraudados los sectores más radicales de su partido y de sus votantes. La manifestación convocada ayer por asociaciones de víctimas del terrorismo es un perfecto ejemplo de cómo actúa el PP. Rajoy ni confirmó ni desmintió su presencia hasta el último momento, mientras la secretaria general, María Dolores de Cospedal, anunció desde el primer momento su participación en la marcha, con otros destacados dirigentes y cuadros orgánicos del partido.

 

La aprobación de las listas para las elecciones municipales y autonómicas de la Comunidad Valenciana fue ambigua hasta hace dos días; ahora ya está confirmado que el Partido Popular tenía intención de faltar al respeto institucional y de vulnerar su propagandístico código ético, al incluir hasta 11 candidatos implicados judicialmente en casos de corrupción. La manera de actuar en este terreno puede ser considerado un indicio de cómo piensa hacerlo en los otros donde está evitando numantinamente pronunciarse. Si la apuesta del PP consiste en evitar la movilización de los electores que desconfían de él por su radicalismo, esconder el radicalismo detrás de la ambigüedad es una burla.

 

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La laicidad, objetivo de la democracia en España

En el siglo XXI es un signo de la cultura política y jurídica pulsar, sobre todo desde partidos de izquierdas o de centro izquierda, el proceso de secularización, cuya última meta es la laicidad, entendida como una situación pacífica y generalmente aceptada por la sociedad.

 

La exigencia deriva de las líneas que van identificando y señalando las perspectivas de desarrollo de la modernidad y que arrancan de la ruptura de la unidad religiosa con la aparición en el siglo XVI de los protestantismos, con la secularización de la política desde Maquiavelo y de la moral desde Pufendorf y Tomasio en el siglo XVII. En la misma línea se desmonta por Hugo Grocio el Derecho Natural clásico, subordinado a la teología, al afirmar que existiría aunque Dios no existiera y que lo descubrimos por la razón aplicada a la naturaleza humana. Todos son caminos que nos conducen a un mundo moderno secularizado donde Dios todavía no es puesto en cuestión pero que queda como el relojero que ha construido el aparato del mundo, que funciona por sí mismo.

 

Solo la Iglesia católica se mantiene en la línea de la tradición que arranca de las concepciones aristotélico-tomistas del mundo y de la vida. El sólido mecanismo ético de la salvación que necesita de los dos pilares inseparables de la gracia que se produce por el sacrificio de Cristo en la Cruz y de la libertad, que necesita de las obras humanas, sigue siendo el suyo, pero es un dualismo que quiebra a partir del tránsito a la modernidad.

 

Las éticas modernas serán las del protestantismo y las del humanismo laico. Las primeras son éticas solo de la gracia y la segunda solo de la libertad. Por un capricho de la historia, ambas, tan alejadas teóricamente, coincidirán en la práctica en la fase del trabajo mundanal y en el fondo secularizado. Los protestantes se salvan porque están predestinados y los humanistas laicos prescinden progresivamente de la divinidad. Así ...............

 

Con esta perspectiva, las ideas de participación, de consentimiento, de derechos humanos, de Constitución y de Democracia, se situarán en las perspectivas de la secularización y de la laicidad e irán formando una ética propia que ya no es la privada, sino la ética de las instituciones de los procedimientos, de los valores, de los principios y de los derechos, la ética de los ciudadanos como tales, que bebe de esas tradiciones morales, protestantes y del humanismo laico, que arrastran tradiciones libertinas, ilustradas, positivistas, científicas, darwinistas y republicanas. La escuela y las instituciones públicas son el ámbito donde se desarrolla, desde el respeto a la libertad de conciencia, la supremacía de la razón. La III República francesa fue ámbito donde esa ideología se fraguó y cristalizó, con autores como Gambetta, Ferry, Barthou, Waldeck- Rousseau, entre otros.

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Todavía hay tiempo y pido al PSOE y a su Gobierno que se decidan a tomar medidas que se sitúen claramente en la línea debida. Al menos dos medidas, derogación de los acuerdos con la Santa Sede y supresión de la enseñanza reglada de la religión deben ser tomadas. ¡Todavía se puede hacer!

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Tierno Galván y la memoria del antifranquismo

Antonio García Santesmases *

Se han cumplido veinticinco años de la muerte de Enrique Tierno Galván. Se han sucedido actos de homenaje y han aparecido seis tomos de sus obras completas. Estamos ante una obra, magníficamente editada, bajo la dirección del profesor Antonio Rovira. Contábamos ya con cinco tomos pero ha sido ahora, coincidiendo con el 25 aniversario de su muerte, cuando ha aparecido el tomo sexto donde se incluye la que es, para mí, la gran obra de Tierno, me refiero a Cabos sueltos, ese gran libro de memorias que no son memorias, que ayudan a entender, mejor que otras muchas obras, el sentido de la oposición democrática al franquismo.

 

A diferencia de otros miembros de su generación como Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar o Pedro Laín Entralgo, Tierno no procede del mundo de los vencedores de la guerra civil; a diferencia también de José Luis Aranguren o de Julián Marías, tampoco procede del mundo católico. No estamos ante el falangista como Ridruejo que, con el tiempo, será uno de los más meritorios opositores al franquismo, ni ante el católico como Joaquín Ruíz Jiménez que irá evolucionando desde el nacional catolicismo al cristianismo progresista.

 

Tierno no pertenece al bando de los vencedores de la guerra civil pero tampoco está entre los vencidos que han tenido un gran protagonismo político y han marchado al exilio: pienso en Manuel Azcárte, en Fernando Claudín, en Adolfo Sánchez Vázquez o en Santiago Carrillo.  Tierno, tal como aparece en Cabos Sueltos, es un soldado republicano, desconocido, sin protagonismo político, que tiene que sobrevivir en el mundo de los vencedores. Por todas las páginas de la obra van apareciendo sus juicios sobre Manuel Azaña ( el “intelectual dubitativo”) y sobre Juan Negrín ( “el hombre de una pieza”), acerca de cómo las democracias abandonan a la Segunda República y como las esperanzas de una llegada de la libertad tras la derrota de la Alemania nazi y la Italia fascista, se van esfumando.

 

Sobrevivir en aquel mundo de los vencedores era enormemente difícil, pero Tierno, con el apoyo de Carlos Ollero, de Jose Antonio Maravall y de Luis Díez del Corral, logra  acceder a una cátedra de Derecho Político; eso sí, obteniendo el segundo puesto tras Manuel Fraga Iribarne. Su primer destino es Murcia. Estamos ante el Tierno del 48 al 53, encerrado en el barroquismo murciano y angustiado por estar atrapado en un mundo donde, dijera lo que dijera, hablara de lo que hablara, nada tenía relevancia, nada provocaba un impacto en la opinión pública, nada lograba conmover las conciencias.

 

Muy distinta es la experiencia en la Universidad de Salamanca. Es a partir de este momento donde Tierno se va a convertir en uno de los grandes referentes del mundo intelectual del antifranquismo. Tierno está en Salamanca desde del 54 hasta el 65, cuando es expulsado de la universidad y va formando una escuela de discípulos donde sobresalen Raúl Morodo, Elías Díaz, Pedro de Vega, Fermín Solana y otros muchos. Es el Tierno que conecta a estos discípulos antifranquistas con el trabajo realizado con diplomáticos como Fernando Morán, que también se ha decantado hacia el antifranquismo.

 

Se ha dicho que los jóvenes del 56 -los protagonistas de las primeras movilizaciones estudiantiles antifranquistas- comienzan a desentenderse de los referentes intelectuales de las generaciones anteriores. Es un tema al que conviene volver una y otra vez para entender la historia política e intelectual de la oposición al franquismo. Por las páginas de Cabos Sueltos aparece la enorme diferencia, que Tierno capta y analiza con cuidado, entre la perspectiva del Frente de Liberación Popular y la perspectiva que él propone. Ninguna de las dos apuestas son las que defiende el Partido Comunista, pero ambas son muy diferentes. El llamado Felipe apuesta por una nueva izquierda, anticapitalista, tercermundista, muy vinculada al cristianismo revolucionario. Tierno, por el contrario, trata de buscar las rendijas dentro del sistema para que la oposición liberal, moderada, comience a emerger. De ahí la importancia que da a mover, organizar, encauzar, a los sectores monárquicos que estén dispuestos a encabezar protestas -por  moderadas que éstas fueran- a la dictadura de Franco. Recomiendo al lector que repase estos momentos de la obra porque, al hablar de sus diferencias con Juan Goytisolo y con Luis Martín Santos, al analizar el papel de la política y de la literatura, tenemos muchas de las claves de ese mundo de la oposición moderada al franquismo.

 

Llegan los años sesenta y con ellos la aparición de un nuevo movimiento obrero y la radicalización del movimiento estudiantil. Con él llega la expulsión de la universidad de los representantes de una izquierda cristiana (José Luis Aranguren) de una izquierda libertaria (Agustín García Calvo) y de una izquierda socialista ( Enrique Tierno Galván)

 

Estamos ante los grandes referentes intelectuales de la izquierda antifranquista. Es ésta una etapa mucho más conocida en la vida de Tierno por estar vinculada a la lucha por la hegemonía dentro del socialismo español entre la dirección del PSOE en el exilio y los protagonistas del socialismo del interior. Es conocida esa historia; se ha escrito mucho sobre ella; el problema que tenemos es que al haber circunscrito el relato de lo ocurrido a lo acaecido en el mundo de las organizaciones políticas todo queda reducido a una historia de vencedores y vencidos.

 

Desde la perspectiva de la historia intelectual se han ido perdiendo muchos matices imprescindibles para entender como se fragua el mundo intelectual de la transición. Muchos de esos matices perdidos se pueden ir recuperando  volviendo a leer Cabos Sueltos.

 

Es evidente que la transición política se realizó bajo el imperio de la juventud. Fueron jóvenes (Felipe González, Adolfo Suarez) los líderes que triunfan electoralmente frente a los veteranos (Santiago Carrillo, Manuel Fraga) y también frente a los que defendían opciones minoritarias. Unos porque mueren antes que el dictador (Dionisio Ridruejo), otros porque son derrotados en las elecciones (Joaquín Ruiz Jiménez) y otros como Tierno porque tienen un resultado electoral tan menguado que tienen que acabar renunciando a mantener un partido propio, el Partido Socialista Popular.

 

Pocas páginas tan dramáticas como las últimas de Cabos Sueltos en las que Tierno da cuenta de lo que significó para él tener que renunciar a tener un partido propio. Habla de una terrible mutilación. ¿Cómo podría imaginar que muy pocos años después sería despedido en loor de multitud? ¿Cómo podía saber que sería recordado, veinticinco años después, como el mejor alcalde de Madrid?

 

Estamos ante un caso realmente sorprendente en la vida política española. Muchos de sus compañeros de generación en el antifranquismo no recibieron el reconocimiento que merecían en los años de la democracia; muchos de sus seguidores en el Partido Socialista Popular se quedaron huérfanos y no llegaron a encajar en el PSOE. Tierno, sin embargo, logró liderar la transformación cultural de la ciudad de Madrid y no renunció a reservarse esos momentos, entre irónicos y libertarios, donde era capaz de aunar la imaginación con la utopía, para reivindicar restos de una izquierda radical. Basta con recordar su satisfacción cuando Reagan se negó a acudir al Ayuntamiento de Madrid para recibir la bienvenida del “alcalde marxista” y Tierno logró transformar ese desaire en un acto de reafirmación: si Reagan no quiere a Madrid, debe saber que Madrid tampoco quiere a Reagan.

 

Estamos ante el último Tierno, que no es sólo el alcalde de los bandos, es el Tierno socialista de izquierda, que no renuncia a afianzar su agnosticismo en una lectura renovada del marxismo. El vencido en la guerra civil no venía del catolicismo como muchos de sus compañeros de lucha antifranquista, pero pocos intelectuales españoles han profundizado tanto en el tema religioso, como hizo Tierno en su obra Qué es ser agnóstico.

 

Y es aquí donde está su especificidad. No se vinculaba al cristianismo como Ruíz Jiménez o Aranguren; no venía de la Falange como Ridruejo o Laín; tampoco era un hombre del exilio como Azcárate o Carrillo; no era monárquico como Satrústegui o Miralles, pero con todos ellos, y muchos más, fue creando vínculos para ir estableciendo las bases de una superación del franquismo. En unas ocasiones aprovechaba la evolución producida tras el Vaticano II, en otras la personalidad de don Juan de Borbón; no descuidaba el renacer del nuevo movimiento obrero y supo dar la cara por los estudiantes en el 65, aunque ello significara la pérdida de la cátedra.

 

Para conocer la personalidad de Tierno recomiendo a  los que no lo hayan hecho que se apresurarse a leer Cabos Sueltos;a los que lo leyeron hace años les recomiendo que lo vuelvan a hacer porque descubrirán lo injusta que fue la historia con muchos de los que fueron opositores al franquismo, con todos aquellos que nunca llegaron a obtener reconocimiento, y descubrirán también que aquel hombre que terminaba el libro, presa de un terrible dolor, de una pena incurable, fue recompensado por el pueblo de Madrid mucho más de lo que nunca hubiera imaginado, realizando una función que no había previsto. El azar constitutivo de la vida logró, en esta ocasión, hacer justicia al gran resistente contra el franquismo.

 

(*) Antonio García Santesmases es catedrático de Filosfía Política de la Uned.

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La conspiranoia de la derecha

Se trata de una enfermedad de la que algunos no consiguen encontrar el tratamiento adecuado para su exterminación. Es un virus que adquirió Aznar cuando los atentados del 11-M por falta de previsión y de visión política. Solución: lanzar a los cuatro vientos que la autora era ETA, y mantener el argumento inaudito de que todo fue una conspiración para derribar el Gobierno del Partido Popular.

 

Siete años después de los atentados y cuatro de que la justicia dejara muy claro lo que todos sabíamos, oír todavía a seudoperiodistas, a seudoabogados, y a seudopolíticos, tratar de imbuirnos que los atentados fueron obra de ETA en connivencia con los socialistas, no tiene otro calificativo que el de repulsivo.

 

Todavía no sienten la suficiente vergüenza de haber tratado de confundir, con malas artes, un matacucarachas con un explosivo, un programador de lavadora con un detonador o un antiséptico con un producto para fabricar explosivos. La desvergüenza no tiene límites.

 

La conspiranoia es una enfermedad que algunos padecen, hasta llevarles a acusar a las Fuerzas de Seguridad del Estado de manipular e inventar pruebas. Lo hicieron, lo siguen haciendo y, desgraciadamente para España, lo seguirán haciendo. El corrupto y los que le rodean, ponen en escena la obra conspirativa en la que sufren la persecución de ciertos medios, sufren un ataque frontal de jueces y fiscales, los policías se inventan informes, y hasta los propios Gobiernos se dedican a perseguirlos. Todo el mundo conspira contra ellos. ¡Son las víctimas!

 

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Entre 'dedazo' y primarias, congreso

En el proceso que ayer culminó con la toma de decisión del presidente del Gobierno de no repetir candidatura en las elecciones de 2012, todo parecía encaminado a producir el más irreparable de los deterioros posibles al gobierno del Estado, a las perspectivas electorales del PSOE y a la confianza de los electores. Más aún, parecía como si estuviera diseñado por los estrategas del Partido Popular (PP), de tanto flancos como dejaba abiertos a la ofensiva contra un gobierno muy limitado en su autonomía para ejecutar políticas propias: centrar la actual campaña electoral en cuestiones que nada tienen que ver con la vida municipal ni con las Comunidades autónomas y ahondar la desconfianza de los electores socialistas, muy irritados ante el espectáculo de una duda carente de la dramática grandeza de ser o no ser, puesto que ya no se era.

 

La cuestión hoy, resueltas las dudas, no se refiere al anuncio de una decisión forzada, tampoco a si no hubiera sido mejor, puesto que la tomó, según nos dice, hace siete años, haberla anunciado antes, por ejemplo, al presentarse por segunda vez como candidato, sino a las posibilidades que quedan abiertas para enderezar una marcha que conducía a una estrepitosa derrota. Y a este respecto, una cosa es clara: la incorporación a los estatutos del sistema de primarias para decidir el candidato a la presidencia de gobierno no puede dejar de provocar tensiones en un partido que elige a su secretario general, y le dota de un fuerte poder sobre la organización, en un congreso.

 

Porque, a pesar del silencio que ha mantenido sobre su futuro como secretario general del partido, la renuncia anunciada ayer abre no solo una crisis sucesoria en la candidatura a la presidencia del Gobierno, sino, lo que es tan importante, un vacío de poder en la dirección del partido: la actual comisión ejecutiva del PSOE tiene ya, como el Gobierno, los días contados. Lo lógico sería que la primera renuncia a la candidatura se complemente a su debido, pero no muy lejano, tiempo con una segunda renuncia a la secretaría general y que, por tanto, el primer congreso que se convoque proceda a elegir un nuevo secretario general que quedaría capitidisminuido si no fuera nominado candidato a la presidencia.

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Crímenes económicos contra la humanidad

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil". Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.

 

Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo. Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo. A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este. Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.

 

En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella. La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable. Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.

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En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.

 

Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas. No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado. Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.

 

De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos. Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política. Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.

 

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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LIBIA

La Justicia o la Injusticia de la guerra viene siendo una cuestión objeto de debate cuando el ruido de las armas prevalece sobre la razón y la resolución pacífica de los conflictos. Tratado el asunto por Francisco de Vitoria o por el humanista Luis Vives, defensor este último de un pacifismo humanitario entre bautizados, debemos destacar que el emplazamiento de la arbitrariedad por la Justicia debe ser la vía que nos lleve a un posicionamiento uniforme y coherente con los valores de representación occidentales, evitando así cualquier contradicción que lleve a los Estados democráticos a mantener relaciones de connivencia y conveniencia con otros autoritarios,así como el diferente trato que se otorga a unos u otros en función de los intereses concurrentes,y siempre sin perjuicio de la irracionalidad de toda intervención armada como máxima expresión del fracaso de la diplomacia y de la resolución pacífica de los conflictos.
 

De todas maneras, los partidarios del NO A LA GUERRA hubieran defendido una deseada intervención militar en España de Gran Bretaña o Francia en defensa de la República Española, pero a pesar del relativo desconocimiento sobre los pilares ideológicos de los rebeldes libios, el apoyo cívico que debe darse a estos movimientos es fundamental si ello supone únicamente la consecución de la democrácia y la constitución del poder soberano del pueblo en aquellos estados que no han podido disfrutar de las virtudes de esta, léase igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, reconocimiento jurídico de los Derechos Humanos frente a la arbitrariedad del poder político, separación de poderes o sufragio universal, libertad de expresión o pluralismo político.

 

En este sentido, podemos caer en el agravio comparativo con la Europa revolucionaria de 1879, 1830 o 1848,pero el triunfo y la consolidación de los movimientos democráticos en Túnez o Egipto deben ser el reflejo de un despertar de los pueblos oprimidos, y todo ello sin un Napoleón exportador de los ideales ilustrados,pero es evidente que la situación de Libia no tiene comparación con Irak en 2003, y que quizá la inicial y benévola idea de protección de la población civil Libia vaya acompañada de una intención de cobertura militar al ejercito rebelde para evitar el avance de las tropas oficiales hacia Bengasi, es decir, las diferencias con Irak no solo están en la cobertura de las Naciones Unidas, sino en el hecho de que tropas extranjeras no tomarán el país norteafricano ni su capital,salvando así los errores de Irak,y todo sin perjuicio de intereses energéticos en la región.El tiempo sentenciará sobre el acierto o fracaso de la intervención, pero mientras,Costa de Marfil se une a los paises en conflicto armado.Una Guerra Civil y la consiguiente crisis humanitaria llaman a las puertas del Continente Africano.Esperamos que la población marfileña no caiga en el olvido.
 
José Luis Garrido García

EL DEFICIT PARLAMENTARIO

Las Cortes de Castilla y León celebran esta semana el último pleno de la Legislatura, iniciando el periodo de hibernación previo a las elecciones autonómicas del próximo 22 de mayo. En la hora del balance de estos cuatro años seguramente nos encontraremos con un nuevo record de producción legislativa, tropecientas leyes aprobadas, y un volumen sin precedentes de iniciativas parlamentarias.

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El abusivo uso de la mayoría absoluta (el llamado rodillo parlamentario) por parte del Partido Popular ha seguido obstaculizando todo lo posible el derecho/deber de la oposición parlamentaria a controlar la gestión de la Junta. La Legislatura echa el cierre sin que los consejeros del gobierno Herrera hayan atendido más de 60 comparecencias parlamentarias solicitadas por el grupo socialista. Ello da idea de la forma en que el PP bloquea el control y blinda al Ejecutivo.

 

Además de sufrir el referido rodillo, el PSOE de Castilla y León ha arrastrado el handicap de que su máximo dirigente, Óscar López, no haya dispuesto en este tiempo de escaño en el hemiciclo, lo que le ha impedido la confrontación dialéctica directa con el presidente de la Junta.

 

Pero lo peor del caso es que dicha ausencia ha conllevado cierto ninguneo hacia el grupo socialista por parte del propio López, que ha pactado con la Junta asuntos tan capitales como el de las Cajas de ahorro y el Plan de Convergencia, pasando olímpicamente de sus compañeros en el Parlamento. Otra ocurrencia suya fue la de que el grupo socialista no enmendara a la totalidad el Proyecto de Presupuestos de la Comunidad para 2009, renunciando con ello a un inexcusable deber de cualquier oposición que se precie.

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nortecastilla.es/

La estabilidad económica de los países de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo episodio nacional, el de Portugal

La estabilidad económica de los países de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo episodio nacional, el de Portugal. El primer ministro José Sócrates presentó su dimisión porque su plan no fue aprobado. El Plan presentado por Portugal contaba con todos los favores de la Unión Europea y el Banco Central Europeo y fue rechazado por toda la oposición, incluyendo los representantes de la derecha portuguesa  que  por cierto, son parte de la derecha que controla la política europea.

 

¿Hasta cuándo los ciudadanos europeos van a aguantar  los recortes salariales y sociales mientras sus representantes, europeos, defienden a multinacionales financieras y grupos de inversión?  ¿Cuándo la silenciada revolución islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama político de esta pequeña nación europea, va a hacer eco de presencia en la ciudadanía (portuguesa) europea?

 

Las movilizaciones en Islandia, han exigido el encarcelamiento de los carroñeros económicos del país, se han negado a asumir las deudas de los bancos y han dado “una patadita” al FMI y a los mercados.

 

La única salida para los ciudadanos europeos es promover una asamblea popular para redactar una nueva Constitución mediante unas  elecciones libres y democráticas donde los ciudadanos elijan, en listas abiertas y de forma directa,  a sus representantes al parlamento europeo. Una nueva constitución  social, que trate con dignidad las cuestiones humanas y deje en un segundo plano a los mercados. Los mercados deben estar al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de los mercados.

 

Tomás Martínez

Islandia no, Magreb sí. Las movilizaciones en Islandia no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación

Siguiendo con la cuestión que abordaba hace unos días, la silenciada revolución islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama político de esta pequeña nación europea, hay que preguntarse cuál es el motivo de que un hecho de estas características no haya tenido reflejo mediático, mientras que cada día nos desayunamos, comemos y cenamos (TVE ha llegado a tener tres periodistas en El Cairo) con los sucesos del Magreb, con las revueltas populares de Túnez, Egipto o Libia.

 

Vaya por delante que entiendo que lo normal es lo que está sucediendo, informativamente hablando, con el Magreb, es decir, que sucesos de tal transcendencia sean recogidos por los medios. Lo que resulta sorprendente, desde esa presunta objetividad de los medios, encargados, en teoría, de contarnos lo que sucede, es el silencio que se cierne sobre Islandia. Porque, si en Islandia ocurren cosas, ¿por qué no nos las cuentan? Por ello, me atreveré a proponer una hipótesis explicativa.

 

El tratamiento que los medios están realizando de los acontecimientos del Magreb subraya que son movilizaciones de carácter democrático contra regímenes de carácter autoritario. No vamos a entrar ahora a valorar que, de la noche a la mañana, regímenes amigos, y en algunos casos puestos como ejemplo, véase Túnez, se hayan convertido en feroces dictaduras a las que ese faro de la libertad y la democracia que se llama Occidente exige respeto a los derechos humanos y libertades. No vamos a hablar de ello, ni de esa hermana monarquía marroquí, tan amada por nuestra Corona. Lo que sí voy a subrayar es que se describen las movilizaciones como movilizaciones de ciudadanos, se ha dicho textualmente, que "quieren ser como los europeos". Es decir, somos tan magníficos que todo el planeta desea ser como nosotros. Resulta difícil saber con qué objetivos se mueven las masas en el Magreb, incertidumbre que, en el fondo, carcome a nuestros gobiernos. Sin duda, los proyectos políticos serán diversos: desde islamistas radicales hasta liberales, pasando por comunistas, nacionalistas, etc. Pero el mensaje mediático es claro: quieren ser como nosotros. Es una manera de subrayar lo afortunados que somos, pues no tenemos que recurrir a poner en peligro nuestras vidas para alcanzar la libertad: ya somos libres. Tanto, que somos la envidia del planeta. Podemos continuar con nuestra siesta democrática, abismados ante la televisión, y decidir con tranquilidad, y muy democráticamente, quién nos representa en Eurovisión o si la mano del defensa en el área fue o no penalti. ¡Vote, vote usted!

 

Las movilizaciones en Islandia, ésas que se han cargado dos gobiernos, que han exigido el encarcelamiento de los jerifaltes económicos del país, que se han negado a asumir las deudas de los bancos, que han promovido una asamblea popular para redactar una nueva Constitución, que han dado un corte de mangas al FMI y a los mercados, esas movilizaciones no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación. .........................

 

Juan Manuel Aragüés
Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza 
elperiodicodearagon.com/noticias

Vendaval de libertad

Todo sugiere que en Yemen, zarandeado por las revueltas populares que sacuden desde enero los países árabes, se ha traspasado una barrera decisiva después de la matanza por francotiradores, el viernes, de 52 manifestantes que exigían en Saná, la capital, la dimisión del presidente Ali Abdalá Saleh. La destitución del Gobierno, el estado de emergencia y la proclama solemne del Ejército reafirmando ayer su apoyo al dictador árabe -32 años en el poder- acentúan los rasgos de descomposición de un régimen del que en las últimas horas han desertado altos jefes militares, ministros, embajadores relevantes y parlamentarios, pasados todos al bando opositor.

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En Siria, país regionalmente decisivo, manda con mano de hierro y leyes de emergencia un partido único desde hace 50 años, el Baaz. Damasco es el más estrecho aliado de Irán y apoya sin fisuras a milicias integristas como Hamás, en Gaza, y Hezbolá, en Líbano. También en Siria, un país donde nada se mueve sin el beneplácito del poder, la extensión de las protestas, pese a las cosméticas medidas económicas recientes, indica que el rechazo al régimen del presidente Bachar el Asad (continuador de la dictadura de su padre) proviene no de una oposición política prácticamente virtual, sino, como en el resto del contagiado mundo árabe, de la insoportable amargura de una ciudadanía inmemorialmente oprimida.

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La mayor deficiencia de la España democrática

A pesar de que la España actual y la que condujo al golpe fallido del 23-F sean tan diferentes, obviamente mucho mejor la de hoy, algunas coincidencias, sin embargo, debieran dar qué pensar. La más llamativa es, sin duda, el grado de descrédito que han alcanzado los respectivos presidentes de Gobierno, Adolfo Suárez y José Luis Rodríguez Zapatero, pero la diferencia más reconfortante es que, pese a que de nuevo se amontonen los juicios catastrofistas sobre la inviabilidad de la economía española, o la desmembración de España, esta vez nadie piensa en una salida que no se acople a la Constitución: la democracia representativa parece por ahora consolidada.

 

Pese a que la credibilidad de Felipe González se mantuviese tres legislaturas casi impoluta y la de su predecesor, Leopoldo Calvo Sotelo, se derrumbase de resultas del golpe antes de dos años, en realidad, nada tendría de extraño que no se hayan completado dos legislaturas y la confianza en el presidente y en el partido que lo sostiene se deterioren a gran velocidad. Lo mismo le ocurrió a Suárez que en menos de dos años a partir de una enorme popularidad descendió a mínimos, teniendo que enfrentarse a una fuerte hostilidad en su propio partido, en la oposición socialista, en las Fuerzas Armadas, incluso en el Rey al que debía su posición.

 

Aunque luego probablemente se arrepintiese, Aznar introdujo el precedente que bien hubiera merecido afianzarse, de que habría que limitar a dos legislaturas al presidente de Gobierno. Muchas tensiones y sinsabores se hubiera ahorrado el PSOE, y con él, los españoles, si Rodríguez Zapatero lo hubiera adoptado. Una de las virtudes de la democracia es que sustituye a los gobernantes sin provocar conflictos ni vacíos de poder. Donde esta falla, como ocurre en los partidos políticos, la persona que por su cargo monopoliza el poder suele designar de hecho al sucesor.

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El hecho es que los partidos políticos surgen desde la cúspide, con un déficit democrático que muchos creímos que sería coyuntural -había que garantizar la gobernabilidad, mientras la sociedad se fuera adaptando a la convivencia democrática- pero que ha terminado por ser el factor principal de corrupción en la vida política española de los últimos 30 años. Y a ello ha contribuido de manera decisiva la ley electoral que dictó Adolfo Suárez con el objetivo de asegurarse la mayoría absoluta: listas cerradas y bloqueadas, sistema proporcional con correcciones de tal tamaño que lo desfigura por completo, al ser la provincia el distrito electoral, pero limitando el número de diputados a 350, lo que favorece a las que tienen menos habitantes en relación con las más pobladas. En suma, a nivel nacional, se beneficia a los dos primeros partidos a costa de los demás, y en la provincia a los partidos nacionalistas que con muchos menos votos pueden obtener más escaños que a partir del tercer puesto los partidos nacionales.

 

Con esta ley electoral, que con pequeñas modificaciones sigue en vigor, se llevaron a cabo las primeras elecciones del 15 de junio de 1977. El candidato a la presidencia del partido gubernamental fue el mismo presidente franquista que había dirigido la reforma desde el interior del régimen, sin tener siquiera el detalle de dimitir en el último minuto, como obligó a hacer a sus ministros. El partido gubernamental contó con el apoyo de los medios, la prensa del movimiento y sobre todo de la entonces única cadena de televisión pública, y en las provincias, donde la desarticulación social era aún mayor, el decisivo de los gobernadores civiles.

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Hoy somos conscientes de que el lastre más pesado que arrastramos son los partidos políticos, totalmente desconectados de los ciudadanos. Ha quedado bien claro su papel en el deterioro de las instituciones, desde los Parlamentos, las universidades, a la justicia y al Poder Judicial, por completo incapaces de enfrentarse, paradójicamente, a los mismos problemas de entonces.

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Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología. Su último libro es El Estado social.

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Conmoción nuclear

La situación en las centrales nucleares de Japón afectadas por el terrible seísmo, de grado 9, del pasado 11 de marzo y el tsunami subsiguiente, evoluciona rápidamente y obliga a cambiar perspectivas y previsiones sobre los daños potenciales a las personas y sobre el futuro de la tecnología nuclear. Si hasta anteayer habían sido dos los reactores más afectados, el 1 y el 3, ayer se produjo una nueva explosión en un tercer reactor, el 2, con posibles efectos sobre la integridad del confinamiento o recinto de contención donde se halla el núcleo del reactor, y otra más en el 4, hasta el momento en parada segura, que se produjo en la piscina del combustible usado aunque, de nuevo con muchas dudas, sin afectar a su núcleo. Estas dos últimas explosiones diseminaron material radiactivo al exterior en una nube que fue detectada en Tokio y en lugares todavía más alejados del continente asiático.

 

La gravedad de estos sucesos dependerá de que la liberación al ambiente de contaminantes radiactivos haya sido meramente puntual o pasajera, de forma que los niveles de radiación disminuyan rápidamente conforme la nube expulsada se disperse, o bien se trate de una liberación continuada, por el momento no confirmada, en cuyo caso los efectos sobre la salud de los ciudadanos sería grave.

 

A falta de informaciones más precisas, que se echan de menos por parte de las autoridades japonesas, cabe decir que las plantas nucleares de Fukushima han sufrido un considerable daño debido a la violencia inusitada del terremoto y a la destrucción provocada por el tsunami, junto con la devastación total de todo el entorno, incluyendo suministro eléctrico, accesos y facilidades de transporte, pero se mantienen por el momento con el grueso de su material radiactivo confinado en los recintos de contención, aunque seguramente con una parte de las barras de combustible fundidas o deterioradas.

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8 DE MARZO

El ejercicio de las virtudes cívicas, entendiendo por tales el amor por la igualdad ( Montesquieu,“ El Espíritu de las Leyes”) es más necesario allí donde las relaciones personales históricamente desiguales requieren de su práctica, y es que un análisis de la situación de la mujer a lo largo de la historia nos llevaría a reflexionar sobre cómo los seres humanos han creado a lo largo de su existencia relaciones jerarquizadas y de sometimiento o subordinación, más aún cuando durante siglos la mujer ha sido considerada como un ser digno de la tutela patriarcal como si de un eterno menor de edad se tratara. Es precisamente en este ámbito donde un discípulo de Jeremy Bentham, Jonh Stuart Mill, impulsa en su obra “ El sometimiento de la mujer” (1869) un sentimiento feminista que aboga por la igualdad de géneros y el derecho de sufragio de la mujer para acabar con toda la traba legislativa discriminatoria.

 
No obstante, a pesar de la importancia de esta obra para el movimiento sufragista, cabe destacar la figura de Aristófanes (450 a.c.-385 a.c.) como pionero de estas pretensiones igualitarias, siendo Lisistrata la primera obra de la literatura clásica que reivindica el derecho de las mujeres a participar en la toma de decisiones que afectan a toda la ciudadanía como es, en el caso de esta obra, la declaración de guerra,y es que su protagonista, Lisistrata, confiando muy poco en el destino que los hombres están llevando a Grecia y temiendo unos efectos desastrosos para la misma, consideró que correspondía a las mujeres tomar la iniciativa y, de esta forma, convence a todas ellas para que adopten una actitud pasiva ante sus maridos negándoles todo encuentro carnal como medida de presión para obtener una declaración de paz. Así, en este sentido, bajo el ánimo de practicar la virtud cívica y política ,la fuerza de las pasiones debe quedar supeditada a la fuerza de la razón, y es que debemos de ser conscientes de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad y derechos, pero desiguales en cuestiones diferenciadoras que bien merecen un trato legislativo de ese carácter, como puede ser, por ejemplo, la declaración de nulidad de los despidos a mujeres embarazadas, ya que la salvaguarda de los derechos laborales y de la maternidad deben ser prioritarios frente a medidas arbitrarias y discriminatorias por parte del empleador.
 


Sin embargo, hay ocasiones donde la fuerza de la ley no es suficiente para corregir definitivamente todas aquellas desigualdades de poder, y es que la erradicación definitiva de la violencia de género exige una intervención conjunta de las funciones punitivas y preventivas, y es precisamente en esta última donde la educación juega un papel fundamental para la construcción de una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales en derechos y oportunidades.
 


Es evidente que, a pesar de los avances, aún queda camino por recorrer en esa búsqueda de la igualdad de géneros, pero la labor de mujeres heroicas como nuestra Clara Campoamor hubiera encontrado más obstáculos si el grupo de hombres concienciados, como lo fueron Jonh Stuart Mill y Aristófanes, no hubieran mostrado su posición de parte junto a la mujer, y es que los amantes de la igualdad y de la Justicia no tiene sino en esta causa su lugar.
 

José Luis Garrido García

Madrid, balada triste de justicia

Hace unos días Europa Press se hacía eco de unas declaraciones del consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, en las que (a título personal, aclaraba, pese a las responsabilidades que desempeña) abogaba por devolver las competencias autonómicas de Justicia al Estado, ya que, a su entender, su ejercicio es "caro y complicado", "no tienen ningún sentido" y han hecho que la justicia en Madrid se convierta en un "carajal".

 

Las distintas autonomías han rentabilizado la asunción de funciones sobre la justicia como vía para explicitar ante sus ciudadanos un modelo de gestión más eficaz y próximo a la sociedad o con un orden de prioridades adaptado a las necesidades del territorio. El modo en que se ejercen esas competencias dice mucho del lugar en que cada Comunidad sitúa valores claves para la convivencia social: el principio de igualdad, la tutela judicial efectiva, el derecho a la justicia gratuita.

 

La Comunidad de Madrid ha elegido, desde que recibió el traspaso de unas competencias que previamente reclamó, el lugar de la no política, el no lugar de la justicia. Las declaraciones del consejero tienen esa cualidad que aúna rotundidad y coherencia: al Gobierno autónomo no le interesa cómo funcionan los tribunales de su territorio ni cómo ello afecta a la vida de sus ciudadanos. Ni siquiera esta crisis económica, que judicializa conflictos inexistentes en épocas de bonanza y en los que se ven inmersos todos los sectores desfavorecidos, los de siempre y los que ahora acceden a esta triste categoría, le ha movido a una reflexión sobre cómo el mal funcionamiento de los juzgados empeora condiciones y calidades de vida ya de por sí suficientemente dañadas.

 

La próxima convocatoria de elecciones autonómicas debería permitir actualizar las propuestas electorales y también las demandas que los ciudadanos plantean a sus dirigentes más cercanos. El periodo preelectoral puede permitir que esa comunicación bidireccional política / ciudadanía se intensifique abriendo espacios de debate constructivo que permitan mejorar aspectos fundamentales para la convivencia. Por ello, antes de que se abra la caja de los truenos de la campaña, nos parece imprescindible fijar algunas prioridades que deberían trascender de la política de partido y convertirse en bandera de toda la Comunidad de Madrid.

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El gran retorno de Egipto

Si Egipto se convierte en una democracia -y nada está decidido de momento-, su ejemplo se propagará como un reguero de pólvora por el mundo árabe. Aunque la situación no cambie inmediatamente en estos países, el modelo egipcio tendrá el efecto de una pesadilla sobre los dirigentes de los Estados feudales, monárquicos y dictatoriales. Los intelectuales, los responsables políticos y los actores de la sociedad civil son conscientes de esta nueva situación. Hoy, todos los observadores relevantes en El Cairo aseguran, gracias a la libertad de expresión y al debate de ideas, que una nueva etapa histórica ha nacido en la región, y que el papel de Egipto será determinante. Fue la pequeña e inesperada Túnez la que despertó a Egipto, pero es Egipto quien ha pasado el testigo tunecino a los libios. La carrera no se detendrá aquí.

 

Las élites egipcias son plenamente conscientes del debilitamiento que se produjo en el mundo árabe después de la marginación de su país, ocurrida por la ruptura de la unidad del frente árabe tras la paz separada con Israel en los años setenta. Egipto fue excluido de la Liga Árabe por haber roto este frente, pero Sadat trató de disimular esta marginación recurriendo a un nacionalismo egipcio lleno de resentimiento hacia el mundo árabe.

 

Mubarak acentuó aún más ese resentimiento, e hizo del islamismo el principal peligro interno, justificando así el estado de excepción e instaurando una dictadura policial ciegamente sostenida por Occidente. La actitud de Egipto durante los últimos 20 años, tanto en relación con la cuestión palestino-israelí como en relación con las dos guerras americanas contra Irak, acabó de reducir a cero la influencia egipcia en la región. El país, sometido por EE UU, reducido por los israelíes al papel de cartero en las relaciones con sus vecinos, reforzado por los europeos a la condición de auxiliar de su incapacidad política en Oriente Próximo, tocó el fondo de la impotencia y de la mendicidad financiera en los años noventa y 2000. En el resto del mundo árabe afloraba con frecuencia una suerte de menosprecio hacia Egipto. ¿No veíamos a los egipcios canjear descaradamente su "apoyo" a las potencias occidentales y a Arabia Saudí, a cambio de dinero contante y sonante? ¿No escondía una traición terrible el hecho de que el ejército egipcio recibiera, para pagar sus salarios y su tren de vida, más de 1,3 mil millones de dólares al año de EE UU, sabiendo que no podía obtenerse ningún puesto de alto mando de este Ejército si se manifestaba alguna veleidad de independencia respecto a EE UU?

 

Esta situación dramática favorecía principalmente al clan mafioso de los Mubarak y sus clientes dentro del país. Las élites políticas democráticas, como por otra parte las religiosas e incluso las militares, se sentían profundamente humilladas. En realidad, la separación del resto del mundo árabe nunca fue digerida. Egipto no podía contar de verdad a no ser que fuera la voz de los árabes.

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