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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

OPINIONES

La luz al final del túnel

Que ha dicho Rajoy que ya se ve la luz al final del túnel. Lo malo es que solo saldrán la máquina y los vagones de Preferente. Porque los más económicos han quedado descolgados y detenidos en mitad del túnel. En los tres vagones dejados a oscuras, en uno de ellos van los votantes apestados del PSOE, en otro los de IU y pequeños partidos aún más a la izquierda, y en el tercero se apiñan abstencionistas, anarquistas y ácratas de pura cepa. Pero los de Primera que salgan no podrán avanzar mucho sin ellos, sin mano de obra, sin sus equipajes que iban en el furgón de cola. Eso si salen y no les explota antes la bomba del voto. Porque aún queda trecho para la salida, y cuando salgan pueden salir despedidos urna y terraplén abajo.

 

Entretanto las ruedas del convoy crujen, como bien demostraron los barrenderos y jardineros de Madrid ganando su huelga por goleada o con los autos judiciales que siembran temo en las otras Comunidades Autónomas y no se atreven a privatizar hospitales. El camino de la salida está lleno de piedras, entre escombros de tanto ERE que ciegan la luz, por chulo y confiado que se muestre el maquinista Rajoy. No está todo dicho, si los viajeros de clase económica entran en razón. Le da al manómetro para avalar la reforma educativa del viajero Wert, pone a tope la velocidad del AVE del PP, pero se puede encontrar con que al llegar a la estación de destino, ELECCIONES City se llama, no haya banda de música ni vecinos para recibirles y aclamarles. Se les acaba el combustible y los corren a gorrazos a través del páramo en que ha dejado convertida España. Sí, es un sueño, un torpe y onírico deseo, pero quién sabe, vamos a ver. Esa nueva luz no sería de pago y estafa. Puede que los componentes de las Nuevas Generaciones del PP, ante quienes Rajoy afirmó semejante tópico en un alarde de originalidad, sean bobos e interesadamente crédulos. Pero el resto de españoles, no; tienen muy mala leche y por vengarse de Rajoy son capaces de ir a votar, cuando toque, y mientras tanto coordinarse y hacerle la puñeta todo lo que puedan. Pero no son bobos ni crédulos ni tuercebotas como ellos, son ciudadanos dignos. Y a veces se producen milagros en la oscuridad de los túneles.

 

Los ocupantes de los tres vagones detenidos permanecen incomunicados entre ellos, las puertas de salida están bloqueadas con la silicona de la soberbia, y empieza a faltarles el oxígeno. Es necesario romper las ventanillas de seguridad y salir de ese tren-trampa, de ese cautiverio, y correr hacia la estación UNIDAD, previa parada en el apeadero LUCHA-TOKA. De lo contrario serán ellos quienes rueden por los terraplenes de la pobreza, la humillación y la explotación.

 

Los ocupantes de los tres vagones detenidos permanecen incomunicados entre ellos, las puertas de salida están bloqueadas con la silicona de la soberbia, y empieza a faltarles el oxígeno. Es necesario romper las ventanillas de seguridad y salir de ese tren-trampa, de ese cautiverio, y correr hacia la estación UNIDAD, previa parada en el apeadero LUCHA-TOKA. De lo contrario serán ellos quienes rueden por los terraplenes de la pobreza, la humillación y la explotación.

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El ‘Relaxing party’

José Francisco Mendi
Espacio Abierto

 

España podrá alejarse del bipartidismo, en un escenario de fuerte abstención, pero sigue siendo una sociedad profundamente polarizada y politizada, que no necesariamente partidaria. La realidad electoral es así de cruda y no refleja la diversidad de la sociedad española, ya que no debería ser incompatible la bipolaridad, izquierda-derecha y la diversidad en la izquierda.

 

Los históricos bloques electorales entre izquierda y derecha que recorren nuestra historia reciente a base de votos, y algún que otro golpe de estado fascista, se mantienen en líneas generales. Echen números gruesos y les saldrán las cuentas. Las diferencias medias entre los bloques de votantes progresistas y conservadores oscilan en unos dos millones de media histórica por elección. Si bien los comicios de 1982 y 2011 marcan los máximos puntos de inflexión con diferencias cercanas o superiores a los 4 millones de votos.

 

La victoria electoral, hasta el momento, se ha decantado por el bloque que menos ha frustrado y/o engañado a sus votantes. En la etapa más reciente, la desolación en la derecha española tras las mentiras de Aznar por los atentados del 11-M provocó la inesperada victoria de Zapatero. Y la desesperanza de los electores de izquierda con el camino emprendido por el PSOE en el final de su última legislatura, facilitaron la victoria de Rajoy.

 

El PSOE por muchas y diversas razones va a ser la referencia mayoritaria de la izquierda española, como lo ha sido en todo el periodo democrático, a pesar de sus muchos e importantes errores, mientras PCE e IU a pesar de sus esfuerzos y luchas nunca ha llegado al 15% del electorado a nivel estatal.

 

El bipartidismo es negativo porque no representa a la sociedad real como cada vez se percibe más en el propio electorado cuando descendemos a escenarios de elecciones autonómicas o municipales. Así que bipartidismo no, reequilibrio en la izquierda si, y a partir de ese reequilibrio pacto y colaboración.

 

Resulta preocupante que siendo este el panorama real, una parte de la izquierda transformadora, representada principalmente por IU, haya asumido el discurso de una  nueva doctrina política de la izquierda única y verdadera. Hemos pasado del “sorpasso”, de las dos orillas, al objetivo de la derrota del bipartidismo PPSOE. Pero tanto la teoría como la práctica, y las consecuencias, son las mismas. Esperar sentados a que llegue esa mayoría electoral suficiente de la izquierda única, que permita gobernar en solitario, mientras la derecha sigue rematando su demolición de los derechos sociales.

 

Sin duda ha habido comportamientos del PSOE desde el gobierno que nada tienen que envidiar de algunas medidas neoliberales de la derecha europea. Y así les ha ido. El problema es que el enunciado correcto de esa frase es: “así nos ha ido”. Por lo tanto me afecta, nos afecta a todos los progresistas. Me preocupa ese comportamiento, como también a la socialdemocracia le afecta que otras izquierdas se alejen del acuerdo y vean al PSOE como el objetivo a batir en la contienda electoral. Mientras, los conservadores mantienen aglutinadas a sus huestes. Desde los liberales hasta su propio “amanecer dorado”. En una engrasada y engominada maquinaria que representaría en España, el “Relaxing party”.

 

Por esta y muchas razones he participado y ¡he votado! en la Conferencia Política del PSOE sin ser miembro de ese partido. Me permito esa exclamación porque no pude disimular la mezcla de extrañeza y satisfacción al ver cómo se aprobaba en esa reunión la celebración de elecciones primarias abiertas a la ciudadanía para las candidaturas electorales. O que, simplemente, me dejaran votar siendo sólo un invitado codecidiendo con hombres y mujeres, militantes o no, el futuro de un proyecto de cambio para la izquierda en este país y, sobre todo, para este país desde la izquierda. Incluso, junto a otras personas que militamos en la izquierda transformadora, hemos sido tildados como peligrosos aperturistas por defender lo obvio: el acercamiento entre representantes y representados. Algo sencillamente necesario, pero no suficiente, para reconciliarse con la sociedad que sigue siendo profundamente política pero distantemente partidista.

 

Parece que participar en un debate abierto con militantes de base de otro partido de la izquierda en su conferencia política y representantes de distintos movimientos sociales presentes y no afiliados al PSOE es una traición, mientras que pactar, cosa que nos congratula por lo que supone de freno a las políticas del PP, en un ámbito como Andalucía, es legítimo.

 

Humildemente pensamos que las dos cosas son legítimas y necesarias en un momento de ataque a todos los derechos sociales conseguidos.

 

Mientras hombres y mujeres libres, diversos y plurales, con diferentes militancias, pero con un mismo objetivo, dialogamos, debatimos, discutimos y decidimos, la derecha, fuerte y unida, mostraba su inquietud temiendo perder el poder de todas y todos para quedarse sólo con su poder. La respuesta visceral de sus voceros y analistas es la mejor demostración de que vamos en la buena dirección.

 

Hemos visto estos días cómo la poderosa maquinaria económica y mediática del “Relaxing party” español ha desplegado sus garras para golpear, una vez más, a los defensores de los más desfavorecidos. Esa misma derecha que intentará noquear a quien pretenda oponerse a la rapiña de lo público para su beneficio

 

La fiera, que pacía relajada en los prados de los derechos sociales relamiéndose tras cada Consejo de Ministros, sabe que ya no puede dormir tranquila. Que se acercan gritos de protesta dispuestos a traspasar las calles con la gente, junto a sindicatos y mareas, para llegar a las urnas. Y ese será su final. El de una pesadilla en blanco y negro que llevamos sufriendo demasiado tiempo.

 

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La necesidad de disminuir el tiempo de trabajo

Vicenç Navarro

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

 

Una medida que ha sido propuesta para disminuir el elevado desempleo es la de compartir el tiempo de trabajo de manera que cada trabajador trabaje menos horas por día, necesitándose así un número mayor de puestos de trabajo para realizar la misma tarea. Esta medida ya se ha experimentado ampliamente en varios países, como en Alemania, y en varias empresas (como varias cooperativas del País Vasco), evitando el despido masivo de trabajadores cuando la necesidad de producción disminuye como consecuencia de la reducción de la demanda de los productos producidos.

 

Una de las causas de que no se haya implantado con mayor intensidad esta medida es el enorme dominio que la patronal, y muy en especial la gran patronal, tiene en los centros de trabajo. Una de las causas de la resistencia a compartir el trabajo es que el empresario quiere evitar los costes de formación de nuevos trabajadores, prefiriendo retener a los que ya tiene y conoce, adaptando el tiempo de trabajo a sus necesidades de producción. La gran flexibilidad del mercado de trabajo en España, muy favorable para el empresario, explica que este prefiera la reducción del número de trabajadores cuando baja la producción y aumentar las horas extra del trabajador que permanece en la empresa cuando aumenta la demanda de sus productos, y por lo tanto, la necesidad de que aumente la producción.

 

Es interesante subrayar que el trabajador puede también ser reacio a compartir el tiempo de trabajo si ello significa que sufrirá una reducción del salario. De ahí que en varios países, como en Alemania, el gobierno permita el acceso a fondos públicos (por regla general, del seguro de desempleo) para complementar esa reducción salarial, manteniendo así su nivel de ingresos. Para el Estado es más económico hacer este subsidio complementario al trabajador que ve reducido su salario al disminuir el tiempo de trabajo, que pagar el seguro de desempleo completo en caso de que el trabajador dejara el trabajo.

 

Ahora bien, estas medidas, seguidas en momentos de gran recesión y elevado desempleo, no deberían retrasar la muy necesaria reducción del tiempo de trabajo manteniendo el nivel salarial. Hay que darse cuenta de que el día laboral de ocho horas no ha cambiado desde el siglo XIX, cuando se consiguió por primera vez reducir el tiempo de trabajo diario a este número de horas. Es importante subrayar que los mismos economistas neoliberales (de los cuales hay una gran densidad en los fórums mediáticos del país) que se alarman de que la edad de jubilación no haya variado desde hace algo más de noventa años (desde 1919, con el Retiro Obrero Obligatorio, hasta 2012), deseando que se retrase la jubilación, no dicen ni pío sobre el horario laboral, que no ha variado desde el siglo XIX. En realidad, la productividad se ha incrementado enormemente, permitiendo que el PIB español sea 24 veces más grande ahora que en 1900. En cambio, los salarios no han cambiado en la misma proporción. Y el horario laboral tampoco. Esta falta de cambio del horario laboral frente al enorme aumento de la productividad es un indicador del enorme poder del mundo empresarial. En realidad, John Maynard Keynes había predicho que en 2030 la gente trabajaría solo 15 horas a la semana (“Economic Possibilities for our Grandchildren”, citado en “Work-Time Reduction: Possibilities and Problems”, de Herbert J. Gans), predicción que hizo basándose en su estimación del crecimiento de la productividad. Ahora bien, lo que estamos viendo es precisamente lo contrario. La reducción del tiempo de trabajo se está haciendo a costa de la reducción del salario y del crecimiento del pluriempleo para sostener el nivel de ingresos. Ello ocurre como consecuencia de la debilidad del mundo del trabajo.

 

Esta situación está deteriorando la calidad de vida y bienestar de la población, así como debilitando la economía al reducir la demanda, y con ello el estímulo económico (ver mi artículo “Bajar salarios no es bueno”. Público 01.11.13).

 

La lucha para reducir el tiempo de trabajo sin reducción salarial es clave para mantener y enriquecer el bienestar de la población y la eficiencia del sistema económico. Debería ser parte de la política familiar de un país para permitir un mayor tiempo de los padres con sus hijos. Y también debería ser parte de la política cultural del país facilitar y estimular la educación y formación (como intentaron tradicionalmente las casas del pueblo y cooperativas obreras) para instruir a la población, oponiéndose, a la vez, a los sistemas culturales televisivos que promueven la mediocridad como mecanismo de escape y parte de la campaña para idiotizar a la población sin ningún intento de enriquecimiento cultural. Para alcanzar estas medidas se requiere un mayor intervencionismo estatal que favorezca las políticas enumeradas anteriormente. Pero ello requiere un giro de 180º de las políticas públicas neoliberales que todavía hoy dominan los gobiernos.

 

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Otras políticas, otra forma de hacer política

Cristina Narbona
Militante del PSOE

 

En 1982 dejé mi trabajo en la Universidad para incorporarme a mi primera responsabilidad pública, en la Junta de Andalucía. No pertenecía entonces al PSOE: decidí afiliarme en 1993, en vísperas de unas elecciones generales en las que el PP parecía el seguro ganador. Pero, desde el inicio, compartía los ideales del proyecto socialista y me sentía privilegiada por tener la oportunidad de contribuir, con modestia, a la construcción de una España más justa, más libre y más prospera.

 

A lo largo de más de treinta años he mantenido la misma voluntad y el mismo compromiso, al servicio del interés publico, en diferentes administraciones, en la banca pública, en el parlamento... Eso ha significado, entre otras cosas, renunciar a otras opciones profesionales, rechazando incluso ofertas del sector privado (por cierto, mucho mejor remuneradas); y ha supuesto, también, un importante coste personal en periodos de fuerte tensión —por ejemplo, siendo Ministra de Medio Ambiente durante la peor sequía de la historia de España...— Pero, una y otra vez, —y desde una actitud de permanente autocrítica— me he reafirmado en la necesidad de la Política (con mayúscula) como herramienta para la transformación de la sociedad; y en la convicción de que los socialistas debemos empeñarnos a fondo para construir esa España más justa, más libre y mas prospera, que no solo es posible, sino cada vez más urgente.

 

Creo que, para que el PSOE contribuya hoy a avanzar en esa dirección, necesitamos volver a colocar inequívocamente la igualdad (y no el crecimiento del PIB, compatible con el aumento de las desigualdades) como objetivo principal de la acción pública. No basta con reiterar nuestra defensa del Estado del bienestar. Es preciso impulsar una política económica alternativa a la existente (y en gran medida alternativa a la desarrollada por gobiernos socialistas, no solo en España), de forma que se produzca una distribución más equitativa de la renta, de la riqueza, de la información... incorporando, además, mecanismos que eviten la impunidad de quienes se han beneficiado de las desigualdades sociales y de la creciente concentración del poder económico. Y que se entienda, de una vez por todas, la sostenibilidad ambiental como garantía de equidad global, de seguridad y de progreso duradero. Una política económica alternativa que se defienda en las instituciones europeas, consolidando nuestros vínculos con otras fuerzas progresistas.

 

Ello requiere que los socialistas reflexionemos, con humildad, sobre las lecciones de la crisis, que entendamos mejor su origen, y que rectifiquemos en temas cruciales, —como la política fiscal, la política energética, la regularización y la supervisión del sector financiero, las limitaciones del PIB como indicador de prosperidad...— Y en los documentos que serán debatidos durante el próximo fin de semana en nuestra Conferencia Política hay ya mucha concreción en algunas de estas cuestiones, a mi juicio en la buena dirección.

 

Pero también creo que es urgente introducir cambios radicales en nuestra forma de hacer política, en el funcionamiento de nuestra organización, con un mayor esfuerzo en términos de coherencia, de ejemplaridad, de integración en la sociedad....como requisito imprescindible para establecer un nuevo vinculo de reciproca confianza con la ciudadanía.

 

Ninguna sociedad puede progresar si los ciudadanos no confían en aquellas instituciones cuya existencia debe garantizar al máximo el interés general, el "bien común"; y es evidente que, durante los últimos años, en España esa confianza se ha desmoronado dramáticamente. Las razones son objetivas, y debemos reconocer nuestra propia responsabilidad como partido político, ya que los ciudadanos perciben que la democracia resulta impotente frente al poder económico... e intuyen que, en realidad, los " mercados "han ocupado el espacio que les ha permitido la "política"  (también la socialdemocracia).

 

A ello hay que añadir la lacra de la corrupción, y la evidencia de que las instituciones democráticas carecen de los mecanismos adecuados para su efectiva prevención y penalización; y, también, la evidencia de que la corrupción no afecta solo a la credibilidad de los políticos, sino también de los empresarios, de los medios de comunicación... Erradicar la tolerancia social hacia la corrupción —además de todas las reformas legales en gran medida ya identificadas— requiere de un auténtico cambio cultural, donde los valores de la responsabilidad individual y colectiva, la solidaridad, la cooperación... desplacen al consumismo irresponsable e insolidario que ha impregnado  la sociedad. Para recuperar la confianza de los ciudadanos, el PSOE debe aparecer liderando dicho cambio cultural, incorporando en su propia organización mecanismos que garanticen mayor coherencia entre lo que se propone y lo que se hace, la rendición sistemática de cuentas y la exigencia efectiva de responsabilidades, así como criterios más exigentes y más democráticos para la selección de los cargos orgánicos e institucionales.

 

Quienes ostentan responsabilidades públicas deben ser capaces de comprender la creciente complejidad de la realidad que pretenden transformar, así como de comunicar adecuadamente el correspondiente diagnóstico y las oportunas respuestas.

 

Para ello, la política no puede ser considerada una actividad permanente y exclusiva, sino un compromiso,una vocacion compatible con otras actividades laborales: ello exige la continua actualización del propio conocimiento, de forma que se garantice tanto la conexión con la sociedad como el respeto por parte de las ciudadanos. Además, cuanto mayor autonomía personal tengan nuestros militantes, mayor será su libertad de expresión en el debate interno.

 

Más allá de las "primarias abiertas" para elegir a los candidatos a la Presidencia del Gobierno —que ya fueron objeto de acuerdo en el Congreso Federal de 2012—, el principio de "un militante, un voto" debería instaurarse con carácter general para la elección de los secretarios generales. En todo caso, las primarias por sí solas no son una panacea. Para mejorar la calidad de la democracia interna hay que establecer mecanismos para fortalecer la cohesión interna, para evitar que las discrepancias se entiendan como falta de lealtad y para que los liderazgos se construyan a partir de los principio antes anunciados: coherencia, rigor, rendición de cuentas y asunción de responsabilidades.

 

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Una izquierda con vocación de mayoría

Hay muchas razones que explican la Conferencia Política del PSOE en el ecuador de esta legislatura. Perdimos cuatro millones de votantes en el 2011 y su recuperación exige reconocimientos y rectificaciones. El mundo cambia tanto y tan rápidamente que la izquierda debe ser capaz de renovar sus propuestas y sus soluciones en los nuevos parámetros de la globalización, de la revolución tecnológica y en la nueva sociedad de la información. El Estado-nación, como escenario de la acción política transformadora, se ha quedado pequeño, incapaz de construir espacios de cohesión social, incluso de democracia plena. El proyecto socialista de los ochenta, con el que somos identificados como partido, ha sido en gran parte construido ya y la sociedad española nos presenta hoy problemas diferentes. Pero, además y quizás lo más importante, la crisis económica, social y de empleo, inédita por sus dimensiones y efectos, se prolonga y se acentúa en el contexto de la crisis política más grave que hemos vivido en los últimos 30 años: crisis de la democracia y de sus instituciones e implosión del modelo territorial con el reto soberanista de Cataluña.

 

A los que dejaron de votarnos y a todos los españoles que se sienten progresistas o de izquierdas, queremos decirles que hemos articulado un proyecto político para los próximos años que da respuesta a la triple crisis española. Empezando por nuestra democracia, hemos presentado un ambicioso programa de regeneración de la política española y de renovación de nuestras reglas democráticas. No se trata de partir de cero ni de refundar el sistema. Son reformas que responden a las principales quejas que recibimos y a las más graves carencias que padecemos. Para ello, hemos propuesto al conjunto de las fuerzas políticas abordar, desde el máximo consenso, un conjunto de reformas en nuestras leyes para erradicar la corrupción en la política, reformar la vida interna y financiera de los partidos políticos, reformar el sistema electoral aumentando las facultades de elección de los ciudadanos, modernizar nuestro Parlamento para hacerlo más abierto y participado por la ciudadanía y una nueva regulación de las condiciones de ejercicio de la política sometidas a las exigencias de la ejemplaridad. Recuperar la confianza de la ciudadanía en sus instituciones, y relegitimar la política y los partidos son condiciones necesarias para reforzar nuestra vida en común con más y mejor democracia.

 

Junto a ello, hemos planteado una oferta de diálogo serio para revisar nuestro modelo territorial. El marco autonómico ha sido un éxito, pero la tensión soberanista de Cataluña y los desajustes que el modelo viene exhibiendo desde hace años aconsejan una reforma de nuestro Título VIII. El PSOE propone al país reafirmar el mapa autonómico actual, haciéndolo evolucionar en una doble dirección. De una parte, incorporando las fórmulas del modelo federal alemán: con un Senado de las CC AA, clarificando y consolidando el reparto competencial, pactando un modelo de financiación basado en la autonomía financiera, la suficiencia y la solidaridad y fortaleciendo los instrumentos de cooperación y de lealtad federal. De otra, dar carta de naturaleza constitucional a las singularidades o hechos diferenciales que explican la España plural y que hacen posible la conformación de nuestro Estado complejo.

 

Vamos a proponer una agenda por la igualdad a la política española. De nuevo, la igualdad, porque constatamos el crecimiento rampante de la desigualdad y sus síntomas más alarmantes con la política de ajustes y recortes en nuestro modelo de bienestar. No es solo que se dispare el abanico entre los más ricos y los más pobres, sino que, junto a ello, se empobrecen las clases medias, es decir, la mayoría social, y cada vez es más grande el número de hogares en la pobreza.

 

Hemos pensado seriamente en este fenómeno demasiado frecuente en los países que venimos del Estado de bienestar y hemos decidido articular una agenda de reformas estructurales para recuperar cohesión social y para garantizar, de verdad, la igualdad de oportunidades ante la vida. Nuestra agenda es atrevida y resumidamente contempla: a) Una apuesta clara y rotunda por aumentar nuestro gasto en educación y por fortalecer la escuela pública como verdadero instrumento igualitario; b) una reforma fiscal que reduzca el fraude, recupere progresividad y nos sitúe en la presión fiscal europea aportando cinco puntos de PIB a nuestros ingresos; c) la creación de un fondo social de ayuda a los hogares sin ingresos con aportaciones fiscales de las rentas y patrimonios más altos; d) la limitación de las remuneraciones de directivos en las entidades financieras (si el Estado se hace cargo de sus quiebras, el Estado tiene derecho a intervenir en su remuneración), establecer exigencias a los Consejos para que las remuneraciones de los directivos de las empresas se ajusten a resultados, riesgos y transparencia y desincentivar con cargas fiscales y de cotización a la Seguridad Social los ingresos variables y las retribuciones en especie; e) fortalecimiento del poder sindical en las pymes, recuperación de la negociación colectiva sectorial y aumento del salario mínimo; f) el desarrollo de un programa de igualdad de la mujer en el trabajo y en la empresa, auténtico espacio de desigualdad de género en nuestro país.

 

Hemos diseñado una política para el crecimiento y el empleo. España tiene ante sí una larga marcha para recuperar competitividad, crear nuevas empresas, y empleo, diversificar la actividad económica, modernizar nuestro aparato productivo, mejorar nuestra I+D+i, aumentar el tamaño de nuestras pymes, internacionalizarlas, mejorar nuestra Universidad y nuestra Formación Profesional y tantas cosas más. Queremos proponer al país una estrategia para la modernización de la economía española a medio plazo. Hemos cometido muchos excesos y muchos errores en los años de la abundancia y nos faltan miradas largas y consensos básicos para ser un país de los grandes en el mundo, que recupere el empleo en las dos próximas legislaturas. Que ofrezca una salida de medio plazo a la generación de nuestros jóvenes de hoy.

 

Propondremos a los agentes sociales un pacto de rentas que nos permita ganar productividad con costes proporcionados, a trabajadores y empresas y con recuperación del consenso sobre el marco laboral roto por el Gobierno y revisaremos las políticas públicas de inversión en las prioridades de política industrial, energética, medioambiental, formativa, de infraestructuras inteligentes, economía digital, etcétera.

 

Hay una constante en nuestra reflexión: las bases sobre las que hemos convivido estos últimos 30 años necesitan un ajuste, una adaptación a nuevos tiempos y a nuevas necesidades. La sociedad española ha perdido ilusiones colectivas, coincidencias básicas y hay crecientes rupturas internas: territoriales, democráticas, generacionales. Podemos mirar para otro lado y creer que el tiempo lo arregla todo. Pero quienes creemos que ocurre lo contrario, proponemos al país una reforma de fondo. Por eso hemos llegado a la conclusión de que una reforma puntual de nuestra Constitución es necesidad y oportunidad a la vez.

 

Necesidad de incorporar a nuestra Carta Magna los cambios que la sociedad española ha hecho suyos: la secularización y la laicidad, la igualdad de género, el derecho a la asistencia sanitaria, Internet, el matrimonio homosexual o las distintas formas de familia, la igualdad de sexos en la sucesión de la corona y el derecho a las prestaciones de la Seguridad Social entre otras. Necesidad de revisar nuestro Título VIII y encontrar nuevos acuerdos con nuestras CC AA para seguir juntos. Necesidad de incorporar el marco jurídico institucional europeo a nuestras fuentes del derecho. Pero también oportunidad para volver a la política sensata y grande. La que recupera consensos para abordar los problemas principales del país. La que supere partidismos sectarios y recupere confianza ciudadana. La que lidere al país desde la moderación y vertebre a la ciudadanía hacia objetivos colectivos. Queremos liderar este proyecto modernizador del país, que recupera crecimiento y empleo, que rehace los equilibrios sociales de España, que reconduce las tensiones independentistas hacia un proyecto común, que recupera igualdad, que relegitima la política y la democracia. Queremos hacerlo desde una izquierda renovada con vocación de mayoría social. Queremos ofrecernos como el partido capaz de todo eso, recordando que el PSOE ha sido el partido del progreso y la justicia social, de la libertad y los avances sociales en los últimos 100 años de vida española.

 

Ramón Jáuregui es coordinador de la Conferencia Política del PSOE.

elpais.com

 

 

Si dimite Rubalcaba yo voto PSOE

Admiro a Pérez Rubalcaba más que muchos. Agradezco a Rubalcaba todo lo que ha hecho por España y por el PSOE tanto como el que más. Pero no tengo más remedio que decirle a mi compañero Alfredo que, con él a la cabeza del nuestro partido, jamás ganaremos las elecciones. Y yo soy militante del PSOE por dos razones: porque coincido con sus ideas y porque puedo cambiar con ellas España, ganando elecciones. Si no hay manera (dicen las encuestas) de que con Pérez Rubalcaba podamos ganar las elecciones, pues le pido al compañero Alfredo que ayude a encontrar a quién pueda ganarlas. ¿Y cómo es posible que me anime a escribir una cosa así? Pues, porque ha bastado que una novata como Susana Díaz haya dicho cuatro verdades, para que no se hable de otra cosa en casa y fuera de casa. Muchos socialistas estamos ansiosos de contar con un/una dirigente nuevo/a y con mensajes nuevos.

 

¿Estoy proponiendo que Susana Díaz se presente como nueva dirigente del PSOE de España? De ninguna manera. Vamos a ver si puedo contar claro lo que quiero contar. Ojo: es mi opinión personal.

 

1º. Con Alfredo Pérez Rubalcaba es imposible ganar unas elecciones generales. Coste que estoy seguro que tiene un entorno inteligente y fiel que le anima. Es magnífico como equipo, pero es un error como Partido.

 

2º. Nadie puede asegurar que, decidir sobre el sucesor, sea pronto hoy o sea tarde mañana. Los procesos electorales van a empezar el 25 de mayo de 2014: es decir, dentro de 7 meses. Nada. Con un poco de lógica de calendario, eso del candidato tenía que estar ya en todas las agendas racionales del PSOE. Pero que coste que entiendo a los compañeros de Ferraz que no quieren que nada se mueva hasta lo más tarde posible. Tener organizaciones conservadoras, garantiza el éxito de ideas progresistas. Casi siempre.

 

3º. Animarnos a los militantes con reuniones sobre programas, es estupendo. Coincido con la idea de que sin programas (en el PSOE) es absurdo debatir sobre líderes. Pero me temo que esto tan obvio tiene algún truco infantil. ¿No será que ahora dejamos al compañero Jaúregui que nos diga qué hacemos y así no debatimos con quién lo va a hacer? Vamos a ver si todos hablamos claro (y los que no coincidan conmigo también) ¿Es pensable que se elija un líder con un programa redactado por otros?

 

Sea cual sea el programa que se redacte en noviembre, lo que es seguro es que el nuevo candidato del PSOE a la presidencia del gobierno modificará lo que crea oportuno.

 

¿Alguien en el PSOE (o en otro partido o en una empresa) cree que un dirigente elegido para ser número uno va a aceptar todo un programa si a él no le gusta para la confrontación?

 

En el PSOE nos estamos equivocando (por razones explicables y conservadoras) pero no tenemos razón en lo que estamos diseñando: lo primero es saber quién nos va a dirigir y luego fijemos con qué programa lo hacemos.

 

Es cierto que cierta lógica dice que primero es el programa y luego el director;  eso es muy fácil de entender en una orquesta (por ejemplo) pero no lo es la política.

 

Me apuesto con vosotros lo que querais a que (tristemente) van a pasar dos cosas. 1ª se va a redactar el programa electoral este próximo mes de noviembre. 2ª cuando elijamos al nuevo secretario general/candidato va a cambiar ese programa.

 

Compañeros, que ya se que todo se hará con prudencia y sin escándalos, pero se hará. Nunca un dirigente político, ni aquí ni en ninguna parte del mundo democrático, ha competido con un programa que no sea el suyo. O mentirá al llegar el triunfo, como lo estamos viviendo ahora. Y no me gustaría un líder PSOE haciendo de Rajoy.

 

Por cierto, confieso que votaré al PSOE sea quien sea su candidato

Luis Solana es militante socialista y promotor de Nuevas Tecnologías
 

 

http://www.elplural.com

Las preguntas de Perceval

El mundo de la política se ha vuelto previsible y amoral

 

Hay un episodio del ciclo artúrico que nos puede ayudar a entender lo que pasa en nuestro país. Su protagonista es Perceval, uno de los caballeros de la Tabla Redonda, famoso por su participación en la búsqueda del Santo Grial. Perceval llega a un lugar desolador. Los ríos se han secado, no crecen las plantas, los árboles han muerto, no hay pájaros ni otros animales. Se hace de noche y Perceval entra en un castillo sombrío. Soldados, mozos y criados andan como sonámbulos por sus patios y escaleras. Perceval se encuentra allí con el herido Rey Pescador, el soberano del reino. Está postrado en su trono, mientras un extraño cortejo recorre el salón. Son tres muchachas muy pálidas. Una lleva una lanza, otra, una bandeja y la tercera, una copa. Perceval, horrorizado, abandona precipitadamente el palacio. Está amaneciendo y una misteriosa doncella que le aborda en el camino le dice que esperaban a un caballero como él que se atreviera a preguntar por el significado de lo que veía y que su marcha precipitada les condena a continuar bajo el dominio de la maldición. El tema de las preguntas que al no formularse sumen en la desgracia a países enteros es muy frecuente en el folklore. En muchos cuentos basta la pregunta de alguien para que se rompa el hechizo que pesa sobre un lugar, ya que las preguntas son el símbolo de esa vida que regresa y hace hablar.

 

Si lo pensamos bien, el país al que llega Perceval no es muy distinto de este nuestro. Las tiendas se cierran, la gente pierde sus trabajos y deambula por las calles sin saber qué hacer. Muchos son expulsados de sus casas y no tienen para comer. Nadie compra libros, las salas de cine están vacías y se aplazan las bodas. Los jóvenes no pueden independizarse porque ¿dónde vivirán, con qué medios, qué harán si nacen sus hijos? Los hospitales dejan de atender a los enfermos, desaparecen los comedores y el transporte escolar y los investigadores tienen que emigrar a otros países. Aún más, como sucede en el relato de Perceval, también nosotros hemos renunciado a preguntarnos por las causas que hacen que las cosas sean así. Es lo que nos dicen nuestros gobernantes, que debemos tener paciencia, confiar en ellos, ya que nada puede hacerse salvo lo que ellos han decidido hacer. En el relato de Perceval las doncellas que forman el cortejo fúnebre llevan en sus manos una lanza, una bandeja y una copa sagrada, los símbolos de la pasión de un dios que entregó su vida para salvar a los hombres; en el nuestro, los caballeros del dinero llevan las cifras de nuestra deuda, la de los recortes y la de la prima de riesgo, los símbolos de ese capital que quiere que le entreguemos la vida para salvarse él.

 

Mientras tanto, se han perdido derechos sociales, los trabajadores pueden ser expulsados de sus trabajos sin ninguna garantía, se ofende a los médicos, a los investigadores y a los educadores. Se cierran los comedores escolares, la televisión pública se ha transformado en una sucursal amanerada del poder, se cuestiona el derecho al aborto, vuelve a las aulas la asignatura de la religión más rancia, al Tribunal Constitucional llegan jueces que opinan que los matrimonios homosexuales son contra natura.

 

En la segunda parte de la historia del rey herido, Perceval regresa al reino maldito y osa hacer la pregunta, con lo que el rey se recupera de su mal y se restituye la fecundidad a la tierra baldía. ¿Cuales tendrían que ser las nuestras para que esta pesadilla terminara? Son muchas las que podrían servirnos. Por ejemplo, ¿por qué los valores supremos que fundan el capitalismo —competividad, rendimiento, crecimiento sin límite, beneficio— deben ser los únicos valores y no podemos hacer de la búsqueda del bien común el valor supremo de nuestra convivencia? ¿Por qué no se obliga a los bancos nacionalizados a dar crédito a las empresas que lo necesitan y no hay un banco público que se enfrente a un problema como el los desahucios? ¿Por qué se permiten los delirantes salarios de la banca? ¿Por qué si tenemos la misma moneda tenemos que pagar distintos intereses por la deuda? ¿Por qué no hacemos una política energética que no dependa del petróleo? ¿Por qué se admiten los paraísos fiscales?, ¿por qué las grandes empresas pagan a Hacienda porcentajes que al resto de los ciudadanos les causan escándalo? Aún más, ¿por qué los que nos piden que confiemos en ellos cobran varios sueldos, reciben primas diversas, préstamos que no figuran en ningún lado y que es posible que no tengan que devolver, manos misteriosas les pagan el alquiler de los pisos en donde viven, las fiestas de cumpleaños y las bodas de sus hijos, y son consejeros de bancos y grandes empresas por los que cobran sueldos astronómicos por no hacer nada?

 

Pero quien pregunta debe tener alguien que le escuche y me temo que en este punto debemos abandonar el mundo de Perceval para entrar en el no menos sombrío de una antigua película de serie B titulada La invasión de los ladrones de cuerpos. Unas extrañas vainas venidas del espacio tienen el poder de copiar los cuerpos de los hombres aprovechando su sueño. Cuando ese proceso se cumple, el nuevo cuerpo ocupa el lugar de su modelo real. Surge así un mundo implacable y frío, que solo en apariencia sigue resultando humano. La película de Don Siegel, realizada en plena guerra fría, es una metáfora de los Estados totalitarios y del dominio que llegan a ejercer sobre la conciencia individual, pero pocas veces esta fábula ha tenido más vigencia que en la actualidad. El mundo de la política se ha vuelto previsible y amoral, y el congreso de los diputados es lo más parecido a una sala del Museo de Cera. Es verdad que a esos diputados los hemos elegido nosotros, pero tan pronto acceden al poder son abducidos por fuerzas oscuras y dejan de representar a sus votantes para servir tan solo a poderes indefinibles. Son las réplicas de los que elegimos en las urnas las que han tomado las riendas del poder y sirven a intereses que nada tienen que ver con los nuestros. El problema es que esos ladrones de cuerpos no vienen de otro planeta para ocupar el nuestro, sino que somos nosotros mismos quienes los hemos creado con nuestra pasividad. La última pregunta de Perceval, la más dolorosa de todas, solo puede ser entonces si puede llamarse democracia a esto que tenemos.

 

Gustavo Martín Garzo es escritor.

elpais.com

 

¿Una Conferencia Política?

Por José Manzanares

La Conferencia Política que el PSOE celebrará en noviembre tiene el riesgo de convertirse en una Conferencia “de usar y tirar”...

 

Los próximos 8, 9 y 10 de noviembre tendrá lugar la Conferencia Política del PSOE 2013. Si bien el mandato de 38 Congreso Federal de Sevilla (febrero de 2012) era celebrar una Conferencia Organizativa para abordar temas como ”…Normativa para la elección de candidatos a los distintos ámbitos institucionales… para los órganos de dirección… modificación Estatutos Federales…”,  estos aspectos figuran en apenas 20 páginas de las 384 que componen la Ponencia Base.

 

Cabe preguntarse el porqué de este “desequilibrio” entre lo organizativo y lo político, apenas 20 meses después del citado Congreso, cuyas Resoluciones fueron valoradas en su conjunto como muy progresistas en Fiscalidad, Laicidad, Unión Europea… ¿Qué hay de nuevo en este “nuevo formato”? Máxime cuando en las “Observaciones previas” o presentación de la CEF-PSOE a la Ponencia de la Conferencia Política se señalan diferentes negativas “La Conferencia Política no es un Congreso… La Conferencia no elabora Resoluciones… Su texto no son mandatos imperativos” (pág. 11-13 del Documento Base). que parecen marcarla como una Conferencia “light”.

 

Esta “declaración” de la dirección socialista tiene una doble lectura: a) La Conferencia Política parece estar concebida como un “compás de espera más”… en una estrategia de ver cómo evoluciona la “coyuntura política” de nuestro país y definir el papel del PSOE “en su momento” de forma poco trasparente. O b) Existe una falta de clarificación estratégica en el PSOE de tal calado que los debates y propuestas de la Conferencia quedarían relegadas a una “posterior interpretación”.

 

En ambos casos, se trataría de riesgos que deberíamos evitar desde la militancia socialista y, en parte, por simpatizantes y votantes socialistas a los que está abierta la participación en la Conferencia. Así, este evento tiene el riesgo de convertirse en una Conferencia “de usar y tirar”. Esto es, en lenguaje llano, que “no sirva para nada”… Como suele ocurrir demasiado a menudo con las Resoluciones de los Congresos, incluso con los Programas, que “se meten en el cajón”, desanimando a su efectiva participación.

 

Por el contrario, las recientes encuestas, movilizaciones, la situación interna de la militancia socialista, tratan de combatir y superar “el secuestro de la política” por los mercados, por los tecnócratas. Se requiere, de forma urgente, recuperar la credibilidad en la Política, en los Partidos Políticos, en sus Programas… (Algún ejemplo de este alejamiento de la política de los intereses de los ciudadanos fue la modificación de la Constitución de agosto del 2011 que promovió el Gobierno del PSOE o el reiterado incumplimiento de su Programa Electoral por parte del actual Gobierno del PP).

 

Pero, por imperativo de la grave situación política, económica y social y la “delicada situación organizativa” del PSOE, no podrán soslayarse los objetivos “implícitos” que rodean la Conferencia y que necesitan abordarse de forma urgente en un renovado compromiso o “agenda política” con los ciudadanos, cuyo proceso debería asegurar un próximo Comité Federal Extraordinario:

a) Un Proyecto Político o de Sociedad claro y alternativo, alejado de las políticas neoliberales y conservadoras de austeridad que predominan en España y en la UE: Mayor regulación económica, Banca Pública…, poniendo en primer lugar los estímulos al Crecimiento sostenible y empleos de calidad; Fiscalidad progresiva y suficiente para mantener el Estado del Bienestar (“blindado” constitucionalmente); Más Europa Federal y Social; Abordar el “soberanismo” mediante al reforma constitucional (Estado Federal); Laicidad, con la denuncia del Tratado España-Santa Sede… junto con la reversión de las políticas antisociales del PP (reformas laboral, educativa, sanitaria…), entre otros temas que abordará la Conferencia y cuyas Resoluciones deberían tener el “mayor valor político”.

b) Un Partido regenerado (incluida la realización de un Congreso Extraordinario): democratizar el PSOE como herramienta política de transformación social “que la política gobierne la economía, que el interés general disponga de mecanismos suficientes para prevalecer frente a los intereses privados particulares…” (pág. 25 Resoluciones 28 Congreso PSOE); un Partido “en la calle”, aliado de los sindicatos, de los movimientos sociales, … y con el conjunto de la izquierda democrática en España y en la Unión Europea.

c) Despejar la “indefinición de liderazgo” socialista a la Presidencia de Gobierno (igualmente, en otros ámbitos territoriales) mediante la realización de Elecciones Primarias abiertas, antes del proceso de las Elecciones Europeas (mayo 2014).

 

De no ser así, el esfuerzo organizativo y político de esta Conferencia Política que viene realizándose durante un año de trabajo podría ser desaprovechado, desvalorizado: ¿Qué mensaje se trasladaría a la ciudadanía para que ”confiara” en el PSOE?. ¿Qué nueva ilusión o “autoestima organizativa” percibiría la militancia socialista?... Máxime, si como se dice en la presentación de la Ponencia, se trata de “una reflexión serena y abierta… desde las Agrupaciones, la militancia, los ciudadanos”..

 

nuevatribuna.es

 

Talegón (PSOE), partidaria de organizar un referéndum para decidir entre monarquía y repúbl

No descarta presentarse a las primarias y cree que no sería mala idea un congreso extraordinario tras la conferencia política

   MADRID, 25 Sep. (EUROPA PRESS) -

  

La socialista Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas (IUSY), es partidaria de organizar un referéndum sobre el modelo de Estado para que los españoles decidan si quieren "seguir manteniendo una monarquía parlamentaria" o "si ya va siendo hora" de que ser "adultos democráticos" y se puede "plantear una República".

   Es más, cree que este es "el debate que toca ahora", en especial con todos los comentarios sobre "si el Príncipe puede o no puede" que están surgiendo con las operaciones quirúrgicas del Rey. "Aquí se establece una línea divisoria y no estaría mal preguntar", ha dicho en una entrevista con Europa Press con motivo de la presentación de su libro 'No nos avergoncéis' (Destino).

   Talegón cree incluso que deben organizarse consultas populares sobre las cuestiones que sean "de una sensibilidad especial para la ciudadanía" por ejemplo antes de entrar en una guerra o ante problemas territoriales. A su juicio, "hay que tener menos miedo de consultar y saber que siente la gente no solo cada cuatro años".

   En el caso de Cataluña, ha dejado claro que una consulta no le da miedo ni le parecería negativa, pero cree que debe encajar "con el marco legal, que es la Constitución". Así, no descarta como opción posible una consulta en la que participen todos los españoles. En todo caso, cree que el problema territorial en España "hay que empezar a cerrarlo" porque genera división y no convivencia. A su juicio, la propuesta de reforma federal de la Constitución que propugna el PSOE puede encajar la posición del PSC.

   Talegón no descarta aspirar a las primarias del partido para ser candidata a la Moncloa --"yo no soy ni más ni menos que ningún compañero y por eso creo que potencialmente todos podemos ser candidatos"-- y rechaza de plano cualquier acusación de "oportunismo": "¿El oportunismo es querer comprometerse más?", ha replicado.

   Su decisión final, ha apuntado, no será "personalista", sino que dependerá "de los equipos, los procedimientos y el proyecto". De igual modo, no se ha decantado por ninguno de ya considerados posibles candidatos (Patxi López, Carme Chacón o Eduardo Madina), afirmando que esperará a conocer sus ideas y a ver "si entre ellos quieren converger, sumar apoyos".

   A su juicio, las primarias son necesarias ya porque la sociedad necesita más que nunca "una respuesta socialista" y el partido está "en un momento de regeneración, en que es necesario de replantearse caras, ideas proyectos y maneras de actuar".

   "Hace falta que sea con muchísima urgencia, porque la gente está sufriendo en unas situaciones límite, hay gente tirándose por las ventanas y hay que dar una respuesta desde un partido socialista porque a la vista está que el pp mira para otro lado", ha denunciado.

   Aunque admite que su partido está haciendo "todo lo posible" por dar esa respuesta, ha defendido que su intención, y la de otros, es hacerlo más rápido y de forma más democrática.

¿UN CONGRESO EXTRAORDINARIO?

   Talegón reconoce que la dirección del PSOE está trabajando en la regeneración a través del "trabajo brutal" de la Conferencia Política de noviembre. Además, cree que sería una buena idea celebrar, después de la Conferencia, un Congreso extraordinario del partido para plasmar los cambios en los estatutos con un proceso "lo más democrático posible".

   Según ha explicado, ha presentado enmiendas a la Conferencia Política para fomentar la transparencia y las listas abiertas. Talegón cree que cualquier militante debería poder presentarse a las primarias pero finalmente ha apoyado enmiendas para que los aspirantes a las primarias para la Presidencia del Gobierno deban presentar el aval de un 3 por ciento de los militantes (frente al 10 por ciento actual).

   En este sentido, ha dejado claro que no teme que surja un candidato con poca trayectoria en el partido: "Ese es el juego de la democracia". También propone crear una comisión de garantías que vele por que el candidato elegido cumple sus compromisos, y si no es así pueda poner en marcha un sistema "rápido y eficaz" para elegir a otro sin tener que esperar cuatro años.

   Conforme a su idea de que cualquiera debe poder aspirar a las primarias, cree que tampoco hay que "descartar" al secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba: "Habría que esperar a ver cuál es su proyecto y quien considere que es el mejor candidato que le vote y que le apoye. Yo tendría que ver que más candidatos hay".

   También ha dejado claro que no se plantea hacer política fuera del PSOE, aunque "mucha gente" le pregunta por qué milita en él. Sobre este punto, ha remarcado que ella pertenece a un partido por los "ideales" que defiende, "por encima de personas concretas y de momentos concretos" y que para "mejorarlo" le parece más coherente hacerlo desde dentro.

   Para recuperar la confianza de los ciudadanos, Talegón cree que el PSOE necesita "tiempo", "establecer objetivos claros y concretos" y  "saber comunicarlos". Eso sí, no se muestra tan categórica como Rubalcaba, que está convencido de que en dos años habrá un socialista en Moncloa, porque reconoce no saber si el PSOE va "a conseguir convencer a la gente de la importancia de la movilización". "Ojalá, por el bien de todos", ha añadido.

COOPERACIÓN Y NO COMPETENCIA

   Por otro lado, piensa que ha llegado el momento de que los partidos de izquierda cambien "la competencia por la "cooperación", porque cree que "hace falta hacer un frente amplio y suficientemente consistente para plantarle cara" a la política neoliberal. Dado que "en Andalucía funciona", cree que en el nivel nacional "sería un reto muy interesante" gobernar con partidos de izquierdas.

   Además, cree que los partidos de izquierda deben tomar buena nota de lo que proponen los movimientos sociales y recalca que el movimiento 15M "ha marcado un antes y un después, un ejercicio ciudadano muy importante, muy constructivo" que los partidos deberían atender.

   Sobre este asunto, ha querido subrayar que ella nunca dijo que la derecha estuviera detrás del 15M, sino que "hay gente" que lo planteaba. A su juicio, la línea de diálogo abierta por el PSOE en la conferencia política permitirá abrir canales de comunicación con todo tipo de movimientos sociales.

   La dirigente juvenil respalda algunas de las propuestas que hace el PSOE de cara a su Conferencia Política pero en otras cree que se debería ir más allá, como crear una banca pública, en la lucha contra los paraísos fiscales y en la laicidad del Estado. También propugna una reestructuración del sistema tributario para recabar más impuestos de los grandes patrimonios y las transacciones financieras y garantizar la sanidad y la educación públicas: "Las becas no son un premio, ir a un hospital público no es un lujo".

   Por otro lado, se ha referido al 'caso Bárcenas' como una muestra de la manera de entender la política por parte del PP, "antidemocrática, oportunista, ventajista, de una manera oscura y totalmente antidemorática".

UN BUEN CONTRINCANTE, BORJA SEMPER

   En su opinión, los votantes del PP también "merecen tener buenos candidatos, que no estén manchado de corrupción" y ha puesto como ejemplo a Borja Semper, un candidato con el que, a su juicio, sería difícil la contienda. Talegón se ha expresado así preguntada, en un escenario de ficción, con quien le gustaría competir por la Presidencia del Gobierno.

   "En términos de ver quién gana creo que Mariano Rajoy estaría muy bien, me parecería un buen contrincante, que no sería muy complicado, pero si pienso en el beneficio de la sociedad, en el bien común, creo que en una disputa de nivel uno siempre quiere tener un buen contrincante, un desafío intelectual, político e ideológico", ha ilustrado.



europapress.es

 

Cómo volver a creer en la política

Los que amamos la política porque creemos en la fuerza constructiva de lo público lamentamos el lodazal en que la política ha caído, derribada por quienes deberían practicarla con honorabilidad. Tramas de corrupción, financiación ilícita de partidos y enriquecimientos subrepticios se añaden a otras infamias, como son los miopes y enfrentistas patrioterismos, la incompetente gestión económica, descaradamente codiciosa e injusta; la decapitación de cualquier futuro en materia de ciencia, educación, sanidad y cultura, la creciente desigualdad social, etcétera. Este mapa de irresponsabilidades pinta nuestro actual paraíso político. La última muestra de evaluación ciudadana de instituciones, entidades y grupos sociales (ver EL PAÍS del 25 de agosto de 2013) situaba a los políticos en el último puesto de aprobación, con un ínfimo 6%.

 

Pero es peligroso abjurar de la política en general o de simplificarla como una praxis de incompetentes estafadores. Lejos de eso, hay que volver a creer en la política como una cualidad edificante. Quizá hoy en día ya no sea posible dar nuestra confianza a los políticos tal como se organizan en los partidos, ni a la elocuencia de cliché que utilizan en su discurso. Por desgracia, la mayoría de ellos se ha empeñado en dar una imagen nefasta de sí mismos, y en esto, gracias a Twitter, se han refinado hasta el patetismo. La ciudadanía, no sin indignación ni descreimiento, los ve encastillados en sus pequeñas parcelas ideológicas y en su legitimidad cuestionada por la realidad, de la que parecen haberse distanciado, error carísimo para todo político.

 

¿Hay entre ellos alguien consciente de que el reto que les toca afrontar como políticos, más temprano que tarde, es estructurar un nuevo modo de representatividad convincente, eficaz y real? Tardarán en hacerlo, porque esa regeneración ha de partir de los propios políticos que han enturbiado su función. Demasiadas cosas inmediatas se lo impiden: corrupción generalizada, crisis, desconcierto interno, deslegitimación moral, etcétera. Son situaciones que frustran enormemente a la ciudadanía y alimentan el desprecio hacia los políticos en su conjunto, perjudicando a los honrados y honestos, que sin duda los hay, aunque demasiado silentes o engrosando segundas filas.

 

La actividad política no es el feo trajín autodefensivo y hostil que esgrimen derechas e izquierdas. La política —y su praxis— es una actividad altruista, generosa y servicial orientada a gestionar, por encima de todo, la verdad, tal cual es, sin manipulaciones, desviaciones u ocultamientos. La política como el arbitrio de lo mejor, o al menos de lo posible, para evitar lo malo y sobre todo lo peor.

 

Reivindiquemos de nuevo la política como servicio a la colectividad, consecución de objetivos de alcance general y ejercicio de una gobernanza para el bien común. En esto, el principio de equidad ha de guiar la acción política. Pero no retóricamente, sino con evidencias concretas, con hechos.

 

Dicen muchos políticos que no están en política para enriquecerse. Y dicen bien, en absoluto deberían estar para eso. Pero esa es su mayor debilidad. El problema que ha estallado es que la sociedad no tolera ya que los políticos se aprovechen sin escrúpulos de determinados privilegios, confiados por el pueblo como clase dirigente, para desarrollar una codicia inusitada, laberíntica y delictiva.

 

La política ha de volver a ser un ideal que entrañe el esfuerzo por renovar e innovar en la sociedad. Porque toda sociedad a la que sirven los políticos necesita de cambios y mejoras de manera constante, urgente casi siempre. Para ello, la política ha de hallar el modo de partir de cero, de empezar preguntando a la ciudadanía las prioridades desde las que construir esas mejoras. Crear muchos más cauces para conocer las necesidades de las minorías y los problemas de las distintas capas sociales.

 

Escribió Roland Barthes con brillantez que la política es “un espacio obstinadamente polisémico, el sitio privilegiado de una interpretación perpetua”. Comparto esa visión movediza, líquida, de la política. Hacer política es aportar ideas sin miedo, aunque sean arriesgadas. Hacer política es ir, en ocasiones, incluso contra el electorado objetivo que los políticos creen tener. Ejecutar las ideas desde una perspectiva colectiva requerirá estar por encima de las ideologías enfrentadas. Hoy en día no es tan inasumible la frontera ideológica, porque la confrontación derecha-izquierda no puede ceñirse tan solo a una serie de prejuicios irreconciliables. El apriorismo daña al político. Como le daña la estrategia de la revancha, cuando lo que el ciudadano desea es la vía de la construcción mediante el consenso y el pacto.

 

Ahora la ciudadanía tiene valoraciones muy matizadas de las cosas, asume criterios ponderados, incluso contradictorios. El político ha de aprender de la ciudadanía. La sociedad de hoy manifiesta una visión plural incluso dentro de un mismo bando, en un mismo ciudadano, y eso se traduce en controversia, no en incoherencia. La contradicción, en política, puede sumar más que restar, porque introduce la revisión y el análisis.

 

Y todo esto que podría parecer ingenuo, es, sin embargo, necesario. ¿Por qué no reivindicar un papel elevado e idealista de la política? Desde su origen, este fue el motor de la dedicación profesional del político: articular un ideal por cambiar las cosas en la práctica. Pero requiere un factor esencial a la hora de esa práctica: la ejemplaridad. Es un rasgo moral que enaltece al político, sin el cual el político es un mero arribista. Hoy más que nunca, aparte de la formación y de la capacitación para gestionar y dirigir, se precisa honestidad y decencia. Exijámoselas a aquellos que se presentan a las urnas. Ya que se supone que en las urnas hallaremos a los más capaces y a los mejores. Gente que piense y ejecute, invente y aporte soluciones.

 

En la renovación de la política, el primer objetivo es abatir el abuso de los privilegios, el uso injusto del poder. Un concepto nuevo de la política pide paso: las mayorías absolutas ya no pueden ser un cheque en blanco por cuatro años; eso, más que democracia, es abuso de la inocencia democrática. Hay muchas minorías a tener en cuenta, incluso dentro de la aparente mayoría. La aportación de lo distinto es lo que enriquece la política. Ese es el discurso que la ciudadanía espera escuchar; no el de la imposición o el rencor. Ni el de la prepotencia. Hay que creer otra vez en la política como inventiva, creatividad, arrojo, generosidad, diálogo, valentía para buscar lo necesario y aplicarlo con medidas consensuadas.

 

Los políticos no pueden tratar de idiotas a los ciudadanos. Estos, por su parte, no pueden ser indulgentes a la hora de elegir políticos que les representen. Son tiempos de buscar cauces nuevos dentro de los partidos tradicionales y también al margen de los partidos tradicionales. Cauces asociativos por diversos criterios o motivaciones. Usar las redes sociales, los medios que ofrecen las comunicaciones inmediatas, utilizar la calle como foro.

 

Si no somos exigentes con los políticos (y las políticas que estos han de aplicar), tendremos los políticos que nos merecemos. ¿Es así? ¿Nos merecemos a estos políticos? Las mayorías absolutas no pueden ni deber ser paréntesis inhibidores para los ciudadanos. Estos han de seguir influyendo en los representantes. Un Congreso vallado desde hace meses es la peor imagen de la política: recordémosles que ellos solo son la sartén, la legitimidad del mango es del pueblo.

 

Adolfo García Ortega es escritor.

elpais.com

 

El desempleo juvenil en la Unión Europea

Durante este verano, 26 millones de personas de la Unión Europea (UE) han estado buscando trabajo. Están en paro. Y otros millones más se les añadirán ahora en septiembre cuando los jóvenes que han acabado sus estudios intenten incorporarse al mercado de trabajo, sin conseguirlo. Y millones, estando ya trabajando a tiempo parcial, están también buscando otro trabajo que les permita estar empleados a tiempo completo.

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elplural.com

 

El fracaso del socialismo liberal

Ya en 2006 predije qué era lo que ocurriría en España y también lo que le pasaría al partido mayoritario de las izquierdas españolas, el PSOE. En mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, escrito aquel año, hice una crítica del pensamiento económico del PSOE prediciendo lo que pasaría. Y ha pasado. La caída casi en picado del apoyo popular al PSOE a partir de la crisis (y, lo que es más importante para explicar el declive, a partir de la respuesta del equipo económico a la crisis) era totalmente previsible.

 

En lugar de alegrarme de haber acertado en mis estimaciones, me apena llevar razón, pues hubiera sido mejor para el país que yo estuviera equivocado. Las consecuencias de lo ocurrido para España han sido enormemente negativas. En realidad, la respuesta del equipo económico del gobierno Zapatero a la crisis preparó el terreno para el desarrollo de las políticas neoliberales del gobierno Rajoy. El camino a seguir lo estableció el gobierno Zapatero, aunque el Ejecutivo de Rajoy lo haya transformado en una autopista muy ancha, con cinco carriles, por los cuales pasan todas las políticas más duras del neoliberalismo.

 

Ni qué decir tiene que el gobierno Zapatero dio pasos positivos -algunos muy positivos- en las áreas de defensa de los derechos humanos, de igualdad de género y también en varias áreas sociales. Pero en las áreas económicas su comportamiento y respuesta eran de libro de texto liberal. Esta doctrina económica quedaba bien plasmada en el libro titulado De nuevo socialismo, del que era mentor en Economía del candidato (y más tarde presidente) Zapatero, el economista Jordi Sevilla.

 

En el libro, Sevilla subrayaba la necesidad de bajar impuestos, establecer un tipo único de gravamen, quitar énfasis de las políticas redistributivas, no subir el gasto público, liberar lo que llamaba las energías del sector privado y priorizar el mercado como sistema de reparto de recursos mejor que la intervención pública. Este libro utilizaba un discurso, una narrativa y una argumentación idénticos a los utilizados por los autores de inclinación liberal, a la que debería referirse ahora como neoliberal por su dureza. El famoso discurso del presidente Zapatero en 2005, en el que sostuvo que “es de izquierdas bajar impuestos”, derivaba directamente de ese pensamiento económico (ver el capítulo 1.3 “El debate sobre la estrategia socialista: el nuevo socialismo” de la cuarta parte de El Subdesarrollo Social de España, páginas 276-283).

 

Al discurso del presidente Zapatero siguió la reforma fiscal de 2006 que rebajó sustancialmente los impuestos, creando, en 2008, un agujero en las cuentas del estado de nada menos que 27.223 millones de euros, que se intentó tapar, al iniciarse la crisis, a base de, entre otras medidas, la congelación de las pensiones. En realidad, el ahorro que el gobierno Zapatero intentó conseguir con esa medida (1.200 millones de euros) se habría podido conseguir revirtiendo la bajada del impuesto de sucesiones (2.552 millones de euros), la del impuesto de patrimonio (2.100 millones) y/o la de impuestos de las personas que ingresaban más de 120.000 euros al año (2.500 millones de euros).

 

Jordi Sevilla había incluso propuesto la introducción de seguros privados en la sanidad pública, a fin de corregir los déficits de gasto público existentes en el sector sanitario. El impacto de esta medida habría facilitado la polarización por clase social de la sanidad pública española, tal como ocurre en Catalunya.

 

La línea liberal aparecía también en las posturas defendidas por Miguel Sebastián, coordinador -al principio- del programa electoral económico del PSOE y, más tarde, asesor económico del presidente Zapatero, antes de pasar a ser ministro de Industria. Coincidiendo con Jordi Sevilla, subrayó en varias ocasiones (ver su artículo en El País. 14 de abril de 2002) la necesidad de bajar impuestos y no aumentar el gasto público, lo cual significaba que España continuaría siendo uno de los países de la Eurozona con menos ingresos al Estado y menos gastos en su Estado de bienestar. Las propuestas de no aumentar el gasto público de Jordi Sevilla y Miguel Sebastián se hacían en uno de los países, España, con el gasto público (incluido el social) por habitante más bajos de la UE-15, el grupo de países con un desarrollo económico similar al de España.

publico.es

Criaturas de partido

Como en la novela de Stevenson, los partidos políticos parecen haberse convertido en extrañas criaturas duales de esencia cambiante. De día son exquisitas formaciones democráticas, pero de noche se transforman en diabólicos organismos parasitarios dedicados a extraer de lo público beneficios estrictamente privados. ¿Qué son, estructuras representativas imprescindibles o gigantescos calamares chupa-rentas? ¿La luz o la sombra? ¿Jekyll o Hyde?

 

Son sobre todo lo primero, por descontado, pero esa segunda naturaleza siempre ha estado ahí. Aunque hoy asistimos a un revival del lado oscuro de los partidos, la tesis de fondo —sean las “élites extractivas”, sea “la casta”— no es muy distinta a la Ley de hierro de las oligarquías que Michels formuló hace más de un siglo. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero esa ley sigue vigente, muy vigente. Y la mejor forma de exponerla es la de siempre, unos buenos ejemplos. Criaturas de partido, en España, no faltan.

 

Empecemos por Eduardo Madina. En septiembre de 2012, en EL PAÍS, una periodista le hace notar que con nuestro sistema electoral “no a todos los partidos les cuesta lo mismo un escaño, ni mucho menos”. La respuesta de Madina es sorprendente: “En las circunscripciones, sí”, alega.

 

“Separados pero iguales”, la línea argumental de los teóricos del racismo a los que se enfrentó Martin Luther King. En cada grupo reina la igualdad, entre los grupos hay diferencias. Los negros —letrinas nauseabundas, chabolas miserables, educación vedada— iguales a los negros; los blancos —baños saneados, viviendas confortables, universidades públicas— iguales a los blancos. Para Madina es lo mismo: los madrileños —escaños a 130.000 votos— iguales a los madrileños; los turolenses —escaños a 35.000— iguales a los turolenses. Los votantes de IU —escaños a 400.000 votos— iguales a los votantes de IU; los del PSOE —escaños a 60.000— iguales a los del PSOE. Y aquí paz y después gloria.

 

Pasemos a otra criatura, Dolores de Cospedal. Quiere reducir el tamaño del Parlamento de Castilla-La Mancha. Les redondeo las cifras. Ahora hay 50 escaños y cinco circunscripciones, por lo que en cada una se eligen 10 escaños. Una elemental regla de tres indica que con el 10% de los votos de una circunscripción ya logras un escaño, pero en realidad ese porcentaje es siempre algo menor, como un 8%. Cospedal pretende dejar el parlamento en 30 escaños, seis por circunscripción. Hagan la regla de tres: ahora el primer escaño exige un 15% de los votos.

 

¿Y? Es evidente: IU y UPyD, los partidos que más crecen, se van a quedar fuera. Las encuestas les dan, de momento, más de un 7%, pero menos del 15%. Cospedal ha tratado de justificar la canallada aduciendo que hay que recortar gasto. Pero ya dejó a los parlamentarios sin sueldo, luego ese difícilmente puede ser el motivo real de la propuesta.

 

Observemos: uno, desde la socialdemocracia, pisotea el valor de la igualdad, santo y seña de su ideario; la otra, desde el liberalismo, retuerce la ley para impedir que sus conciudadanos accedan con libertad al ágora democrática. Y todo, claro, mientras las calles hierven de indignación.

 

¿Cómo se alcanza ese grado de autismo? Recordemos a Nietzsche: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también el abismo mira dentro de ti”. Todo empieza al ingresar en el partido. Afiliarte implica hacer voto de silencio. No puedes criticar a los tuyos: militar es callar.

 

La conversión ha empezado, porque callar es aislarte. Si en público solo puedes defender las tesis oficiales, a tu alrededor se genera una burbuja que te incomunica. Mecanismos internos —justificarás aquello que defiendes— y externos —te codearás casi en exclusiva con los tuyos— harán que la voz del mundo exterior se quede fuera.

 

El influjo es imperceptible, pero tenaz. La estructura te transforma. Lo hace por fuera —la corbata, el traje, el dominio de los gestos—, pero sobre todo por dentro: lo que no encaja se ignora, lo que el argumentario reza se defiende, lo demás no existe. Cuanto más arriba, más cambias. Al final del proceso eres una criatura en el sentido etimológico de la expresión: es el partido el que te ha creado. De ahí que en el grupo parlamentario nadie discrepe... ya no son los que miran, sino el abismo mirado.

 

Esa transmutación es esencial e inevitable. De hecho, bien encauzada resulta imprescindible para articular la representación política, porque los partidos reducen la complejidad y la tornan manejable. Por eso el problema no es que los partidos estén llenos de criaturas de partido, sino más bien lo que los partidos y sus criaturas hacen hoy y ahora entre nosotros. Están fuera de sí: se han extendido donde no debían —la justicia, las cajas, la Administración, etcétera— y se han otorgado a sí mismos sus funciones, sus controles y sus prerrogativas.

 

Y si para defender el terreno ganado han de sacrificar su propio ideario, lo harán sin inmutarse, como Madina y Cospedal demuestran. Porque en el preciso momento en el que un partido escapa de su espacio —el legislativo— se desnaturaliza. Se transforma. Donde antes había un representante público y democrático surge una criatura perfectamente privada y parasitaria, esto es: antipolítica. Por eso el 15-M y los indignados son en buena medida una reacción política ante un mal previo. Un mal que, precisamente por su apoliticismo, iguala a las formaciones que lo padecen: ahí sí son iguales, en efecto. La antipolítica son los partidos cuando se exceden, no las plazas, ni las mareas, ni la gente cuando protesta.

 

Hay dos grandes antídotos para que esas criaturas de criaturas que son los partidos vuelvan a su ser: los militantes y los electores. Los primeros les dan forma, los segundos tamaño. Dos derechos fundamentales que exigen la más elemental teoría de la democracia y que aquí en España… en fin. Ni los militantes tienen autoridad frente al aparato ni los electores entera libertad para acabar con el bipartidismo, blindado por el sistema electoral.

 

¿Qué hacer? Dos iniciativas —el foro +Democracia y el Manifiesto de los cien— apuntan hacia el primer remedio y apuestan por democratizar los partidos. Yo he firmado las dos y desde aquí les animo a hacerlo, pero me temo que carecen de demasiado recorrido. Estamos hablando del reparto del poder, las firmas no van a hacer ni cosquillas. Esto solo se puede cambiar desde abajo, que es desde donde el 15-M, la abstención y la politización ciudadana están activando como nunca antes el segundo antídoto, el fundamental y el verdaderamente perentorio: los electores. Es la vía más eficaz, se llama “democracia” y el bipartidismo se la está ganando a pulso.

 

Jorge Urdánoz Ganuza es profesor de Filosofía del Derecho y del máster de Derechos Humanos de la Universidad Oberta de Catalunya. Su ensayo Veinte destellos de ilustración electoral (y una página web desesperada) se publicará en breve.

elpais.com

 

No se enroque, señor Rajoy

La lucha frente a la corrupción no es una cuestión de ideología, sino una medida terapéutica, y por ende el abandono o renuncia es una medida de regeneración democrática. Está en juego la credibilidad del sistema

 

 

Baltasar Garzón 23 JUL 2013

 

 

Ser bueno, ¿quién no lo desearía? Pero sobre este triste planeta, los medios son restringidos. El hombre es brutal y pequeño. ¿Quién no querría, por ejemplo, ser honesto? Pero ¿se dan las circunstancias? ¡No! ellas no se dan aquí”. Estas acertadas palabras de Bertolt Brecht deberían hacer despertar a quienes en forma silente, y por tanto cómplice, asisten a la escenificación de la caída de los valores, la justificación de la mentira, la negación de la honestidad política y la desaparición de la decencia en el quehacer público en España.

 

 

Tengo que reconocer que cada vez me cuesta más comprender la indiferencia de un gran número de españoles y españolas que aceptan estoicamente, o bien jalean y justifican, los escándalos de corrupción y latrocinio de los servidores públicos como si fuera algo normal que forma parte de nuestra cotidianeidad. Hasta tal punto ha llegado ese pasotismo, que ese contingente, alarmantemente alto, acepta, sin remordimiento, las burdas defensas mediáticas y políticas de quienes están en entredicho por su inapropiada actuación, que incluso podría ser delictiva, y no se inmuta cuando un jefe de Gobierno, duramente cuestionado, se limita, hasta ahora, como único argumento ante las graves acusaciones de corrupción en su contra, a anunciar una comparecencia 20 días después de la ratificación judicial del escándalo, y a conceder una entrevista pactada en la que justifica su silencio ominoso con una lacónica apelación al respeto al Estado de derecho que no limpia una conducta que apesta por su falta de transparencia y que alarma a la ciudadanía, ante las revelaciones de quien hasta hace poco era uno de sus fieles escuderos.

 

 

La fungibilidad de las opiniones políticas es algo sabido y asumido por el común de los mortales. Pero resulta sorprendente la polarización de los medios de comunicación, en función del interés político o la facción a la que pertenezcan, olvidando (solo algunos lo recuerdan) el sagrado deber de informar a todos los ciudadanos, con objetividad e independencia. Así, resulta memorable el esfuerzo por eliminar a quien está colaborando con la justicia, denostándolo, sin más argumento que el de perjudicar al contrario, que en este caso es el pueblo como titular de la justicia.

 

 

Los análisis objetivos han muerto, solo las afirmaciones parciales sobreviven. La apelación al Estado de derecho es baldía cuando, previamente, se quebranta el mismo (cobro de sobresueldos, ocultación de cantidades al fisco, financiación ilegal de un partido político, aprovechamiento del cargo para percibir comisiones). ¿De qué Estado de derecho hablan? Quienes así se comportan, máxime si están en lo más alto de la Administración o de la justicia constitucional, no merecen la confianza de los ciudadanos, porque ellos son el principal peligro para la subsistencia del sistema democrático al haber quebrantado, sin complejos, y, aun peor, justificándolo, el juramento de entrega al servicio público y la defensa de los principios constitucionales que les obligan. Cuando así actúa, se deben pagar las consecuencias a todos los niveles, porque de lo contrario la credibilidad del sistema se arrastra por los suelos.

 

 

Este principio, tan arraigado en otras democracias, en la nuestra no vale ni como saldo de temporada, porque al final del día la línea entre lo ético y lo legal se difumina, dando paso a la arbitrariedad y lo delictivo. La corrupción afecta a las estructuras del Estado y genera desigualdad y empobrecimiento en los ciudadanos, convirtiéndose en el más grosero de los ataques a los derechos humanos, que solo justifican aquellos que se aprovechan y benefician de la misma. A pesar de esto, en España no se produce un clamor popular, por encima de las diferencias o planteamientos políticos, contra los que han roto el contrato con los ciudadanos, engañándolos. Lo de menos es que se llamen Bárcenas, Correa, Gürtel, ERE, Nóos o Palau de la Música, lo verdaderamente preocupante es que los hechos que motivaron esos casos se han producido y los últimos responsables se amparan en las inmunidades del miedo y la vergüenza y desprecian el respeto a la justicia, tratando de socavarla, incluso desde dentro.

 

 

El mutismo nos hace cómplices de esta situación. La falta de decisión política por parte de quienes están en el poder o los que ejercen oposición al mismo debe hacernos reaccionar. Todos, salvo contadas excepciones, han asumido una postura oportunista y precavida, o lo que es peor, condicionada a la propia acción de los perpetradores.

 

 

La denuncia de un sistema esencialmente corrupto es necesaria, frente a la compra de conciencias adormecidas que justifican la impunidad de estas conductas.

 

 

No concibo que los votantes del Partido Popular, o de cualquier otro partido, ante el vendaval de suciedad esparcida por mil actos de corrupción, que nos estallan en la cara día a día, continúen callados por el simple hecho de que quienes actúan inmoralmente son de su ideología. La lucha frente a la corrupción no es una cuestión de ideología, sino una medida terapéutica, y por ende el abandono o renuncia, sin necesidad de dimitir, es una medida de regeneración democrática.

 

 

Conocer a través de lo publicado que altos cargos públicos mediaban ante el juez y con el imputado ilustre exsenador, por orden de otros cargos públicos o políticos; cómo exresponsables políticos realizaban la labor de “conseguidores” para doblegar voluntades en la justicia; cómo abogados sin ética profesional se han prestado a este aquelarre corrupto en el que se distribuían favores y prebendas a cambio de hundir los pies de la democracia en el fango más espeso, resulta insufrible. No es cuestión de ideología, sino de honestidad y de principios. No me importa, a estos efectos, que gobierne el Partido Popular, pero sí me ofende como ciudadano tener que oír hasta en el último confín del mundo comentarios críticos sobre España por el hecho de que el presidente y otros políticos continúen enrocados en su posición y no se marchen, sin necesidad de que nadie se lo pida. Y ni tan siquiera una explicación al pueblo…

 

 

Mariano Rajoy nunca se ha caracterizado por su contundencia a la hora de tomar decisiones, pero, al menos, parecía que estaba limpio. Sin embargo, y sin perjuicio de la aplicación del mencionado principio de presunción de inocencia, que en política opera diferente a como lo hace en el ámbito penal, quedan pocas dudas de que quienes le aconsejan una posición cobarde y de aguantar el temporal hasta que escampe se están equivocando y están llenando el vaso de la indignación popular, que no va a descender con una comparecencia parlamentaria tardía y fuera de contexto, sacada con fórceps.

 

 

La pregunta es ¿no hay un solo hombre o mujer en el Partido Popular que pueda ocupar el cargo o cargos de aquellos o aquellas que están siendo cuestionados como corruptos por quien ellos mismos defendieron y protegieron, frente al juez y a los que con serena profesionalidad iniciaron y continúan la investigación? ¿Dónde están aquellos que en los primeros días después de las detenciones de Correa, Crespo y compañía se reunían en infame conciliábulo para acusar al juez que investigaba? ¿Por qué no salen ahora y, en vez de masacrar a Bárcenas, colaboran con la justicia o reclaman su autoexpulsión de la vida pública?

 

 

En esta situación, resulta inaceptable que todavía, cuando millones de personas decentes claman por la limpieza y la transparencia, cuando la desigualdad social entre los españoles es cada vez mayor, cuando la crisis económica nos tortura, se siga orillando la realidad alarmante de la corrupción por el Gobierno, utilizando el manido argumento de que otros también son corruptos en Andalucía, Cataluña, Baleares, Murcia o Castilla y León, porque ese argumento solo reafirma la necesidad de que se vayan, sin necesidad de dimitir.

 

elpais.com

 

La necesaria denuncia del acuerdo con la Santa Sede

 

Soledad Gallego-Díaz26 MAY 2013 - 00:00 CET

Es posible que el empeño del ministro Ruiz Gallardón por conectar con el sector más duro del PP, mediante la nueva regulación del aborto o el intenso deseo de controlar el funcionamiento del aparato judicial, tenga que ver con sus ambiciones políticas y su deseo de adquirir peso dentro de su organización, aunque sea imitando al Tea Party. Resulta más difícil explicar por qué recorre el mismo camino el ministro de Educación, José Ignacio Wert, del que resulta difícil creer que piense desarrollar una gran carrera política.

 

 

Y, sin embargo, Wert es el ministro que se ha embarcado en dos de los mayores enfrentamientos ideológicos posibles en este país: el acatamiento de la voluntad de la Conferencia Episcopal en lo relacionado con la educación, y la exigencia de regular desde el Estado el uso de las lenguas oficiales en las comunidades con idioma propio. La ley Wert puede pasar a la historia como la primera que se aprueba en el Parlamento con el compromiso expreso del resto de los grupos de derogarla en el minuto en que sea posible.

 

 

Mirando con calma el problema de las leyes de educación en España, su rápida fecha de caducidad, quizá se podría llegar a la conclusión de que no habrá calma ni sosiego, no se podrá avanzar en el necesario consenso, hasta que no se denuncie antes el mal llamado Concordato, es decir, el acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre asuntos de educación y cultura, firmado en 1979.

 

 

El ministro socialista Ángel Gabilondo demostró en su día, en unas tercas negociaciones, que el PSOE y el PP podían llegar a un pacto social y político por la educación que incluyera más de ciento cincuenta objetivos consensuados. Todo este trabajo, que habría que agradecer a la porfiada voluntad del ministro, pero también a la profesionalidad de sus interlocutores del PP, quedó en nada por culpa de la presión de la Conferencia Episcopal y del dañino acuerdo con la Santa Sede.

 

 

Hasta que no se rompa ese acuerdo no será posible que la sociedad española mantenga unas relaciones amistosas y normales con la jerarquía de la Iglesia, como sería lo apropiado. Conviene saber que para denunciar ese acuerdo basta con que así lo vote la mayoría simple del Congreso. Obviamente, eso no es posible en la actual legislatura, pero debería ser alcanzable en alguna de las próximas. La ley Wert es la mejor ocasión para que el PSOE formalice esa voluntad, presentando una proposición de ley que, aunque no sea aprobada, deje marcada su promesa de acometer la normalización de unas relaciones que en todo el periodo democrático no han conseguido alcanzar un equilibrio respetable por todos.

 

 

Es importante aclarar que no hay nada en la Constitución que justifique que la nueva ley obligue a que haya una asignatura de religión, a que sea evaluable, a que exista una materia alternativa obligatoria igualmente evaluable y a que su nota media compute a la hora de pedir una beca. La Constitución se limita a garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Se trata del reconocimiento de una libertad, pero no implica la obligación del Estado a dar una prestación.

 

 

La falta de costumbre de la jerarquía católica española a debatir en el terreno de los argumentos, en contra de lo que ha sucedido con la Iglesia francesa o incluso italiana, habituadas a la discusión intelectual, hace que prefiera moverse en el campo de los mitos y las presiones. ¡Siempre se ha estudiado religión en las escuelas públicas españolas! Es posible, pero, desde luego, casi nunca ha sido una asignatura obligatoria. De hecho, desde la primera ley educativa, de 1857, hasta hoy solo figuró como enseñanza obligatoria de 1899 a 1901 y durante el franquismo. ¡En Alemania se considera una materia científica y evaluable! Cierto, pero precisamente por eso es el Estado el que decide su contenido y su evaluación, y no la jerarquía de la Iglesia. ¡En Italia se imparte la religión en las escuelas! Cierto, pero de manera voluntaria, no evaluable y sin que pueda haber una actividad alternativa obligatoria. Un poco de seriedad, señor Wert.

 

solg@elpais.es

El paro no existe

Francisco Parra Rodriguez

 Doctor en Economía

 

Un profesor que yo tuve allá por los años ochenta, publico unos cuentos económicos (http://web.usal.es/~anisi/Art/C.pdf) que me han venido a la memoria tras la lectura matutina del Pais (http://economia.elpais.com/economia/2013/04/26/actualidad/1366984629_256082.html), en concreto aquél que lleva por título “el traje nuevo del emperador”, en él , David Anisi, nos habla de un país cuyo emperador preocupado por el desempleo  pide consejo a dos reputados profesores de la universidad de chichiflán que con expresiones ininteligibles y sofisticadas técnicas estadísticas y matemáticas, vienen a demostrar que el desempleo no existe. Y claro está todo el mundo les cree, y el desempleo en ese momento dejó de ser un problema en aquel reino. Exclusivamente lo era para los que en ese estado se encontraban.

 

Aquí David pone fin a la versión económica del cuento de los hermanos Grimm, pero la realidad viene a superar a la ficción y en la prensa me he enterado que ha sido un estudiante, el que realizando un ejercicio de clase el que ha demostrado a la comunidad científica lo desnudo que se encontraba el emperador. Vayamos pues con la historia.

 

En aquel país hubo una grave crisis como resultado de que utilizando sofisticadas técnicas matemáticas y estadísticas aplicadas al mercado de seguros, se financió una expansión del sector de la construcción de viviendas sin precedentes, todo iba bien, los nuevos seguros permitieron que los bancos dispusieran de más prestamos para viviendas, las familias vieron una oportunidad para comprar por vez primera su casa, o cambiar a una vivienda mejor, los precios subían y los constructores y agencias inmobiliarias vivieron unos años dorados, pero la vaca dejo de dar leche en el momento en que los precios de la vivienda bajaron, y los seguros perdieron su valor y llevaron a las entidades financieras a la banca rota, el crédito dejo de fluir y la crisis se extendió a todos los sectores, las empresas unas cerraron otras se deslocalizaron y aumento el paro. El rey en un primer momento atajo la banca rota de los bancos aumentando sus gastos, e incluso realizo gastos suplementarios pagando subsidios a los que perdían su trabajo e incluso reflotó alguna que otra empresa emblemática que quedó en quiebra. A consecuencia de todo ello la deuda del reino aumento. Los profesores de la universidad de Chichiflan que habían estudiado otras bancarrotas, recogieron datos de todos los países sobre deuda publica y crecimiento y realizaron un estudio de cientos de paginas al que pusieron el pomposo nombre de “Crecimiento en tiempos del endeudamiento”, en donde expusieron que aumentar el déficit por encima del 90% del PIB daba lugar a crecimientos del -0,1% del PIB. Y como para salir de la crisis había que crecer pues el reino se puso manos a la obra, había que reducir el déficit público.

 

El paro no era el problema principal, bueno para los profesores de la universidad de Chichiflán nunca lo había sido, ya que trabajar era una simple cuestión de querer cobrar más o menos, si uno quiere cobrar un tanto por su trabajo y nadie le ofrece ese tanto, pues esa persona debe rebajar sus pretensiones económicas y si no lo hace,  más que estar parado lo que ocurre es que no desea trabajar y prefiere esperar a que los salarios suban, de hecho en muchos otros reinos más pobres no hay paro, quizás sea porque si no trabajan, la gente se muere de hambre. Luchar contra el paro es pues cuestión de dejar que los salarios suban y bajen según lo precise el empresario, y que los trabajadores no perciban ningún subsidio que les impida ofrecerse al salario ofrecido. Estas son las reformas que se necesitan, para producir y vender más barato a otros reinos.

 

El traje estaba hecho y el rey reformó el mercado, olvido a los parados y se puso a reducir el gasto publico, reduciendo su corte. En la universidad de Chichiflán, otros profesores pidieron a un estudiante que realizara como trabajo un ejercicio emulando los resultados estadísticos de estudios consagrados, y el eligió el que relacionada la deuda publica y empleo. Le pidió a los profesores los datos y se metió en harina, pero resulta que los cálculos no le salían, y busco la causa. Primero descubrió que los profesores se habían equivocado en codificar los datos, países que  determinados años debían estar en un grupo estaban en otro, se había pasado por alto las cifras de algunos países que habían tenido elevadas deudas en años con crecimientos económicos altos, y se calculaban los promedios de forma un tanto inusual, en cada país se calculaba el promedio de los crecimientos económicos con altos o bajos niveles de deudas, y luego se promediaba el resultado de todos los países que estaban en cada grupo. Si se hubiera calculado el promedio de todos los crecimientos de todos los países que estaban en cada grupo el resultado hubiera sido distinto. El caso es que el estudiante llego a la conclusión que el crecimiento económico apenas variaba entre los años en que todos los países habían tenido altas deudas y no tan altas deudas. Solo cuando los países estaban endeudados por debajo del 30% del PIB, cosa que era más bien excepcional, se podía realizar esta afirmación.

 

Todo el mundo quedose atónito ante aquella observación, y la historia de la desnudez del rey corriose por todo el reino para regocijo de propios y extraños. Los profesores de Chichiflán reconocieron su error, pero aún siguen afirmando que el paro no existe.

 

Y colorín, colorado el cuento se ha acabado.

El día que acabó la crisis

Concha Caballero

Concha Caballero  (Baena, Córdoba, 1956)  
 
Es licenciada en Filología Hispánica y profesora de Literatura en un instituto público.
 
Profesora de Lengua y Literatura. Hace ya unos años pasó, felizmente, del ejercicio de la política a ser analista y articulista de diversos medios de comunicación (El País, Por ahora, de la SER, Meridiano, de Canal Sur Televisión). Amante de la literatura. Firmemente humana con los temas sociales.

 

Cuando termine la recesión habremos perdido 30 años en derechos y salarios

 

Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.

 

Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.

 

Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.

 

Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.

 

Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.

 

Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.

 

Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.

 

De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.

 

elpais.com

 

Moliner: “Los escraches, si son pacíficos, son un ejemplo de la libertad de expresión”

  • Afirma que no se pueden condenar los escraches de forma generalizada porque dependen del desarrollo de cada uno
  • "Yo estoy seguro de que el presidente del Supremo no está a favor del acoso sino que está a favor del cumplimiento de la ley", responde el diputado del PP Rafael Hernando
  • La PAH ve "lógicas" las afirmaciones de Moliner y recuerda el carácter pacífico de sus convocatorias
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    El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Gonzalo Moliner, considera que si los escraches son pacíficos, representan un ejemplo de libertad de expresión y de manifestación. Además, ha añadido que no se pueden condenar de manera general porque dependen de las circunstancias en las que se desarrolle cada uno.



    "La manifestación es un principio de derecho constitucional, pero si no se realiza de acuerdo a las normas legales puede ser sancionada administrativamente o penalmente. Pero eso depende de cada una y, por lo tanto, no se puede decir en definitiva qué es lo que va a ocurrir con cada manifestación", ha añadido.



    La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) considera que estas afirmaciones no hacen sino a respaldar unas acciones que, insisten, han tenido lugar en todo momento de forma pacífica. "Lo que ha dicho el presidente del Supremo es lo lógico. No podría ser de otra forma, pues se trata de acciones sin recorrido jurídico. Si hubiera habido violencia, estaría tipificado en el Código Penal, pero no es lo que ha ocurrido en nuestros escraches", señala a infoLibre Chema Ruiz, portavoz de la PAH en Madrid. 



    Por otra parte, en relación a la futura reforma de modelo del Consejo del Poder Judicial propuesta por el ministro Alberto Ruiz-Gallardón, Moliner no ve "problemas de inconstitucionalidad" en el desempeño simultáneo del cargo de los vocales del CGPJ con su profesión, sino que dependerá de que cada consejero sepa atenerse a las consecuencias que tiene formar parte de un órgano "administrativo-político", ha zanjado.



    Moliner se ha expresado así durante la jornada de puertas abiertas del alto tribunal que tendrá lugar hasta el próximo sábado.



    Reacción del PP

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    infolibre.es

     

    Fraude en el pensamiento económico dominante

    Vicenç Navarro

     

    La enorme y excesiva influencia de la industria farmacéutica en la cultura médica es un hecho ampliamente conocido que explica las medidas tomadas por la sociedad, a través de sus Estados, para proteger al ciudadano del impacto que tiene tal influencia en las prácticas prescriptivas de los médicos. Así, los médicos deben indicar explícitamente si reciben dinero o no de las empresas farmacéuticas, exigencia que adquiere especial importancia cuando tales médicos y/o investigadores sanitarios publican artículos en revistas científicas, señalando el posible conflicto de intereses entre la objetividad científica que se espera de cualquier científico y los intereses económicos de la empresa farmacéutica que financia al investigador y que intenta beneficiarse del sesgo de trabajo científico de su investigación. El programa de la Sexta, Salvados, de Jordi Évole, detalló recientemente el peligro que tal influencia tiene para el ciudadano.

     

    Pues bien, una situación casi idéntica ocurre en el conocimiento económico. La banca tiene una enorme y excesiva influencia en la comunidad académica y/o investigadora económica, pues es, de mucho, la entidad que financia más estudios, conferencias, revistas y encuentros económicos. En realidad, la cultura hegemónica económica está configurada en gran manera por la banca en España. La evidencia de ello es abrumadora.

     

    Como resultado de ello, las creencias existentes en los mayores fórums económicos reflejan los intereses de la banca, aún cuando nunca se presente en estos términos. Se ha desarrollado en el conocimiento económico una narrativa que habla de la santidad de la estabilidad financiera, de la rectitud de la disciplina fiscal, de la urgencia e importancia de reducir el déficit y la deuda pública, y así un largo etcétera de creencias y ortodoxias basadas en fe y no en evidencia científica. Ni que decir tiene que la realización de tales principios favorece claramente los intereses de lo que se llama el capital financiero.

     

    Esta influencia, por cierto, no requiere que sea directa. Es decir, no hace falta que el investigador esté financiado directamente por la banca o por las compañías de seguro o por los distintos componentes del capital financiero. Es suficiente para merecer la promoción de su investigación si ésta encaja dentro de la ideología generada y promovida por tales intereses, es decir, la ideología neoliberal. La creencia neoliberal, es distribuida por las enormes cajas de resonancia –las revistas y diarios supuestamente “serios” y “respetados”- que configuran la sabiduría convencional y que dependen en gran medida para su solvencia de los préstamos de la banca.

     

    Un caso claro es el libro This time is different, de los economistas Reinhart y Rogoff, de Harvard University (cuando los autores escribieron el libro) y próximos al capital financiero. El libro y los artículos derivados de él han sido la Biblia del pensamiento neoliberal. Desconocidos por la gran mayoría de la población, sí que se conocen entre los economistas que tienen mayor visibilidad mediática (los “gurús” económicos que aparecen en la prensa y en la televisión), apareciendo los trabajos y el nombre de sus autores incluso en la prensa diaria en sus páginas económicas. Su influencia sobre la Troika europea, el BCE, el Consejo Europeo y el FMI, ha sido enorme. Y han sido explícitamente citados por el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el neoliberal Olli Rehn.

     

    La tesis de tales economistas, Reinhart y Rogoff, es que la deuda pública es una rémora para el crecimiento económico. Si un país se endeuda puede perjudicar su eficiencia económica. Naturalmente que endeudarse, como tal, es permisible. Pero es mejor –según tales autores- que no sea mucho. Dicen y escriben que si la deuda pública de un país es superior al 90% de su PIB tendrá problemas graves de crecimiento. En realidad, tales señores afirman que la crisis tan profunda que tenemos en los países de la Unión Europea y en EEUU es que todos ellos están sobre endeudados. Es decir, su deuda pública es mayor que el 90% de su PIB.

     

    Y para probarlo, muestran un estudio econométrico que, según ellos, muestra, sin lugar a dudas, que el endeudamiento es la causa del bajo crecimiento y la recesión en los que están inmersos los países desarrollados. De ahí se derivan todas las políticas de austeridad que se están imponiendo por la Troika y por los gobiernos de los países de la Unión Europea.

     

    El fraude en tal creencia

    En un artículo reciente ......................

    publico.es

     

    Las bases doctrinales del austericidio

     

    Francisco Parra Rodriguez

     Doctor en Economía

     

    Desde que estallo la burbuja inmobiliaria y las economías occidentales se metieron en una recesión, que se esta haciendo ya demasiado larga para muchas de ellas, tuvo una extraordinaria difusión la opinión de dos economistas de muy alto nivel que relacionaban crecimiento y deuda pública:  Crecimiento en tiempos de deuda (Enero, 2010). Sus autores son Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff , profesores de economía de la Universidad de Maryland y de la Universidad de Harvard, respectivamente. Kenneth Rogoff fue economista en jefe del FMI y es comentarista de The Wall Street Journal, de National Public Radio y de The Financial Times, su opinión  puede leerse periódicamente en El País (http://elpais.com/autor/kenneth_rogoff/a/ ), en Austeridad y Realismo ante la deuda, que fue publicado el 10 de Junio del 2012, refleja sus análisis sobre deuda y crecimiento.

     

     

    El asunto es que su conclusión de que en los países con una deuda de más de un 90% del PIB, el crecimiento se reducía al -0,1%,  que ha servido de doctrina para el austericido europeo, estaba basada en cálculos erróneos tal y como han demostrado Thomas Herndon,  Michael Ash,  Robert Pollin en Does High Public Debt Consistently Stie Economic Growth? A Critique of Reinhart  and Rogoff (Abril 2013). Con los datos correctos, el crecimiento con una deuda mayor al 90% del PIB pasaba del -0,1% al 2,2% de media.

     

     

    Les recomiendo, la  leer la exposición del asunto que tan acertadamente realiza Daniel Basteiro (http://www.huffingtonpost.es/2013/04/17/un-estudio-clave-para-justificar-austeridad-economica-contiene-graves-errores-excel_n_3102176.html?utm_hp_ref=es-economia), y la opinión de los FEDEA (

    http://www.fedeablogs.net/economia/?p=30024), para quienes esta “debacle” no altera ninguno de los argumentos que sostienen, dado que su visión no era la de llegar al crecimiento por la austeridad.  Alertando incluso del peligro de dejar que la austeridad mate el impulso reformista (laboral, sistema de pensiones, sanidad, educación, mercados, etc…).