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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

Nunca hubiéramos imaginado la magnitud del desastre por mucho que se supiera, y supiéramos, que la justicia era la asignatura pendiente de nuestra democracia

06 de mayo - la opinión de Gabilondo 

 

"Nunca hubiéramos imaginado la magnitud del desastre por mucho que se supiera, y supiéramos, que la justicia era la asignatura pendiente de nuestra democracia. Doscientas setenta mil sentencias penales pendientes de ejecutar. ¡Penales!. De las civiles, no hablamos. Deben ser centenares de miles. Eso quiere decir, sencillamente, que estamos en el reino de la arbitrariedad, o de la impunidad. En cualquier caso, no en un Estado de Derecho. Un país sometido, solo nominalmente, al imperio de la ley. Pero, ¡qué escándalo es éste!. !Qué vergüenza es ésta!. ¿En qué higuera esta Zapatero?. ¿En qué Babia ha vivido Aznar?. ¿En qué luna de Valencia estaba Felipe González?. ¿Cómo hemos pagado el sueldo a los ministros de Justicia, y a sus subsecretarios y secretarios de Estado?. ¿Cómo han permanecido en sus puestos sin dimitir?. ¿Cómo se han atrevido los miembros del Consejo del Poder Judicial a ocuparse de la política de este país, que ya tiene un Congreso y un Senado, y dejar que rodara una bola de esta magnitud sin inmutarse?. Deberían irse a su casa esta misma tarde y pedir perdón a los ciudadanos. Pero ¿qué farsa es ésta?. Doscientas setenta mil sentencias penales pendientes de ejecutar es un dato devastador, que ridiculiza a nuestro país y disuelve nuestras convicciones. Esto sí que es un fracaso, y no un fracaso sectorial. Afecta a la línea de flotación de nuestro sistema. Los malos datos del paro son un arañazo apenas. Cualesquiera otros problemas, por serios que sean, una fiebre pasajera. Pero esta cifra, doscientas setenta mil sentencias penales sin ejecutar, se clava como una cuchillada en el corazón mismo de nuestra democracia. El caso Mari Luz no fue un accidente. Fue la purulencia de un órgano putrefacto sobre el que hay que actuar de inmediato. Si nuestro país no ha perdido la cabeza, ha de parar motores porque hay fuego a bordo. Con este dato, la gestión de cuantos nos mandan y nos mandaron debe ser revisada. Se merecen un cero inapelable. Sólo Zapatero tiene la oportunidad de aprobar en segunda convocatoria. Y tiene la obligación moral y democrática de hacerlo."

Fuente:

http://www.cuatro.com/programas/programa.html?anchor=ctoproact&type=Tes&xref=20080506ctoultnot_4

La perversión de los ideales / 4

de José Vidal-Beneyto en El País 03/05/2008

Éstos son tiempos de confusión, de voracidad, de desvergüenza. En todos los ámbitos, muy en primer lugar en el político y en el económico. Sólo existe el que gana. De ahí que el casi siempre indecente emparejamiento de los más ricos con quien manda no perdona país. Los tenéis en Francia todos apiñados en torno de Sarkozy: Bolloré, Arnault, Lagardère, Pinault, Bouyghes. No falta nadie de los que cuentan en esta ceremonia del glamour y del dinero que a todos nos engorda, en esta celebración de esos microfascismos supervivientes que son la especulación y el beneficio. Un poco a trasmano quedan las desigualdades que matan: la falta de trabajo, la miseria, la cárcel, pero sobre todo, el hambre. Pero es inútil, nos dicen, plantearse problemas en política que no se pueden resolver, especialmente en democracia que es un régimen definitivamente modesto, pragmático, para el que lo bueno coincide siempre con lo posible. Este primado de la sola racionalidad de lo practicable, contrafigura heredada de los desperfectos causados por la radicalidad de los grandes planteamientos totalitarios de cualquier signo -fascismos y comunismos en particular- tenía que traducirse en un rechazo de las ideologías mayores que les sirvieron durante los últimos dos siglos de antecedente. Y lo han hecho por el procedimiento más indoloro: la dilución. Que ha producido ese pensamiento único en el que todos estamos y en el que nadie se reconoce. Un producto blando, informe, absolutamente maleable, que puede justificar cualquier cosa y borra las fronteras entre lo público y lo privado, el gobierno y los negocios. Entre los que se establece una rentable circulación, alimentada en España sobre todo por personalidades del PP como Rodrigo Rato, Manuel Pizarro, Eduardo Zaplana, sin olvidar a su fundador José María Aznar, hoy homme à tout faire del primer tycoon mundial de la información, Robert Murdoch.

 

En paralelo a esta popularización divulgadora discurren dos procesos de mucho mayor calado, uno desde la posición liberal y otro desde la socialista que intentan reforzar sus respectivas opciones incorporando los elementos más valiosos de la otra que consideran compatibles con su propia identidad. Comenzando con el liberalismo social que tiene su gran arranque en John Stuart Mill que con su propuesta de un New Liberalism no sólo libró a la corriente liberal de los excesos de un individualismo extremo y estéril, sino que dotó de nuevas bases a la economía política y con su obstinada insistencia en asociar la libertad a la igualdad, abrió el camino a una nueva práctica de la democracia. Pionero en muchas cosas, en lo político postuló la extensión del sufragio en todos los ámbitos e impulsó las libertades locales promoviendo el mayor autogobierno posible. Luego acompañado por su mujer, Harriet Taylor, pionera militante feminista, luchó por la igualdad política y civil de los dos sexos y se movilizó en favor del movimiento obrero defendiendo la autoeducación de los trabajadores y la sustitución de la empresa capitalista por la organización cooperativa. Distinguiendo entre producción de riquezas y su distribución proponía introducir la asociación de trabajadores libres en la segunda para, mediante las cooperativas de distribución, reducir las injusticias sociales iniciales derivadas de la producción.

 

Por lo demás sólo recurriendo a la instrucción universal, a una aceptada limitación de los nacimientos y a una creciente participación de todos en los beneficios, podemos acercarnos al autogobierno económico. Pero quizá la aportación más importante y actual de Mill es su impugnación del productivismo y de los desastres medioambientales que produce con la autolimitación que propone, en la tercera edición de sus Principios de Economía Política (1871), en su cuadro “del estado estacionario” y en la estabilización del capital y la riqueza. Propuesta que le enfrenta totalmente a Hayek y a los neoliberales al uso y lo acerca a las teorías del decrecimiento de Georgescu-Roegen y a las tesis del estacionarismo de Daly. Thomas Hill Green y Leonard T. Hobhouse son los dos grandes compañeros de viaje de Mill en su ruptura con el liberalismo clásico y su justificación de una limitada pero imprescindible intervención del Estado. Green desde su cátedra en Oxford, apoyado en el neohegelianismo lanzó el nuevo credo con el sujeto como una noción abierta y comunitaria y con la libertad positiva como aquella que nos permite hacer algo útil para y con los demás. Hobhouse primer catedrático de Sociología de Londres y editorialista de The Guardian nos ofrece un repertorio de las libertades esenciales -libertad civil, personal, familiar, política, local, internacional, etcétera- todas encardinadas en torno de la libertad social que no es la de un individuo frente a la de los demás sino la que se realiza con y a través de ellos. La libertad de uno, sólo se cumple con la de todos los otros. Estamos en el cogollo del liberalismo social.

Resistencia crítica / 2

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 12/01/2008

Los juegos de poder en que se ha convertido hoy la política y la reducción de la democracia a contiendas electorales ha hecho de la búsqueda del máximo común denominador, más allá de partidos y de programas, la regla de oro de la vida pública. Se trata de ensanchar cuanto se pueda el espectro de votantes potenciales, olvidándose de tradiciones políticas y saltándose antagonismos ideológicos, para asegurar el triunfo en las urnas de la posición en la que se milita. Su propósito no es el de imponer nuestras ideas ni reforzar nuestra opción doctrinal, sino directamente el de conquistar el poder para nuestro partido y dentro de él para nuestro grupo, es decir, para que nosotros mandemos.

 

Para ello hay que teñir al socialismo de liberalismo y los liberales tienen que condimentar su ideario de siempre con especias sociales con las que cocinar un guiso común, el social-liberalismo del que todos puedan servirse. Este pandemónium de credos y confusiones, dignificado con la irrechazable designación de pensamiento único y bendecido por la practica curalotodo del consenso disuelve la derecha y la izquierda y produce el milagro del centro, que todos aceptan aunque sirva de bien poco.

 

El año 2008 con todas las elecciones que se anuncian en Europa y en América podría ser una buena oportunidad de clarificación y de pedagogía. Pues como nos señalaba hace ya 50 años Maurice Duverger, el ejercicio electoral, aparte de dotarnos de gobernantes, nos ayuda a conocer y a evaluar periódicamente el funcionamiento político de nuestras sociedades. Pero no parece que vaya a suceder así en las próximas consultas, ni en Francia ni en España, que son los países que vivo más de cerca. El gran obstáculo en ambos, como acaba de señalarse, es el del oscuro e impreciso perfil diferencial de los dos grandes polos, derecha e izquierda, con las alineaciones partidistas y electorales que a uno y otro se agregan.

 

En Francia la casi total desaparición del Partido Comunista, excepto en el ámbito local; la dramática dilución de los Verdes; el retroceso de la formación trotskista de Arlette Laguillier, la acefalia en personas y pensamiento del Partido Socialista francés y la confirmación de que la traca de François Bayrou no da para más, deja a la izquierda desarbolada desde su extremo radical a sus connivencias centristas. Olivier Besancenot, aunque criado en el serrallo del trotskismo, heredero y sucesor de Alain Krivine, comienza a aparecer hoy como una alternativa posible de la izquierda francesa en su conjunto, gracias a su seducción política personal y a sus brillantes prestaciones televisivas.

 

El joven líder, apenas en la treintena, de una izquierda a secas, como le gusta decir a él, ni radical ni extrema, apuesta por otro tipo de política, fuera de la pipolización y del capitalismo para la que todo son trampas, dinero y lentejuelas. Lo que postula es otro modo de hacer política desde la verdad; otro modelo de sociedad en la que los ricos y sus empresas no cabalguen tan a caballo de los pobres; otra organización económica cuyo funcionamiento no exija el total desbaratamiento del clima con la devastación del planeta y en el que el desarrollo tecnológico y el acrecentamiento de la riqueza no se traduzcan automáticamente en aumento de la desigualdad.

 

Se indigna de que los Estados creen sus presupuestos a costa de los trabajadores y de la producción de armas (pequeñas y de destrucción masiva); reclama que se ponga fin a las grandes disputas geopolíticas Irán / Afganistán-USA, Israel-Palestina, Kosovo-Serbia y otras, cuyo riesgo de extensión y generalización es muy grande, y que se impidan y controlen las crisis humanitarias responsables de tantos muertos entre la población civil; postula un tratamiento de la inmigración y de los movimientos de personas más racional y más justo; rechaza la intervención de las religiones, hoy sobre todo islamismo y catolicismo, en la vida política de los países y la urgencia de acabar con su sectarismo civil y con la radicalización que conllevan directa e indirectamente, para las identidades nacionales y comunitarias.

 

El catálogo de objetivos que nos presenta Besancenot quedaría cojo sin la refundación de una democracia que frente a autoritarismos y populismos haga imposible la disociación de libertad y justicia social. Cuando el presidente, Nicolas Sarkozy, en su última conferencia de prensa, utiliza la potente propuesta de una política de civilización de Edgar Morin para esquivar sus compromisos en relación con el nivel de vida, se comporta, diría Besancenot, como un malversador político. Ahora que tenemos a mano las elecciones generales, ¿no podría la izquierda real lanzar en España a un joven, hombre o mujer, agitador político como él?

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Resistencia/critica/elpepiint/20080112elpepiint_14/Tes/

 

La teta pública ó los mamones

COLUMNA DE OPINIÓN – FELIPE RUBIO CARRACEDO

 

Sábado, 12 –04-08-  Para LA CRÓNICA DE LEON.

 

Como esta el patio upe lino. Decía uno de sus dirigentes que ahora se desplaza en Vespino,  pues la pasta no le llega ni para invitar a sus amigos a tomar un vino. Otero anuncia que corta el grifo, que se acabo la diversión-  recuerda aquello de la Cuba pre- Fidel. “” Llego el comandante y mando apagar””.

La desvergüenza en la política está llegando a niveles insospechados, hay quienes son capaces de devorar a sus hijos, a sus hermanos, con tal de no soltar la teta pública, pero, no crean ustedes amigos lectores que esto solo pasa en la UPL. Pasa hay, y en el resto de las organizaciones políticas, hay un ejercito de profesionales y de, vividores de la política, que han hecho de sus vidas una única meta y una única profesión. La meta: Jubilarse en las instituciones. La profesión: Mamónes doctorados en el mamoneo de lo público.

Esto que lamentablemente es así, no sé si es malo, pero, estoy convencido que no es bueno para la democracia, ni para los intereses generales de los ciudadanos, ni para la política. Este modo de  aprovechamiento personal de lo público acrecienta el desprestigio de la clase política y deriva en un desencanto social peligroso, fomenta la abstención y hace bueno aquello tan burdo de “son todos iguales”.

Me niego aceptar que ello pueda ser así. Lo veo y lo percibo, pero me resisto, hay múltiples personas que hacen y practican La Política, con honestidad, con transparencia, no se merecen este tipo de colegas y estos, deberían ser expulsados sinedíe de la vida pública. Los que trabajan a diario (que son más de los que imaginamos) con honestidad y con ganas de hacer la vida más fácil a sus conciudadanos, deben ser valorados con dignidad y con el máximo respeto, y al resto, lejos de la teta-pública.

El PSOE de Valladolid mira al futuro

29.03.08 - JORGE FÉLIX ALONSO DIEZ (Procurador en las Cortes de Castilla y León y Secretario General del PSOE de Valladolid)

 

QUIERO empezar estas reflexiones agradeciendo el apoyo a todos los vallisoletanos y vallisoletanas que han contribuido con su voto a que en España siga habiendo un gobierno socialista, y compartiendo con ellos la alegría que ello nos produce. Pero es un proceso natural que después de los resultados de las pasadas elecciones generales, en las que los socialistas de Valladolid hemos perdido 6.533 votos, se haya abierto un debate sobre por qué se ha bajado en votos y qué debe hacerse para tener el respaldo de la mayoría de la población en nuestra provincia, un debate lógico en un partido que quiere ganar las elecciones también en Valladolid y en Castilla y León.

Las causas de por la que en Valladolid no hemos superado al PP en votos indudablemente son varias, y seguro que aunque cite algunas, nunca serán exhaustivas. El resultado ha sido peor que en las anteriores elecciones, tanto en las generales, como en las municipales y autonómicas, pero a nadie se le escapa que en las anteriores hubo una influencia en el resultado de las mismas por la entrada de España en al guerra de Irak. Lo mismo que en éstas han influido algunas de las políticas del gobierno socialista, que siendo acertadas y que comparto y defiendo, no hemos sido capaces de que fueran tan bien percibidas en Castilla y León y en Valladolid, como lo han sido en algunas comunidades autónomas.

La política antiterrorista y la política territorial, sobre todo en lo referente al maniqueo discurso del agravio que sufre Castilla y León frente a Cataluña, han creado un ambiente poco favorable hacia el PSOE en estas tierras.

El Partido Socialista tiene un conjunto de valores que son apreciados por las mayoría de los españoles y por un importante número de vallisoletanos, casi 149.000, a los que no vamos a defraudar, que se han puesto en evidencia en estos cuatro años de gobierno, así como se evidenciaron durante los 16 años de mandato en el Ayuntamiento de Valladolid. El desarrollo de las políticas sociales, la apuesta por respetar todos los espacios de libertad y garantizar la igualdad de derechos y oportunidades son las señas de identidad de las administraciones cuando gobierna el Partido Socialista.

Ante el próximo congreso provincial son varios los retos que tenemos los socialistas de Valladolid para que los ciudadanos puedan otorgarnos su confianza.

Primero: conseguir que nuestra voz, explicando las bondades de la gestión del gobierno socialista se escuche más que la estrategia desarrollada desde las instituciones que gobierna el PP, en las que sus carencias las tapan con el discurso falso del agravio del Gobierno de España hacia Valladolid. La apuesta personal del presidente del Gobierno para que el AVE llegara a Valladolid en el 2007, es una apuesta clara por el desarrollo de nuestra provincia. En la próxima legislatura, el conjunto de autovías que se están construyendo o que tienen sus proyectos en tramitación (Valladolid-León, la autovía con Santander, Valladolid-Soria o las rondas exteriores), van a dotar a Valladolid de una red de comunicaciones moderna y que contribuirá a mejorar la competitividad de nuestras empresas. En la legislatura que ahora comienza estos compromisos se van a percibir mejor.

Segundo: explicar mejor las bondades de la gestión socialista con leyes que tiene como destinatarios a amplios colectivos de ciudadanos, como son la Ley de Dependencia (que siendo responsabilidad de la Junta de Castilla y León, gobernada por el Partido Popular, su aplicación, ha centrado sus esfuerzos en paralizar la aplicación de la misma), el Estatuto del Trabajador Autónomo o la Ley de Igualdad. Leyes que van a mejorar radicalmente la calidad de vida de las personas que son destinatarias de las mismas, pero que las virtudes de éstas, requieren años para percibirse de sus efectos.

Tercero: adaptar mejor nuestro trabajo al cambio sociológico que ha sufrido Valladolid, generalmente ligado a una mayor calidad de vida, con nuevos barrios que disponen de dotaciones diferentes, el importante crecimiento de los municipios del alfoz de la capital y las nuevas realidad económica en las que el sector servicios ha pasado a ser mayoritario frente a la actividad industrial, básica para sostener el conjunto de la economía, pero con menor peso en el total de la misma. Realidades sobre las que tenemos que elaborar propuestas que respondan a esta nueva configuración social.

Cuarto: Valladolid es de hecho la capital de Castilla, y León y los socialistas de Valladolid debemos trabajar por que se le otorgue el liderazgo regional que le corresponde y que permita desarrollar sin complejos el mismo. Valladolid debe ser el motor de la economía regional, y lo que es bueno para Valladolid lo es para las otras ocho provincias de la comunidad es decir: Castilla y León. Por ello debemos trabajar los socialistas de Valladolid.

Quinto: Que los ciudadanos de Valladolid perciban que el PSOE dispone de personas con capacidad y honestidad suficiente como para aplicar las políticas que nuestra provincia necesita en beneficio de nuestros paisanos, es otro de nuestros retos.

En Valladolid hay partido y lo vamos a jugar.

 http://www.nortecastilla.es/20080329/opinion/psoe-valladolid-mira-futuro-20080329.html

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Soraya Rodríguez: «No entiendo que candidatos con poco éxito pidan adelantar el congreso»

Soraya Rodríguez  18-03-2008 (Diputada en el Congreso, Concejala en el Ayuntamiento de Valladolid y Secretaria Federal de Medio Ambiente del PSOE)

 

«Entiendo que las reflexiones que necesariamente tiene que hacer el partido socialista en Valladolid deben hacerse de forma más meditada, no al calor de un resultado mal analizado», aseguró ayer la presidenta del grupo municipal socialista, Soraya Rodríguez. Sin embargo, acto seguido, se arrimó a las ascuas para asegurar que «algunas peticiones de gestoras, de adelantos congresuales, no se entienden muy bien cuando vienen de personas que han tenido responsabilidades altísimas, candidatos con poco éxito y con resultados por debajo de los obtenidos en el 2004. Eso no ayuda, crea un ruido que no es compartido por la mayoría de los militantes».



No hubo nombres ni alusiones directas, pero sí referencias a la actualidad política del PSOE. Soraya Rodríguez aseguró que «más importantes que las personas son los equipos, y ésta es una reflexión que debería tener el partido en Valladolid, pero también en Castilla y León». Y defendió una posición de crítica constructiva respecto al propio partido. «Los resultados en Valladolid no pueden tener, por mi parte ni por la de ningún responsable político, una valoración positiva. No hemos conseguido los objetivos propuestos, el tercer diputado del PSOE en Valladolid, cuando vimos que, después de los resultados del 2004, era algo posible».



Base sólida



«El partido socialista tiene una base muy sólida en Valladolid, el 42,33%, pero hay una franja de votantes que hoy en día es del PP y a los que nosotros no estamos llegando». Rodríguez entiende que es necesario un trabajo de comunicación y conocimiento para llegar a este sector, pero que las decisiones deben tomarse «dentro del proceso ordinario. No soy partidaria de adelantar ningún proceso congresual», explicó.



Esta autocrítica constructiva reclamada por Rodríguez no se dejó ver por la tarde en las palabras de Francisco Ramos, portavoz de la Ejecutiva regional del PSOE, que dibujó un panorama idílico para el socialismo en la región. «Satisfacción por el alto nivel de participación, superior al del resto de España». «Satisfacción por la nueva etapa del Gobierno de Zapatero». Y satisfacción, dijo, por el voto de los residentes ausentes. «Es la menor distancia con el PP desde 1989, hemos mantenido el número de diputados y el que ha perdido uno es el PP en Soria». Sin embargo, añadió que esta «satisfacción» no va acompañada «en absoluto por el conformismo». Ramos defendió «el respeto más absoluto a las decisiones de los secretarios provinciales», pero recordó que el partido «tiene un calendario congresual que se va a mantener con normalidad».

 

 

Fuente: http://www.nortecastilla.es/prensa/20080318/valladolid/soraya-rodriguez-entiendo-candidatos-20080318.html

Comentario.1: es el comentario de una persona que ha perdido, con un equipo que ha perdido y que solo trata de perpetuarse en su pequeña parcela de poder con sus amigos. Se pude opinar desde la victoria, no desde la derrota,  las opiniones en la derrota solo son justificaciones de los propios errores cometidos y de quienes los han permitido.

Resistencia crítica - 2

Los juegos de poder en que se ha convertido hoy la política y la reducción de la democracia a contiendas electorales ha hecho de la búsqueda del máximo común denominador, más allá de partidos y de programas, la regla de oro de la vida pública. Se trata de ensanchar cuanto se pueda el espectro de votantes potenciales, olvidándose de tradiciones políticas y saltándose antagonismos ideológicos, para asegurar el triunfo en las urnas de la posición en la que se milita. Su propósito no es el de imponer nuestras ideas ni reforzar nuestra opción doctrinal, sino directamente el de conquistar el poder para nuestro partido y dentro de él para nuestro grupo, es decir, para que nosotros mandemos.


Para ello hay que teñir al socialismo de liberalismo y los liberales tienen que condimentar su ideario de siempre con especias sociales con las que cocinar un guiso común, el social-liberalismo del que todos puedan servirse. Este pandemónium de credos y confusiones, dignificado con la irrechazable designación de pensamiento único y bendecido por la practica curalotodo del consenso disuelve la derecha y la izquierda y produce el milagro del centro, que todos aceptan aunque sirva de bien poco.


El año 2008 con todas las elecciones que se anuncian en Europa y en América podría ser una buena oportunidad de clarificación y de pedagogía. Pues como nos señalaba hace ya 50 años Maurice Duverger, el ejercicio electoral, aparte de dotarnos de gobernantes, nos ayuda a conocer y a evaluar periódicamente el funcionamiento político de nuestras sociedades. Pero no parece que vaya a suceder así en las próximas consultas, ni en Francia ni en España, que son los países que vivo más de cerca. El gran obstáculo en ambos, como acaba de señalarse, es el del oscuro e impreciso perfil diferencial de los dos grandes polos, derecha e izquierda, con las alineaciones partidistas y electorales que a uno y otro se agregan.


En Francia la casi total desaparición del Partido Comunista, excepto en el ámbito local; la dramática dilución de los Verdes; el retroceso de la formación trotskista de Arlette Laguillier, la acefalia en personas y pensamiento del Partido Socialista francés y la confirmación de que la traca de François Bayrou no da para más, deja a la izquierda desarbolada desde su extremo radical a sus connivencias centristas. Olivier Besancenot, aunque criado en el serrallo del trotskismo, heredero y sucesor de Alain Krivine, comienza a aparecer hoy como una alternativa posible de la izquierda francesa en su conjunto, gracias a su seducción política personal y a sus brillantes prestaciones televisivas.


El joven líder, apenas en la treintena, de una izquierda a secas, como le gusta decir a él, ni radical ni extrema, apuesta por otro tipo de política, fuera de la pipolización y del capitalismo para la que todo son trampas, dinero y lentejuelas. Lo que postula es otro modo de hacer política desde la verdad; otro modelo de sociedad en la que los ricos y sus empresas no cabalguen tan a caballo de los pobres; otra organización económica cuyo funcionamiento no exija el total desbaratamiento del clima con la devastación del planeta y en el que el desarrollo tecnológico y el acrecentamiento de la riqueza no se traduzcan automáticamente en aumento de la desigualdad.


Se indigna de que los Estados creen sus presupuestos a costa de los trabajadores y de la producción de armas (pequeñas y de destrucción masiva); reclama que se ponga fin a las grandes disputas geopolíticas Irán / Afganistán-USA, Israel-Palestina, Kosovo-Serbia y otras, cuyo riesgo de extensión y generalización es muy grande, y que se impidan y controlen las crisis humanitarias responsables de tantos muertos entre la población civil; postula un tratamiento de la inmigración y de los movimientos de personas más racional y más justo; rechaza la intervención de las religiones, hoy sobre todo islamismo y catolicismo, en la vida política de los países y la urgencia de acabar con su sectarismo civil y con la radicalización que conllevan directa e indirectamente, para las identidades nacionales y comunitarias.

El catálogo de objetivos que nos presenta Besancenot quedaría cojo sin la refundación de una democracia que frente a autoritarismos y populismos haga imposible la disociación de libertad y justicia social. Cuando el presidente, Nicolas Sarkozy, en su última conferencia de prensa, utiliza la potente propuesta de una política de civilización de Edgar Morin para esquivar sus compromisos en relación con el nivel de vida, se comporta, diría Besancenot, como un malversador político. Ahora que tenemos a mano las elecciones generales, ¿no podría la izquierda real lanzar en España a un joven, hombre o mujer, agitador político como él?


FUENTE:
JOSÉ VIDAL-BENEYTO 12/01/2008
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Resistencia/critica/elpepiint/20080112elpepiint_14/Tes

La izquierda sin crisis

La supuesta crisis de la izquierda democrática se ha convertido en una de las letanías más persistentes del discurso político actual. Como toda fórmula que pretende borrar la frontera entre el análisis y la consigna, la idea de que la izquierda democrática está en crisis se ha venido construyendo durante los últimos años a partir de datos heterogéneos a los que, no obstante, se les impone un sentido único, de manera que corroboren la conclusión de la que ya se dispone de antemano: si un partido conservador gana las elecciones en algún país europeo se confirma la crisis de la izquierda democrática, pero si las gana un partido socialdemócrata, esa victoria ni cuenta ni se procesa. Primero fueron los medios políticos e intelectuales del bando conservador los que proclamaron que la izquierda democrática estaba en crisis, poniendo arbitrariamente en su cuenta actitudes y fenómenos que, como los populismos de América Latina, permiten desacreditar las posiciones democráticas mediante una estrategia similar a la que, en la España del siglo XVIII, los ilustrados perseguidos por la Inquisición denominaban falacia de accidente: no se combate lo que la izquierda democrática dice, se combate lo que convendría que dijera para que sirvan en su contra unos argumentos prefabricados y que, de contestar a alguien, contestan a quienes rechazan la democracia, no a quienes defienden a la izquierda.

 

Pero es que ahora, además, son algunos medios políticos e intelectuales de la izquierda democrática los que han asumido que, en efecto, están en crisis, reconociendo como una evidencia lo que no es más que una consigna de los conservadores, a los que se les ha concedido, así, una victoria decisiva, una victoria cargada de indeseables consecuencias. La principal, la de no dejar a la izquierda democrática otras salidas que las que hoy proliferan y que, en efecto, conducen a la crisis y a la irrelevancia: o bien la izquierda democrática se refugia en mitos que no son más que la nostálgica canonización de viejos disparates autoritarios, o bien se lanza a una carrera de especulaciones acerca del futuro del mundo.

 

Entretanto, y aprovechándose de esta desatención hacia el sistema democrático tal y como es, tal y como hoy existe, con sus derechos políticos y también con sus derechos sociales, los conservadores encuentran el camino despejado para presentarse como sus defensores más realistas y, por tanto, para hacer con él lo que más convenga a sus proyectos y sus intereses. Resulta desconcertante comprobar cuántas conquistas de la igualdad ante la ley o de la protección pública de los más débiles han sido cuestionadas durante estos años, mientras la izquierda democrática se ensimismaba en fórmulas como no se sabe qué republicanismos o democracias deliberativas, no se sabe qué improbables Gobiernos mundiales de la globalización, convencida de que su supuesta crisis exigía no tanto defender un sistema que es en gran parte obra suya como consagrarse a imaginar sistemas sólo mejores sobre el papel, pero decididamente inconcretos y, por eso mismo, irrealizables. La izquierda democrática está siendo víctima de la paradoja de que si se quiere ser pragmático y eficaz en las políticas hay que ser radical e implacable en los análisis. Porque si se es pragmático, si se es complaciente en los análisis, las políticas no sólo se condenan a ser radicales, sino también, y sobre todo, ineficaces.

Lo que los medios políticos e intelectuales del bando conservador llaman la crisis de la izquierda democrática, una idea ahora asumida por los propios afectados, no es más que un sutil pero trascendental cambio de papeles en el que unos, los conservadores, ocultan su nueva función de revisar un sistema que ha integrado como algo propio el principio de igualdad y la protección pública de los más débiles, y otros, los partidarios de la izquierda democrática, se niegan por inercia a asumir que su tarea inexcusable es defenderlo. A diferencia de lo que ocurría tras la II Guerra Mundial, cuando el Estado de bienestar debía ir consolidándose como un modelo inseparable del Estado de derecho, de la noción de ciudadanía, la izquierda democrática no gestiona hoy en Europa una aspiración, sino una victoria.

 

Parcial y limitada como todas las victorias, pero una victoria que ha transformado la sociedad y de la que se han beneficiado millones de individuos que, en otras circunstancias, estaban condenados a la exclusión y la miseria. Y, sobre todo, una victoria conseguida por medios pacíficos, humanos e institucionales, erigida sobre el apoyo libre y mayoritario de los ciudadanos y no en tenebrosas invocaciones al pueblo y al poder redentor de las armas, bajo las que se han amparado atrocidades de las que ese mismo pueblo ha sido la primera víctima. La crisis de la izquierda democrática no es más que la constatación tautológica de que, en efecto, la izquierda democrática no debería estar hoy al asalto político de ninguna fortaleza, sino defendiendo esa fortaleza del asalto político de los conservadores.

 

Sólo los más obtusos pueden imaginar que sugerir a la izquierda democrática que lo que hoy le corresponde es gestionar una victoria, no una aspiración, equivale a defender el inmovilismo o, en otras palabras, una variante timorata del fin de la historia, una variante para conformistas que no se atreven a llevar la transformación de la sociedad hasta sus últimas consecuencias y prefieren plantarse a mitad de recorrido. Este reproche parte de un equívoco propio de quienes viven en la nostalgia permanente del absoluto y, por ello, sólo son capaces de formularse el qué pero nunca el cómo. El Estado de bienestar como modelo inseparable del Estado de derecho, de la noción de ciudadanía, no es el punto de llegada de ningún camino. Pero no porque se trate tampoco de ninguna estación intermedia, sino porque es otra cosa: un instrumento. Es decir, no se trata de una respuesta al qué, sino de una respuesta al cómo, a la que la izquierda democrática, la izquierda desentendida de cualquier nostalgia del absoluto, realizó una contribución insustituible en el siglo XX. Las insoportables desigualdades que ese instrumento ha conseguido corregir en el pasado ya están corregidas, y nada más cabe decir salvo consolidar el éxito. Pero a la vista está que existen otras desigualdades, y la controversia política que hoy enfrenta a los conservadores y la izquierda democrática, la batalla que dirimen en torno a la fortaleza que unos asaltan y otros deberían defender, es la de identificar con rigor cuáles son las desigualdades que persisten y, a continuación, adecuar a ellas el instrumento.

 

Por esta razón, la izquierda comete un doble error cuando adopta medidas que intentan esconder el simple electoralismo bajo la apariencia de orientar el Estado de bienestar hacia las desigualdades que persisten; un doble error, porque, primero, corre el riesgo de comprometer la viabilidad de un instrumento que sigue siendo imprescindible para alcanzar el objetivo de la igualdad y de la protección pública de los más débiles y, segundo, porque legitima a los conservadores para que, también por razones electorales, pueda llevar a cabo una severa contrarreforma, argumentando que la inviabilidad del instrumento es consecuencia de la inviabilidad de los fines que persigue.

 

Una de las pruebas de que algunas de las medidas propuestas desde la izquierda en el poder, por ejemplo, en España, tienen que ver con el interés electoral y no con la reforma rigurosa del Estado de bienestar es que, ante cualquier crítica, ante cualquier discrepancia, ha reaccionado como reaccionan los conservadores cuando la idea de nación se utiliza para reclamar el voto. Para los conservadores, sólo es español quien asume sin rechistar sus políticas. Para la izquierda en el poder, sólo se pueden considerar en la izquierda quienes aplaudan disciplinadamente las suyas. Tantas palabras sonoras, tantos compromisos solemnes para terminar echando mano del marketing político que, lo mismo en un campo que en el otro, exige hacer de cada ciudadano un maniqueo. Un maniqueo, es decir, alguien que valora menos su libertad que su pertenencia a una facción.

 

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/opinion/izquierda/crisis/ 

 

JOSÉ MARÍA RIDAO 25/11/2007

 

Los riesgos del Wi-Fi

EL sistema Wi-Fi es una tecnología de comunicación de redes que sirve para conectar ordenadores entre sí y permite que los usuarios naveguen por Internet, sin cables de ningún tipo, desde cualquier punto de las zonas habilitadas para ello. Utiliza ondas de radio de alta frecuencia (2,4 gigaherzios y superiores) para transmitir y recibir datos hasta distancias de decenas o centenares de metros. Todos los ordenadores portátiles fabricados en los últimos dos años, llevan incorporado un dispositivo Wi-Fi que detecta las redes a las que tiene alcance.

 

Realizaremos un pequeño recorrido por las noticias recientes aparecidas en la prensa de varios países para mostrar la polémica que rodea a esta tecnología. El 10 de septiembre, el periodista Geoffrey Lean publicó un artículo en el diario inglés 'The Independent', con el título: 'Alemania advierte a sus ciudadanos que eviten el uso del Wi-Fi'. En él explica que el Ministerio de Medio Ambiente germano está recomendando que las personas se protejan de las radiaciones del Wi-Fi, eligiendo conexiones por cable. El órgano oficial alemán para la protección de las radiaciones, aconseja a sus ciudadanos que utilicen también teléfonos con cable y advierte del aumento de la contaminación electromagnética que ha tenido lugar en los últimos años. La tecnología Wi-Fi está ya prohibida en las escuelas de Frankfurt.

http://www.nortecastilla.es/prensa/20071020/opinion/riesgos-20071020.html

 

Los mártires de la desmemoria

 

La historia edulcorada por la actual jerarquía católica ante la próxima beatificación de los llamados 498 "mártires españoles del sigloXX" se salta siempre la misma página. Dieciséis curas y religiosos vascos fueron asesinados por las tropas franquistas en Euskadi sin renunciar tampoco a su fe.

"Todos los asesinatos son condenables, pero no todos los asesinados son mártires", señaló el pasado martes el portavoz de los obispos, Juan Antonio Martínez Camino, preguntado por esta causa olvidada.

Entre los 498 nuevos beatos de la Guerra Civil hay elementos comunes. Todos murieron de manera trágica en el umbral del conflicto o avanzado el verano de 1936. Todos han sido desde entonces ensalzados por la Iglesia del poder nacional católico. Todos han ocupado un lugar en su recuerdo y en sus oraciones. Pero ninguno murió por orden del bando franquista. Eso les diferencia y les garantiza un lugar en la memoria de la Iglesia, que ha resultado ser tan coincidente en lo temporal con la agenda del Gobierno, como selectiva en cuanto a su rigor histórico.

Durante la presentación de los actos que coronarán esta causa de beatificación masiva el próximo 28 de octubre en la plaza de San Pedro del Vaticano, Juan Antonio Martínez Camino negó cualquier discriminación hacia los religiosos asesinados por orden del bando sublevado. Casualidad o no, ninguno ha sido elevado aún a la gloria del Vaticano.

Martínez Camino lavó sus manos y las del episcopado. Se excusó señalando que las causas sobre la posible santidad de una persona no las inician los obispos, sino los fieles. "La conciencia del pueblo de Dios es donde está depositada la fama de santidad o de martirio", concretó. Cuando se presenta una causa "no hay prejuicio previo que cierre el camino a nadie", dijo el portavoz de los obispos.

Sacerdotes depurados
Pero nadie ha iniciado causa alguna a favor de sacerdotes o religiosos asesinados por las balas del bando fascista. Su memoria sigue viva sólo en los archivos de historia.
El golpe de Estado de Franco fracasó inicialmente en Guipúzcoa. La columna del general Mola entró en San Sebastián el 3 de septiembre de 1936. Como en el resto de España, ocupación se convirtió en sinónimo de depuración. Republicanos y nacionalistas vascos fueron el primer objetivo. La sotana no fue, en esta ocasión, un salvoconducto. Dos curas de Rentería, Gervasio de Albizu y Martín de Lekuona fueron los primeros. El 8 de octubre de 1936 eran fusilados sin renunciar a sus convicciones religiosas ni a sus ideas nacionalistas.


Durante las tres semanas siguientes serían ejecutados por el bando rebelde 14 religiosos más, entre ellos el cura y escritor José de Ariztimuño, un teórico del nacionalismo.


No fueron hechos aislados. En un territorio en el que el nacionalismo está fuertemente ligado al fenómeno religioso, el asesinato de sacerdotes era algo más que un simple aviso.


Franco obedece al cardenal
"Tenga Su Eminencia la seguridad de que esto queda cortado inmediatamente", respondió Franco al primado de los obispos españoles, el cardenal Isidro Gomá, cuando éste se quejó ante el general tras tener conocimiento de las ejecuciones de religiosos vascos.


Cuenta también el historiador Julián Casanova que a los 16 curas asesinados "se les tomó declaración en juicio sumarísimo antes de la ejecución. Los fusilaron vestidos de seglar, de noche, para evitar publicidad, avisados poco antes para evitarles sufrimientos morales". Dos jesuitas estuvieron con ellos en un improvisado confesionario, en el interior de un automóvil.


Gomá detuvo los asesinatos. La jerarquía de la Iglesia, "identificada y fusionada con las armas franquistas, hablaba con quien tenía que hablar y presionaba a quien tenía que presionar. Ése era el método. Y lo podían haber utilizado para truncar bruscamente los asesinatos de muchas más personas, de miles de ellas. Pero no eran sacerdotes, sino ‘rojos' y ‘canalla marxista' por los que no valía la pena incordiar al Generalísimo", escribe Casanova en La Iglesia de Franco, un manual de referencia sobre este episodio de la historia.


La represión de Franco contra el clero vasco, no se detuvo ahí. Decenas de curas y religiosos fueron encarcelados. El obispo de Vitoria, Mateo Múgica, favorable a la sublevación, acabaría siendo una excepción dentro de la complaciente jerarquía católica.


El obispo exiliado
Múgica protestó por los abusos del bando sublevado contra clérigos y creyentes en su diócesis. Se quejó y acabó por convertirse en un exiliado. Instalado en Roma desde mediados de octubre de 1936, Múgica no regresó a España hasta diez años después. Fue condenado al ostracismo hasta su muerte. Su pecado fue de omisión. No firmó la "Carta colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero", encargada por Franco al cardenal Gomá. Un pacto firmado en julio de 1937 que uniría para siempre a la dictadura con la jerarquía de la Iglesia.

 

http://www.publico.es/espana/006614/martires/desmemoria

 

El PSOE estarían buscando ofrecer a los electores una imagen más de centro

El País asegura que el PSOE busca una imagen más "de centro" que ofrecer a los electores

Izquierda Socialista de Euskadi.- Si atendemos a la información de Luís R. Aizpeolea, habitualmente bien informado en círculos de presidencia del Gobierno, el ejecutivo y el PSOE estarían buscando ofrecer a los electores una imagen más de centro, entendiendo que hasta ahora se ha ofrecido al conjunto de la ciudadanía una sensación de izquierdismo, al parecer insoportable.

 

Este tipo de medidas, más estéticas que otra cosa, como resaltar la bandera o la coletilla que hace tiempo vemos en la propaganda oficial de "Gobierno de España" no deberían asustarnos si se quedaran ahí, en una mera operación mediática frente a las acusaciones ya enquistadas de "vendepatrias", "proetarra", "radical peligroso" y "flojo" que la derecha más rancia y sus medios afines (La Razón, El Mundo, La Cope, Popular TV, TeleMadrid, etc) han venido repitiendo como soflamas incendiarias.

 

Sin embargo, nos puede ocurrir como con el asunto navarro. Que las acusaciones más despiadadas y falsas terminen condicionando la política del Gobierno. Un Gobierno que llegó a la Moncloa arropado por la izquierda plural de las diversas españas. Sin paños calientes. Llamando a las cosas por su nombre, defendiendo la retirada de Irak y abogando por un diálogo con todas esas españas, que lo son, multifacéticas y distintas, que no extrañas, entre sí.

 

Un gobierno que ha sabido gobernar, a grandes rasgos, desde la izquierda, con medidas sociales valientes, punteras y necesarias. Sin embargo, la experiencia nos dice que, cambiar el paso en medio del desfile puede producir más de un traspiés. Es cierto que tenemos el gobierno más de izquierdas de todo este período de monarquía parlamentaria. Pero, ¿es eso motivo de vergüenza o el futuro debe pasar por más izquierda? ¿Qué votamos los ciudadanos en 2004 más que giro a la izquierda, honradez valentía y progreso? Si es eso lo que Zapatero ha ofrecido en general (retirada de tropas, leyes sociales, diálogo político, más democracia en las instituciones), porqué avergonzarse en lugar de defender lo hecho?

 

Sería una pena que el presidente en lugar de sacar pecho, como decía Labordeta, diera un paso atras y se ocultara bajo una pátina centrista, en lugar de sacar a relucir su labor de Gobierno. Supondría oir a aquellos que también hicieron retrodecer el "izquierdismo" y la democracia interna dentro del propio PSOE, con el abandono de las primarias y otras experiencias similares. Si no es bueno para el Partido, tampoco lo será para la sociedad.

 

Lo dicho, esperemos que solo sea estética, porque el Gobierno debe gobernar para todos los españoles, no para los periodistas de la COPE. Leyendo el artículo completo de Aizpeolea, tremendamente recomendable como siempre, hay al menos razones para la intranquilidad.

P.Sánchez

http://izquierdasocialistaeuskadi.blogspot.com/

El PSOE centra su imagen

A menos de siete meses de las elecciones generales de marzo, el PSOE quiere centrar su imagen ante el electorado y disputar al PP el voto moderado. Tras una legislatura en la que el debate político ha estado centrado de forma casi obsesiva en el diálogo con ETA y la reforma territorial, los socialistas quieren poner el acento en las políticas de cohesión social y territorial impulsadas por el Gobierno durante los tres últimos años. A su juicio, son estas políticas, y no las proclamas patrióticas, las que vertebran España, de cuyos símbolos nacionales se ha apropiado la derecha y cuya recuperación para el conjunto de los ciudadanos es uno de los objetivos de los socialistas. La precampaña ha empezado.

 

El inicio del nuevo curso político que acaba de arrancar está marcado por la cita electoral de marzo y la confrontación política entre el PSOE y el PP, con el trasfondo de la amenaza terrorista de ETA. Ante esta situación, los socialistas quieren romper la dinámica que ha marcado la legislatura, centrada en las reformas territoriales y el diálogo con la banda terrorista, convertidos por el PP en eje del debate político.

 

Las encuestas dan favorito al PSOE, pero no con la suficiente holgura como para tener asegurada su victoria en las urnas en marzo. Para garantizarla, los socialistas intentarán poner en valor su acción de Gobierno; sobre todo, en su vertiente de cohesión social y territorial. Quieren impedir que el PP monopolice el símbolo de la nación española, que ha tratado de apropiarse al hilo del debate sobre la reforma del Estatuto de Cataluña. Y ofrecerán como alternativa la cohesión social y territorial de España que el Gobierno ha reforzado en estos tres últimos años a través de sus políticas sociales y de las inversiones en infraestructuras.

 

"No se trata de dar un bandazo político. La prueba es que el Gobierno va a tratar de mantener sus apoyos multipartidistas en el Parlamento hasta su disolución. Lo que se trata es de explicar lo que el Gobierno ha hecho en esta legislatura y profundizarlo en la siguiente, recogiéndolo en el programa", coinciden el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Diego López Garrido, y el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda.

 

El Gobierno ya ha tomado varias iniciativas. Así, no es casualidad que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, inicie el curso con una ronda de entrevistas en la Moncloa con todos los presidentes autonómicos para conocer de primera mano los problemas territoriales.

 

También ha dado pasos en el terreno de los símbolos, con la unificación de los logotipos de todos los ministerios en uno con el lema "Gobierno de España". La iniciativa procedió del propio Zapatero quien, al contemplar en sus viajes la dispersión de siglas de organismos públicos con el patrocinio de las obras del Estado, decidió su unificación.

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LUIS R. AIZPEOLEA - Madrid - 27/08/2007

Artículo completo en :

http://www.elpais.com/articulo/espana/PSOE/centra/imagen/elpepuesp/20070827elpepinac_2/Tes

 

CORAZÓN DE CORDERO

Nino Olmeda Madridiario. 10-09-2007

 

Qué sabia es la naturaleza y cómo sabe responder el 'mecano' humano que somos cuando el dolor por la pérdida de un ser querido nos invade. Entonces llegan recuerdos gratos, que en este caso se remontan a la infancia. Corazón de cordero. En aquellos años, me lo comía en filetes. Y no de cerdo que, por cierto, aunque también se encontraba en la casquería y no en la carnicería, era de peor calidad -eso decían- y algo más  económico. Era el regalo/esfuerzo económico de mi madre al aporte proteínico de mi alimentación.

Desde entonces me gusta el corazón de cordero, que viene a mi memoria cuando me llega la noticia de que el bueno de Paco Cordero ha fallecido. Se acostó un día y su corazón se paró mientras dormía. Se fue este vecino de Pozuelo de Alarcón, militante socialista, amigo de sus amigos, a los que reunió en torno a su féretro, arropado con la bandera tricolor.

De casta le viene al galgo. Su abuelo Don Manuel Cordero, concejal del Ayuntamiento de Madrid en tiempos de la II República y colaborador de Francisco Largo Caballero, era el espejo en el que se miraba. Fue el 'alma mater'del PSOE en Pozuelo, un apasionado defensor de sus ideas, poco amigo de los que manchan la política con sus disimuladas ansías de colocarse, escondidas bajo el discurso justiciero de las siglas, y, sobre todo, amigo de sus amigos.

Acudieron muchos, y muy conocidos. Manuel de la Rocha, Antonio Chazarra, Jorge Gómez, Eugenio Morales, Julio Rodríguez, Juan Antonio Barrio de Penagos, el histórico dirigente de UGT Manolo Simón y muchos más. Parecía un plenario de Izquierda Socialista, presidido por 'el doctor', su amigo/doctor, Pedro Sabando, quien dedicó a nuestro Cordero unas bellas y emotivas palabras que nos rasgaron más aún el corazón. Concluyó con un 'hasta luego'. Su otro doctor, Pedro García Blanco, oía desde el fondo de la capilla, con crucifijo incluido, el leve sonido de las lágrimas de los que abarrotaban el acto de despedida al caer al vacío.

Fue concejal de Pozuelo y martillo del entonces alcalde José Martín Crespo (PP), quien tampoco faltó al último adiós a su amigo Cordero. También ocupó un escaño en la Asamblea de Madrid. Siempre dijo lo que pensaba y era todo corazón. No olvidaré cuando hace años, en pleno 'tamayazo', aparecía cada mañana para sentarse en un costado de la cama que me acogió durante meses para curarme de una grave lesión del fémur. Me daba conversación, me acompañaba y me comentaba las noticias preferidas por él de la prensa que siempre llevaba bajo el brazo.

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO*

LA NECESIDAD  DE   UN NUEVO RELATO*  

 

Antonio García Santesmases

Profesor de Filosofía Política de la UNED

Miembro de Izquierda Socialista de Madrid

 

 

Treinta años después de las primeras elecciones democráticas vivimos en un clima de crispación que no ha tenido igual en los años que hemos tenido de democracia. Sería fácil  afirmar que todo se debe a una competencia feroz entre los partidos  que no se corresponde con las diferencias reales entre las distintas opciones políticas. Sería fácil repetir  ese diagnóstico pero no lo voy a hacer porque creo que no  se corresponde a la verdad. No estamos ante la  pelea de una  clase política que vive de espaldas a las preocupaciones de los ciudadanos, que  está enfrascada en problemas que sólo a esa misma clase política importa.

 

Pienso, por el contrario, que nos encontramos ante una opinión pública soliviantada, conmovida en su emocionalidad más primaria, a la que se apela a las  vísceras para reaccionar y movilizarse ante lo que los medios adictos a la derecha consideran la ruptura de los pactos básicos que dieron lugar a la transición política.

 

Tengo la impresión de que muchos lectores de la revista Éxodo  no frecuentan los medios de comunicación de la derecha ni escuchan las emisoras del mundo católico-conservador y, por ello, quizás no perciben de la misma manera la ofensiva ante la que nos encontramos. Una ofensiva que no ha tenido parangón en otros momentos de nuestra historia democrática. Todo comienza con el diagnóstico realizado por estos medios acerca del proyecto del Presidente Zapatero. Todos ellos han caracterizado con la mayor dureza su pretensión de efectuar algunos cambios en la cultura política heredada de la transición democrática.

Podemos comenzar con la caracterización realizada acerca del personaje y de sus  propósitos  para comprender la magnitud del desafío ante el que nos enfrentamos.

 

I.- ¿ESTAMOS ANTE  UNA  SEGUNDA  TRANSICION?

II.- ESPAÑA: NACION  DE  NACIONES

III.- ¿ALIANZA  DE  CIVILIZACIONES?

 

PARA CONCLUIR

*Publicado en la Revista EXODO, num. 89 (mayo-junio 2.007). 

 

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO. I.- ¿ESTAMOS ANTE UNA SEGUNDA TRANSICIÓN?

 

Si uno lee a los columnistas de la derecha la situación que vivimos se resume de la siguiente manera: un presidente del gobierno que accede al poder de una manera inesperada, fruto de un atentado terrorista, que cambia abruptamente la percepción de la población, llega al ejecutivo decidido a realizar la política que no pudo llevarse a cabo por los límites impuestos al proceso de transición.

 

Según la interpretación de estos medios  si bien la izquierda tuvo que asumir los condicionamientos de aquel proceso y aceptar que no era posible realizar su proyecto, en el fondo de su corazón seguía anidando una voluntad de revancha que ha aparecido en cuanto ha tenido ocasión. Ese revanchismo está unido a la reivindicación  de los peores elementos de un modelo que los españoles de bien creían definitivamente olvidado: la reivindicación del republicanismo trasnochado; la defensa del laicismo sectario; la apuesta por un federalismo inviable. Todo envuelto en un inconfundible olor a masonería bienintencionada que pretende resolver los graves problemas de la coyuntura internacional con un pacifismo blando, dispuesto a rendirse  a cualquier precio ante el enemigo- sea éste el terrorismo etarra el islamismo radical-   e incapaz de  defender con vigor los principios y los valores  del mundo occidental.

 

Este presidente incapaz e insolvente, con sus buenas intenciones y sus resentimientos, nos ha llevado al borde del abismo;  es hora de acabar con su gestión antes de que sea demasiado tarde; hay que lograr que su etapa de gobierno quede reducida a un paréntesis en la historia de España y en la historia del socialismo. Sólo con la derrota de Zapatero las cosas volverán a su cauce  y podremos poner a los nacionalismos en su sitio;  combatir de verdad el terrorismo hasta derrotarlo; ocupar el lugar que  nos corresponde en la escena internacional; y enterrar todo este conjunto de soflamas moralizantes, tan bienintencionadas - concederán los más benévolos- como inconsistentes.

 

Esta interpretación de los  columnistas liberal-conservadores ha ido configurando  un clima de crispación que no habíamos visto en España: las recomendaciones a Zapatero para que sin dilación acompañe a su abuelo en el cementerio; la equiparación de la educación para la ciudadanía con el dictado totalitario del nazismo; la confusión en torno a la cuestión nacional, y otras muchas cuestiones han ido modulando los sentimientos del bloque liberal-conservador hasta un nivel de excitación emocional tan intenso que cuesta recordar algo parecido.

 

Algunas personas de izquierda no aceptan este diagnóstico y acostumbran a relativizar la novedad de este comportamiento aludiendo al hecho de que la derecha siempre actúa de la misma manera. Creo que no es cierto. La derecha española fue extremadamente dura con Felipe González al final de su mandato; para entonces  éste llevaba catorce años en el gobierno y al final de su gestión se habían ido acumulando  problemas de corrupción de enorme gravedad. No es habitual que acaben envueltos en escándalos el director de la Guardia Civil, el gobernador del Banco de España y el ex presidente del gobierno de Navarra entre otros. Es bien cierto que los medios de la derecha elevaron la tensión (como reconoció posteriormente Luis María Ansón) para lograr la derrota de Felipe González porque no veían otra  manera de acabar con su liderazgo, dado el apoyo electoral del que éste disfrutó hasta el final.

 

La situación ahora es muy distinta. A Zapatero no se  le reprochan temas de corrupción;  lleva muy poco tiempo gobernando, y sin embargo, suscita un odio visceral que no se daba en el caso de Felipe González.  ¿Cuál es el motivo?

 

El primero y esencial es que Zapatero aparece ante la opinión pública como alguien que reconoce con orgullo ser heredero de los que perdieron la guerra civil. Zapatero es hijo de un vencido. Al principio   parecía que el asunto no tenía  relevancia pero eso era lo que creíamos ingenuamente.  La realidad ha desmentido nuestros asertos. Zapatero ha removido uno de los puntos clave de la transición. Ha decidido dar cauce a la reivindicación de algunos de los grupos que pretendían  hacer justicia a las victimas del franquismo, devolverles su dignidad y  recuperar su memoria.  Es verdad que lo ha hecho con suma prudencia pero, sin embargo, la polvareda levantada es tal que refleja mejor que todos los análisis posibles  los límites de la democracia española.

 

La transición se realizó desde el miedo. Miedo a repetir los errores del pasado, miedo a provocar de  un conflicto fratricida entre los españoles, miedo a polarizar la sociedad  y crear un clima de guerra civil. Ese miedo es el provoca que se decida que hay que echar al olvido los agravios, los recuerdos de la represión, los momentos de dolor, que no es el momento de pedir un ajuste de cuestas ni de dar cauce a una justicia reparativa. Esa política marca la especificidad de la transición española. En otros países el recuerdo remite a lo vivido en una guerra mundial, a la responsabilidad ante el crecimiento y el desarrollo del nazismo, a la claudicación de muchos ciudadanos ante el totalitarismo. Cuesta mucho reconocer que una gran mayoría no supo estar a la altura y decir no cuando todavía era tiempo. Baste con pensar en  la polémica suscitada acerca de   las últimas revelaciones de G.Grass.

 

Nuestro caso es distinto. Se afirma que, ante la realidad dramática de una guerra civil, la memoria debe ser total, que no cabe realizar una memoria selectiva, que solo mire a un lado.  Nada más justo pero hay que añadir que uno de los bandos, el que triunfa en la guerra civil, utiliza selectivamente la memoria durante años y años para recordar a los caídos por Dios y por España. El otro bando tiene que exiliarse, vive en las cárceles, o espera agazapado la oportunidad de ir rehaciendo su vida. Muchas de esas  historias particulares, de esos  padecimientos específicos, tuvieron  que ser olvidados cuando llegó la transición porque la prioridad era  consolidar la democracia.

 

 

Lo ocurrido con la propuesta de Zapatero demuestra que hay una España republicana que esperaba su oportunidad.  En cuanto esa España ha querido levantar la voz, ha sido  tan duramente denostada, que hay que concluir que existe un franquismo en España que es cualquier cosa  menos residual. No es una anécdota la importancia de escritores como Pío Moa, Cesar Vidal o Jose María Marco, y su enorme capacidad de ventas. Han estado en el ranking de los bestsellers durante meses.

 

En todo este enorme y terrible drama  hay una dificultad casi imposible de salvar: la incapacidad de la derecha cultural española para equiparar el franquismo con el nazismo y el fascismo italiano. Una imposibilidad que redunda en la dificultad para construir un relato de la historia de España que sea creíble. Los mismos que critican a Zapatero por dar alas a los que quieren reivindicar la memoria histórica son los que,  a su vez, reivindican una  interpretación exclusiva  de la historia de España. Por un lado afirman que a nadie le preocupa lo que ocurrió hace más de setenta años en la guerra civil. Por otro, sin embargo, proclaman con orgullo que somos una gran nación que no tiene complejos en afirmar sus raíces (unos remontan esas raíces a hace más de tres mil años y otros, más modestos, se conforman con quinientos años). La derecha va recuperando el terreno en el campo de la historiografía mientras la izquierda ha ido cediendo el terreno en manos en unos casos de los nacionalismos periféricos y en otro de los cosmopolitas apátridas. Por ello es tan difícil desconecta el tema de la memoria de la cuestión de la nación.

 

 

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO. II.- ESPAÑA: NACION DE NACIONES

 

Toda la legislatura ha estado marcada  por dos objetivos que hoy están puestos en cuestión: el proceso de paz en el país vasco y la reforma de los estatutos de distintas autonomías, comenzando con la catalana. No era poca cosa conseguir acabar de una vez por todas con la pesadilla etarra y lograr asentar una nueva concepción de la nación española.

 

Es mucho más doloroso el primer fracaso pero es mucho más significativo, desde la perspectiva con la que enfocamos este trabajo, el segundo.

 

 

Antes de que se produjera el atentado de la T4 en Barajas y el comunicado de ETA del pasado mes de junio se habían acumulado muchos datos que reflejaban  lo difícil que era modificar el imaginario español. Desde las elecciones de marzo del 2.004 hasta el 30 de diciembre del 2.006 trascurren casi tres años. Tres años completos si contamos desde las elecciones autonómicas catalanas de noviembre del 2.003 hasta las autonómicas de noviembre del 2.006. Tres años donde Cataluña hace una oferta a España que es recibida con una inequívoca muestra de recelo, de desconfianza, de hostilidad.

 

 

Comienza la desazón cuando se descubre que el Conseller en Cap J. L, Carod Rovira ha negociado con representantes de la banda terrorista ETA  las condiciones para el abandono de las armas. Cuando se produce el atentado del 11 de marzo del 2.004 y se piensa en las primeras horas que ha sido ETA todo fue  responsabilizar a  Carod Rovira- Maragall-Zapatero "que estarán contentos con haber evitado la sangre en su tierra y haber logrado que el atentado sea en Madrid" Todo el que vivió aquellas primeras horas difícilmente podrá olvidar el odio acumulado contra el gobierno catalán.

 

 

El descubrimiento de la verdad de la autoría de los atentados provocó el vuelco de la opinión pública que todos recordamos pero el daño estaba hecho. Un daño que vendría a identificar a Ezquerra Republicana de Cataluña con todo el espectro de la compleja vida política catalana. Si toda Cataluña era igual a  Ezquerra y si Ezquerra era   igual a Batasuna-ETA la demonización  estaba asegurada.

 

 

Una población como la española agotada por años de terrorismo era continuamente bombardeada con un mensaje simple pero eficaz: el terrorismo etarra  tiene  su raíz en el nacionalismo vasco; el  nacionalismo vasco  es etnicista;  todos los nacionalismos son perniciosos;   el nacionalismo catalán es aún más peligroso que el vasco  porque pretende acabar con el Estado y romper España.

 

 

Es comprensible que este discurso que ha calado tanto en lugares como Madrid y Valencia (y ello explica algunas de las razones del descalabro electoral de los socialistas) sembrara de inquietud a muchos  ciudadanos de la España periférica y a muchos progresistas de la España central,  que no entendían como se producía esa identificación grosera entre los distintos nacionalismos y esa reducción  de todos ellos a una pandemia fruto de una  enfermedad  peligrosa y violenta.

 

 

Sería un buen ejercicio académico estudiar la prensa de Madrid en todo el período anterior y posterior a la negociación del Estatuto de Cataluña y captar la dureza de los comentarios en contra del intento del parlamento catalán. Pondré un ejemplo entre otros muchos. Cuando los representantes del parlamento catalán intervienen en las Cortes españolas para presentar su proyecto las críticas subieron de tono y se cebaron en la presidenta del Partido de los socialistas de Cataluña, en  Manuela de Madre.

 

 

El hecho de que  esta mujer reivindicara como propia la lengua y cultura catalana; el que mostrara que había emigrado de su tierra andaluza pero había encontrado en Cataluña una tierra de acogida; el que se manifestara  a favor de poder simultanear la identidad catalana con la europea y con la española; el que defendiese el modelo cívico de un nacionalismo que logra mantener su identidad sin tener que reivindicar la necesidad de tener un Estado propio...todo ello era demasiado para una mentalidad acostumbrada a polarizar a la opinión pública. Los matices no cabían entre los que piensan que sólo cabe optar   entre la defensa incondicional del Estado o la necesidad de contar con un Estado propio para poder realizar en plenitud la identidad nacional.

 

 

Esta crítica despiadada  venía por un lado de los conservadores españoles que seguían defendiendo su tesis favorable a una apuesta por esa  España sin complejos que remonta su existencia a más de quinientos años y que no puede admitir otra nación que lo que ellos entienden como nación española. Hasta ahí no había demasiadas sorpresas.

 

 

Más grave era lo ocurrido en las filas socialistas. La apuesta parlamentaria del gobierno durante esta legislatura  se basaba en alcanzar un acuerdo parlamentario con Ezquerra republicana, con el Bloque Nacional Galego y con Izquierda unida. Zapatero debía su elección como secretario general del PSOE al voto de los socialistas catalanes. Tenía una deuda con Maragall  y había quedado comprometido por unas palabras pronunciadas en plena campaña electoral a las elecciones autonómicas donde se comprometía a apoyar lo que saliera del parlamento catalán.

 

 

Esta perspectiva del gobierno no era compartida por muchos de los socialistas que habían sido protagonistas de los gobiernos de Felipe González. Tampoco era compartida por el diario El País.

 

 Para todos ellos  el apoyo de los socialistas catalanes era imprescindible si se quería tener una mayoría parlamentaria  en Madrid. Aceptaban de buen grado los votos del PSC  pero no habían asumido la novedad de la izquierda catalana.

 

 

Ese fue, a mi juicio, el mayor handicap. El hecho realmente nuevo de la España de los años setenta frente a la España de los años treinta se basaba en que el socialismo era hegemónico en Cataluña. Esto no había ocurrido en los años treinta. Gracias a la imbricación  entre los catalanistas progresistas, que venían de los medios estudiantiles,  y de los trabajadores inmigrantes,  se había constituido un partido que lograba grandes resultados en las elecciones municipales, que daba mayorías en el parlamento en las generales pero que siempre sucumbía en las autonómicas. Y eso fue

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO. III.- ¿ALIANZA DE CIVILIZACIONES?

 

Somos una nación compleja capaz de asumir distintas identidades en un mundo donde la realidad  de la globalización provoca fuertes movimientos migratorios que han roto la homogeneidad de nuestras sociedades. Estamos ante sociedades multiculturales donde los soldados "españoles" que mueren el El  Líbano son colombianos,  los ciudadanos que mueren en la T4 son ecuatorianos y los trabajadores de la construcción y de la hostelería son rumanos o ucranianos. Somos el segundo país del mundo que  recibe inmigrantes.

 

 

Algo muy profundo  está cambiando y en esa perspectiva esa España que quería olvidar la religión, que quería sumergirse en las suaves aguas  del consumismo, que había mostrado que las grandes doctrinas redentoras fueran el catolicismo o el comunismo habían quedado atrás... esa España permisiva y posmoderna  recibe la visita inesperada del islamismo radical  que produce atentados de una crueldad  difícilmente imaginable hace unos años.

 

 

En ese contexto tenemos al menos dos problemas: cómo acomodar a las poblaciones inmigrantes  en un Estado que no es homogéneo, en  un Estado que a su vez necesita modificarse para hacer realidad  la  Nación de Naciones que conformamos  y en segundo lugar como hacer frente a este  problema  contando con los otros países europeos ya que es un asunto que  trasciende todas las fronteras.

 

 

Estamos ante un problema que al menos afecta a toda Europa. A una Europa que  se tiene que definir acerca de qué papel quiere jugar en el mundo. Una Europa dispuesta a implicarse  en la necesidad de evitar el choque entre las civilizaciones. Y  de nuevo aquí una de las propuestas más importantes hechas durante esta legislatura refleja la dificultad de ir más allá de las inercias de la democracia española, a la que le cuesta sobremanera diseñar  una política  exterior que no sea  acomodaticia, que tenga una personalidad propia.

 

 

Durante años todo parecía claro. Sólo  se trataba de repetir, al modo del joven Ortega,  que España era el problema y Europa la solución. Durante años los demócratas españoles  mostraron   muy justamente que la dictadura de Franco era una rémora para entrar en Europa  y que deseábamos incorporarnos a una Europa democrática en una España democrática. Han pasado treinta años.

 

 

Es lógico que entonces estuviéramos simplemente a  la espera de poder incorporarnos, de poder participar, de ser admitidos. Y actuamos  con miedo,  con prudencia, con cautela, con el deseo al principio de no llamar la atención y actuar  como buenos chicos, como buenos aliados, que nunca causan problemas y apoyan todo lo que diga el Imperio sin rechistar.

 

 

Pero en cuanto hemos pretendido levantar un poco la cabeza, ser pioneros en retirar las tropas del conflicto de Irak, cumplir la palabra dada a los ciudadanos, se ha armado la marimorena. De nuevo ha aparecido la cantinela de que se está rompiendo con la transición y la acusación de que estamos  ante un presidente incapaz, que nos  lleva por el camino del horror, que está dispuesto a ceder y a rendirse;  que ha  sucumbido  a  la peor de las políticas, a la  política del  apaciguamiento y que por ello cree   que se puede combatir el islamismo, con paños caliente, sin  enfrentarse de cara.

 

 

Esta crítica la sostienen  los que afirman que creen en  la  superioridad de la civilización occidental  y ratifican  que no hay que  ceder ante los nuevos bárbaros,  porque es imprescindible acabar con el monstruo antes de que crezca. Todos ellos han asociado la política del  gobierno al  Pensamiento Alicia, al buenísimo, a la inconsciencia, al infantilismo, a no ser capaces de tomar decisiones reales en un mundo real, presidido por el hobbesianismo.

 

 

Y por ello concluyen que  ya está bien: este hombre  ha  rotos los equilibrios de la transición; ha resucitado una  memoria que creíamos desaparecida;  está  desmembrando  la nación y encima  nuestros aliados son Chávez,  Evo Morales, y los islamistas  radicales.  Hay que concluir de una vez por todas con este experimento. Zapatero debe desaparecer.  Para ello es imprescindible que  sea  ampliamente derrotado para que  todo esto no sea sino  una mala noche en una mala  posada.

 

 

De nuevo aquí como decía al principio de este trabajo debo decir que no estamos ante un debate baladí entre dos grandes fuerzas  política que en el fondo piensan  lo mismo pero que sólo trata de llenar de ruido y furia el escenario. No es así. Estamos ante una batalla ideológica planificada porque en el mundo de los neoconservadores  y  de los tecocon se castiga la insubordinación, se reprime la disidencia, y se paga  la rebeldía. 

 

 

Y todo eso está en el  debe del actual gobierno que ha pretendido mover no mucho pero sí al menos un  poco los parámetros de la tradicional política exterior española. Los que tenemos años recordamos lo ocurrido en los años ochenta con Frenando Morán. También entonces el esfuerzo por mantener un margen mínimo  de autonomía en   política exterior, por no caer en la satelización, por saber que no podíamos ser neutrales pero no nos estaba vedado tener una personalidad propia, que se trataba de ejercer la voluntad política, también entonces todo esto  acabó con el cese del mejor Ministro de exteriores que había tendido la España democrática. El ministro más  preparado, más capaz, era presentado como un personaje de fábula,  que provocaba el hazmerreír de los ciudadanos  que se hacían eco de unos chistes preparados ad hoc.

 

 

Con Moratinos ha ocurrido lo mismo. Ha sido presentado como un auténtico desatino su nombramiento y su ejecución;  el que este hombre conocedor de los problemas de Oriente Medio como pocos, experto en todas  las cuestiones del diálogo  entre las culturas, haya  intentado introducir un nuevo concepto  en la agenda política ha sido denostado desde el primer día.

 

 

Y sin embargo la pregunta está ahí:   ¿por qué no podemos buscar caminos de entendimiento con el Islam?

 

 

Si llegamos a la conclusión de que es imposible. Si seguimos afirmando que todo Islam es por esencia  antidemocrático, que toda  democracia es imposible en el mundo árabe entonces, pocas esperanzas quedan de reconducir la situación internacional.

 

 

No digo que el tema sea sencillo. Ninguno de los tres lo es: no cabe pensar que sea sencillo elaborar una memoria que haga justicia a las víctimas de una dictadura cuando toda la transición se basaba en echar al olvido los recuerdos del pasado, los agravios respectivos, las heridas de un conflicto fratricida. Lo hemos visto con la guerra de las esquelas. Los que han tenido años y años para glorificar a sus muertos, los que todavía hoy los beatifican consideran un despropósito que los vencidos quieran reconstruir su buen nombre.

 

 

El hijo de los vencidos lo ha tenido difícil. La forma como ha encallado la ley de memoria histórica y todos los avatares del Estatuto de Cataluña a la espera del tribunal Constitucional reflejan lo difícil del empeño. Igual ocurre con la alianza de civilizaciones. Esa política  requiere una Europa muy activa,  capaz de sacudirse el letargo. No parece el camino que se esté  siguiendo. El triunfo de Sarkozy  refleja lo contrario. El esfuerzo de conectar con el atlantismo y con los valores de los neoconservadores, de hacer realidad la tripleta del neoliberalismo, el neoconservadurismo y el neoimperialismo  americano.

 

La alianza de civilizaciones es   una política ambiciosa  pero cuenta con pocos asideros. Puede encontrar con   apoyo en el mundo de las Iglesias, en el dialogo entre las religiones, en el esfuerzo de algunos sectores del  mundo académico. Poco más.

 

 

Hay veces  en la vida en que uno no puede arreglar todos los problemas pero puede contribuir a que los odios no proliferen,  a que los sentimientos no se envenenen, a que las situaciones no se pudran. En la mente de todo está que mucho de esto se puede lograr en el conflicto de Oriente Medio y con la negociación con  Turquía. Es hora de buscar una aproximación que impida que se sigua ensanchando la brecha.

 

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO. PARA CONCLUIR

 

A la modélica transición española se le están saltando las  costuras del traje en cuanto ha intentado ir un poco más allá. Por eso es tan importante captar si estamos ante un paréntesis para lograr que las cosas vuelvan a su cauce o si nos encontramos ante el inicio de un nuevo sendero, de una segunda transición. Si estamos ante lo primero es evidente que una derrota futura del gobierno de Zapatero provocará  que los futuros presidentes no quieran remover la memoria, ni lanzarse a nuevas lecturas de la nación, ni a propuestas ambiciosas sobre  como entender nuestro política  exterior. Se habla mucho de que todo presidente mirará con especial cuidado cualquier futuras negociación con ETA. Es cierto, todos serán muy prudentes pero los tres elementos que ponen en cuestión algunos de los fundamentos de la transición también  serán ponderados.

 

 

Una transición que creó una democracia donde so capa de la reconciliación nunca llegaba la hora  en que  los vencidos pudieran sanar sus heridas; una transición donde el eterno problema catalán refleja que el nacionalismo español no ha muerto y sigue ahí y donde cualquier gesto de rebeldía ante la hegemonía norteamericana se paga caro. No cabe duda de los logros de la transición: la estabilidad institucional, la inserción en Europa, la consolidación de la democracia están ahí.  Pero en cuanto se ha intentado recuperar la memoria republicana, abrir el camino del federalismo e  iniciar la senda de un  europeísmo crítico  las dificultades se han amontonado y se intenta por todos los medios que no hay una segunda transición.  Los nuevos problemas han reflejado la necesidad de evaluar con rigor  las luces y las sombras del proceso de transición treinta años después. Las próximas elecciones dirán si todo ha sido un paréntesis o si estamos intentando iniciar una nueva etapa.

 

 

*Publicado en la Revista EXODO, num. 89 (mayo-junio 2.007). 

 

La consejera topillo

Los ciudadanos de castilla y león ya no pueden creer (en este caso de los topillos) al Gobierno Regional del Sr. Herrera (que pasará a la historia como el Presidente Topillo) ni tampoco a su consejera estrella, Silvia Clemente. La Consejera de Agricultura (ella pasará a la historia como Consejera Topillo) que igual vale para tenernos entretenidos cuatro años con los documentos del archivo de Salamanca como para desesperarnos con los topillos, por su incapacidad para resolver el tema. El tema de los topillos será el agradecimiento que debe tener con su antecesor (Sr. Valín) que conociendo el problema antes de las elecciones autonómicas (según lo manifestado por los agricultores), prefirió no hacer nada y dejárselo para su sucesora (la actual Consejera Topillo). Como decía, ya no podemos creer al Gobierno Regional del partido popular que la semana pasada, a través de su Consejera de Agricultura, informaba de la eficacia en la resolución del problema (en el municipio de Fresno el Viejo) del 93% cuando NO llegaba esa eficacia al 9,3% de acuerdo con las manifestaciones del alcalde de dicha localidad vallisoletana. No podemos Creer al Gobierno Regional del SR. Herrera porque habían contratado un técnico alemán que iba a resolver el problema de los topillos (de acuerdo con las declaraciones de la Consejera Topillo) y el técnico vino, vio y …....

 Sr. Herrera, ¿Para cuando la dimisión de los “irresponsables” de resolver este problema?  

La coordinadora de Izquierda Socialista.

 

Con la Iglesia (y la corona) hemos dado

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La corona no se toca, nene. Lo sabemos desde hace mucho tiempo. Han pasado más de veinte años desde el secuestro de la última publicación y todos sospechábamos que cuando eso ocurriese vendría provocado por algún tema que afectase a la sacrosanta monarquía. Flaco favor le hacen. Por de pronto todo el mundo ha visto una portada que, de otro modo, hubiese pasado desapercibida, salvo para los fieles de 'El Jueves'. Además, esta noticia me toca de cerca ya que llevo tiempo estudiando 'Los Borbones en pelota', un maravilloso y provocador álbum satírico dibujado por alguien que firmaba SEM (seudónimo bajo el que se escondían algunos de los más relevantes artistas del siglo XIX español, entre otros los celebérrimos hermanos Bécquer) en el que la reina Isabel II se convierte en ninfómana y actriz porno con asiduidad alarmante.

http://www.nortecastilla.es/prensa/20070726/articulos_opinion/iglesia-corona-hemos-dado_20070726.html