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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

Terminología política: las cosas en su sitio.

A propósito de las noticias “Dirigentes socialistas reclaman a Jorge Félix Alonso (através de algunos medios de comunicación) que deje la secretaría provincial del PSOE, El grupo crítico pide  que en su día pidió un congreso extraordinario se ocupara de la sucesión”, publicado en el Norte de Castilla el 13-03-2008, también otros el 18-05-2008 y 5-06-2008, continuará periodicamente con sus piblicaciones para quemar al abversario ya que esa es su forma de ganar unas primarias.

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El buen uso del idioma es la mayor y acaso la única garantía del respeto a la expresión correcta de las ideas y de los conceptos.

La manipulación lingüística, además de empobrecer el idioma, puede tergiversar el mensaje.

Pasando del ámbito gramatical  al político: la manipulación es siempre intencionada, incluso programada y promovida y consiste en una alteración del significado con intención de adulterar el discurso. Así sucede con el tratamiento que se hace de los  términos crítica como ejercicio ético, y crítico como postura personal y grupal.

La crítica y la autocrítica políticamente son exigencias del pensamiento de izquierda. Son una obligada necesidad permanente y renovada, que requiere rigor y serenidad y debe cristalizar en una realidad práctica. Es un estilo que impone debate de ideas, análisis de situaciones y actitudes, y que ha de concretarse en la elaboración de programas y en la adopción de compromisos de dinamización social. Es un proceso que conlleva revisión y adaptación de estrategias y la asunción de responsabilidades.

La actitud crítica supone generosidad (compromiso personal), impone formación e información, se enriquece con la reflexión y se ejerce con disciplina racional. La crítica, en el ámbito político, si no implica compromiso, por muy acertada y bien intencionada que sea, no pasa de ser un bello discurso, más o menos bello, pero inútil.

La persona que entiende la crítica en este sentido y actúa de acuerdo con estas determinantes, es un ciudadano crítico; es un individuo elevado a la categoría de ciudadano y más, es el ciudadano que asume con responsabilidad sus deberes ante el entorno inmediato y ante la sociedad en general.

Todo lo contrario a este concepto de crítica, y también aceptados como  definición (como acepciones negativas) se encuentran vocablos como: reproche, vituperios, murmuración, chismorreo, compadreo y alguno más. Estos significados suponen cierta degradación del término, su perversión y envilecimiento. Aun así, en este sentido desviado se utiliza con frecuencia esta palabra pero este no es el aspecto que nos preocupa.

Sigamos en el espacio político. Otra utilización de concepto (morfológicamente no muy apropiado, aunque sí muy al uso) consiste en suprimir la condición de estilo y actitud permanente y generosa sustituyéndola por una postura situacional, provisional, cambiante e interesada. Así surgen: oficialistas y críticos; son denominaciones temporales determinadas por el poder, no por matices ideológicos. Los oficialistas pasan a ser críticos si pierden, y en el mismo momento los críticos se transforman en oficialistas. Pocas o ninguna diferencia programática se experimenta, pero lo que sí sucede es un cambio de nombres propios en la ubicación política interna.

Este es un riesgo ante el que tenemos que estar advertidos y vigilantes los partidos de izquierda;  comienza a ser de uso generalizado y a ser admitido sin evaluar el peligro que supone.

En la derecha española no corren este peligro; su lenguaje es otro, así como su terminología, su dinámica y sus objetivos. En su seno no se plantea el debate, se le excluye ya tienen el autoritarismo presidencialista y el dogmatismo ideológico. Sus sectores son varios: vieja guardia, radicales, reaccionarios, ultras. Varios, pero no variados; todos son iguales en agresividad y virulencia. Pueden ahogarnos en agua bendita y pretenden aplastarnos con sus mentiras, hipocresía y cinismo; nos recuerdan tiempos y personajes que proclamaban e impusieron la “dialéctica de los puños y las pistolas”. No ocultamos la existencia entre ellos de un sector moderado o aparentemente moderado, pero que está condenado al ostracismo.

Circunscribiéndonos a la realidad política del PSOE, a más de los sectores oficialista y no oficialista (erróneamente llamado crítico), se cuenta con una amplia base militante, comprometida, reconocida en ocasiones vehemente, pero que no entra en luchas intestinas, aunque se vea obligada a elegir entre los unos y los otros. Dentro de esta militancia y como única corriente crítica, reconocida orgánica y estatutariamente existe Izquierda Socialista. Esta corriente de opinión quiere encarnar los valores del socialismo y adoptar actitudes de crítica constructiva. Además de reconocimiento orgánico, Izquierda Socialista goza, y cada vez más, de consideración en la militancia donde aumenta su fiabilidad y confianza. Izquierda Socialista es persistente en el compromiso, aportando alternativas y denunciando posibles errores y desviaciones. En el último Congreso Provincial de Valladolid demandábamos cohesión y coherencia entre las familias, creemos que se logró sólo aparentemente; seguimos reclamando, deseamos y exigimos una consolidación y fusión real y efectiva.

Ahora, ante la situación de derrota que sufrimos en Valladolid y en Castilla y León y que reconocemos sin paliativos, estimamos que el Partido Socialista en estas circunscripciones tiene la obligación de plantearse un análisis sincero, riguroso y valiente; a la vez que de culpabilidades y responsabilidades, también de planteamientos y futuras estrategias. Hemos de admitir que en algo fallamos: en la oferta programática, en la humana, o en la estrategia electoral. Algo de esto o todo esto, además de la ausencia de una comunicación fluida y normalizarla de la inserción en el tejido social y su dinamización, son las causas de nuestros fracasos continuados. Y a este paso tendremos que esperar a que los despropósitos de la derecha sean tan clamorosos, que el pueblo vote socialismo por exclusión, no con ilusión ni como opción válida.

Recientemente, en EL PAIS, refiriéndose a la izquierda política, se decía algo así: “Renovarse o morir”; renovar las personas, los programas y las estrategias; eso es asumir la derrota con dignidad en esta resaca electoral. Izquierda Socialista no está de acuerdo ni en las dimensiones, ni en las causas de este aserto, pero  sí en su contenido: somos partidarios de listas abiertas y elecciones primarias a la hora de elaborar candidaturas, reclamamos proyectos de izquierdas, imaginativos y atrayentes, y consideramos más que necesaria, obligada, la inserción en los movimientos sociales.

Quienes tienen responsabilidades y capacidad ejecutiva dentro del PSOE, que tomen nota y actúen en consecuencia; nuestra militancia lo merece y los votantes lo apreciaran y valoraran.

Izquierda Socialista-PSOE de Valladolid

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