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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

Entre 'dedazo' y primarias, congreso

En el proceso que ayer culminó con la toma de decisión del presidente del Gobierno de no repetir candidatura en las elecciones de 2012, todo parecía encaminado a producir el más irreparable de los deterioros posibles al gobierno del Estado, a las perspectivas electorales del PSOE y a la confianza de los electores. Más aún, parecía como si estuviera diseñado por los estrategas del Partido Popular (PP), de tanto flancos como dejaba abiertos a la ofensiva contra un gobierno muy limitado en su autonomía para ejecutar políticas propias: centrar la actual campaña electoral en cuestiones que nada tienen que ver con la vida municipal ni con las Comunidades autónomas y ahondar la desconfianza de los electores socialistas, muy irritados ante el espectáculo de una duda carente de la dramática grandeza de ser o no ser, puesto que ya no se era.

 

La cuestión hoy, resueltas las dudas, no se refiere al anuncio de una decisión forzada, tampoco a si no hubiera sido mejor, puesto que la tomó, según nos dice, hace siete años, haberla anunciado antes, por ejemplo, al presentarse por segunda vez como candidato, sino a las posibilidades que quedan abiertas para enderezar una marcha que conducía a una estrepitosa derrota. Y a este respecto, una cosa es clara: la incorporación a los estatutos del sistema de primarias para decidir el candidato a la presidencia de gobierno no puede dejar de provocar tensiones en un partido que elige a su secretario general, y le dota de un fuerte poder sobre la organización, en un congreso.

 

Porque, a pesar del silencio que ha mantenido sobre su futuro como secretario general del partido, la renuncia anunciada ayer abre no solo una crisis sucesoria en la candidatura a la presidencia del Gobierno, sino, lo que es tan importante, un vacío de poder en la dirección del partido: la actual comisión ejecutiva del PSOE tiene ya, como el Gobierno, los días contados. Lo lógico sería que la primera renuncia a la candidatura se complemente a su debido, pero no muy lejano, tiempo con una segunda renuncia a la secretaría general y que, por tanto, el primer congreso que se convoque proceda a elegir un nuevo secretario general que quedaría capitidisminuido si no fuera nominado candidato a la presidencia.

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Islandia enjaula a sus banqueros

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

 

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, "la plaza del mercado"; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

 

Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

 

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera "una locura" que sus conciudadanos "tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte".

 

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. "La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico", alega.

 

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea "las casas nunca bajan de precio" o "los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo".

 

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido "el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional", asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.

 

Pero volvamos a Arnar y su relato: "La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito". Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron. "Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante", cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

 

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: "Tal vez sea hora de volver al comienzo", reflexiona el ingeniero. "Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial", dice el presidente Grímsson.

 

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

 

"El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo", explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. "Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte", afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

 

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. "El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos", acusa, y, sin embargo, "los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros", añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

 

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. "Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros", asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

 

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: "Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!", critica el politólogo Eirikur Bergmann. "Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta".

 

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

 

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

 

"Hemos recorrido una década hacia atrás", cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo. Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: "Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva... No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada".

 

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: "Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa", asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. "Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?", se pregunta.

 

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

 

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia. El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es! -

 

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El ’caso Icesave’ (y otras rarezas)

El tiburón putrefacto es uno de los platos típicos de Islandia, que tiene una noche inacabable (no solo por las horas de oscuridad), una de las pocas primeras ministras del mundo (Johana Sigurdardottir, abiertamente lesbiana) y un museo de penes (y esto no es una errata). La lista de rarezas es inacabable: es más fácil entrevistar al presidente de Islandia que al alcalde de Reikiavik, Jon Gnarr, célebre por pactar solo con quienes hayan visto las cuatro temporadas de Mad Men. Con la crisis, las singularidades han alcanzado incluso al siempre aburrido sector financiero: en Londres han llegado a aplicarle métodos antiterroristas.

Landsbanki, uno de los tres grandes bancos islandeses, abrió una filial por Internet con una cuenta de ahorro a altos tipos de interés, Icesave, que hizo furor entre británicos y holandeses. Cuando las cosas empezaron a torcerse y el Gobierno británico detectó que el banco estaba repatriando capitales, le aplicó la ley antiterrorista para congelar sus fondos. Ese fue el detonante de toda la crisis: provocó la quiebra en cadena de toda la banca. Y sigue dando tremendos dolores de cabeza a Islandia.

Holanda y Reino Unido devolvieron a sus ciudadanos el 100% de los depósitos y ahora exigen ese dinero: 4.000 millones de euros, un tercio del PIB islandés, nada menos. El Gobierno llegó a un acuerdo para que los ciudadanos pagaran en 15 años y al 5,5% de interés: la gente se organizó para echarlo abajo en un referéndum, tras el veto del presidente. Así llegó un segundo pacto, más ventajoso (tipos del 3%, a pagar en 37 años), y de nuevo la gente decidirá en abril en referéndum si paga o no por los desmanes de sus bancos. Agni Asgeirsson, ex ejecutivo que fue despedido de Kaupthing y ahora trabaja como ingeniero en Río Tinto, es tajante al respecto: "El primer acuerdo era claramente un fraude. Este es más discutible. No queremos pagar, pero eso añadiría incertidumbre legal sobre el futuro del país. Pero lo interesante es cómo ha reaccionado la gente". Ese es quizá el mayor atractivo de la respuesta islandesa: la parlamentaria y ex magistrada francesa Eva Joly (a quien se encargó el inicio de la investigación sobre la banca) asegura que lo más llamativo de Islandia es que en un país "que se consideraba a sí mismo un milagro neoliberal, y donde se había perdido gradualmente todo interés por la política, ahora la gente quiere tener su destino en sus propias manos".

"Eso sí: la fe en los políticos y los banqueros tardará en volver, pero que mucho, mucho, tiempo", cierra el cónsul de España, Fridrik S. Kristjánsson. -

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Lecciones islandesas

 

Admitida su singularidad, la crisis que seguimos sufriendo casi cuatro años después de su emergencia en el sistema financiero estadounidense tiene un antecedente relevante en la que sufrió Islandia. También fueron los excesos de su sistema bancario los desencadenantes de la crisis: la codicia excesiva y los aires de grandeza, además de un amplio catálogo de malas prácticas públicas y privadas, incluida la corrupción. Para muchos analistas y ciudadanos islandeses aquella crisis fue una especie de saqueo; y supuso el final de una larga fase de prosperidad para una economía que se había transformado intensamente hasta disponer de una renta per cápita de las más elevadas del mundo.

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La más directa de las lecciones es que en un sector tan sensible y susceptible de contaminar a la economía real, más importante que regular mucho y precipitadamente es una eficaz supervisión del comportamiento de los bancos, incluida la centrada en la composición relativa de los activos en que invierten. -

 

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La gente no tiene que pagar por las locuras de los bancos

Persona es un viejo vocablo que significa máscara. Las distintas máscaras de este hombre alto y rotundo que es Ólafur Ragnar Grímsson (Isafjodur, 1943) no dejan indiferente a nadie: el presidente de Islandia despierta grandes adhesiones (lleva 15 años en el cargo), pero también el rechazo cerrado de una parte de los islandeses. Grímsson, que fue politólogo, líder socialista y hasta editor de periódicos, ha desempeñado un papel estelar durante la crisis. Pese a que se le suponía una figura decorativa, se ha negado dos veces a sancionar una ley que obliga a los islandeses a pagar a Reino Unido y Holanda por la quiebra de uno de sus bancos, en el denominado caso Icesave.

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P. Islandia ha dejado caer a sus bancos y persigue a los banqueros. ¿Ve ahí un modelo islandés de salida de la crisis?

R. Tal vez no hubiera más opción que esa: los bancos eran tan grandes que no había forma de rescatarlos. Pero no importa si había o no había opciones: Islandia no acepta la idea de que la gente de la calle tenga que pagar toda la factura por las locuras de los bancos, como ha ocurrido con esas nacionalizaciones por la puerta de atrás en otros lugares. Vuelvo al argumento inicial: la solución a la crisis no es simplemente económica.

P. Se han establecido controles de capital, han subido los impuestos y el recorte en gastos sociales ha desatado el descontento popular. ¿Ese enfado va contra los bancos o contra los políticos?

R. Es difícil decirlo. Pese a los controles, el país sigue funcionando bien, y el impacto fiscal es innegable, pero era necesario y se está haciendo razonablemente bien. Las crisis son dolorosas.

P. ¿Alguien va a ir a la cárcel?

R. No soy quien debe decirlo.

P. Hace años usted hablaba del "capitalismo vikingo", de un grupo de jóvenes banqueros "listos para conquistar el mundo". ¿Ha cambiado su punto de vista?

R. Tal vez todo sucedió demasiado rápido y no supimos ver los riesgos: tampoco supieron verlos las agencias de calificación ni las autoridades europeas. Hubo voces críticas; como otros muchos, no supe escucharlas. Pero hay que aprender de todo esto. -

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Crímenes económicos contra la humanidad

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil". Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.

 

Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo. Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo. A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este. Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.

 

En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella. La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable. Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.

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En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.

 

Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas. No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado. Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.

 

De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos. Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política. Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.

 

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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Aragón se suma a Andalucía y aprueba una ley de muerte digna

El último pleno de la legislatura de las Cortes de Aragón sirvió ayer para aprobar la ley de muerte digna con un amplio consenso y el único rechazo del PP, que la considera una "trampa" hacia la eutanasia. Aragón es la segunda comunidad tras Andalucía que regula esta cuestión. Ambas autonomías se han adelantado al Gobierno central, que elabora un proyecto de ley sobre muerte digna cuya tramitación parlamentaria está previsto que se inicie en los próximos meses.

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Cinco causas de la insurrección árabe

Ignacio Ramonet

País:  Bahréin, Egipto, Libia, Marruecos, Mundo árabe, Túnez
Tema:  Democracia, Mundo árabe, Movimiento social

 

 

Cuáles son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a  Bahréin, pasando por Túnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo árabe? ¿Por qué motivos estas simultáneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?
A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa índole: histórica, política, económica, climática y social.

 

  1. Histórica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosion del Imperio otomano, el interés de las potencias occidentales por el mundo árabe (Oriente Próximo y África del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judío. Después de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creación del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados árabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo “militar nacionalista” en Egipto y Yemen, o de carácter “socialista árabe” en Irak, Siria, Libia y Argelia.

 
Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judío y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba –en el marco de la Guerra Fría– todas las petromonarquías de la península Arábiga así como el Líbano, Túnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenían sus dos objetivos prioritarios: el control del petróleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegían la permanencia de feroces tiranos (Hasán II, el general Mubarak, el general Ben Alí, los reyes saudíes Faisal, Fahd y Abdalá, etc.) y sacrificaban cualquier aspiración democrática de las sociedades.

 

2. Política. En los Estados del pretendido “socialismo árabe” (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cómodos pretextos de la “lucha antiimperialista” y de la “caza de comunistas”, también se establecieron dictaduras de partido único, gobernadas con mano de hierro por déspotas de antología (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el más demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo demás, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareció hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos árabes, cayó una losa de silencio y de terror.
Las olas de democratización se sucedían en el resto del mundo. Desaparecieron, en los años 1970, las dictaduras en Portugal, España y Grecia. En 1983, en Turquía. Tras la caída del muro del Berlín, en 1989, se derrumbó la Unión Soviética así como el “socialismo real” de Europa del Este. En América Latina cayeron las dictaduras militares en los años 1990. Mientras tanto, a escasos kilómetros de la Unión Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas España), el mundo árabe seguía en estado de glaciación autocrática.
Al no permitirse ninguna forma de expresión crítica, la protesta se localizó en el único lugar de reunión no prohibido: la mezquita. Y en torno al único libro no censurable: el Corán. Así se fueron fortaleciendo los islamismos. El más reaccionario fue difundido por Arabia Saudí con el decidido apoyo de Washington que veía en él un argumento para mantener a los pueblos árabes en la “sumisión” (significado de la palabra ‘islam’). Pero también surgió, sobre todo después de la “revolución islámica” de 1979 en Irán, el islamismo político que halló en los versos del Corán argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupción, el nepotismo y la tiranía.

De ahí nacieron varias ramas más radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la “Guerra Santa”. Así se engendró Al Qaeda...
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las “dictaduras amigas”, añadieron un nuevo motivo para mantener bajo férreo control a las sociedades árabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que éste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron más injusticia, más despotismo, más represión...

 

3. Económica. Varios Estados árabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos países, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuyó. La industria turística se marchitó. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas últimas semanas a causa de la insurrección popular en Libia) se depreciaron. Simultáneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Túnez, Egipto y Libia, programas de privatización de los servicios públicos, reducciones drásticas de los presupuestos del Estado, disminución del número de funcionarios... Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situación de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al móvil y a las redes sociales)  arrojándolas a la pobreza.

 

4. Climática. En este contexto, ya de por sí explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecológico en una región alejada del mundo árabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoció la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Moscú suspendió la exportación de cereales (que sirven también para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercutió en los alimentos: pan, carne, leche, pollo... Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo árabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la carestía de la vida se multiplicaron...

 

5. Social. Añádase a lo precedente: una población muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras más arcaicas del planeta...
Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Tunez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-immolación por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tiranía. Y segundo, repercutidas por los teléfonos móviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrónico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.
El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un día D y a una hora H es una garantía de que uno no protestará aislado exponiéndose en solitario a la represión del sistema. El éxito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo árabe.  

 

monde-diplomatique.es/

Valdearcos elige el domingo a sus candidatos por votación popular

Valdearcos del Valle volverá a adelantar su cita con las urnas o, para ser más exactos, a duplicarla. El próximo domingo, día 3, los casi 120 vecinos con derecho a voto de la capital del Valle del Cuco tendrán el privilegio de elegir a sus representantes municipales entre todos los censados del municipio y conformar así la lista abierta de candidatos que se votará definitivamente el próximo 22 de mayo.
Estas particulares 'primarias' cumplen ya 28 años y se han convertido en el sello de identidad del pequeño municipio, en el que nadie quiere gobernar pero que tampoco desea ser gobernado. «Ser alcalde de un pueblo pequeño es un trabajo duro y aquí nunca hay candidatos. Pero no queremos pertenecer a otro pueblo y en su día se optó por esta fórmula que ha funcionado muy bien todos estos años y que yo creo que seguiremos utilizando en el futuro», apostilla el actual alcalde, Antonio Aguado.
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Valladolid inaugura el único centro de rehabilitación de escoliosis de la región

Adecyl, la asociación de escoliosis de Castilla y León -la única junto a la de Barcelona de toda España, lo que le obliga a ampliar horizontes y a atender a buena parte del país- abrirá mañana las puertas del primer Centro de Rehabilitación de Escoliosis y patologías afines de la provincia y de la región.
El Ayuntamiento de Arroyo de La Encomienda ha cedido el local, ubicado en la calle Morales, en el núcleo de La Flecha.
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Occidente sólo ataca cuando existe una amenaza para sus intereses

Érase una vez un país secuestrado por un dictador con millones de desplazados y centenares de muertos desde que unas elecciones intentaron acabar con él. Un magnífico caso para la comunidad internacional que reconoció en 2005, en la Asamblea General de Naciones Unidas, la "responsabilidad de proteger" a las poblaciones civiles.

 

Este país existe. Es Costa de Marfil, que desde los comicios presidenciales de noviembre de 2010 se hunde cada día más en el caos y la guerra civil. El think tank International Crisis Group recomienda un despliegue militar internacional, además de la ya existente misión de Cascos Azules. Pero no se hace nada. "El Consejo de Seguridad debe decir si existe una amenaza para la paz y en este caso no lo ha hecho. Es quizá inadmisible, pero así es. Costa de Marfil no es Libia, está lejos de Europa", reconoce Philippe Moreau-Desfarges, especialista en relaciones internacionales y autor de ensayos sobre la injerencia.

 

Una intervención militar, como la que se está llevando a cabo contra la Libia de Muamar Gadafi tras adoptar el Consejo de Seguridad la resolución 1973, no es algo tan fácil, sobre todo cuando aún existen en el planeta al menos 55 dictaduras, según el Índice de Democracia 2010 de The Economist. En las listas que Foreign Policy publica cada año sobre los peores dirigentes del mundo y sobre los "estados fallidos", siempre aparecen los mismos nombres y países: Kim Yong-il (Corea del Norte), Teodoro Obiang Nguema (Guinea Ecuatorial), Omar Hasán al Bashir (Sudán); Somalia, Yemen, Afganistán... Todos esos regímenes siguen en pie. Las asociaciones de defensa de los derechos humanos recuerdan que las amenazas contra los civiles también continúan en democracias, como Colombia e India. La lista de los abusos cometidos en el mundo es infinita.

 

"La resolución 1973 sobre Libia revela los equívocos de la comunidad internacional: por un lado había que hacer algo, en nombre de esta idea de proteger a la población civil, pero por otro hay divisiones entre los países sobre si entrar en guerra o no", explica Moreau-Desfarges, quien está a favor de la intervención militar contra el régimen de Gadadi. "Pero tiene que ser breve; si no, habrá muchos muertos. Hay que deshacerse rápidamente de este gánster".

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publico.es

LIBIA

La Justicia o la Injusticia de la guerra viene siendo una cuestión objeto de debate cuando el ruido de las armas prevalece sobre la razón y la resolución pacífica de los conflictos. Tratado el asunto por Francisco de Vitoria o por el humanista Luis Vives, defensor este último de un pacifismo humanitario entre bautizados, debemos destacar que el emplazamiento de la arbitrariedad por la Justicia debe ser la vía que nos lleve a un posicionamiento uniforme y coherente con los valores de representación occidentales, evitando así cualquier contradicción que lleve a los Estados democráticos a mantener relaciones de connivencia y conveniencia con otros autoritarios,así como el diferente trato que se otorga a unos u otros en función de los intereses concurrentes,y siempre sin perjuicio de la irracionalidad de toda intervención armada como máxima expresión del fracaso de la diplomacia y de la resolución pacífica de los conflictos.
 

De todas maneras, los partidarios del NO A LA GUERRA hubieran defendido una deseada intervención militar en España de Gran Bretaña o Francia en defensa de la República Española, pero a pesar del relativo desconocimiento sobre los pilares ideológicos de los rebeldes libios, el apoyo cívico que debe darse a estos movimientos es fundamental si ello supone únicamente la consecución de la democrácia y la constitución del poder soberano del pueblo en aquellos estados que no han podido disfrutar de las virtudes de esta, léase igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, reconocimiento jurídico de los Derechos Humanos frente a la arbitrariedad del poder político, separación de poderes o sufragio universal, libertad de expresión o pluralismo político.

 

En este sentido, podemos caer en el agravio comparativo con la Europa revolucionaria de 1879, 1830 o 1848,pero el triunfo y la consolidación de los movimientos democráticos en Túnez o Egipto deben ser el reflejo de un despertar de los pueblos oprimidos, y todo ello sin un Napoleón exportador de los ideales ilustrados,pero es evidente que la situación de Libia no tiene comparación con Irak en 2003, y que quizá la inicial y benévola idea de protección de la población civil Libia vaya acompañada de una intención de cobertura militar al ejercito rebelde para evitar el avance de las tropas oficiales hacia Bengasi, es decir, las diferencias con Irak no solo están en la cobertura de las Naciones Unidas, sino en el hecho de que tropas extranjeras no tomarán el país norteafricano ni su capital,salvando así los errores de Irak,y todo sin perjuicio de intereses energéticos en la región.El tiempo sentenciará sobre el acierto o fracaso de la intervención, pero mientras,Costa de Marfil se une a los paises en conflicto armado.Una Guerra Civil y la consiguiente crisis humanitaria llaman a las puertas del Continente Africano.Esperamos que la población marfileña no caiga en el olvido.
 
José Luis Garrido García

Guerra civil y crisis humanitaria en Costa de Marfil. Un millón de refugiados y 800 muertos

El líder opositor, Alasane Ouattara, reclama una resolución del Consejo de Seguridad autorizando el uso de la fuerza. Nigeria se muestra dispuesta a intervenir encabezando una coalición africana.

ACNUR denuncia violaciones masivas de los derechos humanos como ejecuciones extrajudiciales, linchamientos, secuestros y desapariciones

 

Las revueltas árabes oscurecen aún más, si cabe, el tradicional olvido en el que sumen los conflictos subsaharianos, que no dejan de agravarse porque no se hable de ellos. La existencia de dos Presidentes en Costa de Marfil desde hace cinco meses ha derivado en una guerra civil abierta a lo largo de este mes y está provocando una crisis de refugiados de inmensas proporciones ante la inacción de la comunidad internacional.



La Alta Comisaria de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dijo hoy que el número de desplazados internos en la capital de Costa de Marfil, Abiyán, se acerca al millón de personas, de los cuales la mitad habrían abandonado sus hogares a lo largo de la última semana. La cifra de marfileños muertos roza el medio millar, a la que habría que sumar alrededor de 200 nacionales de otros países africanos.

 

Además, según Médicos sin Fronteras casi todos los médicos disponibles han abandonado la capital del país huyendo de la inseguridad. Sólo uno de los seis hospitales de Abidjan permanece en funcionamiento y el sistema bancario así como el de transportes han dejado de funcionar, lo que dificulta enormemente la posibilidad de las organizaciones de trabajar sobre el terreno. La zona occidental del país estaría sufriendo según MSF una preocupante carencia de medicamentos.
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.lavozdelacalle.es

Rouco Varela reclama el voto el 22-M para quien se oponga al aborto, al matrimonio homosexual y EpC

Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Madrid, liderados por el cardenal-arzobispo Antonio Mª Rouco Varela, han vuelto a difundir unos “principios básicos” entre sus fieles para que los tengan en cuenta en las municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo. Las directrices vuelven a girar en torno al aborto, a la oposición al matrimonio homosexual y contra Educación para la Ciudadanía. Recientemente el líder del PP, Mariano Rajoy, se ganó el aplauso explícito de colectivos ultracatólicos por sus promesas en esas materias.

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elplural.com

 

EL DEFICIT PARLAMENTARIO

Las Cortes de Castilla y León celebran esta semana el último pleno de la Legislatura, iniciando el periodo de hibernación previo a las elecciones autonómicas del próximo 22 de mayo. En la hora del balance de estos cuatro años seguramente nos encontraremos con un nuevo record de producción legislativa, tropecientas leyes aprobadas, y un volumen sin precedentes de iniciativas parlamentarias.

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El abusivo uso de la mayoría absoluta (el llamado rodillo parlamentario) por parte del Partido Popular ha seguido obstaculizando todo lo posible el derecho/deber de la oposición parlamentaria a controlar la gestión de la Junta. La Legislatura echa el cierre sin que los consejeros del gobierno Herrera hayan atendido más de 60 comparecencias parlamentarias solicitadas por el grupo socialista. Ello da idea de la forma en que el PP bloquea el control y blinda al Ejecutivo.

 

Además de sufrir el referido rodillo, el PSOE de Castilla y León ha arrastrado el handicap de que su máximo dirigente, Óscar López, no haya dispuesto en este tiempo de escaño en el hemiciclo, lo que le ha impedido la confrontación dialéctica directa con el presidente de la Junta.

 

Pero lo peor del caso es que dicha ausencia ha conllevado cierto ninguneo hacia el grupo socialista por parte del propio López, que ha pactado con la Junta asuntos tan capitales como el de las Cajas de ahorro y el Plan de Convergencia, pasando olímpicamente de sus compañeros en el Parlamento. Otra ocurrencia suya fue la de que el grupo socialista no enmendara a la totalidad el Proyecto de Presupuestos de la Comunidad para 2009, renunciando con ello a un inexcusable deber de cualquier oposición que se precie.

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nortecastilla.es/

La estabilidad económica de los países de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo episodio nacional, el de Portugal

La estabilidad económica de los países de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo episodio nacional, el de Portugal. El primer ministro José Sócrates presentó su dimisión porque su plan no fue aprobado. El Plan presentado por Portugal contaba con todos los favores de la Unión Europea y el Banco Central Europeo y fue rechazado por toda la oposición, incluyendo los representantes de la derecha portuguesa  que  por cierto, son parte de la derecha que controla la política europea.

 

¿Hasta cuándo los ciudadanos europeos van a aguantar  los recortes salariales y sociales mientras sus representantes, europeos, defienden a multinacionales financieras y grupos de inversión?  ¿Cuándo la silenciada revolución islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama político de esta pequeña nación europea, va a hacer eco de presencia en la ciudadanía (portuguesa) europea?

 

Las movilizaciones en Islandia, han exigido el encarcelamiento de los carroñeros económicos del país, se han negado a asumir las deudas de los bancos y han dado “una patadita” al FMI y a los mercados.

 

La única salida para los ciudadanos europeos es promover una asamblea popular para redactar una nueva Constitución mediante unas  elecciones libres y democráticas donde los ciudadanos elijan, en listas abiertas y de forma directa,  a sus representantes al parlamento europeo. Una nueva constitución  social, que trate con dignidad las cuestiones humanas y deje en un segundo plano a los mercados. Los mercados deben estar al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de los mercados.

 

Tomás Martínez

Ni el Supremo acalla a Mayor Oreja: ETA estará en las elecciones porque hay un "pacto oculto" con Zapatero

El vicepresidente del Grupo Parlamentario Popular Europeo, Jaime Mayor Oreja, ha vuelto a acusar al Gobierno de mantener “un pacto oculto” con ETA, que permitirá, en su opinión, que la nueva formación abertzale, Sortu, “aterrice” en las instituciones. ....................

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Sinuoso, tortuoso y retorcido
ETA y Sortu "no están enfrentadas" y las contradicciones entre un tribunal u otro o las desavenencias entre el PSOE y los socialistas vascos forman parte de la "propia naturaleza del proceso". Es lo que dijo este miércoles, desde Córdoba, Jaime Mayor Oreja, que advirtió de que aunque el Supremo no haya permitido que Sortu vaya a las elecciones del 22 de mayo, con el Tribunal Constitucional "puede haber más posibilidades". Para el ex ministro de Aznar, resulta "evidente" que se está asistiendo a un proceso "sinuoso, tortuoso y retorcido donde todo parece distinto de lo que es", porque “existe un proceso pactado entre ETA y el Gobierno.

elplural.com

 

El obispo que negó el Holocausto será juzgado en Alemania

El polémico obispo británico Richard Williamson, conocido por sus declaraciones negacionistas del Holocausto judío y miembro de la ultraconservadora Hermandad de Pío X, será juzgado este verano en Alemania por incitación al odio racial. La Audiencia de Ratisbona ha anunciado hoy el comienzo del proceso contra el obispo lefevriano y ha fijado la fecha para el 4 de julio.

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elpais.com/articulo

El ejército israelí mata a ocho palestinos, dos de ellos menores, en Gaza

Al menos ocho palestinos han muerto esta tarde en la franja de Gaza a causa de la artillería israelí, según fuentes médicas palestinas. Dos de ellos eran menores de edad y pertenecían a la misma familia. Más de una veintena de palestinos, varios de ellos jóvenes han resultado heridos durante el ataque, a consecuencia de una serie de ataques perpetrados por el ejército, con los que asegura responder al lanzamiento de cohetes palestinos desde la franja.

 

Los dos menores muertos en uno de los ataques pertenecían a la familia Al Hilu y estaban jugando al fútbol delante de su casa, al este de la ciudad de Gaza pasadas las tres de la tarde, cuando fueron alcanzados por la artillería israelí, según relató Adha Abu Salmiya, portavoz del servicio de emergencias de Gaza, citado por la agencia de noticias palestina Maan. Otros tres de los palestinos muertos ayer eran milicianos de Yihad islámica, según indicó la organización.

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elpais.com/articulo

 

Islandia no, Magreb sí. Las movilizaciones en Islandia no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación

Siguiendo con la cuestión que abordaba hace unos días, la silenciada revolución islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama político de esta pequeña nación europea, hay que preguntarse cuál es el motivo de que un hecho de estas características no haya tenido reflejo mediático, mientras que cada día nos desayunamos, comemos y cenamos (TVE ha llegado a tener tres periodistas en El Cairo) con los sucesos del Magreb, con las revueltas populares de Túnez, Egipto o Libia.

 

Vaya por delante que entiendo que lo normal es lo que está sucediendo, informativamente hablando, con el Magreb, es decir, que sucesos de tal transcendencia sean recogidos por los medios. Lo que resulta sorprendente, desde esa presunta objetividad de los medios, encargados, en teoría, de contarnos lo que sucede, es el silencio que se cierne sobre Islandia. Porque, si en Islandia ocurren cosas, ¿por qué no nos las cuentan? Por ello, me atreveré a proponer una hipótesis explicativa.

 

El tratamiento que los medios están realizando de los acontecimientos del Magreb subraya que son movilizaciones de carácter democrático contra regímenes de carácter autoritario. No vamos a entrar ahora a valorar que, de la noche a la mañana, regímenes amigos, y en algunos casos puestos como ejemplo, véase Túnez, se hayan convertido en feroces dictaduras a las que ese faro de la libertad y la democracia que se llama Occidente exige respeto a los derechos humanos y libertades. No vamos a hablar de ello, ni de esa hermana monarquía marroquí, tan amada por nuestra Corona. Lo que sí voy a subrayar es que se describen las movilizaciones como movilizaciones de ciudadanos, se ha dicho textualmente, que "quieren ser como los europeos". Es decir, somos tan magníficos que todo el planeta desea ser como nosotros. Resulta difícil saber con qué objetivos se mueven las masas en el Magreb, incertidumbre que, en el fondo, carcome a nuestros gobiernos. Sin duda, los proyectos políticos serán diversos: desde islamistas radicales hasta liberales, pasando por comunistas, nacionalistas, etc. Pero el mensaje mediático es claro: quieren ser como nosotros. Es una manera de subrayar lo afortunados que somos, pues no tenemos que recurrir a poner en peligro nuestras vidas para alcanzar la libertad: ya somos libres. Tanto, que somos la envidia del planeta. Podemos continuar con nuestra siesta democrática, abismados ante la televisión, y decidir con tranquilidad, y muy democráticamente, quién nos representa en Eurovisión o si la mano del defensa en el área fue o no penalti. ¡Vote, vote usted!

 

Las movilizaciones en Islandia, ésas que se han cargado dos gobiernos, que han exigido el encarcelamiento de los jerifaltes económicos del país, que se han negado a asumir las deudas de los bancos, que han promovido una asamblea popular para redactar una nueva Constitución, que han dado un corte de mangas al FMI y a los mercados, esas movilizaciones no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación. .........................

 

Juan Manuel Aragüés
Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza 
elperiodicodearagon.com/noticias