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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

El canto del cisne

Martes 19-06-12

EL NORTE DE CASTILLA

VUELTA Y MEDIA

El canto del cisne

ANTONIO PIEDRA

«La esperanza de renovación se ha

 
cercenado otra vez por la mínima. Han

 


colocado como presidente y

  


vicepresidente a dos funcionarios que

 

 

son la antítesis de la cercanía popular»

 

Aunque aseguren que la lucha estuvo muy igualada -lo cual fue rigurosamente cierto-, la realidad última no ha deparado sor­presas. Todo ha salido a pedir de boca: el oficialista Javier Izquierdo se ha hecho - y para ello contaba con la bendición de Ferraz y la indulgencia plenaria de las familias ­ oligárquicas pucelanas- con la Se­cretaria General del PSOE en Va­­lladolid. Si nos atuviéramos estrictamente a la escenografía ­.¡ lo que son cinco votos de diferencial-, sólo observamos fotos con caras largas: la de Mario Bedera que aprobó su gestión por los pelos, la enigmáti­ca de Antonio Gato sin desvelar a quién servía, la genuina y franca sólo de Cecilio Vadillo que no se creía ­del todo lo sucedido, la de Javier Iz­quierdo que contenía su gozo por­ que todo compadreo lleva en su adene la seriedad fingida, y la de los electores atónitos: unos porque, ay, siempre ganan los mismos, ­y otros porque, ay también, al po­der le gustan las unanimidades.

 

Después del portazo que propi­no la nomenklatura y los miem­bros del politburó del partido, negando al candidato Cecilio Vadillo ­el pan y la sal -le cerraron las puertas de la sede y tuvo que presentar su programa en una cafetería-, todo el mundo entendió en Valladolid ­que el señor Vadillo no caía bien a los jerarcas vallisoletanos y que sus posibilidades como candidato eran escasas. Nada nuevo. Así ha sucedido durante décadas, porque en de las Valladolid los intereses familias no toleran cruces morganáticos -matrimonios entre príncipes y plebeyos- y, como mucho, hacen alianzas coyunturales por aquello de que un grano no hace granero pero ayuda a su compañero. Y para de contar

 

Esta praxis dominante en los cónclaves del socialismo vallisoletano ha sido tan repetitiva y ejemplar -siempre tenia a mano una Iratxe Garcia con el divide y vencerás- que, días antes de la elección del sábado, ya se hacían quinielas con el número exacto de votos que darían la victoria al señor Izquierdo. La horquilla estaba tan ajustada -señal evidente de que el pescado estaba en la lonja bien custodiado y mejor vendido aún- que le daban una ventaja en­tre cinco, diez o como máximo 20 votos. No andaban muy descami­nados los augures. Ha salido por 5 votos, esa ley mínima que en democracia sirve para descargar los sentimientos de una conciencia política cada vez más alejada del interés ciudadano.

 

Cecilio Vadillo representaba, precisamente, esa cercanía al ciudadano. Cuando días antes de la elección le preguntaron qué echaba de menos en su partido, la respuesta sonó como el canto del cisne: «Echo en falta que los ciudadanos se acerquen a nosotros para que intentemos resolver sus problemas». La esperanza de renovación se ha cer­cenado otra vez por la mínima. En las alturas del partido han coloca do como presidente y vicesecretaria a dos funcionarios sin oposición que son la antítesis de la cercanía popular. Con estas dos esfinges retóricas como guardianes de las esencias, la integración del señor Izquierdo se queda en ilusionismo: cómo inventar el río para construir el puente sobre el que se deslice veloz un cisne integrado.

 

Así empezó el ‘caso Dívar’

En el último trimestre del año 2010, tras la reducción del sueldo de los altos cargos y funcionarios y del presupuesto de todas las Administraciones públicas, el Consejo General del Poder Judicial inició un debate sobre los criterios de ejecución de su presupuesto, que fueron aprobados en enero de 2011. Ya que el mantra que se repite en estos debates es la reducción del personal, creí conveniente apuntar hacia otros ámbitos y, entre ellos, a la contención del gasto en viajes del presidente y los vocales.

 

Sin información precisa, muchos en el Consejo convivíamos, entonces, con una difusa sensación de resignación ante los rumores de que era muy mejorable el trabajo de quienes tenían la obligación de autorizar los viajes internacionales y de que el presidente y algunos vocales no estaban siendo austeros en sus desplazamientos. Sin embargo, cuando en enero de 2011 propuse algunos criterios de austeridad al respecto el Consejo tan solo aprobó una declaración genérica, que ni siquiera limitaba los viajes en primera clase.

 

Seis meses más tarde, evaluamos el cumplimiento de los criterios aprobados al comenzar el año, pero la única referencia a los viajes en el informe aprobado fue que se había avanzado “en la redefinición de las condiciones de las actividades externas”. Ante tanta vaguedad, a la vuelta del verano empecé a mirar los viajes internacionales que se presentaban para autorización en la comisión correspondiente, y me topé a la primera con uno que aparecía enunciado como “viaje de una delegación del Consejo a la República Dominicana, Panamá y Colombia”. Pregunté por este viaje y se me contestó que se trataba de un viaje del presidente, que había sido autorizado ajustando al máximo el gasto, no obstante lo cual su coste era de 40.000 euros. Se me ocurrió mirar la memoria económica de este viaje y comprobé que el presidente atravesaría el Atlántico acompañado de un numeroso séquito (innecesario para los actos protocolarios que justificaban el viaje) y que todos volaban en primera clase.

 

Había entrado ya el otoño cuando llevé este asunto al pleno como prueba de la insuficiencia de los criterios de ejecución del presupuesto acordados meses antes y anuncié que, visto lo visto, no estaba dispuesto a mirar hacia otro lado.

 

Así empezó el caso Dívar (la “vendetta de Garzón”, según la caverna; la quintaesencia de una lucha de poder con el ministro de Justicia y el último episodio de las trifulcas internas entre grupos y vocales a las que nos dedicamos algunos en el Consejo, según la voz que, bajo cuerda, porta a la vez la del ministro y, hasta ayer, la de Dívar), y, también, un largo camino hasta su dimisión forzada.

 

En octubre y noviembre de 2011, tras mi queja porque se hubiera autorizado ese viaje a Latinoamérica, empezaron a producirse acuerdos que excluían los viajes presidenciales del impacto sobre el presupuesto del Consejo, decisiones de origen difuso de suministrar solo datos globales sobre los viajes y, finalmente, la negativa indirecta a suministrar esa información en tanto no resolvieran las comisiones correspondientes. Todo ello tuvo lugar pese a que el reglamento del Consejo reconoce a los vocales el derecho a acceder a toda la documentación.

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elpais.com

 

Llamamiento a los fiscales: golfos de España II

No tiene mucho sentido enumerar a los golfos de este país si detrás no hay una acción clara por parte de la Fiscalía española. No se trata ya de denunciarlos sino también de investigarlos, procesarlos y llegado el caso enviarlos a prisión.

 

Esta columna es un llamamiento a todos los fiscales primero y jueces después de España para que dejen de pensar en sus poltronas, en sus sueldos fijos y seguros, en la próxima plaza vacante que van a solicitar y comiencen a defender los derechos de los ciudadanos, que somos los que los mantenemos.

 

La semana pasada comenté varios casos que alarman a la ciudadanía, pero la lista es inmensa. Los años de esplendor, especialmente lo que se denomina ahora el bienio negro del ladrillo (2005- 2007) han dejado muchas secuelas en nuestra sociedad, económicas pero lo que es peor, también morales.

 

El “todo vale” era el libro de cabecera de todo aquel que podía meterse un euro en el bolsillo sin que los demás le viesen. Y los que un día llenaron sus arcas están ahora vaciándolas velozmente. De ahí que se hayan disparado las cifras de salida de capitales españoles. Unos camino de paraísos fiscales, otros comprando dólares e incluso libras. Y  ha subido de forma espectacular la venta de cajas fuertes.

 

En nueve meses, han salido 200.000 millones en recursos financieros de la economía española y la retirada de fondos llegó en marzo a 66.200 millones, casi el doble que el anterior máximo, según datos del Banco de España. Existen numerosas páginas web que informan cómo invertir en empresas extranjeras, cambios de moneda sin necesidad de salir de casa, simplemente a través de internet. Hay muchas fórmulas al alcance de la mano.

 

Paralelamente a éstos hechos el Gobierno Rajoy concede amnistía fiscal a los que en su día ya evadieron dinero e incluso anuncia otra amnistía para edificaciones ilegales.

 

Hasta el cuerpo de funcionarios encargados de hacer las inspecciones ha declarado que temen que  la amnistía fiscal “debilite su trabajo y provoque un derrumbe de la conciencia fiscal de los contribuyentes honestos”.

 

Centenares de edificios ilegales esperan en España a ser derribados por infringir la ley de Costas, de edificabilidad y urbanismo, sin embargo las órdenes judiciales tardan años en ejecutarse, y muchos de ellos continúan en pie. La Fiscalía de Medio Ambiente abrió en el año 2011 un total de 234 diligencias de investigación, la mayoría de ellas (199) por construcciones ilegales  sólo en la provincia de Valencia.

 

Se calcula que alrededor de 800 cargos públicos y políticos están imputados en casos de corrupción y, de ellos, unos 100 se presentaron en las listas en las últimas convocatorias electorales.

 

Pues bien, lo que desde el Gobierno se denominan medidas para recaudar fondos debería ser el comienzo de una investigación de la Fiscalía Anticorrupción en toda regla. El que ha evadido o ha construido ilegalmente debe pagar por ello y no puede ser equiparado a otro ciudadano  que paga sus impuestos, la mayoría de las veces con un gran esfuerzo y es un ciudadano legal.

 

Es un problema muy grave poner en el mismo lugar a estos dos tipos de personas.

 

Porque la actual crisis económica pasará, cambiará más o menos el tipo de régimen económico  que vivimos, seremos más pobres pero a lo que no podemos renunciar nunca es a tener una sociedad sana, honrada, limpia y transparente. Con valores éticos y morales.

 

Y para que esto sea así hay que separar el trigo de la paja. No todos somos iguales, ni los periodistas, ni los políticos, ni los jueces, ni los empleados de banca. Y ¿quién debe ser el que lleve a cabo esta iniciativa? Los jueces y fiscales. Y una vez unos en su casa y otros en la cárcel ya será la sociedad los que los valore.

 

Y eso es lo que les debería pasar a esos individuos que maletín o mochila en mano o simplemente a través de cuentas bancarias deciden esconder su dinero llevándolo a lugares que ellos creen más seguros o blanquearlo a través de las amnistías que ofrece Rajoy.

 

Algo similar debería ocurrir a todos aquellos responsables que inflaron la burbuja inmobiliaria con el subidón que daba ganar mucho dinero en poco tiempo y de paso  crear puestos de trabajo y que el dinero circulase. Estoy hablando de políticos, banqueros, especuladores y también ciudadanos de a pie que pensaban que si su vecino le sacaba beneficio a la construcción, pues él más.

 

Y no me olvido de los que financiaron con dinero opaco a partidos políticos a través de fundaciones o simplemente con más maletines. Así tenemos en Caso Palau de Barcelona, una fundación que en lugar de dedicarse a buscar nuevos valores de la música clásica recibían dinero de grandes empresas  para que llegase en las mejores condiciones a Convergencia i Unió. Lo peor es que este sistema funcionó para  casi todos los partidos.

 

Este hecho conocido por todos es especialmente escandaloso ya que estamos hablando de financiar a los partidos que nos representan, a los que votamos, damos nuestra confianza y dejamos que hablen en nuestro nombre. Dichos partidos nunca se han sentado y han llegado a un acuerdo de transparencia, de buscar una financiación legal y ya que ellos son incapaces, deberíamos ser los ciudadanos a través de acciones judiciales los que los espabilásemos.

 

Todos ellos deberían dar explicaciones a la justicia y al resto de ciudadanos y a continuación devolver el dinero que robaron e ingresar una larga temporadita en prisión. Seguramente si nos devolviesen el dinero robado tendríamos suficiente para no recortar de educación, sanidad o atención a la dependencia.

 

Ese es el mínimo ejemplo que deberíamos dar a nuestros hijos. Se ha acabado el todo vale. La gran mayoría de ciudadanos no hemos robado ni un duro por lo tanto en lugar de hablar en tertulias de café o con los amigos sobre la podredumbre nacional, actuemos. Presionemos a los jueces y fiscales a que lo hagan en nuestro nombre, sin miedo ni vagancia. Tendrán todo nuestro apoyo.

 

Mercè Rivas Torres es periodista y escritora

elplural.com

 

No nos engañemos

Sábado porla noche. Mepillé la mano con la puerta de la cocina (soy muy propensa a los accidentes domésticos: soy sagitario y no tengo “conciencia de pericuerpo”). Me presenté sola en el hospital de Sant Pau porque mi compañero se quedaba a cuidar de mi hija. Me pasaron a la sala de espera. Allí había una niña, venga a llorar. Le pregunté su edad. Tenía 18 años, estudiaba en Barcelona, tenía una otitis. Llevaba dos horas allí. Su familia estaba en Girona. Yo sé que las otitis duelen muchísimo, he pasado alguna. Pero creo que también lloraba porque estaba asustada y sola. Me presenté antela enfermera. Le dije que por favor le dieran un calmante a esa chica. Me dijo que como enfermera ella no podía administrar nada sin autorización del médico. “¿Y dónde está el médico?”. “Ocupado, y aún puede tardar horas”. Y luego me miró: “Tú eres escritora, ¿no? Escríbelo. Cuenta cómo está la situación”. Y eso he decidido hacer.

 

Vamos a aclarar las cosas. No están haciendo recortes en sanidad porque la cosa esté así de mal, sino porque la sanidad es un gran negocio, y si se privatiza, al estilo de Estados Unidos, muchos se van a hacer multimillonarios.

 

Se podría recortar de muchas otras partidas.

 

Los toros se subvencionan: las fiestas taurinas nos cuestan 564 millones al año en subvenciones.

 

Los clubes de futbol también, de forma indirecta. Deben 750 millones a Hacienda y 11 millones ala Seguridad Social. De hecho, la UE ya ha propuesto investigar al fútbol español por presuntas ayudas del Estado.

 

Se podría eliminar los sueldos y pensiones vitalicias y prohibir por ley que los expresidentes cobren de la empresa privada a la vez que disfrutan de su pensión vitalicia: González y Aznar siguen sin renunciar al sueldo de 80.000 € mientras reciben altas retribuciones de Gas Natural y Endesa, por ejemplo.

 

Se podría prohibir que un político cobre del Estado y de la empresa privada: Acebes cobra del Congreso y de Iberdrola, por ejemplo.

 

Se podría recortar sueldos de cargos políticos. Si un ciudadano tiene que cotizar 35 años para percibir una jubilación, no veo por qué los diputados lo hacen a los siete, ni por qué no tributan un tercio de su sueldo del IRPF, como hacemos los demás.

 

Se podría endurecer las penas contra el fraude fiscal. El 72% de este fraude proviene de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y dela banca. Ahorraríamos90.000 millones de euros.

 

Se podría eliminar el concordato con el Vaticano. El ahorro final estaría entre los 6.000 y los 10.000 millones de euros. Jesús predicaba la pobreza, y la Iglesia se debe mantener mediante las aportaciones de los fieles, como ya dijo el propio san Pablo.

 

Esa niña que lloraba en urgencias podría ser su hija. Peor aún, usted podría padecer leucemia. Y si la padeciera, un seguro privado no le ayudaría, porque los mejores especialistas están en la Seguridad Social. Lo sé porque se trata de una enfermedad que he vivido de cerca.

 

Usted que me lee: tome conciencia, por favor. El fútbol es un negocio. Los toros, una tortura. Los gastos del Congreso, un lujo innecesario. Las pensiones vitalicias, una enorme falta de ética. La fe es una opción. Pero la salud es un derecho.

lavanguardia.com

 

Un mundo al revés

La derecha ideológica defensora de la libertad del mercado y el control por si mismos. Esta derecha ideológica nos sorprende con el modelo económico contrario a su ideológia, la nacionalización de las empresas privadas, es un decir, porque lo que esta aplicando a los ciudadanos es: la socialización de las pérdidas y liberalización de las ganancias, vamos que se reparten entre sus amigotes los beneficios y la pérdidas las pagamos todos menos la iglesia y los ricos.

 

Esta semana hemos presenciado una negación más de JUDAS, nos ha negado la mayor: "No pienso dar un euro de dinero público (a la banca) como han hecho ustedes". Vamos, nos quita 10.000 millones de € de la sanidad y a la educación para regalárselo a caja Madrid y el resto de las cajas fusionadas en BANKIA (parece ser que ya ha recibido 4.000 millones del FROM), de Rato y para rato con el PP.

 

Decía que esto es el mundo al revés, pues bien, los responsables de la izquierda llevan años proponiendo cobrar impuestos a la iglesia católica y llega la alcaldesa de Zamora, de la derecha, y comunica a bombo y platillo que le cobrará el impuesto de basuras “los comentarios en algunos círculos políticos era de que les cobraría el IBI” pero eso no. La constitución dice que todos somos iguales pero parece que los ricos y la iglesia católica NO. Estos viven a costa del resto de los mortales.

 

Espero que la izquierda se ponga las pilas y empiece a aplicar la constitución en los lugares donde gobierna, todos iguales ante la ley “en las perdidas y en las ganancias” y en los impuestos, como la constitución manda.

 

Tomás Martínez

Miembro de Izquierda Socialista

El Plan de estabilidad del gobierno: más de lo mismo. Continuación

El Plan de estabilidad del gobierno: más de lo mismo. Continuación

Para entender la terminología contable, los impuestos sobre los productos son el IVA y los especiales, por ejemplo el que se aplica a los carburantes, en conjunto los recursos de las administraciones por esta vía supusieron 105 mil millones de euros en el 2011, los otros impuestos a la producción son el IAE, el impuesto de circulación, y otros impuestos de pequeña entidad recaudatoria, 15 mil millones, los corrientes sobre la renta, el patrimonio, etc… incluyen también el impuesto de sociedades, y montan 101,6 mil millones en el 2011, las cotizaciones a la seguridad social y otros sistemas de seguro laboral suman 140 mil millones de euros, y finalmente los impuestos sobre el capital, el IBI y otros, 3,5 millones de euros.

 

La figura representa la tasa de crecimiento anual de cada trimestre, esto es los ingresos del trimestre en cuestión, sobre lo que se ingresaba el trimestre del año anterior, y a la vez que muestran las caídas generalizadas de los ingresos que se producen entre el primer trimestre de 2008 y el tercer trimestre del 2009, también presenta el aumento de recaudación, del 37 %, que logró  en el tercer trimestre del 2010 el gobierno de Zapatero con el aumento del IVA. El caso es que a partir de dicho trimestre en el que la mayor parte de las figuras tributarias  recuperaban el terreno perdido, la situación volvió a torcerse, y como se ve, han vuelto los números rojos a todas las partidas contables de ingresos tributarios en las cuentas de las AAPP.

 

Los ingresos de las AAPP dependen como es lógico de la situación económica general, si el mala se ingresa mal y poco, y si es buena mejoran las recaudaciones, esto ha sido siempre así, y como se ve en los impuestos de productos, una elevación de tipos, si que la situación económica se enderece, se vuelve inútil a la hora de luchar con el déficit en el largo y medio plazo.

 

A los economistas de antaño nos contaron que había una serie de figuras tributarias más sensibles a los cambios de coyuntura que otras, y que por razones obvias estas eran los impuestos indirectos, o en terminología del SEC-95, los impuestos a los productos, que son los que primero recogen los vaivenes de la producción. Cuando la burbuja explotó, el sector inmobiliario y el de la construcción se vinieron abajo, y consecuentemente las administraciones dejaron de ingresar los IVA, transmisiones de propiedad y actos jurídicos documentados asociados a la compra y venta de los inmuebles, si luego dejamos de comprar coches pues se recaudó menos por el IVA y el impuesto de matriculación, pero hay otros impuestos no tienen porque seguir esa dinámica: el impuesto de circulación o el IBI, podrían ser dos buenos ejemplos . Las cotizaciones y el IRPF, se basan en las rentas salariales, y una disminución del empleo lógicamente tiene que afectarles, en las cotizaciones la recaudación se ha reducido pero la mayor caída observada ha sido del -3% en el primer trimestre del 2009, a diferencia los impuestos corrientes se redujeron el 25% en el segundo trimestre del 2009. Desde luego que viendo la representación gráfica de unos y otros, estamos ante coyunturas bien distintas.

 

Que le ocurre entonces a los impuestos corrientes que vienen a ser la tercera parte de los ingresos tributarios de las AAPP para que sean tan “sensibles” a la coyuntura. Primero, vamos a representar los crecimientos trimestrales de las principales figuras tributarias corrientes: IRPF y Sociedades.

 

 

Ambas recaudaciones se dieron el batacazo con la crisis, la recaudación de sociedades llegó a caer en el 2008 un asombroso 38% en el 2008, volviendo a caer un 26% en el 2009, la recaudación IRPF cayo primero un 11% y luego un 30%. Viendo la gráfica, serían pro-cíclicos si hemos de referirnos al colapso que ha sufrido con la crisis, pero no negaran que también lo fueron erráticos durante la fase alta del ciclo,  el impuesto de sociedades en el 2001 aumento su recaudación un magro 0,05%, y en el año siguiente la elevo un 24,5%, y por aquel entonces no había crisis, pero sin duda algo debió causar este cambió en su evolución. Para saber las particularidades que concurren en casa impuesto no hay nada mejor que leer los informes que sobre la recaudación tributaria publica la agencia tributaria, y el último informe relativo al ejercicio 2000, sobre sociedades afirma lo siguiente:

Tras los fuertes descensos que registraron en 2008 y  2009 las partidas de resultado (bruto y contable) declaradas en Sociedades, para 2010 se prevé una  vuelta al crecimiento de los beneficios. El resultado contable positivo declarado por las empresas en 2010 se estima que crecerá un 2,5%, recuperando el signo positivo después de dos años de caídas. Esta significativa mejoría se confirma en los beneficios comunicados por las sociedades que cotizan en Bolsa a la CNMV (ponderados en función del ratio de ventas en España sobre las totales, para poder aproximar el beneficio generado en nuestro país): reducen su ritmo de caída del -20,5% en 2009 al -3,2% en 2010.

 

No obstante, el ligero aumento del resultado de las empresas no se traslada a la  base imponible del impuesto: su estimación a partir de la base de los pagos fraccionados de este año apunta un descenso del -15,5%, superior al que se registró en 2009. El origen de la discrepancia entre el resultado contable y la base del impuesto se encuentra en los mayores ajustes extracontables y de consolidación: en  particular, la nueva libertad de amortización de activos nuevos con compromiso de mantener o crear empleo, y la compensación de bases negativas de ejercicios anteriores.

 

Precisamente las bases imponibles negativas que se han acumulado en los años de mayor severidad de la crisis (2008 y 2009) estarían actuando como una variable de “ajuste desfasado” que distorsiona la senda del beneficio real de las empresas.

 

Junto a estos factores, el impacto de otras medidas normativas (rebaja de tipo a empresas de reducida dimensión si mantienen o crean empleo) y el aumento de las deducciones (por doble imposición y pendientes de aplicar de ejercicios anteriores)  explican la caída del tipo efectivo de Sociedades: entre 2005 y 2009 se ha reducido un -32,2% (del 24,5% al 16,7%, casi ocho puntos porcentuales).

 

En el informe sobre el IRPF se afirma:

La caída de las rentas brutas de los hogares (-1,9%) en 2010 se ha visto compensada por los impactos normativos de la supresión parcial de la deducción de 400 euros y la subida del tipo de retención sobre las rentas de capital al 19%, que elevaron un 7,9% el tipo efectivo del impuesto (cuando se introdujo la deducción de 400 euros en 2008 el tipo se redujo un -8,4%). El IRPF recaudado crece un punto menos de lo que aumentan las rentas y el tipo efectivo (4,9%), porque los ajustes de paso a caja tienen signo negativo al trasladarse a 2011 parte de los impactos de la no deducción de 400 euros y de la subida del tipo de retención sobre las rentas de capital.

 

Vamos que ambos impuestos se han convertido en el coño de la Bernarda, con deducciones y cambios normativos continuos, que lo que han hecho es a la larga es debilitar su capacidad recaudatoria,  favoreciendo, no se sabe si de forma ingenua o premedita, la situación tributaria de grandes empresas en la crisis. Y estas salen ganado también en el Plan de estabilidad del gobierno de Rajoy, y eso que hay que agradecer, que el actual gobierno, acuciado por los mercados y  muy a su pesar, ha tratado de recuperar la capacidad recaudatoria de estas figuras tributarias, por la vía de desandar lo que el gobierno anterior había andado. 

 

En materia tributaria el plan también calla la estrategia para el 2013, prevé recaudar 9.000 millones de euros más, 1000 los serán en el IRPF, lo que implica un nuevo cambio normativo, pero los 8000 millones que imputan a otros ingresos ¿de donde saldrán?. Por lo que han publicado la prensa, se trataría de una nueva reforma del IVA. El informe anual de recaudación de la AEAT sobre el IVA:

 

Tras la caída de la recaudación de IVA en un -30,1% en 2009, esta figura registra en 2010 su mayor ritmo de crecimiento de la historia, un 46,2%. Expresado en términos de variación absoluta, los ingresos de IVA se incrementan en 2010 en más 15.500 millones como consecuencia de otras tres causas principales:

• el menor importe pagado de devoluciones anuales de IVA, debido por una parte al importe que se traspasa al nuevo sistema dedevolución mensual (entre 2009 y 2010 se han pagado 8.100 millones asociados a la extensión de la devolución mensual), y, por otra, al menor importe solicitado a finales de2009 como consecuencia de la crisis;

• el impacto recaudatorio de la subida de tipos impositivos aprobada, valorado en 2.010 millones en términos netos (2.760 millones de mayores ingresos brutos que se compensan con un aumento del importe de las devoluciones en 750 millones); y

• el ingreso de aplazamientos solicitados en ejercicios anteriores, que se traduce en un fuerte aumento del contraído previo

 

Fue a partir de julio de 2010 cuando los tipos general y reducido de IVA se incrementaron al 18% y 8%, y por lo que se ve aumentaron la recaudación en 2.760 millones de euros brutos en 2010, la reforma del gobierno  de Rajoy para lograr ese incremento en los ingresos ha de subir el tipo medio con una mayor intensidad que antaño.

 

Pero  en el plan hay algo más, ya que entre las medidas de reforma se habla de un nuevo modelo concesional para la optimización y el uso e inversiones en las infraestructuras, supongo que esto serán los nuevos peajes en las autovías, y que el nuevo modelo concesional será una forma de compensar a las grandes constructoras por la falta de licitación pública. En el marco tarifario, nuevos peajes por importe de 1.400 millones de euros, que pagarán de nuevo los hogares, para solucionar el “soduku” del déficit tarifario, que tiene la virtud de dejar intactas las cuentas de resultados de las empresas energéticas, todas ellas grandes empresas. Los cambios en los ERE’s también van en esa dirección.

 

Las estrategias macro-económicas del anterior gobierno socialista y del nuevo gobierno conservador son en esencia muy similares, a la par que se grava a los hogares se ofrecen beneficios fiscales y presupuestarios a las grandes empresas, en un marco laboral que recortando el poder de las instituciones de defensa de los trabajadores, permita una deflación salarial que de ventajas de competitividad a las empresas de la marca España, de nuevo las grandes empresas que exportan y se internacionalizan. Esta estrategia conlleva una redistribución de rentas entre trabajadores y empresas, pero debería de matizarse de que no lo va a ser para todas, ya que las pequeñas y medianas empresas que viven del consumo de los trabajadores seguirán viendo como se reducen sus ventas, sus márgenes y sus beneficios.

 

Durante la gestión de la crisis del gobierno Zapatero ya se produjeron esos trasvases de renta entre sectores, el EBE en la contabilidad nacional era en el 2008 el 42% del PIB, y en el año 2010 acabo siendo el 43% del PIB, en el 2011 ya estábamos en el 45%, y por lo que se ve esta estrategia de mejorar la competitividad por la vía de aumentar la participación de los excedentes empresariales en el PIB, no ha traído más empleo, entre otras cosas porque los aumentos de exportación alcanzados no han circulado por la economía, y por ello no han posibilitado por la vía de los ingresos una mejora de las cuentas publicas, más bien al contrario al reducirse de nuevo el empleo, se ha agravado la situación financiera de las AAPP, ya que el coste de macroeconómico del aumento de la competitividad  está siendo un debilitamiento de la demanda interna. No obstante, se insiste en ello ¿Por qué?.

 

La economía es un juego de intereses, y además multipolar, los mercados financieros por un lado, las empresas globales por otro,  y en medio los trabajadores,  las pequeñas y medianas empresas y los consumidores, el estado debería ser en lo económico un arbitro de poderes, ya que todas las instituciones que operan en la economía tienen un propósito continuista  o conservador si se prefiere, como expuso David Anisi,  los agentes crean sus redes protectoras. El problema es que desde ya hace tiempo los mercados financieros, creando problemas globales, y las grandes empresas, amenazando con despidos masivos o interviniendo con sus grupos de presión en las decisiones gubernamentales, se está construyendo tupidas redes que acaban por debilitar las de las del resto de los agentes, estados incluidos. Y es esta dejación en lo político la que ha determinado que en nuestro país tengamos exceso de infraestructura, exceso de vivienda, magros ingresos públicos, altos intereses para la deuda pública y un déficit que crea innumerables dolores de cabeza a los propios políticos sean del partido que sean.

 

Eso si no se desesperen ya que según el gobierno el 2020 habremos recuperado 1.987.000 empleos de los 2.721.000 perdidos hasta el presente.

 

 

Un sindiós

Juan José Millás 27 ABR 2012 -

 

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

elpais.com

 

Quiero contarte......

Ana Isabel Ferreras / alcaldesa de Gradefes
20/4/2012 - 01:10

Apuntes de una alcaldesa

 

"Quiero contarte..."  

Érase una vez, un partido político (grupo de personas con ideología afín que persiguen una determinada causa), en el que todos los miembros coincidían en su planteamiento (PSOE). Hace ya más de 30 años, en uno de sus Congresos, se planteó una modificación sustancial en aras de avanzar hacia una sociedad más moderna y plural. Algunos no quisieron abandonar sus planteamientos iniciales y fundaron la corriente de opinión Izquierda Socialista, que es la única válidamente constituida y reconocida en los Estatutos.

 

Fueron pasando los años, la sociedad fue evolucionando y la corriente quedó sumergida en el entramado estructural de un gran partido político, como si solo fuera un pequeño arroyo, que eso sí, nunca ha dejado de manar: lleva en su esencia la propiedad de la conciencia reflexiva.

 

Y así, en nuestra parcela interna política, algunos hemos decidido formar parte de Izquierda Socialista, defendiendo entre otras cosas, principios como la transparencia, la rendición de cuentas, las primarias, la limitación de mandatos, las incompatibilidades estrictas para no acumular sueldos ni cargos, las listas abiertas o desbloqueadas y la representación de la pluralidad interna que abra realmente nuevas fronteras al ejercicio de la política y la acción pública, que la ciudadanía reclama y las instituciones democráticas necesitan.



Aquí comienza nuestro compromiso firme y contundente, como si de una nueva página dentro de esta historia se tratase, a pesar de que el libro lleva mucho tiempo escrito, buscando las miradas ciegas de aquellos otros que abanderando "sensibilidades diferentes", por desgracia demuestran día a día, que a golpe de llamarse "corrientes" no son más que grupos de presión en busca de sus propios intereses.

Y colorín colorado... ¡Ni esto es un cuento, ni se ha acabado!

gentedigital.es/leon

 

Repago a ritmo de -guacamole-

El Gobierno ha decidido en México incumpliendo de nuevo sus compromisos electorales, poner en marcha un nuevo impuesto, en este caso a la enfermedad, mediante el incremento del pago (repago) por receta médica a los pacientes: el medicamentazo.

Se trata de un fraude electoral, porque fue el PP quien en campaña electoral, negó más de tres veces, que fuera a poner en marcha el repago o copago de medicamentos. Las líneas rojas han saltado por los aires en tan solo cien días.

 

“Una devaluación de la renta de los pensionistas”
Un doble fraude porque el nuevo Gobierno que, a bombo y platillo, anunció recientemente la descongelación de las pensiones, ahora pone en marcha la tasa farmacéutica a pensionistas después de incrementarles el IRPF. Una devaluación de la renta de los pensionistas.

 

Pero lo peor es que este nuevo incremento a la enfermedad es injusto, contraproducente e ineficaz. Un sacrificio injusto y un símbolo de sumisión.

 

“Lo lógico sería que ricos y sanos paguen por los enfermos y pobres”
Es injusto porque hace recaer la financiación del Sistema Nacional de Salud público y universal sobre los enfermos, cuando lo lógico sería mejorar la progresividad de los impuestos generales para que ricos y sanos paguen a enfermos y pobres. En eso se basa el Sistema Nacional de Salud.

 

Es contraproducente porque el incremento, o la puesta en marcha del precio por fármaco, no aborda el problema del exceso de gasto en medicamentos, porque éste depende de las empresas y la Administración, no de los pacientes y eso no se toca. Contraproducente también porque lejos de disuadir el simulador o frecuentador de la sanidad discrimina al enfermo en particular al crónico y de menor renta, por muchas exenciones que ponga en marcha el Gobierno, para endulzar la amarga medicina.

 

“Reducirá sustancialmente los ingresos”
Pero es una medida ineficaz porque precisa un sistema de recaudación y de gestión que no tenemos y que reducirá sustancialmente los ingresos que se pretenden incrementar. Lo comido por lo servido.

Lo peor es que existen alternativas justas y eficaces en el ámbito de las empresas farmacéuticas y la organización de la sanidad. Mejor que tocar el precio al ciudadano, es reducir el gasto del Sistema Nacional de Salud en medicamentos inducido por las multinacionales.

 

“El Gobierno no está dipuesto a discutir con las multinacionales”
Existe en estos momentos un sobrecoste de nuestros medicamentos que podría reducirse sustancialmente mediante genéricos y rechazando la financiación de fármacos de diseño que no aportar ventajas terapéuticas.

Pero claro eso significaría discutir con las empresas multinacionales de la farmacia y el Gobierno no está dispuesto a ello. Prefiere mano dura con la ciudadanía y manga ancha con las empresas. Otra vez más la ley del embudo.

 

“El Gobierno aprovecha la crisis para entregar el mercado de la salud a sus amigos”
Lo dramático es el oportunismo del Gobierno que se aprovecha de la crisis y el miedo para convertir el derecho a la salud en un mercado para sus amigos. Porque los repagos no vienen solos, se acompañan de recortes y privatizaciones que apuntan al cambio de modelo público y universal por otro dual: básico para los ciudadanos de a pie y de calidad y precio para las rentas medias altas y altas.

La resistencia y las movilizaciones de profesionales, sindicatos y ciudadanos es imprescindible, en defensa de la sanidad pública.

Gaspar Llamazares es diputado de IU y portavoz de su partido en las Comisiones de Sanidad y Justicia en el Congreso de los Diputados

elplural.com

 

En el camino de un gran pacto social

Llorenç Prats

Me encuentro en un estado de completa perplejidad y supongo que a muchas otras personas les debe estar pasando lo mismo. Después de tanto tiempo ¿alguien cree que estamos viviendo algo parecido a una crisis?... ¿que algún día esto se acabará y volveremos por lo menos a las condiciones anteriores?... ¿alguien cree que las medidas que están tomando los políticos son realmente coyunturales?... ¿alguien cree que indignarse sirve para algo?... ¿y que Peter Pan vive en el país de Nunca Jamás?

 

 

Lo siento mucho, pero esto no tiene nada que ver con la realidad. Vamos diciendo “no es una crisis, es una estafa”. Y no es una cosa ni la otra. Eso fue en todo caso el detonante, lo que estamos viviendo es el avance victorioso e imparable del capitalismo en su versión más prístina sobre la vieja Europa del Estado del Bienestar, el último bastión de la Res Publica. Es César cruzando el Rubicón de la protección social para implantar urbi et orbe el orden implacable del mercado.

 

 

No hay prisa, nadie quiere un levantamiento social ni un baño de sangre ¡Por Dios, en la civilizada Europa!  Eso queda para las naciones bárbaras. Aquí basta con mantener el puño firme y estrujar a la gente cada día un poco más, en nombre de una chiripitiflaútica recuperación.

 

 

El año que viene será peor que éste, y el siguiente más y así sucesivamente. A lo mejor, hasta de vez en cuando nos dejan respirar un poco para que nos sigamos creyendo el cuento. Y así hasta que todo el mundo sea un mercado y todo lo que pulule en él, sea natural o artificial, humano o divino, valores o sentimientos… todo se convierta en mercancía y esté sujeto a la supuesta ley de la oferta y la demanda. Supuesta, porque la oferta siempre prevalece, como nos recordaba don Vito Corleone… “le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar”.

 

 

¿Y quién es el causante de todo eso? ¿Los políticos? “No nos representan” gritamos. No, pardiez, claro que no nos representan ¿cómo nos van a representar -aunque quisieran- si el congreso está tomado por la dictadura del capital? César nunca quiso ser investido emperador ¿para qué, si tenía el senado a sus pies? ¡Incluso después de muerto! En aquellos tiempos, algunos políticos decentes se suicidaban. Ahora, que son tiempos menos heroicos, podrían irse a su casa, pero ¡ay! la calidez del escaño…  Como en las malas novelas de misterio, los políticos, los mayordomos, cargan siempre con las culpas, aunque tan sólo sean cómplices más o menos agradecidos de sus amos, los verdaderos Señores del Capital. Y aquí, en Europa, es más bien raro que ambas condiciones coincidan.

 

 

Serán bien recompensados por sus servicios, naturalmente, pero los verdaderos Dueños del Mundo no aman la luz, y mucho menos exponerse a los focos de la opinión pública. Son discretos, grises, de apariencia insignificante, excepto algún bocazas que acaba ardiendo presa de su propia vanidad. Y a ellos les decimos “no hay pan para tanto chorizo”. Pero les da igual, lo quieren todo, independientemente de que todo sea poco o mucho ¿Nadie recuerda la escena de la banca de Mary Poppins?

 

 

Y ante eso ¿qué hacemos? La mayoría de la población, nada. Tragar con el cuento de la crisis y esperar más o menos resignadamente a que vengan tiempos mejores… Los pobres siempre han esperado tiempos mejores, el “día de San Jamás” como decía Bertold Brecht. Pero esos tiempos mejores suelen estar en “la otra vida”. Que suerte la de  aquellas y aquellos que tiene otra vida, porque yo sólo tengo ésta y se me gasta tan de prisa… Tener fe es un chollo. Lo digo con malsana envidia.

 

 

Otras y otros nos indignamos (¡Naomi, ya tenemos logo!) y montamos unas acampadas de puta madre, que son la admiración de toda la sociedad ¿Han servido de algo? La pura verdad es que más bien no, aparte de despertar la conciencia cada vez más desesperada de muchas y muchos. Pero lo hemos hecho tan bien que hasta un medio tan conservador como Time nos concede el galardón (o la parte que nos toca) de personaje del año. ¡Joder, nos han dado un Oscar! ¿A quién se lo vamos a dedicar? “Pedroooo…!” Y somos tan imbéciles, con perdón, que hay quien se lo pone en el perfil de facebook, otro faccioso engañabobos en el que nos pasamos horas y horas haciendo revoluciones virtuales.

 

 

Pero ¿qué más podemos hacer? ¿Cosas pequeñitas, locales, alternativas? Mientras sean pacíficas las que queramos, a lo mejor hasta salen ideas para una nueva línea de productos. ¿Manifestaciones? Ningún problema, vivimos en una sociedad democrática, y no hay que preocuparse mucho por si alguien se desmadra y rompe algunos cristales o quema contenedores. El seguro lo paga todo, de eso viven, y además así se ejercitan nuestras fuerzas del orden, que buena falta les hace, por si se dieran disturbios mayores. ¿Jugamos a la guerra de números? A ver si así nos acostumbramos a regatear, que los jóvenes lo han tenido todo muy fácil… Y si hay algún herido se monta otra manifestación oye, por manifestaciones que no quede.

 

 

¿Qué más? Bueno, queda la huelga general. Una huelga de vez en cuando fortalece el espíritu, porque quien tenga trabajo va a sacrificar el salario de aquel día (con todas las prorratas anticipadas correspondientes) y para el gobierno también es reconfortante. Un gobierno que no haya tenido una huelga parece que no sea un gobierno de verdad. Otra cosa es si se plantea una huelga indefinida ¡Alto! Aquí hay que tener muy en cuenta las reglas del juego. Esto es algo así como un asedio medieval pero mejorado. Los huelguistas pasan a ser los asediados y aguantan lo que pueden hasta que el hambre y la sed les hacen rendirse. Y los asediadores… pero ¿qué asediadores? ¿contra quién se hace la huelga? Si los políticos y los empresarios de medio pelo no pintan nada, la huelga debe hacerse contra los Señores del Universo ¿no? Y éstos, en una economía globalizada, ni se dignan presentarse.

 

 

Entramos desunidos y salimos maltrechos y sin resultados. Lo tenemos francamente mal. Nos quedaría una huelga de hambre colectiva. Eso de que se les muera la gente no es bueno ni para los mercados, pero ¿quién se apunta? Hay precedentes que no animan mucho. En Irlanda lo hicieron algunos activistas del IRA y Margaret Tatcher dejó morir a unos cuantos hasta que el resto se retiraron. Cuando ella muera tendrá un lugar reservado en el Olimpo del Capital, a la derecha del Tío Gilito.

 

 

No, nos sirven las viejas recetas de la lucha obrera. Tal como están las cosas, yo creo que si, de verdad de la buena, queremos, por encima de cualquier otra cosa, plantar cara al capital con algunas posibilidades de resistir, de frenarlo, incluso tal vez de ganar terreno, tenemos que dejar todas nuestras diferencias en casa y acudir a un gran pacto social. Un gran pacto entre los movimientos de vanguardia y alternativos -surgidos o no del 15 M y de la galaxia de los indignados- con los partidos políticos que se declaren de izquierdas, los sindicatos y la sociedad civil, a la que debemos ganar para la causa de una forma claramente mayoritaria.

 

 

”Somos los de abajo y vamos a por los de arriba”, eso está bien dicho. Pero no es verdad que no seamos de izquierdas ni de derechas, porque, normativamente, las izquierdas están con los de abajo y las derechas con los de arriba. Otra cosa es que las izquierdas hayan perdido el norte, pero lo que hay que hacer es que lo recuperen, a sopapos si hace falta, y los sindicatos también, porque en esta guerra, aunque no seamos lo mismo, no sobra nadie, lo que falta son aliados para combatir las fuerzas del capital.

 

La división de la izquierda y la alienación de la sociedad son las grandes victorias estratégicas del capital. Y para deshacerlas debemos separar las formas de las esencias. A los políticos de izquierdas hay que hacerles recordar, recuperar su alma adormecida, o vendida por un plato de lentejas, y decirles “tu eres mi hermano ¿qué haces aquí? ¿por  qué no marchas a mi lado?”. Hagamos manifestaciones, acampemos si hace falta, sí, pero ante la sede del PSOE, de Izquierda Unida, de UGT y de Comisiones Obreras, desgañitémonos hasta que nos escuchen, sin rencores ni partidismos. No queremos acabar con ellos sino que se nos unan, todos bajo una misma bandera, bajo un mismo lema, como en los tambores de Zimnik, “empezamos una nueva vida, nos vamos a un nuevo mundo”.

 

 

Y hagamos resonar también nuestros tambores casa por casa, barrio por barrio, pueblo por pueblo, para que despierten los muertos, se levanten de sus tumbas y de sus sofás, se arranquen sus tristes uniformes de víctimas y comprendan que ellos mismos pueden acabar con sus males. Que uno o una no es nada, ni diez, ni cien mil, pero que, si llegamos a ser millones quienes hagamos retumbar el tambor por la calle, en los estadios, en el parlamento… la victoria es nuestra. Porque el capital tiene una debilidad que sólo así podemos explotar: el capital es cobarde, huye frente a las masas si éstas marchan unidas y le plantan cara. Siempre ha sido así.

 

 

Necesitamos pues un gran pacto, sin heridas, sin reproches, sin maximalismos, un pacto de mínimos y de buena voluntad en el que no sobra nadie, un pacto de progreso en defensa del estado del bienestar.

 

 

Por el derecho al trabajo, a las pensiones y a la vivienda dignas. Por el derecho a una sanidad, una educación y una asistencia pública, universal,  gratuita y de calidad. Por la racionalidad, la austeridad y la transparencia de todos los organismos políticos y las administraciones públicas.

 

 

Nada más. Un pacto inclusivo, sin más cláusulas ni matices, porque, o estamos unidas y unidos o nos esperan tres mil años de oscuridad ¿Qué hacemos aquí parados y paradas? Cojamos nuestros tambores, o nuestras cacerolas, y vamos a despertar a todo el mundo, empezando por  nosotras y nosotros mismos y nuestras alucinaciones utópicas. Y si alguien quiere evitarlo, quiere imponer sus ínfulas de protagonismo, ya que hablamos de cuentos “que le corten la cabeza”, como decía la reina de corazones. Porque nosotras y nosotros “empezamos una nueva vida, nos vamos a un mundo mejor”.

 

 

Y ya que he utilizado tantas frases de la calle y de las redes, dejadme terminar desmintiendo en parte otra que ha hecho fortuna. Es de Eduardo Galeano: “Está en el horizonte […] Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y ella se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”. Bonita reflexión para iluminar el sentido de la vida individual, pero muy peligrosa para aplicarla a una sociedad al borde del colapso multiorgánico. No necesitamos colectivamente bellos horizontes, sino objetivos posibles, victorias que nos permitan defender nuestras posiciones y avanzar palmo a palmo en el camino de la recuperación de una democracia real, que, si alguna vez estuvo, ahora anda perdida.

 

radical-lliure

 

Funcionariado: las víctimas se presentan como culpables

Francisco J. Bastida | Catedrático de Derecho Constitucional. Universidad de Oviedo

Actualizado 15 Marzo 2012

 

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.

 

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

 

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

 

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

nuevatribuna.es

 

El PSOE necesita plantear una oferta viable

Dos fuertes y consecutivas derrotas electorales ha experimentado el PSOE durante 2011. En sendas contiendas se vio privado de la confianza de los ciudadanos porque las cosas las había hecho mal. Por eso el balance obtenido le ha empujado a una situación novedosa: nunca en democracia había tenido tan poco poder institucional. Tratándose de una fuerza política importante, esencial para la garantía de la estabilidad social y del progreso material de la sociedad española, resultaba pertinente observar la reacción que se produjera en su seno. Partiendo del resultado obtenido en el recientemente celebrado congreso me aproximaré a dos de los obstáculos con los que se van a enfrentar inmediatamente.

 

El primero de ellos está determinado por la crítica situación de la economía española. Por segunda vez, desde 2008, hemos vuelto a entrar en recesión, lo que llevará a que continúe el doloroso ajuste que se está produciendo en el mercado laboral. Sin ambages puede decirse que, aquí y ahora, no hay trabajo. Que quienes lo demandan han de soportar, en muchas ocasiones, múltiples abusos con tal de poder trabajar y ganar una pequeña cantidad de dinero.

 

Esto ocurre a la vez que se oye la voz de algunos empresarios diciendo que si son reacios a invertir y crear puestos de trabajo es porque para ellos el acceso al crédito es poco holgado y algo caro.

 

Por otra parte, se extienden las preocupaciones de muchas personas que, ante la vulnerable situación que padecen, comienzan a tener miedo sobre lo que les pueda suceder mañana. Para ellas, existe el riesgo real de que pueda deshacerse una parte del camino andado durante los últimos treinta años. Atisban como próximo "el trauma social y político que representa la inseguridad económica" (T. Judt), con lo que supone de frustración y, quién sabe, si hasta de emergencia social.

 

Sabemos que en España, el sistema productivo ha mostrado incapacidad e insuficiencia para generar ocupación estable. Ahora, vuelve a reproducirse ese yermo panorama. Resulta necesario afrontar cambios para elevar el crecimiento, absorber el desempleo, mantener la protección social y ayudar a los más necesitados, a la vez que se le proporciona confianza a los acreedores.

 

Para conseguir estos objetivos los conservadores sostienen que la crisis ha reducido el territorio económico, por lo que se disponen –entre otras vías– a cerrar esa falla a través de una contracción de la política fiscal. Si lo logran, retrasarán algunas décadas el reloj de los ciudadanos, obligándoles a vivir, durante un periodo de su vida, en un verdadero barrizal.

 

Lo contrario lo hemos defendido los socialistas. Puede recuperarse el tiempo perdido, desplegando una batería de reformas que corrijan las deficiencias que la crisis puso al descubierto. Para nosotros, el origen de cuanto sucede está lejos de la carencia de disciplina fiscal y cerca de las pérdidas de productividad y competitividad. Orientar el sistema productivo en esa dirección implica asumir un fuerte compromiso político con amplias mayorías sociales.

 

El PP es un partido que favorece a la clase alta, desde la que busca una bolsa complementaria de votos en copiosos caladeros de la clase media. Para él, como se está viendo, la clase obrera está demasiado lejos, por lo que a la hora de configurar sus diseños de política económica, explota el éxito, desequilibrando de forma permanente las relaciones industriales.

 

Las propuestas que formula las presenta como si la solución fuera “técnica, imparcial, objetiva, indiscutible o exenta de ideas” (J. Sevilla). La realidad es otra. El propósito que existe tras ellas se dirige a desenclavar las traviesas, incrementando el poder empresarial, con la consiguiente reducción salarial, como palanca para elevar la competitividad.

 

La posición de los socialistas es otra. El PSOE ha estado apoyado en una base social firme, que electoralmente le ha sido fiel. Gracias a ella levantó un proyecto reformista inequívocamente socialdemócrata. La parte más numerosa de esa base procedía de la clase obrera, si bien de una manera progresiva han ido integrándose en su electorado otros núcleos portadores de distintos enfoques e intereses. Este hecho tiene una innegable lógica política. En el capitalismo avanzado, ninguna clase social posee la condición de sujeto político hegemónico, aunque solo sea porque en estas sociedades ya no existen mayorías naturales. Las mayorías que se producen son el resultado de operaciones interclasistas que una vez alcanzadas hay que empeñarse mucho en mantener.

 

Esta trayectoria no es otra cosa que una elemental adecuación al principio de realidad, que se deberá seguir en el próximo futuro. De su habilidad para realizar combinaciones de intereses dependerá que vuelva a ser un partido de gobierno duradero.

 

El segundo obstáculo con el que se enfrentarán los socialistas está en la política española, una parte de la cual se residencia en el PSOE. Juega a su favor el resultado del último congreso, ya que ahora dispone de una dirección política desde la que poder desencadenar estrategias dirigidas a recuperar el electorado que ha perdido. Por lo que podrá actuar con determinación ante los problemas que irán apareciendo, si bien su tarea esencial consistirá en disponer de un proyecto alternativo al de la derecha.

 

El PP, como se está viendo, clarifica el perímetro de su acción política mediante una serie de decisiones encadenadas en una doble dirección. Medidas que, solo en su opinión, contribuyen a la recuperación de la actividad económica, cuya orientación es profundamente agresiva, con las que se dispone a realizar un ajuste que dada su radicalidad ocasionará estragos, muchas veces incontrolados, aunque siempre generadores de un fuerte descontento social.

 

La reducción del déficit, en la intensidad que pretende, no es el camino que lleva a la recuperación, es todo lo contrario. Por ese sendero, solo se llega a la contracción, que inclusive puede que sea imposible de soportar. Digámoslo claro, la restricción presupuestaria, pura y dura, tal como quiere llevar a cabo en España no es suficiente para encontrar la salida de la crisis. Hay que hacer más cosas, hay que discriminar y seleccionar las políticas. Los objetivos de reducción del déficit han de cumplirse mediante un recorrido razonable en plazos, pero a la vez han de aplicarse otros instrumentos que favorezcan el crecimiento.

 

Pero la política del PP irá aún más lejos ya que pretenderá configurar un modelo de sociedad donde existan mayores desigualdades. Tratará de socavar –al socaire de la crisis– las conquistas alcanzadas. Por eso, al ajuste presupuestario le acompaña un recorte de los derechos.

 

Ninguna sorpresa me ha producido el discurrir de los acontecimientos. Aquel planteamiento de Milton Friedman sobre la teoría del statu quo es lo que está encima de la mesa. Pero los ciudadanos, cuando se percaten de lo que sucede, reclamarán que se lleven a cabo los alineamientos pertinentes. El PSOE debe ser consciente de que, cuanto antes esté en condiciones de poder responder al empujón de la derecha, mejor.

 

Por eso, lo que le ocurra aguas abajo es relevante. Digo esto porque si algo caracteriza a la izquierda es su voracidad con los propios. Para evitarla debería reflexionar sobre aquella vieja idea de Tolstoi de que "en el bosque hay algo más que leña para hacer fuego". Tendría que dejar de cavar su propio pozo y dedicarse a otras tareas. Aunque solo sea porque el PSOE está emplazado para elaborar una oferta viable, realista y financieramente consistente, desde la que se sostengan las actuaciones a favor del progreso material y del bienestar social. En esa oferta han de aparecer soluciones poseedoras de mayor cohesión social que las que hay detrás de las políticas del PP.

 

Este proyecto permitirá recuperar terreno al socialismo desligándolo de aquellas políticas que no supieron conectar con la ciudadanía. Termino apoyándome en Popper, quien decía que "hemos de revisar nuestra actitud hacía los errores". A ese proyecto se le exigirá la adecuación a las circunstancias en las que ahora nos desenvolvemos. Disponer de él llevará un tiempo que no será breve, durante el que hay que repensar lo que se ofrece a la hora de afrontar los retos que se nos presentan como sociedad.

Francisco Fernández Marugán fue diputado del PSOE

elpais.com

 

La extrema derecha económica

De lo mucho que se ha hablado hasta ahora de la crisis económica hay dos aspectos que resultan sorprendentes: el tratamiento de la economía como una ciencia pura que no admite discrepancias y su carácter aséptico, desvinculado de cualquier ideología.

 

Parece como si todo lo que nos está pasando sea irremediable, que nadie sea responsable de nada, que nadie sea dueño de su vida y que todos aceptamos resignadamente las consecuencias deshumanizadoras de una enfermedad que nos destruye como personas y como sociedad y que no somos capaces ni de reconocer.

 

Se intentan obviar las raíces ideológicas de todo lo que nos sucede, cuando no parece absurdo situar el origen de la crisis actual en los mandatos de Reagan y Thatcher y su acentuación tras la caída del muro de Berlín. Mucha gente celebró el colapso del comunismo, incluyendo buena parte de sus partidarios, decepcionados por la deriva totalitaria del sistema.

 

Entonces hubo un cierto consenso en la creencia de que el único sistema económico mundial viable era la economía de mercado que, mediante unas reglas establecidas, debía conciliar libertad individual y justicia social, libre competencia e igualdad de oportunidades.

 

Pero pronto alguien se aventuró a anunciar que se había acabado la Historia y se extendió la idea de que también se habían acabado las ideologías.

 

Progresivamente, el espacio hegemónico que hasta entonces habían ocupado las ideologías lo ocupó el dinero, nunca reconocido como ideología. La exhibición del dinero pasó a ser uno de los principales reclamos mediáticos y sociales, la principal forma "de ser alguien".

 

Llegados a este punto se puede considerar que la raíz de nuestra situación actual obedece a una ideología de una sola idea, la del dinero. No es el capitalismo regulado, sino la forma más salvaje de capitalismo despojado de cualquier aspiración moral que solo responde a los intereses de lo que podríamos denominar como la EDE, la Extrema Derecha Económica. Extrema, por su darwinismo social. Derecha, porque su referente es el dinero. Económica, porque se estructura en base a un mundo solo económico donde impera la anomia social y donde no importan la degradación humana y ecológica.

 

A diferencia de la exuberante Extrema Derecha Política que conocimos en el siglo pasado, la EDE del siglo XXI tiene un eje determinante: la opacidad. Desde el anonimato, a través de un sujeto colectivo impersonal —los mercados— ha ido marginando la economía productiva en beneficio de la economía especulativa, dejando a millones de personas sin trabajo por el camino y tentando a empresas responsables a buscar salidas irregulares.

 

El circuito de esa EDE parece especialmente perverso: eliminación de regulaciones sociales, disminución de impuestos a la gente con mayores recursos, bendición de los paraísos fiscales, la corrupción y el fraude fiscal, rechazo de todo espacio público y desprestigio de la política. Desde Reagan a Clinton, desde Schröder a Merkel, desde Blair a Cameron o desde Aznar a Zapatero, todos parecen haberse arrodillado ante las exigencias de los mercados. En nombre del crecimiento ilimitado, dieron su apoyo incondicional a la economía especulativa desprestigiando la propia política y olvidando qué tipo de sociedad y qué tipo de progreso estaban potenciando.

 

Y aquí estamos, en un mundo narcotizado por el imperio de la codicia. Recordando a Erich Fromm, la cultura del tener desprecia los valores del ser. Así la EDE se encarga de recordar a quien fomente cualquier otro valor que no sea el del dinero (esfuerzo, responsabilidad, honestidad, cultura) que eso de los valores éticos (solidaridad, generosidad, sensibilidad, empatía) es cosa de ingenuos. ¿Esa es la sociedad que queremos?

 

La gran fuerza de esa EDE estriba en su convicción de que todos somos rehenes (con síndrome de Estocolmo) de la cultura hegemónica del dinero a la que hemos ayudado a contribuir con nuestras acciones o silencios. La EDE es consciente que con la adoración a la cultura del dinero abríamos la puerta al individualismo más feroz y al consumismo más voraz. Detrás de esa puerta se escondían impagos, frustraciones, depresiones, insolidaridad, vacío personal y, sobre todo, mucho miedo (hipotecas, desempleo, inseguridad). Y el miedo provoca parálisis personal y desmovilización social.

 

Estamos ante una encrucijada esencial. Ahora más que nunca hemos de tener coraje para mirarnos al espejo y ver qué estamos dispuestos a hacer, como sociedad y como personas. Nos necesitamos todos y necesitamos lo mejor de la política. Si reconocemos el origen ideológico de la crisis,  podremos analizar ideológicamente las salidas y debatirlas políticamente. ¿Acaso no fue ideológico permitir al mundo financiero la brutal irresponsabilidad de las hipotecas basura que ha originado esta crisis mundial? ¿Y las soluciones posteriores a Lehman Brothers? ¿No actúan ideológicamente las agencias de calificación y los tecnócratas?

 

Albert Camus nos alertó de que la peste se propaga a través de lo más oscuro del ser humano. Hace algunos años, en un aeropuerto extranjero, me topé con una inmensa pared en la que solo había un diminuto anuncio publicitario. Se veía la imagen de una tarjeta de crédito y debajo se leía: "Todo lo demás es exceso de equipaje". Si esa Extrema Derecha Económica consigue que nuestro exceso de equipaje sean los sentimientos, la relación con los demás, la exigencia de dar un sentido a nuestras vidas y reivindicar una sociedad más justa para nuestros hijos, es posible que la peste esté cerca. Entonces cabría preguntarnos por el motivo del propio viaje y hacia dónde nos dirigimos realmente.

 

Jordi Muixí es periodista.

elpais.com

 

La Junta hará un seguimiento DE LA SUBIDA de los 5,66 céntimos sanitarios

¿La Junta de Castilla y León invertirá la subida de un 4,8 (5,66 con el IVA) céntimos de euro en el precio de gasolinas y gasóleos en mejorar la financiación de la sanidad pública en Castilla y León ó se los gastará en publicidad para convencer a los castellanos y leoneses de lo buenos que son?

 

Lo más probable es que se los gaste en publicidad institucional, en los medios afines y en gastos de representación. Mientras tanto los ciudadanos a engrosar las listas de espera hasta que los amigos del SR. Herrara quieran.

 

Derecho de Huelga

El reconocimiento constitucional del Derecho de Huelga tiene su expresión en el Art.28, 2 de nuestra norma constitucional, que viene a garantizar como Derecho Fundamental un instrumento de presión de que disponen los trabajadores y trabajadoras en defensa de sus intereses profesionales.

 

No siendo casualidad su regulación dentro de los Derechos Fundamentales y Libertades Públicas de la Constitución de 1978, los antecedentes jurídicos de este derecho fueron restrictivos hasta el punto de ser considerado como delito por el Código Penal de 1944 y prohibido por el Fuero del Trabajo franquista hasta su regulación actual por el Real Decreto Ley 17/1977 de 4 de marzo, siendo además de importancia la interpretación que el Tribunal Constitucional hizo en Sentencia 11/1981.

 

Encontrándose así en estos dos últimos textos jurídicos su regulación actual, el Derecho de Huelga es reconocido como un Derecho Fundamental, y como tal no solo requiere un desarrollo legislativo por Ley Orgánica, lo que supone su aprobación por una mayoría parlamentaria reforzada (Art.81 CE), sino que conlleva una especial protección jurídica mediante el denominado Recurso de Amparo ante el Tribunal Constitucional.

 

No obstante, a pesar de que carece de desarrollo legislativo actual por Ley Orgánica, es el respeto a su contenido esencial uno de los límites a las pretensiones de toda modificación legislativa, y es que el cese de la actividad laboral por el ejercicio de este derecho no puede suponer ni sanciones a los trabajadores huelguistas ni que estos sean sustituidos por otros trabajadores, teniendo en cuenta que es el propio Real Decreto el que establece qué modalidades de huelga son abusivas e ilegales y , por consiguiente, prescritas por la ley.Además, siendo uno de los límites del ejercicio de este derecho la garantía de los servicios esenciales de la comunidad, al no poder ser decididos estos por ninguna de las partes implicadas, es la autoridad gubernativa la que debe garantizarlos, encontrándose esta con una exigencia restrictiva, y es que el mantenimiento de los servicios esenciales no puede suponer una reducción del Derecho de Huelga , debiendo ser observados criterios de proporcionalidad entre la protección de los intereses de la comunidad y la restricción al derecho de huelga, no siendo factible, por consiguiente, la utilización de aquellos intereses para limitar la capacidad de presión de los trabajadores.

 

Así, cometería un error el actual Gobierno si pretende modificar restrictivamente la regulación legislativa de este derecho con la ausencia de consenso de todos los agentes sociales, más aún si es aprovechada su mayoría parlamentaria para atender las demandas de la patronal en detrimento de los derechos de los trabajadores, y es que la crisis económica no puede suponer un retorno a modalidades de relaciones de trabajo ya superadas y que supongan un desequilibrio de fuerzas entre patronal y trabajadores, más aún cuando la reforma laboral publicada hace sonar todas las alarmas hacia la movilización. 

 

José Luis Garrido

Evolución o revolución

Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de ATTAC España

Ignacio Ramonet, en un artículo reciente titulado Generación sin futuro, citaba una frase de André Gide que es ahora especialmente pertinente: “El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos”.

 

La inercia es el gran obstáculo para la evolución, es decir, para cambiar oportunamente lo que debe cambiarse y conservar lo que debe conservarse. La reticencia a la modificación y adaptación, la tentación de dejar todo como está y utilizar fórmulas de ayer para resolver los problemas de hoy es una actitud particularmente negativa cuando las transformaciones son inaplazables, porque pueden derivar en revolución. Lo más peligroso de la inacción es que se extiende la impresión de que las cosas son como son, de forma inexorable, como el propio destino. Y se reduce y atenúa la facultad creadora distintiva de la especie humana.

 

Como bioquímico preconizo desde hace años imitar a la naturaleza, seguir su consejo, ya que la evolución, aun la más apremiante, no conlleva violencia. Tensión creadora –“la dificultad aguza el ingenio”– sí, pero usando el intelecto y no la fuerza. Recientemente José Monleón ha publicado La evolución pendiente, libro en el que analiza las posibilidades de evolución a escala local y planetaria. Llevarla a término sin dilación constituye uno de los grandes desafíos del presente. Para esclarecer los horizontes hoy tan sombríos se requieren nuevos enfoques. Se trata de una crisis sistémica que afecta particularmente a Occidente, porque es Occidente la que la ha provocado.

 

En el año 1991 escribí que el “coloso soviético se ha derrumbado porque, basado en la igualdad se había olvidado de la libertad. El sistema capitalista, basado en la libertad, se desmoronará igualmente si se olvida de la igualdad”. El presidente Reagan y la primera ministra Thatcher pensaron que había llegado el momento de la hegemonía “de Occidente” y no sólo marginaron totalmente a la ONU y la sustituyeron por grupos plutocráticos de 6, 7, 8… 20 países prósperos, sino que sustituyeron, también, y esta es la causa real del fracaso de la globalización neoliberal, los principios democráticos por las leyes del mercado.

 

Frente a la crisis de 2008, con considerables burbujas inmobiliarias en algunos casos, se acentúa progresivamente una reacción implacable de la zona del dólar en relación a la eurozona. Sobre todo en los últimos meses, el presidente Obama ha logrado emitir fondos para incentivar las grandes obras públicas y la creación de empleo a través del fomento de la pequeña y mediana empresa, y ha iniciado no sólo una política de desarme muy considerable, sino que ha vuelto decididamente la vista hacia el Pacífico. Europa, en cambio, sigue sin tener un sistema autónomo de seguridad, sigue sin federarse fiscalmente, al menos, y sin emitir incentivos para aumentar el empleo, basando toda su política en los recortes y la austeridad. Política que alcanza límites muy peligrosos ya en algunos países.

 

Los “mercados” –emanación del gran dominio financiero, militar, energético y mediático– no sólo condicionan, una vez rescatados, los acontecimientos económicos y acosan a los gobernantes europeos, sino que han llegado al colmo de forzar la designación de primeros ministros y de gobiernos sin comicios electorales. Su influencia alcanza una gravísima patología social, frente a la que debemos reaccionar rápidamente.

 

Grecia está que arde. Se cometieron muchos excesos… pero quienes los pagan, como siempre, son los más vulnerables. La troika exige ahora reducir 15.000 funcionarios más, lo que provocará no sólo más recesión sino que pueden alcanzarse situaciones en las que los efectos sociales lleven a colmar el vaso de la ponderación y de la mesura. Hay que evitar el estallido social en Grecia, que podría tener, además, efectos “contaminantes”.

 

“Europa debe darse cuenta –ha escrito Joseph Stiglitz– de que la austeridad por sí misma no resolverá sus problemas. Por el contrario, exacerbará la desaceleración económica. Mientras tanto, los programas a largo plazo –incluidos el cambio climático y otras amenazas ambientales y la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo– continúan intactos… o empeoran”. El BCE, el FMI y la Comisión Europea deberían captar estos mensajes, a los que hacen oídos sordos.

 

Hubo grandes manifestaciones en Portugal el pasado noviembre, donde las aguas siguen turbias. Protestas masivas y heridos en Grecia. A estas se añaden múltiples manifestaciones presenciales en Catalunya, en la Comunidad de Madrid, y los miles de indignados de la Puerta del Sol, trasladados después al ciberespacio, con miles también de activistas en EEUU. “¿Qué mejor lobby de influencia que el 99% de la población sojuzgada por el 1% que incluye a todos los poderes del sistema?”, apuntaba Rosa María Artal (Público, 07-11-11).

 

Hoy, por primera vez en la historia, los ciudadanos pueden dejar de ser súbditos, obedientes, atemorizados, pusilánimes. La posibilidad de la participación no presencial abre, junto a una mayor influencia femenina en la adopción de decisiones y una conciencia global que nos permite apreciar lo que poseemos y atender solidariamente las precariedades del prójimo, extraordinarias posibilidades de movilización popular.

 

Estos son los grandes desafíos. Este es el mañana que tenemos que inventar. Me gusta repetir la frase de John Fitzgerald Kennedy: “No existe ningún reto que se sitúe más allá de la capacidad creadora de la especie humana”. Se trata en suma de la transición de la fuerza a la palabra. Gente educada, libre y responsable, que actúe en virtud de sus propias reflexiones y nunca más al dictado de nadie. Sí, la diferencia entre evolución y revolución es la “r” de responsabilidad.

 

Artículo publicado en Público.

El drama del PSOE

La crisis de incumplimiento, de insolvencia y de impotencia del partido no se arregla con un apaño entre jerarcas, sino con un proceso constituyente para recuperar lo que se ha diluido y dotarse de ciertas reglas

RAMÓN VARGAS-MACHUCA  01/02/2012

 

Los partidos son instituciones básicas de la participación política. Pero en su funcionamiento interno están sometidos a un "régimen de excepción" que restringe el ejercicio de algunas libertades, desactiva controles propios de una democracia constitucional y contradice pautas de la representación política. La excusa es hacer más funcional la competición política, aunque en realidad sirve para blindar la posición de los que mandan en los partidos. Y mandan quienes imponen un tipo de intercambio clientelar: la permuta de adhesión política por puestos o gratificaciones particulares. Las consecuencias son previsibles y conocidas. Se sesgan las decisiones públicas para favorecer pretensiones privadas. Se alienta una selección negativa en la que cuenta como mérito la lealtad incondicional. De esta manera, quienes tienen que exigir cuentas son cooptados previamente por quienes tienen que darlas. Poco a poco una militancia profesionalizada suple a la voluntaria; la afluencia de ideas se sustituye por el aplauso. Al final, no queda más remedio que externalizar servicios como la producción de reflexiones y programas que se encargan a una nómina variopinta de expertos. Los partidos se convierten en instituciones zombis y despobladas.

 

Así las cosas, crece la disonancia entre lo que se cuenta fuera y lo que se cuece dentro, entre un relato público de legitimación y otro latente, funcional para el modus operandi que rige en el interior de los partidos. Mientras las cosas van bien, esta disparidad no escandaliza; como decía Maquiavelo, los hechos acusan y los resultados excusan. Pero cuando estos últimos no acompañan, una opinión pública inmisericorde diagnostica una triple crisis en el partido caído en desgracia. En primer lugar, una crisis de incumplimiento que evidencia la brecha entre lo que se predica y lo que en realidad se busca. Para camuflar esta inobservancia, los partidos recurren a racionalizaciones averiadas y hacen de la necesidad virtud, a lo que ayuda una clientela siempre dispuesta a decir amén. Y como el abuso de esos mecanismos distorsiona el campo de la percepción y dificulta asimilar información objetiva y externa, los partidos terminan siendo víctimas de una segunda crisis: la de insolvencia, muy notoria ante grandes cambios o fracasos sonados pues no saben qué les pasa ni por qué. Finalmente, atrapados en una dinámica de funcionamiento que invierte las prioridades institucionales y hace perder el norte, terminan padeciendo una crisis de impotencia que limita su capacidad de reaccionar para salir del punto muerto.

 

Aunque sea mal de muchos, no afecta a todos por igual. Perjudica más a los partidos que vinculan sus aspiraciones a razones de ética pública y a la capacidad del Estado democrático de convertirlas en realidad. Es decir, afecta más a partidos como los socialdemócratas cuando anotan fracasos como Gobierno o defraudan como partido. Y todavía más en la situación presente, en la que disponen de pocos recursos solventes a su alcance para reflotar las políticas de bienestar y están inermes frente a imperativos económicos que operan como si fuesen destino. Por eso los dirigentes del PSOE no se hacen cargo de la emergencia objetiva ni de su propia indigencia estratégica. Enfrentados a una situación tan crítica, no están en condiciones de encarar un debate franco a partir de una información apropiada que les ayude a procesar los problemas e identificar sus causas para intentar salir del atolladero. De ahí que hayan dado explicaciones tan poco verosímiles e inconsistentes sobre el descalabro electoral y que casi nadie se haya sentido responsable ni actuado en consecuencia. Al contrario, casi todos se ofrecen a pilotar nuevos proyectos, otro modelo de partido o lo que sea, con tal de seguir ahí a toda costa convencidos de que escampará.

 

¿Qué hacer para salir de este impassse? Desde luego, no improvisar un apaño entre jerarcas ni añadir cualquier novedad al repertorio. Y como no se puede rehacer en un fin de semana lo que se ha deshecho en años, este congreso, más que cerrar algo (en falso), debería iniciar un proceso constituyente. Lo llamo así para resaltar tanto el calado de la tarea como el sujeto llamado a protagonizarla. El quehacer es doble: recuperar lo que se había diluido y dotarse de reglas ciertas, algo inédito en todos los partidos. Para lo primero, la analogía con aquel congreso de Suresnes de 1974 puede valer. Al igual que ahora, entonces un PSOE desorientado se enfrentaba a un futuro de irrelevancia o centralidad. No estaban disponibles las recetas keynesianas de posguerra. Hubo que forjar itinerario propio, trazar un diseño ajustándose a las necesidades del país y valerse de ese criterio que suma realismo e impulso reformista. Cuando se actúa así, se suelen aprovechar las oportunidades de crear tanta justicia cuanta permiten el funcionamiento de la democracia y la economía, sin empecinarse en metas inviables o mal planteadas que empeoran los problemas. Esta manera de proceder ha distinguido a la socialdemocracia del resto de la izquierda, convirtiéndose en su apuesta más competitiva.

 

¡Recupérese el punto de vista genuino de la socialdemocracia¡ Y entonces no se darán bandazos, ni se rebuscará en el mercado de los principios a ver cuál agrada a la audiencia. Tampoco se caerá en el error de pretender ser más nacionalista, feminista o ecologista que cualquiera de los que han hecho de esas u otras franquicias la divisa de su propia identidad. Eso, además de avalar aquello que se corteja, es un síntoma de que uno no tiene nada propio que ofrecer. Ni habrá que resignarse al imperativo del "esto es lo que hay" ni tampoco escoltar a esa otra izquierda que con una gran niñez mental corteja la rebeldía e informalismo de quienes, muchas veces con motivo, andan soliviantados.

 

Hay una segunda razón para abrir un proceso constituyente en el PSOE: la necesidad de reglas. La participación política se canaliza a través de los partidos, pero influir en ellos desde fuera del núcleo dirigente resulta pretensión tan razonable como imposible. Si las oportunidades de participar están secuestradas por un poder constituido, ¿cómo no evocar un poder constituyente capaz de revertir ese poder ilimitado? Esa relación fraudulenta entre vida de partido y democracia solo se supera trasladando a su funcionamiento más garantías procesales para el ejercicio de los derechos y la intervención, porque de ello resulta un poder más controlado y repartido.

 

¿Y quiénes pueden protagonizar este proceso? Los que mueven los hilos para determinar los resultados del congreso están en otra cosa: el reparto de los remanentes del poder interno. No parecen estar en la disposición kantiana de "atreverse a saber", poner las luces largas y fijar un horizonte de objetivos propios y precisos. No cabe esperar de ellos que tomen decisiones contrarias a sus intereses inmediatos. Ese es hoy el drama del PSOE: quienes deciden no tienen nada que decir y quienes tienen algo que decir no deciden. Así que para un cambio extraordinario hay que convocar a sujetos extraordinarios. Y estos son aquellos que, parafraseando al abate Sieyès en su memorable ¿Qué es el tercer Estado?, hasta ahora no han sido nada y desean ser algo, aquellos que quieren ser representados sin alienar sus derechos. Es la hora de los ciudadanos, de ese demos socialista alejado del trajín político interno, la hora de tantos socialdemócratas de convicción defraudados por una práctica política decepcionante. Si hubiera posibilidades de participar en serio, retomarían el compromiso sin convertirse por ello en "políticos de jornada completa". A ellos afecta el porvenir de un partido que desde la Transición ha venido representando la posición en la que convergen una mayoría de españoles. También son PSOE; y sin su concurso, no se conforma una completa "voluntad general" de ese partido.

 

En manos de los delegados está que se inicie ese proceso. Una iniciativa razonable sería elegir una dirección de transición con el mandato de organizar en un año un congreso extraordinario que culmine dicho proceso y en el que participarían, en condición de compromisarios, una amplia representación de los afiliados (digamos, unos 2.000). En su elección y en las deliberaciones previas a ese congreso tomarían parte quienes se inscribieran en un censo habilitado a tal fin que fueran suficientemente representativos de los votantes. El objetivo es implicar a los electores en este camino de reforma e innovación. Que se abra esa puerta a la esperanza depende de la inteligencia política y el coraje cívico de los convocados al congreso de Sevilla.

Ramón Vargas-Machuca Ortega, catedrático de Filosofía Política, fue diputado del PSOE (1977-1993).

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Hagámoslo, y que se note

JUAN FERNANDO LÓPEZ AGUILAR - juan fernando lópez aguilar - 03/01/2012

 

El PSOE encara esta legislatura con el menor número de escaños desde la Transición. Todo puede empeorar, aunque debemos evitarlo. Nadie puede reprocharnos conversar entre nosotros ahora; sería imperdonable no hacerlo. Arriesguemos y hablemos claro.

 

1. Como nunca antes, la suerte del PSOE está vinculada a la socialdemocracia europea. Nada de lo que acucia a España puede ser abordado sin Europa, escorada a la derecha frente a su crisis más dura. La mayoría conservadora -el directorio Merkozy- ha impuesto un diagnóstico erróneo (la causa de nuestros males no fue el déficit, sino el endeudamiento financiero), una estrategia equivocada (la austeridad a toda costa destruye crecimiento y empleo) y unas recetas desastrosas que empeoran al enfermo (los préstamos usurarios causan destrozos sociales, malestar antieuropeo y populismo eurófobo).

 

2. No solo el colapso económico y social ha resultado asimétrico en la UE. También su impacto político. La derecha se muestra invariablemente movilizada en la defensa de sus intereses. La izquierda, en cambio, fragmentada, desmotivada en las urnas, propensa a la abstención o incluso al rechazo de Europa. No es casual: la ideología conservadora certifica la "impotencia" e "irrelevancia" de la política ante el poder constituyente de los mercados. Se persigue dar por cierta la ausencia de alternativas a su política. Y ello produce entre los progresistas un devastador efecto de estampida hacia la indignación o el pánico. España es un claro ejemplo. El PP ha obtenido mayoría absoluta con los mismos votos con los que fue derrotado en 2004 y 2008. El PSOE, 4,5 millones menos que en 2008. Los votantes del PP están militarizados. Votan indiferentes a los estragos de la crisis. Ha sido la fractura del voto potencial socialista la que ha asegurado al PP -sin un programa definido- la victoria de su vida.

 

3. Algunos pretenden que la crisis desgastará al Gobierno del PP. No lo creo. No es cierto que la economía haya castigado a todo Gobierno por igual, y es un error imputar solo a una causa la pérdida de respaldo. Sin aminorar el peso de la crisis, nada puede eximirnos de una revisión acerca de su gestión, su comunicación y hasta su explicación. Tampoco del coste sufrido por no haber incorporado ajustes no solo en el gasto sino también en los ingresos, removiendo injusticias y desigualdades fiscales en el reparto de la carga y de los sacrificios. No hacerlo raya en la exclusión de toda reflexión por la perezosa vía de la "socialización de pérdidas" ("nadie es responsable; todos lo somos por igual"). El electorado progresista mantiene su nivel de exigencia: no deberíamos permitirnos la autoindulgencia de creer que hemos perdido porque los elementos nos fueron desfavorables: en lo peor de la tormenta noshabría tocado el lado oscuro de la luna, pero los votos regresarán con las mareas. No, no volverán a menos que hagamos algo serio al respecto.

 

Ese espejismo encubre una deficiente comprensión de la marcada asimetría de pautas electorales entre la derecha y la izquierda. No hay ninguna evidencia de que su electorado vaya a castigar al PP por analogía al modo en que muchos progresistas castigan no votando al PSOE. La distancia entre los polos afecta también a la concentración de fuerzas completada el 20-N: la victoria del PP cierra un impresionante conglomerado de poder económico, financiero, empresarial y mediático. Este último es decisivo, y va a incrementar aún más las dificultades de comunicación de la izquierda. Buena parte de los medios ya no reverberan a diario el paro y la prima de riesgo, como ha venido haciendo mientras gobernó el PSOE. No habrá una mejora inmediata de las magnitudes económicas, por lo que muchos se emplearán en promover un cambio en el estado de ánimo mediante la inyección forzosa de índices de "optimismo" y "esperanza" en la opinión publicada. Los socialistas deberemos aprestarnos a resistir un bombardeo propagandístico en favor de las medidas que va a adoptar el PP; y, en cuanto al PSOE, un tratamiento de choque de "ciérrate Sésamo" mediático.

 

4. El PSOE celebra su 38° Congreso, y no se encuentra en buen estado. Nuestra eficacia discursiva ha resultado mermada por la acumulación de hechos consumados y decisiones sustraídas a toda deliberación participativa. Es por ello primordial recuperar la política como tarea de equipo, restableciendo la implicación interna de todos con la suerte colectiva. En ese esfuerzo nadie sobra. Huelga toda retórica de "refundación", pero el debate impostergable debe aunar el relanzamiento programático de nuestra vocación europea y de modelo de partido. Tenemos que enfocar las nuevas fuentes de desigualdad intergeneracionales (los jóvenes se perciben excluidos), el trato fiscal injusto según las fuentes de riqueza (la tribu-tación sobre el trabajo aparece saturada, mientras la del capital disfruta de todos los trucos), y un compromiso contra el fraude.

 

En cuanto a la organización, habrá que afrontar el problema del reclutamiento por métodos que permitan al partido respirar en sintonía con una sociedad transformada, comprometida y exigente. Muchas agrupaciones se muestran obsoletas para atraer e incorporar a quienes, desde la buena voluntad y actitudes progresistas, se acercan con ganas de ayudar: si no se sienten bienvenidos, tocan en otras puertas y actúan por otras vías. Nos hace falta un partido más abierto, receptivo, conectado al tejido social, a la responsabilidad por resultados y la concordancia entre valores y objetivos proclamados, así como a las herramientas de la comunicación. El margen es muy estrecho, apenas unas pocas semanas, condicionado por las elecciones andaluzas. Pero hace falta ese debate. No podemos reducirlo a un intercambio de tuits ni a un mero careo entre candidatos: equipamiento y equipo. Y con arrojo: sin miedo a resultar estigmatizados por atrevernos a pensar y a fijar la posición.

 

5. Estación término, Europa. Sin billete de vuelta. Debemos europeizar un PSE federal. Sí que hay alternativa a la gestión de la crisis impuesta por el directorio. La narrativa de nuestra oposición a la mayoría de derecha en la UE está lastrada por el propio desafío de comunicación de la política europea y de su Parlamento. El debate en el Parlamento Europeo no padece ningún déficit de contenido ni de intensidad. El problema es, sobre todo, de visibilidad, toda vez que no cuenta con un entorno mediático comparable al que es habitual en Parlamentos nacionales. Y esta opacidad no es inocua, perjudica nuestra capacidad de movilizar progresistas. Irónicamente, España ha ejercido un papel anticíclico en Europa: González gobernó en una UE con eje democristiano; Aznar lo hizo en un entorno de mayoría progresista; Zapatero fue sometido a un acoso próximo al estado de sitio. Pero nuestra tarea no debe limitarse a esperar a que la izquierda en Francia, Alemania, ojalá Italia, sacuda esta sensación de agonía interminable. Insisto, podría empeorar. A menos que hagamos aquí lo que es nuestra obligación: hablar más entre nosotros, en serio, a fondo. Y hablar claro.

 

6. La conversación que necesitamos no es lío; la crítica no es derrotismo; la explicación de lo ocurrido no es autoflagelación, y mostrar dolor o empatía cuando recibes un golpe no es ninguna propensión a la melancolía. Aprender de los errores no es deslealtad a uno mismo: no hacerlo equivale a mostrarse insensible en la deriva hacia el cinismo o hacia un profesionalismo ajeno a toda exigencia de responsabilidad. Hacerlo, en cambio, es dar señales de vida emocional inteligente. Es lo que la gente espera que hagamos ahora. Y es lo que nos exigen siete millones de españoles que han votado al PSOE en las peores circunstancias. Hagámoslo sin temor. Que se note. Y que se nos vea haciéndolo.

 

Juan Fernando López Aguilar es presidente de la Delegación Socialista española en el Parlamento Europeo y vicepresidente del PES.

elpais.com

Unos cuantos mamones le están robando el dinero a la gente

"Unos cuantos mamones le están robando el dinero a la gente"

 

Uno de los mejores libros que ha aparecido sobre la crisis financiera y sus razones ocultas lo ha firmado el americano Matt Taibbi, periodista de Rolling Stone.

 Cleptopía: fabricantes de burbujas y vampiros financieros en la era de la estafa (Lengua de Trapo, 2011), con prólogo y traducción de Pablo Bustinduy, aúna observación política afilada, especialización financiera traducida al lenguaje común, prosa cómica y una cantidad apabullante de indignación ante la estafa. Taibbi habla con Público para explicar qué ha pasado aquí y quién se ha llevado nuestro quesito.

 

Al leer ensayos, uno se topa a menudo con el reclamo de "se lee como una novela". En el caso de Cleptopía’ es cierto, quizás porque los malos de esta crisis actúan como villanos de ficción.

 

Hay que tener en mente que, a no ser que un lector esté muy familiarizado con el mundo de las finanzas, leer sobre este tipo de material puede resultar extremadamente difícil. Por consiguiente, uso técnicas de escritura narrativa con el fin de simplificarles las cosas a los no iniciados. El banco de inversiones Morgan Stanley probablemente sea culpable de las mismas cosas que Goldman Sachs, pero decidí concentrarme exclusivamente en Goldman y su director ejecutivo, Lloyd Blankfein, por su perfil Dr. No y estilo de villano de James Bond. Todo lo que se dice en mi libro es verdad, pero está escrito de forma que ayude a digerir el material más fácilmente.

 

Las acciones de estos "vampiros financieros" hacen que uno se pregunte sobre la naturaleza del mal.

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publico.es

 

Si logramos que no nos azoten...

 

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO  21/12/2011

 

 

 

Confía José K., quizá de forma irresponsablemente ingenua, en que al menos no lleguen a los castigos físicos. Nos recortarán, nos achucharán, nos encogerán, harán papiroflexia -mire qué bonita la pajarita que nos ha salido- con los papeles donde teníamos grabados nuestros derechos, nos cerrarán refugios y si dejan alguno, quizá algún hospital, nos cobrarán la entrada, primero, y cada latido advertido por el estetoscopio sonará con el clic de las cajas registradoras. Pero José K. espera, vaya usted a saber por qué, que no nos apaleen. Algo es algo, se dice mientras ve en el espejo del cuarto de baño esa cara agrietada por los años, sí, pero también por repetir una y otra vez la misma frase: ¿aún quieren más? ¿Aún quieren más? ¿Aún quieren más?

 

Mira nuestro hombre, un tanto encorvado, involuntaria muestra de sumisión, a los nuevos amos del mundo, tan triunfadores, tan pavos reales, con esa sonrisa de tampoco es para tanto. Y sí, efectivamente, tampoco es para tanto porque esos que vemos mandan muy poco, que más bien obedecen. ¿Y quiénes son, entonces, se pregunta José K., los que de verdad han conseguido que una señora alemana y un señor francés se repartan un pastel cada vez menos apetitoso y encima nos hagan creer que estamos construyendo una nueva Europa -quiénes, ¿nosotros?-, mientras sus banqueros aguardan a que lleguen los despojos de tanto sucio pig en sus modernos despachos con diseños de la Bauhaus o de Philippe Starck? ¿Quiénes son entonces los que han quitado a un primer ministro -repugnante, bien es cierto- para poner a un obediente empleado de banca? No se sabe, pero lo único que les caracteriza es que siempre, siempre, en cualquier circunstancia, quieren más. Y eso que ya lo tienen todo.

 

Así que José K. insiste: puede, incluso, que nos traten bien, piensa, hasta que nos den palmaditas en los mofletes, más bien resecas mejillas según pase el tiempo. Y es que ni tan siquiera necesitan azotarnos o amarrarnos con grilletes. Ya nos han vencido, derrotado, sometido, conquistado. No solo aquí, en este limitado terruño, no. Es sismo de dimensiones apocalípticas por cuanto sacude a todos y cada uno de los continentes. Incluso José K. tiende a pensar que de existir otras galaxias, también en ellas habrían vencido los mismos. Cierto que solo lo han hecho por nuestro bien, que hay que ver cómo hemos gastado tantos años, como unos irresponsables. Por eso vienen ellos -¿quiénes?- a poner orden en este patio de monipodio donde hasta los obreros tenían casa propia -ya ven- y se habían hecho crecer los derechos sociales de las minorías y los más desprotegidos. A tales desmanes, equivocadamente, sin duda alguna, se les había considerado avances de la humanidad. José K., asustado por la velocidad que le arrasa los pensamientos, empieza a verlos como cosas del pasado.

 

Y es que ahora ya no necesitan disimular. ¿Para qué? Si ya quitan y ponen primeros ministros y responsables de economía, en un mecanismo de puerta giratoria siempre en movimiento o de alegres, para ellos, tiovivos, hoy en Goldman Sachs o en Lehman Brothers, mañana ministros o gobernadores de bancos centrales para sin solución de continuidad, una vez cumplidos los encargos, retomar sus bien remunerados empleos. José K., con un punto de chulería, producto del enfado, advierte que tiene sus nombres y hasta sus fotos. Aquí están anotados, dice, este, ese otro y aquel de más allá. Y si eso practican esos chafalmejas a escala planetaria, qué no podrán probar en nuestra pequeña granja, minúsculo reducto este en una esquina del muy Viejo Continente.

 

Están a punto de lograr, por ejemplo, según ve nuestro hombre, que se haga cierto un sucedido nunca visto a lo largo de la historia: que lleguemos a creer moderno lo que ocurría dos siglos antes y antiguo lo que pasó en el siguiente. Un contradiós. Pero José K. lo ve aquí y allá el siglo XXI. Nos llevan al XIX y abominan del XX. Cuánto mejor aquellos años en que no había regulaciones de sueldos, edades, horarios o contratos. ¿No es excitante comprobar cómo crecía el capitalismo gracias a que aquellos miles de obreros de Manchester se dedicaban a lo suyo, a caerse muertos trabajando, y no a perder el tiempo en vacaciones y horas para el sándwich de pepinillo, que en nada benefician a la producción? Mucho más moderno, dónde va a parar, la vuelta al XIX. Y si me apuran al XVIII, al XVII o al XVI, y no les calienten, ruega José K., que estos nos llevan al antiguo Egipto.

 

Convertidos pues contratos, derechos, e incluso los sindicatos, esos entes demoniacos, en antiguallas inservibles del siglo XX que solo retardan el progreso y el futuro, pensemos en su abolición. Cuánto mejor salarios ridículos -400 euros y ya estás dando palmas con las orejas-; olvidarse de convenios colectivos y empieza a picar ahora que ya te diré. Si se me antoja. ¿Dicen que ya ocurre en Alemania, donde empleos a menos de esos 400 euros maquillan de forma vergonzante las cifras de un desempleo muy superior al confesado por el Gobierno de Merkel, mientras los otrora poderosos sindicatos alemanes miran hacia otro lado o quizá ya ni miren porque se han quedado ciegos, mudos y sordos? Pues eso me reafirma en lo que digo, insiste irritado José K., que ellos, esos seres innombrables, nos han desbaratado, pisoteado, laminado, aquí, allá y acullá.

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"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Es hora de morir".

(Roy Batty, Blade Runner, Ridley Scott, 1982).

"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... a multitudes despojadas de sus derechos más acá de Orión, y revolverse contra las injusticias y cantar al progreso en esa tierra que habitan los humanos, más allá de la puerta Tannhäuser".

(Añadido de José K., diciembre 2011).

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