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Por qué la izquierda portuguesa lo consiguió y la nuestra no

Enrique del Olmo
Sociólogo y militante socialista

El pasado día 19 de noviembre, en el círculo de Bellas Artes de Madrid, y organizado por Marga Ferré, la directora de la Fundación Europa de los Ciudadanos, se celebró un magnífico debate sobre el Gobierno de Portugal con participación de la Diputada de En Marea Yolanda Díaz, y José Gusmão del Bloco de Esquerdas que ha participado en las negociaciones para la configuración del acuerdo parlamentario entre el PS de Antonio Costa, el PCP y el Bloco.

Fue como si nos colocasen un espejo delante de la cara y nos dijese el espejo: ¿Por qué nosotros no? Hay varios elementos que nos permiten acercarnos a una reflexión positiva.

En Portugal lograron un acuerdo para un Gobierno y un programa de medidas de urgencia social, con menor fuerza parlamentaria y electoral que en España a la altura del 20-D. ¿Qué hicieron allí y no aquí? ¿Y qué errores u opciones políticas se tomaron en España que impidieron una salida a la portuguesa, que no dudo que nos tendrían a todos más felices?

La primera cuestión es que en Portugal, en palabras de Gusmão: “El PS tuvo una voluntad de buscar un acuerdo a su izquierda fue capaz de romper el llamado arco de la gobernabilidad (PSD, CDS y PSP)”.

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El segundo tema fundamental. ¿Cuál fue la base del acuerdo?, también nos lo contesta Gusmão: “Otra de las claves del acuerdo fue que todos los partidos de izquierdas fueron muy solidarios y además fijamos unos objetivos muy concretos de mejora de la calidad de vida de gente y pusimos el foco en la devolución de renta a la población y en la devolución de derechos”.

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Tercera cuestión, a pesar de las enormes dificultades, a pesar de ser un país pequeño en la Unión Europea, a pesar de estar aislado por la derrota griega y el fiasco español. El gobierno portugués ha demostrado con hechos que otro camino era posible.  ...........

La cuarta cuestión que situó Jose Gusmão fue la necesidad de que la movilización social vuelva al primera plano.

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Desde el amargor de haber fallado a nuestros compatriotas ibéricos, extraigamos las conclusiones positivas apoyándolos y buscando un camino para revertir este gris panorama del Gobierno de Rajoy.

publico.es


28/11/2016 09:12. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

PSOE, balance de una época

Hace mucho tiempo que en los congresos del PSOE no se discute en torno a la viabilidad del proyecto socialdemócrata, a su capacidad o incapacidad de atraer a la gran mayoría de la población. La deliberación sobre ideas y proyectos fue sustituida por la búsqueda de liderazgos que nos condujeran al gobierno. Desde que Felipe González dejó de ser secretario general (1997), el PSOE se centró sobre todo en encontrar, cuanto antes, un líder nacional que hiciese real el apotegma: “somos un partido de gobierno”. De tanto poner énfasis en conquistar gobierno soslayamos la tarea política primordial de un partido: definir y delimitar el ideario del campo socialista para, de esa manera, fomentar un sentimiento de pertenencia que fuera más allá de los intereses territoriales de cada una de las federaciones que integran el partido. Es decir, se sobrepusieron las aspiraciones territoriales –y algunas veces, las estrictamente locales, para mayor carga de inconsistencia– en debates que deberían haber tenido un sentido transfronterizo, hasta llegar al extremo de adoptar decisiones “verticales” en virtud de los intereses de cada una de las regiones y de sus respectivas “baronías”. Cobró cuerpo la verticalidad y perdió la horizontalidad en los posicionamientos políticos. La oligarquización en la toma de decisiones sustituyó a la democracia deliberativa y, con ello, la vida interna del partido fue volviéndose cada vez más líquida o, si se quiere, más silenciosa compensada, la mayoría de las veces, por la acumulación de cargos institucionales a nivel local y regional. Así pues, el debate ideológico llegó a convertirse en un actor secundario y la escena crucial la protagonizó la elección de quién sería cabeza de cartel en el siguiente concurso electoral.

Lo importante, recargar la batería ideológica y abonar el terreno de las emociones para que la sequía del desencanto no agudizara la sensación de irrelevancia, enmudeció a favor de la incorporación de un modelo presidencialista o cesarista que acabaría por laminar cualquier intento de fortalecer la democracia interna. Lamentablemente, el procedimiento de primarias no ha coadyuvado a extender la democracia deliberativa en los órganos de toma de decisión ni tampoco ha servido para integrar a las minorías discrepantes en las distintas ejecutivas y en las instituciones. Por el contrario, las primarias han sido utilizadas para afianzar el modelo bonapartista y zafar al líder de turno de debates trascendentales a costa de renunciar al sentido último de la socialdemocracia. Quede claro, no estamos en contra de las primarias. Estamos en contra de legitimar las primarias como un proceso en el que “el que gana lo gana todo y el que pierde lo pierde todo”. El sentido de las primarias no puede ser el de sacralizar al líder y convertir a la militancia en monaguillos. No basta con decir “un militante, un voto”; es necesario pero insuficiente para democratizar realmente al partido. Hace falta establecer mecanismos que garanticen mayores cotas de inclusión en las distintas esferas de la vida orgánica e institucional del partido. En anteriores artículos publicados en infoLibre, expusimos algunas propuestas para evitar los efectos perniciosos del sistema de primarias.

Las preguntas que subyacen aquí son: ¿por qué los ciudadanos ya no conectan con nosotros?, ¿por qué el PSOE ha dejado de ser visto como partido impulsor de los cambios sociales?, ¿por qué el PSOE ha perdido el tono vital hasta el punto de ser percibido como una fuerza complementaria del sistema? Hay quienes, con poca memoria, sitúan el momento del gran desapego en el final de la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Es más, para la denominada “vieja guardia”, para quienes prefirieron abandonar el marxismo y deificar a Felipe González, la etapa de Rodríguez Zapatero es un “paréntesis” en la historia del socialismo español. Una época, afirman, para olvidar. Puede que esta lectura del pasado les reconforte pero no responde totalmente a la realidad. El PSOE lleva desfondándose políticamente desde hace mucho tiempo atrás.


Sin duda alguna, el primer trauma post-electoral sobrevino cuando Felipe González perdió las elecciones en marzo de 1996 y no pudo revalidar su mandato como presidente de gobierno. Se perdió por poco, es cierto (el PP obtuvo 9.716.006 votos mientras que el PSOE 9.425.678 votos). Con todo lo que había ocurrido desde 1993 a 1996 apenas hubo una diferencia de 290.328 votos. Quizá ese hecho, haber perdido por tan poco, facilitó que no se debatieran en profundidad las causas del declive socialista y que en el decisivo XXXIV Congreso Federal (junio de 1997), en el que González anunció que no optaría a la secretaría general con el fin de propiciar la renovación del partido y, de paso, arrastrar a Alfonso Guerra a abandonar la ejecutiva, no se trataran las razones de peso por las cuales el PSOE se había desplomado en las urnas y dejado de ser el partido de referencia para amplias capas de la población.

Tres eran los temas que estaban en el tapete y que, por desgracia, la sucesión del liderazgo de Felipe González los evaporó por completo: lo relativo a la tensión entre Estado de Derecho y razón de Estado, lo que incumbe a la economía social de corte socialdemócrata frente a prácticas económicas social-liberales y lo referente al modelo de organización del partido.

1. La zona oscura: razón de Estado

Frente al terrorismo de ETA fueron apareciendo distintos grupos ilegales que pretendían combatir con las armas aquella organización criminal: los Guerrilleros de Cristo Rey, el Batallón Vasco-Español, la Triple A y los Grupos Armados de Liberación (GAL). Todos estos grupos armados tuvieron algún tipo de permisividad, consentimiento o complicidad por parte de algunos altos servidores del Estado. Su existencia ponía en entredicho los propios principios básicos y fundamentales del Estado de Derecho. Por entonces, se hablaba de las “cloacas” del Estado dando a entender que son inevitables y que no hay Estado de Derecho sin esa “zona oscura” del uso de la violencia ilegítima. No obstante, en lo que nos afecta, no debemos eludir la pregunta: ¿por qué con el tema de los GAL se adoptó una actitud abstencionista de dejar hacer, dejar pasar? Desde una óptica de izquierda la pregunta que se nos impone es qué se hizo para transformar determinadas estructuras del Estado. No podíamos ni podemos justificar que en el aparato represor del Estado no se hubiera limpiado a tiempo el lastre dejado por la herencia del franquismo, ni tampoco que la democracia haya entrado tan tarde en una de las zonas más sensibles del aparato estatal. No puede haber razón de Estado ni patriotismo de partido para justificar la existencia de hábitos perversos, tramas político-policiales heredadas de la dictadura en los cuerpos de seguridad del Estado. 

El aplazamiento casi indefinido de la reforma de las fuerzas de seguridad del Estado probablemente fue una de las razones que contribuyeron a la derrota electoral.

2. Sintonía con las políticas neoliberales

Sobre la política económica de los gobiernos de Felipe González cabe hacer una interpretación específica española frente al resto de los países europeos. España tenía pendiente no sólo la incorporación a la Unión Europea, sino también de manera especial la construcción de un Estado de Bienestar. Ambas misiones se identificaron, en el sentir colectivo, como logros de Felipe González. En efecto, suponían un claro avance en temas como la universalización de la sanidad, la universalización de la educación hasta los dieciséis años, el acceso generalizado a la universidad fomentado por una política de becas hasta entonces desconocida, la implantación de las pensiones no contributivas, la superación de una política de beneficencia por un pilar incipiente de servicios sociales y un impulso muy importante en una red de infraestructuras públicas, etc.

Unos cambios profundos en nuestro país que tuvieron su principal reflejo en nuestros municipios. Los socialistas gobernábamos en las principales ciudades de España y lo hacíamos acompañados de un impulso ciudadano de cambio ante un hábitat muy desolador: había que superar las ciudades o barrios “dormitorios”, carentes de todo tipo de servicios. Y no hay duda de que las ciudades comenzaron a cambiar. Así nacían hospitales y centros de salud, colegios y escuelas infantiles, universidades, viviendas públicas y rehabilitación de entornos urbanos, complejos deportivos y culturales, etc. Una micro política que sin duda contribuyó al bienestar social y que sedimentaba fuertes redes de solidaridad a través de unos nuevos servicios sociales.

Pero, paradójicamente, serían estos logros y una cierta autocomplacencia los que frenaron el verdadero debate que se cernía sobre el auge de las políticas neoliberales en Europa. En el ámbito nacional, el problema con que se enfrentó el gobierno socialista era cómo gestionar la crisis económica de los años ochenta del siglo pasado, cuya característica principal era la pérdida de rentabilidad del capital a largo plazo. Los efectos de aquella crisis fueron: el decrecimiento de la inversión productiva, la aparición del paro estructural, el desequilibrio entre consumo y producción y, sobre todo, el nacimiento de la economía especulativa. Si queremos ser justos en la valoración, no perdamos de vista el contexto internacional: la economía neoliberal se consolidó como paradigma dominante a partir de los gobiernos de Reagan y Thatcher. Dichos parámetros neoliberales tuvieron, en efecto, un claro influjo en la economía política española. Ecos de estos planteamientos neoliberales fueron lo que en la segunda mitad de los ochenta se propuso como “saneamiento económico”: la primacía del control de la inflación sobre la creación de empleo, una política macroeconómica dirigida hacia el control de la oferta monetaria y de los tipos de interés, una política fiscal que favorecía a la renta del capital sobre la renta del trabajo y todo ello se aderezaba con una retórica que elogiaba las virtudes del mercado. Fue la época en la que imperó un uso funesto del concepto de “modernidad”: era utilizado para convertir al mercado en el agente fundamental de la eficacia económica, para eliminar las normas reguladoras de las relaciones laborales, para justificar el abaratamiento del coste salarial y las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, para promover la precarización del empleo con el objetivo de ser competitivos, etc. Y en paralelo se daba a entender que los sindicatos de clase eran una rémora para la modernización y el progreso.

En este período también se produjo una gran concentración de la riqueza, lo que por entonces se calificó “socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios”. Ni siquiera el más sano de los “posibilismos” o “gradualismos” podía justificar la dualización social que provocaba la aplicación de las premisas neoliberales. Y sostener que aquella política económica era la única posible constituye un verdadero desatino del pensamiento socialista, ya que implica reconocer explícitamente que había y hay que salvar los privilegios de quienes se benefician del statu quo. Triste noticia: defender la estabilidad no es sino defender el orden constituido. Y si ese orden es injusto, como ocurre en la sociedad capitalista, significa renunciar a la justicia social. Estamos convencidos de que la solución al desempleo no pasa necesariamente por la precarización del trabajo, de que la única vía para incrementar la demanda no es el recorte salarial y, en fin, de que el crecimiento económico es compatible con la justicia social, es decir, con el reparto de la riqueza y de las oportunidades. Para ello hubiera sido necesario que: 1) las grandes compañías transfiriesen anualmente un porcentaje mínimo de sus beneficios a los fondos de los asalariados, de tal manera que se hubiese garantizado el destino de los excedentes hacia el empleo; 2) se incrementara la influencia de los trabajadores en el proceso económico con el fin de avanzar hacia la economía social de mercado; 3) que existiera una mayor proporcionalidad en la presión fiscal entre el IRPF y el Impuesto de Sociedades; 4) interpretásemos en sus justos términos el artículo 128 de nuestra Carta Magna: Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

Es evidente que en materia económica se habían adoptado medidas que nos alejaban extraordinariamente de las señas de identidad de la socialdemocracia clásica. El caso más notorio fue la reforma del mercado laboral de 1994, siendo catalogada por los sindicatos como auténtica “contrarreforma”. No menos significativo fue que aquella ley contó con el respaldo de la derecha y causó desconcierto en las bases sociales de izquierdas y un profundo rechazo de los sindicatos. Paradójicamente, la ley se presentó como un instrumento para la creación de empleo y no tan paradójicamente como un mecanismo para flexibilizar la rigidez del mercado de trabajo. ¡¿Cuánto tiempo llevamos con el mantra de la rigidez del mercado de trabajo?! 

Sin duda alguna, toda esta sintonía con las políticas neoliberales incidió en el desgaste del gobierno socialista y ha tenido efectos sociales y electorales negativos.

3. El precio de la cohesión interna

Uno de los rasgos inherentes del proyecto socialista es la participación en la toma de decisiones y en los resultados económicos, sociales y culturales. Entendemos como un derecho inalienable intervenir en la toma de decisiones. Sin embargo, la situación del PSOE era a todas luces preocupante: se había convertido en un instrumento devaluado ya que la relación partido-gobierno, desde 1982, daba sobradas pruebas de sumisión, sucursalismo y seguidismo acrítico y acéfalo del partido respecto al gobierno. En aquellos años regía la máxima “se gobierna desde la Moncloa y no desde Ferraz”.

Asimismo, se aplicaba la tan manida “cohesión interna” como disolvente de la pluralidad. Es decir, se confundía cohesión interna con amordazamiento de la disidencia, con hacer de la disciplina un instrumento de control hasta el extremo de convertir el partido en una marioneta movida por muy pocos hilos y, en el peor de los casos, por uno solo. En la vida interna del PSOE se tendía fragmentar el debate alrededor de las zonas de influencia de los líderes regionales en vez de auspiciar el mismo en torno a posicionamientos políticos e ideológicos globales. Es el momento en que aparecen con intensidad las baronías territoriales como contrapeso a eso que se denominó “guerrismo”. Iniciamos el camino hacia un modelo de partido y de debate que consagraba el peso de cada federación, la fuerza de cada líder regional y, en consecuencia, se iba territorializando el discurso hasta llegar a perder el sentido global del pensamiento socialdemócrata. De forma que el discurso socialista ya no lo vertebraban las distintas corrientes o alas de pensamiento sino que los acuerdos o desacuerdos dependían de la región a la que se pertenecía y, por consiguiente, de lo que mantuviera el líder regional de turno.

En concomitancia con lo anterior, las Agrupaciones Locales fueron perdiendo entusiasmo, afán por el debate, y los militantes redujeron su capacidad política a cotizar, a realizar tareas puntuales en las campañas electorales y a apoyar pasivamente decisiones que no le habían sido consultadas. Con esta dinámica de funcionamiento, lógicamente los militantes carecían de recursos formativos para contrarrestar los ataquesdirigidos tanto por el neoconservadurismo como por el neoliberalismo contra el socialismo. 

Esta falta de respuesta del partido también contribuyó a la pérdida progresiva del voto entre la juventud y el respaldo social en las poblaciones de más de cincuenta mil habitantes.

4. No solo la corrupción

Es incuestionable que tanto los casos de corrupción como la financiación ilegal fueron la causa primordial de la pérdida de las elecciones. Pero, como decimos, sería erróneo atribuir tal pérdida sólo a la corrupción. La apropiación indebida de fondos reservados y la instrumentalización de la política como plataforma económica personal contribuyeron a deteriorar aceleradamente nuestra credibilidad. Comenzó a ser una broma de mal gusto hablar de “cien años de honradez”. Esas conductas delictivas e inmorales minaron el ánimo de muchos militantes y también alcanzaron de lleno en nuestros votantes y simpatizantes, pues desmoralizados perdieron la confianza en el PSOE.

Como vemos, todas estas cuestiones estaban sobre la mesa y eran ineludibles abordarlas y, sin embargo, en aquel XXXIV Congreso de 1997 de lo único que nos ocupamos fue de la sucesión del líder carismático. Para colmo de males el “dedo” de Felipe González impuso que su sucesor fuese Joaquín Almunia. La elección de Almunia significaba, desde la perspectiva de los procedimientos, el triunfo de la “dedocracia” sobre la democracia y, desde un punto de vista político, la victoria del ala liberal del partido. Añadamos que nada de lo que hizo González en ese Congreso fue censurado o criticado por el periódico de referencia de los progresistas españoles; al contrario, su línea editorial era la pauta-guía del proyecto socialista.

Ahora bien, ¿en qué centraron las causas de la derrota electoral aquellos que se vivieron implicados en los gobiernos de Felipe González? Podríamos hacer la pregunta de otra forma: ¿cómo se perciben a sí mismos quienes vincularon su vida política al proyecto de Felipe González? Según ellos, el derrumbe electoral se debía únicamente a dos causas: la corrupción y el enfrentamiento con los sindicatos. Ello puede verse en el balance que hacen de la época en el libro de María Antonia Iglesias, La memoria recuperada, Aguilar, Madrid, 2003. Ninguno de los próximos a Felipe González puso el acento en la política neoliberalque venía practicando el gobierno como causa de la desafección al proyecto socialista.

El eje de la política económica se resumía en la ecuación neoliberal: “menos regulación = más modernización = más crecimiento y empleo”. Contra ella se levantaron los sindicatos de izquierdas. Paradójicamente corrobora dicho balance el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, al valorar dicha época: “Dentro de cincuenta años, cuando los historiadores describan la política económica de los gobiernos de la democracia (UCD, PSOE y PP) no apreciarán muchas diferencias entre la orientación de las mismas […] porque sus elementos esenciales fueron los mismos: la apertura de la economía española, las reformas estructurales para mejorar el funcionamiento de los mercados y las políticas macroeconómicas ortodoxas. Cuando ahora, tan sólo siete años después de que los socialistas hayan dejado el gobierno, se nos pide resaltar algunas características de la política económica socialista, hay que sacar la lupa para encontrar algunas diferencias con las políticas de UCD y del PP…” (escrito para el libro de María A. Iglesias, Op.cit., pág. 903) Atendamos: Fernández Ordóñez nos recomienda “sacar la lupa” si queremos ver diferencias económicas entre la derecha y la izquierda. Quizá por esta razón Rodríguez Zapatero optó por él para que fuera la máxima autoridad del Banco de España.

Hay más, si repasamos las distintas valoraciones que hicieron de la huelga general del 14 D de 1988 quienes se vivieron identificados con el proyecto felipista, observaremos que existe una apreciación común sobre las causas de la misma: todo queda resuelto en un problema personal y psicológico del líder de la UGT, Nicolás Redondo. Fue el exministro de economía, Carlos Solchaga, quien mejor relató la supuesta patología psicológica del líder sindical: “Donde, en el caso de González, destacaba la seguridad y confianza en sí mismo; en el caso de Redondo brillaba su inseguridad personal y su desconfianza hacia todo el mundo. Redondo no podía concebir el ejercicio del liderazgo sin el uso de una autoridad con frecuencia brutal que pretendía extender a todo el mundo: desde un secretario provincial de la UGT a un ministro de la Nación. Si González era capaz (en el caso de que los tuviera) de superar sus rencores personales en los debates internos, eran proverbiales los odios africanos de Redondo (particularmente el que fue incubando contra el propio Felipe González)” (C. Solchaga, El fin de la edad dorada, Taurus, 1997, pág. 146) A la saga de Solchaga van José María Maravall, Javier Solana, Joaquín Almunia, Rosa Conde y una larga lista de eso que se llamó “renovadores”. No se consideró lo que atinadamente señaló el historiador Manuel Tuñón de Lara: que los sindicatos, si no se manifestaban contra la deriva socioliberal de la socialdemocracia española, corrían el riesgo de terminar por deslegitimar su propia figura de representantes efectivos de los intereses obreros.

La simplificación de los renovadores no pudo ser más estrambótica: todo el problema del PSOE se reducía a dos sujetos, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo. A partir de aquí, concluyeron que el declive del PSOE se debía fundamentalmente a la corrupción y desligaron de las causas el haberse abrazado alegremente al neoliberalismo económico. Es indudable que la infección de la corrupción había corroído las entrañas del PSOE (caso Filesa, Juan Guerra, Aida Álvarez, etc.), había anidado en el Banco de España (caso Mariano Rubio, Gescartera, etc.), había inoculado en el Ministerio del Interior (caso Mario Conde y Perote) y, lo que era más grave, había contaminado a las Fuerzas de Seguridad del Estado (caso Roldán, Amedo, Domínguez, etc.). El panorama, no nos engañemos, era pestilente. Los renovadores pusieron el ojo pura y exclusivamente en la corrupción obviando las consecuencias del significativo abandono de las políticas económicas propias de la socialdemocracia, convencidos de que la adopción de los postulados neoliberales no produjo un alejamiento significativo de la base social. Los socialistas españoles fueron quienes realmente inauguraron la Tercera Vía aunque no tuvieron, como Tony Blair, un teórico de referencia: Anthony Giddens. En España primero fue la praxis, luego la teoría, esto es, la acomodación de las ideas a los hechos.

PSOE, balance de una época (parte II)

5. El debate siempre pospuesto

Sirva esta ineludible exposición para explicar por qué habría sido imprescindible iniciar este debate en el XXXIV Congreso y, sin embargo, la sustitución de Felipe González se llevó por delante aquella inaplazable tarea. Joaquín Almunia, previamente designado por el máximo dirigente, fue elegido secretario general. Quienes asistieron a aquel Congreso trataron de que fuese posible una elección de los delegados entre Josep Borrell y Almunia. La autoridad del líder lo impidió. Se impuso el dedo de González pero inmediatamente se cuestionó la legitimidad de origen de Joaquín Almunia. Lo que supuso que en abril de 1998 se convocaran elecciones primarias para candidato a la presidencia de gobierno y Josep Borrell le ganara a Joaquín Almunia por un margen, en lo que sabemos, de 21.394 votos. Todo el mundo lo entendió como el triunfo de la militancia sobre el aparato y los más perspicaces lo leyeron como “una cierta reparación de una mala noche” en el XXXIV Congreso. El triunfo de Borrell logró romper el hielo entre el partido y los ciudadanos. Volvíamos a levantar el ánimo pero la alegría duró poco: en mayo de 1999 renunció como candidato debido, por una parte, al escándalo de fraude fiscal de dos colaboradores suyos cuando era Secretario de Estado de Hacienda y, por otra parte, a la falta de apoyo de la dirección del partido. Ciertamente Borrell y su equipo no supieron contrarrestar las zancadillas que les tendían desde el aparato.

En el año 2000 concurrimos a la cita electoral con Joaquín Almunia de candidato y, en un desesperado intento de que el derrumbe no fuese mayúsculo, fuimos cogidos de la mano de Francisco Frutos, líder de Izquierda Unida. La operación era rocambolesca: el ala social-liberal del partido unida a los viejos comunistas. ¿Quién daba crédito? Resultado: un aplastante fracaso, perdimos 16 escaños en el Congreso. La misma noche electoral (marzo de 2000), Almunia presentó la dimisión irrevocable. Justo es reconocer la elogiable actitud de Almunia. Se creó una gestora, presidida por Manuel Chaves, encargada de organizar el XXXV Congreso, en el que resultó elegido José Luis Rodríguez Zapatero.


Si con la renuncia de Felipe González no hubo debate, con la formación de la gestora aún más se imposibilitó la reflexión sobre la deriva del partido socialista. Una vez más, se aplazaba el debate por el acuciante quehacer de buscar un nuevo líder. Como sabemos, en aquel XXXV Congreso, celebrado en julio de 2000, se presentaron cuatro candidaturas, encabezadas por Matilde Fernández, Rosa Díez, José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero. Contra todo pronóstico ganó Zapatero, un joven de León, con mucha vida política en el interior del partido, con experiencia parlamentaria pero sin jugar ningún papel destacado en la institución, que no había ido a la manifestación de apoyo a Vera y Barrionuevo en la cárcel de Guadalajara.

Una nueva generación de jóvenes que no habían vivido directamente las inclemencias de la represión franquista, pero que se hacían cargo de la memoria de sus abuelos, tomaba el mando. La audacia de esa juventud la expresó sin complejos Rodríguez Zapatero cuando aseveró: “No estamos tan mal”. Tal vez ese optimismo no impostado atrajo el voto de los/as delegados/as de ese Congreso a la vez que la concepción del poder de José Bono produjo cierto espanto en algunas federaciones. No obstante, la cuestión que se nos plantea es si Rodríguez Zapatero había hecho la misma evaluación que hacemos nosotros de todo aquel período.

Con relación a la corrupción, en una entrevista que le hicieron Marco Calamai y Aldo Garzia (Zapatero, Ediciones Península, 2006, pág. 41), le preguntaron cuál de los errores de la vieja guardia no estaba dispuesto a asumir. En su opinión, el peor error era “no reconocer los errores. Apenas llegó a la secretaría general, decidió dejar de pagar a los abogados de Vera y Barrionuevo por el caso del secuestro de Segundo Marey. Es el momento en el que tanto Joaquín Leguina como José Luis Corcuera lanzan furibundas descalificaciones contra la medida. Y, por si fuera poco, posteriormente nombró Fiscal General del Estado a Conde Pumpido, cuyo voto había sido decisivo para condenar al ex-ministro del Interior y al ex-secretario de Seguridad del Estado por el secuestro de Marey. Aquí no acaba el pleito con la generación anterior: en la etapa 2000-2004 se produce un doble giro desconcertante para la vieja guardia. Primero, en lo que respecta a la política mediática, concede una importante entrevista a Pedro J. Ramírez, entonces director del diario El Mundo, enemigo acérrimo de Felipe González. El mensaje era nítido: el Grupo Prisa, el periódico El Paísprincipalmente, dejaba de ser el buque insignia del PSOE. Y, segundo, al producirse un cambio de ciclo en Cataluña con Joan Maragall a la cabeza, Zapatero entendió que había que variar la posición con relación al nacionalismo periférico. Convergencia i Unió ya no podría servir de sostén al gobierno nacional a cambio de obtener muy buenas contrapartidas por parte del gobierno central. Política que el perspicaz Jordi Pujol etiquetaba de “peix al cove”, que él mismo tiene a bien traducirla en sus Memorias como “aprovechar lo que puedas pescar, coger lo que se pueda” (Op. cit., pág. 85, Destino, 2013). Tal vez estas sean las razones por la que se acusó a Zapatero de haber hecho una “prejubilación masiva” en la organización. Imputación no se ajusta a los hechos: ¿no formaron parte de su primer gobierno Solbes y Bono?, ¿no fue Borrell candidato al Parlamento Europeo?, ¿no nombró a Almunia para la Comisión Europea?, etc.

A nuestro juicio, donde erró Rodríguez Zapatero fue en la estimación contemporizadora que realizó de la política económica de los gobiernos de Felipe González. Boyer, Solchaga y Solbes no fueron para él economistas discordantes con la tradición socialdemócrata. Ello explica que, una vez en el gobierno, nombrara a Pedro Solbes ministro de Economía y Miguel Sebastián, firme defensor de la desregularización económica, se convirtiera en su asesor áulico. Es cuanto menos llamativo observar que Rodríguez Zapatero pretendía superar la contradicción entre la ejecución de políticas económicas basadas en el dogma neoliberal y las reivindicaciones sindicales contra el desmantelamiento de los derechos laborales mediante la formulación del “republicanismo cívico” y su atractiva teoría de la libertad como “no dominación”. La obra del profesor Philip Pettit, Republicanismo, le había sido útil, según él, para ir “más allá de Felipe González”. Se trataba de ir más allá del concepto liberal de libertad como “no interferencia” y mostrar que las fuerzas que rigen el mercado no son ciegas sino que tienen los ojos bien abiertos y que para obtener grandes beneficios son capaces de poner en riesgo la salud de la gente y/o del planeta. Se ve que todo esto era “un decir” porque la práctica fue proporcionalmente inversa a la teoría de la libertad como no dominación. Probablemente el juicio más certero de la última etapa de Zapatero lo registró el novelista Juan José Millás en su artículo “El enigma”: “Sabemos que el destino de todos nuestros presidentes es salir mal de la Moncloa. Sabemos que Zapatero creía que escaparía a ese destino. Ya sabemos que no. Sabemos que dijo que no nos decepcionaría. Sabemos que nos decepcionó (quizá se decepcionó a sí mismo)” (El País, 03-04-2011) En efecto, Zapatero estuvo firmemente convencido de que a él los sindicatos no le harían una huelga.

Es verdad que Zapatero cumplió con su palabra cuando sacó a las tropas españolas del territorio iraquí. No nos falló, lo que le acarreó severas críticas del entorno felipista y de la derecha española, además de ocasionarle un distanciamiento en el contexto internacional. Frenó también de inmediato la aplicación de la Ley Orgánica de Educación promulgada por el gobierno de Aznar, con el voto en contra de la oposición parlamentaria. Es obvio que en sus gobiernos se tomaron en serio la consecución de los valores postmateriales: matrimonio entre personas del mismo sexo, ley contra la violencia de género, etc. No menos importante fue promover el cuarto pilar del Estado del bienestar: la atención a la dependencia, aunque no se dotó de un sistema de financiación nacional para hacerla realmente efectiva. Asimismo, demostró una gran altura de miras cuando reorientó la política geoestratégica de Aznar, completamente subordinada a los intereses de los neocons estadounidenses. España volvió a mirar a Europa, a eso que los neoconservadores calificaron con desprecio “la vieja Europa”: Francia y Alemania. Estas medidas supusieron un verdadero avance social y cultural pero todo comenzó a venirse abajo a partir de los ajustes realizados en mayo de 2010 con el objetivo de recortar el déficit público en torno a unos 15.000 millones de euros. La necesidad de atajar el déficit se impuso en la eurozona. La disciplina de la austeridad fue implacable: se trataba de salvar la economía a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población. El dictamen neoliberal hacía que los costes de la crisis recayeran sobre los ciudadanos. El giro de 180 grados que dio la política de Zapatero generó un gran desconcierto en la ciudadanía. Y ese amoldamiento a los patrones neoliberales difuminó el perfil de izquierda del gobierno. Si en mayo propuso un plan durísimo para reducir el déficit, en el debate sobre el estado de la Nación del 14 de julio reconoció sin ambages que lo único que podía hacer era “cambiar de rumbo”: “Donde antes se necesitaba gasto público e inversión, hoy se necesita austeridad y reformas […] Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad de un gobernante, que es precisamente gobernar. Voy a seguir ese camino, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste” (Diario de Sesiones del congreso de los Diputados, Nº 178, pág. 20, Año 2010).

Fue responsable, es verdad; pero ¿con quién?, ¿con los mercados o con los ciudadanos? Asumió, de golpe y porrazo, la ortodoxia neoliberal: prioridad absoluta a la reducción del gasto y al recorte del déficit sin el más mínimo gesto de repartir las cargas de la crisis entre las grandes fortunas. ¿Era la única política posible? Pensamos que no y no somos unos irresponsables. Otra política económica hubiese requerido otro equipo económico, es decir, romper la hebra social-liberalque se venía tejiendo desde los años ochenta en el modelo económico de la socialdemocracia española.

Aún hoy estamos pagando las consecuencias del “cueste lo que cueste”. La izquierda giró hacia la derecha apelando a lo “inevitable”, esto es, resignándose a una suerte de fatalidad cuando, en realidad, los hechos no respondían a otra cosa que a un dictado incuestionable y absolutamente político. Las exigencias de una nación, Alemania, y de su brazo económico, el BCE, cayeron en suelo español como una catástrofe. Y, paradójicamente, el deber patriótico se mutó en salvar a la banca financiera.

6. Fallamos a la ciudadanía

Esta es la triste historia de por qué fallamos a la ciudadanía. Para mayor desasosiego falta la coda final: el 27 de septiembre de 2011 el PSOE y el PP votaron conjuntamente la reforma del artículo 135 de la Constitución con el fin de establecer la prioridad absoluta del control del déficit sobre otras medidas económicas. Mandamos a Keynes al cuarto oscuro y nos sentamos en el porche a la espera de que amainase la tormenta. Pero de camino al cuarto oscuro tropezamos con una hoja del Diario de Sesiones antes citado en la que Rodríguez Zapatero le decía a Rajoy: “Es verdad que había una medida original, la había, fue la que más eco tuvo, que era reformar la Constitución para impedir el déficit. Una reforma que, como saben, es rápida, dado cómo es nuestro procedimiento de reforma constitucional, y que sería muy eficaz para combatir la coyuntura de la crisis económica. Esa ha sido toda la reforma original que le hemos oído en los últimos meses y que no tiene ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad” (pág.22). Lo que el 14 de julio de 2010 no tenía “ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad” el 27 de septiembre de 2011 tiene sustento, es efectivo y es competente. Cambio de rumbo a toda marcha y sin airbag. El trastazo electoral estaba de sobra anunciado. Ni siquiera el hecho de que ETA, vencida, dejara las armas pudo ser puesto en valor. Un triunfo de la democracia sin precedentes en la historia de España en la lucha contra la violencia terrorista pasó de largo durante la campaña electoral. La envestida económica pesó como una losa y había que salvar los muebles con urgencia. Cómo, buscando un nuevo liderazgo.

Y nuevamente el PSOE diluye el debate, no quiere hacer un balance. Vuelve a persistir en el error
. El 27 de mayo de 2011 el Comité Federal propone que Alfredo Pérez Rubalcaba sea el candidato del partido a la presidencia de gobierno. Pérez Rubalcaba, pupilo de Felipe González y afín al grupo Prisa (ahora forma parte del consejo editorial de El País), se hizo cargo de afrontar las elecciones sabiendo que estaban perdidas. Al tiempo, se propuso suceder a Zapatero en la secretaría general del partido. Se empeñó en liderar la travesía del PSOE. ¿Cómo interpretarlo? Volvía el pasado para solventar el futuro. Dicho mejor, el futuro era el pasado. Carmen Chacón, que había sido ministra de Urbanismo y Vivienda y ministra de Defensa en el gobierno de Zapatero, fue su contrincante en el XXXVIII Congreso Federal. Chacón perdió por veintidós votos y, entre otras razones, no sólo porque fuera de otro partido, el PSC, sino por ser catalana.

En un acto celebrado en Madrid, Pérez Rubalcaba enérgicamente afirmó: “El PSOE ha vuelto, compañeras y compañeros. Ha vuelto…” No es que el PSOE se hubiera ido de viaje, no; lo que volvía era el felipismo. El PSOE volvía a ser el PSOE, es decir, las riendas estaban otra vez bajo la influencia de Felipe González. Había que borrar cuanto antes la etapa de Rodríguez Zapatero. Se trataba de eliminar la huella de Zapatero: su aventura en Cataluña, en la política internacional con el diálogo de civilizaciones, en rehabilitar al republicanismo a través de la memoria histórica, etc. Había que pasar la página cuanto antes pero sin hacer un debate, ni sopesar los aciertos y las sombras. El PSOE marchaba hacia adelante con la vista puesta en el retrovisor. Y así nos fue en las elecciones europeas. Tras la severa derrota electoral, Pérez Rubalcaba tomó la decisión acertada: el 25 de mayo de 2014 anunció su futura salida como secretario general en el siguiente Congreso Federal, convocado para el mes de julio. No obstante, antes de despedirse definitivamente del Congreso de los Diputados culminó su labor parlamentaria avalando la continuidad de uno de los ejes capitales de la Transición española: la Monarquía. En la toma de posición sobre el proyecto de ley orgánica para hacer efectiva la abdicación del Rey Juan Carlos I, Pérez Rubalcaba puso de manifiesto la entera fidelidad de los socialistas al acuerdo constitucional de 1978 y, después de precisar que en dicha sesión parlamentaria no se estaba votando la sucesión del Rey Juan Carlos I en su hijo el Príncipe de Asturias porque eso ya se había votado en 1978, esgrimió con contundencia los argumentos por los que el PSOE votaría a favor de esa ley orgánica. Hizo una consideración definitiva para fijar la posición sin titubeos: “Permítanme que me haga retóricamente algunas preguntas. ¿Podría esta Cámara no hacer esta ley? No, no podría. Tiene que hacerla porque así lo establece la Constitución. Y una segunda pregunta. ¿Puede esta Cámara votar no a una ley que recoge la voluntad expresada libremente por el Rey? O, dicho de otra manera, ¿qué significaría un voto negativo a esta ley? Pues que o bien esta Cámara entiende que la abdicación no está bien formulada por parte del Rey, lo que no es el caso, o que este Congreso no autoriza la abdicación del Rey, lo que, entre otras cosas, comportaría el dislate de que esta Cámara le dijera al Rey que debe seguir siéndolo aunque él no quiera. En resumen, la Constitución nos mandata para hacer esta ley y, a mi juicio, no cabe otra posibilidad que votarla afirmativamente si la voluntad libre del Rey de abdicar está correctamente acreditada, como es el caso” (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados, Nº 204, pág. 9, 11-06-2014).

Nunca mejor dicho que todo lo que estaba diciendo era pura retórica, es decir, presentaba un falso dilema al modo de una disputa teológica para terminar concluyendo no que había otra vía: votar sí o sí la ley orgánica. Lo que para el PSOE había sido producto de la “convención” en 1978termina siendo, en 2014, resultado de la “convicción”. Antes asumimos la monarquía por conveniencia, ahora la cristalizábamos por convicción. Prueba de este salto cualitativo lo revela el mismo Pérez Rubalcaba al referirse a la intervención de Luis Gómez Llorente en el debate constitucional. Curiosamente rememoró sólo una parte del discurso de Gómez Llorente, aquella en la que señala que la monarquía no es incompatible con el socialismo, pero se le “olvidó” traer a la memoria un apartado esencial de su alocución: “Por otra parte, es un axioma que ningún demócrata puede negar, la afirmación de que ninguna generación puede comprometer la voluntad de las generaciones sucesivas. Nosotros agregaríamos que se debe incluso facilitar la libre determinación de las generaciones venideras” (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados, Nº 64, pág. 2195, 11-05-1978) Esto es, Pérez Rubalcaba, en plena crisis de la institución monárquica, cerró la puerta a que se abriera un referéndum sobre la continuidad de la monarquía. No sólo estaba legitimando el consenso de 1978 sino también estaba apuntalando el sistema. Un gran servicio a la institución, un flaco favor a la causa republicana.

7. No caigamos en la farsa

Tampoco sobre esta cuestión se pudo discutir en el XXXIX Congreso celebrado en julio de 2014. Ahora todo se centraba en quién ganaría las primarias. Así se desvanecía toda esperanza en que el partido iniciara una profunda reflexión sobre sus aciertos y sus errores. Concurrieron tres compañeros: Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. La personalización de la campaña y la individualización del liderazgo impidió que realizáramos una evaluación acerca de la crisis de la socialdemocracia que fuera más allá de la coyuntura. Todo el debate se sustanció en una puesta en escena en Ferraz con los tres candidatos dirigiéndose a unos pocos militantes y, sobre todo, a las cámaras de televisión. El mismo formato del debate imposibilitaba que se tratara con mesura la encrucijada en la que nos encontrábamos. Fue un acto electoral, no una jornada donde se pusiera sobre la mesa qué había que rectificar y hacia dónde tenía que ir el partido. Como sabemos, Pedro Sánchez obtuvo más apoyos y, en el Congreso Federal, formó una ejecutiva sin contar para nada con Eduardo Madina ni con Pérez Tapias. Interpretó que el ganador “se lo lleva todo” y que el perdedor “pierde todo”. Un lamentable comienzo, pues pretendía retrotraerse al modelo de organización bonapartista, aunque sin carisma alguno. Incluso su secretario de organización, César Luena, tuvo posteriormente la osadía de hablar de “El PSOE de Pedro Sánchez”. Todo un despropósito o, si se quiere, un partido que empezaba a ser estrafalario. Lo que mal empieza, asevera Aristóteles, mal acaba.

En El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx matiza una afirmación de su maestro: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa” (Op. cit., pág. 241, Espasa Calpe, 1985). En efecto, mal asunto sería caer nuevamente en el error. Demasiado mal lo hemos hecho en los últimos meses. No caigamos en la farsa de que el estancamiento en que se halla el PSOE se arregla con unas simples primarias. Y menos aún corregirán este desatino quienes han sido los máximos responsables de situar al PSOE al borde del precipicio.

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Mario Salvatierra, miembro del comité federal del PSOE; 
Enrique Cascallana, ex alcalde de Alcorcón y ex senador; 
Juan Antonio Barrio, ex diputado nacional 
José Quintana, ex alcalde de Fuenlabrada y actualmente diputado en la Asamblea de Madrid

http://www.infolibre.es

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21/11/2016 09:15. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

"La abstención es el mal mayor"

Pérez Tapias: "La abstención es el mal mayor"

madina

“El partido está roto ahora mismo”. José Antonio Pérez Tapias abandonaba el fatídico Comité Federal del PSOE del pasado uno de octubre pronunciando esta contundente frase. Poco después, Pedro Sánchez dimitía como secretario general y una gestora tomaba las riendas de la formación con la abstención en mente.

 

El exdiputado del PSOE y exportavoz de Izquierda Socialista había competido precisamente contra Sánchez y Eduardo Madina apenas dos años antes en la primera consulta entre la militancia para elegir al líder del partidos. Y lo hizo con los postulados más izquierdistas y criticando el viraje del partido durante la etapa final de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

A este decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada la batalla del PSOE le ha pillado en pleno arranque del curso universitario, Y, además, preparando una conferencia sobre violencia y cultura para un próximo congreso. En su mesilla, tiene estos días textos académicos y obras como La violencia y lo sagrado, de René Girard, y Sobre la violencia: Seis reflexiones marginales, de Slavoj Žižek.

 

A cuatro días de viajar a Madrid para participar en el Comité Federal que decidirá sobre la abstención, Pérez Tapias se confiesa con El Huffington Post. Tiene claro su ‘no’ al Gobierno del PP y defiende ir a unas terceras elecciones -"no son el fin del mundo”-. No da por hecho, además, que vaya a triunfar la tesis abstencionista. Y pide que haya pronto un congreso extraordinario para elegir al nuevo líder del PSOE. “Hay muchas miradas que se dirigen a Josep Borrell”, avisa.

 

¿Sigue creyendo y afirmando que el PSOE está roto?

 

Sí, fue un diagnóstico que en ese momento se hacía patente ante lo que se estaba viendo en el Federal. Esas tensiones se han proyectado hacia afuera y vemos ahora mismo que hay posiciones muy divergentes. No es una ruptura consumada, por fortuna, pero tenemos que ser conscientes de que las distancias son muy largas entre posiciones. Hay un antagonismo muy fuerte y que se evidencia en los órganos del partido, no en la militancia. Si no se abordan estas situaciones y se resuelven los temas pendientes, la ruptura puede consumarse. No es desechable.

 

¿Qué recuerdos guarda de aquel fatídico día?

Los recuerdos están muy vivos. Se ha descrito con muchos calificativos, de bochornoso a lamentable. En algún momento yo hablé de vomitivo. Fue una jornada muy negativa política y humanamente. La imagen que se proyectó a la ciudadanía fue ciertamente penosa, de vergüenza colectiva. Esto no se arregla con lamentaciones, exige una voluntad política para recomponer la situación. Y no sólo con la retórica de vamos a coser los descosidos.

 

El PSOE va camino de la abstención tras los últimos movimientos, ¿cree que esa postura se impondrá el domingo?


Tiene ciertos visos de ser la postura mayoritaria, pero no doy por hecho eso. Yo abogo por mantener el ‘no’ a la abstención al PP porque sigue habiendo sólidas razones. En este caso, vamos a ver qué pasa. Hay federaciones que se inclinan de manera clara por la negativa a la abstención, como Cataluña, Baleares, Cantabria, Castilla y León y Euskadi. La cuestión está muy abierta a pesar de las posibles apariencias de la abstención. Incluso el PSOE en Andalucía no presenta una realidad tan compacta como la que ve desde fuera. Hay que debatir y votar y vamos a ver si hay otra posibilidad que ahora no hemos vislumbrado.

 

Cita a Andalucía y usted es de allí, ¿qué le parece que ya hable abiertamente la dirección de abstención desde este lunes?

 

A estas alturas hay cuestiones que no sorprenden, aunque ciertamente han presentado un recorrido que merece la crítica. Es criticable por ser un viraje tan drástico sin una argumentación suficiente. Tal como está la situación política, la crispación y la gravedad de la coyuntura, el lenguaje de la ‘urticaria’ de Juan Cornejoen exceso coloquial no favorece en nada al debate político ni a aclarar la posición del partido. También se puede pensar que no había mucha convicción en el ‘no’ que se estaba propugnando. Deja a la militancia en una situación de perplejidad grande. Parece ser que algunos y algunas no se tomaron esto con la seriedad que el caso requería. ¿Qué esperaban, que en algún momento se diera ese vuelco a la abstención y quien fuera secretario general se achicharra abogando por la abstención? Aparecen muchos interrogantes.

 

En la reunión en el Senado el presidente de la gestora, Javier Fernández, les dijo a los parlamentarios que había que elegir entre elecciones y abstención “en el terreno del mal menor”. ¿Para usted cuál es el mal menor?

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huffingtonpost.es

Por qué Pedro Sánchez vale hoy más que ayer

Después del golpe de Estado impulsado por Susana Díaz en el PSOE, Pedro Sánchez vale mucho más hoy que ayer. Sin lugar a dudas, tras la dimisión de 17 miembros del comité federal, Sánchez ha ganado muchos enteros, no sólo entre la propia militancia socialista, sino más allá. Las traiciones se pagan y lo que está viviendo el secretario general del PSOE es una puñalada trapera, una auténtico “motín de la oligarquía”, como califica Alberto Garzón en su arriesgado artículo (por aquello de opinar de cuestiones internas de terceros).

 

Lo que ayer sucedió en el PSOE quedará grabado en su historia como un día de vergüenza. Escuchar a políticos como Emiliano García-Page exigir a Sánchez que pida perdón a Felipe González y dimita tras las revelaciones de éste es inaudito. Ya fue ayer esperpéntico escuchar a González patalear diciendo que se sentía engañado porque, según él, en julio el todavía secretario general del PSOE le aseguró que el partido se abstendría para permitir un Gobierno de Rajoy. Y fue esperpéntico porque precisamente a primeros de julio el comité federal del PSOE se unió en el no a Rajoy.

 

Curiosamente, ese mismo comité federal que aprobó impedir un Gobierno de Rajoy es al que pertenece García-Page y al que pertenecen los otros 16 miembros que ayer dimitieron. Entonces, ¿de qué se quejan? Aquella decisión no fue cosa sola de Sánchez, también de ellos mismos. Sin embargo, cuando se monta un golpe de Estado, no se atiende a razones, sólo hay sed de sangre.

Y esa oligarquía del PSOE, esos amotinados son los mismos socialistas a los que la participación en democracia les agrada… hasta que les molesta. Los 17 dimitidos predican la participación cuando el resultado de ésta coincide con sus parecer, pero la detestan con que sólo exista el riesgo de que disienta. Lamentable. Esto se ha evidenciado cuando se han negado en redondo a que sea la militancia la que decida los próximos pasos. José Antonio Pérez Tapias está muy acertado al dudar que “los dimisionarios puedan mirar a los militantes a la cara”.


Las elecciones no se ganan con mítines en plazas o pabellones polideportivos, no se ganan en platós de televisión. Se ganan con la militancia, porque esa militancia es la que funciona como un altavoz, como una onda expansiva para captar votos, para ilusionar, para persuadir. Y la militancia del PSOE, hoy por hoy, está decepcionada, está cabreada. Pedro Sánchez puede gustar o no, pero lo que es innegable es que ha hecho más por la militancia que cualquiera de los 17 dimitidos. Lo que ha quedado patente es que hay intereses ocultos en defenestrar al actual secretario general que, lejos de dimitir, debería aprovechar la coyuntura para hacer limpieza en el comité federal.


Pedro Sánchez debería contar con la suficiente flexibilidad estatutaria para poder renovar ese comité y, dado que han renunciado quienes no comparten el actual proyecto -el mismo, no olvidemos, que aprobaron hace dos meses-, contar con nuevas incorporaciones que remen en la misma dirección. ¿Y quién marca esa dirección? La militancia, le pese cuanto le pese a Susana Díaz y sus acólitos. Acólitos, por otro lado, que no son únicamente esos 17 dimitidos, sino otros tantos dirigentes que ayer mismo se pronunciaron a favor del golpe de Estado… pero no dimitieron. Que sean íntegros, dimitan también y, entonces, dejen de ‘chupar del bote’. A eso se le llama integridad y honestidad; a todo lo demás, vileza.

David Bollero

 

publico.es

29/09/2016 14:01. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

REGENERAR EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRATICO

mayoral220916

¿Alternativas de Gobierno? Podemos comenzar descartando una; la que en cualquier país europeo dotado de una democracia solvente sería prácticamente imposible: la de un partido cuyo candidato ha sido recientemente rechazado en dos ocasiones en su intento de investidura por la mayoría parlamentaria del Congreso de los Diputados. Lo normal sería dar paso a otro candidato y a otro partido que gestionase otra mayoría parlamentaria distinta, sin tratar de descalificarla y boicotearla por todos los medios posibles, empecinándose contumazmente en un obsceno propósito de retener el poder.

 

Pero este, con ser grande, no sería el mayor de los despropósitos debidos a los perfiles abusivos y ventajistas de la manera demostrada de hacer política para la ocupación y explotación de las instituciones y servicios del Estado por parte del partido conservador. En cualquier país “de nuestro entorno”, donde por motivos mucho menores “el que la hace la paga”, pero de verdad, el PP y el Jefe de Gobierno habrían tenido que abandonar el poder hace tiempo, como consecuencia de las grandes responsabilidades en las que han incurrido debido a la metástasis que ha alcanzado la corrupción, afectando a su estructura partidaria y al manejo de las instituciones, servicios y establecimientos públicos. Lo que ha originado un importante efecto de desmoralización y degradación de la conciencia cívica de una parte no desdeñable de la sociedad, acentuada por la ostensible sensación de impunidad tantas veces transmitida por arrogantes detentadores de poderes y privilegios. Porque hasta aquí los repetidos escándalos, por abominables que hayan sido, no han causado apenas efecto sobre la férrea voluntad de mantenerse en el poder y, si acaso, unos tímidos propósitos de enmienda, divulgados solemnemente como si fuesen auténticos arrepentimientos.

 

Pero lo que ya supera todo lo política y racionalmente soportable es la pretensión de considerarse los inevitables e insustituibles salvadores de la Nación y de los restos de todos los naufragios que ellos mismos han provocado. Garantes de la supervivencia de nuestra Constitución, de la unidad de la Patria, salvadores de nuestra economía, de nuestras pensiones, de nuestro empleo, promotores de la “marca España”, etc., etc., e incluso adalides en la lucha contra los corruptos, como llegó a proclamar uno de sus meritorios jóvenes dirigentes, cuando acusaba a las restantes fuerzas políticas de haberles dejado solos y abandonados en la lucha contra la corrupción. Aquí ya se hace realidad una versión castiza del cuento de Borges, “El impostor inverosímil Tom Castro”, en su Historia Universal de la Infamia, en el que un “palurdo desbordante de vasto abdomen”, procedente de los bajos fondos de Londres, consiguió hacerse pasar contra toda lógica y evidencia por un elegante y culto aristócrata inglés, “un esbelto caballero de aire envainado” que había desaparecido en un naufragio varios años antes. Una lección sobre cómo la impostura puede triunfar, siempre que alguien tenga la osadía de actuar con “insensata ingeniosidad” para urdirla e imponerla, y otros, embargados por la angustia y el deseo de salir de la incertidumbre, asuman ciegamente la aceptación de cualquier cosa que se les ofrezca, aunque en nada se parezca a la realidad objetiva de las cosas.

 

Aunque algunos ya no se lo crean, o lo hayan olvidado, nuestra Constitución contiene el compromiso de crear un Estado social y democrático de derecho. Un modelo de Estado que ha sido objeto de un persistente proceso de degradación durante los cuatro años de gobierno del señor Rajoy. El Estado social se ha visto dañado y ha sufrido el efecto derivado del retroceso de los derechos sociales y sus servicios públicos instrumentales, y de leyes involucionistas como la LOMCE, las privatizaciones en la Sanidad, o las de contrarreforma laboral con el consiguiente crecimiento de la desigualdad y la marginación de cerca de un tercio de la población total del país. El Estado democrático ha visto severamente afectada su estructura y equilibrio durante el Gobierno de la derecha, por su afán de control sobre el Tribunal Constitucional, mediante la designación de magistrados ultraconservadores o descaradamente afines a su partido, la politización de los órganos superiores de la justicia y del Consejo del Poder Judicial, la conversión de los medios públicos de comunicación en instrumentos de propaganda del Gobierno, eliminando el estatuto de neutralidad e independencia con el que habían sido dotados por los socialistas, la limitación de las libertades, como la realizada por la Ley Mordaza. Y, lo que es más letal para la efectividad de los poderes del Congreso de los Diputados como órgano en el que reside la soberanía nacional, y no me refiero solamente al abuso de los decretos leyes y otras prácticas nefastas, entre las que últimamente han incluido la Presidencia de las Cortes como mera delegada de La Moncloa en la Carrera de San Jerónimo. Me refiero a la negativa de un Gobierno que alega estar en funciones a comparecer, dar cuentas y ser controlado por un Congreso de los Diputados, que está, por principio, siempre en la plenitud de sus facultades supremas soberanas. Tratar este asunto capciosamente como un simple conflicto de competencias administrativas, nos da una idea de quienes son realmente los que nos gobiernan aún, y de la escasa talla que tienen como demócratas, por su limitado compromiso con los elementos más esenciales de la democracia.

 

No existe nada más contrario al Estado de Derecho que la corrupción, cuya esencia consiste en hurtar fraudulentamente bienes públicos utilizando al mismo poder público, en burlar y violentar las leyes, abolirlas singular y arbitrariamente, con la complicidad, autoría o encubrimiento de autoridades o funcionarios, y lograr ilegítimos lucros y privilegios de carácter partidista o individual. La corrupción es la derogación del Estado de derecho. Es una práctica generalizada en las sociedades con Estados débiles o fallidos. Y, en este punto, debido al lamentable estado que hoy ofrece la imagen de nuestro país, todos podríamos compartir el lamento de Quevedo en una época también de desmoralización pública y de generalizada corrupción, “Señor excelentísimo, mi llanto ya no consiente márgenes, ni orillas”. Hasta aquí hemos llegado. Un paso más y nos convierten en república bananera señoreada por bandas y organizaciones para delinquir. Y, para rematar, no podemos olvidar otra faceta de la frívola farsa a la que hemos asistido: quienes farisaicamente aún se atreven a proponerse como adalides de la regeneración democrática han sido los mismos que suprimieron la educación ética para la ciudadanía democrática como materia común y obligatoria, para sustituirla por la religión y la educación financiera elemental.

 

Sobre una posible expectativa de rectificación y cambio del PP, para abrirse lealmente a pactar y garantizar un programa concertado de reformas, revisando las más dañosas que ellos mismos han introducido y moralizando la vida pública, podemos decir, como en el Dante !Perded toda esperanza! Vista su insincera negociación con Ciudadanos, carente de ilusión, y su actuación en el último debate de investidura realizado en el Congreso, más los arraigados vicios adquiridos que singularizan el comportamiento tortuoso de esta fuerza política, más bien podría esperarse lo contrario, que una vez reinstalados en el poder sería de temer, no solamente su tendencia natural al sofisma patriotero para justificar sus intereses e incumplimientos, sino lo que todavía sería peor, ufanos por su triunfo sobre todos los demás, acentuarían sus tendencias autoritarias, centralistas, egolátricas y antisociales. Por eso queremos creer que es ingenua -pues no es posible que sea indocumentada- la opinión de aquellos que por principio plantean que el lugar del PSOE es la oposición, dejando por tanto la puerta abierta a una posible abstención, ya que alguien tiene que gobernar y ahora el “turno” corresponde al PP. E igualmente infundada parece, si tenemos en cuenta lo anteriormente dicho, aquella opinión que empareja a PSOE y al PP como defensores de la Constitución de 1978, considerándolos a la par como los únicos valedores reales del actual “régimen” democrático. No es verdad. No todos han actuado de igual manera. El comportamiento de unos y otros para cumplir y hacer cumplir la Constitución no ha sido el mismo. Lo que para los socialistas ha sido letra viva, valores y compromisos básicos a cumplir, para esta actual versión castiza del viejo conservadurismo hispánico ha sido código cerrado, letra rígida y compromisos olvidados, salvo en la utilización de la Carta suprema como arma de combate contra los nacionalistas.

 

Desde la oposición, y contando con un Congreso mayoritariamente contrario al partido conservador, dicen algunos, se podría conseguir la derogación de leyes y reformas perpetradas por este y efectivamente controlar su acción de Gobierno. Sería algo así como una coalición negativa que también habría que montar y pactar con “podemitas e independentistas”, paradójicamente dedicada a no dejar gobernar a quien se afirma y se cree que debe gobernar, que naturalmente querrá por principio hacerlo, hasta donde pueda, a su manera y conforme a sus intereses. Algunos avezados políticos no reparan en la irrealidad de este planteamiento. Porque omiten el juicio que es preciso realizar sobre el funcionamiento de una Cámara de composición e intereses plurales, no concertados sino para dar algún golpe de mano ocasional, en la que ocupa un papel central un experto tahúr en el juego del mercadeo parlamentario, capaz de nadar cual tiburón entre las turbulentas aguas en las que flotan rivalidades y celos de tantos aislados sujetos partícipes en la partida.

 

No se trata de una simple metáfora. Porque, una vez lograda la investidura y teniendo a su disposición todos los recursos y resortes del poder que posee el Gobierno del Estado, que no son pocos ni simples, el partido que gobierna, si sabe manejarlos (y estos han demostrado ser consumados “viejos zorros”, para hacerlo), tiene importantes ventajas de partida que no tienen los demás para tomar iniciativas y amañar con dádivas, contraprestaciones y pactos coyunturales, y enmiendas a los Presupuestos Generales del Estado, o leyes de contenido económico, y un sinfín de oportunidades que conocemos en la práctica parlamentaria, para jugar con ventaja y salvar lo sustancial de sus políticas y sus intereses como partido, manteniendo prioritariamente su situación de preeminencia y aislando a los adversarios que estorben. Hasta que la coyuntura le sea propicia para dar por finalizada la legislatura y acabar el juego. Si con algún pretexto genérico e indemostrable, como el de garantizar la -se entiende buena- gobernabilidad del Estado, el PSOE entrase en este jardín enmarañado, entregando la llave al PP (el zorro guardando las gallinas) tras una “abstención técnica” (¡vaya concepto!), podría sufrir seguramente un desgaste acelerado y generalizado, superior al que experimentaría participando en una conjunción política que intentase y fuese capaz de poner en pie una alternativa de Gobierno para la regeneración democrática y la restauración del malparado Estado social y de derecho. Entre elegir el camino de facilitar la permanencia en el poder de un partido lastrado por el descrédito y las políticas antisociales, o el de asumir el riesgo de liderar una alternativa novedosa, juntamente con fuerzas políticas plurales y críticas, en este momento la tendencia del electorado socialista y de las bases militantes es mayoritariamente favorable a asumir la senda del riesgo y no la de facilitar la continuidad de la indignidad.

 

Una vez que el pueblo español ha decidido, al menos por ahora y no se sabe por cuánto tiempo, rebajar el valor del viejo bipartidismo, se ha abierto un escenario político diferente en el que han entrado nuevos actores, a los que se han repartido más papeles. La cuestión es saber si los nuevos actores de izquierda y los viejos partidos nacionalistas forman o no parte de la obra, si están o no están excluidos de cualquier combinación parlamentaria para participar, ellos también y en la parte que sea atribuible a su responsabilidad, en la solución de problemas que nos afectan a todos, embarcados en el mismo Estado. Porque si algunos han de estar marginados del diálogo para la búsqueda de soluciones compartibles de gobernabilidad, como pretenden PP y Ciudadanos y algunos veteranos y nuevos “barones” socialistas, resultaría que de los 350 diputados que tiene la Cámara, solamente 250 tienen un papel activo para decidir y pueden ser actores en la representación de la obra en el escenario. Pero el resto, hasta 100, quedan como actores pasivos, fuera de las tablas y excluidos de la obra. ¿Es este el camino para evitar que la representación final acabe en drama? ¿Se trata de otra versión renovada de la tragedia de las dos Españas y del auto de fe sobre la anti España? ¿Es sostenible, razonable y posible forzar al ostracismo a casi un tercio del Congreso, en un país en el que es preciso encontrar con urgencia una solución de gobernabilidad para todos y de todos, sin líneas rojas, ni tabúes irracionales e interesados por parte de nadie?

 

Solamente el PSOE, si está unido y legitimado en sus decisiones por sus máximos órganos de participación democrática, y no condicionado por malos usos oligárquicos, es entre todas las fuerzas políticas en presencia, quien tiene la capacidad y la experiencia necesaria, históricamente demostrable, para proponer e impulsar una conjunción política novedosa, capaz de lograr compromisos básicos para tratar las cuestiones fundamentales relativas a la regeneración y revitalización del constitucional Estado Social y Democrático de Derecho, y a la distensión del más grave conflicto territorial heredado, con la consiguiente ulterior apertura de un serio diálogo con los nacionalistas, cuya deriva independentista tanto ha crecido en Cataluña, como ha ocurrido otras veces cuando ha gobernado la derecha conservadora, seguramente debido a la reacción de desordenada rebeldía de los “separatistas” frente a las viejas y viscerales pulsiones centralistas y autoritarias de los “separadores”. El PSOE no ha sido, ni es, como ha demostrado en sus más de cien años de historia, ”separador”, ni “separatista”, pero sí decidido continuador de la tradición federalista republicana. Por eso está llamado a actuar, con los diputados que tenga, como impulsor y eje articulador en la actual encrucijada española. Se trata de un servicio que los socialistas deben prestar, seguramente con algún sacrificio, al pueblo español y a las nacionalidades que lo integran.

fundacionsistema.com

28/09/2016 13:43. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

El ataque frontal a las pensiones públicas

Vicenç Navarro - Consejo Científico de ATTAC España

 

Parece, a primera vista, una paradoja que uno de los grupos de la población que votó más a favor del Partido Popular ha sido el de los pensionistas, precisamente uno de los grupos poblacionales más perjudicados por las reformas que se han realizado durante estos años en los que tal partido gobernó España. Tales reformas continúan teniendo un impacto devastador en los beneficios que reciben estas personas a través de la Seguridad Social. Una de las causas de tal paradoja es la baja calidad de los medios a través de los cuales la población, incluyendo los ancianos, recibe información. Estos medios se caracterizan por su escasísima diversidad, dominados en su gran mayoría (en el caso de los medios públicos) por partidos políticos de persuasión neoliberal o socioliberal, o por intereses financieros, es decir, los bancos, a los cuales deben gran cantidad de dinero y a los que no quieren antagonizar (en el caso de los medios privados). Estos intereses financieros no desean que se conozca lo que está pasando con las pensiones públicas en este país, pues son ellos (y a través de su claramente excesiva influencia sobre el Estado y sobre los partidos neoliberales y conservadores, como el Partido Popular) los que han liderado el mayor ataque frontal a las pensiones públicas que se conoce en la Unión Europea de los Quinze (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al español). Y aquellos que crean que esta frase es una exageración, les aconsejo que vean los datos.

España es el país de esta comunidad europea que tiene unas pensiones más bajas y que las verá reducirse más marcadamente en los próximos años, de manera que si la pensión cubría en el año 2011 (cuando el gobierno Rajoy inició su mandato) como promedio el 72,4% del salario que el pensionista recibía cuando trabajaba, será el 56% en el 2060 (según la Organización Internacional del Trabajo), una de las bajadas más intensas en la UE-27. El impacto de las reformas iniciadas por el PSOE y desarrolladas al máximo por el PP, es devastador, pues, a partir de ellas, las pensiones no se actualizan para mantener la capacidad adquisitiva de los pensionistas, ya que no se corrige la pensión según la inflación. En su lugar, el gobierno Rajoy diseñó una fórmula que discrimina a los pensionistas de mayor edad, de manera que, a mayor edad, mayor reducción de las pensiones. Es importante señalar que esto ya se está aplicando. Lo que ocurre es que los pensionistas no lo han notado todavía porque estamos en un periodo de deflación, una situación atípica, pues la inflación en la mayoría del periodo anterior a la deflación ha sido siempre mayor en España que el promedio de la UE.

 

El silencio, cuando no ocultación, de los medios

Estas reformas y sus consecuencias apenas han salido en los mayores medios de información y persuasión del país. En su lugar, tales medios presentan una visión idealizada de las pensiones públicas, presentándolas como exuberantes, pagadas, además, por los jóvenes, a los cuales se les informa que, debido a tales exuberancias, las pensiones públicas no sobrevivirán y colapsarán, dejándoles a ellos sin ninguna pensión. Se estimula así un conflicto etario, presentando a los ancianos como explotadores de los jóvenes. Un ejemplo de ello es un programa reciente de la televisión pública catalana, TV3, controlada por el partido de sensibilidad liberal, Convergència Democràtica de Catalunya (ahora Partido Demócrata Catalán), que ha gobernado casi siempre en Catalunya (excepto en los años del tripartito). En tal programa  sobre las pensiones (“30 minuts”, 03.07.16), uno de los entrevistados (la mayoría de los cuales eran próximos, cuando no representantes, a la banca y a las Fundaciones establecidas y financiadas por la misma, como FEDEA) añadió que las pensiones públicas son las más generosas, no solo de la UE, sino nada menos que del mundo (sí, lee bien, del mundo), lo cual no es cierto y se puede mostrar fácilmente.

Pero esta situación es aún peor, pues los porcentajes de sustitución de las pensiones se calculan sobre el nivel salarial promedio que en España es, por cierto, de los más bajos de la Unión Europea de los Quince (UE-15). Los indicadores adecuados para tales comparaciones son los que comparan la capacidad adquisitiva de los ancianos pensionistas, viendo qué es lo que una persona anciana, tras 35 años de trabajo, recibe del Estado, en España, y en los otros países de la UE-15. Verán, si lo hacen así, que esta cifra (consecuencia del escaso nivel de su salario) es de las más bajas de la UE-15. En realidad, España se gasta en pensiones mucho menos de lo que debería gastarse por su estructura demográfica (que es muy semejante al promedio de la UE-15) y por su nivel de riqueza. El gasto actual en pensiones de jubilación es un 7,8% del PIB según EUROSTAT, uno de los más bajos en la UE-15. De todo esto, el programa de TV3 no dijo nada, tal como era predecible. En realidad, la mayoría de argumentos que se utilizan para defender la postura neoliberal de que hay que reducir las pensiones son argumentos que no se sustentan en base a la evidencia científica existente.

 

La falsedad del determinismo demográfico

Es casi imposible leer un artículo sobre la supuesta insostenibilidad de las pensiones de jubilación sin que aparezca el argumento de que la transición demográfica que estamos viendo en nuestros países, con un número cada vez mayor de ancianos y un número menor de jóvenes (que supuestamente deberían pagar las pensiones públicas de los primeros), está creando un problema gravísimo que hará imposible mantener tales pensiones. Este argumento se repite constantemente. No deja de ser paradójico que este argumento se esté utilizando ahora también, cuando España está exportando más y más jóvenes, resultado de la enorme crisis que está viviendo, situación que es más que probable que continúe. España no tiene un problema de falta de jóvenes. El problema es la falta de trabajo para los jóvenes.

Ahora bien, supongamos que todos los jóvenes estén trabajando y ninguno tenga que irse de España para conseguir trabajo. ¿Sería entonces cierto y válido el argumento de que a menos trabajadores, menos aportaciones a la caja de la Seguridad Social para los jubilados? La respuesta también sería que no. En realidad, existe hoy una percepción bastante generalizada de que tenemos un problema grave con la introducción de robots, que están sustituyendo a los trabajadores. Según esta tesis, habrá en el futuro un superávit de trabajadores y, en parte, el aumento del desempleo será resultado de las nuevas tecnologías, sustitutas de los trabajadores. Tales nuevas tecnologías están, supuestamente, incrementando la productividad, de tal manera que lo que hacían antes veinte trabajadores, ahora lo hace uno. Siguiendo el mismo argumento, se puede y debe argumentar que, si antes se necesitaban tres trabajadores para pagar la pensión de un jubilado, dentro de cincuenta años se necesitará sólo el cuarto de un trabajador para sostener a un jubilado.

No se puede argumentar, por un lado, que nos faltarán trabajadores y, por el otro, indicar que va a haber un exceso de trabajadores debido a los robots y otras tecnologías. Es más, la robótica no necesariamente destruye puestos de trabajo pues, que lo haga o no, depende de varios factores, siendo uno de ellos la demanda de productos producidos por la robótica, la cual puede depender, no sólo de los salarios de los trabajadores,  sino también del nivel y del número de pensiones. A mayor nivel de pensiones y mayor número de pensionistas, mayor es la demanda de productos y servicios, y, con ello, mayor estímulo económico y mayor creación de riqueza. El mayor crecimiento de la productividad en EEUU fue durante el periodo post II Guerra Mundial, 1947-1975, cuando el crecimiento de la demanda fue mayor (debido a la expansión salarial y del Estado del Bienestar), mostrando que no es la tecnología en sí, sino el contexto en el que opera, lo que explica que la tecnología puede o no incrementar la productividad (para una crítica de la revolución digital y su supuesto impacto, ver mi artículo “La falacia del futuro sin trabajo y de la revolución digital como causa del precariado”, Público, 12.07.16).

 

¿Qué debería hacerse?

El mayor peligro para las pensiones públicas han sido las políticas neoliberales (y, muy en especial, las reformas laborales) que, además de destruir empleo, han causado un enorme deterioro del mercado de trabajo, con un gran bajón de los salarios y un gran aumento de la precariedad, cambios que falsamente se presentan como consecuencia de la revolución digital, cuando, en realidad, son resultado de la contrarrevolución neoliberal y socioliberal. Las reformas liberales iniciadas por el PSOE y expandidas por el PP, con la aprobación de Convergència Democràtica de Catalunya y Ciudadanos, significaron un ataque frontal a las pensiones. De nuevo, el programa de TV3 no dijo ni pío de ello. La necesidad más importante para garantizar las pensiones en España es alcanzar el pleno empleo con salarios altos, lo cual es posible si hay voluntad política. Si hubiera en España el mismo porcentaje de población (hombres y mujeres) que trabaja que en Suecia, y tuvieran los mismos salarios y la misma carga fiscal, no tendríamos ningún problema para sostener las pensiones. La reducción de los salarios y la precarización de la población trabajadora (que han estado ocurriendo durante los años del gobierno Rajoy, consecuencia de sus políticas) han significado una enorme amenaza a la viabilidad del sistema de pensiones públicas.

 

La necesidad de redistribuir las rentas como medida de apoyo a las pensiones

Debería ser obligatorio que las cotizaciones sociales para las pensiones fueran progresivas, de manera que los dirigentes del IBEX-35 cotizaran a la Seguridad Social un porcentaje de sus salarios, si no superior, al menos igual al que cotizan sus empleados. Ello es necesario, no solo por razones de equidad financiera (corrigiendo la falta de progresividad en las cotizaciones sociales), sino por consideraciones de justicia social. La explotación que existe en el actual sistema de pensiones no es el tan manoseado conflicto etario, sino el conflicto social. Es injusto que, en términos proporcionales, la persona de limpieza de los edificios dirigidos por los directivos y gestores del IBEX-35 pague más a la Seguridad Social que los dirigentes que pertenecen a una clase social que vive, como promedio, ocho años más que la persona de limpieza. Así, el retraso de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, aprobado por el PP y por el PSOE, significa que la persona de limpieza tiene que trabajar dos años más para pagarles sus pensiones a los dirigentes del IBEX-35, que vivirán ocho años más. Ello significa una injusticia enorme, de la cual los medios mantienen un silencio ensordecedor.

Las cantidades que se podrían obtener para las pensiones si el pago por cotizaciones sociales se corrigiera para ser más progresivo podría alcanzar la cifra de más de 7.500 millones de euros al año. ¿Por qué no se hace? La respuesta es fácil de entender: los ricos tienen mucho más poder político y mediático que los demás, y mucho más que los pobres.

Lo que la banca prefiere es indicar que las pensiones públicas son insostenibles, y de ahí que promueva que la gente joven se vaya rápidamente a la banca y a las compañías de seguros para hacerse un plan de pensiones privado. Y, por si fuera poco, piden al Estado que les paguen un subsidio de más de 2.000 millones de euros al año para sostener tales pensiones. Este subsidio público –que podría ir a enriquecer las pensiones públicas- es la exención fiscal que no se paga al Estado para estimular la privatización de las pensiones. Hay que tener en cuenta que las pensiones privadas son mucho más vulnerables que las públicas, como se ha visto en la crisis financiera actual, que tuvo un efecto devastador en tales pensiones, quedando los beneficios prácticamente anulados para millones y millones de personas.

 

El silencio mediático se ha roto hace unos días. El saqueo del Fondo de Reserva de la Seguridad Social

Este silencio sobre el ataque a las pensiones se rompe de vez en cuando, y las últimas noticias muestran que el gobierno Rajoy ha estado sacando dinero del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, 8.700 millones, para poder pagar la paga extra de julio a los pensionistas, hecho que se conoció en los días siguientes al día de las elecciones del 26 de junio, pues el gobierno Rajoy quiso ocultarlo hasta el último momento. Este gobierno ha reducido este Fondo durante su mandato, creando un agujero de nada menos que   41.600 millones, alrededor del 4% del PIB, según el propio Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Y la pregunta que debe hacerse es: ¿hubieran los pensionistas votado al gobierno Rajoy si hubieran conocido todos estos datos presentados en este artículo?

Unidos Podemos y PSOE introdujeron reformas que iban en la buena dirección, en el intento de resolver el gran problema de las pensiones (aunque las de Unidos Podemos eran más realistas y ambiciosas que las del PSOE). Entre ellas, ha tenido más visibilidad la propuesta de financiar las pensiones, sobre todo las no contributivas, con fondos generales del Estado, siguiendo las huellas de varios países (como Dinamarca) que financian las pensiones públicas a través de las contribuciones del Estado.

Es necesario, sin embargo, que exista un cambio sustancial en el origen de los ingresos al Estado (sea este central, autonómico o municipal) antes de realizar tal medida, pues hoy la gran mayoría de los ingresos deriva de las rentas del trabajo, rentas que, por cierto, han disminuido como porcentaje de las rentas totales, a costa de un crecimiento de las rentas del capital, que ha alcanzado unos niveles sin precedentes. Hoy, en España, las rentas del capital han alcanzado casi la mitad de las rentas totales del país, un hecho no conocido hasta ahora. La pobreza del Estado del Bienestar en España se basa, precisamente, en este hecho, en la excesiva dependencia que los ingresos al Estado tienen de las rentas del trabajo, que han ido disminuyendo y disminuyendo (mientras que las rentas del capital –que pagan muchos menos impuestos- han ido aumentando). De ahí que sea imperativo que las rentas del capital sean gravadas, al menos, al mismo nivel que las rentas del trabajo, aunque sería preferible que, para reducir las enormes desigualdades existentes en España, se gravasen incluso más que las derivadas del mundo del trabajo. Esto corregiría el enorme déficit de ingresos al Estado y de las transferencias (como las pensiones), así como de los servicios públicos del Estado del Bienestar (como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social, entre otros), todos ellos muy poco financiados en España.

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

23/08/2016 10:28. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

El PSOE y el Trilema de Münchhausen

JOSÉ ANTONIO PÉREZ TAPIAS

<p>Susana Díaz y Pedro Sánchez</p>

Susana Díaz y Pedro Sánchez

LUIS GRAÑENA
10 DE JULIO DE 2016

 

El Partido Socialista intenta algo parecido a lo que se nos narra en el delicioso librito Las aventuras del Barón de Münchhausen. Entre éstas es especialmente recordado el pasaje en el que el barón, en un trance de sus aventuras bélicas contra los turcos, cayó a un lodazal, sin otro recurso para salir del mismo que tirar de sus propios cabellos, lo cual, en el fantasioso relato dieciochesco, acabó siendo operación tan exitosa que el noble consiguió no sólo salvarse él, sino salvar también a su caballo, quedando así acreditada la resistencia de su propia cabellera. Es cierto, sin embargo, que hay cosas que sólo pasan en los cuentos, o en su equivalente contemporáneo de los relatos de ciencia ficción.

 

¿De qué intenta salvarse el PSOE tirando de sus figurados cabellos propios? Es muy compleja y está plagada de cortantes aristas la situación en que se mueve el más que centenario partido que en España ha representado la tradición socialista. La verdad es que no sorprende que se haya visto arrojado a un pozo del que no es fácil salir, pues si la clamorosa pérdida de votantes no hace sino verificar el deslizamiento hacia un fondo que aún podría hundirse más abajo, lo peor de tan tenebroso lugar es que en él se pisa sobre el embarrado suelo de las propias contradicciones. El peligro es que el mucho patalear en él a causa de un desconcierto rayano en el pánico puede provocar un verse cada vez más atrapado en esas oscuras arenas, en vez de lograr salir de ellas emulando al envidiado barón.

 

La verdad es que el PSOE afronta un endiablado trilema, que recuerda a ese otro al cual el filósofo Hans Albert le dio precisamente el nombre de “trilema de Münchhausen", refiriéndose con él a las salidas en falso que se pretenden cuando se trata de fundamentar el conocimiento: no valen ni un regreso al infinito al remitir indefinidamente una premisa a otra, ni un círculo lógico que siempre sería vicioso, ni un cortar por lo sano zanjando dogmáticamente la cuestión. Para Albert pretender una fundamentación última de un conocimiento verdadero es tarea imposible, y ya podría tirarse de los pelos todo cuanto quisiera el barón de turno, que no haría más que acentuar su inmersión en un escepticismo irresoluble. ¿Le pasará eso al PSOE? ¿Cuál es su trilema, que, como la denominación indica, es más y peor que un dilema?

 

Una primera posibilidad, que es la que precisamente el PSOE ha ratificado en su último comité federal, recogiendo lo que venía diciendo en campaña electoral, es mantenerse indefinidamente en el “no” a la investidura al candidato del PP para la presidencia del gobierno. Sin duda, es posición coherente, y se refuerza encadenando los motivos para la negativa. La cuestión que surge, no obstante, es si el PSOE la podrá mantener indefinidamente, pues surgen dudas en la opinión pública acerca de su capacidad de resistencia. Una negativa que no sea capaz de disipar dudas respecto a ella se convierte en factor de desgaste; por ello, si no se sale de ahí, puede derivar tal posición un extremo del trilema, es decir, una salida que comporta alguna contradicción con consecuencias negativas.

 

Una segunda posibilidad, o segundo “cuerno” del trilema que el Partido Socialista afronta, es la relativa a la abstención a la que pueden empujarle las evidentes presiones ejercidas desde fuera y desde dentro del mismo partido, con la cual, tras haber dado un “no” al candidato de la derecha, acabaría cediendo para su investidura atendiendo a invocaciones (de ninguna manera indiscutibles, sino todo lo contrario) a la “responsabilidad de Estado” o al “interés de España”. Cualquier observador atento a la dinámica del PSOE puede certificar por adelantado el coste negativo de tal opción, que lleva a calificarla como mala salida: a la tremenda dificultad de convencer a propios y ajenos de la conveniencia y justeza de dar el salto desde un enfático “no es no” a una vergonzante abstención que no salva la coherencia, se añade el hecho de contribuir a que se perciba la posición socialista como connivente con el PP, dejando libre un amplio campo de oposición que otros, como Podemos, ocuparían de inmediato.

 

La tercera, que ciertamente aparece como “cuerno” del trilema que ensarta mortalmente a quien no se mantenga a distancia, es la posibilidad de acabar propiciando unas terceras elecciones. Es lo que puede ocurrir por sostener que al candidato popular no se le apoya ni por activa ni por pasiva, si éste, como consecuencia de ello –aunque no sea exclusivamente por el PSOE, se le apuntará a su cuenta-, no logra la investidura, produciéndose una nueva situación de bloqueo institucional. El mero mentar unas terceras elecciones provoca tales temores en todos que bien se puede pensar que en ese caso se trata de una especie de inédito horror vacui, ya que es una excepción, toda vez que en política se ocupa de inmediato cualquier vacío que se produzca. En tan insólitas circunstancias como las actuales, nadie quiere imaginarse en esa situación, la cual se vislumbra como catástrofe política por las imprevisibles reacciones que pueda tener el electorado convocado a votar de nuevo. Se teme sobre todo el vacío que en torno a él tendría que soportar el partido sobre el que recayera la acusación de culpabilidad por haber permitido llegar a tal extremo. Y al PSOE le tiemblan sus más profundas entretelas al verse con muchas cartas para que le tocara tan horrible papel.

 

Con estas tres posibilidades sobre la mesa, no hay solución para el trilema, que por eso es tal. Sucede entonces que el PSOE, con su secretario general a la cabeza, echa el resto intentado la operación del barón: escapar de la encerrona tirándose de los pelos. Es así como defiende simultáneamente el “no” a apoyar en la investidura al candidato popular, no a la abstención y no a terceras elecciones. Pero cualquiera sabe que esas tres cosas a la vez es algo imposible, de ahí el escepticismo ante la solidez del “no”, la desconfianza ante la negativa incluso a la abstención y la seguridad de que se huye ante la expectativa de nuevas elecciones. Es decir, en el orden factual de la política, digan lo que digan otros barones y baronesas, no hay lugar para un exitoso barón de Münchhausen. ¿Está todo perdido para el PSOE, sin alternativa frente a esas tres malas salidas que tan terrible trilema supone?

 

Quizá convenga tener en cuenta que las tesis del falibilismo ilimitado de Albert no sólo han sido discutidas, sino que han recibido interesantes respuestas que apuntan a una alternativa al trilema que él planteaba respecto a la imposible fundamentación última en cuanto a pretensiones de conocimiento verdadero. Tal como estaba expuesto, el trilema es sin salida, pues todas comportan contradicciones o negatividades que las invalidan. La cuestión estriba en presentar una alternativa más allá de las salidas dibujadas, una alternativa en un plano distinto, como intentó, por ejemplo, Karl-Otto Apel con una fundada justificación de las pretensiones de verdad desde una órbita distinta, teniendo en cuenta los insoslayables presupuestos con que operamos en la misma comunicación lingüística, incluso para formular la crítica a las falsas vías de fundamentación señaladas por el trilema de Albert. Por tanto, salvando las distancias…, la cuestión para que el PSOE, y con él otras fuerzas políticas, no se vea mortalmente atrapado en el trilema que le afecta pasa por presentar una alternativa.

 

La alternativa posible no es otra que darle consistencia al “no” que se defiende contra un candidato del PP, desde presupuestos ético-políticos ineludibles en una democracia constitucional. Es decir, la exigencia de no apoyar al candidato de un partido que no sólo pretende seguir aplicando políticas antisociales y autoritarias, sino que no muestra voluntad de hacer frente efectivamente a la corrupción que le afecta, implica que las razones del “no” se asuman de manera consecuente y dinámica.

 

Decir “no” al candidato de esa derecha no debe ser mero paso táctico o una posición de coyuntura a la espera de nuevas condiciones, sino una cuestión de principios susceptibles de ser compartidos por un amplio espectro del arco parlamentario. Y es a ese espectro al que el candidato socialista, si se llega a constatar que el candidato Rajoy no obtiene una mayoría suficiente, ha de dirigirse apelando a las razones de dignidad democrática que avalan un “no” que al presentar de nuevo su candidatura para la presidencia del ejecutivo se transformaría en un “sí” a un gobierno alternativo. El trilema de Münchhausen, sin ilusorias cabelleras, podría ser así superado, salvo que un ataque de resignación atenazara a la izquierda y a otras fuerzas políticas de manera que no nos libráramos de hundirnos en el lodazal. Pero posible alternativa, ¡claro que la hay!

 

 

AUTOR

  • José Antonio Pérez Tapias

    Es miembro del Comité Federal del PSOE y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada. Es autor de Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)

ctxt.es

11/07/2016 09:28. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

¿Es Ciudadanos un partido de centro?

Vicenç Navarro

 

Una peculiaridad de España, incluyendo Catalunya, es que, a consecuencia del enorme descrédito de las derechas en este país (acentuado sobre todo a partir del fin de la dictadura de derechas que gobernó España durante casi cuarenta años), no hay ningún partido que se presente como partido de derechas. De ahí que las derechas deseen presentarse como partidos de centro. Parecería, pues, que en España un partido se presenta como de centro cuando le avergüenza presentarse como un partido de derechas. Es así, pues, como se definen a sí mismos el PP y Convergència, y ahora también Ciudadanos, que es la versión renovada del PP (refiriéndose a él, a nivel de calle, como el “Frente de Juventudes del PP”). Objetivamente, el PP pertenece, en el Parlamento Europeo, a la familia conservadora-liberal, y Ciudadanos y Convergència a la misma familia liberal. Fuera de España, sin embargo, a las familias políticas conservadoras y a las liberales se las conoce como derechas. No así en este país, donde se las conoce e identifica como centro.

 

Esta diferente manera de definir los partidos políticos, sin embargo, crea bastantes confusiones. Por ejemplo, miembros del Parlament de Catalunya pertenecientes a Ciudadanos y al PP forman parte de la Asociación Catalana de Comunicación, Investigación y Estrategia Políticas (ACCIEP), que está promoviendo la fundación estadounidense The American Enterprise Institute, que es conocida en EEUU por su proximidad al Partido Republicano, un partido claramente de derechas (en realidad de ultraderecha). Su director es Arthur C. Brooks, autor de la Biblia de la ultraderecha estadounidense llamada Camino a la libertad: cómo ganar la lucha a favor de la libre empresa (The Road to Freedom: How to Win the Fight for Free Enterprise), un panfleto a favor del capitalismo sin guantes, en su versión más pura. Dicho libro es hoy el punto de referencia intelectual de la ultraderecha estadounidense y de América Latina.

 

Este señor fue invitado por la tal asociación a dar sus puntos de vista sobre Catalunya, conferencia en la cual definió los problemas de España y Catalunya y las posibles soluciones para este país. Según el Sr. Arthur C. Brooks, el problema de España (incluyendo Catalunya) es que el capitalismo de aquí es demasiado blando, con excesivas reglas y protecciones: se necesita un capitalismo más puro y más duro. Según él, hay demasiados impedimentos para que este pueda expresarse tal como es. También dijo que Europa debería “americanizarse”, que quiere decir adoptar el sistema económico y social de aquel país que, se caracteriza por su escasísima protección social.

 

En respuesta al “peligro” de que las nuevas fuerzas progresistas emergentes llegaran a gobernar, subrayó que permitir que España (incluyendo Catalunya) se convirtiera en país socialdemócrata sería una enorme pérdida para el mundo. Y hablando de Catalunya, su consejo fue que Catalunya debería transformarse en el Hong Kong de Europa. Hong Kong es la ex colonia británica situada en el continente chino que tiene menos protección social y laboral en aquel continente. Supongo que, para Ciudadanos (y para el PP), las declaraciones de tal personaje son declaraciones de una persona de centro.

 

La hipocresía de Ciudadanos (y del PP)

 

Una última observación. Muestra la baja talla intelectual de la derecha española (PP y Ciudadanos) que esté intentando centrar su estrategia electoral en la situación venezolana, en un intento de identificar la coalición Unidos Podemos con el gobierno que ha sido elegido en aquel país, y que según las derechas se ha transformado en una dictadura. La complicidad de los grandes medios de información y persuasión en promover esta percepción de lo que ocurre es absoluta, campaña dirigida por El País, un rotativo que también, por cierto, se define de centro. Tal diario también ha intentado convencer (como también lo han hecho el PP y Ciudadanos) a su decreciente audiencia de que Podemos está financiado por el gobierno venezolano, en contra de la evidencia existente y confirmada por los tribunales españoles, que han concluido, todos ellos, que ello no es cierto.

 

Independientemente de las simpatías que uno tenga por aquel gobierno, es necesario recordar dos hechos que muestran la enorme hipocresía de las derechas en España. Uno es que todos los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos indican que es en Honduras donde tales derechos están siendo violados diariamente, con asesinatos continuados de dirigentes de movimientos sociales, periodistas y sindicalistas, realizados con la autoría y/o complicidad del Estado y de los partidos gobernantes que pertenecen a las mismas familias políticas –la conservadora y la liberal- a las cuales pertenecen el PP y Ciudadanos. Incluso en el caso (más que improbable) de que las acusaciones de violaciones de los derechos humanos hechas por las derechas españolas en contra del gobierno venezolano fueran ciertas, tales violaciones  palidecen frene a las que están ocurriendo en Honduras. Pues bien, tales partidos y tales medios (que se definen todos ellos de centro y grandes defensores de los derechos humanos) han permanecido en un silencio ensordecedor sobre lo que ocurre en Honduras, mostrando, con este silencio, que en realidad los derechos humanos no les importan en absoluto. Lo que les importa es utilizarlos vergonzosamente para atacar a Unidos Podemos en España. Su interés en Venezuela parece traducir su deseo de alejarse de España, donde la aplicación de las políticas de austeridad que el PP y Convergència han estado imponiendo a España y a Catalunya, con el aplauso de Ciudadanos, ha dañado enormemente los derechos laborales y sociales de sus clases populares. De ahí su interés de que la atención se desplace hacia Venezuela. Así de claro.

nuevatribuna.es

02/06/2016 09:48. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

Para los que se autoproclaman: “Soy de izquierdas”

 

Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: “Soy de izquierdas”. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque  luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante, la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla. 

 

Dicen que son de izquierdas, y emiten frases en relación a la población inmigrante o minorías étnicas, claramente racistas y xenófobas, como  “los inmigrantes nos quitan nuestros puestos de trabajo y se aprovechan de las subvenciones públicas”, “no hace falta que vengan los refugiados”, “vienen a parir aquí porque les resulta gratis” o “conozco a un gitano que tiene dos pisos”, y además contratan a chicas sudamericanas o rumanas para cuidar a sus padres ancianos o sus hijos pequeños con unos sueldos de miseria. Dicen que son de izquierdas, y llevan a sus hijos a centros educativos concertados o privados dirigidos por congregaciones católicas, para que no compartan pupitres y no se mezclen con gitanos, inmigrantes o disminuidos psíquicos. Dicen que son de izquierdas, y cuando tienen necesidad de atención sanitaria recurren a clínicas privadas, para que su esposa embarazada no tenga que guardar fila detrás de una senegalesa, ecuatoriana o ucraniana. Dicen que son de izquierdas,  y les parece una estupidez después de 75 años con los problemas que tiene España, perder el tiempo en desenterrar los cuerpos yacentes en cualquier carretera comarcal o basurero de las afueras de cualquier pueblo de los 125.000 republicanos asesinados por los fascistas, precisamente por defender los principios y valores de la izquierda. Dicen que son de izquierdas, y defraudan a Hacienda todo lo que pueden, aceptando facturas sin IVA o pagando con dinero negro la compra de su vivienda. Dicen que son de izquierdas, y cuando los sindicatos, a los que atacan vorazmente con más vehemencia incluso que la derecha o la clase empresarial españolas, convocan una huelga general por cuestiones tan intrascendentes como la vigente Reforma Laboral, no la secundan con la contundente excusa “es que tenemos que pagar la hipoteca”. Dicen que son de izquierdas y compran la ropa en cualquier gran Centro Comercial, sin importarles que haya sido fabricada en un suburbio de alguna ciudad asiática, donde trabajan hombres, mujeres, niños y niñas en un régimen de esclavitud. Dicen que son de izquierdas, y se regocijan con la rebaja del sueldo a los empleados públicos, y no se indignan como debieran por la eliminación de cientos de miles de plazas públicas en educación, sanidad o servicios sociales, sin apercibirse de que ello supone un grave e irreparable deterioro del Estado de bienestar.  Dicen que son de izquierdas, y les molestan las prestaciones por desempleo por su alto costo, al considerar a los parados como vagos y defraudadores, tal como dijo nuestra ínclita vicepresidenta del Gobierno y aquella diputada de infausto recuerdo cuando emitió “Que se jodan”. Dicen que son de izquierdas, y les resulta intolerable el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dicen que son de izquierdas, y compran la prensa de derechas, por lo que la de izquierdas tiene gravísimos problemas económicos, que propician su desaparición o está a punto de hacerlo. Dicen que son de izquierdas, y les parece irrelevante e intrascendente que el alcalde de su localidad, el presidente de su comunidad autónoma, ministros o jefes de Gobierno asistan codo con codo con las autoridades religiosas católicas a actos litúrgicos de misas y procesiones multitudinarias, Jornadas Mundiales de la Juventud, beatificaciones de los mártires católicos, incumpliendo el artículo 16 de nuestra Carta Magna, que especifica con claridad meridiana la aconfesionalidad del Estado. Dicen que son de izquierdas, y les parece normal, por lo que no la cuestionan, la institución monárquica, siendo una reminiscencia caduca del Antiguo Régimen. Dicen que son de izquierdas, y les resulta imposible el entender y el asumir que determinados ciudadanos del Estado español, pretendan ejercer el derecho de autodeterminación, profundamente democrático. Dicen que son de izquierdas, y pusilánimes permiten que se arrojen por el sumidero de la historia todo un conjunto de conquistas sociales heredadas de las generaciones que nos precedieron y que ya no disfrutarán las venideras. Dicen que son de izquierdas, y acongojados no se rebelan en masa ante tantos atropellos por parte de nuestros gobernantes envalentonados y crecidos, que algún día los expertos calificarán como una especie de suicidio colectivo, perverso e imprevisible, y que nos está devolviendo al siglo XIX. Dicen que son de izquierdas, y luego no votan a los partidos de izquierda, ya que si lo hubieran hecho,  el PP no hubiera alcanzado el gobierno.

 

De verdad, estas actuaciones me sorprenden sobremanera, ya que parecen estar muy lejos de la esencia de una autentica ideología de izquierdas, cuyos valores incuestionables son la defensa de la libertad, igualdad y fraternidad, y la justicia social.

 

Para todos aquellos a los que me he referido en las líneas precedentes, les quiero transmitir alguna reflexión de Luigi Ferrajoli. Es opinión muy generalizada en esta vorágine neoliberal que la distinción entre derecha e izquierda sea cada vez más cuestionada. Al respecto Ferrajoli discrepa. Nos dice que quien niega tal distinción, su pretensión en realidad es negar el papel y la razón de ser de la izquierda e ignorar la cuestión social. La idea de que todos los partidos son iguales y de que la política es algo sucio y perverso es el lamento tramposo e interesado de quien busca la destrucción del espíritu cívico. Además añade un segundo criterio diferenciador, ya advertido porNorberto Bobbio: el valor de la igualdad y de la igual dignidad de las personas en la cultura de la izquierda, valor ajeno a la cultura de la derecha. Con precisión nos dice que la identidad de la izquierda proviene de la conjunción de un Estado liberal mínimo y de un Estado social máximo: consistente uno en un paso atrás de la esfera pública para garantizar las libertades, y el otro un paso adelante para garantizar los derechos sociales (DS). En cambio, la derecha defiende lo contrario: derecho penal máximo-en España ley mordaza-, y Estado social mínimo, promovido por los neoliberales. En definitiva, la identidad de la izquierda está más de acuerdo con los valores constitucionales: con el principio de igualdad, con el de la dignidad de las personas, con el de la solidaridad social y, sobre todo, con el conjunto de los derechos fundamentales, que equivalen a todos-desde los derechos de libertad a los DS- a otras tantas leyes del más débil, alternativas del más fuerte, que serían las vigentes en ausencia de las primeras.

 

Mas, si no fuera bastante por lo expuesto recurro a una definición de “izquierda" del humorista italiano, Sergio Staino: "Es una disposición mental y ética que precede a la elección política. Es una actitud de bondad fundamental hacia el hombre y el mundo, un sentimiento íntimo de benevolencia".

 

Cándido Marquesán Millán


nuevatribuna.es

23/05/2016 08:33. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

Fiscalización sobre la utilización de la encomienda de gestión regulada en la legislación de contratación pública aplicable por las Entidades del Sector Público de la Comunidad Autónoma, en coordinación con el Tribunal de Cuentas

INFORME DE FISCALIZACIÓN SOBRE LA UTILIZACIÓN DE LA ENCOMIENDA DE GESTIÓN REGULADA EN LA LEGISLACIÓN DE CONTRATACIÓN PÚBLICA APLICABLE POR LAS ENTIDADES DEL SECTOR PÚBLICO DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA, EN COORDINACIÓN CON EL TRIBUNAL DE CUENTAS, correspondiente al Plan Anual de Fiscalizaciones para el ejercicio 2015 y el tratamiento de las alegaciones.

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IV. CONCLUSIONES

 

1) No se ha observado ningún incumplimiento de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, dentro del objeto y el alcance de las actuaciones fiscalizadoras de este informe. (Apartado III)

 

IV.1. CONCLUSIONES GENERALES Y SOBRE LA PLANIFICACIÓN DE LAS ENCOMIENDAS

2) De los expedientes analizados se deduce que la actividad de la Administración de la Comunidad en materia de encomiendas de gestión no obedece a una apropiada planificación, en base a unos criterios preestablecidos y bajo los principios que informan la gestión pública, sino a decisiones puntuales de cada órgano gestor, sobre la base de criterios de oportunidad, que no han podido ser determinados. (Apartado III.1.1.)

 

IV.2. CONCLUSIONES SOBRE LAS ACTUACIONES PREPARATORIAS Y LA JUSTIFICACIÓN DE LAS ENCOMIENDAS.

3) Las encomiendas se realizan a entidades que reúnen formalmente los requisitos legales para ostentar la condición de medio propio o servicio técnico de la Administración encomendante, pero que no son idóneos para la ejecución por sí mismos de la totalidad o una parte sustancial de la actividad, por carecer de los medios materiales, personales y técnicos necesarios para ello; incumpliendo lo establecido en el artículo 4.1.n) del TRLCSP. De esta conclusión se exceptúa el grupo TRAGSA y sus filiales y el ITACYL en la prestación de determinados servicios. (Apartado III.1.2.) 4) No se justifica, de forma fehaciente, la utilización del recurso a la encomienda como forma de gestión pública más adecuada a las necesidades planteadas, en detrimento de otros métodos como la gestión indiferenciada con medios propios o la contratación mediante licitación. Se efectúan genéricas referencias a la insuficiencia o no adecuación de los medios propios de las entidades encomendantes o a las peculiares especialidades del objeto de la encomienda, pero sin aportar ningún argumento o documentación que lo avale. Esto impide determinar la existencia de la motivación que para su utilización establece el artículo 15.1 de la LRJAPyPAC (Apartado III.1.3.)

 

IV.3. CONCLUSIONES SOBRE EL OBJETO DE LAS ENCOMIENDAS.

5) En varias encomiendas, las nº 12, 15, 46 y 47, el objeto no se refiere a un encargo que implica actuaciones concretas de ejecución material o técnica sino que conlleva la realización, que se reitera en el tiempo, de un conjunto de actuaciones para realizar la gestión en bloque de una competencia o de gran parte de ella; esto puede incurrir en la atribución de funciones públicas a las encomendatarias, incumpliendo lo establecido en el artículo 15.5 de la LRJAPyPAC, y constituir un método para paliar deficiencias de medios de carácter estructural de las entidades encomendantes. (Apartado III.1.3.2.)

6) Las empresas del grupo TRAGSA, dada la amplitud de su objeto social y la progresiva especialización que han ido alcanzando en determinados ámbitos, como el de construcción y gestión de infraestructuras rurales y el de prevención y extinción de incendios, actúan como una prolongación de los órganos de la Administración. Especialmente de las Consejerías de Agricultura y Ganadería y de Fomento y Medio Ambiente que encargaron a estas empresas 31 encomiendas de gestión, 7 por la de Agricultura y Ganadería y 24 por la de Fomento y Medio Ambiente, de las 47 analizadas. (Apartado III.1.3.2.) 7) No ha sido posible determinar los criterios por los que actuaciones análogas, en las diferentes Consejerías, en unos casos son objeto de encomienda y en otros se procede a una licitación pública, lo que incumple la motivación para su utilización que establece el artículo 15 de la LRJAPyPAC (Apartado III.1.2.)

 

IV.4. CONCLUSIONES SOBRE LA RETRIBUCIÓN APLICADA A LAS ENTIDADES ENCOMENDATARIAS

8) Sobre la determinación de las retribuciones a aplicar a las entidades encomendatarias por los encargos realizados, no existe una regulación general en aplicación de lo establecido en el artículo 24.6 del TRLCSP. Se han utilizado varios sistemas: el de precios unitarios descompuestos establecidos en el proyecto cuando se trata de obras, coste global o coste por unidad de expediente tramitado o de actividad concreta realizada cuando se trata de servicios, tarifas oficiales en el caso de TRAGSA o referencia a tarifas de otras administraciones públicas (la encomienda nº 2). En varios expedientes no se ha realizado suficiente desglose de la composición de la tarifa (las nº 8, 9, 12, 13, 14, 15 y 47), en otros no figura ninguna explicación (las nº 3, 4, 5, 6, 7, 16, 17 y 18) o la explicación es deficiente por referirse a encargos similares, aludir a las tarifas o coste medio de las compañías aéreas o remitirse a precios de mercado (las nº 1, 22 y 32). (Apartado III.1.3.3)

 

IV.5. CONCLUSIONES SOBRE LA TRAMITACIÓN DE LOS EXPEDIENTES DE LAS ENCOMIENDAS

9) No existe una tramitación uniforme de las encomiendas careciendo los expedientes, con carácter general, de algún trámite o de diversa documentación. Así en 5 encomiendas (de la nº 3 a la 7), el expediente se limita prácticamente a la orden de encargo. En 12 (las nº 1, 2, 3, 4, 5, 16, 17, 18, 19, 20, 21 y 22) no hay constancia de la reserva de crédito y/o de la aprobación del gasto, incumpliendo lo establecido en el artículo 149 de la Ley 2/2006, de 3 mayo, de Hacienda y Sector público de Castilla y León, y en 9 expedientes (nº 3, 4, 5, 6, 16, 17, 18, 19 y 20) se produce una escasa definición o una ausencia de documentación técnica sobre el objeto de la encomienda; también se produce la inexistencia de la determinación del plazo de ejecución en la orden de encargo de 32 de los expedientes examinados (nº 3, 4, 5, 16, 17, 18, 19, 20 y de la 23 a la 46). Además en 35 encomiendas no se acredita fehacientemente la comunicación del encargo, (las nº 1 a la 10 y de la 22 a la 46), incumpliendo lo establecido en el artículo 19.2 de la LRJAPyPAC y en 7 (nº 16 al 22) no hay constancia del informe de fiscalización previa, que garantice la realización de la función interventora establecida en el artículo 254 de la citada Ley 2/2006, de Hacienda y Sector público de Castilla y León. (Apartado III.2.) . 10

 

IV.6. CONCLUSIONES SOBRE EL CONTROL DE LAS ENCOMIENDAS

10) No se establecen órganos específicos de seguimiento, supervisión y control de las encomiendas, más allá de los preceptivos Directores de Obras conforme a la legislación sectorial, en ninguna de las encomiendas excepto en la nº 15. En ésta aunque se prevén, no se nombra a sus titulares, ni se constituyen ni queda constancia en la documentación de los expedientes que se haya realizado ninguna labor de supervisión. (Apartado III.3.1) 

 

IV.7. CONCLUSIONES SOBRE LA EJECUCIÓN DE LAS ENCOMIENDAS

11) Salvo en las encomiendas realizadas al grupo TRAGSA y en las de servicios realizadas al ITACYL (nº 3, 4 y 5), las actividades propias de ejecución del objeto de la encomienda, o una parte sustancial de las mismas, han sido objeto de contratación para su realización por terceros. Esta práctica pone en duda la justificación de la propia encomienda, al actuar las entidades encomendatarias como meras intermediarias y no aportar ningún valor añadido a la prestación, incumpliendo lo establecido en el artículo 4.1.n) del TRLCSP, y que ha dado lugar a mecanismos de elusión del procedimiento de contratación pública. (Apartado III.3.2). 12) En relación con la fase de ejecución y liquidación del objeto de las encomiendas, en 7 (las nº 10, 11, 15, 18, 19, 20 y 22) se ha producido un incumplimiento de los plazos establecidos, sin que conste la concesión de prórroga ni ninguna justificación, salvo genéricas referencias a las circunstancias meteorológicas u otros impedimentos no justificados ni acreditados documentalmente. En otros casos, nº 7, 22 y 47, los expedientes de ejecución adolecen de diversa documentación, como certificaciones y actas de recepción. (Apartado III.3.3)

 

V. RECOMENDACIONES

Analizados los trabajos realizados, a las entidades encomendantes que figuran en este informe, se realizan las siguientes recomendaciones:

 

1) El recurso a la encomienda, como la forma de gestión pública más adecuada, debería justificarse suficientemente por los órganos gestores y en cada caso concreto, aportando los estudios o informes suficientes que prueben las ventajas de índole organizativa, económica, o de cualquier otra naturaleza que aconsejen su utilización con preferencia a la gestión indiferenciada con medios propios o a la licitación pública.

 

2) Las encomiendas de gestión deberán tener como destinatarios medios propios o servicios técnicos dotados de los medios materiales, humanos y técnicos suficientes para realizar la totalidad, o al menos una parte sustancial, de los encargos.

 

3) Las encomiendas deberán referirse a actividades de carácter material, técnico o de servicios, de carácter complementario a las desarrolladas por los diferentes órganos administrativos, que no encubran una falta de medios propios de naturaleza estructural, ni usarse en sustitución de contratos o subvenciones de manera encubierta.

 

4) Sería conveniente que las ordenes de encargo fuesen precedidas del Informe del Servicio Jurídico, por las implicaciones de orden legal que presentan las encomiendas de gestión que han quedado expuestas a lo largo del informe, y por la analogía de dichas resoluciones con los supuestos contemplados en el artículo 4.2 de la Ley 6/2003, de 3 de abril, Reguladora de la Asistencia Jurídica a la Comunidad de Castilla y León, que señala que el informe de los Servicios Jurídicos será preceptivo en los “convenios, pactos, acuerdos, programas o planes de actuación, a suscribir por la Administración de la Comunidad, con carácter previo a su firma”.

 

5) Las órdenes de encargo deberán contener o ir acompañadas de la documentación donde conste la detallada y pormenorizada definición de su objeto, a fin de conocer las concretas obligaciones de la entidad encomendataria y, en todo caso, sin incurrir en la atribución de funciones públicas.

 

6) Las órdenes de encargo deberán incluir una adecuada definición de las tarifas o de los componentes económicos de la encomienda, con el suficiente desglose que permita conocer sus diversos componentes, que coincida con los costes reales y sin que conlleven una retribución adicional a favor de la encomendataria.

 

7) En la tramitación de los expediente administrativos de las encomiendas deberán respetarse las normas de procedimiento administrativo y las de índole presupuestaria contempladas en la normativa de general aplicación, realizando las actuaciones e incorporando al expediente los informes, propuestas, resoluciones y demás documentación preceptiva.

 

8) Deberá contemplarse, por las entidades encomendantes, el establecimiento de un adecuado sistema de seguimiento y control de la ejecución de las encomiendas.

9) Las entidades encomendantes, por ser las titulares de la competencia, deberían incluir en los encargos la identificación previa de las partes o aspectos de la obra o servicio que pueden ser objeto de contratación con terceros, así como la autorización a las encomendatarias para que procedan a su formalización.

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consejodecuentas.es

20/04/2016 11:17. Izquierda Socialista en Valladolid #. Política autonómica No hay comentarios. Comentar.

Increíble drama de los refugiados y emigrantes: la UE, insolidaria, ilegal, inmoral

 

Federico Mayor Zaragoza

Escritor y diplomático

 

 

La reunión de los 27 en Turquía para abordar de una vez la inmensa y sangrante tragedia de los emigrantes y refugiados ha concluido -con un acuerdo, por fortuna provisional- de la forma más inaceptable y lamentable posible. Por las reacciones que ha producido en la sociedad y en el Euro Parlamento, es de esperar que el próximo día 17 no lo ratifiquen. Que, avergonzados, decidan cumplir las pautas que inequívocamente figuran en los Tratados internacionales y, desde luego, en las directrices éticas. Tanto hablar del “Estado de derecho” y, a la primera de cambio, no sólo toman decisiones inmorales sino ilegales. 

He llamado varias veces la atención sobre el reiterado incumplimiento de los principios tan lúcidamente expuestos en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000). El artículo primero se refiere a la igual dignidad. El segundo al derecho a la vida… 

Desprovista de liderazgo, envuelta en el huracán del neoliberalismo más acendrado, la Unión Europea no sólo es incapaz de adoptar las medidas apropiadas en tiempo oportuno sino que, además, consiente la aparición inquietante de brotes de xenofobia y discriminación clasista. 

Con gran forcejeo y aspavientos, la Europa monetaria –tan generosa con instituciones financieras a la deriva- ha prometido abonar en tres años una cantidad que sonroja e indigna cuando se compara con los fondos destinados a pagar la “deuda”, con la evasión fiscal, con lo aportado a un sólo banco en España, con las inversiones en armas y gastos militares (3.000 millones de dólares al día), con las multimillonarias fortunas de algunos magnates “cuya mano se cierra opaca”, en versos de José Ángel Valente… 

Digamos las cosas claras. Digamos cuál es la situación de los paraísos fiscales, cuál es la realidad para poder transformarla. Y busquemos serenamente y con rigor las raíces de esta terrible situación a la que tenemos que hacer frente. ¿Quién invadió Irak basado en la mentira? Miles y miles de muertos y mutilados, miles de desplazados… que han ido germinando en algunos casos –menos de los que sería de esperar- animadversión y hasta odio. ¿Quiénes resolvieron sin orden ni concierto los resultados de la “primavera árabe”? La Unión Europea debería de ser, en primer lugar, una unión política y social y económica dotada de seguridad autónoma… y es solamente una unión monetaria. ¿Y quiénes y por qué deciden reducir hasta anular prácticamente la ayuda al desarrollo con el fin de prevenir los flujos migratorios forzados por el hambre y la pobreza extrema? 

Hasta ahora los ciudadanos europeos han sido espectadores impasibles de tanta incompetencia. Pero estoy seguro de que ahora “Nosotros, los pueblos”… no podremos seguir mirando los ojos a estos niños tristes, angustiados y perplejos que suscitan emociones y despiertan consciencias, de tal modo que, en poco tiempo, se alzará un gran clamor popular para que se produzca un cambio radical en las actuales conductas de la Unión Europea. Y que se pida con apremio que se convoquen sesiones extraordinarias en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que sea el multilateralismo democrático y no la reconocida incapacidad de los grupos plutocráticos quienes lleven las riendas del destino común. Problemas globales requieren instituciones globales. Situaciones sin precedentes –como ha dicho Amin Maalouf- requieren soluciones sin precedentes. 

El año 2016 ha sido declarado por el International Peace Bureau de Ginebra, Premio Nobel de la Paz en 1910, año internacional del “desarme para el desarrollo”. Con lo que se gasta en muy pocos días en armas y gastos militares podrían resolverse muchos problemas que hoy acucian al mundo entero sin que se afectara la seguridad a escala internacional. 

De este modo sería posible la transición de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra a una economía de desarrollo sostenible y humano a escala planetaria, basada en el conocimiento. Una transición desde una cultura de imposición, dominio y violencia a una cultura de encuentro, conciliación, alianza y paz. 

Tengamos en cuenta, no me canso de reiterarlo, que actualmente pueden alcanzarse puntos de no retorno y que, por tanto, es apremiante actuar resueltamente de tal modo que sean los derechos humanos y los principios éticos y democráticos los que guíen la acción en estos momentos, que son, a la vez, de profunda consternación y de esperanza. Y es que, por primera vez en la historia, en estos albores de siglo y de milenio no sólo se podrá oír progresivamente la voz de todos los seres humanos sino que deberá escucharse. 

 

publico.com

30/03/2016 08:28. Izquierda Socialista en Valladolid #. Derechos Humanos No hay comentarios. Comentar.

Gracias, señora CIA

A lo largo de mi vida he oído ya muchas veces el mismo mantra repetido en diversas variantes: “tú no sabes lo que es vivir una guerra”; “somos la primera generación de españoles que no vamos a vivir una guerra”; “por suerte, en Europa ya no hay guerras”. Ocurre que la guerra, como dijo el juez Holden en Meridiano de sangre, siempre ha estado ahí: “Antes de que el hombre existiera la guerra ya lo esperaba”. Nunca pasa de moda, así sea vestida con palos y piedras, con hachas de hueso, con lanzas de bronce o con espadas melladas. En 1139, en el Concilio de Letrán, el Papa Inocencio II prohibió el uso de la ballesta por considerarla un arma diabólica. El 1 de julio de 1916, durante el primer día de la batalla del Somme, los soldados británicos al asalto de las trincheras alemanas sufrieron más de 50.000 bajas sólo porque los generales todavía no habían comprendido el lenguaje tartamudo y mortal de las ametralladoras. En agosto de 1945, cuando los pobres civiles ya se habían acostumbrado a soportar bombardeos, los cielos de Hiroshima y Nagasaki estallaron con un resplandor semejante a mil soles.

 

Desde entonces la humanidad creyó que el siguiente conflicto sería un horror atómico, un borrado general de la especie en que dejaríamos el planeta en herencia a ratas y cucarachas. El mundo contuvo la respiración durante la crisis de los misiles cubanos y fantaseamos con la posibilidad de la destrucción general animados por un temor que quizá ocultaba un deseo secreto. Pero la especie no tenía ninguna gana de cancelar el juego mientras seguía despellejándose meticulosamente a base de matanzas locales. A cada generación humana le ha tocado vivir una guerra -una por lo menos- y la única característica común a todas ellas es que ninguna se parece a la anterior. La época de las guerras napoleónicas dio paso a la guerra de trincheras y de la guerra de trincheras con defensas estáticas, se pasó al blitzkrieg. La nuestra, la guerra que nos ha tocado vivir y en la que llevamos inmersos más de una década, es una derivación de los conflictos imperialistas en Oriente Medio, una guerrilla terrorista urbana que dio comienzo oficialmente el 11 de septiembre de 2001 con el ataque contra las Torres Gemelas. A todo el mundo le sorprendió, aunque lo vivimos como una película anunciada desde mucho tiempo atrás. Lo raro es que no hubiese ocurrido antes, después de los sanguinarios golpes de estado promovidos por la CIA en Irán, Guatemala, Indonesia, Grecia o Chile.

 

Debemos agradecer una vez más a la CIA que ayer las calles de Bruselas se tiñeran de sangre y que toda Europa ande acojonada de miedo. Del mismo modo que Bin Laden aprovechó a fondo el entrenamiento proporcionado por el ejército estadounidense en Afganistán, los mercenarios del Daesh, antes ISIS, no dejan pasar la ocasión de devolver los favores prestados por sus patrocinadores saudíes y por el desmantelamiento de las fuerzas de Sadam en Irak. Cuando Hollande, tras los atentados de noviembre en París, amenazó con bombardear al ISIS, se olvidaba de que la aviación francesa ya había bombardeado campos de entrenamiento en Siria un par de meses antes. Las bombas no explotan porque sí, porque lo diga Alá o porque a un talibán se le caliente la barba. El espanto, la atrocidad que estamos viviendo en Europa en los últimos años (Madrid, Londres, París, Bruselas) no es más que una metástasis de la devastación causada en Alepo, en Kabul, en Bagdad. Millones de muertos, millones de refugiados, millones de huérfanos. Sólo en el último mes se contabilizan una docena de atentados terroristas en el mundo (dos en Siria, tres en Somalia, dos en Turquía, uno en Costa de Marfil, uno en Nigeria, uno en Pakistán, uno en Irak), pero para nosotros sólo cuentan las víctimas europeas. Donald Trump, el infernal papanatas que los republicanos han elegido como candidato, ha hecho una pregunta que destapa el hedor de su lógica racista e islamófoba: “¿Se acuerdan cuando Bruselas era bonita y segura?” El problema no es que no recordemos cómo eran Irak o Siria antes de que los estadounidenses empezaran a meter las narices allí. El problema es que no nos acordamos de nada.

David Torres

hpublico.es

23/03/2016 08:18. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

Paremos el pre-acuerdo entre la UE y Turquía

Izquierda Socialista-PSOE expresa su más enérgica repulsa ante el ilegal e inhumano pre-acuerdo entre la UE y Turquía respecto a la población refugiada e insta y apoya a la dirección del PSOE a que lidere cuantas acciones sean necesarias para impedir la firma de tamaño desatino.

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/izquierdasocialista/

Pérez Tapias: "Es preferible contar con los independentistas que con Ciudadanos"

José Antonio Pérez Tapias, aspirante en 2014 a la secretaría general del PSOE en las primarias que ganó Pedro Sánchez, ha criticado abiertamente la estrategia del actual líder de su partido y su decisión, concretamente, de asistir junto a Ciudadanos a cualquier negociación de investidura. “La verdad es que no [comparto la estrategia]. Me resulta tan sorprendente como a muchos ciudadanos y buena parte de la militancia”. El socialista, que es miembro del Comité Federal del PSOE, ha asegurado que sería preferible contar con los independentistas que con los de Albert Rivera. “Creo que es preferible contar con una posición favorable desde Democracia y Libertad. El argumento de que no se puede contar con ningún partido soberanista o independentista no puede sostenerse sin más. Puede que incluso esto pueda ayudar a tender puentes”, ha defendido el representante de la corriente ‘Izquierda Socialista’, que ha asegurado que el pacto con Ciudadanos incluye elementos que producen “distorsiones” en lo que la izquierda “puede defender”.

 

Preguntado sobre si el PSOE debería prescindir del acuerdo con Rivera, Pérez Tapias no ha querido ser “tan taxativo” como Podemos, pero sí ha criticado que el texto pactado incluya “políticas neoliberales”. En su opinión, el PSOE tendría que aclarar qué está dispuesto a cambiar en ese acuerdo, y él ha citado cuestiones como el copago sanitario, los “titubeos” en la reforma laboral, y las políticas de igualdad y de violencia de género. Para Pérez Tapias, “resulta incomprensible que se haya cedido en cuestiones que no son muchas cuantitativamente pero sí de enorme calado en un pacto que se presenta tan cerrado”.

 

cadenaser.com

09/03/2016 08:49. Izquierda Socialista en Valladolid #. Partidos Políticos No hay comentarios. Comentar.

Izquierda Socialista rechaza el pacto con C's y pide un gobierno de izquierda

24/02/2016 22:02  

Madrid, 24 feb (EFE).- La corriente Izquierda Socialista (IS) ha criticado hoy el pacto alcanzado por el PSOE y Ciudadanos y se ha mostrado partidaria de entablar un pacto de progreso con otros partidos de izquierda.


En un comunicado, IS asegura que aunque son "positivas" algunas reformas que recoge el pacto sellado entre el líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el de Ciudadanos, Albert Rivera, "resultan insuficientes, atendiendo a lo cualitativo, para el giro a la izquierda" que demanda.


La única corriente de opinión reconocida en el PSOE cree que "se desdibujan contenidos, dotándolos de una ambigüedad especialmente preocupante en aspectos laborales y fiscales".


Reprocha que "en ningún momento queda explícita una derogación efectiva de la reforma laboral del PP", ni tampoco se restablecen las indemnizaciones por despido previas a esta norma.


Critica además que se introduzca el contrato estable y progresivo "muy similar" al contrato único defendido por Ciudadanos en su programa.


IS también echa en falta una referencia expresa a la derogación de la Lomce y de la llamada "ley mordaza", al federalismo y a una apuesta "clara y sin ambages" por la sanidad universal.


En cuanto a la reforma constitucional pactada entre PSOE y C’s, IS cree que "se dejan fuera los aspectos principales" y ve difícil que pueda llevarse a cabo debido a la mayoría absoluta del PP en el Senado.


"Reconociendo el esfuerzo realizado y considerando muy importante el contenido de lo que se acuerda, desde IS no podemos obviar las ausencias fundamentales y las evidentes discrepancias que hacen desvanecer nuestra personalidad ideológica de izquierdas", añade la nota.


IS reitera su apuesta por un gobierno de progreso que "bascule a la izquierda" y que garantice los apoyos suficientes.


La corriente también pone objeciones a la pregunta que el PSOE va a plantear a los militantes en la consulta convocada el próximo sábado, en la que se hace mención de forma genérica a los acuerdos alcanzados, sin mencionar a ningún partido.


Considera que "la redacción debe huir de la ambigüedad que da pie a generar conjeturas", por lo que pide a la Ejecutiva federal que modifique la pregunta y "se dé un compromiso vinculante real". EFE

 



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