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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

Un roto inconstitucional, aunque el descosido es real

La independencia de Cataluña es inviable constitucionalmente, se ha dicho muchísimas veces. La voluntad popular no se expresa en manifestaciones: por más que ejerza un derecho fundamental en democracia, la democracia no se agota en los manifestódromos. La explotación política de los "sentimientos" y las "emociones" conduce a la confrontación de magnitudes incuantificables, si es que no a la exaltación de lo irracional. La sensación de "agravio" se caracteriza por no necesitar contraste de veracidad, de modo que puede germinar en lindes inverosímiles. De hecho, se la puede fabricar deliberadamente para después manipularla ilimitadamente. Todo esto se ha dicho muchas veces.

 

Desde el punto de vista constitucional, la cuestión suele despacharse con el recordatorio de la reforma agravada (art.168), que contempla un referéndum en el que debería pronunciarse todo el pueblo español; después, por cierto, de cumplir unos trámites de casi imposible cumplimiento.

 

Sin embargo -y casi sarcásticamente como consecuencia de lo anterior- el punto de vista político nos describe claramente un cuadro con todas las trazas de un choque de trenes pilotado con precisión de relojero. No es que, como se alega, "resulte increíble" que "con la que está cayendo", en "un país asfixiado por los intereses de la deuda", en una UE que nos exige renuncias de "soberanía fiscal" venga a plantearse ahora un órdago "secesionista" desde una comunidad autónoma "a punto de ser rescatada". Antes bien, esta huida hacia delante o hacia ninguna parte, bajo la partitura de Els Segadors y envuelta en la Senyera, es una consecuencia más, y efecto colateral, de la interminable crisis de legitimación con que el pésimo manejo de los ataques contra el euro ha sumido a toda Europa.

 

Está al alcance de cualquiera calibrar la magnitud de los perjuicios irrogables por una vuelta de tuerca de inestabilidad y descrédito de España impuesta por la pulsión centrífuga de quienes - sea por desesperanza, sea por pánico o por el hastío ante la indiferencia o la negatividad de quienes están al timón- aspiran a abandonar la nave buscando salvarse por su cuenta en medio de la zozobra.

 

La vía de la independencia es pésima, por sus consecuencias económicas y sociales. Inconstitucional, antihistórica, divisoria, regresiva y penosamente antieuropea. La taxatividad de un juicio tan negativo apenas admite desarrollo en el espacio de un post, pero sí estimo relevante subrayar su incoherencia con el actual estado de la construcción europea. No todo el mundo conoce los precedentes descritos por la redefinición de las fronteras de la Comunidad Europea cuando, en 1962, Argelia accedió a la independencia de Francia, país fundador de la CEE; o cuando, en 1984, Groenlandia modificó su estatus respecto de Dinamarca, dejando por ello de ser territorio comunitario. Un poco más fresco en el debate es el dato de que el Tratado de Lisboa fija con claridad las reglas para la admisión de nuevos Estados miembros, lo que exige, como se ha recordado, ponerse el último en la cola de potenciales candidatos, además de negociar y superar por unanimidad el veto eventual de todos y cada uno de los actuales miembros, España incluida.

 

Nada de esto exime a los actores políticos de acometer un problema genuinamente político. De modo que es un poner manos a la obra para una solución política. La frustración causada por la mutilación del capítulo fiscal del Estatut de 2006 es real en sus efectos, y su desbloqueo solo puede provenir de un diálogo generoso y abierto, no ya hasta la extenuación, sino hasta la resolución del desafío que plantea la especificidad de la cuestión catalana. Yendo más allá, sin embargo, parece que ha sonado la hora de reabrir el debate constitucional de fondo. A estas alturas, su horizonte solo puede ser una apuesta federal, aspirando a incorporar al Pacto Constituyente a las generaciones que no pudieron votar la Constitución de 1878, ni habían nacido siquiera el día de aquel referéndum. El pueblo español tiene derecho a revisar a fondo una Constitución que muestra desde hace tiempo fatiga de materiales, a riesgo de envejecer sin que le hayamos permitido disfrutar de su madurez.

 

La independencia de Cataluña es inviable constitucionalmente, se ha dicho muchísimas veces. La voluntad popular no se expresa en manifestaciones: por más que ejerza un derecho fundamental en democracia, la democracia no se agota en los manifestódromos. La explotación política de los "sentimientos" y las "emociones" conduce a la confrontación de magnitudes incuantificables, si es que no a la exaltación de lo irracional. La sensación de "agravio" se caracteriza por no necesitar contraste de veracidad, de modo que puede germinar en lindes inverosímiles. De hecho, se la puede fabricar deliberadamente para después manipularla ilimitadamente. Todo esto se ha dicho muchas veces.

 

Desde el punto de vista constitucional, la cuestión suele despacharse con el recordatorio de la reforma agravada (art.168), que contempla un referéndum en el que debería pronunciarse todo el pueblo español; después, por cierto, de cumplir unos trámites de casi imposible cumplimiento.

 

Sin embargo -y casi sarcásticamente como consecuencia de lo anterior- el punto de vista político nos describe claramente un cuadro con todas las trazas de un choque de trenes pilotado con precisión de relojero. No es que, como se alega, "resulte increíble" que "con la que está cayendo", en "un país asfixiado por los intereses de la deuda", en una UE que nos exige renuncias de "soberanía fiscal" venga a plantearse ahora un órdago "secesionista" desde una comunidad autónoma "a punto de ser rescatada". Antes bien, esta huida hacia delante o hacia ninguna parte, bajo la partitura de Els Segadors y envuelta en la Senyera, es una consecuencia más, y efecto colateral, de la interminable crisis de legitimación con que el pésimo manejo de los ataques contra el euro ha sumido a toda Europa.

 

Está al alcance de cualquiera calibrar la magnitud de los perjuicios irrogables por una vuelta de tuerca de inestabilidad y descrédito de España impuesta por la pulsión centrífuga de quienes - sea por desesperanza, sea por pánico o por el hastío ante la indiferencia o la negatividad de quienes están al timón- aspiran a abandonar la nave buscando salvarse por su cuenta en medio de la zozobra.

 

La vía de la independencia es pésima, por sus consecuencias económicas y sociales. Inconstitucional, antihistórica, divisoria, regresiva y penosamente antieuropea. La taxatividad de un juicio tan negativo apenas admite desarrollo en el espacio de un post, pero sí estimo relevante subrayar su incoherencia con el actual estado de la construcción europea. No todo el mundo conoce los precedentes descritos por la redefinición de las fronteras de la Comunidad Europea cuando, en 1962, Argelia accedió a la independencia de Francia, país fundador de la CEE; o cuando, en 1984, Groenlandia modificó su estatus respecto de Dinamarca, dejando por ello de ser territorio comunitario. Un poco más fresco en el debate es el dato de que el Tratado de Lisboa fija con claridad las reglas para la admisión de nuevos Estados miembros, lo que exige, como se ha recordado, ponerse el último en la cola de potenciales candidatos, además de negociar y superar por unanimidad el veto eventual de todos y cada uno de los actuales miembros, España incluida.

 

Nada de esto exime a los actores políticos de acometer un problema genuinamente político. De modo que es un poner manos a la obra para una solución política. La frustración causada por la mutilación del capítulo fiscal del Estatut de 2006 es real en sus efectos, y su desbloqueo solo puede provenir de un diálogo generoso y abierto, no ya hasta la extenuación, sino hasta la resolución del desafío que plantea la especificidad de la cuestión catalana. Yendo más allá, sin embargo, parece que ha sonado la hora de reabrir el debate constitucional de fondo. A estas alturas, su horizonte solo puede ser una apuesta federal, aspirando a incorporar al Pacto Constituyente a las generaciones que no pudieron votar la Constitución de 1878, ni habían nacido siquiera el día de aquel referéndum. El pueblo español tiene derecho a revisar a fondo una Constitución que muestra desde hace tiempo fatiga de materiales, a riesgo de envejecer sin que le hayamos permitido disfrutar de su madurez.

Juan Fernando López Aguilar

UN GOBIERNO INEFICAZ, INJUSTO Y POCO CREÍBLE

El pasado mes de agosto no ha sido precisamente inhábil en términos políticos, económicos y sociales. El adelanto de las elecciones políticas en el País Vasco y Galicia, los sobresaltos de la prima de riesgo y de la renta variable, la nueva caída de la actividad económica en el II trimestre del año (recesión persistente), el disparo al alza de la inflación, así como el creciente desempleo y los recortes sociales (prestaciones por desempleo; destrucción de empleo público, sobre todo en sanidad y educación; además del anuncio del aumento del IVA) -como consecuencia de los ajustes y de las políticas de austeridad impuestas desde la UE- han sido hechos especialmente significativos que han presidido un mes tradicionalmente vacacional en nuestro país.

 

En este contexto no debe extrañar a nadie que hayan continuado las movilizaciones sociales y que se anuncie para el día 15 de septiembre una marcha sobre Madrid convocada por los sindicatos mayoritarios y más de 150 organizaciones sociales en su rechazo a los recortes del Gobierno y al copago -entre otras medidas-, lo que representará el comienzo de un nuevo y anunciado “otoño caliente”. Debemos recordar que lo que está aconteciendo en términos económicos y sociales se produce en base a las políticas unilaterales y de corte ideológico del Gobierno Rajoy (amparado en su mayoría absoluta), que están resultando regresivas socialmente y contradictorias con las medidas que prometió en su programa electoral. Lo más grave de la situación es que estas políticas están consiguiendo lo contrario de lo que dice pretender el Gobierno: reducir el déficit y la deuda pública (están aumentando), crear empleo (se está destruyendo) y mantener las medidas de protección social en defensa de los más afectados por la crisis (se están reduciendo). Por eso resulta comprensible que la oposición siga insistiendo en la oferta de diálogo y paralelamente denuncie una política que no cuenta con ninguna credibilidad y es ampliamente rechazada por la ciudadanía por ineficaz e injusta; de la misma manera, los sindicatos -víctimas de una absurda política antisindical del Gobierno- están apostando por la protesta y por la movilización ante la imposibilidad de negociar nada que tenga relación con la defensa de los intereses de los trabajadores más débiles (el Gobierno sólo tiene interés en recabar adhesiones y apoyos incondicionales). El resultado es particularmente negativo; en todo caso, la situación actual confirma el diagnóstico más común entre la mayoría de los expertos: el equilibrio fiscal no se conseguirá sólo con políticas de austeridad sino están acompañadas de medidas de reactivación económica y de creación de empleo.

Todo ello se produce en un marco europeo presidido por las políticas neoliberales -las mismas que defiende Rajoy, que son las que gobiernan y diseñan la salida a la crisis-, basadas en un ajuste brutal e indiscriminado de las cuentas públicas -sin margen para la inversión productiva, el consumo y la corrección del creciente desempleo-, lo que nos ha conducido nuevamente a la recesión y a la pobreza en un marco de profundas desigualdades (según Contabilidad Nacional, entre abril y junio la economía ha caído, en relación con el primer trimestre del año, un 0,4% y el 1,3% en términos anuales). Ello es debido, en buena medida, a la fuerte caída del consumo interno producida por el desempleo, los recortes sociales y la caída de las retribuciones de la función pública y de los salarios (los nuevos y escasos convenios que se firman apenas alcanzan el 0,5% de incremento salarial, con el agravante de que la mayoría no tienen una cláusula de revisión efectiva). Efectivamente, según destaca UGT, la demanda interna está intensificando su descenso al restar ya 3,9 puntos al crecimiento de la economía, frente a los 3,2 puntos del trimestre anterior, mientras que el sector exterior no despega suficientemente a pesar de su aportación positiva (2,6 puntos)- similar a la del trimestre anterior-, lo que demuestra que una ligera mejora del sector exterior sirve para poco si la capacidad de compra de los hogares se desploma como es lo que está ocurriendo en estos momentos. La situación se deteriora más como consecuencia de la sobrerreacción de los mercados (intereses de la deuda) ante la renuncia de Merkel a mutualizar la deuda en el seno de la UE, lo que está produciendo el rechazo de los ciudadanos que exigen poner freno a unos atropellos que están dejando un visible rastro de pobreza y desesperación en un buen número de países de la UE.

Las políticas de la UE vienen exigiendo particularmente una fuerte devaluación de salarios que se está llevando a cabo a través de la reforma laboral y de la negociación colectiva con el pretendido objetivo de aumentar la competitividad de las empresas. Sin embargo, una política competitiva basada en la reducción de costos en las empresas requiere no sólo apostar por la moderación de salarios (que, en todo caso y por sí sola, está condenada al fracaso) sino por una política de rentas global como vienen exigiendo los sindicatos y se contempla en el acuerdo entre los interlocutores sociales (II AENC, 2012-2014), firmado a primeros de año y echado a perder torpemente por la reforma laboral impuesta por el Gobierno. En este sentido, un debate a fondo y riguroso sobre este asunto requiere abordar también la reducción de las remuneraciones y pensiones de los altos cargos, sus ingresos no salariales (en especie y en la participación de los beneficios) y las retribuciones del capital (dividendos que se siguen repartiendo en medio de la crisis). Según todos los datos disponibles las remuneraciones de los asalariados están descendiendo, mientras que los excedentes empresariales crecen un 3,4% en plena crisis económica, al continuar beneficiándose del sacrificio salarial de los trabajadores y de la destrucción de empleo -al amparo de la crisis y con el apoyo del Gobierno-, sin que ello reduzca los precios en la misma magnitud, lo que demuestra un comportamiento irresponsable e interesado de los empresarios. Ello explica, en buena medida, el impacto negativo que están sufriendo los precios en los últimos meses que, todo indica, terminarán por encima del 3% a finales de año, por el aumento del IVA.

La decisión del Gobierno de aumentar la recaudación -a través del incremento del IVA- tampoco nos garantiza mayores ingresos (en otros países está cayendo la recaudación con esta medida); por el contrario, se trata de un impuesto indirecto y por lo tanto injusto al penalizar a todos por igual al margen de los ingresos, lo que aumentará los precios y perjudicará al consumo y a la competitividad de nuestra economía, además de consolidar el saqueo que representa la amnistía fiscal (los datos indican que resultará un fiasco por el lado de los ingresos) y el abandono del Gobierno de la necesaria reforma fiscal que debería obligar más a los que más tienen, recuperando impuestos (patrimonio) y luchando eficazmente contra el fraude fiscal que alcanza, en todo caso, cotas escandalosas por encima del 20%, lo que resulta intolerable para la ciudadanía.

Con estas medidas, el desempleo se está disparando junto a la precariedad de nuestro mercado de trabajo, sin una política decidida para combatirlo (800.000 empleos menos, una caída del 4,6% en el último año). Efectivamente, el abandono de las políticas activas de empleo resulta devastador, lo mismo podemos manifestar sobre la formación profesional y sobre el trabajo de recolocación de los desempleados por las oficinas públicas de empleo, dedicadas en la actualidad a un trabajo administrativo inútil, costoso y desalentador.
En esta situación, ni siquiera el Gobierno mantiene la protección social a los desempleados. La dificultad añadida para acceder al nuevo plan “Prepara” (según CCOO, el 76,7% de los jóvenes que viven con sus padres quedarán fuera del mismo) representa el último y más significativo ejemplo de insensibilidad social del Gobierno, que terminará, junto a otras medidas, por condenar a los jóvenes parados a la pobreza y a un futuro incierto relacionado con su emancipación y con la configuración de una carrera profesional completa a efectos de su jubilación; no podemos perder de vista que, según la EPA, la tasa de desempleo de los jóvenes menores de 35 años alcanza al 44,1% y al 58% si son menores de 25 años. Debemos recordar también que un tercio de los desempleados no tienen ninguna prestación y que, en el pasado mes de julio, el Gobierno ya excluyó al 90% de los perceptores de la Renta Activa de Inserción, endureció el acceso al subsidio por desempleo y redujo la cuantía de la prestación contributiva.

Con la revisión de las pensiones se puede producir un nuevo incumplimiento, sobre todo después del incremento del IPC; sin embargo, esta decisión no se conocerá antes de los procesos electorales de octubre. En relación con este asunto, no está de más recordar que el Gobierno ha reducido recientemente dos puntos las cotizaciones de los empresarios a la seguridad (significa la pérdida de 6.000 millones de euros anuales), después de una reforma que tenía como objetivo garantizar la financiación del sistema. Por eso, esta medida del Gobierno representa un abuso manifiesto y un nuevo ejemplo de ayuda descarada a los empresarios a través de la transferencia de rentas del trabajo al capital, sin ningún resultado para el empleo como se pretende justificar. Después de esta medida, sería verdaderamente intolerable que los pensionistas no revisaran su pensión.

Hasta el momento el Gobierno está haciendo caso omiso del malestar ciudadano y de las presiones sindicales, lo que ha terminado por minar su escasa credibilidad y confianza en menos de un año (la fuga de capitales en el primer semestre es muy significativa), tanto en el marco europeo (el Gobierno se muestra irrelevante delante de sus socios europeos) como en nuestro país, víctima de su falta de liderazgo y coherencia, sin una mínima planificación económica y despreciando a la oposición política y sindical. Por eso, no hay que descartar que la ciudadanía se pronuncie en octubre en las urnas -como ya ocurrió en Andalucía y Asturias- contra las medidas del Gobierno (voto de castigo) al carecer de otras alternativas y cauces de participación democrática. Por su parte, los sindicatos, en coherencia con sus legítimos objetivos, seguirán denunciando en los centros de trabajo y delante de la ciudadanía una política que atenta contra los más débiles y genera pobreza y desigualdad social sin resolver los problemas económicos que aquejan a nuestra sociedad y lo harán, principalmente, denunciando los estragos que está causando la absurda reforma laboral (los ERES han aumentado un 50% y la mayoría acaban sin acuerdo, según los sindicatos) y defendiendo los intereses de los trabajadores a través de la maltrecha negociación colectiva.

El Gobierno debe corregir el rumbo de un barco a la deriva en el próximo otoño. No debemos olvidar que todavía quedan pendientes medidas de capital importancia que afectarán al reparto del costo de la crisis y por lo tanto a las políticas de igualdad: profundizar en la reducción de gastos superfluos (incluso militares); aplicar con transparencia la nueva reforma del sector financiero -evitando la socialización de pérdidas y garantizando el crédito a familias y empresas-; abordar a fondo la concesión de las ayudas económicas necesarias a las CCAA; consensuar con la oposición política un posible rescate de la deuda soberana; acometer una profunda reforma fiscal; reformar el sector energético; debatir y acordar los nuevos Presupuestos Generales del Estado; y, finalmente, y sobre todo, pactar un plan global que aborde en profundidad la lacra del desempleo, que representa el fundamento de nuestros problemas económicos y sociales.

Antón Saracíbar

Hasta aquí hemos llegado: la izquierda debe reanimarse en la batalla ideológica

A tono con los tiempos duros, agosto no ha sido un paréntesis reparador. El verano ha sido extremadamente caluroso, con graves incendios que, como el de La Gomera, suman sus daños catastróficos a los estragos de la crisis. Arranca septiembre ensombrecido por la crudeza del peor otoño hasta la fecha y la impotencia declarada del Gobierno del PP, perpetrando manotazos que ahogan cada vez más a las clases medias y trabajadoras.

 

La situación aparece revestida de una gran complejidad. Pero imparable el porcentaje de gente de carne y hueso, malherida por la crisis, que tiene un criterio claro acerca de lo que pasa y por qué. No ha habido equívoco, ni error de cálculo, sino una alevosa gestión de la crisis por la que se ha empeorado la situación de quienes no la causaron, sin que los que más la provocaron se hayan despeinado siquiera.

 

Con el Gobierno del PP todo ha ido a peor. A velocidad de vértigo se han acentuado las contradicciones entre el defectuoso diseño de la moneda única y la insoportable ausencia de instituciones para defenderla de los especuladores y políticos para sostenerla.

 

Contra la oscuridad decretada por los moguls de la globalización financiera, la lucidez colectiva es cada vez más democrática: está al alcance de más gente dispuesta a informarse por fuentes propias y a expresar su criterio con rebeldía irreductible.

 

Esa lucidez colectiva apunta la necesidad de superar la trampa suicida del corto plazo para apuntar de nuevo al medio y al largo plazo. El corto plazo exige abaratar con urgencia los costes ahora prohibitivos de refinanciación de los intereses de nuestra deuda, aunque ello suponga abundar -con una dosis de la metadona de un préstamo con "condicionalidades"- en el mal que nos aqueja. El medio y el largo plazo exigen cambiar de raíz esta abyecta correlación de fuerzas que han sustituido la política por el protectorado cruel de esos hombres de negro armados con un palo y sin ninguna zanahoria, sin estímulos al crecimiento ni miramiento hacia el trabajo y los deteriorados derechos sociales de la ciudadanía.

 

La misma derecha alemana que nos ha abismado hacia el desastre quiere imponernos ahora su ritmo y sus objetivos sectarios en un enésimo giro de tuerca mediante la "reforma de los Tratados". Cuando, después de ¡diez años! de agónico ciclo constituyente europeo entró, por fin, en vigor el Tratado de Lisboa, se nos dijo que hasta aquí, que ese Tratado "sería el último" y que bajo "Lisboa" viviríamos el resto de nuestras vidas.

 

Frente a las pretensiones de Merkel hay que oponer tres objeciones: primera, nada indica que una reforma de los tratados sea planteable o viable en un contexto de inédita desunión entre los Estados miembros. Segunda, no es creíble que Merkel tenga intención de mejorar nada de lo que importa a la legitimación democrática y social del proyecto a relanzar: todo apunta, al contrario, a su determinación de empeorarnos la vida a quienes no comulguemos con sus ruedas de molino. Tercera, para hacer lo que hay que hacer sigue siendo innecesaria la reforma del Tratado: bastaría la voluntad y el liderazgo político de los que han estado en ayuno Europa a través de la crisis.

 

Detrás de tanto desencuentro pervive la ocultación de un debate ideológico de envergadura mayor a ningún otro desde que se derrumbó en los 90 el cartón piedra de la URSS.

 

Aquí y ahora en Europa -como, por cierto, en EEUU- es inaplazable librar una batalla a cara de perro en el campo ideológico: lenguaje, discurso, valores. La izquierda debe reanimarse y echar a andar, erguir la cabeza y contestar radicalmente las cosas graves y enormes que está colando de rondón el Gobierno del PP contra los contribuyentes, contra los inmigrantes, contra los estudiantes o contra quienes necesitan una beca o medicarse.

 

Y esta tarea que hay que hacer exige la articulación de Partidos europeos, no su desplazamiento por plataformas populistas ultranacionalistas, volcadas en la explotación de los prejuicios cruzados y agravios entre los europeos. Es urgente, especialmente, que el Partido de los Socialistas Europeos esté a la altura de su nombre y de sus apellidos.

 

Juan Fernando López Aguilar 

Vicepresidente, Partido Socialista Europeo

 

Teoría de la militancia

La crisis que está viviendo España supone, entre otros asuntos graves, una descomposición del sentido de la ciudadanía. Se trata de un problema serio y con repercusiones profundas. Basta con pensar los motores tradicionales de la energía cívica y enfrentarlos con la situación actual para tomar conciencia de la complejidad de la desesperanza que sufrimos.

 

El trabajo es uno de los ámbitos que generan mayor ética cívica por sus relaciones directas con la integración en la convivencia y la autoestima del individuo que se siente útil en su sociedad. Las cifras del desempleo provocan un malestar que va más allá de la tragedia económica de los individuos. La degradación de las condiciones laborales, la inseguridad en el puesto de trabajo, los empleos basura, el despido fácil como solución y el paro masivo son un ataque de gran calado contra el sentido de la ciudadanía. La mentalidad neoliberal, con su ambición desreguladora y su ley del más fuerte, ha encontrado en el desmantelamiento de la dignidad laboral una estrategia muy fuerte y no sólo económica, sino también ideológica. Sabe que el respeto público depende de los buenos oficios.

 

Otro de los grandes ámbitos de energía cívica es la vinculación política. Por eso llueve sobre mojado cuando en un país herido por el paro se produce un descrédito generalizado de los partidos políticos. La crisis tiende a vivirse como fatalidad, la soberanía se convierte en impotencia y la indignación acaba disolviéndose como simple furia momentánea al no encontrar cauces de intervención en las instituciones. Los testimonios, las buenas ideas, la rebeldía y la solidaridad se quedan al margen de los ámbitos de decisión. Así parece que hay una distancia insalvable entre la realidad de cada individuo y el poder. La representación se trasforma en farsa y la ausencia de vínculos sociales propios busca compensaciones deleznables desde el punto de vista humano como el odio al extranjero, la humillación del derecho internacional o la intolerancia ante las conciencias ajenas.

 

Conviene entender que el descrédito de la política puede resultar molesto para los partidos y los cargos públicos, pero es una noticia tranquilizadora para los poderes económicos que hoy se han adueñado de los gobiernos. El famoso estribillo de que todos son iguales es un magnífico argumento para cancelar cualquier tipo de alternativa. ¡Qué más da! ¡Sólo existen la corrupción, la mentira, el sectarismo! Este tipo de instinto social, fundamento del yo no me mancho ni me creo nada, ha sido minuciosamente cultivado por los que no quieren que existan leyes capaces de limitar el avaricioso vértigo de sus especulaciones.

 

Romper con la generalización del descrédito y dar un paso hacia el compromiso político es una respuesta imprescindible si queremos recuperar el sentido de la ciudadanía. Hoy por hoy, expulsados de los ámbitos de gobierno, los ciudadanos no podemos aprobar leyes para dignificar los ámbitos laborales. Pero sí está en nuestra mano el otro vínculo: la militancia. Los analistas partidarios del orden actual, cuando interpretan las encuestas, tienen una inquietud y una alegría. La inquietud es que el desgaste del partido en el Gobierno no vaya acompañado por la recuperación del otro partido mayoritario en el baile de los turnos establecido por el sistema monárquico español. La alegría, y lo repiten con ganas de apagar cualquier tentación de cambio en profundidad, es que no aparezca en el horizonte una nueva mayoría social. No hay verdadera alternativa que haga sombra a los capitanes del naufragio.

 

Esta alegría del sistema nos señala el camino: la militancia de los ciudadanos en proyectos profesionales y en organizaciones políticas, sociales y sindicales dispuestas a enfrentarse al neoliberalismo. Es verdad que se han cometido muchos errores. Vamos a criticarlos. Es verdad que se soportan herencias pesadas. Vamos a buscar soluciones. Pero no caigamos en la trampa de favorecer la impunidad de los poderes financieros con la fatalidad de un descrédito generalizado de la política. Los ciudadanos, los profesionales, los trabajadores, deben dar un paso, buscar un punto de reunión, saberse parte de una comunidad, no sentirse manchados por pronunciar la palabra nosotros. Hay épocas donde la libertad individual depende de la puesta en duda de las siglas. No es ese el problema de nuestro tiempo. Hoy necesitamos encontrar las siglas que generen ilusión y despierten un olvidado orgullo cívico.

 

¿Neutral y puro? Yo no, gracias.

 

Luis García Montero

publico.es

 

La revolución finiquitada

La revolución finiquitada

El 26 de agosto de 1789 la Asamblea Nacional francesa aprobó la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Ese acto trascendental, que cargó de sentido la Toma de la Bastilla que tuvo lugar un mes antes, el 14 de julio que le precedió, sitúa en el frontispicio de la Revolución Francesa el artículo primero de dicha Declaración, en el que lo que debe ser se sobrepone a la imposición de lo dado como guía para la emancipación: “los hombres nacen y permanecen como libres e iguales en derechos”. Se echaba abajo el Antiguo Régimen y se comenzaba a erigir un orden político nuevo, que tendría que hacer un largo recorrido, pero que desde el arranque que suponía ese hito sentaba las bases sobre las que habían de levantarse sistemas democráticos construidos con conciencia republicana. Y tras ese hito no sólo se inició una nueva andadura política a la búsqueda de instituciones a la altura de la común dignidad, sino que, como subraya Hannah Arendt, también cambió la manera de ser vista la historia. Sin la Revolución Francesa, un Hegel que la acogió con entusiasmo similar al de Kant –más allá del distanciamiento respecto al terror jacobino-, no hubiera desplegado una filosofía de la historia haciendo radicar el nervio de ésta en el progreso en la conciencia de libertad.

 

Durante más de dos siglos hemos vivido políticamente, de una forma u otra, bajo el signo de la Revolución Francesa. Así, por ejemplo, tanto la Revolución de Octubre en Rusia, como la Declaración universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, acusaron su influjo. ¿Hasta dónde llega su alcance? A una pregunta como esa Deng Xiaoping respondió irónicamente que aún era pronto para pronunciarse al respecto. Hoy, unas décadas después de la evasiva del líder chino, ¿qué decir de los ecos de aquella revolución y de los derechos que con ella fueron reconocidos? La cuestión no es que sea pronto para hacer balance. Nuestro problema es que se va haciendo tarde para salvar el legado de una revolución que, ciertamente, cambió la historia. El capitalismo que emergía a la par que caía el absolutismo del Antiguo Régimen es el que, en medio de sus contradicciones, va imponiendo su norma para reconfigurar desde la economía un orden político ya no presidido por los derechos humanos.

 

Es el fondo de la actual crisis en lo que puede ser un final de ciclo histórico, toda vez que los poderes dominantes dan por finiquitado el impulso emancipador de la revolución con que se inició una época contemporánea que muchos quieren encerrar en el pasado. Es, por tanto, tiempo de resistencia a la contrarrevolución, quizá armados con la convicción que el poeta René Char expresaba así: “La única lucha se celebra en las tinieblas. La victoria está sólo en sus bordes”. A veces esos bordes aparecen como aurora, incluso roja.

 

La política y los políticos: Atrapados en la demagogia


   “Perdón, soy político”: no es expresión caricaturesca; son palabras que muy probablemente diga quien, dedicándose a la política, se presente ante alguien. La disculpa, por delante, como para amortiguar el golpe de la presunción de incompetencia, de parasitismo o de posible corrupción que el prejuicio socialmente dominante hace recaer sobre los políticos en general. Mal anda la política cuando una situación como la esbozada no es exageración fantasiosa. Doy fe, desde la experiencia personal, de que no lo es. Lo hondo que ha calado la mala opinión sobre la política y el desprestigio de los políticos lo pude comprobar, sin que fuera una sorpresa, pero sí asombrándome de cómo se me manifestaba, cuando volvía a mis tareas académicas tras casi ocho años de cargo público –cinco de ellos como diputado en el Congreso-. Me encontré entonces con la felicitación de colegas y buenos amigos, no ya por el retorno a la vida universitaria, ¡sino por dejar la actividad política! Agradecí las expresiones de afecto, pero fue dura experiencia constatar así la escasa valoración de la política y la mala consideración de los políticos. Penoso. Pero no toda la culpa de lo que experimentaba como lamentable cabe echarla, obviamente, sobre las espaldas de quienes me deseaban lo mejor, aunque lo dijeran como si uno viniera de lo peor.


   Si, más allá de anécdotas biográficas, vamos a fuentes más objetivas en las que recabar datos acerca de la valoración social de la política y los políticos, ahí tenemos los resultados del CIS, que de manera reiterada exponen, ante la misma opinión pública sondeada, lo que para ésta es tercer problema de España: la “clase política”. Sintomático y preocupante a la vez. No obstante, diré que igualmente es sintomático y preocupante cómo parece que se realizan los estudios del CIS a ese respecto: ¿desde qué presupuestos ideológicos se da por hecho que todos los políticos constituyen una “clase”? Aun habiendo comportamientos corporativos y prácticas de casta endogámica, ¿no es sospechoso hablar de “clase política” ocultando la realidad de clases de nuestra sociedad? ¿Por qué un estudio presuntamente científico sucumbe al tópico de que todos los políticos son (negativamente) iguales? ¿Qué se diría si, por ejemplo, el colectivo de los médicos fuera tratado desde el supuesto, que sería injusto además de grotesco, de que todos son matasanos? ¿O si se preguntara sobre los jueces deslizando la sospecha de que son prevaricadores? La demagogia –puede inferirse- hace mella en los mismos estudios de los que cabría esperar conclusiones para combatirla.

 

   Pero vayamos al grano de la crisis de la política y del malestar existente respecto a quienes se dedican a ella. El caso es que vivimos en un momento en que la política está mal vista y los políticos, desprestigiados. Obligado es recordar que la situación no es del todo nueva, pues ha sido una constante histórica que los políticos hayan estado sometidos a un juicio público nada favorable. La ciudadanía siempre ha sido recelosa frente a quienes se han movido en los ámbitos del poder, desde los cuales se toman decisiones sobre vidas y haciendas de los individuos, con frecuencia injustas. Ha abundado y sobreabundado lo que ya Sócrates, según Platón puso en su boca, denunciaba como “simulacro de política” en vez de verdadera política, aquella orientada hacia el bien de la ciudad según criterios de justicia. Sin embargo, hoy, en nuestra democracia –que, como toda democracia que se precie, cuenta con una libertad de juicio, de crítica y de expresión que en la antipolítica de una dictadura no se da ni por asomo-, encontramos un nivel de desafección respecto a la política y de rechazo hacia los políticos verdaderamente preocupante. Por fortuna, no llega a cuestionarse abiertamente la democracia, pero sí que se somete a implacable juicio, y no siempre desde atinadas claves de análisis, el funcionamiento de las instituciones democráticas. En nuestra democracia parlamentaria no se puede pasar por alto la crisis de la representación política que la aqueja. Ella erosiona la legitimidad de esas instituciones y obliga a soluciones para recomponerla. No va a ser fácil, pues a esa erosión de la legitimidad de origen de los representantes políticos se añade el socavamiento de la legitimidad de ejercicio a causa de la constatación de la impotencia de la política frente a los poderes económicos, respecto a los cuales queda en posición totalmente subalterna. La crisis económica agudiza la crisis política.


   Un factor añadido a esa dinámica en la que los políticos se ven denigrados es el modo en que el fundamentalismo de la austeridad recae sobre las instituciones democráticas. Con precipitadas propuestas de disminución de concejales en los Ayuntamientos o de mengua del número de diputados en parlamentos, por no hablar de incautas proclamas sobre supresión del Senado, se ha entrado en la demagogia del ahorro en cargos públicos, dando a entender de camino que se pueden suprimir porque venían siendo superfluos. Tal demagogia –discurso falso que halaga los oídos de aquellos a quienes quiere persuadir- siembra desafección sobre el caldo de cultivo de una despolitización interesadamente potenciada desde la que se puede ir a parar a planteamientos antipolíticos de corte fascista. El peligro es real.



   ¿Cómo superar ese círculo vicioso en el que una demagogia rampante acosa a la democracia menospreciando la política y denostando a los políticos? ¿Difícil? Por una parte están quienes se dedican a dirigir injustamente el resentimiento social acumulado hacia mujeres y hombres volcados en la cosa pública con verdadera vocación de servicio y con sacrificio de su tiempo, de su energía y de su vida privada. Por otra, los hechos de una tozuda y muchas veces escabrosa realidad, yendo desde la corrupción y los abusos hasta la incompetencia de algunos, se vuelven contra los intentos de regenerar la vida política –a veces hasta en bienintencionadas comisiones parlamentarias de investigación cuyo desarrollo, como es el caso de la de los EREs en el parlamento andaluz, la ciudadanía puede acabar percibiendo como carente de la suficiente seriedad-.

 

   Con todo, lo importante y urgente en medio de las batallas en que estamos es devolver a la política su dignidad y reconocerla en quienes honestamente se dedican a ella. Para ello valen como palabras de aliento las del poeta Charles Bukowski, quien no se mordió la lengua para criticar a políticos de su país volcados en medrar, pero que a la vez dejó escrito: “el problema, por supuesto, no es el Sistema Democrático,/son las/partículas vivas que componen el Sistema Democrático”. Hay, ciertamente, problemas estructurales –democracia en los partidos-, pero no seamos nosotros el problema: seamos partículas vivas de una democracia que necesita de la ciudadanía, empezando por los políticos que han de representar dignamente a sus conciudadanos.



José Antonio Pérez Tapias

(miembro de Izquierda Socialista-PSOE)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 26 de agosto de 2012)

 

EL INDEPENDENTISMO FUNDAMENTALISTA DEL BANCO CENTRAL EUROPEO

Uno de los dogmas del neoliberalismo ha sido el de que los Bancos Centrales deben ser independientes del poder político. Según este dogma, tales Bancos Centrales deben ser gestionados y dirigidos por expertos (es decir, banqueros) que deben resistir cualquier tipo de presión por parte de los políticos, centrándose única y exclusivamente en controlar la inflación, que es –de nuevo, según dicho dogma- el único objetivo de un Banco Central. La máxima expresión de este pensamiento la vemos en el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Central más independiente de todos los bancos centrales existentes. Como bien dijo el Presidente de tal Banco en unas declaraciones a ‘Le Monde’ (21.07.12), “no es función del Banco Central ayudar a resolver los problemas financieros que tengan los Estados”. Y al final de su mandato, el anterior Presidente del BCE, el señor Jean-Claude Trichet, indicó que el gran éxito de tal institución era haber mantenido la inflación por debajo de un 2%, protestando porque no se le hubiera agradecido suficientemente esta labor.

 

Tal postura de “independentismo” de los Bancos Centrales se inició con el mandato del Presidente Reagan en EEUU y la señora Thatcher en Gran Bretaña. Y fue un indicador del enorme poder del capital financiero (predominantemente Wall Street en EEUU y la City en Gran Bretaña) que se aceptara tal independentismo, y que su único objetivo fuera el control de la inflación, pues para la banca, la inflación es el enemigo número uno. Los que derivan su poder de la propiedad de dinero ven tal poder mermado por la inflación. Si una persona tiene 100 euros y la inflación anual es del 10% al final del año la capacidad adquisitiva de aquellos 100 euros será sólo de 90 euros. Y viceversa, si usted debe 100 euros al Banco y la inflación anual es un 10% el próximo año usted deberá 90 euros (aún cuando la moneda sea de 100 euros, el valor real será de sólo 90 euros). De ahí que si la inflación fuera mayor que la existente, digamos un 4% por año, la deuda del Estado español descendería en realidad tal porcentaje. De ahí que la banca no quiera ni oír hablar de inflación. Y para evitar que exista inflación el Banco Central “independiente” imprime muy poco dinero a fin de que no haya mucha moneda circulando que –según el dogma neoliberal- crearía inflación.



El problema con tal “independentismo” es que asume que los banqueros, supuestos expertos, conocen los temas financieros mejor que nadie. Hoy, después del desastre creado por la banca, es difícil sostener tal postura. Pero lo que es peor es que los supuestos sobre los que se basa tal teoría de independentismo son erróneos.



En primer lugar, la inflación se debe a muchas otras causas, y no sólo a la cantidad de dinero circulando. Por ejemplo, si un país depende del petróleo importado y el precio del petróleo aumenta, la inflación crecerá, independientemente de la cantidad de dinero circulando. Lo mismo en cuanto a problemas internos en el sistema de producción: la escasez de ciertos productos puede determinar crecimiento de los precios. Y así un largo etcétera. Asumir que imprimir dinero lleva automáticamente a la inflación es erróneo, como lo muestra que el BCE inyectara un billón de euros desde diciembre de 2011, sin que ello haya repercutido en la inflación.



Es más, controlar la cantidad de dinero en circulación beneficia a la banca, pero no a la economía. Pues este control dificulta el desarrollo económico. La economía puede necesitar mayores recursos financieros y, si no los tiene, la economía crece menos y crea menos empleo. Y esto es lo que ha ocurrido en Europa, donde el independentismo del BCE ha sido una de las causas de que el crecimiento económico haya sido menor y el desempleo mayor, en promedio, en los países de la Eurozona después del establecimiento del BCE.



Es más, el independentismo extremo del BCE, completamente capturado por la banca y muy en especial por la banca alemana, hace que ni siquiera sea un Banco Central, convirtiéndose en un ‘lobby’ de la banca alemana (véase mi artículo “El BCE, el lobby de la banca”). Lo que se necesita es obvio. Aunque nadie lo cite. Antes de que existiera el neoliberalismo, los Bancos Centrales eran parte del Estado y estaban sujetos al control político, teniendo la responsabilidad de no sólo controlar la inflación, sino también estimular la economía. Y el crecimiento económico y creación de empleo del periodo 1945-1980 fue mayor que en el periodo 1980-2000. Es más, en los países donde ha habido mayor crecimiento, tales como Corea del Sur, Taiwán, China e India, su Banco Central no ha sido independiente. El desastre actual en la Eurozona debería ser motivo de cambio profundo del BCE, haciéndolo sensible a las necesidades de las economías de la Eurozona, y no a las de los Bancos.

 

Vicenç Navarro

¿Bajar los salarios para salir de la crisis?

Un dogma que se ha extendido en los establishments financieros, económicos, mediáticos, académicos y políticos de España es que para salir de la crisis hay que bajar los salarios. Tal creencia ha sido reforzada por el último informe sobre España del Banco Central Europeo dado a conocer el pasado jueves (09.08.12), el cual subraya la necesidad de que se bajen los salarios y el salario mínimo (así como otras medidas encaminadas a debilitar al mundo del trabajo, como la descentralización y debilitamiento del proceso de negociación colectiva) a fin de aumentar la competitividad de la economía española y con ello facilitar la recuperación económica de España. El argumento que se utiliza para justificar tales medidas es que, al no poder devaluar la moneda (posibilidad denegada a los países de la Eurozona al tener todos ellos la misma moneda) a fin de abaratar los productos y hacer al país más competitivo, la única solución que les queda a tales países que están en recesión es abaratar los productos a base de disminuir los salarios. De esta manera serán más y más competitivos y venderán más productos, exportando más y más, convirtiendo tales exportaciones en el motor de la economía, permitiendo así que salgan de la recesión. Este argumento ha pasado a ser parte de la teología de tales establishments y se reproduce no solo por los equipos económicos de los partidos gobernantes, la mayoría conservadores y liberales (en realidad neoliberales), sino también entre economistas que gozan de gran visibilidad mediática y que han tenido responsabilidad gubernamental tanto a nivel central como autonómico (gobierno Zapatero y tripartito), ahora en la oposición. Podría citar muchas declaraciones recientes de economistas próximos al PSOE y al PSC que, añadiendo un “tono de realismo” (que siempre se utiliza para defender tesis neoliberales), concluyen que sí, que hay que descender los salarios como parte de lo que Paul Krugman y muchos otros han llamado la “devaluación doméstica”. Por cierto, incluso la Monarquía está promoviendo esta creencia (que ha alcanzado niveles dogmáticos) en sus proclamas. Así, el heredero del trono de España, el Príncipe Felipe, en su inauguración de unos de los campus del centro de reflexión y promoción neoliberal, el IESE, hizo referencia a que “nuestros precios y salarios están marcando el ritmo del retorno al sendero de la competitividad”, lo cual, decodificada la narrativa diplomática, quiere decir que las bajadas de salarios están preparando la salida de la crisis, mediante el supuesto aumento de la competitividad (discurso probablemente preparado por Javier Ayuso, periodista económico de persuasión neoliberal, exdirector de comunicaciones del BBVA, que hoy trabaja en temas de comunicación en la Casa Real).

 

Los supuestos de tal dogma

Tal dogma, como todos los dogmas, se basa en fe en lugar de evidencia científica. En primer lugar, incluso si aceptáramos por un momento la necesidad de devaluación doméstica, tal bajada de los costes de producción puede hacerse a base de reducir los beneficios empresariales, en lugar de los salarios, posibilidad que casi nunca se menciona. Y cuando, raramente se hace, es para descartar tal posibilidad pues –según ellos- ello desincentivaría la inversión. Mírese como se mire, se propone cargar el peso de la recuperación económica en las espaldas de los trabajadores y no sobre las de los empresarios, a los cuales hay que darles todas las facilidades y estímulos para que exporten, pues ahí es donde radica toda nuestra salvación. Pero los datos muestran el error de los supuestos sobre los que se basa tal dogma. Veámoslos.

 

El error de los supuestos que sustentan el dogma

Uno de los centros de investigación económica próximo al mundo empresarial de las grandes corporaciones estadounidenses (The Conference Board) acaba de publicar un detallado estudio de la evolución de los salarios en la Eurozona que muestra que éstos han descendido de una manera muy marcada en España, Irlanda, Grecia y Portugal (los famosos países PIGS en la terminología anglosajona). Como promedio los costes laborales han descendido un 15% desde 2009. Pero como bien señala el economista belga Ronald Janssen, este descenso de los salarios y aumento de los beneficios no ha ido, por lo general, acompañado de un aumento ni de las inversiones ni de las exportaciones (“Falling Wage Costs: Europe’s Light at the end of the tunnel”). Janssen muestra gráfica y convincentemente en su artículo que en Grecia, por ejemplo, el muy marcado descenso de los salarios, incluidos en la manufactura, no ha ido acompañado de un aumento de las exportaciones. Antes al contrario, éstas han descendido también muy marcadamente. Grecia, por cierto, tenía un fuerte sector exportador antes de que se iniciara la crisis en el 2008. Los salarios pues han bajado (caído en picado) en Grecia pero ello no ha supuesto ni un crecimiento de las exportaciones ni de las inversiones. Lo único que ha subido han sido los beneficios empresariales que se han disparado alcanzando una cifra equivalente a un 12% del PIB griego. Mientras, la economía griega está yendo de mal a peor.

 

En España y en Portugal, sin embargo, las exportaciones sí que han crecido sobre todo a partir del 2009. Tal crecimiento sin embargo no ha sido suficiente para reavivar la economía de tales países. En ambos países, la gran destrucción de empleo (en parte responsable del aumento de la productividad), consecuencia de las políticas de austeridad y de la gran bajada de salarios, ha creado una recesión tal que el aumento de las exportaciones no ha sido suficiente para estimular de nuevo la economía. La bajada de salarios que en teoría está aumentando las exportaciones está a la vez deprimiendo la economía doméstica, venciendo esta última a la primera. Ello confirma lo que varios autores hemos estado señalando durante bastante tiempo: el gran error, mostrado muchas veces en Latinoamérica, de querer estimular la economía a base de colocar el sector exportador en el centro de la economía. No fue hasta que gobiernos de izquierdas y centroizquierdas potenciaron la demanda doméstica que aquellos países de América Latina salieron de su recesión.

 

En este aspecto, es interesante ver la similitud de los argumentos neoliberales (presentados como argumentos de sentido común en las “ciencias económicas”) utilizados en América Latina y ahora aquí en España. Tales argumentos están siendo utilizados hoy en España no solo por las derechas sino también por economistas de partidos exgobernantes de centroizquierda, como el PSOE y el PSC, hoy en la oposición (resultado, por cierto, de la aplicación de tales políticas). Otro argumento que utilizan tales economistas, que asumen que la recuperación económica procederá del sector exportador (para lo cual exigen un descenso salarial), es que este tipo de recuperación deberá ser, por necesidad, muy lenta. En América Latina se insistió en ello, año tras año, durante toda una década de dominio liberal en las esferas de poder. La famosa luz al final del túnel, sin embargo, nunca se agrandó. En realidad, la famosa luz aparecía cada vez más lejos y más pequeña. Y está ocurriendo lo mismo ahora en España.

 

A donde está llevando este dogma

Todo este proceso era predecible. Es fácil de ver que tales políticas son erróneas. Solo se necesita mirar los datos y olvidarse de la teología neoliberal (presentada como conocimiento económico). Cuando tantos trabajadores están sin trabajo y cuando la mayoría de jóvenes están sin trabajo durante muchos años, significan una pérdida, muchas veces irreversible, de recursos productivos. Y esto es lo que está ocurriendo en España. Frente a un sector exportador vivo, existe una economía doméstica paralizada por una enorme falta de demanda, creada por la confluencia de bajada de salarios, destrucción de empleo, y reducción de gasto público. Esta fue la situación en Latino América en el periodo neoliberal y ésta es la situación en los países PIGS ahora (convertido en GIPSI, con la inclusión de Italia).

 

En realidad, la bajada de salarios está creando una enorme recesión no solo en los países periféricos de la Eurozona sino también en los países del centro. El nivel de demanda de la manufactura (PMI, purchasing manager index) está bajando también en Alemania y en Francia a niveles de Italia, habiendo alcanzado cuotas por debajo de lo que se considera el nivel aceptable y/o sostenible. Y ello era, de nuevo, predecible, pues gran parte de las exportaciones alemanas y francesas son importaciones italianas, españolas, portuguesas y griegas. Y la bajada de salarios y recortes de gasto público están reduciendo dramáticamente el consumo doméstico y exterior.

 

La respuesta del establishment alemán no es estimular la demanda en Alemania y en los otros países de la Eurozona sino al contrario. Sus políticas públicas están recortando los salarios de los trabajadores alemanas y (presionando a través del Bundesbank y, por lo tanto, del BCE) de los trabajadores de los países periféricos de la Eurozona, conduciendo al precipicio a toda la Eurozona. Se inicia así una competición para ver quién paga menos a sus trabajadores. Estos son los costes de continuar creyendo en el dogma neoliberal. Pero como bien ha dicho la Organzacion Internacion del Trabajo, en su respuesta al informe del BCE, tal estrategia llevará a una depresión no solo europea sino mundial. Lo que está ocurriendo en la Eurozona es un ejemplo de las consecuencias de tales políticas. Su venidera recesión puede llevar a una gran depresión. En realidad, para miles de españoles y de europeos esta depresión ya ha llegado. Estos son los costes de continuar creyendo y aplicando el dogma.

 

Una última observación. La enorme fuerza e influencia del pensamiento neoliberal en España (resultado del gran poder que tiene la banca y la gran patronal en los fórums mediáticos y políticos) se refuerza con la enorme pasividad de las izquierdas. Y no me estoy refiriendo a los partidos políticos (a los que habría que reformar sustancialmente) y a los sindicatos sino a las personas que se consideran de izquierdas y que con su pasividad están permitiendo que tal pensamiento y las políticas que las sustentan (que están haciendo mucho daño) continúen. De ahí que me permito sugerirle al lector de este artículo que se movilice y que, si está de acuerdo con la tesis que expongo (enormemente minoritaria en España, debido a su marginación en los medios), envíe este artículo a todo tertuliano, a todo periodista, a todo canal informativo que reproduce tal dogma, a fin de mostrarles que lo que dicen y promueven no tiene ninguna base científica, denunciando con ello, su función propagandística en lugar de informativa. Permítame una observación personal. Mi blog recibe alrededor de 10.000 contactos al día. Si suponemos que al menos un 10% coinciden con mis tesis y éstos enviaran cartas o llamaran a los medios cada vez que tal propaganda ocurre, tales medios captarían el mensaje de que la población es consciente de su actitud propagandística, exigiéndoles mayor rigor y diversidad. La enorme pasividad de las personas de izquierda debería sustituirse por una agitación social e intelectual que mostrara las enormes falsedades de la sabiduría convencional que se reproduce a través de los medios de información de mayor difusión, transformándolos en medios de persuasión. Una de las grandes insuficiencias de la democracia española es precisamente la falta de diversidad de tales medios. La ciudadanía debería movilizarse para protestar y denunciar tal situación.

Vicenç Navarro

publico.es

 

¿Cuáles son la bandera y el himno españoles?

A raíz de las declaraciones a un rotativo catalán, ARA, del deportista catalán Àlex Fàbregas, participante en las Olimpiadas de Londres, en las que declaraba que no sentía el himno nacional español, ni tampoco, consecuentemente, la bandera nacional española, como suyos, y sí en cambio sentía la bandera catalana, La Senyera, y el himno catalán, els Segadors como suyos, se movilizaron las predecibles voces insultantes en las que todo tipo de epítetos se dirigieron a tal deportista y a sus defensores.

 

Tal reacción muestra, una vez más, la escasísima cultura democrática que existe en algunos círculos nacionalistas españoles que han expresado siempre gran hostilidad hacia cualquier proyecto que difiera del suyo. En vez de establecer un diálogo, la respuesta es siempre la misma. El insulto tanto verbal como físico, incluido el militar. No en vano, la Constitución española atribuye a las Fuerzas Armadas la garantía de lo que llaman la Unidad de España, artículo de la Constitución que entra en claro conflicto con el principio democrático de que la soberanía radica en la ciudadanía. Por lo visto, bajo esta Constitución, si el pueblo catalán decidiera separarse de España, ello sería impedido por el Ejército, aun cuando el resto de la población española así lo aceptara. En realidad, en tal Constitución no existe espacio para considerar tal posibilidad. En otros países en los que he vivido por muchos años durante mi largo exilio, tal posibilidad sí que existe. Así, en EEUU, el Estado de Texas tiene la potestad, si así lo desea, de separarse de EEUU, posibilidad que, por cierto, muchos estadounidenses de persuasión progresista favorecerían debido a las posturas profundamente conservadoras que tal Estado suele sostener y promover. En otro país donde viví muchos años, Suecia, se vivió a principios del siglo XX, en 1905, una separación de parte de su territorio, Noruega, sin que hubiera conflicto alguno. Un acuerdo sin más respondiendo al deseo de Noruega y aceptado por Suecia.

 

En España, el enorme y asfixiante centralismo del nacionalismo español, más presente en las fuerzas conservadoras que en las progresistas (aun cuando estas últimas comparten frecuentemente elementos importantes de este centralismo que caracteriza el nacionalismo español), ha siempre respondido con hostilidad y agresión (incluida la militar) a todo intento de redefinir tal Estado, aceptando la descentralización (el llamado Estado de las autonomías) precisamente para no reconocer la plurinacionalidad del Estado español. Es ese nacionalismo español el que también ha mostrado la Transición española de la dictadura a la democracia como módelica, presentando la Constitución como un documento ejemplar que era mejor no cambiar (excepto en nocturnidad y alevosía para obedecer el dictado del gobierno alemán en aprobar el pacto fiscal).

 

Las consecuencias de la Transición Inmodélica
Como he escrito en varias ocasiones, la Transición dejó mucho de ser modélica (ver mi libro Bienestar insuficiente, Democracia incompleta. De lo que no se habla en nuestro país). Se hizo en términos muy favorables a las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado español. Había un enorme desequilibrio entre las fuerzas políticas que se sentaron en la mesa para diseñar tal Transición. Por un lado, las conservadoras, herederas de la dictadura, que continuaban teniendo un gran poder, controlando, además del Estado, la mayoría de medios de información y persuasión, mientras que las izquierdas, que lideraban las fuerzas democráticas, acababan de salir de la prisión o de volver del exilio. Ni que decir tiene que las movilizaciones obreras jugaron un papel esencial en finalizar aquella horrible y sangrienta dictadura. Pero los partidos políticos de izquierda que se sentaron en la mesa, tenían muy poco poder. Ello dio como resultado una Transición y una Constitución inmodélicas. El sistema democrático al cual dio lugar, fue muy limitado, produciendo un bienestar muy insuficiente. Lo que está pasando con las víctimas de lo que se llama en España “el franquismo” (que debería llamarse fascismo) es un claro ejemplo de ello. Una juez de Argentina tendrá que proteger sus derechos –respondiendo al Derecho internacional- debido a que los que tenían que haberlo hecho en España no lo hicieron. Y, España continua siendo el país con el gasto público social por habitante más bajo de la UE.

 

En tal Constitución aparece la bandera borbónica como la bandera española, y la Marcha Real como himno nacional, frente al cual los súbditos tienen que cuadrarse en silencio. Tales símbolos definen bien la España de la Transición. Pero para millones de españoles –que perdieron la mal llamada Guerra Civil (que fue un golpe militar fascista frente a un sistema democrático) y sus sucesores, herederos que luchamos durante la dictadura por la democracia-, ni la bandera ni el himno son los nuestros. Lo es por ley, pero no lo sentimos nuestro. En realidad, aquel himno fue el himno de los golpistas, y la bandera borbónica (con cambios mínimos) fue la que los golpistas enarbolaron en su victoria en aquella rebelión antidemocrática (que no hubiera ocurrido sin la ayuda militar de Hitler y Mussolini). Este rechazo es muy acentuado en Cataluña (cuya cultura fue brutalmente reprimida por los golpistas) y no solo entre los independentistas (cuyo proyecto no comparto pero respeto) sino entre gran parte de la población.

 

La bandera republicana
Mi bandera española (tan querida como La Senyera), es la bandera por la cual mis padres y su generación lucharon (perdiendo una guerra) y es la bandera que las fuerzas democráticas, también en Catalunya, defendimos durante la dictadura. La bandera republicana, que, por cierto, me alegra ver que aparece cada vez más en las manifestaciones de protesta a lo que está ocurriendo en nuestro país. Esta bandera liga las demandas presentes de un mundo mejor con nuestras luchas y las de nuestros antepasados para establecer otra España, la España de los distintos pueblos y naciones de España, frente a esta España del establishment, cuyas políticas están causando un enorme dolor sin que tengan ningún mandato popular para llevarlas a cabo pues nunca estuvieron en sus ofertas electorales. En esta España, que un número creciente sentimos que no es la nuestra, hemos visto el intento desesperado de tal establishment liderado por la Monarquía, de utilizar los Juegos Olímpicos, para movilizar el sentimiento de apoyo a la Marcha Real y a la bandera borbónica, presentándolas como las españolas (porque así lo dice la Constitución), con la presencia activa de la Familia Real para conseguir crédito político de las merecidas victorias de los deportistas españoles. Todo ello como indicador de la necesidad que tal establishment siente de legitimar su poder que está perdiendo apoyo popular rápidamente.

 

Mientras todo ello ocurre, en España está prohibida la exhibición, incluso en las competiciones deportivas, de la bandera española que mejor representa la España democrática, ansiosa de libertad y solidaridad, por la cual millones de españoles lucharon, siendo fusilados, encarcelados, torturados y/o exilados por ello. A la vez que la Familia Real intentaba oportunísticamente promover su imagen en los Juegos Olímpicos, apareciendo siempre en los medios de información junto a los equipos españoles vencedores, en Alicante, días después, un ciudadano era sancionado en el estadio donde se jugaba el partido de balonmano entre la selección española y la argelina, por querer mostrar su apoyo al equipo español enarbolando la bandera española republicana. El gobierno español justificó tal sanción bajo el argumento que tal gesto “incitaba a la violencia” (Público, 16.08.12). Ello muestra, no solo el nivel de intolerancia antidemocrática de las derechas en España sino su enorme temor e inseguridad, conscientes de que hay la otra España que derrotaron que, no solo continúa existiendo, sino que está creciendo.

 

La necesidad de recuperar nuestra bandera y nuestra cultura republicana
Se me dirá que estoy despertando sentimientos que estarían mejor guardados a fin de facilitar la convivencia. Pero los que utilizan tal argumentación ignoran que el lado vencedor nunca adoptó ninguna medida conciliadora, que exigiría un cambio radical en su comportamiento con los vencidos. El caso citado de las víctimas de la dictadura es un ejemplo bochornoso de ello. Reconciliarse con esta actitud es olvidar nuestro pasado, que es lo que la izquierda nunca debería haber hecho. Fueron primordialmente las izquierdas las que lucharon por la democracia y fueron primordialmente las derechas las que primordialmente la destruyeron, como ahora están destruyendo los pocos derechos sociales y laborales que se habían conseguido en el periodo democrático.

 

Una última nota. Es muy importante que en las manifestaciones de protesta luchando por otra España, la España auténticamente democrática, se recupere esta memoria, entre otras razones, para que la juventud sepa que son continuadores de otras generaciones que lucharon y a veces vencieron. Y parte de ello es no solo recuperar la bandera republicana, sino la cultura democrática que caracterizó a las izquierdas, incluyendo las canciones de resistencia antifascista. Sorprende que la multitud no cante en las movilizaciones de protesta en España, una situación que es casi única a los dos lados del Atlántico donde he vivido. En Italia y en Francia, las canciones de la resistencia antifascista aparecen una y otra vez en las manifestaciones. Y en EEEUU, los cantos de los movimientos sociales de protesta son la norma, cantándose con frecuencia lo que es, en la práctica, el himno de las izquierda americano, This Land is your Land. En España, tenemos muchas canciones que millones de voces cantaron en el pasado incluso en condiciones de clandestinidad y en su lucha por la democracia canciones que también se están olvidando como parte de este olvido histórico que las izquierdas han practicado. Reforzarían las posibilidades de tener un futuro, si tales canciones y tal cultura estuvieran también ahora presentes en tales manifestaciones que exigen –con razón- otra España.

elplural.com

 

Recortes de la junta de Castilla y León (sólo para los trabajadores)

La junta de Castilla y León recorta el sueldo de los trabajadores públicos mientras sigue pagando horas extras y productividades a secretarias de altos cargos. En el mes de junio repartió a cada secretaria de alto cargo (consejeros, secretarios generales, directores generales, etc.) más de 3000 €.

Al mismo tiempo, firman acuerdos con los recaudadores privados como el colegio de registradores de la propiedad (algunos ilustres como el hermano de Rajoy y el propio Rajoy pertenecen a dicho gremio) en los que prevén quedarse con el  50% de lo recaudado.

Una parte del Acuerdo:

 ......................

Séptima. Compensaciones económicas

Las Oficinas de Distrito Hipotecario recibirán las compensaciones fijas y, variables reguladas en los apartados 1 y 2 de esta cláusula por el ejercicio de las actuaciones de gestión reguladas en la cláusula tercera, sin perjuicio de la aplicación del apartado 3 de esta cláusula.

 

1. Compensaciones económicas por importes fijos.

Las compensaciones fijas a satisfacer a las Oficinas de Distrito Hipotecario por la realización de las actuaciones reguladas en la cláusula tercera se calcularán conforme a los siguientes criterios.

 

2. Actuaciones de presentación de documentos

 

  1. Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados. Por cada autoliquidación grabada en GUIA y digitalizada 5,00 €.
  2. Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Por cada autoliquidación grabada en GUIA y digitalizada 10,00 €.

 

3.   Actuaciones de asistencia a los contribuyentes

 

  1. Por cada preautoliquidación efectuada a solicitud de Interesado 5,00 €
  2. Por cada prevaloración realizada a solicitud de interesado 5,00 €

 

4. Actuaciones de gestión de expedientes tributarios

 

 

  1. Por cada expediente del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y actos Jurídicos Documentados en que se hayan realizado las actuaciones escritas en la cláusula tercera, apartado 3, letras a), b), c) y d) Y se haya dado fin de gestión sin liquidación complementarla 12,50 €
  2. Por cada expediente del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones en que hayan realizado las actuaciones descritas en la cláusula tercera, apartado 3 letras a), b), c) y d) Y se haya dado fin de gestión sin liquidación complementaria 30,00 €.
  3. Por cada liquidación complementaria realizada por la Oficina que genere Ingreso en la Hacienda de la Comunidad 20,00 €.
  4. Por cada expediente sancionador que genere Ingreso en la Hacienda de la Comunidad 10,00 €.
  5. Por cada Informe relativo a solicitud de aplazamiento y fraccionamiento de deudas y por cada expediente resuelto de aplazamiento y fraccionamiento 5,00
  6. Por cada expediente de solicitud de devolución de ingresos indebidos y por cada expediente de solicitud de tasación pericial contradictoria 5,00

………………………….

 

 

 

Sahara: la espantada franquista

Si el Gobierno español quiere dejar atrás su responsabilidad histórica por haber abandonado a su excolonia o si quiere contentar a Marruecos para hacer negocios con ellos, es su opción. Pero que no utilice nuestra seguridad para dar la puntilla al muy digno, humilde y combativo Pueblo saharaui.
La primera espantada es en 1975 con Franco deteriorado pero todavía vivo. El ejército español inicia una retirada vergonzosa de su colonia del Sahara Occidental permitiendo que en octubre de ese año Marruecos culmine su Marcha Verde y ocupe el territorio. La resistencia del muy mal armado pueblo saharaui dirigida por el Frente Polisario es aniquilada a sangre y fuego y hombres, mujeres, niños y ancianos tienen que atravesar el desierto perseguidos por los aviones marroquíes y refugiarse en territorio de Argel, en la Hammada, lo mas inhóspito del Sahara, donde malviven los últimos 40 años ayudados por la solidaridad internacional que trata de paliar esa injusticia.

 

Marruecos, como Israel contra Palestina, ha levantado un muro de más de 2.700 kilómetros con minas antipersona para asegurar toda la franja costera, que es la que le interesa.

 

Aunque formalmente nadie reconoce la ocupación, en la práctica Europa y el Estado español negocian con Marruecos concesiones de pesca en el Banco sahariano o la explotación de los fosfatos de Bucraa. La diplomacia marroquí mantiene excelentes relaciones con Francia, el Estado español (salvo incidentes como el de la isla Perejil) y Estados Unidos, pero la OUA que agrupa a los estados africanos, exige la retirada de la que considera la última colonia africana.

 

Es en este contexto en el que los cooperantes desarrollamos nuestra labor humanitaria, pero también de solidaridad con sus reivindicaciones de cese de la ocupación, regreso a su tierra y Derecho de Autodeterminación ante un genocidio lento pero continuado. Y por ello somos molestos. Por una parte somos testigos de algo que se quiere ocultar y por otra, vehículos de solidaridad y de esperanza para el Pueblo Saharaui.

 

Y es en este contexto en el que el ministro español de exteriores, Garcia Margallo, aprovechando el rebufo del reciente secuestro de nuestro compañero cooperante Enric Gonyalons, la española Ainhoa Fernandez y la italiana Rosella Urru, anuncia que hay un grave riesgo terrorista en el norte de Mali y que tiene motivos fundados para sacar de Tinduf a todos los cooperantes y que si son secuestrados ellos deberán hacer frente al pago del rescate. La segunda espantada española.

El ministro García sabe que el secuestro de los tres cooperantes es un hecho puntual, aislado y es el primero en 40 años. Y sabe, o debiera, que desde octubre pasado la seguridad se ha convertido en una obsesión en los campamentos, que en el aeropuerto nos recoge un convoy del ejército argelino y nos entrega a la Seguridad del Polisario y que en el mismo edificio donde dormimos hay un reten de guardia que nos acompaña al hospital y que no nos dejan andar de noche. Un agobio en un ambiente tan tranquilo como es el habitual de los campamentos.

 

Sorprende además, que un ministro del PP que siempre da respuestas testiculares ante cualquier “amenaza terrorista”, se arrugue tan rápido, toque retirada y anuncie que cada cual resuelva su secuestro, cuando todos sabemos que el PP “ni negocia con terroristas ni paga rescates”. ¿O no?

 

De aceptar nosotros esta orden, estaríamos poniendo en peligro desde la asistencia sanitaria hasta la distribución de alimentos, pasando por los 6000 niños que cada verano pasan sus vacaciones entre nosotros para escapar de los 50º asfixiantes. Estaríamos ahogando sus sonrisas y acabando con la esperanza de todo un pueblo de regresar a sus casas y estaríamos poniendo la alfombra roja al imperialismo marroquí para sacar de la agenda internacional el genocidio saharaui. Nosotros somos los testigos incomodos que impedimos con nuestra presencia que el conflicto se archive y olvide.

 

Los cooperantes no nos vamos a dejar utilizar. Si el Gobierno español quiere dejar atrás su responsabilidad histórica por haber abandonado a su excolonia o si quiere contentar a Marruecos para hacer negocios con ellos, es su opción. Pero que no utilice nuestra seguridad para dar la puntilla al muy digno, humilde y combativo Pueblo saharaui.

Xabier Onaindia. Médico cooperante/Rebelión

 

LO QUE SE AVECINA

 El pasado viernes 27 de julio la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmaba contundentemente: “No va a haber rescate ni el rescate es una opción”. Sin embargo, después de tantas mentiras, rectificaciones y cruce de estimaciones contrapuestas por parte de los miembros del gobierno, ¿alguien puede creerle? Da la impresión de que la respuesta de la vicepresidenta a los periodistas abona más un deseo que la realidad. Ésta es bien distinta: la refleja mucho mejor el semanario The Economist en su último número. El artículo intitulado The Spanish patient (El paciente español) nos anuncia que España, a más tardar, va hacia un rescate completo en el mes de noviembre. El cuadro clínico de España es el siguiente: las recaídas del paciente, después de cada dosis de cura, son más prontas y más rápidas; la deuda pública a corto y a largo plazo ronda el mismo porcentaje (7%); se obtura la posibilidad de pedir prestado a corto plazo; no podrá reducir el déficit público (en 2012, el 6,3%; en 2013, el 4,5% y en 2014, el 2,8% del PIB) porque tanto la recesión como la caída de la demanda interna hacen que dichos objetivos sean inviables; tampoco podrá reducir la deuda externa puesto que la huida del capital extranjero por ahora no tiene vuelta atrás (100 mil millones de euros); la capacidad de ahorro se desvanece; y, por último, los vecinos del paciente, por un lado, Italia cada día teme más la extensión de la infección y, por otro, Alemania, Luxemburgo y los Países Bajos, temen perder su apreciada triple A si los rescates se propagaran.

 

            A todo ello hay que añadir que el equipo médico que atiende a España parece haber tomado la decisión de dejarla, sine die, en estado de coma: ninguna de las medicinas aplicadas reavivarán al paciente, todas ellas se encaminan a taponar el crecimiento. Y como recientemente dijo el expresidente de España, Felipe González, “el que no crece no paga y el que se muere paga menos”. No obstante, el establishment de tecnócratas del Banco Central Europeo (BCE) y de la Comisión Europea, mandatados por Alemania, dan palmaditas al paciente indicándole que va por buen camino y le sugieren cortarse algunos miembros para evitar una gangrena total: reformar la Constitución, especialmente el Título VIII. ¿Qué le dicen? O renuevas el pacto constitucional o estarás condenado a ser gobernado desde fuera por tecnócratas. Es decir, si quieres conservar parte de tu soberanía, debes saber que, en tu estado,  mantener 17 Comunidades Autónomas es inviable.

 

            La situación que se avecina es de emergencia: comienza a fallar el riego sanguíneo, la sístole (soberanía nacional) y la diástole (democracia) declinan gravemente, y aparecen indicios de que hay que intervenir masivamente el cuerpo social y político de España. Ante esta sintomatología, la receta es: o soberanía democrática o protectorado tecnocrático. En suma: o democracia recortando las autonomías o tecnocracia impuesta desde fuera.

 

            Esta es la razón por la que muchos, con tal de salvar al paciente como sea, están hablando de un “pacto de Estado” o “consenso nacional” que nada tiene que ver con el Pacto de la Moncloa (25 de octubre de 1977). Ahora se trataría de alcanzar un gran acuerdo nacional para salir de la crisis y actuar unánimemente en Europa con el fin de cambiar el recetario de la austeridad y las funciones del BCE. Como mínimo ese acuerdo tendrían que formalizarlo el PP y el PSOE. Es evidente que para ambos partidos la supuesta “salida” contiene muchos problemas y supone asumir “riesgos” no menores. En este artículo me centraré en las contrariedades que dicho desenlace acarrearía al PSOE.

 

            Primero, si el PSOE, por la responsabilidad de ser partido de gobierno y de mayorías, asume el pacto, ¿qué ocurrirá con las medidas ya adoptadas por el gobierno de Rajoy?, ¿se acopla y se hace corresponsable de la reforma laboral, del copago sanitario, del recorte de la educación, del empobrecimiento de las prestaciones por desempleo, de la amputación de la ley de dependencia, etc.? Segundo, ¿corroborará que estos 30 años de desarrollo autonómico han sido inútiles y aceptará que las diputaciones provinciales vuelvan a cobrar prestigio y relevancia frente a los ayuntamientos? Tercero, ¿creen que el pacto de gobierno en Andalucía con I.U. se podrá mantener en pie? Y en Asturias, ¿acaso I.U. iba a mantener el gobierno con una huelga minera que no alcanza a vislumbrar la solución? En Euskadi, ¿nos presentaríamos cogidos de la mano con el PP? Ya no hablo de Galicia, no hace falta. Cuarto, ¿esperamos que los sindicatos se sumen al pacto? Ahora que UGT y CC.OO han logrado que tanto el CSIF como la CGT también estén a favor de convocar una huelga general, ¿confían en que les sigan en este descabellado ejercicio de responsabilidad?

 

            Quizá argumenten que el pacto es coyuntural: solo hasta salir de la crisis. Pero mientras tanto, ¿quién hará la oposición? ¿Qué sentido tiene renunciar a la oposición si el PP tiene mayoría absoluta? ¿Esperamos que I.U. no reaccione y renuncie al sorpasso? Después de tanta responsabilidad, ¿se escandalizará el PSOE de que la juventud española lo equipare al PP? Por si faltan argumentos contra un pacto de ese perfil, decir que en su tiempo también se aseguró que el PP iba a gobernar coyunturalmente en Valencia y en Madrid. Y miren ustedes por dónde: llevan más de 20 años con mayoría absoluta.

 

            Además, ¿quién nos garantiza que tras darnos el dinero del rescate total y de embolsarse la banca teutona la parte que le debemos, no nos digan que es el momento de salirnos del euro? Primero el paciente paga y después lo echan del hospital porque dicen que la aseguradora no está dispuesta a asumir más perdidas. El paciente pone en peligro los intereses de la propia compañía y ésta lo deja desnudo con la bata puesta al albur del viento de la historia.

 

28 de julio de 2012

 

*Mario Salvatierra Saru es Diputado de la Asamblea de Madrid y miembro de IS-PSOE

 

 

El problema no es la herencia, es la sucesión

Han pasado 8 meses desde que el PP ganara las elecciones y siete y medio desde que Rajoy es Presidente del Gobierno. En un país azotado por la peor crisis financiera y mundial en los últimos 80 años una semana es mucho tiempo y medio año una eternidad. Poco meses después de su llegada a Moncloa, cuando la prima de riesgo superó los 400 puntos, un Rajoy sonriente y relajado declaró en los pasillos del Congreso que no había que ponerse nerviosos porque "las decisiones se pueden tomar en 24 horas". A juzgar por la prima de riesgo y el hundimiento de la bolsa, las "reformas" de Rajoy no convencen.

Es muy popular el dicho de que los economistas hacen perfectos análisis a toro pasado. Lo cierto es que poquísimas voces dijeron hace 8 años que Estados Unidos vivía una burbuja inmobiliaria, que la desregulación y globalización del sector financiero mundial provocaría un cataclismo y que la bomba que estalló al otro lado del atlántico provocaría un Tsunami que arrasaría Europa. La buena marcha de la economía se basa en un intangible “la credibilidad” que no es una fórmula matemática y sí un valor en el que influye total y decisivamente la política.

 

¿Qué es la credibilidad?
Es el marchamo de solvencia y seriedad que consigue un país por su gestión política y económica. Un Gobierno serio es aquel que cumple sus compromisos, que no oculta sus cuentas, que cumple con las reglas, que no cambia las leyes cada dos por tres y que en tiempos difíciles está dispuesto a tomar decisiones duras sin pensar en el costo electoral. Y eso se premia con la inversión de empresas extranjeras, con alta demanda de deuda pública por la que se pagan pocos intereses. Y eso también supone financiación para bancos, empresas y familias. Se crea empleo y riqueza.

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Hoja de servicios de 7 meses de política internacional del PP

1.- Enfrentamiento visceral con Argentina a cuenta de Repsol. El Gobierno amenazó a Argentina y el resultado es que la parte argentina de Repsol fue nacionalizada. El resto de multinacionales españolas que operan allí temen por sus intereses

2.- Enfrentamiento con Londres a cuenta de Gibraltar: resultado, los pescadores españoles sin faenar y un aliado menos en la UE.

3.- Enfrentamiento con el Banco Central Europeo al que el Ministro de Asuntos Exteriores califica de “clandestino” y al que se le exige públicamente que nos salve comprando deuda española. Resultado: cabreo de todos los países del euro (27) y bronca a Rajoy en el último Consejo porque la independencia del BCE es “intocable”, las presiones no se admiten y las peticiones de ayuda no pueden ser públicas.

4.- Enfado de Alemania: si peligroso es tener en contra al Banco Central Europeo perder toda la credibilidad ante Alemania es un suicidio. El pasado mes de junio, cuando España (junto a Grecia) tuvo el triste hito histórico de provocar una cumbre urgente por videoconferencia de los países más desarrollados del mundo, el G-7, el representante del Gobierno alemán dijo que la salida para España era la solicitud del rescate “soberano” (como Grecia), pero que el Gobierno español no lo hacía “por orgullo” y que ese orgullo “les llevará al desastre”. Dicho y hecho, en el desastre estamos.

5.- Comunicado falso: El Gobierno difundió un comunicado supuestamente firmado por España, Francia a Italia para “exigir” a Europa. Resultado: cabreo monumental de nuestros potenciales socios, Italia y Francia, por difundir un comunicado falso, que no habían firmado, en el que se urgía a Europa a tomar medidas.

Ahora el problema es el euro ................

elplural.com

 

Los españoles, un pueblo con los huevos de adorno... así nos ven en el extranjero

Los españoles, un pueblo con los huevos de adorno... así nos ven en el extranjero
 
Mi buena amiga Luisa L. es una excelente profesional que compagina su actividad entre Madrid y Houston (Texas). Este fin de semana, con tristeza, me ha confesado que los españoles somos, cada vez más, objeto de burlas y chistes hirientes en el extranjero.

 

Nadie se explica la pasividad ovejuna de millones de personas que se dejan arrebatar sus derechos. Ninguno entiende cómo la mayoría es cada vez más pobre mientras sus recursos van a parar  a bolsillos de sinvergüenzas, y, sin embargo, eso no  provoca una incontenible ira ciudadana que obligue a recular a sus verdugos.

 

    El “a ver qué pasa”, “a ver si esto mejora”, “vamos a dar tiempo a estos”, etc, circula con escarnio, risas y desprecio en miles de lengua mientras proliferan los chascarrillos sobre “los huevos de los españoles”. O más exactamente sobre su inexistencia.

 

   En el extranjero no son tan imbéciles. De sobra saben que las “medidas de ajuste” implican, simplemente, que el dinero, sanidad, ciencia, educación, nuestro bienestar en suma, se transforma en ríos de oro que acaba en las arcas de empresarios defraudadores, delincuentes de cuello  blanco (banqueros) y políticos corruptos.

 

    Y mientras, “esos españoles sin pelotas” como mucho se limitan a mascar su amargura (o ni eso) en el bar.

 

     La última befa la ha protagonizado el presidente del gobierno ante la cueva de ladrones (perdón, la CEOE) “enorgulleciéndose” de la “madurez y entereza de los españoles ante los sacrificios”. Y es que tal vez ni este individuo se esperaba tanta cobardía ante esta violación anal de millones de pusilánimes. Sí, no les falta razón allende nuestras fronteras, los españoles tienen los huevos de adorno. Con la honrosísima excepción de los mineros o de quienes aún se atreven a proclamar esta vergüenza nacional.          

 

   Además, en un escenario donde el fraude fiscal asciende a 90.000 millones de euros al año, y el 72% lo perpetran empresas agrupadas en la CEOE, esas palabras sucias de Rajoy solo pueden interpretarse como una prodigalidad de sadismo y desprecio hacia los ciudadanos de bien… ¡el presidente del gobierno anunciando más “medidas difíciles” ante la mayor concentración de fraude de España! Ante trozos de carne con el alma apestada que, recién aprobada la contrarreforma laboral, y entre risas, susurraban: “que no se nos note la euforia”.

 

   Así, hoy leí una acertadísima visión de un español con el nick de “Sauzalito” (tal vez éste si tenía huevos) donde definía a Rajoy como psicópata, incompetente y mentiroso, como un ser a quien el sufrimiento del pueblo le importaba un pimiento.

 

    Le motejaba de sinvergüenza y le lanzaba unas preguntas certeras que, fácil es comprobarlo, al pontevedrés le importarán un comino…

 

 ¿Sabe que mientras habla de “medidas difíciles” muchas familias no hacen las tres comidas al día, que miles de familias solo comen lo que les dan los bancos de alimentos, que hay niños que solo realizan una comida completa al día, la que les dan en el colegio, y hasta esa quieren quitársela?

 

¿Sabe que hay cientos, miles, de ciudadanos que han optado por vía rápida para salir de la crisis?: el suicidio.

 

¿Sabe este sujeto que muchos ciudadanos están muriendo a causa de los “recortes” en Sanidad, aunque el gasto sanitario es totalmente sostenible, pero que los “recortes” solo buscan su deterioro para una posterior privatización que engorde la economía de canallas?

 

¿Sabe el “presidente oficioso de las Islas Salomón” que los mejores jóvenes están emigrando, como en tiempos de Franco, porque este país está tomado por una casta de sangüijuelas sin más Dios que su codicia? A buen seguro no solo lo sabe, sino que lo fomenta, pues una juventud de “canis” y “chonis” poligoneras es manejable y borreguil, además de mano de obra barata para mercachifles (perdón, empresarios) enriquecidos a la lumbre de la contrarreforma laboral.

 

¿Sabe que cientos de miles de hombres y mujeres honradas trabajan fines de semana y horas extras gratis, amenazados por despidos injustos  y empresarios sin alma o, sí, con alma, con alma y entrañas de negreros. Y por unos sueldos misérrimos, mientras su compañera de partido, “La Cospe” cobra varios sueldos estratosféricos, mientras la “alcaldesa” Botella acude a la peluquería con escoltas que todos pagamos?

 

    Y ante escenas como las anteriores, el pueblo español dormita entre el opio de la prensa rosa y el estupidizante espectáculo de millonarios en calzoncillos dando patadas a una pelota.

 

    Pero… ¿saben lo más terrible?... Todos esas “medidas difíciles” tan solo conforman una estafa, una malvada y psicopática hoja de ruta para cambiar el modelo social, para retrotraernos a una sociedad decimonónica.

 

   ¡Qué razón tienen en el extranjero!...los españoles son un pueblo con los huevos de adorno. Y pronto lo comprobaremos, cuando miles de descerebrados seguidores de “la roja” coreen aquello de “Yo sooyy español, españoool, españooool!  

 

   Y mientras tanto psicópatas codiciosos aprovecharan la laxitud veraniega para continuar con su minucioso plan de saqueo y lluvia de dolor sobre millones de ancianos, trabajadores humildes, jóvenes sin recursos… ojalá el calor de verano se convierta en una imparable llama que achicharre las inmundas vidas de empresarios explotadores, usureros y politicastros… ¡yo os maldigo!

 

por Gustavo Vidal Manzanares

Lunes, 25 de Junio de 2012 20:04
kaosenlared.net

Yo ahora mismo no me vendría a vivir a España

La investigadora Nadezda Apostolova, de 34 años, fue reconocida como la mejor farmacóloga joven de Europa, por la Federación de Sociedades Europeas de Farmacología. Apostolova ha dedicado los últimos tres años de su carrera a investigar los efectos colaterales del Efavirenz, un popular antirretroviral utilizado en el tratamiento del VIH. Según ella misma explica, su trabajo consiste en estudiar el daño que tal medicamento produce a nivel hepático y en el metabolismo de quienes lo consumen. Para eso trabaja en un grupo integrado por otros diez científicos, en el departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia. El equipo también está dedicado al análisis de antirretrovirales y está liderado por el catedrático Juan Esplugues.

 

La investigación, a todas luces apasiona a Apostolova. Por eso dejó su país natal, Macedonia, para buscar un mejor destino en el cual desarrollar su carrera. Llegó a España con una beca, hace diez años y ha permanecido en el país en parte también porque se casó con un español y ha obtenido la nacionalidad.

 

Apostolova enfatiza en que cuando decidió venir a España a seguir sus estudios lo hizo considerando el buen nivel de la ciencia en el país, así como también la calidad de vida que este ofrecía. Por eso hoy le preocupan los recortes que se están dando en la ciencia y la sanidad.

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elpais.com

 

¿Sirven para algo las manifestaciones?

Sirven para estar vivos, para demostrarnos que no somos cadáveres. Porque vivir es protestar. Sirven para que el poder sepa fehacientemente que no estamos de acuerdo con su forma de gobernar, sirven para no cantarle el alirón que tanto les gusta, sirven para irritarles, sirven para que no nos gaseen. Sirven contra las agresiones directas sin haberlas merecido, sirven para gritar que no se puede machacar más y siempre a los mismos, sirven para que las rentas altas progubernamentales al menos se asusten. Sirven para ser congruentes con la dignidad. Sirven para demostrar que una urna no es una meta, sirven para demostrar que si queremos somos soberanos. Sirven para despojarnos del miedo, de la angustia y de los prejuicios. Sirven para demostrar que no nos resignamos. Sirven para que nuestros hijos no se avergüencen de nosotros. Sirven para demostrar que son verdugos. Para comprobar que aún somos ciudadanos y no borregos. Sirven para mantener la esperanza, aunque los resultados no sean inmediatos. Sirven para cristalizar el viejo dicho de que la unión hace la fuerza. Sirven para razonar y hacer razonar. Sirven para que la violencia no se desate. Sirven para avergonzarles, para decirles que están prostituidos en su acción política.

 


Porque una manifestación no es más que una declaración de intenciones, una exigencia de que no nos hinchen más los cojones. Sirven para sentirnos menos impuros. Para demostrarnos que no estamos locos, ni creemos en supercherías ni miserables fanatismos y adhesiones. Sirven para ser críticos. Sirven para hacer saber que somos los nuevos ricos de la democracia. Para demostrar que somos más civilizados que ellos. Sirven para odiar, sí, odiar, a los corruptos de la solidaridad y el latrocinio. Sirven para reflejar que queremos ser gandhis pero podemos ser cheguevaras y aun robespierres, sirven para no ser castillos inexpugnables ni caracoles enrocados, para dejar claro que no somos lobos si no nos obligan, sirven para demostrar que somos más y más que podemos ser. Sirven para ser decentes. Sirven para hacer posible lo imposible. Sirven para hacer realidad la utopía.

 

Por eso y para eso, hay que acudir a las manifestaciones del jueves 19 en toda España.

 

¿O alguno de ustedes cree que no sirven para nada?

publico.es

 

Un camposanto para dinosaurios

El Tribunal de Cuentas parece un geriátrico que no controla nada

¿Se imaginan un órgano de control al que técnicamente no controla nadie, pero que no controla nada? Sí, su función deviene inútil.

 

El Tribunal de Cuentas, al igual que otros órganos constitucionales —como el Defensor del Pueblo o el Tribunal Constitucional— está pendiente de renovación desde hace año y medio, cuando los consejeros concluyeron su último mandato de nueve años. Sin embargo, PP y PSOE habían llegado al compromiso de renovar sus miembros antes del día 30 de este mes, aunque, que se sepa, todavía no se han reunido.

 

Los consejeros de cuentas son 12, de los que la mitad son designados por el Congreso y la otra mitad por el Senado, que los eligen por mayoría de tres quintos entre censores jurados de cuentas, magistrados, abogados, economistas, etcétera, de reconocida competencia y con más de 15 años de ejercicio profesional.

 

La Constitución y otras leyes definen al Tribunal de Cuentas como el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado, y constituye una sección de enjuiciamiento de la responsabilidad contable. Además, controla las finanzas de los partidos y de los procesos electorales. Depende directamente del Parlamento, aunque no sea un órgano propio del mismo.

 

Esa es la teoría, porque la práctica rebaja mucho esas expectativas. De hecho, es una institución que legalmente goza de gran independencia y que debería ser técnica, pero que, sin embargo, como señala el informe sobre integridad institucional de España, elaborado por la organización mundial anticorrupción Transparency Internacional, está influenciada, cuando no manejada, por los dos grandes partidos políticos, “que no podían permitir que un órgano de esta importancia quedara fuera de su control”. Aunque tiene recursos suficientes y personal preparado, “no es suficientemente eficaz en el control de la eficiencia y eficacia del sector público, dado que se limita a controles muy formales”. Este supremo fiscalizador nunca ha hecho nada ni en temas de endeudamiento ni de déficit público. Podría haber propuesto la destitución de gestores, pero tampoco lo ha hecho nunca.

 

El control de su gasto interno es una entelequia. Tamaña función está encomendada a un interventor, al que curiosamente nombra y puede remover libremente el pleno del tribunal.

 

Sin embargo, una de sus actividades más inútiles es la fiscalización de las finanzas de los partidos políticos. La banca financia a las formaciones políticas con representación parlamentaria con préstamos que luego no reclama, pero nunca pasa nada. Y ¿por qué? Pues porque es norma de la casa que en todos los informes de fiscalización de partidos haya coponencias, es decir, que haya dos ponentes, uno del PP y otro del PSOE. Alguien debió pensar que para que no hubiera sorpresas era mejor prevenir.

 

El citado informe de Transparency señala que el control financiero de los partidos es muy débil en lo que respecta a ingresos que proceden de fuentes privadas e incompleto en lo referido a las fuentes públicas. Habría que solucionar las lagunas legales existentes y asegurar un organismo supervisor independiente que realizara un control adecuado. “Una mejora en este ámbito sería esencial para la lucha contra la corrupción”, concluye el informe.

 

El tribunal, además, debería incorporar una auditoria anual de gestión económico-financiera, y de eficacia de los órganos públicos, así como evitar el retraso crónico en los informes que realiza, precisa Transparency.

 

Los consejeros no tienen edad de jubilación ni límite de mandatos, lo que ha propiciado que el tribunal se haya convertido en un codiciado camposanto para dinosaurios. Ubaldo Nieto de Alba, de 81 años, lleva 30 años en la institución; Juan Velarde, de 85, es consejero desde hace 20 y Ciriaco de Vicente, de 75, desde hace 21. Rafael Corona y Manuel Núñez, de 78 años cada uno, llevan 10 años en el tribunal. Si resultaran reelegidos podrían estar en el cargo hasta los 90, 94, 85, 88 y 88 años, respectivamente. Ya lo decía Picasso: “Uno comienza a sentirse joven a los 60 años, pero ya es demasiado tarde”.

 

En tiempos de crisis, ganan 112.000 euros anuales más antigüedad y disponen de coche oficial, dos secretarias y 6.000 euros anuales de gastos protocolarios por consejero. Una bicoca. Noel Clarasó sostenía que “el mejor modo de resolver una dificultad es no tratar de soslayarla”.

 

¿No creen que ya va siendo hora de que alguien abra las ventanas y ventile el aire asfixiante de camposanto de dinosaurios?

elpais.com

 

Se ríen de España y de los españoles

Leer las páginas económicas, o incluso solo las portadas, de los medios se está convirtiendo en un ejercicio de puro masoquismo: no hay manera de disimular el ridículo que está haciendo España.

 

Hace un mes que se aprobó el rescate de la banca española que según Rajoy resolvía el problema de nuestra economía y que mereció una surrealista felicitación del rey Juan Carlos. En este tiempo ha habido cumbres y varias reuniones de los ministros de Economía pero hasta el momento no se han fijado ni las condiciones concretas, ni qué cantidad exacta se precisa, ni cuándo comenzará a ser efectivo. Se hacen declaraciones contradictorias diciendo un día blanco y otro negro pero siempre se insiste en lo mismo: hay que seguir rebajando gastos y derechos y reduciendo los ingresos de los trabajadores. Lo que era la solución resulta que lo ha empeorado todo y nadie, sin embargo da cuentas de ello.

 

Se han reído de nosotros. El objetivo es salvar a la banca alemana, que es lo que de verdad les interesa, pero quieren hacerlo con las máximas garantías y eso obliga a que el rescate sea uno definitivo, directamente sobre la economía española y con la garantía directa del Estado. El de los 100.000 millones para los bancos no era sino una salva porque resulta infumable: nadie puede entender que si es a los bancos a quien hay que rescatar se haga responsable de ello a los ciudadanos en su conjunto. Por eso, para provocar el grande, están dejando que nos precipitemos al abismo, no porque la cuantía de nuestra deuda pública sea excesiva, como dicen, sino porque nos atan de pies y manos y nos empujan ante los inversores. Simplemente haciendo lo que está haciendo el Banco Central Europeo, nada de lo que haría un banco central auténtico, bastará para que seamos intervenidos en poco tiempo y para que nuestra economía sea puesta bajo control directo y permanente de los acreedores alemanes. Queda muy poco tiempo para que las comunidades autónomas se declaren sin liquidez y para que el propio Estado, con tipos en los mercados superiores al 7% u 8% se reconozca incapaz de hacer frente a sus compromisos de pago. Esa es la secuencia inevitable que producen las medidas que se están tomando.

 

Si lo que quisieran de verdad fuese salvar a nuestra economía y al euro no harían lo que están haciendo ni nos seguirían obligando a tomar medidas que van a hundir más la demanda, la generación de ingresos, o incluso la posibilidad de que paguemos la deuda que dicen querer que paguemos. Si desearan realmente frenar la presión de los mercados bastaría que el Banco Central Europeo fuese lo que no es, y que se adoptara una estrategia de creación de actividad y empleo para toda Europa en el marco de un pacto global de rentas, pero es que no buscan eso. Quieren que la prima de riesgo siga subiendo para extorsionar más fácilmente y acelerar lo que revestirán como una situación de emergencia que no admita retóricas. Se ríen de nosotros porque lo que van buscando es someter a nuestra economía y no a salvarla en un marco de cooperación y unión europeas.

 

La última tomadura de pelo de quienes se pasan todo el día diciendo que hay que respetar a los mercados y dejarlos que actúen con plena libertad ha sido salvar una vez más la cara de los bancos permitiendo valorar sus activos a precios “razonables” en el marco de una agencia inmobiliaria sui generis, como ya adelantamos que harían en nuestro libro Lo que España necesita. Es decir, que una vez más se pasan por el forro lo que establecen libremente los mercados que tanto dicen respetar: si el precio razonable no es el que fijan los mercados ¿para qué puñetas sirven? Se ríen de nosotros porque una vez más nos están robando delante de nuestra mismos ojos.

 

En España es nuestro propio gobierno quien se ríe de nosotros engañándonos sin piedad.

 

El ministro de Economía alaba sin descanso a las autoridades europeas, agradece sus propuestas razonables y jura y perjura que haremos todo lo que sea necesario para contentar a los mercados, porque es lo que más nos conviene. Pero, justo al mismo tiempo, el de Asuntos Exteriores suplica al Banco Central Europeo (donde hemos perdido la influencia que teníamos, aunque tampoco podamos decir que la hayamos utilizado precisamente a nuestro favor) para que intervenga contra los mercados y ponga formes a los especuladores. Un alarde de discurso coherente y de sincera estrategia compartida. El ministro de Hacienda, que ya ocupa la cartera por segunda vez, reconoce que ha de subir el IVA porque es un incompetente que no sabe hacer que todos paguen lo que tiene que pagar y Cospedal se consolida como la mayor y más desvergonzada demagoga del reino. Ahora carga contra la función pública sin caer en lo que ella tendría que ser la primera en recordar: que en España hay menos trabajadores públicos en relación con la población activa total que en la media de los Quince, que se gasta menos en retribuirlos, que nuestro sector público es bastante más reducido que el de los países más avanzados y competitivos de nuestro entorno, y que esos seres despreciables a los que se refiere y a los que ya está poniendo en la calle son los maestros o los médicos de los hijos de familias que no pueden pagarse servicios privados, por cierto, casi siempre de peor calidad que los públicos a pesar de que disponen de más recursos y de que no asumen todas sus cargas. Y olvidando, sobre todo, que la función pública con la que quieren acabar fue la mejor e imprescindible solución para evitar que las oligarquías de los partidos (de las que ella forma parte) se hicieran dueñas del Estado en perjuicio de la mayoría de la población.

 

Pobre España y pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana La Roja pero enmudece cuando le roba una potencia extranjera o cuando su gobierno le miente y le traiciona.

publico.es

El declive de las clases medias

Mientras en las economías emergentes ascienden las clases medias, en las occidentales descienden, aunque los niveles de vida y de seguridad ante el futuro de unas y otras no sean (¿aún?) comparables. Es el resultado desigual de la última fase de la globalización y de la crisis vivida en Europa y en EE UU desde 2007-2008. Pero si el ascenso de las clases medias puede llevar a pedir más apertura política en sus economías emergentes, su declive en el hemisferio norte puede amenazar el consenso político, social y económico que prevalecía hasta ahora y socavar las bases sobre las que se asienta la democracia y los sistemas políticos occidentales, incluida esa construcción básica que es la Unión Europea.

 

Como indican Heather Boushey y Adam Hersh, del Center for American Progress en Washington respecto a la clase media de EE UU (pero que también es válido para Europa), “la interacción y concurrencia de la creciente desigualdad con el colapso financiero y la Gran Recesión han planteado nuevas cuestiones sobre si una clase media debilitada y la mayor desigualdad deben entrar a formar parte de nuestra forma de pensar sobre los motores del crecimiento económico”. Pues, en efecto, salvo excepciones, este era un asunto de sociólogos y no de economistas, si bien la Economía se está viendo obligada a entrar cada vez en estas cuestiones, pues afectan directamente a su objeto de estudio. Una clase media fuerte, indican estos autores, impulsa el desarrollo del capital humano y de una población educada; crea una fuente estable de demanda de bienes y servicios y de financiación de servicios públicos a través de impuestos; incuba la siguiente generación de emprendedores y apoya instituciones políticas y económicas inclusivas, que a su vez sostienen el crecimiento económico. Y, cabe añadir, vota a opciones políticas moderadas que hacen posible el entramado institucional que da soporte a ello.

 

Ya el politólogo de Stanford Francis Fukuyama previno recientemente en un artículo en Foreign Affairs que la democracia liberal en el mundo occidental puede no sobrevivir a un declive de las clases medias. Si sigue su curso destructivo, la crisis económica puede llevar a una gran crisis social y política. Ya ocurrió en los años treinta. En esto Fukuyama puede estar más acertado que con su tesis de 1989 sobre el fin de la Historia.

 

No hay pleno acuerdo entre los especialistas sobre la definición de clase media, cuyos límites son, por definición, ambiguos y relativos. Algunos sociólogos la circunscriben a satisfacer las necesidades básicas más algunos extras: desempeñar una ocupación cualificada en el sector industrial o de cualificación media en el sector servicios y/o tener alguna propiedad. Otros, para comparaciones internacionales, utilizan la medida de un gasto diario entre 10 y 100 dólares al día (62 euros, en paridad de poder de compra).

 

Según el informe sobre Tendencias Globales 2030 del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE, la clase media global está creciendo. De 1.800 millones en 2009, llegará a 3.200 millones en 2020, y a 4.900 millones (de un total de 8.300 millones de habitantes) en 2030. Se apunta 2022 como el primer año en el que habrá más gente de clase media que pobres en el mundo. El 85% de este crecimiento social se dará en Asia, y especialmente en China que ya cuenta con 160 millones de consumidores de clase media. Pero también en África o en América Latina. Dos terceras partes de los brasileños, según este estudio, se considerarán en 2030 de clase media. Mientras, las clases medias de Europa y Norteamérica pasarán de representar el 64% del consumo total mundial en 2009 a un 30% en 20 años.

 

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elpais.com

 

No falta dinero, sobran ladrones

España es la cuarta economía de la zona del euro. Y aún después de ser negado, es rescatada desde fuera, desde Europa, porque su sistema financiero tiene un agujero negro enorme, una deuda tal, que ya el Estado no puede pagarla. Estamos retrocediendo a situaciones de antes de la democracia, y se nos quiere conducir a un modelo de sociedad donde lo que prima es el dinero y el beneficio, acaparados por minorías sin ética.

La visión económica neoliberal es compleja, pero a la par muy simple. Los padrinos de ese sistema pretenden mercantilizar la existencia entera sin que osemos rechistar, intentando tapar una a una sus espantosas miserias y convencernos de que su solución es la única posible. La palabra rescate significa que a una persona o cosa, que está bajo el dominio de otra, alguien la libera con dinero o con la fuerza.

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elplural.com