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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

PARA GANAR HAY QUE CAMBIAR

Los datos de las encuestas realizadas con posterioridad a los comicios del 22 de mayo muestran lo que algunos venimos sosteniendo desde el día posterior al descalabro municipal y autonómico del PSOE: una buena parte de los electores socialistas tradicionales –que puede llegar al 50%– piensa que en las filas del PSOE no se ha entendido el mensaje y no se ha reaccionado en consecuencia. Las tendencias subyacentes indican que no se está haciendo todo lo que se considera necesario para recuperar en las próximas elecciones generales a tan nutrido electorado desencantado. Incluso no habría que desechar que las cosas fueran peores dentro de varios meses, por mucho que el PSOE acierte a poner al frente de sus listas a uno de los líderes que mantiene un mayor depósito de aceptación y de valoración positiva entre la opinión pública.

 

El problema en estos momentos no es sólo una cuestión de caras o de líderes. De hecho, a los comicios de mayo concurrieron algunos líderes locales y regionales muy prestigiosos en su ámbito, con valoraciones y puntuaciones parciales superiores a las que hoy alcanza el mejor líder nacional. En varios casos se trataba de candidatos que habían realizado magníficas gestiones en sus respectivos ámbitos, con resultados constatados y medidos. Pero nada de eso fue suficiente, ya que el PSOE se enfrenta en estos momentos a una crisis muy seria de credibilidad y de confianza. Y si no se entiende esta situación –y se actúa en consecuencia– nada, o muy poco, se va a poder hacer de aquí a las próximas elecciones generales.

Si el PSOE quiere tener opciones de ganar las próximas elecciones, primero tendrá que cambiar. Y lograr que sus electores desencantados así lo entiendan con tiempo suficiente como para poder rectificar y actuar en consecuencia.

Por eso, las reacciones que se han producido hasta ahora en el PSOE son valoradas como bastante insuficientes por la opinión pública. En el pasado, Joaquín Almunia, por mucho menos, presentó la dimisión inmediatamente, dejando la puerta abierta a que el PSOE, como tal, buscara la mejor salida y las opciones más convenientes. Así suele ocurrir en la mayor parte de los países con una razonable cultura democrática. El último caso más próximo ha sido Portugal. El líder del Partido Socialista portugués, después del descalabro sufrido, dimitió de la forma más natural, sin ningún problema. Es cierto, como argumentan algunos, que en este caso Rodríguez Zapatero no concurría directamente a las urnas. Pero no es menos cierto que, de facto, fue el protagonista central, y casi exclusivo, de la campaña electoral, con todas las implicaciones prácticas que esto ha tenido.

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