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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

Efectos secundarios

La agitación que está produciendo entre los socialistas madrileños la pugna por la designación de sus candidatos para las elecciones de 2011 deriva seguramente del especial interés del PSOE por hacer de esas elecciones, y especialmente de las autonómicas, el eje de su estrategia de recuperación con vistas a las generales del año siguiente: porque creen que los escándalos de corrupción pasarán factura a Esperanza Aguirre y porque piensan que derrotar a una dirigente tan señalada del PP elevará la decaída moral del electorado de centro-izquierda y detendrá el deterioro que reflejan las encuestas.

 

La pugna fue iniciada por Zapatero al proponer a Trinidad Jiménez. Cabe preguntarse si calculó las consecuencias de una implicación tan directa. Porque la resistencia de Tomás Gómez a retirarse en favor de la ministra ha conducido a la necesidad de elecciones primarias; los dirigentes socialistas se han felicitado porque vayan a celebrarse y han resaltado su carácter democrático por oposición al método digital seguido por el PP en casos como la sucesión de Aznar por Rajoy.

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Tormenta socialista en Madrid

Se aproxima tormenta, y lo que es peor: una tormenta innecesaria. Trinidad Jiménez, la candidata del presidente del Gobierno, ha decidido competir frente a Tomás Gómez, y muchos madrileños de izquierdas lamentamos la decisión. La democracia siempre es un ejercicio saludable, es necesario practicarla con habitualidad para no olvidar en qué consiste, pero que nadie se lleve a error, las anunciadas elecciones primarias no son un ejercicio democrático, o al menos no en su origen.

 

Durante estos años, Tomás Gómez ha trabajado arduamente por Madrid, enfrentándose con valentía a los obstáculos del Gobierno de Aguirre y esquivando los incesantes jaques lanzados desde su propio partido. Sin embargo, ninguna de las diferentes estrategias de acoso y derribo le han hecho sucumbir en sus propósitos. Es un hombre valiente y luchador, de fuertes convicciones, y que, como ha demostrado, jamás tira la toalla.

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EUROPA: Motivos para un Otoño Sindical Caliente.

Estamos en un punto de inflexión de la recesión económica que está sacando a la superficie las enormes contradicciones que arrastra el sistema capitalista. Estas contradicciones que se han venido acumulando y agravando se expresan cada día con más virulencia. La situación de relativa estabilidad de los quince años anteriores de crecimiento han tocado abruptamente a su fin. Los intereses enfrentados entre el mundo del trabajo y el del capital se ponen cara a cara. Es preciso seguir profundizando en el análisis para intentar detectar las características particulares de esta crisis.

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Crisis, gasto militar y desarme

FEDERICO MAYOR ZARAGOZA  02/08/2010

 

Todo hacía esperar que, al término de la guerra fría, finalizada la carrera armamentística entre las superpotencias, pudieran reducirse los gastos militares e invertir los "dividendos de la paz" en cooperación internacional y promoción de desarrollo global sostenible.

 

No fue así: de nuevo los países más poderosos de la tierra crearon las condiciones necesarias para seguir incrementando las inversiones en armas y tecnología militar. Para fabricar armas... hay que fabricar enemigos. En los últimos años ha tenido lugar -en contra de lo que era de esperar como reacción al disparate de la invasión de Irak- una remilitarización generalizada. La nueva fase de la instalación de bases estadounidenses en Colombia -"para hacer frente a las amenazas no solo del narcoterrorismo sino de Gobiernos anti-Estados Unidos"- ha servido de pretexto a procesos de rearme ya en curso en toda América Latina. En Venezuela el presidente Chávez ha anunciado la compra de misiles rusos "que no fallan" (4.400 millones de dólares entre 2005 y 2007). Perú, Ecuador y Bolivia se han lanzado a la compra de armamento. Brasil ha adquirido a Francia 8.500 millones de euros en helicópteros de combate, 36 aviones Rafale y transferencia de tecnología para la construcción conjunta de submarinos.

 

Por si fuera poco, Francia aprobó en julio de 2009 un programa para los años 2009-2014 por un importe total de 180.000 millones de euros con incrementos posteriores hasta alcanzar los 337.000 millones. El gasto militar francés se sitúa detrás del educativo y del pago de la deuda. El Pentágono concluyó en 2009 un acuerdo de venta de aviones de combate a Irak por 6.300 millones de euros. Entre 2010 y 2014, India tiene previsto adquirir a Estados Unidos 30.000 millones de dólares en armas, para "modernizar" sus fuerzas armadas.

 

El gasto militar mundial, según el Informe del Instituto Internacional de Estudios por la Paz de Estocolmo (SIPRI) publicado este mes de junio, aumentó el 5,9% en 2009, alcanzando la cifra sin precedentes de 1.531.000 millones de dólares (más de 4.194 millones al día). Los 10 primeros países en gasto militar, por orden son: Estados Unidos 661.000 millones; China, 100; Francia, 63,9; Reino Unido, 58,3; Rusia, 53,3; Japón, 51; Alemania, 45,6; Arabia Saudí, 41,3; India, 36,3 e Italia, 35,8. Por lo que respecta a crecimiento del gasto, para el periodo 1999-2008, China encabeza la lista con un 194% seguida por Rusia (173%) y Arabia Saudí (81%). La media mundial es del 44,7%. El incremento de España es del 37,7%.

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El declive del poder sindical

De lo primero de lo que hay que dejar constancia es de un descenso de la afiliación a los sindicatos. En Alemania, los miembros del DGB, la mayor central sindical, pasan de 12 millones en 1990 a 7,7 en el 2000, y las pérdidas han continuado al mismo ritmo en el siglo actual. En la Unión Europea de los 15, entre 1995 y el 2006 la afiliación disminuyó en un 31%. En la Europa del Este el bajón fue todavía mayor: en Hungría de un 63%; en Eslovaquia, de un 57%; en la República Checa de un 46%. A pesar de que la historia de las dos Europas haya sido tan distinta, coinciden en un rápido declive de los sindicatos.

 

Y es que el trabajo ha dejado de ser el eje central que encarrila y da sentido a la persona.

 

Antes la vida estaba estructurada en tres etapas perfectamente diferenciadas. Una primera de preparación, dedicada a adquirir un oficio o profesión que habría de durar toda la vida. Seguía una segunda de actividad laboral, que se extendía al menos cuatro decenios, consagrada por entero a un trabajo del que se extraía la identidad social. Una tercera edad, que el alto nivel de vida y los enormes avances de la medicina han prolongado, en la que al fin se disfruta de tiempo libre para hacer lo que siempre hubiéramos querido. El premio de una vida de trabajo consistía en poder hacer al final lo que se quisiera, lástima que llegaba cuando ya el cuerpo se revela como el mayor impedimento.

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En España la situación se agrava porque los sindicatos solo pudieron reorganizarse cuando había empezado ya el declive del movimiento obrero y la señora Thatcher estaba ocupada en aplastar el poder sindical. El neoliberalismo implantó una nueva cultura individualista que ha terminado por prevalecer en la sociedad posindustrial y que ha dejado la solidaridad en manos exclusivas del Estado. Con la nueva regulación del mercado del trabajo unos sindicatos tardíos, sin apenas afiliación, se juegan la supervivencia. No se trata tanto de abaratar el despido, que también, como de eliminar la negociación colectiva, cada vez más difícil de encajar en una economía globalizada con enormes oscilaciones en la demanda.

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Mercado y socialdemocracia

Dicen, cuentan, que la izquierda europea está de capa caída, ya que ante la crisis no ha sido capaz de aportar soluciones propias, cuando tenía una ocasión pintiparada para hacer valer sus ideas y enderezar los entuertos del capitalismo. Y citan el caso de España. Los socialistas en el Gobierno se quedaron primero paralizados, sin tomar medidas cuando empezó el retroceso de la economía, y, luego, cuando las toman, recurren a recortar el Estado de bienestar, lo que parece un despropósito para quienes ese bienestar es una de sus principales metas.

 

Ocurre, sin embargo, que todo o casi todo en la historia tiene su lógica. La razón principal de esa falta de protagonismo de la izquierda es que vivimos en una economía de mercado. Además de la gran ventaja que supone no tener hoy por hoy sustituto conocido, ese sistema, cuando va bien, resulta eficaz, tanto que con él, aunque los ricos se hagan más ricos, también permite que avance el Estado de bienestar tan caro a los socialdemócratas. Estos se olvidan entonces de que el sistema no es un paradigma de equidad, ni siquiera de racionalidad, tampoco de estabilidad. Llegan inevitablemente los años de vacas flacas y se producen los desequilibrios que estamos padeciendo entre economía real y economía financiera, inversión y consumo, gasto público y estímulos estatales, ajustes internos y globalización, problemas urgentes y mejoras a largo plazo, amén del consiguiente y abultado desempleo que es la antinomia del Estado de bienestar.

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Juego antidemocrático

Es un pésimo ejemplo y una grave irresponsabilidad el espectáculo que está ofreciendo el Partido Popular a cuenta de la nueva ley del aborto. No es la primera vez en que el principal partido de la oposición se sirve del Tribunal Constitucional para intentar imponer sus posiciones derrotadas en sede parlamentaria; al contrario, empieza a ser una penosa costumbre. En los últimos años, el partido de Mariano Rajoy ha dado una vuelta de tuerca a su estrategia oponiendo una resistencia pasiva, cuando no insumisión activa, a normas aprobadas por los representantes de la soberanía popular cuando no han tenido su apoyo. Los ejemplos de la ley contra el tabaco y de dependencia son los más evidentes. Ambas normas y, sobre todo, sus beneficiarios potenciales, sufren el boicoteo de los populares en algunas de las comunidades en las que gobiernan, como Madrid o la Comunidad Valenciana.

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Rajoy saca a pasear a Aznar para que dé la cara por él sobre el Estatut

"Tanta valentía" tiene Rajoy, afirmó el ministro en un acto del PSOE, celebrado este sábado en Valencia, que “saca a Aznar para agitar el fantasma de la división y del se rompe España", pero "ya no cuela, no se rompe, ni se hunde, insistió Blanco, aunque el PP siga abundando en el catastrofismo y en la discordia".

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Pocas palabras, mucho latigo

Inédito hasta ahora en castellano, Frederick Douglass escribió en 1845 el gran testimonio de las narraciones de esclavos norteamericanos, que terminó por definir el discurso conciliador de Barack Obama

 

PEIO H. RIAÑO MADRID 27/06/2010 08:00 Actualizado: 27/06/2010 10:20

 

 

William Henson, esclavo fugado en la década de los años veinte del siglo XIX.

 

Es posible que con el tiempo las imágenes arañen más y los desperfectos de un relato sean irreparables. El testimonio de un esclavo escrito hace más de un siglo y medio cala hoy por lo inconcebible de la bestialidad y el salvajismo del ser humano. Cala porque el sometimiento está todavía aquí, porque la libertad no está al alcance de cualquiera. De hecho, el mensaje de Vida de un esclavo americano escrita por él mismo, escrito por Frederick Douglass en 1845, fue recogido por los activistas y los defensores de los diversos movimientos de liberación de los años sesenta en el interior de Estados Unidos pidiendo el fin definitivo del racismo.

 

La condición de Douglass como la voz más representativa del movimiento negro antiesclavista hizo que se buscaran en sus escritos las claves para saber cómo dirigir las luchas de liberación en el siglo XX. Uno de los pasajes más recordados de esta figura del abolicionismo procede de un discurso que dio en 1857, 19 años después de haberse fugado del estado de Maryland a Nueva York en busca de su libertad: "Sin lucha no hay progreso. Aquellos que dicen estar a favor de la libertad pero desprecian la agitación política son hombres que quieren cosechar sin haber sembrado; quieren la lluvia sin el rayo y el trueno; el océano, sin el horrible estruendo de sus caudalosas aguas", y lo sentencia poniendo por delante su vida y la de otros para conseguirlo.

 

Referente de Obama

 

La lucha de Frederick Douglass contra el látigo llegó hasta la campaña de Barack Obama en 2008, camino de la Casa Blanca. En poco tiempo, el primer candidato afroamericano del Partido Demócrata fue comparado con el estilo de los grandes oradores del siglo XX, junto a John F. Kennedy y Ronald Reagan. Pero Obama estableció una conexión indudable entre la trayectoria política de Douglass y la suya propia. En varios de sus discursos electorales hizo referencia con especial énfasis a la idea de que "el poder no concede nada sin luchar". Douglass estaba en su temario cuando ejercía como profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago.

 

Obama debía decantarse entre dos modelos de la historia norteamericana: el radical y enérgico Douglass o el retórico y observador Abraham Lincoln. El primero dijo del segundo, al inaugurar un monumento en homenaje al decimosexto presidente de EEUU, que fue "eminentemente el presidente de los blancos, totalmente dedicado al bienestar de ellos, mientras que los negros no fueron para él más que hijastros". A pesar de ello, Douglass le reconoció su valor por poner punto final a la esclavitud no por la fuerza de sus palabras, sino por la sutilidad de sus estrategias políticas. Para los analistas de aquellos días, el primer afroamericano en ejercer el cargo presidencial decidió situarse justo entre la inspirada vehemencia y la templanza de Frederick Douglass.

 

La crueldad del látigo

 

A Douglass le costó encontrar el equilibrio entre lo correcto y lo que es posible. Pasó sus primeros 20 años de vida entre la esclavitud, la resistencia y la rebelión. En este relato, que ahora se traduce por primera vez al castellano de la mano de la editorial Capitán Swing, se encuentra lo que se esperaba: sangre, sudor y ni una lágrima. Lo inimaginable es la bestialidad de las ocurrencias del esclavismo.

 

Bajo la influencia de la esclavitud hasta alguien con "cualidades celestiales", como recuerda Douglass, se transformaba en un bárbaro violento: "El corazón más tierno se volvía duro como la piedra y la mansedumbre dejaba paso a una furia de tigre". El esclavista, tras los numerosos amos ante los que tuvo que arrodillarse el líder abolicionista, usa las palabras con moderación y con generosidad el látigo, es lo suficientemente cruel como para infligir los castigos más severos, lo suficientemente astuto como para utilizar los más bajos engaños, tan inflexible que carece de conciencia reprobatoria, tan serio que no tolera bromas, que no ríe y sólo habla para ordenar, es colérico e incapaz de controlar sus nervios. El esclavista ve con los ojos del temor y la amenaza.

 

Un género propio

 

En España todavía no ha desembarcado la narrativa esclavista, calificada como el primer género literario específicamente norteamericano, pero varias docenas de narraciones de este tipo aparecieron antes de que viera la luz la autobiografía de Douglass durante el periodo en el que la esclavitud fue legal en EEUU. En ellas, tal y como cuenta Angela Davis en el prólogo de esta primera edición en castellano de Vida de un esclavo americano escrita por él mismo, los abolicionistas conocían bien el efecto que causaban en el público las descripciones de la violencia contra mujeres.

 

Douglass tiene varias de esas realmente crueles. Una de ellas es el apaleamiento de la tía Hester al comienzo del libro. "A menudo me despertaban al amanecer los gritos estremecedores de una tía mía, a la que el capataz solía atar a una viga y azotaba su espalda desnuda hasta que se cubría literalmente de sangre", se lee en uno de los recuerdos del escritor cuando tenía menos de diez años.

 

A esa edad su comida consistía en una basta harina de trigo hervida. "A esa cosa se la llamaba gachas. La traían en grandes bandejas o en pesebres y lo servían sobre el suelo. Entonces llamaban a los niños, como si se tratara de una piara de cerdos, y como una piara de cerdos íbamos y devorábamos las gachas, ayudándonos unos de conchas de ostra, otros de tablillas y otros a manos desnudas, pero ninguno con cuchara. El que comía más rápido comía más, y el que fuera más fuerte se aseguraba el mejor sitio, pero eran pocos los que quedaban satisfechos con el pesebre de comida", escribe Douglass sobre su memoria infantil.

 

Leer para ser libre

 

Antes de que la mujer de uno de sus señores terminara maltratándolo le inició en la lectura. Él cuenta que se juntaba con niños blancos para seguir su aprendizaje, que completaba con los carteles de la calle. Más tarde montaría una pequeña escuela clandestina para compañeros. La lectura iba haciéndole "cada vez más humano", devolviéndole la fe en la huida hacia la libertad. Cuando en 1838 llega disfrazado de marinero y con sus papeles de libertad falsos a Nueva York se convierte en un hombre libre.

 

A los tres años de su libertad da su primera conferencia y un artículo de 1850 del diario Liberator, el periódico abolicionista más importante de la época, publica una crónica en la que Douglass ya muestra sus dotes que le convertirían en el primer gran orador afroamericano. "Muchas personas del público parecían incapaces de dar crédito a las afirmaciones que hacía sobre sí mismo y no se creían que realmente hubiera sido un esclavo. No podían concebir cómo un hombre, sólo seis años después de conseguir la libertad y que no había ido a la escuela en toda su vida, pudiese hablar con tanta elocuencia, con un lenguaje tan preciso y un pensamiento tan poderoso", contaba el texto.

 

Frederick prefirió la muerte a la esclavitud, no tenía nada, no sabía cuándo había nacido, ni cuál era su apellido. Eligió Douglass por el protagonista de La dama del lago, poema de Walter Scott publicado en 1810, cuya influencia, paradójicamente, también llegó a los antagonistas del abolicionista: el Ku Klux Klan toma su costumbre de incendiar cruces de un pasaje del mismo poema de Scott.

 

Su vida como hombre libre empezó el 3 de septiembre de 1838 y terminó ayudando como consejero a Abraham Lincoln durante la Guerra Civil, y luchando por las medidas constitucionales que garantizaron el derecho al voto y otras libertades civiles para los negros. Fue una voz poderosa de los derechos humanos hasta que en 1865 vio cómo la esclavitud quedó abolida en todo el territorio de EEUU.

 

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La Iglesia cabalga de nuevo

PEDRO LÓPEZ LÓPEZ

Fiel a su inveterada lógica smittiana amigo/enemigo, la Iglesia católica no ha podido ni siquiera dejar pasar unos días para atacar furibundamente al premio Nobel José Saramago, uno de los intelectuales más lúcidos, honestos y consecuentes de las últimas décadas. En su enfermiza inquina contra los que no comparten sus creencias, la Iglesia carga contra cualquiera que cuestione sus postulados, y más aún si recurre al humor para ello. El alucinante caso de la fianza de 192.000 euros impuesta al cantante Javier Krahe a partir de una querella fundamentada en el artículo 525 del Código Penal (CP), que castiga a quienes ofendan “los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa”, colma el vaso de la paciencia de los que no compartimos los sentimientos católicos. Dicho artículo dice literalmente:


1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a 12 meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.
2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.


El buen o mal gusto del corto elaborado por Krahe en 1978 (ya aquí empieza uno a alucinar: este delito no prescribe, mientras que el genocidio franquista parece ser, para este sector ideológico, que está más que prescrito, tratándose de crímenes contra la humanidad que el derecho internacional define como imprescriptibles… pero, bueno, pelillos a la mar) no parece que sea materia de delito. Si lo fuera, habría que despedirse del humor, que forma parte de la legítima crítica que se ampara bajo la libertad de expresión. Así que vamos a reflexionar sobre cómo es que aquí la Iglesia ve un delito tan grave, mientras que no lo hay ante las graves ofensas que continuamente, y sin el más mínimo sentido del humor, profiere contra laicos y ateos. El punto 2 del artículo 525 del CP parece establecer que tan punible es la ofensa a quien profesa una religión como a quien no profesa ninguna. ¿Por qué la Iglesia está blindada con la impunidad y se cree con derecho a ofender continuamente a los que no tienen creencias religiosas?
El artículo 20.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, uno de los tratados con más fuerza jurídica del Derecho internacional de los derechos humanos, dice: “Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”. Como no sabemos si España camina con paso firme hacia la autarquía jurídica, dada la feroz persecución del juez Garzón por su intención de investigar los crímenes del franquismo de acuerdo al Derecho internacional de derechos humanos –a lo que nos obliga la propia Constitución española–, tampoco podemos saber cuánto va a durar la impunidad de las autoridades católicas para ofender a los que no tenemos creencias religiosas. Pero el caso es que no es difícil encontrar declaraciones de miembros de la jerarquía católica ofendiendo gravemente los sentimientos de los defensores del laicismo, que los tienen en no menor medida que los católicos.


Pero, como acudir al Derecho internacional se ha vuelto tan espinoso, miremos qué dice el art. 515 de nuestro CP: “Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración: […] 5º. Las que promuevan la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros o de alguno de ellos a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, o inciten a ello”. Es difícil, leyendo este artículo, olvidar las barbaridades que hemos oído a altos representantes de la Iglesia sobre lo que es para ellos el laicismo y el ateísmo, en lo que se han extendido largamente en relación con el, llamémosle, debate sobre el área de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.


En 2008, el cardenal Rouco Varela relacionaba el laicismo con el nazismo. En 2006, el cardenal Cañizares tachaba la Educación para la Ciudadanía de “amenaza social”. La campaña contra el laicismo “radical”, un concepto artificial para demonizar al laicismo y presentarlo como antirreligioso, ha utilizado todo tipo de artimañas retóricas para apartar a los creyentes de la verdadera idea del laicismo, que lo único que defiende es la ausencia de coacción para creer o no creer, es decir, la libertad religiosa para que nadie se sienta perseguido. Ello acompañado de la idea de que los poderes públicos deben ser neutrales en materia religiosa. Hablar de “ofensiva laicista” o de “expulsar a Dios de la sociedad” son expresiones manipuladoras dirigidas a alimentar la hostilidad hacia una corriente de pensamiento que no tiene nada en contra de la religión, sino que, por el contrario, defiende el respeto hacia todas las creencias religiosas, así como a la falta de ellas. Entre estos excesos verbales nada inocentes hemos oído que el laicismo y la Educación para la Ciudadanía (de inspiración laica) significan la disolución de los valores morales, la colaboración con el Mal, la destrucción de España… ¿No es esto promover el odio ideológico o por razones de creencia? ¿Acaso los principios morales de una persona laica o atea no son tan elevados como los de una persona religiosa? ¿Por qué se deja que estos señores, que deberían ser tan piadosos según sus valores, sigan fomentando el odio hacia quienes no comparten sus creencias?


Después del espectáculo que España está dando respecto a la posible investigación de los crímenes del franquismo, con casos como este que ahora surge, a la Justicia española le va a costar explicarse ante el resto del mundo civilizado.

Pedro López López es sociólogo. Profesor titular de la Universidad Complutense

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Laicismo radical

En los últimos años, y quizás con mayor intensidad en los últimos meses, circula entre los ámbitos eclesiales una expresión absolutamente errónea y distorsionada que parece pretender desprestigiar la postura de muchos ciudadanos que defendemos la libertad de conciencia y el librepensamiento como eje medular y articulador de cualquier sistema democrático. Me refiero a la expresión “laicismo radical”.

 

El Arzobispo de Valencia, por ejemplo, afirmó en diciembre de 2007 que “el laicismo radical conduce al fin de la democracia”. En febrero de 2008 el Cardenal Cañizares manifestaba en una entrevista que “el laicismo radical, al ser intolerante, se convierte en una amenaza para la paz”. En enero de 2009, el Cardenal Rouco Varela expresaba, en los mismos términos, que “el laicismo radical acabó en el nazismo”. Acusado el actual Presidente del Gobierno de plantear reformas laicistas “radicales” -a pesar de mantener intactos, e incluso acrecentar, los ingentes privilegios de la Iglesia en España-, está en el punto de mira y bajo presión de la alta curia eclesiástica.



Decir que el laicismo es radical es de una incoherencia verbal, semántica e ideológica aplastante, y de nuevo muestra la tendencia de los ámbitos religiosos a utilizar el lenguaje como herramienta de manipulación, y a asociar a conceptos de significado muy claro calificativos que pervierten su significado. El laicismo nunca puede ser radical. Laicismo es, en esencia, respeto. Es respeto a las creencias de toda la ciudadanía, es respeto al derecho intrínseco de cada persona a pensar según sus propios criterios, es respeto a todo posicionamiento religioso o espiritual que no vulnere los derechos ajenos. Y el respeto no puede ser radical, como sí lo puede ser, y de hecho lo es, el irrespeto.



Quizás se trate de una distorsión mental producida por observar en los otros las posturas propias. Porque sí se puede calificar como radical cualquier actitud de imposición a los otros de las propias creencias y postulados, y en esto las religiones son muy expertas. ¡Y de qué manera! Ninguna persona laicista pretende imponer sus ideas al resto de los ciudadanos. Simplemente aspira a que la religiosidad de los ciudadanos no vulnere la asepsia ideológica a la que están obligadas las instituciones, y a que todos, profesemos la religión que profesemos o no profesemos ninguna, tengamos cabida, en igualdad de condiciones, en la sociedad plural y tolerante que es propia de toda democracia.



El laicismo defiende pura y simplemente la separación entre las instituciones del Estado y las iglesias u organizaciones religiosas; el laicismo garantiza la libertad de conciencia, que en España está contemplada en la Constitución, y avala el cumplimiento del respeto a la libertad de pensamiento y a la libre elección de la moral privada de cada ciudadano. Por lo tanto, el laicismo no impone, pero sí defiende los derechos ciudadanos ante la imposición. Si eso es ser radical, que me cuenten lo que es, por ejemplo, la supuesta condena, por no seguir su ideario, al fuego y al castigo eterno.



El laicismo es tolerancia, el laicismo garantiza la hermandad y la concordia. El laicismo nada tuvo que ver con el nazismo, sino todo lo contrario, y el laicismo no sólo no conduce al fin de ninguna democracia, sino que, justamente, ninguna democracia es tal si no es laica, si no respeta la libertad de creencias de la ciudadanía. Cuando se habla de libertades, es curioso como a veces ni se menciona la libertad más esencial y profunda que consagra el resto de todas ellas: la libertad de cada ser humano a pensar por sí mismo.



Les recomendaría a las personas empeñadas en desacreditar el laicismo que se leyeran con atención los derechos fundamentales contemplados en los acuerdos internacionales que, como la Carta Magna de los Derechos Humanos, pretenden salvaguardar a los ciudadanos del mundo de cualquier modo de explotación o tiranía; esos mismos derechos que algunos no respetan ni quieren respetar en absoluto.



Y como epílogo a este pequeño aserto en defensa del sano pluralismo que otorga la libertad de conciencia, tomo prestadas unas palabras que pronunció Joan Manuel Serrat en su discurso magistral cuando fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense. Palabras que, lejos de aspirar a manipular conciencias de nadie, son ejemplo vivo del uso más decente y excelso del lenguaje. Son palabras que al poeta le salieron del alma como expresión de su verdad, una verdad pura, limpia, humana, profunda y sin distorsiones: “El hombre, al defender los valores democráticos, al enfrentarse a la discriminación y a la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural, no hace otra cosa que actuar en defensa propia”.

Coral Bravo es Doctora en Filología y miembro de Europa Laica

elplural.com/opinion

EUROPA CONTA EUROPA. CON LOS NEOLIBERALES LA C.E. NO SALDRÁ DE LA CRISIS

En los pasados días ha habido una especulación contra la economía española, esto no es lo más grave si no lo que se ha sabido últimamente.
 
Los especuladores han montado una campaña criticando falsamente o exagerando la grave crisis en la que se encuentra España por causa de la deuda pública, esto hizo que España tenga que pagar ahora más de intereses por dicha deuda.
 
Lo curioso es que se ha descubierto que esta campaña ha salido del Gobierno Alemán y el colmo es que a quienes debe la mayor parte de la deuda España es a los bancos alemanes. Con esto lo que ha hecho el Gobierno Alemán es que la deuda de España aumente al subirle los intereses con el fin de que los bancos alemanes ganen más dinero.
 
Con esto nos han hecho ver a los ciudadanos que hay gobiernos europeos que lo que les interesa por encima de todo es ayudar a los especuladores para que sigan ganando el máximo dinero posible aunque sea a costa de hundir la economía de algunos países.
 
Si nos dicen que Europa esta unida contra la crisis y luego vemos que los hechos nos dicen lo contrario y que algunos gobiernos están más interesados en hacer una política neoliberal para que los más poderosos económicamente ganen más aunque sea a costa de los presupuestos de los ciudadanos a pesar de la grave crisis económica que ellos mismos han creado, nos están demostrando que lo que nos dicen es una simple falacia, con la consecuencia de que se tarde en salir de la crisis más de los debido.
 
Cuando un gobierno de una nación actúa contra otra de la Comunidad Europea quiere decir que en Europa no hay unidad contra la crisis y que en algunos gobiernos hacen prevalecer los intereses particulares.
 
Pero aun peor es que estos gobiernos son los que nos dan las recetas contra la crisis. Si utilizan la hipocresía pensando que los ciudadanos somos ignorantes se equivocan.

Fdo. Hilario Blanco Gómez

Carrillo alerta de que una huelga general puede sentar a Rajoy en La Moncloa para -liquidar el Estado de bienestar-

El que fuera líder de los comunistas españoles, Santiago Carrillo, publica esta semana un lúcido análisis en la revista El Siglo sobre los riesgos de una huelga general si ésta pone en el punto de mira al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Carrillo propone “elevar la puntería” hacia los verdaderos culpables de la crisis ya que una movilización general contra el Ejecutivo socialista “no sería una respuesta de clase” si con ello se precipitan “unas nuevas elecciones generales para que Rajoy llegue al Gobierno con mayoría absoluta o con el apoyo de CiU”.

 

 

 

Carrillo señala que “Zapatero está aplicando las medidas que imponen a Europa los verdaderos dirigentes de la política mundial”, esto es: “el mercado, el sistema financiero global que desató la crisis y ahora sigue especulando”.

 

 

 

Liquidar el Estado de bienestar
El ex dirigente comunista no sólo señala a los culpables, sino que señala que “Rajoy se identifica plenamente” con ellos y con su rumbo, que no es otro que “la liquidación del Estado de bienestar”. Por ello, Carrillo defiende que sería un error convocar una huelga general contra el actual Gobierno si ello concluye en un adelanto electoral “para que Rajoy llegue al Gobierno con mayoría absoluta o con el apoyo de CiU”.

 

 

 

Movilizaciones in crescendo
Sí defiende Carrillo que empiecen las movilizaciones y espera incluso que vayan “in crescendo”, pero exige que este movimiento levante “la vista hacia los verdaderos responsables, proponiéndose desde ya la transformación del sistema financiero en un servicio público gestionado por los Estados y los organismo supranacionales convenidos por éstos”. Y añade: “Y con este objetivo, la defensa a ultranza del Estado de bienestar”.

 

 

 

La nacionalización de la banca
Carrillo viene, en definitiva, a pedir la nacionalización de la banca. Una medida que se hace más comprensible por la crisis mundial y “accesible a amplias clases sociales”. “Los empresarios de la Industria y el Comercia, la Agricultura y los Servicios (…) recibirían la financiación de un sistema estatal que obrara con arreglo al interés general”, añade.

 

 

 

El ejemplo de Miterrand
Sin embargo, Carrillo no esconde las dificultades con las que se encontraría esta medida, y para ello pone el ejemplo del Gobierno de unidad presidido por Miterrand en Francia, que decidió nacionalizar la banca. Durante una vista a España, el presidente de la República le explicó al dirigente comunista que “habían tenido que dar marcha atrás porque el sistema financiero mundial les había forzado”. “La cuestión es que una medida así es posible a condición de que los principales Gobiernos del globo se pusieran de acuerdo para aplicarla”, concluye Carrillo.

 

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NO ES SOLO LA ECONOMÍA, ES LA DEMOCRACIA

Juan Torres López*· 
 
Muchos critican algunas medidas que reclama Mariano Rajoy para reducir el gasto público, como reducir la subvención a los sindicatos, los gastos electorales o ministerios, porque son "el chocolate del loro".
 
Pero son mucho más que eso. No las propone porque crea que de esa manera se va a reducir sustancialmente el déficit. Lo hace como parte de una estrategia bien calculada de debilitar la acción pública y todo aquello que refuerza la capacidad de respuesta y defensa de los trabajadores y de la ciudadanía en general.
 
Por eso centran también la reforma laboral en el debilitamiento de la negociación colectiva. Ni siquiera buscan más beneficios, que podrían obtenerlos con más actividad y con mayor empleo, sino más poder.
 
Por eso lo que verdaderamente está en juego con la respuesta que los especuladores están logrando imponer a la crisis que ellos mismos han provocado es la democracia y la posibilidad de que los poderes representativos se enfrenten con garantías a los del mercado.
 
Los grandes financieros y los poderes económicos han conseguido vencer a los gobiernos y están logrando que éstos no solo no adopten ni una sola de las medidas reformadoras que habían previsto sino que, además, lleven a cabo programas de ajuste que, si no se frenan, van a suponer una nueva derrota histórica de las clases trabajadoras.
 
El procedimiento ha sido sibilino, casi diabólico. Los gobiernos tuvieron que dedicar billones de euros a salvar a los bancos para evitar que su quiebra hiciera saltar por los aires el sistema financiero internacional y a programas de apoyo a la actividad para que las economías no colapsaran. El resultado inevitable fue, o un incremento ingente de la creación de dinero en Estados Unidos y Reino Unido, o de la deuda pública.
 
Pero años atrás los bancos privados lograron establecer el criterio de que los bancos centrales no pueden financiar a los gobiernos. Era la manera de garantizarse para ellos el gran negocio de la deuda pública cuando se produjera y al mismo lograr que ésta fuera sustituida paulatinamente por la privada, mucho menos controlada y más rentable para la banca.
 
Así, cuando los gobiernos han incurrido en déficit para hacer frente a la crisis que los bancos provocaron resultaba que eran esos mismos bancos quienes podían financiarlos para que dispusieran de recursos suficientes.
 
Se ha generado un negocio redondo en lo financiero y en lo político.
 
Por un lado, los bancos privados han estado recibiendo dinero barato, al 1% más o menos, de los bancos centrales con el objetivo de que pudieran volver a financiar enseguida a las empresas y familias. Pero en lugar de ello, los bancos dedican ese dinero a suscribir la deuda de los gobiernos que se emite al 4 o 5% o a seguir especulando.
 
Y no solo eso. Buscando siempre ganar mucho más, los bancos y los grandes fondos especulativos enseguida comenzaron a manifestar que algunos gobiernos (contra los que se disponían a tomar posiciones especulativas) no iban a poder pagar la deuda, o incluso a lanzar rumores sin fundamento simplemente para hacer creer que su situación era mucho peor que la real. Y así obligaban a que subiera el interés al que los gobiernos debían emitir la deuda, alcanzado a veces, como en el caso griego, incluso el 10%.
 
De esa forma los bancos están obteniendo beneficios multimillonarios, pero no solo eso.
 
Puesto que ahora disponen de una situación de privilegio frente a los gobiernos, porque éstos deben recurrir necesariamente a ellos para obtener recursos, les pueden imponer condiciones políticas draconianas.
 
Ese es el origen de los planes de ajuste que los gobiernos que han cedido a estos chantajes están aplicando y que van buscando, sobre todo, disminuir la capacidad de respuesta de los trabajadores.
 
Si de verdad se quisiera dinamizar la actividad económica y el empleo no se frenaría la demanda, ni se permitiría que el dinero de los bancos vaya a otro sitio que no sean las empresas y familias. Si verdaderamente se quisiera crear condiciones para cobrar la deuda en el futuro no se debilitaría la capacidad potencial de crecimiento de las economías.
 
De hecho, si no fuera porque en realidad es dramático se podría calificar de cómico el modo de actuar de las agencias de rating que se usan para llevar a cabo esta extorsión a los gobiernos. Primero dicen que van a bajar la calificación si éstos no aplican el ajuste porque entonces "los mercados" no confiarán en su deuda pública y deberán emitirla más cara. Pero cuando aplican el ajuste, las mismas agencias, como ha pasado en España con Fitch, rebajan la calificación porque dicen que se reduje la expectativa de crecimiento.... ¡como consecuencia de la aplicación del ajuste!
 
Lo que hay detrás de todo ello está bastante claro por mucho que quieran disimularlo. Los bancos y los grandes especuladores no quieren que se cambie ni una coma de las condiciones de plena libertad en las que actúan en los mercados internacionales. Lo de imponer algún impuesto en algún lugar concreto es lo de menos. Lo importante es la libertad de movimientos y eso es lo que quieren mantener. Pero saben perfectamente que en esas condiciones las crisis se van a hacer cada vez más reiteradas y fuertes y por eso tratan de evitar que haya vías de respuesta social. Lo que les podría incomodar en el futuro es que haya poderes representativos a través de los que la ciudadanía pudiera hacer frente y responder a lo que está por venir y que no es otra cosa que un continuo desorden financiero y una pérdida de estabilidad y de bienestar.
 
No nos engañemos. No hay razones de fondo, ni científicas ni siquiera para aumentar los beneficios empresariales que justifiquen la reducción del gasto público (que en su gran mayoría y directa o indirectamente termina yendo a las cuentas de las empresas), la reforma laboral que se prepara, la privatización de servicios o de las pensiones. Solo se busca privilegiar la capacidad de acción de las grandes empresas y de los financieros. Buscan ganar más, como siempre, pero ahora necesitan hacerlo sin trabas políticas porque para incrementar sus beneficios van a tener que hacer cada vez más barbaridades y destrozar de modo más evidente la economía, el medio ambiente y la justicia social. Lo que está en juego, pues, no es solo una cuestión salarial, ni un tijeretazo más o menos grandes a los gastos de Estado. Lo que peligra es la democracia y la libertad.
 
*Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla.
06/06/10

CARTA DE LA MADRE DE DAVID SEGARRA

Al embajador de Israel en España


Sr. Schutz:

 

 

Soy la madre de David Segarra Soler. Son las cinco de la madrugada del día 2 de Junio. Amanece en Valencia y acabo de enterarme de la liberación de todo los secuestrados en territorio israelí, entre ellos, mi hijo.

 

 

Debo confesarle que en estos momentos no siento ningún odio ni hacia usted ni hacia el Estado que representa, pero no por un motivo altruista, ni noble, ni religioso, sino por puro egoísmo : el odio destruye. Y un buen ejemplo de ello lo está dando su país al mundo. Nacido del sentimiento de culpabilidad colectiva de una Europa cobarde que no supo defender a sus ciudadanos judíos de otro odio monstruoso y autodestructivo, el odio nazi, parece como si la Historia no les hubiera enseñado nada.

 

 

Están repitiendo las mismas pautas de odio, de muerte, de deshumanización del contrario, de ocupación de territorios, de construcción de muros y alambradas, de soberbia racial… sólo que ahora las víctimas ya no llevan una estrella cosida a la ropa, ni el ghetto está en Varsovia. Está en Gaza y Cisjordania.

 

 

No quiero contarle el infierno personal por el que he transitado éstos días. Sería ridículo al lado del continuo y diario dolor de las madres palestinas.

 

 

Yo soy una afortunada, mi hijo David vuelve de la masacre del “Mavi Marmara” sano y salvo.

 


Ustedes le habrán podido destrozar su única arma letal: la cámara de video. Pero lo que en su ciego odio olvidan es que los seres humanos tienen ojos, oídos, boca y memoria para contarle al mundo todo el horror del que fueron testigos.

 

 

Y contra eso, Señor Schutz, toda su poderosa propaganda no puede hacer nada.

 

 

Me despido de usted sin más, y en el momento más emocionante de mi vida le expreso a Vd. como representante de Israel en mi país, mi más profunda lástima. Tanta lástima como es inmensa la admiración por mi hijo, a quien ustedes, con toda su maquinaria de terror, no han podido doblegar. Igual que jamás conseguirán doblegar el espíritu del Pueblo Palestino.

 

Firmado:
Cristina Soler Crespo
Valencia, 2 de Junio del 2010

Que Zapatero sea malo no les hace a ustedes buenos

……………………….

 

¿Ha estado a la altura de las circunstancias en esa lucha contra la crisis la Junta de Castilla y León? Cada cual tendrá su opinión, la mía es que su actuación ha dejado y sigue dejando bastante que desear. Si bien es cierto que presentó muy pronto (mayo 2008) un primer paquete de medidas que nunca se han llegado a evaluar, la sensación transmitida es que el gobierno de Herrera ha venido contemplando la crisis como un problema ajeno, cuya responsabilidad concernía exclusivamente al gobierno central. Una actitud contemporizadora sin asumir nunca un compromiso decidido para afrontar sus consecuencias en la Comunidad.

Se han acompañado las medidas de estímulo a la economía impulsadas desde Madrid y se han ido asumiendo otras a iniciativa del Consejo del Dialogo Social. Pero en ningún momento se ha planteado desde la Junta una verdadera Estrategia regional contra la crisis que implicara, no solo a los agentes económicos y sociales, sino también a los Ayuntamientos y Diputaciones, como se ha hecho en Castilla-La Mancha. Aquí, en lo único que se ha volcado la Junta ha sido en el asunto de las Cajas de Ahorro y con unos resultados que a la vista están.

 

 

 

La Junta no se ha preocupado de verdad por la crisis hasta que no le ha afectado directamente a ella misma, es decir, a sus propias arcas, y eso ha ocurrido a comienzos de este año, al comprobar la imposibilidad manifiesta de allegar todos los ingresos presupuestados. Muchas semanas antes de que sobreviniera el “tijeretazo” de Zapatero la Junta había comenzado a aplicar un particular plan de ajuste cuyo contenido en ningún momento se ha dado a conocer.

 

 

Ese recorte generalizado de las subvenciones en un 10 por ciento -anunciado el pasado lunes tras un insólito Consejo de Gobierno extraordinario que no tomó ninguna otra decisión- se estaba aplicando hace tiempo de forma discrecional. También se había metido la tijera en el ya reducido capitulo de inversiones y en algunas partidas de gasto corriente, entre las que no se incluye ni el organigrama de altos cargos ni la estructura de empresas publicas, entes, fundaciones y demás organismos cuyas funciones se solapan en muchos casos con las de las correspondientes Consejerías.

 

Mientras la oferta pública de empleo se ha reducido de 2.799 a 1.462 plazas, el centenar de altos cargos con que la Junta comenzó esta Legislatura permanece intacto, sin que el presidente Herrera se dé por aludido ante ejemplos como el de Castilla y La Mancha, donde el número de Consejerías ha pasado de 14 a 7. Un presidente que se hacia la foto hace poco rodeado de decenas de alcaldes en la firma de un plan de empleo dotado con la “friolera” de 18 millones a repartir entre 271 municipios, cuando termina mayo sin haber puesto en marcha el Plan de Convergencia Interior (150 millones) a que obliga el Estatuto de Autonomía.

http://blogs.nortecastilla.es/pedrovicente/posts

COMO SALIR DE LA CRISIS

COMO SALIR DE LA CRISIS

Por: HILARIO BLANCO GÓMEZ
El neoliberalismo nos decía que cuanto más grandes fueran y más ganaran las grandes empresas mejor viviríamos, que habría más riqueza, menos paro y un bienestar cada vez mejor. Sin embargo ha sucedido todo lo contrario, las empresas durante estos pasados años han ganado mucho dinero, mientras los ciudadanos se han endeudado hasta el punto que ya no pudieron pagar las deudas y todo se ha venido abajo por causa de los especuladores y sus siervos los “sabios” que nos decían que íbamos por buen camino cuando nos estaban llevando por un precipicio con una caída mortal.
Se han unificado empresas y las más grandes han absorbido a las más pequeñas para subir los precios y arruinar las economías familiares y de los países en los que tenían influencia.

Cuanto más se promueva el endeudamiento de los ciudadanos más se enriquecen los prestamistas, que es lo que se ha estado haciendo, a esto se le llamó crecimiento.
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izquierdasocialistadelugo.blogspot.com

AUTO DE FE ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO

JOAN E. GARCÉS*


Un psiquiatra me señala este párrafo del auto del juez Varela de 3 de febrero de 2010: "No es razonable pensar que nos encontráramos ante una especie de conspiración de silencio [ante los crímenes del Movimiento Nacional] de la que serían protagonistas todos quienes le precedieron en el escalafón judicial y en el del Ministerio Fiscal" (página 51). Alude a que los actos de naturaleza genocida contra republicanos españoles nunca han sido investigados por los fiscales y jueces que juraron lealtad a los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, entre ellos el señor Varela.
Asistimos a un auto con el sofisma de que la Ley 46/1977, que amnistía los delitos de "intencionalidad política", prohibiría investigar los de naturaleza genocida impunes, cuando la propia ley se subordina a sí misma a "las normas y convenios internacionales vigentes en la actualidad". Entre estos se hallaban cuando se aprobó la ley el que sanciona el genocidio. También el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), aplicado por el Tribunal Supremo a la ley de amnistía (sentencias de 18 de mayo y 7 de abril de 1979). Como ambos convenios no admiten la excepción de "intencionalidad política" en el genocidio, la ley 46/1977 lo excluye de su objeto.


En el auto de Varela arde asimismo la doctrina vigente del Tribunal Supremo (sentencias de 13-06-1994, de 24-02-1983, de 15-06-1983) y del Tribunal Constitucional en pleno (sentencias de 9-06-1986 y 3-12-1993), que interpretan la Ley 46/1977 integrándola con el decreto-ley 10/1976, de amnistía. Éste afirma: "(...) Al dirigirse España a una plena normalidad democrática, ha llegado el momento de ultimar este proceso con el olvido de cualquier legado discriminatorio del pasado en la plena convivencia fraterna de los españoles".


¿Se amnistiaba el genocidio? No, respondía el fiscal general del Reino en su circular de 13-08-1976, la amnistía no incluía los delitos "que por su carácter atroz no pueden ni deben ser dados al olvido". No cabe "presumir la intencionalidad política" cuando "la excluya la naturaleza específica de la infracción", caso típico del genocidio. En la circular de 20-10-1977, sobre aplicación de la Ley 46/1977, la fiscalía reitera que el ámbito objetivo de dichos delitos debe seguir los criterios fijados en la anterior circular. La Sala Penal del Tribunal Supremo no ha pronunciado sentencia alguna con una interpretación distinta de la Ley 46/1977. Así que el auto de fe en curso trata de crear otra doctrina mientras apiña leña a la hoguera.


En este auto se proclaman sofismas como que la Ley 46/1977 no admitiría interpretaciones judiciales distintas a las del inquisidor. En propiedad, como dijoal votar esta ley el diputado aragonés Gómez de Las Roces, "estamos ante un texto legal lleno de imprecisiones jurídicas. Me basta remitirme al artículo primero de este no estudiado proyecto de ley. Sencillamente, entiendo que carece de los más elementales requisitos de toda tipificación penal, (...) estamos trasladando a los tribunales de Justicia una competencia que es de las Cámaras, o es del Gobierno, pero en modo alguno de los tribunales de Justicia, la de crear la norma".


En efecto, al no establecer esta ley un criterio para determinar los delitos de intencionalidad política -no los definía el Código Penal, el de Justicia Militar ni el de la Marina de Guerra- son los jueces de instrucción quienes, en primer lugar, deberán investigar y calificar la naturaleza del hecho denunciado. Así lo ordena la ley: "La aplicación de la amnistía, en cada caso, corresponderá con exclusividad a los jueces, tribunales y autoridades judiciales correspondientes", y "de acuerdo con las leyes procesales en vigor", lo que en el actual Estado de derecho obliga al juez instructor a aplicar los convenios internacionales (artículo 10.2 de la Constitución). Que es lo que ha hecho el juez Garzón en las resoluciones de 2008 por las que le acusan defensores del Movimiento Nacional.


El auto no sólo lleva a la hoguera la doctrina vigente del Tribunal Constitucional (sentencia de 3-12-1993), del Tribunal Supremo (sentencias de. 18-05-1979, 7-04-1979), sino también las memorias de los ministros que participaron en la preparación de la amnistía (Herrero de Miñón, 1999; Alfonso Osorio, 1980), a saber que la finalidad primera de la ley era amnistiar a quienes sufrían entonces cárcel, exilio y otras sanciones por resistir al Movimiento Nacional.


Recordaremos que en la sesión de las Cortes que aprobó la ley de amnistía, la única intervención aplaudida por una Cámara puesta en pie fue la del senador monárquico Satrústegui, tras lamentar que los militares leales a la legalidad republicana no fueran amnistiados con igual amplitud que los que se sublevaron contra el Gobierno constitucional. Al tiempo que el grupo más identificado con el Movimiento Nacional, el presidido por Fraga, no aprobó la amnistía "porque una democracia responsable no puede estar amnistiando continuamente a sus propios destructores" (diputado Carro), entre los que no incluía, claro está, a los alzados en armas contra la Constitución republicana.


En el auto arde asimismo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), cuya doctrina es obligatoria para España y que declara conforme con el principio de legalidad penal aplicar la ley vigente en el momento del acto delictivo pero interpretada según los principios del actual Estado de derecho (sentencias Jorgic; Kolk y Kislyiy), que no son amnistiables los delitos de lesa humanidad (sentencia Ould Dah) y que la investigación y sanción actual de actos genocidas cometidos hace 70 años no es aplicación retroactiva de la ley penal.


Arde también la doctrina de la Corte Internacional de Justicia, que en el caso sobre la aplicación del convenio contra el genocidio, de 26-02-2007, determina la noción de grupo protegido según el método positivo, diferenciando el grupo en virtud de lo que los propios autores del crimen consideran características propias (párrafo 196). Y la jurisprudencia de los Tribunales Internacionales para la ex Yugoslavia (sentencia Jelisic; Krstic) y para Ruanda (sentencias Akayesu; Kayishema; Rutanga; Musema; Bagilishema), que admiten integrar en el delito de genocidio la acción de un Gobierno para exterminar físicamente a un grupo nacional opositor a su ideología o a su proyecto. El fuego consume también la doctrina del Supremo español que define el "grupo", en el marco del mismo convenio, como "un número relevante de personas relacionadas entre sí por características que las diferencia de los demás miembros de la población" (sentencia de 1-10-2007), y el voto particular del juez Joaquín Giménez, según el cual "grupo nacional incluye el exterminio de los grupos políticos de la misma nacionalidad" y "carece de sentido excluir del genocidio la política de exterminio ejecutada contra un subgrupo nacional por razones políticas cuando, por el contrario, la muerte o la práctica de cualquiera de las conductas que integran el crimen de lesa humanidad dirigidas por un grupo contra otro de la población civil, o parte de ella, son considerados tales crímenes".


Este auto de fe daña la convivencia en libertad y democracia. En vez de asentarla en la aplicación efectiva de leyes democráticas imperativas, la hoguera corporativista arroja a unos españoles contra otros en la inocultable, hiriente y discriminatoria impunidad de las mayores fosas comunes de Europa occidental, del secuestro de más de 30.000 niños de familias republicanas y su traslado por la fuerza al grupo del Movimiento Nacional, cuya identidad sigue cambiada; de la desaparición de más de 115.000 personas; de la ejecución de más de 300.000; del sometimiento intencional de decenas de miles a trabajos de esclavo; de la detención y tortura sistemática y generalizada; del desplazamiento de centenares de miles al exilio, negándoles la nacionalidad, con lo que decenas de miles de ellos fueron llevados a campos de exterminio nazis, etcétera.


Como se advierte en el extranjero, este auto de fe es un peligro para el orden público internacional, que se asienta sobre la derrota de los principios de la coalición nazi-fascista y el desarrollo de los reconocidos en el estatuto y la sentencia del tribunal que, en Nüremberg juzgó en 1946 a los principales responsables del régimen que ayudó a instalar en España el Movimiento Nacional. Bastará recordar que la Unión Europea considera incompatible con sus fundamentos ocultar el genocidio de los armenios en la Turquía de 1915-1918, y que en la Europa Central y del Este los tribunales aplican hoy la doctrina del TEDH a la investigación de delitos de lesa humanidad cometidos antes y después de 1939.


Tiene motivos la opinión pública para movilizarse contra este ataque a principios de una sociedad democrática.

 


*Joan E. Garcés es sociólogo y jurista.
El País. 18/05/2010

CRECIMIENTO ECONOMICO VERSUS REFORMAS ESTRUCTURALES

Francisco Parra Rodriguez

Doctor Economía UNED

Miembro de Izquierda Socialista

 

En estos tiempos tan locos en donde todo aparece confuso y se castiga una política económica  y la contraria, lo sensato sería poner orden en el debate y así ayudar a quienes tienen que tomar una decisión a diferenciar los efectos de unas medidas de otras, pero como ocurre en el popular tango argentino “¡Todo es igual!, ¡Nada es mejor!”,  la ciencia económica no cabe duda que vive “revolcada en un merengue” y que lo “mismo da un burro que un gran profesor”.

 

Antes de ayer el FMI nos dio un recetario para salir de la crisis patria que se resume en tres puntos:

-        Reforma laboral

-        Reforma financiera

-        Reforma del sector público

Ayer el economista jefe de dicho organismo, Olivier Blanchard, aseguró que adoptar un excesivo celo por la austeridad podría “limitar el impacto de la consolidación fiscal en curso sobre el crecimiento a corto plazo de sus economías”. ¿En que quedamos?

 

Nadie duda de la necesidad de las reformas que propone el FMI para la economía española, pero en política económica el plazo de actuación cuenta y dado que los efectos sobre el crecimiento económico de dichas reformas lo van a ser a lo sumo en el medio plazo, se debería explicar con claridad que acometer de forma urgente dichas reformas no va a significar el que la gente encuentre de forma inmediata empleo y que por lo tanto el desempleo se vaya a reducir alguna décima en este y el año que viene. Dada entonces la complejidad y transcendencia de dicha reformas ¿es necesaria la urgencia que nos demanda el FMI?

 

Para quien quiera o no quiera entenderlo, estimular el crecimiento a corto plazo se puede realizar a partir de dos posturas “científicas” para alguno e “ideológicas” para otros. La economía keynesiana propone un aumento exógeno de la demanda agregada a partir del incremento del gasto publico, que no es otra cosa que el aumento de los pagos del estado a las empresas y agentes económicos, financiado a través de un aumento de la base monetaria, es decir con dinero nuevo; y esto es hasta ahora lo que se estaba haciendo en Europa, más por la inoperancia del sistema financiero que por propósito deliberado de la elite gobernante, es decir se rescatan los bancos con dinero nuevo que crea el BCE y lo ponen en circulación los gobiernos ya que el sistema bancario en vez de prestarlo a empresas para aumentar la liquidez opta por prestárselo a los propios gobiernos para sanear sus deteriorados balances. El aumento exógeno de la demanda agregada también puede venir por la vía del comercio exterior, y ocurre de forma rápida cuando la moneda nacional se devalúa y favorece la competitividad de las exportaciones, y esta es la base de la recuperación que en la actualidad muestra el PIB europeo según los recientes datos. La economía neoclásica opta por la vía de solucionar los problemas a través de la oferta agregada, es decir estimulando la producción de las empresas y en la confianza de que lo que se produce de más, tarde o temprano se va a consumir, bien por los nacionales que recuperen el empleo o por los extranjeros si se mejora la competitividad de las empresas en los mercados de exportación, y este estimulo a la oferta agregada solo se logra reduciendo los costes de producción, y los costes de producción que se pueden reducir de forma inmediata, que son los laborales o los impuestos y cotizaciones que el estado cobra por producir. La primera cuestión y existiendo sindicatos, solo se puede lograr en una negociación colectiva a la baja y con la lógica conflictividad social - en ausencia de sindicatos no cabe duda de que esta medida sería inmediata  y efectiva - pero nos guste o no este no es el caso de los países europeos y menos el de España en donde además dicha negociación parece que quedo o anda resuelta. La otra forma es reducir la imposición indirecta y las contribuciones empresariales a la seguridad social pero esta otra salida presenta el pequeño inconveniente del déficit público y su financiación, y por lo tanto tampoco contaría con el aplauso de los mercados financieros. Dado el “nudo gordiano” que atenaza a la visión liberal de la economía sus defensores nos asaltan con la urgencia de las reformas estructurales de medio y largo plazo.

 

Estas reformas nadie duda de que sean necesarias pero en  las tres que nos propone el FMI existen evidentemente múltiples aristas. Además, no son las únicas necesarias, cabría añadir  alguna cuestión relativa al funcionamiento de los mercados de energía o de la orientación productiva de los sectores económicos, pero en la tradición liberal los problemas productivos se resuelven de forma adecuada dentro del mercado y por tanto la sostenibilidad de la economía no es problema para los economistas del FMI.

 

El mercado laboral español es dual, tiene una población protegida y otra al pairo de los vaivenes de la economía, su grado de temporalidad excesivo, provocando por un lado flexibilidad para las empresas y desprotección y altas tasas de desempleo en los ciclos recesivos de la economía, y lógicamente esto hay que solucionarlo pero aumentando la protección laboral de los actualmente desprotegidos como aspecto principal de la reforma, un optimo laboral para todos no es fácil de alcanzar, pero un subóptimo requiere tiempo y dedicación y no creo que necesite de  prisas y urgencias. La reforma financiera es necesaria pero no solo por la situación que atraviesan las cajas de ahorro españolas sino por el convencimiento de que el mercado financiero en vez de intermediar, es decir captar depósitos y conceder créditos a aquellos proyectos de futuro cobrándose su remuneración e través del diferencial de interés entre créditos concedidos e interés pagado y teniendo una estructura operativa suficiente,  su propósito no es otro que ganar comisiones monetizando los créditos concedidos u otras operaciones inconfesables, el problema de las cajas de ahorro españolas es que han tratado de aumentar su cuota de mercado en un conjunto de operaciones crediticias-inmobiliarias de oscuros intereses y abundantes comisiones en las que se pretendía fidelizar una clientela a partir de la concesión de una hipoteca de por vida, cuenten ustedes cuantas promociones inmobiliaria tenía como primer cliente en sus bajos comerciales a una caja de ahorros, el resultado es ahora morosidad y una estructura comercial ineficiente; claro que si la mediación bancaria adecuada tampoco se garantiza con la practica financiera de la banca privada, lo cual también está suficientemente demostrado antes y después de la crisis, la reforma financiera española de las cajas no debería eludir la posibilidad de crear una banca publica que supliera los evidentes defectos de funcionamiento de este mercado. Por ultimo queda la reforma de la administración, esta estructura territorial que se nos hace tan cara de financiar y en donde se mezclas susceptibilidades nacionalistas tanto por parte de la derecha liberal y la izquierda progresista, como para abordarla de la noche a la mañana.

ES LA DEMOCRACIA, ESTUPIDO

Antonio García Santesmases*

Catedrático de Filosofía Política de la UNED   
El Mundo, 24 mayo 20110
 
Se ha citado tantas veces la frase que ha quedado  olvidado el contexto en el que se produjo. Recordémoslo. Bush padre había triunfado sobre Sadam Hussein y había decidido proclamar el siglo veinte como el siglo americano. Nadie podía imaginar que tras la caída del comunismo pudiera ser derrotado en las elecciones de 1.992; todos daban por supuesto un segundo mandato y, sin embargo,  un joven candidato demócrata comenzó a hablar de los problemas de la gente y  provocó un vuelco electoral. América podía ser muy grande y el siglo podría ser americano pero la situación interna del país reclamaba una atención inexcusable a los problemas de la gente corriente, a esos problemas que no estaban en la agenda internacional, pero sí condicionaban la vida cotidiana del americano medio.


 
Visto lo ocurrido los últimos días a uno le dan ganas de preguntar: ¿sabemos  realmente lo que estamos haciendo? Confieso que desde hace muchos años no he visto un espectáculo tan obsceno como el que estamos viviendo. Creo que son muchos los que comparten la misma percepción. Se están dando por evidentes tantas cosas que dudo  que tengamos alguna claridad  sobre las consecuencias de las decisiones que se están tomando.


 
Reconstruyamos la historia. Un candidato electoral a la presidencia del gobierno se presenta en la sede de los sindicatos y promete que jamás tomará ninguna medida sin contar con el apoyo de las organizaciones sindicales. Estamos en febrero del 2.008.  Ha sido una legislatura muy dura por los problemas derivados de la memoria histórica, por la negociación fallida con ETA, por el estatuto catalán y  por la reforma en los derechos cívicos. La derecha política no ha cejado en su papel de oposición; la calle ha sido tomada por la jerarquía de la Iglesia y la derecha social ha logrado golpear sobre la figura del presidente del gobierno.


 
En todo ese contexto al menos una noticia parece positiva. La economía está en buenas manos; nadie podrá decir que Zapatero ha improvisado; ha delegado todo el poder en un ministro de los gobiernos de Felipe González, que ha ganado el debate televisivo a Pizarro y encuentra toda clase de parabienes en el mundo económico y financiero. Solbes asiste también al mitin donde se promete solemnemente que no volverán los tiempos anteriores, que no repetiremos la triste historia de los años ochenta y noventa cuando se fracturó la antaño familia socialista entre el gobierno y el movimiento sindical.


 
A lo largo de estos dos años una y otra vez se la ha conminado al presidente del gobierno a ser un líder de verdad, a mirar por los intereses nacionales, a asumir  la impopularidad imponiendo medidas crueles pero necesarias; sólo el que es capaz de confrontar con los más próximos es digno de llegar a los altares de los grande dirigentes. Recordemos el debate reciente en el congreso del partido socialista en Andalucía entre Felipe González y Candido Méndez donde la moderadora elogiaba la contundencia del anterior presidente frente a la pasividad del actual. Los líderes se miden por la capacidad de asumir riesgos y Zapatero estaba paralizado esperando a que escampara.


 
Pues bien entre unos y otros, entre las críticas internas y el misterioso dictado de los mercados ya lo han logrado. Ya han conseguido que el presidente del gobierno se desdiga de sus promesas electorales, se enfrente con su base social y  rompa con sus aliados estratégicos. La sorpresa viene de  que los que le conminaban a actuar de esta manera tampoco le aplauden; ahora insisten en que había que haberlo hecho antes, que ha demostrado su incompetencia y que es el momento de presentar la dimisión y marcharse o, al menos, de convocar elecciones generales.


 
Y el problema es que si todo fuera tan sencillo, si todo fuera producto de la incompetencia del equipo económico del presidente, y  fuera seguro que con estas medidas vamos a recuperar el crecimiento económico, vamos a acabar con el paro, vamos a salir de la crisis, mucha gente por fin respiraría. Sería incluso posible reclamar la solidaridad de los instalados frente a los excluidos.


 
El problema es que las medidas de congelar las pensiones, parar las obras públicas, bajar el salario de los funcionarios, controlar el gasto de la ley de dependencia, son todas ellas medidas que no sabemos si son la interrupción provisional de un modelo o son, por el contrario, el preludio de algo mucho más grave. Ya no se oculta que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades no sólo los españoles sino todos los europeos desde hace muchos años; ahora se proclama que todos los elementos del modelo social europeo deben ser puestos en cuestión.¿ por cuanto tiempo?. Nadie lo sabe. Sólo nos dicen (el señor Trichet) que es la crisis más grave desde la primera guerra mundial.


 
Si es así es para echarse a temblar porque hay que poner encima de la mesa dos guerras mundiales, el Gulag, el Holocausto, Hiroshima. Pongamos que se trata de algo más modesto, que sólo se trata de poner fin al Estado del bienestar. Pongamos que se quiera decir que ya no volverá a ver pleno empleo, que es imposible la redistribución de la riqueza, que es impensable la democracia económica, que no hay posibilidad de tener garantías laborales, que hay que adelgazar el Estado, que acecha la privatización de los servicios públicos, y que nuestras pensiones corren un serio peligro.


 
Si esto es así, y  cualquier lector atento podrá confirmar que no otra cosa es la que transmiten los líderes europeos, entonces hay que ser consecuentes y darnos cuenta de que no estamos ante un problema económico, estamos ante algo mucho más grave, estamos ante un problema civilizatorio. No hay que remontarse a la primera guerra mundial para recordar  que el Estado del bienestar nace de un pacto entre la derecha y la izquierda, entre los empresarios y los sindicatos, entre socialdemócratas y democristianos, para evitar la fractura social de la Europa de los años treinta.


 
Hay que volver a  recordar que en aquella Europa el liberalismo quedó puesto radicalmente en cuestión por el fascismo y por el estalinismo. Eran muchos los que pensaban que las democracias liberales no sobrevivirán al siglo de los extremos. Y a pesar de todo sobrevivieron y ganaron al nazismo y al fascismo y a pesar de ello Churchill, que había ganado una guerra, perdió las elecciones. Y comenzó un nuevo mundo, gracias a Keynes y a Beveridge, como explica muy bien Ignacio Sotelo en un libro reciente sobre el origen, el apogeo y el declive del Estado Social.


 
El pacto entre la democracia competitiva de partidos y el Estado del bienestar keynesiano ha constituido la gloria del modelo europeo, los treintas años de la denominada época dorada. Cuando se acepta que los mercados dictan la política, que la soberanía es una quimera, que los sindicatos son organizaciones anacrónicas, hay que recordar esta historia para darse cuenta que nos estamos jugando el futuro de la democracia.


 
No pudo volver la vieja democracia liberal tras la segunda guerra mundial  porque no eran posibles las dos naciones, porque la clase trabajadora había sido decisiva para acabar con el fascismo y  porque los derechos económico-sociales eran una conquista que las distintas fuerzas del espectro político aceptaban. Cuando hoy vemos como algunos jalean estar en una España intervenida y otros disfrutan cuando los líderes incumplen sus promesas electorales hay que recordar lo elemental. No es lanzando a los parados contra los funcionarios, ni a los trabajadores contra los inmigrantes como se consolida una democracia. La democracia requiere virtudes cívicas donde es imprescindible la solidaridad. Sin ella no es factible la cohesión social. Pero la solidaridad no se puede fundar en un mundo donde la élite de poder va aumentando continuamente su riqueza mediante toda clase de medidas financieras y fiscales mientras los funcionarios, los trabajadores con empleo, los sindicalistas, los médicos y los profesores, son  los que aparecen ante la opinión pública  como unos privilegiados.


 
Los clásicos de la sociología se quedarían impresionados viendo lo que nos está ocurriendo. Los responsables de la crisis se blindan más y más; los líderes políticos pierden toda autonomía mientras se les retuerce la mano; la soberanía salta por los aires; y los que aparecen como privilegiados son los que están sufriendo las consecuencias de la crisis. Evidentemente no las están sufriendo como las sufre el trabajador en paro, el excluido o el inmigrante sin papeles, pero lograr que la batalla sea entre los oprimidos, enfrentando a unos contra otros, es el último prodigio al que estamos asistiendo.


 
Un prodigio que puede seguir asentando el triunfo de las derechas políticas en Europa, que puede propiciar la victoria de la derecha política en España, pero que tiene un problema, que están poniendo en juego las bases de esa misma democracia. Europa, la Europa ilustrada y cosmopolita, la Europa que recogió lo mejor del liberalismo, la Europa que supo llegar a un acuerdo entre democristianos y socialdemócratas, se fundo en el recuerdo de una terrible guerra y en la convicción de que las instituciones políticas liberales no sobrevivirían auspiciando la desigualdad, fomentando el  privilegio y practicando la insolidaridad. Sólo domesticando el capitalismo pudieron hacer que la democracia arraigara; hoy  estamos asistiendo al proceso contrario, hoy  vemos como los mercados arrodillan a la política y por ello  tenemos que preguntarnos por el futuro de la democracia. Esa es la cuestión, estúpido, esa es la auténtica pregunta.

 
*Antonio García Santesmases, es miembro fundador de Izquierda Socialista-PSOE