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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

Haití o La Tierra Montañosa

Cuando Toussant-Louventure, esclavo negro del Saint Dominque francés, lideró la revuelta contra la ocupación francesa, un futuro esperanzador iluminaba toda la isla de La Española.

Alcanzada la independencia en 1804, Haití se convirtió en el primer país independiente de América Latina y del Caribe, pero además, los jacobinos haitianos, como se les llamaba a los revolucionarios negros de la isla caribeña, pasaron a protagonizar una de las página más brillantes de la historia de la Humanidad cuando su población negra, hambrienta de libertad, se batió en armas contra el sistema esclavista.Fue el primer caso de abolición de la esclavitud por los propios esclavos, y asentaron así un precedente para el fin del comercio de seres humanos en todo el mundo.

 

Sin embargo, el futuro de Haití no sería tan prometedor como sus libertadores soñaban. Ocupada por Estados Unidos en 1915, el país caribeño ha sido objeto de una inestabilidad política motivada por 29 años de dictadura (1957-1986.Duvalier padre e hijo) y diversos golpes de Estado que han culminado con la ocupación del país por soldados de Naciones Unidas (2004), que aún hoy continúa.

 

Sin embargo, los avatares políticos no son las únicas desgracias de Haití. Su posición geográfica la convierte en un objetivo perfecto para la violencia de los huracanes y las tormentas tropicales, y su grado de desarrollo es realmente alarmante.

Haití es el país más pobre de América Latina y del Caribe, y ocupa el puesto 149 de los 183 estados en índice de desarrollo, lo que quiere decir que el 80 % de su población vive en la más absoluta pobreza, que el 60% está desempleada, que solo el 45 % de su población está alfabetizada y que su esperanza de vida es de 51 años. Aún así, los haitianos pueden  estar tranquilos.Aún hay 34 Estados con peores condiciones que su país.

 

Con este currículum, el pasado 12 de enero un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter se cebó con los más humildes del planeta, y Puerto Príncipe se convirtió en una ciudad en ruinas con cientos de miles de fallecidos en sus calles y entre los escombros. Ante tal hecatombe, la solidaridad internacional no se ha hecho esperar, tanto por parte de los diferentes estados como de los ciudadanos e incluso, en medio de tanta destrucción, algo insólito ha ocurrido en las maltrechas relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La mayor de las Antillas ha permitido que aviones norteamericanos usen el espacio aéreo de Cuba para acortar los tiempos de vuelo entre la Florida y Haití.

 

Por otro lado, como no podía ser de otra forma, nuestro gobierno ha actuado conforme a las exigencias éticas que sustentan el proyecto socialista, pero deberíamos recordar a todos los Primeros Ministros, Presidentes y Jefes de Estado de los diferentes países que la ayuda al desarrollo y la implicación que están mostrando para salvar este país caribeño de una catástrofe humanitaria debe efectuarse de forma permanente ,y no solo cuando una desgracia despierta las sensibilidades a través de las pantallas de televisión.

El mismo llamamiento debemos hacer a las Naciones Unidas en su lucha contra la pobreza en todo el planeta, exigiéndola la recuperación de un liderazgo perdido y el espíritu con el que nació.

 

No obstante, volviendo a la ayuda humanitaria que pretende enviar a Haití el presidente Obama, no deja de ser sorprendente que se pretenda el despliegue de 10.000 soldados norteamericanos en la isla. Aunque el tiempo nos mostrará las intenciones de tal movilización militar, todo parece indicar que si Haití ya estaba bajo un semiprotectorado norteamericano, ahora este se afianzará de forma indefinida. Veremos si el presidente René Préval procede a liderar la reconstrucción del país, advirtiéndose además que el movimiento migratorio de los haitianos no se hará esperar, bien hacia la vecina República Dominicana, bien hacia Cuba.

 

En este sentido, debemos afirmar que a los países subdesarrollados no solo hay que socorrerlos cuando una desgracia los destruye aún más, sino que la solidaridad internacional debe prevalecer frente los propios intereses políticos nacionales, siendo así una exigencia desplegar medidas efectivas de desarrollo social, cultural y económico para poner fin de forma definitiva al hambre y miseria en el mundo. Sé que suena a utopía, pero no hay mejor política migratoria que la de ayuda al desarrollo de nuestros pueblos hermanos, porque dependiendo como sean nuestras relaciones con los países pobres, podremos medir nuestro grado de civilización o barbarie, de solidaridad o de indiferencia.

 

Mientras, el recién estrenado obispo de San Sebastián , en su afán de seguir haciendo amigos y convocar fieles que acudan a las parroquias, afirma que existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días. Que Dios le pille confesado.

 

J.Luis Garrido García

Abogado y miembro de Izquierda Socialista-PSOE de Valladolid

 

  • Haití es el nombre que dieron los libertadores al Saint Dominque francés. Significa Tierra montañosa en lengua aborigen.
  • España cedió a Francia la parte oeste de La Española en 1697 mediante el tratado de Ryswick.

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