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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

John Ralston Saul: “No hay razón para salvar a los bancos”

La persecución del Santo Grial del crecimiento es un error; la economía se ha convertido en asunto de ficción; el dinero ya no representa nada real; hay que reconsiderar qué es una deuda y qué papel deben desempeñar los bancos en un nuevo mundo. Estas son algunas de las ideas que vertebran el pensamiento de John Ralston Saul, escritor, ensayista y filósofo canadiense al que la revista Time calificó de “profeta”.

 

Por alternativo que pueda resultar su discurso, Ralston está lejos de ser, a sus 64 años, un perroflauta. Alto, delgado y de elegantes andares, acompaña su aspecto de dandi con un discurso sin paños calientes. No reniega del capitalismo; de hecho, reivindica a uno de los referentes del liberalismo, Adam Smith. Pero propone medidas como que se rescate a los ciudadanos desahuciados o sepultados por una hipoteca en vez de salvar a unos bancos que solo conseguirán que la espiral de la deuda siga creciendo.

 

Una cita poderosa encabeza su último libro, El colapso de la globalización y la reinvención de mundo: “Todavía no entiendo del todo por qué ocurrió. Alan Greenspan, 23 de octubre de 2008”. La frase del exdirector de la Reserva Federal estadounidense da la medida del desconcierto que ha creado la crisis, incluso entre aquellos que la incubaron. Y a ese desconcierto es a lo que se viene enfrentando en los últimos años este pensador canadiense que nada a contracorriente.

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Las consecuencias del dominio neoliberal en el gobierno de la eurozona

Entrevista realizada al Profesor Navarro por la revista Aquí Europa basada en Bruselas

 

 1. ¿Quiénes son los amos de Europa? ¿Los conocemos, o aguardan en la sombra?

 

El capital financiero –que incluye la banca, los hedge funds, las compañías de seguros y otras instituciones financieras- engloba a los grupos de presión más importantes en la Unión Europea que, a través de las instituciones sobre las cuales tienen gran influencia –tales como la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional-, están imponiendo unas políticas de austeridad que están dañando enormemente el bienestar de las clases populares. Su objetivo es desmantelar el Estado del Bienestar y privatizar la Seguridad Social, áreas que esperan poder captar para sus inversiones financieras. A través de los medios de información e instituciones académicas, sobre las cuales también tienen gran influencia, han desarrollado y  promovido la ideología neoliberal que se ha convertido en el dogma de las instituciones que gobiernan el euro. Esta situación no es nueva. Ya en la manera como se diseñó el euro y su gobernanza estaba implícita esta ideología neoliberal que tenía y tiene como objetivo debilitar a los Estados. El BCE  es un ejemplo de ello. El BCE no es un Banco Central, es un lobby de la banca. Si todo el dinero que el BCE ha prestado a la banca lo hubiera prestado a los Estados, hoy no habría el llamado problema de la deuda pública.

 

 

2. Grosso modo, ¿cuántos representantes de este contrapoder encabezan las principales instituciones europeas?

 

Una manera de medir esta influencia es ver cuántos banqueros o profesionales relacionados con las instituciones financieras privadas ocupan lugares prominentes en el gobierno del euro. Su número es muy elevado. Pero este recuento tiene el riesgo de no incluir a aquellos profesionales que, sin ser banqueros, comulgan con la ideología promovida por la banca, es decir, los dirigentes de la Eurozona, que son neoliberales y que son la gran mayoría.

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7. ¿Existe una auténtica ciudadanía europea?

 

Es obvio que no hay una ciudadanía europea. En realidad, las políticas que se están implementando están distanciando a la ciudadanía de los países miembros de la UE del concepto de ciudadanía europea.

 

 

8. ¿La democracia directa de los antiguos en la polis griega se puede conjugar con la democracia de los europeos modernos ejercida a escala continental?

 

El tamaño no tiene por qué dificultar la democracia. EEUU es una democracia y sus enormes limitaciones no se deben a su tamaño, sino al excesivo poder de los grupos financieros y empresariales en el proceso electoral, a la privatización de tal proceso y también al sistema electoral bipartidista que niega la proporcionalidad. Un ejemplo de ello es que, en las últimas elecciones, el Partido Demócrata ganara las elecciones tanto en el Senado como en la Cámara Baja y, sin embargo, el Partido Republicano controle la Cámara Baja. El sistema de referéndums a nivel local y estatal funciona bastante bien.

 

9. El siglo XX nos ha enseñado que los tiempos de crisis son el caldo de cultivo propicio para que emerjan regímenes totalitarios encumbrados por importantes sectores de la población. ¿Europa corre el riesgo de presenciar el ascenso de un nuevo Hitler? ¿La sociedad europea ya ha aprendido la lección, o podemos volver a tropezar con la misma piedra?

 

Hoy el desencanto y el enfado con las instituciones europeas son enormes. Las instituciones que gobiernan la Eurozona, lideradas por el pensamiento neoliberal, se han ganado a pulso el gran descrédito del proyecto europeo. El temor no es al nazismo. El temor es a que la situación existente continúe sin que haya cambios. Esto es lo peor. El enfado de la calle con Europa es enorme.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

 

El mundo desde un ático de 500 m2

¿Cómo creen ustedes que se ven sus problemas cotidianos desde un ático de 500 m2, con piscina particular, en Marbella? ¿O con qué sensibilidad se pueden afrontar los problemas que tienen cada mes millones de españoles para pagar la hipoteca o el alquiler, cuando se tienen 22 millones de euros en cuentas en el extranjero? Cuando se alcanza semejante distancia de la ciudadanía, gobernar es un acto de imprudencia temeraria.

 

Ya ni tan siquiera se trata de hacer las cosas con buena o con mala fe, de lo que se trata es de que viven en mundos paralelos, que sólo se cruzan con los nuestros los días previos a las elecciones, cuando van a visitar mercados y a besar sorprendidos niños. A esa distancia, las palabras, aún hablando el mismo idioma, tienen significados muy diferentes. Urgencias, por ejemplo, para usted es el servicio médico de la Seguridad Social al que necesita acudir cuando tiene una enfermedad repentina. Sin embargo, para el señor Bárcenas, para el señor González o para la señora Cospedal (no sigo con la lista que me quedo sin columna), una urgencia puede ser que el todoterreno que normalmente utilizan para ir a esquiar, esté ese fin de semana estropeado, y tengan que tirar de sedán y de cadenas.

 

No llegar a fin de mes, para usted quiere decir que tendrá que comer los últimos días de los restos que quedan en la nevera, o que tendrá que ir a casa de sus padres a pedirles unas decenas de euros para comprar el pan, o que deberá dejar de coger el transporte público y caminar para ir al trabajo, si tiene la suerte de que aún lo conserva. Para ellos, a quienes usted les dio el voto para que resolvieran los problemas del país, tener dificultades puede ser que el sobre de dinero negro que el señor Bárcenas les entregaba religiosamente, en vez de 15.000 euros sólo tuviera ese mes 5.000, por problemas de tesorería.

 

Para usted, la justicia es algo lejano, a la que sólo piensa en acudir si sus derechos como trabajador o ciudadano se ven afectados. Ahora, además de tener la razón, tendrá que pagar para que simplemente le escuchen. Para ellos, la justicia es una herramienta de trabajo, que utilizan cotidianamente en su propio beneficio. ¿Tiene unos millones que hay que regularizar para que el fraude no sea demasiado escandaloso? Pues para eso están la justicia y los amigos, se aprueba una ley de amnistía fiscal (con otro nombre menos evidente, por supuesto) y arreglado.

 

Por supuesto, que aunque viven una vida que nada tiene que ver con la suya, no han perdido el instinto que hace que algunos de ustedes todavía crean en ellos. Y quien mejor lo conserva, pese a ser de las que más alejadas viven de sus miserables vidas, es Esperanza Aguirre. Sólo ha necesitado unas horas para salir en todos los medios, con las manos sobre su cabellera de peluquería diaria, para pedir responsabilidades a sus compañeros de partido (sigue siendo la presidenta del PP en Madrid), sobre el escándalo Bárcenas. Curioso resulta que el diario que destapa el pago de sobresueldos en dinero negro, del ex tesorero vitalicio del partido, sea también quien más importancia dé a la reacción populista de Esperanza. ¿A ver si va a resultar que en el PP además de corruptos hay traidores que preparan un golpe contra Rajoy?

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La derecha española y la catalana o dos caras de una misma moneda: ¡money! ¡money!

Mariano Rajoy no dimitirá en su calidad de presidente del Gobierno. Carece de dignidad. No ha hecho nada, absolutamente nada, por frenar las corrupciones del PP que se arrastran en el tiempo, hace muchos años. Pero que nadie se engañe. Este tipo, especialista en no dar nunca la cara, ignora la ética. Se la pasa por  salve sea la parte. Es decir, en lenguaje coloquial, por el culo. Sus principios y convicciones -su ideología- empiezan y acaban en el oportunismo del sol que más calienta.

 

No es verdad
En efecto, desprecia la ética y hasta la moral. No es verdad -bajo ningún concepto- esta frasecita de María Dolores de Cospedal, secretaria general de los populares: “En el PP, quien lo hace lo paga y cada palo aguanta su vela”. Eso no se lo cree nadie, al margen de los imbéciles o los fanáticos derechistas.

 

Treinta años viviendo como un dios
Por ahora, Bárcenas sigue disponiendo -desde que estalló el escándalo de la trama gürtel- de despacho en Génova, una secretaria, un coche del partido y una plaza de aparcamiento para altos cargos. Lleva treinta años viviendo como un dios y, sobre todo, sabe demasiado. Si cantara lo que él ha ido observando y practicando -incluído el caso Naseiro- año 1990, el PP se hundiría  definitivamente en el pozo de la mierda.

 

“Crisis gravísima”
Bárcenas es muy amigo de Javier Arenas y, también, de Jaume Matas. Y lo fue asimismo de Rajoy.  Bárcenas y Matas son dos golfos de tomo y lomo. La golfería en general está muy nutrida de populares. Su enumeración sería inacabable. Esperanza Aguirre -que todavía sueña con vengarse de Rajoy- ha aprovechado la coyuntura para decir, con acierto, que el PP atraviesa una “crisis gravísima.”

 

Una parte de culpa
Eso es cierto, pero  debería añadir Aguirre que una parte de culpa es de ella, comenzando por el tamayazo y continuando con los espías ilegales y las nutridas sospechas que adornan a su favorito, Ignacio González, el del ático marbellí. Sea como fuere, lo dicho por Aguirre es verdad. El PP se encuentra en el acantilado y puede caerse de pronto.  Son muchos los populares integrantes del   facherío, disfrazado éste de mona.

 

La hora de los embustes
Arenas es un bocazas. Defiende a capa y espada a su amigo el extesorero. “Es un ejemplo de decencia”, ha manifestado en relación a sus millones y Suiza. Arenas ha llegado a declarar que “el PP siempre ha estado a la vanguardia en las luchas contra la corrupción”. ¡Qué jeta, Arenas, qué jeta eres! No tienes límites a la hora de los embustes.

 

Jesús Gil y Gil y…Arenas
Pero si tú estuviste pactando con uno de los patriarcas más famosos de la corrupción. ¿No te acuerdas que -obedeciendo a otro que tal baila, como Aznar- pactaste con Jesús Gil y Gil la presidencia para él de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol a cambio de que la Diputación de Málaga pasase a manos del PP merced a los votos de los gilistas.

 

Dos caras de una misma moneda
Rajoy no dimitirá. Pero antes o después el PP, si quiere sobrevivir, ha de deshacerse de gentes como Aznar y como Rajoy que han permitido que la corrupción política se expandiera por doquier. Las dos grandes fuerzas de la derecha son el PP español y la CiU catalana. No son, de hecho, partidos políticos. Son partidos fraudulentos a tope. Son maquinarias de delincuencia. En este sentido son las dos caras de una misma moneda. ¡Money, money!

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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¿Liberalismo o barbarie?

Una de las mentiras más hirientes del presente es suponer que la nueva casta financiera es liberal, a pesar de que niega muchos presupuestos del nuevo y viejo liberalismo. Cojamos como primer ejemplo de lo dicho al padre supremo del liberalismo, Adam Smith, que aconsejaba prudencia en el gasto y en los préstamos, y que en el capítulo III de La riqueza de las naciones, declara: “No pueden florecer largo tiempo el comercio y las manufacturas en un Estado que no disponga de una ordenada administración de la justicia, donde el pueblo no se sienta seguro en la posesión de su propiedad, en que no se sostenga y proteja, por imperativo legal, la honradez en los contratos, y que no se dé por sentado que la autoridad del gobierno se esfuerza en promover el pago de los débitos por quienes se encuentran en condiciones de satisfacer sus deudas. En una palabra, el comercio y las manufacturas solo pueden florecer en un Estado en que exista cierto grado de confianza en la justicia y el gobierno.”

 

Es sabido que la casta financiera ha perpetrado toda clase de abusos y engaños con sus clientes, jugando miserablemente con su dinero, usurpándoselo para llevar a cabo operaciones de alto riesgo, y ante las cuales los gobiernos han hecho la vista gorda, en parte por los muchos favores que les debían a los bancos. Adam Smith dice que el gobierno ha de velar para que se paguen las deudas (y también dice que siempre que los deudores puedan hacerlo). Todo lo contrario a lo que están haciendo los bancos y los gobiernos. Se exige que a los que no pueden pagar las deudas que lo hagan aunque sólo les quede como destino el suicidio, pero ignorando que los bancos no están pagando los gastos comunitarios de las casas que usurpan a la clase obrera y a la clase media. Queda claro que la desconfianza hacia la banca y el gobierno es en estos momentos total y es normal que entre nosotros no florezcan ni las manufacturas ni el comercio, como preveía en ese caso el viejo Adam Smith. ¿Y qué decir del siempre malinterpretado David Ricardo? Según él, el sueldo más correcto tendría que permitirle al trabajador mantener a su familia y posibilitarle la existencia de una previsión en una entidad bancaria para momentos de vacas flacas. Muy razonable, pero ¿qué ha hecho la casta financiera con el dinero que los trabajadores depositaban en sus entidades y que les hubiese servido para vivir una vejez digna?

 

Tampoco parecen haber hecho caso a Stuart Mill, que al final de su ensayo Sobre la libertad decía que “el valor de un Estado, a la larga, es el valor de los individuos que lo componen. Y un Estado que pospone el desarrollo y la elevación intelectual de sus miembros, un Estado que empequeñece a los hombres, a fin de que sean, en sus manos, dóciles instrumentos, llegará a darse cuenta de que, con hombres pequeños, nada grande podrá ser realizado”, asegura.

 

A la luz de estos principios, es preferible no analizar el comportamiento del poder político y financiero, empeñado en someter a la clase media y hacerla desaparecer, que pospone hasta lo indecible el desarrollo intelectual, y que empequeñece a los hombres hasta convertirlos en títeres trágicos de un estado de cosas donde prevalece, por encima de todo, la injusticia, la estafa y la mentira, y donde las denuncias no sirven para nada.

 

Si dejamos atrás el liberalismo clásico y nos acercamos más a nuestra época y a las escuelas marginalistas, nos encontraríamos con Léon Walras, que creía en la relación directa entre la utilidad, el consumo y el bienestar. Cuanto más bienestar poseyera un ciudadano, más útil sería para la economía en general y para la sociedad, y con más capacidad de lubricar el sistema. Si siguiésemos su teoría, la clase media, cada vez más abocada a la ausencia de bienestar, estaría dejando de ser una clase útil: algo bastante peligroso y demencial.

 

Antes de seguir confieso que me he ido acercado desde mi condición de novelista a los textos fundamentales del liberalismo y el neoliberalismo buscando trasfondos teóricos para la construcción de algunos personajes, y nunca ha dejado de asombrarse como los viejos y los nuevos pensadores del liberalismo confunden con frecuencia los artefactos ideológicos de la cultura (o de su cultura) con las leyes de la naturaleza, a menudo con la intención de justificar doctrinas bastante dudosas. Ya decía Unamuno que “la ciencia es la ideología de cada época” y la ciencia de este momento es la economía, saturada de ideología por todas partes. Nada escapa al imperio de la ideología, y la presunta ausencia de ideología que proclama cierto liberalismo es otra ideología con la que hay que contar, más sofística que sofisticada. Resulta sorprendente que cuanto más clara se percibe una ideología más suele ser negada como tal por sus defensores. A este respecto me viene a la mente lo que le dijo una vez Trotski a André Breton: “El marxismo no es una ideología, es un destino”. Lo mismo vienen a decir ciertos liberales respecto a su ideario, pero no pretendo aquí enjuiciar las doctrinas liberales sino apoyarme parcialmente en ellas para hablar de la devastación presente. Por otra parte, mis andanzas por la senda izquierda nunca me han impedido aceptar que las iluminaciones de los autores ya indicados, además del férreo Malthus (que como más tarde Lévi-Strauss, pensaba que la superproducción y la superpoblación era lo peor que le podía ocurrir a nuestra especie) me han ayudado a comprender mejor lo que pasó y lo que está pasando en nuestro cuerpo social, últimamente muy enfermo y deteriorado. Si bien pocos textos me han servido tanto como La acción humana de Ludwig von Mises, especialmente cuando habla de la imposibilidad de gobernar en desacuerdo con la opinión pública. “No cabe un gobierno impopular y duradero”, dice, y asegura que la supremacía política de la opinión pública “determina el curso de la historia” y que de poco les sirven, a los individuos intelectualmente mejor dotados, “los logros sociales y las grandes ideas si no hacen atractiva a la mayoría su ideología.”

 

Muchos gobernantes europeos de ahora debieran prestar mucha atención a las reflexiones de Mises y esmerarse en explicarse mejor, infinitamente mejor, si no quieren que los devore “el curso de la historia”.

 

En el mismo capítulo Mises habla de uno de los grandes errores del liberalismo clásico: el haber ignorado a los de abajo, el no haber previsto “la aparición de masas humanas sin acomodo posible”, y el haber cerrado los ojos ante el surgimiento de “un proletariado que aquel orden social que pretendían perpetuar no podía compensar y absorber.” Y acaba diciendo que “jamás pensaron los viejos liberales que las masas podrían llegar a interpretar la experiencia histórica con arreglo a filosofías muy distintas a las suyas.”

 

Y bien, es evidente que los actuales dirigentes están cayendo en el mismo error que Mises atribuía a los liberales del pasado: no haber previsto el despliegue, cada vez más abismal, de una clase obrera desempleada e imposible de absorber, así como el desmoronamiento, no menos abismal, de una clase media empobrecida y que se va a ver obligada a “interpretar su experiencia histórica con arreglo a filosofías muy distintas” a las que cabría imaginar en tiempos de bonanza y burbuja desalmada.

 

No hablemos pues ni de liberalismo ni de socialismo, hablemos mejor de caos y de barbarie, justamente lo que más repudiaba el neoliberal Mises. Por eso no solo las gentes de izquierdas están profundamente indignadas con la situación presente. ¿Acabará yendo algún banquero a la cárcel?

Jesús Ferrero es escritor.

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La manta

Forma ya parte de nuestras vidas. Que si Camps, que si Fabra, que si Costa, que si te digo yo que no, que si la trama madrileña, que si Gürtel, que si Brugal, que si Campeón... Desde que el juez —que ahora ya no lo es, ¡qué curioso!— Garzón empezó a seguirle la pista a los abogados de Correa, todos sabíamos que alguien, algún día, iba a tirar de la dichosa manta.

 

Ese pedazo de tela rancia y pestilente parecía encubrir la culpa de los corruptos, el entramado de responsabilidades compartidas por quienes han esquilmado este país en su propio beneficio, ladrones de guante blanco capaces de invocar la soberanía popular y el Estado de derecho para afirmar en público su inocencia, mientras en privado recurrían a un principio mafioso, mucho más eficaz. Si tú cuentas lo mío, yo cuento lo tuyo. Entretanto, aquí ha pasado de todo, tribunales recusados, fiscales desautorizados, sentencias incomprensibles, leyes redactadas a la carta, sumarios que se perdían, testigos que se arrepentían, procesos que explotaban en el aire como pompas de jabón... Así hemos llegado a este amargo final.

 

El abogado de Bárcenas ha dicho que su cliente aprovechó la amnistía fiscal de Montoro para blanquear su patrimonio personal, 10 millones de euros de los 22 que tenía en Suiza. Hacienda intentó desmentirlo y Bárcenas tiró de la manta, recordando en voz alta los sobres llenos de dinero —¿y por qué no dice quién se lo daba?— que repartió durante años, mientras ocupó el cargo de tesorero, por los pasillos de la sede del PP. Esa revelación resuelve el misterio de que haya ganado 10 millones en tan poco tiempo, desde luego, pero plantea un enigma más perverso. Porque, al salir volando, la manta ha dejado al descubierto la insoportable sensación de que quienes seguimos viviendo en la intemperie somos los ciudadanos de a pie. Los de siempre.

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Una casta insostenible

Por fortuna, y por muy mal que funcione, existe un sistema judicial capaz de hacer de contrapeso de las erróneas decisiones políticas. La paralización del euro por receta en Cataluña es una buena muestra de ello. El artículo 149 de la Constitución Española dice que es “competencia exclusiva” del Estado la “legislación sobre productos farmacéuticos”, razón por la cual el Gobierno central recurrió la tasa. La admisión a trámite por el Contitucional ha dejado en suspenso la medida, una vez recaudados, eso sí, casi 46 millones de euros que los ciudadanos que pagaron quizá no recuperen nunca.

 

Esos políticos que tanto se llenan la boca defendiendo las instituciones, la democracia y las leyes son los mismos que actúan contra principios tan nítidos de la Carta Magna a costa de hacer pagar aún un poco más a los ciudadanos (una pizca de muchos es mucho dinero). Lo más sorprendente es que el presidente de Madrid, Ignacio González, mantenga la misma medida que Cataluña a la espera de que el Tribunal Constitucional paralice el cobro de la tasa. González ya advirtió en su día que en ningún caso devolvería el dinero recaudado. ¡Estupendo!

 

Todo esto viene a demostrar varias cosas. La primera de ellas es que los mecanismos que rigen en el Constitucional no son de sentido común. Tarda meses en admitir a trámite un recurso y lo hace justo cuando tiene la certeza de que en breve le llegará un recurso similar por el caso madrileño. La segunda evidencia es que no solo los políticos soberanistas desprecian, como alegan algunos, la Constitución Española. ¿Con qué autoridad podrá hablar González ahora de los planes de Artur Mas? Una tercera evidencia es el escaso respeto que se tiene hacia los administrados, a los que se les imponen nuevos pagos y, encima, se les acusa de malgastar en medicamentos. Víctimas culpabilizadas de esta crisis.

 

Ejemplo similar de mala gestión y desprecio hacia las leyes y los ciudadanos es el de esos gobiernos autónomos que, para ahorrar, se han lanzado a cerrar servicios de urgencias sanitarias en las zonas rurales. Cataluña, Castilla y León, Extremadura, Navarra, Madrid y Murcia ya lo hicieron. Ahora, Dolores de Cospedal pretendía ínfimos ahorros (entre 1 y 6 millones de euros) cerrando las urgencias de 21 pueblos; y ello a pesar de la ley orgánica 137/1984 que explicita en su artículo primero que la ubicación de un centro de salud no puede estar distante en “un tiempo superior a treinta minutos con los medios habituales de locomoción”. Por fortuna, el Tribunal Superior de Castilla-La Mancha ha paralizado el cierre. Nada se sabe a fecha de hoy si el resto de las comunidades van a tomar nota o, como Ignacio González, se van a hacer los locos con tal de seguir ahorrando unos euros a costa de aumentar la ansiedad de los ciudadanos y de poner en riesgo su salud.

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El PP o la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones

Todos aquellos dirigentes genoveses que han tratado ayer de ignorar  los evidentes vínculos de Luis Bárcenas con el PP son unos cínicos, y eso en el mejor de los supuestos. Pero lo peor es que se trata de una panda de gilipollas. Nos toman por lelos. Se burlan de la ciudadanía.

 

Son en efecto, gilipollas, que intentan tapar además las barrabasadas económicas que han transformado a un tal Ignacio González, presidente del Gobierno de Madrid de rebote-  en un multimillonario, a juzgar por su tren de vida. La crisis se la sopla al  exvalido de Esperanza Aguirre.

 

Chulo de playa
Va diciendo respecto a su ático marbellí lo que más le conviene en cada momento. Miente para salirse de la quema. Ejerce de chulo de playa. Nos recuerda  a Gil y Gil, que Dios lo haya perdonado, lo que a primera vista no es fácil. Gil y Gil convirtió  a Marbella en un paraíso para los ricos de siempre y los que aspiraban -sálvese el que pueda-  a enriquecerse robando al prójimo. Así son los neoliberales. Les gusta la ley de la selva. Y los más pobres, naturalmente, ¡¡¡que se jodan!!!

 

Andrea, la esposa de Güemes
Quien dijo que “se jodan los  parados” fue una diputada del PP, Andrea Fabra, casada con Juan José Güemes, otro pájaro neoliberal que, junto a su admirada Aguirre, el tal González y demás compañeros populares  se han empeñado en cargarse la red sanitaria pública en Madrid  y a ver quién chupa del bote. Andrea, que ha salido pija, como es lógico, es hija de un múltiple presunto delincuente, conocido en media España.

 

Ciudadano y político ejemplar ............


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Al PP no le suena Bárcenas...

Por: José María Izquierdo

 

Hay que tener un cuajo especial para dirigir un periódico y considerar que la noticia de que el ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, guardaba 22 millones de euros en Suiza, en pleno auge del Gürtel, y tras haberlo negado ante el juez, no merece ni tan siquiera un sumario en la primera página. Nada. Silencio absoluto. Eso hace hoy, y así se lo hago saber, La Razón, para que tengan cumplida constancia de con quién se juega los cuartos este sufrido catavenenos. Y Abc, un sumarito, que tampoco es para aplaudir su profesionalidad. Porque no hablamos de política, no. Hablamos de periodismo. Bueno, y de dignidad, para qué ocultarlo. Porque la información procede de un auto del juez Pablo Ruz, de la Audiencia Nacional, no de una filtración de fuentes ignotas. Y el PP, desvergüenza chulesca, se limita a decir que Bárcenas ya no es el del partido.

 

Y ya que estamos: ¿quieren saber una cosita más de Rodrigo Rato? ¿Les digo con qué letrita empieza?

 

El Mundo se refiere en el editorial a los casos de Bárcenas e Ignacio González: “Dos escándalos que van a poner a prueba al PP”. Y este párrafo en su interior, que no tiene desperdicio: “El PP se desmarcó ayer de Bárcenas con el argumento de que ya no tiene nada que ver con el partido. Ello es irrelevante porque lo importante es que Bárcenas manejaba esas cuentas en Suiza cuando era tesorero del PP. Por ello, hay una responsabilidad in vigilando de Mariano Rajoy como presidente del partido y de Cascos, Acebes y Arenas, que eran sus superiores directos. Por lo menos, Rajoy debería ordenar una investigación interna y ofrecer explicaciones a los ciudadanos. Dado que la Justicia ignora dónde han ido a parar las sumas que manejaba Bárcenas, que vació la cuenta del Dresdner, no es descabellado concluir que el juez debería considerar su prisión preventiva ante un posible riesgo de fuga”. Para ir abriendo boca.

 

Por cierto, fíjense ustedes qué gracia. El Mundo titulaba el 17 de noviembre que “El informe de la Udef” –aquellos extraordinarios informes apócrifos de la Udef- “afirma que ‘se ha detectado una fundación de la que penden a modo de racimo 8 sociedades’ que operan a través del banco privado Lombard Odier”. Fue la propia banca Lombard Odier quien desmintió de plano la información por medio de sus abogados, que señores tan serios no se andan con bromitas. Pues bien, dos meses después, descubrimos que quien tenía cuentas en esa banca suiza es, qué risa, Luis Bárcenas, tesorero del PP. ¿No dijo nada entonces la Udef de Pedro José?

 

Y ya metidos en Suiza y en bancos, les cuento que Rodrigo Rato ha cambiado su declaración ante el juez Andreu y ahora reconoce que sí tuvo tratos con la banca Lazard, lo que había negado en su comparecencia. Una tontería, porque su contratación como director de banca de inversión de Lazard lo habían publicado todos los medios españoles en diciembre de 2007, cargo que dejó en 2009 para presidir Caja Madrid. Y cuidado que hay casualidades en la vida, oigan, que Rato eligió dos años después a Lazard para que dirigiera la salida a Bolsa de Bankia. ¿Verdad que es todo muy bonito, limpio, y transparente? El banco de inversión Lazard, se me olvidaba, tienen su sede en Hamilton (Islas Bermudas). Solo por ampliar información.

 

Y Sostres habla del infierno en la página 20. Lo mismo dice algo de esto...

 

Nada tiene de extraño que La Razón o Abc no lleven editorial alguno sobre Bárcenas, dado el tratamiento que le dan en la primera página, como ya les hemos dicho. Están a otras cosas. El editorial de La Razón afirma eufórico que “El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) avala la constitucionalidad de la prisión permanente propuesta en la reforma” de Alberto Ruiz-Gallardón. Pues no toda y además con muchos matices, como pueden leer en esta crónica El País. Pero los problemillas detectados por el CGPJ ya se resolverán en los trámites parlamentarios, que son poca cosa. Cuestiones menores, como la vulneración de la Constitución. Vamos, poca cosa.Abc, por su parte, también habla de la prisión permanente y de Mali. Bien.

 

¡Pobre Esperanza Aguirre, cuánto tiene que sufrir! ¡Qué ataques virulentos de esta izquierda troglodita y ruin que nos ha tocado vivir! Martín Prieto lo tiene claro: “Los socialistas y los comunistas, disfrazados bajo la disgregación, quieren herirla aduciendo que preside el Partido Popular en Madrid. Ya empieza a ser chusco que si incumples la ley de Incompatibilidades te crucifican por respeto al Derecho, y si la respetas, te dan tortas (…) Es cierto que Felipe González o José María Aznar no ostentan cargos orgánicos en sus plataformas políticas pero siendo incuestionable su influencia política en el PSOE o el PP nadie osa discutirles su derecho a ganarse empresarialmente la vida tras haber presidido el Gobierno. A Esperanza Aguirre hay que difamarla hasta la Sacramental de San Justo porque resulta peligrosa para la progresía hasta como vista de Aduanas guatemalteca. Eso de que el triunfo no se discute no sirve para nuestra izquierda sedicente”. Una mártir, doña Esperanza, una mártir…

 

A Alfonso Ussía, en La Razón, le ha molestado mucho que se haya abierto una Casa de Andalucía en Palestina. Cuando en realidad, como bien dice nuestro nunca bien ponderado señorito, hay otros lugares mucho más propios para instalar tal Casa: “Un español llegó a Londres, le gustó, se produjo el típico boca a boca, y ahora es más fácil encontrarse españoles en Londres que en Mijas. Ahí es donde el ilustre Valderas tendría que haber inaugurado la Casa de Andalucía. En Mijas o en Sotogrande, que ha sido invadido por los llanitos de Gibraltar”. Y es que en Palestina, dice Ussía, solo pueden pasar tres cosas: “Que sea ocupada por palestinos a falta de andaluces. Que sea volada por los de Hamas porque les molesta, o que reciba un misil de Israel en un momento de conflicto”. ¿Han visto qué gracia tiene la cosa?

 

¿Habrá vuelto a jurar bandera Isabel San Sebastián en cualquier otro cuartel del suelo patrio? ¿Va a dejar al Ejército del Aire y a la Armada con esa tristeza que tanto se les nota, esperando en vano su llegada, banda musical dispuesta a todos y cada uno de los himnos que pidiera en esa nueva jornada gozosa? Pues no sabemos, pero hoy le da a la cosa vasca, que como ustedes saben, nunca antes lo había hecho. Una pequeña cata, que es, como era de suponer, más de lo mismo: “Treinta años tardó el Estado de Derecho en reunir pruebas suficientes para demostrar ante la Justicia que los pistoleros, los diputados de las distintas franquicias etarras, los integrantes de los colectivos de apoyo a los presos y demás tentáculos de la bestia eran parte de un único entramado criminal. Muchos guardias civiles y policías se dejaron la vida para conseguir esas pruebas. Muchos más jueces, fiscales, cargos electos de partidos democráticos, periodistas y militantes de asociaciones cívicas renunciaron a su libertad y pusieron en juego su seguridad con el fin de apoyar esa lucha. Pero bastó un señuelo más, un sintagma con resonancias de premio Nobel, ‘proceso de paz’, para dar al traste con todo lo logrado. Y ahí están de nuevo, bajo el paraguas de Bildu y Amaiur, los mismos escorpiones con distinta denominación, ensuciando con su presencia nuestras instituciones”. Eso, que ahí está de nuevo Isabel San Sebastián… ¿Y una jura de bandera en Ceuta? ¿Melilla, quizá?

 

http://blogs.elpais.com/ojo-izquierdo/2013/01/al-pp-no-le-suena-barcenas.html

Muerte a los sindicatos

Por: Iñaki Gabilondo

Vídeo:

muerte-a-los-sindicatos

Un mercado transparente al servicio de los ciudadanos

El pasado 30 de noviembre, el día que se revalorizaban las pensiones, los españoles recibimos una sorpresa positiva: una tasa de inflación mucho menor de la esperada, que permitía reducir el déficit estructural del Gobierno. ¿Qué había sucedido? El Instituto Nacional de Estadística (INE), en su nota, lo explicaba: una fuerte caída del precio de los carburantes. Pero ¿por qué había descendido de forma tan conveniente el precio de la energía? En un post en NadaEsGratis, blog de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), Pol Antràs, catedrático de Harvard, e Ignacio Conde-Ruiz, profesor de la Complutense, muestran que desde el 15 de octubre el precio de la gasolina eurosuper de 95 octanos bajó como media un 6,5% en la zona euro, mientras que la caída en España fue más del doble, el 13,5%. La gasolina diésel cayó el 8,1% en España, frente al 3,7% en la zona euro. ¿Por qué este excelente comportamiento si los precios de la materia prima son fijados en mercados internacionales y no hubo cambios en los impuestos?

 

La sospecha de que había gato encerrado se incrementa cuando vemos que la mejora de España empieza a evaporarse a la semana siguiente: la gasolina eurosuper subió un 0,3% en España, mientras que en Europa bajaba un 1,7%. ¿Pero cómo es posible que compañías privadas se pongan de acuerdo para bajar los márgenes a la vez y volverlos a subir? El ministro de Industria, José Manuel Soria, dio su respuesta en una entrevista en televisión: sin rubor, explicaba a su entrevistadora que había llamado a las compañías petroleras para que “arrimaran el hombro”, porque si no tenía listo un decreto que sería mucho peor para ellas. El mensaje que parece haber detrás, vista la evolución posterior, es: “Os dejamos en paz una vez pase el dato de inflación”. Es decir, los precios de la gasolina se fijan a golpe de telefonazo, a oscuras, sin un proceso público y sin información sobre lo que cada parte concede y exige.

 

Un segundo ejemplo de la ausencia de una mínima distancia entre poder político y grandes empresas se ha producido en la no-reforma del sector eléctrico. Como explicaba la agencia Bloomberg el 21 de agosto, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que bloqueó el intento inicial de la reforma eléctrica (consistente en parte en incrementar los impuestos a la energía fotovoltaica) propuesto por el ministro de Industria, había sido fundador de la consultora que asesoraba a las compañías eléctricas que perdían con aquella reforma inicial, consultora que es ahora propiedad en parte de su hermano y del hermano de su jefe de Gabinete. La reacción de las cotizaciones al anuncio de la reformada no-reforma el día del Consejo de Ministros, el 14 de septiembre (recordemos, se supone, que con la reforma se anuncian nuevos impuestos), fue una subida generalizada de las acciones, incluyendo alzas del 7% para Acciona.

 

Un último ejemplo de la falta de transparencia y su coste para los contribuyentes ha sucedido con el rescate del Banco de Valencia. Las apuestas de todos los que observaban el mercado era que la Comisión Europea bloquearía la ayuda (como así ha sido) y, dado el penoso estado de este banco, lo liquidaría, con sustancial ahorro para el contribuyente y con las pérdidas absorbidas —como debe ser en cualquier mercado— por los que imprudentemente invirtieron o prestaron a la fracasada entidad. El inversor se arriesga; por eso es inversor. Si no quiere riesgo puede poner el dinero en un depósito. Recordemos, esta entidad no es sistémica (es un 1% del sistema financiero) y su agujero es enorme. Pues bien, el Estado ha preferido vender el Banco de Valencia por 1 euro tras recapitalizarlo con 4.500 millones (que se suman a los 1.000 millones anteriores) y tras añadir un esquema de protección de activos que cubre el 72,5% de las pérdidas futuras en ciertas carteras del banco. Es decir, el Estado transfiere a fondo perdido una cuarta parte del valor de los activos del banco y además con un esquema de protección de activos sobre el resto. Las pérdidas estimadas por Oliver Wyman en el peor caso posible son 3.400 millones. La explicación de por qué se ha decidido no liquidar el banco y de cuáles eran las alternativas consideradas y cuánto costaban está aún por darse.

 

Esto son solo tres ejemplos de una tendencia peligrosa. Durante esta crisis, la fusión cuasi peronista entre lo público y lo privado, basada en las adjudicaciones y decisiones en habitaciones cerradas, sin transparencia, con actuación directa en la esfera económica del poder político, está adquiriendo una velocidad preocupante. Nos acercamos a velocidad creciente a la España de los cincuenta. Podríamos dar miles de ejemplos más, como el más reciente de Ana Pastor, ministra de Fomento, exigiendo a una compañía privada casi quebrada que vuele en ciertas rutas (¿se imaginan quién va a pagar la factura por los futuros vuelos subvencionados a La Habana?). El más notable ha sido el alucinante intento de suprimir, contra toda la práctica internacional, la independencia de los reguladores de todos los mercados (por suerte rechazado por Bruselas) para sustituirlos por un nuevo regulador único subordinado al Gobierno. A pesar del excelente papel de la Comisión Europea protegiendo a los ciudadanos españoles en este tema (como en el de las ayudas bancarias), la propuesta que aún maneja el Gobierno continúa en la dirección hacia un pasado que imaginábamos superado.

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España no funciona

09 ene 2013

España no funciona

Por: Iñaki Gabilondo

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Sobresueldos

Se aprecia que los políticos empiecen a discutir sobre la reducción de sus casi ilimitadas prebendas (aunque ya veremos en qué acaba la tan cacareada unificación de salarios para alcaldes y otros cargos).

 

Encuentro que una de las cosas más sangrantes es que una persona que ha tenido un cargo político de mayor o menor relevancia —y ocurre en cualquiera de las Administraciones del Estado— siga cobrando de por vida un sobresueldo por esa condición. Me gustaría, y estoy seguro de que a otros muchos ciudadanos también, ver eliminado, y con carácter retroactivo, ese privilegio completamente injustificado.—

Raúl Toral Garcés.

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Responsabilidad generacional

 

Nacidos casi a la par que la democracia, los miembros de mi generación llegamos al mundo con la idea de progreso cincelada en el subconsciente. Crecimos al mismo tiempo que se desarrollaba el Estado de bienestar, viendo cómo nuestras casas siempre se hacían más grandes, cómo los coches eran cada vez mejores, cómo casas y coches se multiplicaban. Esa parecía ser la norma que regía la vida de los hombres. Cursamos la educación obligatoria, y luego el bachillerato y el COU y la universidad, porque era lo que había que hacer. Fue más o menos entonces cuando empezamos a notar que algo no iba bien. Vivimos nuestra primera crisis, la que en 1993 dobló la tasa del paro. No supimos reaccionar, nunca pensamos que podía haber un abismo al final del camino, y, como había a quienes no interesaba que siguiera subiendo la cifra del desempleo, seguimos estudiando y realizamos doctorados o pagamos los primeros másteres millonarios. En esa época, la realidad se estaba reconfigurando para nosotros. Aparecieron las primeras ETT, los contratos basuras, los contratos en prácticas, despertamos de repente en una espeluznante existencia de becarios, de trabajos temporales y de un paro disuasorio y recurrente.

 

No recuerdo que nadie, ningún representante, ninguna institución, ningún adulto, hubiese dedicado nunca unas palabras a dirigirse a mi generación, hasta que al fin logramos cierto poder adquisitivo. Entonces fue cuando la publicidad empezó a hablar como nosotros y a utilizar cualquier recurso nostálgico para hacernos desembolsar nuestras parcas ganancias. Después, nos lanzamos a la aventura de comprar casas. Era lo que había que hacer, comprometerse con una hipoteca. Nos lo decía la sociedad, nos lo decían los políticos, nos lo decían y repetían nuestros padres. Nuestros padres pertenecen a la generación que fue hippie en los años sesenta, eran parte de ese movimiento que promulgaba estilos de vida alternativos y se oponía al consumismo y al sistema capitalista. Nuestros padres, la gente de su edad, son los hippies que desde hace décadas nos gobiernan y ostentan los cargos de poder, la misma generación que nunca impuso límites al capital, que desde la izquierda y desde la derecha ha permitido la expansión del capitalismo más salvaje de toda la historia de la humanidad, que ha liderado el desmantelamiento del Estado de bienestar, que ha consentido la subversión de la democracia, ha desactivado la capacidad de participación ciudadana y ha confundido Europa con una moneda.

 

Pero que nadie me entienda mal. De todos, los peores somos nosotros, peores con creces que nuestros predecesores. Mi generación se ha limitado a hacer siempre lo que se suponía que debía hacer. Cuando nos dijeron que estudiáramos, estudiamos. Cuando nos dijeron que compráramos, compramos. Los más borregos entre los borregos, educados para cosechar las mieles de una felicidad anodina, ni siquiera hemos protagonizado un breve episodio luminoso. Por miedo, por una incapacidad para afrontar el sentimiento de culpa, o la responsabilidad, o sencillamente por pereza, nunca hemos hecho nada. Tan solo obedecer.

 

En cambio, ha sido la generación inmediatamente posterior —esa que algunos llaman generación ni-ni y otros, generación perdida— la que, cuando la nueva crisis mostró sus fauces y nosotros volvimos a perder una vez más nuestros trabajos, se echó a la calle y dio forma al único gesto con algo de sentido en todos estos años: el 15-M.

 

Quiero pensar que mi generación, esa que accedió a pagar un sueldo íntegro por una vivienda, en propiedad o de alquiler, esa que no salió a la calle cuando su precio se multiplicó por diez, esa que sigue votando a los mismos políticos que lo promovieron y que ahora nos dicen que sobreestimamos nuestro poder adquisitivo, los está apoyando. Quiero pensar que estamos con ellos, que vamos a seguirlos. Que mientras las clases políticas afianzadas en el poder procuraran su descrédito, mientras llaman antisistemas a universitarios sin trabajo, a investigadores que emigran al extranjero, a funcionarios que pierden pagas y derechos, a trabajadores cualificados víctimas de un ERE, a hombres y mujeres normales que se arrojan por la ventana ante un desahucio, mientras nuestros gobernantes sólo se preocupan por no perder sus sueldos obscenos, sus futuros cargos como consejeros en bancos y empresas energéticas, mientras toman las medidas que nos abocan a la catástrofe, mientras se indulta a los corruptos condenados por los tribunales, mientras se ceden a la banca decenas de millones de euros de los ciudadanos, a la misma banca inclemente que fuerza los desahucios, a la misma banca magnánima que condona la deuda a los partidos políticos, mientras todos los sacrificios se exigen a los más débiles, mientras los defensores del sistema van a reventarlo todo desde dentro, por implosión, llevando al extremo sus mecanismos más perniciosos, mientras el sistema se suicida y a nosotros nos suicidan, mientras ocurre todo eso, mi generación está más y más concienciada de que esta vez hay que hacer algo.

 

Eso quiero pensar, que mi generación está ahí, con los más jóvenes, dispuesta por fin a protagonizar el cambio. Y que muy pronto estará también ahí con nosotros la generación de nuestros padres. Hombro con hombro, todos juntos, antes de que sea demasiado tarde. Antes de que sean nuestros abuelos los que tengan que campar al raso para reclamar su derecho a la jubilación o a una vivienda. Cuando todavía queda algo por lo que luchar.

Juan Jacinto Muñoz Rengel es escritor

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El fraude del IVA

Francisco Parra Rodríguez

Doctor Economía UNED

 

El IVA es un impuesto esencial en el sistema tributario moderno, no solo por la recaudación que conlleva, es la segunda fuente de ingresos no financieros del Estado por detrás del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas,  sino por el control que permite a la inspección tributaria sobre los impuestos que giran sobre el beneficio empresarial, impuesto de sociedades y estimaciones de rendimientos empresariales y profesionales en el IRPF. Si este último impuesto se ha convertido en un impuesto sobre salarios es porque las rentas ajenas al trabajo no están suficientemente declaradas y de estas rentas una parte importante son los rendimientos de actividades profesionales y empresariales que han de tener su debido reflejo contable en los movimientos del IVA. Quizás con estas palabras introductorias no haya dicho nada que nadie supiera o intuyese, como también es en ciertos sentido por todos pensamos que en el tema del IVA hay mucho fraude o si se prefiere ocultación. No en vano, casi todos los españoles hemos sido objeto de la proposición del pago con factura o sin factura, o tanto en A o tanto en B. Pero una cosa son las opiniones y otra muy distinta son los hechos, y como es importante moverse en el terreno de los hechos, y estos en economía tienen el nombre de cifras y datos, he creído oportuno sumergirme en el turbio mundo de las cifras del IVA y obtener a través de ellas algunas conclusiones que me ayuden a responder a la cuestión de ¿ Cuanto fraude hay en el IVA?.

 

En España cuando uno trata de acercarse a una cuestión económica relevante, la tarifa eléctrica constituye un ejemplo (http://parrafj.wordpress.com/2011/01/29/el-problema-electrico/), se ve abrumado por un elevado número de datos e informes de diferentes organismos públicos y privados, en donde se tratan con excesivo detalle las cuestiones más tangenciales al problema principal ¿Cuánto nos cuesta la electricidad?, pues en el IVA ocurre otro tanto, les mostrare a ustedes si tienen paciencia para ello, la variada estadística e informes sobre la recaudación IVA en nuestro país.

 

Las publicaciones oficiales de los resultados IVA son además  de difícil comprensión. Empecemos por una de las principales estadísticas que la agencia tributaria publica sobre el IVA:  Resultados económicos y Tributarios en el Impuesto sobre el Valor Añadido (http://www.agenciatributaria.es), es una estadística difícil de entender, y por las particularidades del sistema fiscal patrio no recoge toda la actividad IVA, ya que excluye los resultados de tributo en los territorios forales: Navarra y el País Vasco. En la tabla nº1  figura un resumen de los datos que pueden consultarse en dicha estadística:

 

Tabla nº1 Perspectiva económica por tipo de entidad
Tipo de Entidad: Total 

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parrafj.wordpress.com

La reforma radical del PSOE

¿Qué cambios está proponiendo el partido para esa renovación interna que le permita volver a gobernar el país? La respuesta es: ninguno. Los actuales dirigentes deben decidir si actúan como líderes o como aparato

 

Se consolida la sensación de que el PSOE no avanza en ninguna de las dimensiones de la acción política: ideología, estrategia y organización. Este estancamiento es especialmente extraño porque el Partido Socialista dispone de materiales suficientes para intentar progresar rápidamente en todas ellas: un reciente número de la revista Temassobre la socialdemocracia es un buen referente ideológico; Felipe González recordó en la reciente celebración del 30º aniversario de su primer Gobierno que para implementar estrategias de cambio se necesitan mayorías, que solo pueden surgir del alineamiento de las clases trabajadoras con las clases medias; hasta la saciedad se ha repetido que mientras no exista una reforma electoral que exponga a los cuadros del partido a las demandas cercanas de los electores, y para la que existen suficientes alternativas posibles, el aparato favorecerá la lealtad y no el mérito político como criterio de promoción orgánica.

 

Sin embargo, poco o nada se avanza, sigue el declive electoral y el desapego de los ciudadanos respecto al partido, al que incluyen en la fatal categoría de “clase política”. No se percibe en la dirección del PSOE el carácter para reconocer la gravedad de la situación, la voluntad política para reaccionar, la energía para friccionar con las inercias internas y la oposición externa. Está ausente del partido la primera función de toda política, su primum movens: el liderazgo.

 

El déficit de liderazgo en el PSOE se representó melancólicamente en la aludida conmemoración del primer Gobierno de Felipe González: remembranza de un pasado de triunfo y esperanza encarnado en una persona en contraste con un presente de desorientación y derrota electoral. Por supuesto, la comparación de Felipe González con cualquiera de los políticos en activo es injusta. Salvo alguna mutación genética todavía latente no aparece ningún dirigente con sus capacidades. Mientras que la sociología y psicología pueden explicar las competencias de liderazgo de todos los presidentes españoles, el caso de Felipe González permanece misterioso. ¿Cómo llegó a ser, sin especiales antecedentes familiares, sociales o educativos, un político tan excepcional?

 

El prolongado poder de Felipe González en el PSOE se originó sobre todo en su rol de emprendedor de la era moderna del partido. González y su pequeño núcleo sevillano —con quienes sí pudo disfrutar, por un tiempo, de los “afectos, lealtad y unidad” que el expresidente pide para el PSOE de hoy, inútilmente ya que son imposibles en cualquier gran organización— crearon de hecho un nuevo partido, construyeron una estructura a medida de la estrategia. Y para su start up político consiguieron, en dura competencia, el derecho de añadirle unas siglas clásicas y prestigiosas: PSOE.

 

Mientras no haya una reforma electoral, se favorecerá la lealtad y no el mérito político

 

Sin embargo, los largos años del secretariado general de Felipe González al frente del PSOE también revelan las difíciles relaciones entre el líder, no importa su poder, y su organización. Dos de las decisiones claves de Felipe González, que le permitieron una mayoría de Gobierno sostenible, fueron tomadas contra el partido que él mismo había refundado y lideraba. La primera fue la renuncia al marxismo. Si ha habido un ejemplo “de libro de texto” del rol del liderazgo en un gran partido es precisamente el del XVIII Congreso del PSOE: el líder carismático amaga con su marcha, amenaza con dejar huérfano a un aparato sin tirón electoral, para así vencer las resistencias de este a políticas renovadoras. El segundo ejemplo es el del referéndum sobre la OTAN, cuando Felipe González acude directamente al electorado, puenteando los instintos antinorteamericanos del PSOE de entonces.

 

Como estos dos casos ilustran, el trabajo del liderazgo en un partido es la quiebra de las rutinas e inercias estructurales e ideológicas para mantener libertad estratégica, el tensionar constantemente la organización para hacerla adaptable a la sociedad. Liderazgo y organización son opuestos. La función del liderazgo es vencer la resistencia al cambio de la organización. Pero es tal la inercia de los grandes partidos que los aparatos acaban desgastando a los líderes. Por ello es prácticamente imposible transformar un partido sin la legitimidad y oportunidad de una gran crisis, sin una refundación, sin una reforma radical. Dificultad que aumenta exponencialmente cuando la legislación hace del sistema de partidos un cuasi-duopolio, y catástrofes como perder la mitad de los votos (PSOE) o un tercio de los parlamentarios (PSC) no comportan ninguna consecuencia para el liderazgo, ni tampoco para la doctrina, estrategia y estructura.

 

La resistencia al cambio no es exclusiva del PSOE. El gran Helmut Schmidt se enfrentó repetidamente a su SPD para promover políticas de mayoría y de cambio, como años después Gerhard Schroeder. Las memorias de Tony Blair son un constante desprecio a un Labour incapaz de aceptar las demandas mediáticas de la política contemporánea y de reconocer que la esencia de un partido progresista es una oferta electoral de cambio. Tampoco es idiosincrático de la izquierda, como José María Aznar podría testimoniar basándose en sus primeros años como responsable del PP. Las razones por las que las estructuras de los partidos se congelan y endurecen tanto y tan rápidamente son psicológicas: el activismo político atrae a las personas más polarizadas ideológicamente y, por tanto, más dogmáticas y rígidas. Y sociales: la política se convierte en modus vivendi, especialmente para quienes esta dedicación proporciona una mayor movilidad social que sus ocupaciones de origen, si las llegaron a tener distintas. Sin embargo, muy peligrosamente para la izquierda, esta última razón no se da tanto en la derecha, porque las estrategias necesarias para mantener lo existente son obvias y los conservadores necesitan menos vanguardias especializadas políticamente. Así, la circulación entre sus élites económicas, sociales y políticas es más fluida: seguramente Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal podrían reincorporarse, sin menoscabo económico, a sus cuerpos jurídicos o a algún gran bufete, y Luis de Guindos, a una banca internacional.

 

Un problema de los socialistas es su falta de reputación como fuente de cuadros de gobierno

 

Para la izquierda, la renovación de sus organizaciones es el requisito previo a periodos de Gobierno suficientes para implementar políticas de cambio.

 

En el referido homenaje a González, Alfredo Pérez Rubalcaba definió la estrategia del PSOE como de “radicalismo reformista”. Expresión desconcertante por su contraste con la realidad. ¿Qué política radical y/o reformista está proponiendo hoy el PSOE, con toda la fuerza de su organización, en todos los frentes de acción? El mantenimiento de la sanidad o educación públicas no cuentan: es playing defense y en política lo que no es estar a la ofensiva es perder. La respuesta a la pregunta es que ninguna.

 

Pero, sobre todo, la expresión del actual secretario general contrasta con la falta de reformismo interno, radical o no, del propio partido. El PSOE conoce perfectamente, hace ya demasiado tiempo, que su principal problema es su falta de credibilidad como partido de Gobierno, la falta de reputación de su aparato como potencial fuente de cuadros de Gobierno. ¿Qué cambio radical y/o reformista de la legislación electoral, que permita como consecuencia la renovación interna del partido, que permita a su vez gobernar la sociedad, está proponiendo hoy el PSOE, con toda la fuerza de su organización, en todos los frentes de acción? La respuesta es, todavía, ninguno. Y es urgente que la actual dirección del PSOE decida si quiere actuar como líder o como aparato.

 

Las sociologías políticas y de organizaciones surgieron, a la vez, en el pesimista reconocimiento de un fenómeno, el “desplazamiento de objetivos”: el medio —en este caso, el partido— se convierte en un fin en sí mismo, en más importante que los valores originarios de la organización. En la memorable expresión de R. Michels: “organización significa oligarquía”. Solo el liderazgo puede frenar esta deriva. Hay una pregunta que el PP no tiene que contestar por motivos obvios. Es una pregunta específica para los dirigentes de las formaciones progresistas, que se van a hacer inevitablemente los electores: ¿Cómo van a reformar radicalmente una sociedad quienes no quieren o no son capaces de liderar la transformación de su propia organización?

 

José Luis Alvarez es doctor en Sociología de las Organizaciones por la Universidad de Harvard y profesor de INSEAD.

elpais.com

 

La cuevita de la izquierda

Puntadas sin hilo

 

La cuevita de la izquierda

Arturo González

 

Decididamente el PSOE no tiene arreglo. No saben cómo ahuyentar a posibles votantes. La vicesecretaria general, Elena Valenciano, dice que ‘hay que huir de la cuevita de la izquierda porque es atractiva para lamerse las heridas, pero aleja de las mayorías’. Esto significa una declaración oficiosa de que el PSOE abandona el intento de representar al socialismo democrático, renunciando a sus principios básicos mínimos para pasar a integrarse en un centrismo aséptico y complaciente. Descanse en paz, pues. La verdadera izquierda tiene el camino despejado.

 

No habla doña Elena de marcharse ella y todos los cargos directivos, con el Secretario General a la cabeza, y dar paso a nuevos aires. No, no; ellos son los elegidos por la Historia y el destino, aunque lleven al partido a la merma continua e irrecuperable. Como todos los políticos, alegan el tiempo para reestructurarse, no van a dejar al partido en la estacada traumática. No se pueden hacer las cosas precipitadamente. Coartada para al final ser ellos mismos los candidatos. ¿Pero no se dan cuenta del daño que están haciendo al partido y al país?

 

Queda la duda de si lo dicen y hacen para agarrarse al cargo o porque sinceramente se creen conductores de la salvación. No se paran a pensar qué razones hay para creerles de nuevo. Y ése es el problema. Hagan lo que hagan están condenados a que los ciudadanos no les crean, pues éstos ni siquiera dirán lo mismo que los descontentos de la derecha pura: les seguimos votando porque los otros son peores. No: los posibles votantes socialistas no les votarán, se abstendrán o votarán a otros partidos de más raigambre de izquierda. ¿Por qué voy a creer yo a Rubalcaba? Por un lado afirma que radicalizará sus postulados, y por otro que se debe huir de la cuevita porque en ella no está la posibilidad de ganar. Se trata de ganar a costa de lo que sea, incluso de la decencia. Pero nunca podrán quitarse de encima la losa, justa o injusta, de por qué harían ahora lo que no hicieron cuando podían. Por mucho sofisma que argumenten. La gente no quiere saber nada del pasado, ni en personas ni en decisiones. Desean borrar todo vestigio. Lo consideran traición.

 

La cuevita es la esperanza. Ni siquiera son capaces de pergeñar cinco líneas maestras de proyecto y promesas. Necesitan tiempo para meditarlas. Meditar lo elemental, lo que se sabe de carrerilla. Pues sepan que en la cuevita hay una luz espléndida y millones de personas están esperando que el mundo y la izquierda que dicen representar se renueven y adecenten. Sin revoluciones, sin rupturas de sistemas; solo con la pureza de intenciones. Lejos de las mayorías que pregona Valenciano, las mayorías de las connivencias, las renuncias, los lavados de cara y los más de lo mismo. Triste PSOE éste, que perpetúa y acompaña el tambaleante desguace de España. El PSOE se ha convertido en el eco filtrado del PP, en su espejo cóncavo, en la otra cara de la misma moneda, en su pareja de baile. Y encima detesta las cuevitas de la izquierda.

 

Doña Elena, tres preguntitas de prueba: 1. ¿Nacionalizarían ustedes los servicios básicos esenciales para que los ciudadanos puedan vivir aceptablemente? 2. ¿Establecerían una Ley Electoral sin trampas ni amaños? 3. ¿Denunciarían sin excusa alguna los Acuerdos con la Santa Sede? No se enfade, doña Elena, los lectores a lo mejor le hacen otras preguntitas.

 

publico.es

 

Democracia defectiva y fatiga constitucional

Es imperioso reformar las normas de la Unión Europea y la Carta Magna española

 

Uno. El déficit democrático es, con seguridad, el tema de más larga data en la construcción europea. Hablar de él cansa incluso a quienes lo denuncian y alertan de su empeoramiento. Pero conviene descomponer factorialmente la ecuación antes de evaluar su impacto en la fatiga constitucional desencadenada en España a resultas de la crisis. En el despliegue de ese déficit computan diversos sumandos:

a) La CEE arrancó en la historia como un mercado común con objetivos económicos. Solo posteriormente perfiló, a base de “pequeños pasos”, su dimensión política y constitucional, abriéndose a la discusión sobre su legitimación en la voluntad popular.

b) La arquitectura de la UE es hoy única en su género. No reproduce el esquema de “separación de poderes” atribuido a Montesquieu, pero tampoco replica ninguna de las estructuras de los Estados miembros (EE MM). Aunque es obvio que todos son países democráticos, la idea de democracia en la UE no es réplica ni imitación de la de ninguna de sus partes, sino el resultado imperfecto de influencias heteróclitas y de la integración de su complejidad. Ello acentúa el carácter “defectivo” de la democracia en la UE: se ejerce más por “transferencia” —o acaso por “inferencia”— que de manera directa.

c) Esta originalidad explica la resistencia a las urdimbres de la representación en Europa respecto de las practicadas por los ciudadanos europeos en sus países de origen. Sea por la influencia de nuestros prejuicios nacionales, sea por comparación con lo que presumimos que es nuestro respectivo “ideal de democracia”, la UE no ha sabido evitar parecer un adefesio o un monstruo de Frankenstein cosido a retales, y superviviente de sucesivas intervenciones quirúrgicas y electrochoques, cuando no partos de los montes que acaban alumbrando un ratón.

d) Los llamados criterios de Copenhague (respeto al Estado de derecho, democracia representativa y derechos fundamentales) se exigen a todo candidato a la adhesión a la UE. Pero, una vez dentro, no existe control de calidad: en los EEMM se producen deterioros y olas de populismo crecientemente agresivas, autoritarias y eurófobas.

Pero veamos por qué ese déficit incide ahora como nunca antes en la actual fatiga constitucional española.

 

Dos. El Tratado de Lisboa (TL) entró en vigor en diciembre de 2009 después de un interminable debate constituyente. Su resultado cristaliza un compromiso intenso con los derechos de la Carta, el Bill of Rights europeo. Y hace, por fin, del Parlamento Europeo (PE) un órgano legislativo, única institución directamente elegida por el sufragio de 500 millones de europeos. El PE pasa así a ser el más poderoso en su historia y el más poderoso de Europa. Sucede que, sarcásticamente, su entrada en vigor coincide con la peor de sus crisis. Su impacto se sintetiza en un imparable ascenso del intergubernamentalismo, impuesto desde un Consejo en el que —como en la granja de Orwell— algunos Gobiernos se creen “más iguales que otros”: arrolla a la Comisión Europea (que no ha mostrado liderazgo), y desoye a un PE que lleva años reclamando un cambio de orientación ante el palmario desastre de la “austeridad recesiva”.

 

Tres. Este empecinamiento en la política de ajustes, impuesta sin miramientos respecto a sus consecuencias, se sitúa en el origen de una nueva embestida del debate sobre el déficit. Bajo la determinación de una abrumadora mayoría conservadora, y contra toda evidencia de su fracaso al timón, los Gobiernos europeos han venido divorciándose de su ciudadanía (que tradicionalmente pagaba sus servicios vía impuestos) para subordinar sus decisiones a los mercados financieros, a los que ahora se deben so pena de cerrar la tienda. Desde entonces, burócratas bien retribuidos —los llamados men in black— dan palmadas en la espalda a muchos millones que sufren la angustia de la negación de toda esperanza de futuro: “¡Empobrecidos y cabreados, vais por el buen camino!”.

 

Cuatro. Por todos los rincones de Europa los ciudadanos reaccionan con creciente virulencia contra tan inaudito ejercicio de despotismo tecnócrata. Se hace pasar por dicterios de formulación apodíctica (“no hay ninguna alternativa”, “estamos preparando al país para el empleo del mañana”) lo que no son sino recetas sesgadas por un fundamentalismo ideológico carente de sustento empírico ¡La realidad sugiere exactamente lo contrario: no nos sacan de la crisis; no generan empleo; los recortes incrementan la carga presupuestaria de intereses de la deuda; no hay luz al final del túnel; cada vez es más difícil cumplir con los objetivos proclamados ciegamente y en condiciones imposibles; tan disparatada terapia deteriora cada día la mala salud del paciente; crecen las desigualdades; costes y sacrificios se han repartido de forma insoportablemente injusta! De ahí que, desde el exterior, la situación española haya podido calificarse de preinsurreccional. La rabia de los ciudadanos adquiere tintes inéditos y registra decibelios audibles desde las portadas de los diarios de medio mundo.

 

Cinco. Es imperioso acometer el déficit democrático, con aliento reformista, en la UE y en los EEMM. El escalón de respuestas en el TL exige reformar el papel del BCE y prolongar los plazos de la consolidación fiscal. ¡Pero hay que hacer mucho más! Es hora de sincronizar el Marco Financiero (2014-2020) con las elecciones europeas. Para que los ciudadanos puedan decidir con el voto su política fiscal, presupuestaria, inversora y redistributiva. Y de construir un espacio público europeo apostando por genuinos partidos europeos con unidad estratégica en los asuntos que deslindan la respuesta progresista de la conservadora y la respuesta europeísta frente a la nacionalista. Y de que los ciudadanos puedan preferir con su voto a un candidato/a identificado en toda Europa como su opción a presidir la Comisión para el próximo mandato (2014-2019) desde una visión distintiva y una lista de alcance paneuropeo.

 

Seis. Sé bien que, en España, todo esto debe debatirse en un contexto de tremenda fatiga de Constitución ¡Por ello mismo es urgente acometer con coraje un debate dirigido a reformar a fondo esta Constitución que nos dimos hace 35 años! Antes de que envejezca sin que le hayamos permitido disfrutar su madurez. Antes de que se contraponga la “indignación en la calle” con una cacofonía de zafarranchos populistas. Antes de que la estampida confunda la “marea de los cambios” con un vendaval destructivo de demagogia antipolítica. Y esa reforma a fondo no puede tener como objetivo, sin más, que se “vayan todos”: como si esos “todos” fuesen “lo mismo” o, peor, “nuestro único problema”, o “acabar con la política” fuera una solución.

 

Frente a este insoportable déficit de empatía, no cabe, como alega el PP, atarse al manido alegato de que “nunca es el momento” de alterar las escrituras del pacto constituyente logrado cuando millones de españoles ni siquiera habían nacido. Pero tampoco cabe gritar “sálvese quien pueda” ante el enésimo naufragio de la autoestima de España, ni bastan el ruido y la furia de la difamación o del insulto sin freno en el anonimato de Internet. Restituir dignidad a nuestra democracia herida, en España y en Europa, pasa por la política en las instituciones. Y por mejores políticos, enamorados de nuevo de un entusiasmo que derrote a las fatigas de la democracia y sus déficits.

Juan F. López Aguilar es catedrático de Derecho Constitucional y presidente de la Delegación Socialista Española en el Parlamento Europeo.

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El analfabetismo religioso

España un Estado laico, qué sarcasmo. Aquí se confunden actividades y fines religiosos y estatales. Se incumple el principio de neutralidad: el Jefe del Estado nombra al arzobispo castrense con rango de General de División

 

Vengan leyes. Estatuto de Centros, LODE, LOE, LOGSE, LOCE, LOMCE… Dice un axioma militar que órdenes y contraórdenes sobre un mismo escenario producen siempre el caos. El desorden. Después de décadas de enseñanza religiosa en mano de docentes de catolicismo seleccionados por los obispos, pero contratados y pagados religiosamente (nunca mejor dicho) por el Estado, nadie duda del derrumbe de la cultura cristiana. Incluso lo afirma la Conferencia Episcopal, que acaba de hablar de “emergencia educativa”. La jerarquía piensa incluso que España “necesita ser misionada”. A ese precipicio les ha llevado su “escuela cristiana”.

 

Es lógico que los obispos clamen al cielo por esta situación y presionen al Gobierno de Rajoy —uno de los suyos— hasta el colmo de sus deseos. La perplejidad es mala consejera. El analfabetismo religioso de los jóvenes no se despacha volviendo a un modelo tan estrepitosamente fracasado. Si hacemos caso al mismísimo Benedicto XVI, la antaño Reserva espiritual de Occidente, gobernada moralmente por la Iglesia católica (el sucio contubernio nacionalcatólico, de 1936 a 1975), es hoy una viña devastada por los jabalíes del laicismo y el ateísmo. ¿Cómo ha sido posible, si esta confesión está siendo tratada con mimo y privilegios, incluso por Gobiernos que se han dicho laicos y de izquierda? Es misterio que debería hacerse estudiar el episcopado.

 

Además, están las maneras. Reforzar el monopolio que han tenido sobre la moral y la ética de millones de estudiantes deja en muy mal lugar principios de los que los políticos gustan de presumir. También sufre la verdad. Los obispos se comportan como esas fortalezas sitiadas que tienen el enemigo fuera pero también intramuros. Aquí se ha oído de todo, en la prensa católica y fuera. Nada ha sobrado para convencer al Ejecutivo de que no había más remedio que atender las pretensiones de las sotanas. Que si el PP asumía los principios socialistas (incluso aquella tontería que hizo escuela: “Más gimnasia y menos religión”); que si Zapatero convirtió “en héroes a los alumnos que querían clase de religión”, que si la crisis se ha podrido por falta de formación católica...

 

También han clamado que España es un país de pandereta por no cumplir un concordato internacional de alto rango, pensando en los acuerdos firmados por España y el Vaticano tras la muerte del dictador Franco. Estaría bien que se cumpliesen de verdad, sobre todo el Acuerdo Económico, en el que la Santa Sede se comprometía a autofinanciarse.

 

España un Estado laico, qué sarcasmo. Aquí se confunden actividades y fines religiosos y estatales. Se incumple el principio de neutralidad: el jefe del Estado nombra al arzobispo castrense con rango de General de División. Se pisotea el principio de igualdad tributaria: los católicos dedican el 0,7% de su IRPF a financiar a su religión sin pagar ni un euro más que el resto de los contribuyentes. Se ignora el principio de laicidad: el Estado paga para que los obispos evangelicen a los niños en las escuelas, nombrando o echando a sus docentes profesores sin control. La Iglesia romana manda y el Estado paga, haciéndose cargo, incluso, de indemnizaciones millonarias porque hay prelados que despiden a sus docentes de catolicismo por casarse con divorciados o, sencillamente, por irse de copas con los amigos.

 

Todo es anacronismo. La educación en una fe religiosa (catequesis, en griego) debería pertenecer a otro lugar y a otros protagonistas: templos, sinagogas, mezquitas, etcétera. En cambio, los obispos exigen —y el Gobierno cede— que sus clases tengan carácter académico y sean evaluables, con una asignatura alternativa a la misma hora, a ser posible la matemática, no sea que a los chicos les espante más la oferta episcopal. Es como si, porque unos van al fútbol, el resto del alumnado tuviera que jugar al rugby.

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Asalto al Registro Civil

Ni siquiera sometida al quinto grado en el interrogatorio que siguió al Consejo de Ministros fue posible que la vicepresidenta y portavoz se aclarara el viernes pasado, día 23, en torno al llamado borrador de la UDEF (Unidad de Delitos Económicos y Fiscales del Cuerpo Nacional de Policía), atribuido a la policía, donde se implicaba al candidato Artur Mas en comisiones y cuentas en Suiza y en Liechtenstein. Sus respuestas parecían atenerse al principio de que todo aprovecha para el convento (o para la campaña electoral). Veremos cómo lidia el próximo viernes, día 30, este otro borrador para la Reforma Integral de los Registros, elaborado por la Dirección General de los Registros y del Notariado. Porque pudiera revelarse como un caso de corrupción política mediante el procedimiento de la captura del regulador.

 

Sostiene Wikipedia que la anterior expresión se refiere a la influencia de las empresas dominantes en un determinado sector sobre la(s) agencia(s) gubernamental(es) a cuyo control se encuentran sometidas. El fenómeno incluye desde el tráfico de influencias y el uso de información privilegiada hasta la prevaricación de las agencias a favor de los intereses del actor dominante. Sucede que el regulador se convierte en defensor de los intereses del actor (la empresa dominante), creando barreras de entrada para las empresas competidoras, atribuyéndole privilegios legales, monopolios, haciendo concesiones al protegido e influyendo en el proceso legislativo para que le sea lo más favorable posible. Comportamientos de esta naturaleza evidencian a menudo una relación estrecha entre los altos cargos del organismo regulador y la empresa favorecida, a través de vínculos familiares, profesionales o personales.

 

Para confirmar esa captura en nuestro caso conviene atender al número y rango de los políticos implicados y a las multimillonarias cifras que generaría este pingüe negocio del Registro Civil entregado al disfrute de un grupo profesional privilegiado. De modo que el registrador cobraría y se enriquecería por cada ciudadano que naciera, creciera, cambiara de domicilio, tuviera hijos, otorgara poderes, hiciera testamento, se casara o divorciara y al fin se muriera. Por ejemplo, los cónyuges al casarse tendrían que pagar 500 euros al registrador por asumir funciones que hasta ahora desempeñaban los párrocos. El notario, si fuera diligente, debería advertir a los contrayentes que cuiden de no consumar el matrimonio hasta que haya sido inscrito, dado que —según el anteproyecto de ley— no estarían casados frente a nadie hasta que se verificara la inscripción, cuyo arancel sería incrementado por el registrador con cada obstáculo que pudiera encontrar o inventar. Además, cada vez que alguien pidiera una certificación de matrimonio o de nacimiento o de lo que fuere, estaría obligado a pasar por la caja registral. El pago de la factura, en vez de sufragar el coste del servicio y de los funcionarios que lo prestan, pasaría al registrador, a quien correspondería contratar personal laboral no sometido al estatuto de funcionario, poseer la facultad de curiosear en lo más íntimo de las vidas ajenas, pagar los gastos de la oficina y quedarse el resto para su bolsillo.

 

Así, el proyecto que comentamos entregaría a los registradores de la propiedad y mercantiles, sin previo concurso público, la explotación comercial del Registro Civil. De modo que en plena crisis unos funcionarios, que actúan como profesionales aunque en un régimen de absoluto monopolio, vendrían a apropiarse de un negocio sin prima de riesgo alguna a costa de todos los españoles, dando así cumplimiento a las ambiciones de este cuerpo y de su Colegio Nacional. Un simpático colectivo que, tras ser sancionado por la Agencia de Protección de Datos y perseguido por la Fiscalía del Tribunal Supremo, no parecería el más indicado para explotar en su beneficio un servicio público de esta trascendencia y de paso convertir en rehenes de su codicia a todos los ciudadanos.

 

Son tiempos de crisis, pero aunque fueran de bonanza carece de sentido incrementar los costes que gravarán a los usuarios del Registro Civil para reforzar el estatus millonario de un grupo de privilegiados —los integrantes del Cuerpo de Registradores de la propiedad y mercantiles— que, a tenor del anteproyecto, parecería tener abducido a un Gobierno presidido por un miembro de la fratría. Habríamos pasado así limpiamente del “tasazo” judicial al “arancelazo” registral, sin que pueda alegarse reducción de costes de los salarios públicos, habida cuenta de que los funcionarios hasta ahora encargados de las tareas del Registro Civil deberán ser reubicados en otros departamentos del ministerio, sin alivio para las arcas del Estado. Continuará.

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