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Afiliación a la Seguridad Social [Diciembre 2017]

Afiliación CyL diciembre 2017

Fecha:3/01/2018

Afiliación media mensual. Diciembre 2017

En Castilla y León la cifra de afiliación media mensual en diciembre de 2017 fue de 901.655 afiliaciones, lo que supone -817 afiliaciones respecto al mes anterior (un -0,09% de variación intermensual) y +18.628 afiliaciones respecto al mes de diciembre de 2016 (un +2,11% de variación interanual).

En el conjunto de España la cifra de afiliaciones en diciembre de 2017 fue de 18.460.201, un +0,23% de variación intermensual (+42.444 afiliaciones) y un +3,42% de variación interanual (+611.146 afiliaciones).

Fuente: Elaboración propia CES a partir de datos del MEYSS.



08/01/2018 08:22. Izquierda Socialista en Valladolid #. Economía y Empleo No hay comentarios. Comentar.

PÉREZ TAPIAS ABANDONA EL PSOE

PÉREZ TAPIAS ABANDONA EL PSOE

“Solo un proceso constituyente nos puede sacar de esta crisis, y el PSOE no está en ello”

por MIGUEL MORA

 

3 DE ENERO DE 2018

 

José Antonio Pérez-Tapias (Sevilla, 1955) abandona el PSOE. El líder de la corriente Izquierda Socialista ha decidido poner fin a 25 años de militancia con una carta, breve y amable, al Secretario General, Pedro Sánchez, al que apoyó lealmente en las últimas primarias socialistas. Solo nueve meses después de la victoria de Sánchez con el lema Somos la izquierda, el decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada​ explica en esta entrevista los motivos, largamente meditados, que le han llevado a renunciar al carnet socialista. Sobre el futuro, Pérez-Tapias descarta ingresar en Podemos y afirma que seguirá trabajando por la construcción de la izquierda. 

 

¿Por qué toma la decisión? ¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado tras 25 años de militancia?

 

.................................................. Cuando se produce un distanciamiento patente entre las posiciones que uno defiende y las que sostiene la organización a la que se pertenece llega la hora de salir de esa organización, máxime cuando no se puede constatar la existencia siquiera de una minoría relevante que comparta dichas posiciones para tratar de hacerlas operativas en el seno del partido. No veo que se avance seriamente hacia el objetivo, que considero imprescindible, de un Estado federal plurinacional.


NO VEO QUE SE AVANCE SERIAMENTE HACIA EL OBJETIVO, QUE CONSIDERO IMPRESCINDIBLE, DE UN ESTADO FEDERAL PLURINACIONAL

 

Es más, como he planteado por escrito en publicaciones diversas, pienso que la crisis del Estado español es de tal profundidad que sólo el promover un proceso constituyente para replantear su arquitectura nos puede sacar del atolladero. No parece que en el PSOE haya intención de transitar por ese camino. Y, sin embargo, pienso que desbrozarlo es responsabilidad colectiva. 

 

Pedro Sánchez ganó las primarias cantando la Internacional y con el lema Somos la izquierda. ¿Qué queda de aquello?

 

....................................................................................Queda la voluntad de seguir trabajando para que el Partido Socialista sea reconocible como claramente ubicado en la izquierda y con capacidad de presentar alternativas frente a la derecha. Eso no es exactamente lo mismo que ser partido de gobierno, pues se trata de alcanzar el gobierno para hacer políticas de izquierda, lo cual requiere un amplio respaldo político y social. Por ello sigo insistiendo en la necesidad de articular la pluralidad de la izquierda y seguir perfilando una política de alianzas en ese sentido. Por ello, también le ha manifestado a Pedro Sánchez que desde fuera del PSOE seguiré trabajando por un proyecto socialista que de manera creíble e innovadora se inserte en la pluralidad de la izquierda para lograr presentar las alternativas a la derecha que urgentemente necesitamos en España.

 

En su carta cita a Cataluña como la mayor discrepancia. El 6 de noviembre escribió una carta al Comité Federal pidiendo una reforma federal y una denuncia de los excesos judiciales contra el soberanismo. ¿Ha renunciado el PSOE al federalismo? 

................................ el PSOE debe perfilar con claridad qué solución federal propone para el Estado español, algo indispensable para entrar en el debate político sobre cuestión tan crucial. Ir a un Estado federal requiere un pacto federal explícito como ingrediente fundamental para un nuevo pacto constitucional. No se va a un Estado federal con una mera modernización del Estado de las autonomías, modelo ya agotado, con todo lo que dio de sí. Y si hablamos de federalismo plurinacional, la realidad de las naciones no puede quedarse reducida a una mera identidad cultural. Eso es necesario, pero no es suficiente. Basta ver en qué términos se plantea el conflicto político que se da en Catalunya y en qué términos se enuncian cuestiones por resolver, por ejemplo, en Euskadi. Después de cuarenta años de Constitución del 78, en España es la hora de abordar con la indispensable audacia la “cuestión de las naciones”. Audacia no es temeridad. Lo temerario es no abordar como se debe un problema que cada vez se presenta de forma más aguda. 


 LO TEMERARIO ES NO ABORDAR COMO SE DEBE UN PROBLEMA QUE CADA VEZ SE PRESENTA DE FORMA MÁS AGUDA

 

¿Por qué cree que Sánchez ha optado por desaparecer de la escena pública? ¿A qué achaca su alineamiento con Rajoy? ¿Motivos electorales? ¿El giro a la derecha del país? ¿Una concesión a los medios concertados para que le traten mejor?

 

Se trata de una cuestión de estrategia o, mejor, de táctica política. Mi decisión no tiene nada que ver con eso, pero, sin duda, ahí está la pregunta. Mucha gente se la hace. Imagino que como líder político, y en circunstancias difíciles al no tener escaño en el Congreso, Pedro Sánchez mide al detalle sus comparecencias públicas. Lo importante es no eludir las cuestiones cruciales respecto a las cuales la ciudadanía, y por supuesto la militancia socialista, espera una toma de posición, un criterio, una orientación para la acción que no siempre ha de ser para las actuaciones inmediatas. Por lo demás, ya he dicho en otros momentos que si el PSOE se alinea demasiado al lado del PP pierde espacio para poner de relieve su mismo potencial de alternativa. En torno a la tan traída y llevada aplicación del 155 de la CE para la intervención de las instituciones del autogobierno de Catalunya, mi apreciación es que el PSOE, por más que pusiera reparos, no marcó distancias respecto a un procedimiento discutible, lleno de lagunas y de previsibles consecuencias también negativas, no contempladas como se debiera. Ahí está el resultado de las elecciones catalanas del 21D, del cual muchos se sorprenden al repetir la situación parlamentaria anterior en términos globales, con las variantes del crecimiento de Ciudadanos y el descenso del PP. Los cálculos electoralistas son muchas veces tan sesgados y cortoplacistas que la realidad los supera hasta en las mismas elecciones para los que se hicieron. En el mismo sentido, determinadas decisiones buscando más el favor de los medios que lo que ha de ser respuesta política eficaz son de rentabilidad más que reducida, si se quiere decir en esos términos. Tal consideración es aplicable a ciertos criterios con los que, al parecer, el grupo parlamentario socialista ha elaborado su nómina de comparecientes para la Comisión de evaluación del Estado de las autonomías en el Congreso de los Diputados. 

 

Sobre la crisis de Estado, ¿cree necesaria y posible una reforma constitucional? Dada la actual correlación de fuerzas, ¿no saldría una Constitución aun peor, más centralista y represiva?


He mencionado mi posición favorable no sólo a una reforma constitucional, sino a un proceso constituyente. Muchos miran con desdén tal propuesta, viéndola como propia de un enfoque izquierdista ajeno a la realidad. Soy consciente de ello. Pero devuelvo la pelota: es propio de un enfoque marcadamente conservador no atreverse a que la sociedad española y los representantes políticos de la ciudadanía no acometan la reconstrucción del pacto constitucional necesario para que el Estado español sea viable con garantías de futuro. El nacionalismo españolista que se cierra a entrar a fondo en la cuestión actúa contra ese mismo futuro del Estado que dice defender. Es verdad que para ello es necesario resolver algunas cuestiones de calado que requieren amplio debate, como es el caso de lo relativo a un concepto de soberanía muy trasnochado que, además, no se ve respaldado por la realidad. Sólo una idea mitificada de soberanía impide tratar asuntos como el relativo a soberanías compartidas –por cierto, del que ya hablaba el PSC en 2012 cuando también asumió el “derecho a decidir”, antes de caer en la trampa de dejar que se identificara con “derecho de autodeterminación”--. En fin, son problemas cuya solución no se alcanza en tres meses, pero es necesario ponerlos sobre la mesa y empezar a dialogar en serio, que es algo más que negociar. Diré de paso que sin resolver las cuestiones de reconocimiento –en este caso, de la pluralidad nacional-- no se solucionarán de verdad los temas de redistribución y de sistema de financiación, por ejemplo. 

 

¿Qué piensa hacer ahora? ¿Entrará en Podemos? ¿Fundará un nuevo espacio político? ¿Quiénes serán sus nuevos compañeros de viaje?


La verdad es que he tomado la decisión de salir del PSOE por los motivos aducidos y a ella no se añade ninguna otra. Pienso que mi aportación puede ser interesante como contribución al debate en el seno de la izquierda y a las ideas que desde la izquierda se proyectan al conjunto de la sociedad. Y ahí encuentro muchas personas y colectivos con los que coincidir –también del Partido Socialista- para seguir llevando a cabo una reflexión colectiva que nos es de todo punto imprescindible. De hecho, vengo colaborando con distintas organizaciones, más allá de las adscripciones de partido, desde tiempo atrás. 

 

Por último, ¿qué balance hace de estos 25 años de militancia? ¿Cómo ha cambiado el PSOE y el país en ese tiempo?


Personalmente, el balance de veinticinco años de militancia socialista es positivo. En ese sentido le expresaba a Pedro Sánchez mis motivos de agradecimiento. En primer lugar, al partido como tal, por las oportunidades que tuve de  desempeñar tanto responsabilidades orgánicas como cargos institucionales al servicio de la ciudadanía y de lo que supone el proyecto socialista. En segundo lugar, por la positiva experiencia durante más de dos décadas compartiendo militancia con muy valiosos compañeros y compañeras. Especialmente, la tarea política realizada desde la corriente Izquierda Socialista, desde su condición minoritaria, siempre mereció la pena. Y, en tercer lugar, es motivo de gratitud la acogida que encontré, más allá del respaldo en votos, cuando presenté mi candidatura a la secretaría general del Partido, en el proceso de primarias de 2014, cuando Pedro Sánchez salió por primera vez como Secretario general. Por lo demás, desde 1993 hasta ahora el PSOE ha cambiado sensiblemente. Todavía gobernaba Felipe González, ya en serias dificultades, entre otras cosas también por temas de corrupción entonces y de los coletazos de asuntos escabrosos, como el tema GAL. Pensé que era el momento de implicarme en el Partido Socialista atendiendo a unas condiciones que iban a exigir una reformulación del proyecto socialista ante las nuevas circunstancias que se avecinaban. Fueron las de las victorias de la derecha hasta que, con Zapatero al frente, el PSOE volvió de nuevo al gobierno, con capacidad de implementar nuevas políticas sociales, en torno a derechos de ciudadanía, de memoria histórica, de nuevo enfoque para la cuestión territorial… Pero el PSOE aún no ha salido de la crisis que afecta a la socialdemocracia europea, tras décadas de hegemonía neoliberal y en el marco del proceso de globalización que ha hecho que cambien las coordenadas políticas en las que nos movemos. Las soluciones ya no pueden ser las que se pensaban para ser aplicadas sin más en el contexto de un Estado nacional. Éste se halla hoy desbordado por el mercado, y hasta realidades supranacionales como la UE están hoy sometidas a las dinámicas del capitalismo financiero. La izquierda, una vez más, ha de reconstruirse para ganar confianza y credibilidad… Hay muchos cabos que atar en torno a desempleo y precariado, ecología y economía, educación y sanidad, exigencias de igualdad social y de género, objetivos de justicia que no pueden dejar atrás a refugiados e inmigrantes… Necesitamos más democracia y necesitamos perfilar qué democracia queremos como ese sistema político de mediación participativa entre la sociedad, el Estado y lo que está más allá del Estado. ¡Hay tarea!

 

AUTOR

Nacido en Madrid, en 1964, el director de CTXT fue corresponsal de El País en Lisboa, Roma y París. Anteriormente, trabajó durante 10 años en la sección de Cultura como reportero para temas de cine, literatura y arte. En 2011 fue galardonado con el premio Francisco Cerecedo y con el Livio Zanetti al mejor corresponsal extranjero en Italia. En 2010, obtuvo el premio del Parlamento Europeo al mejor reportaje sobre la integración de las minorías. Es autor de los libros ’La voz de los flamencos’ (Siruela 2008) y ’El mejor año de nuestras vidas’ (Ediciones B).

http://ctxt.es/es/20180103/Politica/17076/perez-tapias-psoe-pedro-sanchez-catalu%C3%B1a-federalismo-izquierda.htm

04/01/2018 08:27. Izquierda Socialista en Valladolid #. Partidos Políticos No hay comentarios. Comentar.

Laicidad, Libertad y Responsabilidad

En nuestro país las leyes hablan de “libertad religiosa”, pero apenas inciden en la libertad de conciencia, ni en la defensa de la laicidad como derecho real de respeto a las diferentes opciones morales y espirituales de la ciudadanía, que no siempre se reducen a las religiones.


La laicidad es una propiedad, carácter o condición de algo, generalmente aplicable a las instituciones, y por excelencia al Estado, de ahí las expresiones “laicidad del Estado” y “Estado laico”.


En palabras de Luis María Cifuentes, Fundación CIVES, existen ciertos elementos que configuran la acción de ejercer una laicidad real; la libertad de conciencia individual, la igualdad de todos y todas ante la ley, la total separación del Estado de las religiones en el ámbito jurídico y político y la defensa de la tolerancia y del diálogo intercultural e interreligioso. Para en el Estado laico no puede haber discriminación positiva o negativa hacia un grupo determinado en razón de sus creencias”. Así, por definición, la laicidad no tiene que ver con la religión como tal, a la que respeta profundamente, sino con su régimen de influencia en la esfera pública.

 

Nuestra actual Constitución no incorpora la idea de laicidad de Estado, consagra el principio de no discriminación por razón de religión pero no refrenda la neutralidad del Estado ante el hecho religiosoEl Estado Español tiene que realizar un esfuerzo para la integración de opciones diferentes personales bajo un mismo concepto de ciudadanía y para ello, se deben derogar tratados internacionales que nos obligan al mantenimiento económico de confesiones religiosas, cambiar la Constitución y la voluntad de nuestros representantes democráticos para buscar la neutralidad del Estado en cuestiones espirituales o, incluso mejor, su imparcialidad, y la laicidad es la herramienta necesaria para esa integración, desde la que se puede garantizar la libertad de elección y de representatividad.


El laicismo, contrariamente a lo que muchas personas creen, no es un movimiento antirreligioso, su objeto fundamental es defender la libertad de conciencia, la igualdad de trato entre todas las opciones espirituales y la dedicación del interés político a lo común y universal y no a lo particular. La existencia de un Estado y de un espacio público laico, asegurarán la coexistencia armoniosa en un país, así como la paz y el respeto, por lo que podría decir que el laicismo es sinónimo de fraternidad y sororidad.


Por lo tanto, la laicidad es el principio fundamental de la democracia. Es esencialmente el marco de respeto y de tolerancia a la libertad de cada persona y a su elección privada. Para todo ello es necesario un fuerte compromiso de la comunidad, porque la verdadera libertad, para que no sea pura teoría, necesita un gran sentido de la responsabilidad.

 

Los y las militantes del PSOE, en su ultimo 39 Congreso Federal defendemos la consolidación de un Estado Laico que garantice los valores derechos y libertades civiles adecuando su legislación a las características propias de una sociedad abierta, plural y compleja respetando las convicciones y expresiones ideológicas, religiosas, culturales y de género de todos los ciudadanos y ciudadanas, y trabajaremos en los diferentes espacios políticos e institucionales para que ello sea posible.

 

 

 

 

01/12/2017 09:53. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

“Europa renuncia a valorar el trabajo doméstico pero sí incluye en el PIB actividades como la prostitución y el narcotráfico”

Marisa Kohan – Público.es

La economista y activista social, Carmen Castro, aboga por un modelo económico que ponga en el centro de su actividad la sostenibilidad de la vida y las aportaciones que realizan las mujeres que hoy por hoy no se valoran, ni se visibilizan, pero que pueden suponer el 45% del Producto Interior Bruto los países. Esto significa repensar las políticas públicas y la asignación de recursos económicos. Una economía feminista supone, afirma, replantear los comportamientos individuales, principalmente los que realizan o no realizan los hombres.

¿Cómo influye la economía tradicional, la que tenemos, en la vida de las mujeres?

La economía que tenemos, la ortodoxa o tradicional, está basada en una división sexual del trabajo que genera una asimetría jerárquica por cuestiones de género. Crea una sociedad jerarquizada, sesgada y androcéntrica que no tiene en cuenta las capacidades, las potencialidades ni las condiciones de vida de las mujeres. Esto quiere decir que el sistema productivo que conocemos es posible y se asiente fundamentalmente en un trabajo que es invisibilizado, no es reconocido ni valorizado y que fundamentalmente realizamos las mujeres en el ámbito del hogar y las relaciones sociales.

La economía tradicional parte de postulados como el de la mano invisible de Adam Smith, que dice que no hace falta que intervengas en el mercado porque ya la oferta y la demanda se encargarán de poner las cosas en funcionamiento. Pero el mejor ejemplo de esto es lo que hemos vivido en estos últimos ocho años. Cuando no se establecen regulaciones lo que ocurre es esta inercia de voracidad capitalista y depredadora de acumulación de beneficios.

Usted habla de la economía feminista. ¿En qué consiste?

Consiste en cambiar la mirada y aplicar una perspectiva feminista a cómo se organiza social y económicamente una sociedad y cuáles son las relaciones y los valores que la sustentan. Se trata de poner el foco en visibilizar y hacer emerger todos los desequilibrios y las múltiples desigualdades de género que provoca esta economía ortodoxa, ciega a todo lo que no sea una visión androcéntrica y occidentalizada. Una economía en la que el hombre es el centro de todo.

Supone también ..............

https://www.attac.es

29/11/2017 09:48. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

Ruptura consumada

 

IÑAKI GABILONDO Madrid 07/09/2017 - 09:38 h. CEST

 

Ayer nos pasamos el día siguiendo de cerca la sesión del Parlament, sesión caótica, embarullada, de vergüenza ajena, como si se estuviera dirimiendo la batalla decisiva, como si la victoria parlamentaria de unos o de otros fuera a determinar si habría o no habría cisma, cuando eso estaba ya decidido de antemano, como se puso en videncia en un espectáculo de parcialidad y de dislocación de las normas que producía bochorno. Nos resultaba imposible reconocer la Cataluña que tanto admiramos.

Por la tarde un prohombre catalán me dijo: “Soy independentista, pero así y con estos, adónde vamos”. Yo pensaba: “Yo no soy independentista, pero con los que han permitido que esto llegue hasta aquí sin hacer nada, adónde vamos”. A mí me hubiera gustado que el Gobierno español hubiera por lo menos estudiado la posibilidad de autorizar el referéndum, pero no lo hizo, y enfrente el soberanismo creyó posible driblar con ingeniosas argucias el marco legal vigente y saltar limpiamente a una nueva legalidad, una ensoñación que predicó con gran imprudencia. Muchos creyeron que se trazaba un camino rápido, sencillo y sin riesgos que pronto verán que no es así.

Desde ayer el desafío ya es oficial. A partir de ahora en este septiembre histórico que se presenta terrible, con todas las cartas al descubierto, mediremos por un lado la capacidad coercitiva del Estado y por otro la determinación de la ciudadanía soberanista de seguir adelante contra viento y marea. Para empezar, el lunes en la Diada. Lo que se avecina va a ser duro, lo que se avecina puede ser muy peligroso. Se consumó la ruptura, se consumó el mayor fracaso de la democracia española

 

 

http://cadenaser.com/programa/2017/09/07/hoy_por_hoy/1504769898_905554.html

 

07/09/2017 14:29. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

Cuatro mapas y un gráfico que explican los resultados de las primarias del PSOE

El triunfo de Pedro Sánchez en las primarias socialistas abre un nuevo escenario político a partir de hoy. El que fuera ya secretario general del PSOE recabó el apoyo de uno de cada dos militantes que votaron ayer, imponiéndose con holgura a su principal rival, Susana Díaz, que se tuvo que conformar con menos del 40% de los votos. Sánchez tan solo perdió frente a Díaz en las provincias andaluzas, Ávila, Badajoz, Cuenca y Huesca, además de en Vizcaya y Guipúzcoa, donde el ‘local’ Patxi López se impuso a sus dos contrincantes.

mapas:


elconfidencial.com/espana

22/05/2017 08:10. Izquierda Socialista en Valladolid #. Partidos Políticos No hay comentarios. Comentar.

El submundo de los partidos (y la encarnizada lucha de unas primarias)

 

Las elecciones que se avecinan en el PSOE presentan todos los ingredientes para ser un proceso a cara de perro. También hay un populismo socialista, menos socialista cuanto más populista

 

Dista mucho de ser ejemplar el proceso de elecciones primarias para la secretaría general en que ya está inmerso el PSOE. Espero que nadie haga uso de la manida expresión de que los socialistas vamos a dar una lección de democracia. Necesaria la humildad. Igualmente pienso que nadie vendrá con la cantinela de que con estas primarias estamos en una nueva fiesta de la democracia. Nada de eso. Y no hay nada de eso porque es un proceso que viene viciado de origen por haber arrancado con la injustificable conspiración para defenestrar a quien ostentaba la responsabilidad de la secretaría general del partido, por el nombramiento de una comisión gestora que no ha hecho sino ahondar en su déficit de legitimidad, por la interesada dilatación de los plazos para convocar un congreso y por las prácticas alejadas de la transparencia y la neutralidad ante candidaturas concurrentes que acompañan la puesta en marcha de las primarias a las que la militancia socialista va a ser convocada. Desgraciadamente las cosas son así y no hay adorno posible que edulcore la penosa imagen que con todo ello transmite el PSOE a la ciudadanía, atónita ante los modos ventajistas de unos y la campaña de acoso y desprestigio que sufre quien, en su legítimo derecho, anunció su candidatura concitando un más que notable –sorprendente para algunos-- apoyo de amplios sectores de la militancia. Hablamos de Pedro Sánchez. Pero todo lo que ocurre requiere ir al fondo, a la búsqueda de los porqués del espectáculo fratricida en que puede derivar lo que ha de ser limpio ejercicio de participación democrática. 

 

Ciertamente, la política es todo un mundo con su propia lógica, como en el siglo XVI acertó a ver Maquiavelo. No quería decir el florentino que fuera un mundo aparte, pero sí que era, y es, un ámbito en el que rige una lógica propia cuyas premisas principales tienen que ver con el poder: con cómo obtenerlo y cómo conservarlo. El poder es realidad humana, tan humana que sobre ella se concentra la ambigüedad de nuestras realizaciones y la ambivalencia de nuestras capacidades. El poder es palanca para la activación de nuestros potenciales, individuales y colectivos, de cara a nuestra mayor humanización, o el poder es instrumento de dominio en el seno de la realidad social, capaz de inducir procesos de deshumanización que nos lleven incluso a las más bajas cotas de lo inhumano. Por ello, el mundo de la política produce sus propios submundos, como esos sótanos que al descender hacia ellos son la antesala del infierno. Si el mal es el abuso de poder, las distintas plantas de sótano son la gradación de los infiernos hacia el abismo. Es ahí donde la mirada de la ciudadanía tiende a retraerse, apartando la vista por ahorrarse contemplar la zafiedad del espectáculo. 

 

El poder como dominio es muy seductor para quien alcanza una posición en alguna forma privilegiada. Las instituciones políticas, articulando lo político mediante espacios y procedimientos establecidos con la suficiente legitimidad, ofrecen el pedestal desde donde encaramarse para trasmutar el poder como capacidad de hacer a favor de la comunidad en poder como dominio de unos sobre otros o, en el extremo, de uno sobre todos los demás. La ambigüedad de las creaciones humanas propicia que sea fácil transitar de un poder a otro, reduciendo la capacidad a voluntad de dominio. Si hablamos de empoderamiento refiriéndonos al proceso de ganar la posición adecuada para ejercer la capacidad que en cada caso es propia, ya Nietzsche vio cómo resulta pervertido ese empoderamiento desde que se ve reducido a una voluntad de dominio que absorbe toda posibilidad de un poder otro. No es ajena la producción de nihilismo, de sinsentido, a dicho dominio, pues el poder así entendido mata la vida.

 

Con razón, pues, tras Nietzsche, captó Weber que en la política, dada la lógica imperante, el poder dominio, con su carga de violencia, es el que prima. Resignado ante hecho tan aplastante, no dejó de señalar que la política, para no sucumbir a una i-lógica contraria a las indispensables exigencias del invento consistente en el Estado, había de establecer como condición necesaria el monopolio de la violencia legítima. Con todo, la violencia acarreada por el Estado en su más íntimo núcleo es inerradicable, siendo insoslayable medio para asegurar el orden social. El recurso supone, por su propia condición, una constante tentación para el abuso. Por eso, entrar en política, concluía Weber, supone pactar con el diablo. Lo diabólico del poder es su permanente potencial de dominio depositado en todos los intersticios de la arquitectura institucional, siendo tanto más seductora la tentación del abuso en los apartados rincones del subsuelo del mundo político, es decir, al interior de los partidos.  

 

Si el mundo político, en las democracias constitucionales, tiene las salas nobles del edificio en donde se hacen radicar gobiernos y parlamentos, quedan como oscura zona de servidumbre esas otras habitaciones del submundo donde se instalan los partidos, sobre los cuales se hacen recaer la logística e intendencia necesarias para que la maquinaria del poder funcione. Tal funcionamiento lleva anejo el conflicto y la competencia partidaria por los recursos, desde económicos hasta ideológicos, que requiere un protagonismo político enfocado a la conquista de un poder fuertemente disputado. La confrontación política no se da sólo entre partidos que compiten por situarse lo mejor posible en las instituciones –de suyo, aspirando a monopolizar las mismas, por más que ello se encubra con la retórica del pluralismo democrático--, sino que se traslada al interior de los propios partidos. La oligarquía que se constituye en el seno de los mismos –en este caso encubiertas sus pretensiones bajo la cobertura de falsas apelaciones a la participación de la militancia-- funciona aglutinada en torno a intereses comunes a la casta funcionarial a la que da paso una desmesurada profesionalización política. Robert Michels anticipó al respecto su certero diagnóstico. 

 

El submundo de la política en el que los partidos libran sus encarnizadas batallas por el poder interno, acompañadas por la lucha en torno a los recursos financieros para controlar sus instancias decisorias –y ahí radica la crucial importancia de tener el control de las fuentes económicas de la organización, incluidas las que manan por los cauces de la corrupción política, como se constata en los casos que nos llevan a las tenebrosas historias que van desde PP a PSOE pasando por CiU--, ofrece una descarnada panorámica de cómo se ventilan los asuntos propios. A través de ellos está en disputa el control del “aparato” que permite mantener engrasada la organización y controlar el acceso y la presencia en las instituciones, desde instancias caudillistas y mediante procedimientos clientelares, de quienes han de hacer presente al partido en las que supuestamente son instancias de representación de la ciudadanía.  Los resabios del viejo caciquismo no dejan de impregnar los modos que se hacen valer en una interna competición por el poder en la que las apelaciones a la fraternidad no tapan los duros enfrentamientos entre adversarios dentro de un mismo proyecto político que no hacen sino repetir la lógica amigo-enemigo a la que Carl Schmitt, injusta pero realistamente –hasta cínicamente--, redujo la dinámica política. 

 

No hace falta que un partido sea una formación política de vanguardia al modo del partido bolchevique diseñado por Lenin para que la profesionalización política llegue al extremo de que se impongan las particulares expectativas del vivir de la política sobre el vivir para la política –de nuevo el inagotable Weber--, de forma que al competir por el apoyo o por el designio “dedocrático” interno se activen toda clase de ardides para eliminar a contrincantes. Si ello ocurre además en un contexto tal en el que el competidor indeseable es un antiguo secretario general –máximo dirigente del partido-- al que se le derribó de su puesto por los más torticeros mecanismos, no se reparará en gastos, incluidos los de la deslegitimación ante la militancia y el descrédito ante la ciudadanía, para evitar que vuelva a ocupar el puesto del que fue desalojado. Como quedó señalado, es lo que sucede en un PSOE en el cual las elecciones primarias que se avecinan presentan todos los ingredientes para ser un proceso a cara de perro en el que los ladridos ahuyentarán a la ciudadanía y en el que es de temer que primen las carencias en cuanto a transparencia, imparcialidad de los órganos dirigentes, igualdad de condiciones entre candidaturas y ausencia de indebidas presiones sobre quienes quieran avalar a un candidato o vayan a ejercer su derecho al voto. En las próximas primarias para la elección de quien haya de desempeñar la secretaría general se juega el PSOE su ser o no ser. Si se deja que todo se hunda en ese submundo partidario que lastra la vida democrática misma de nuestras sociedades, sólo añadiremos más basura sobre una democracia sumida en el descrédito y sometida a la erosión de la demagogia. También hay, por cierto, un populismo socialista, que cuanto más populista, menos socialista. 

 

José Antonio Pérez Tapias

Es miembro del Comité Federal del PSOE y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada.


27/03/2017 09:21. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

El presidente de Castilla y León oculta los detalles de la sede en Varsovia cuya existencia camufló durante 8 años

 

  • Juan Vicente Herrera en 2012 que la Junta había comprado su sede de Varsovia mientras firmaba con el ministro de Asuntos Exteriores un convenio para el traslado de centros de gobiernos regionales a oficinas diplomáticas con el fin de ahorrar
  • La sede polaca se inauguró en mayo de 2004 con la presencia del presidente de Polonia. La Junta no responde sobre el precio que se pagó, a qué sociedad y si el inmueble, de 297 metros cuadrados sigue siendo de su propiedad
  • El PSOE reveló hace unos días que se había alquilado la sede de Bruselas a la promotora del edifico Perla Negra a través de una sociedad instrumental

 

La Junta de Castilla y León compró un inmueble para su Centro de Negocios en Varsovia, Polonia. El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, así lo dijo muchos años después de su puesta en marcha, en 2004. El comentario de Herrera ante los medios de comunicación ocurrió el 12 de junio de 2012, cuando firmaba un convenio con el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo para integrar los efectivos de la Comunidad en el extranjero en las delegaciones diplomáticas o comerciales del Estado.

 

El objetivo era "ahorrar". En ese momento, Castilla y León contaba con sedes en Dusseldorf, Sao Paulo, Sanghai, Miami, Los Ángeles, París, Casablanca, México DF, Lima, Varsovia, Lisboa, Londres o Estocolmo. Herrera señaló "los ahorros importantes en el gasto" que se iban a producir fruto del acuerdo con exteriores, aunque añadió que "sólo una oficina de promoción exterior, la de Varsovia, es propiedad de la Junta". Así lo recogieron distintos medios a través de una información de agencias.

 

Meses antes, en enero, el consejero de presidencia, José Antonio de Santiago Juárez, había adelantado el traslado de las 17 sedes comerciales para ahorrar gastos, y precisó que "la Junta" sólo pagaba, en ese momento, "los alquileres de siete pequeños despachitos". Este diario intentó obtener una explicación sobre las declaraciones de Herrera a través de su director de Comunicación, Alejandro Salgado, sin embargo, tal y como viene ocurriendo desde hace unos meses, no contestó ni a las llamadas ni al correo electrónico que se le remitió.

.................

La investigación del caso Perla Negra, que involucra también a la ADE podría dar una vuelta de tuerca. Por el momento, el PSOE presentará en el juzgado el contrato de alquiler de Bruselas que vincula a la Junta de Castilla y León con los promotores del edificio mediante una sociedad instrumental.

 

Más información en:

eldiario.es

El ascenso de la extrema derecha en Europa

 

Notas sobre el auge de la extrema derecha en Europa

 

1.- La extrema derecha no es el fascismo, aunque en algunas cosas se le parezca. Podríamos decir al modo de Emmanuel Terray que la extrema derecha “se mueve en el espacio intermedio que separa a la derecha clásica del fascismo”. Si en la derecha hay siempre una pulsión a favor del orden establecido, no es el caso del fascismo que pretende la construcción de un Estado nuevo, que alienta a las masas contra las élites, que cree en la violencia y en la guerra como estado superior de la realización humana y que hace del vínculo directo entre el líder y las masas la forma suprema de la política. No hace falta recordar que para Carl Schmitt el estado nazi y el estado bolchevique tenían una cosa común: era las dos formas de estado modernas.

 

Esto no significa que no haya espacios de proximidad entre la extrema derecha y el fascismo. Buena parte del programa –sobre todo por lo que hace a la exaltación nacional, la defensa de una identidad excluyente conceptualmente cercana a la idea de raza y a la identificación pueblo patria- es compartida.

 

La derecha democrática se mueve actualmente entre los parámetros del llamado neoliberalismo económico y el conservadurismo social. Los neoliberales ponen el acento en la desregulación de la economía, en el papel ancilar de la política supeditada a las exigencias del poder financiero global, en el cosmopolitismo, en la globalización sin fronteras, en la prioridad del crecimiento y del beneficio empresarial sobre la redistribución y la cohesión social.

 

Aunque el crecimiento de momento sólo beneficie a unos pocos, a la larga acabará reportando beneficios a todos, como el agua que cae del cielo. El escritor suizo Jonas Luescher bautizó este argumento como teoría del estiércol de caballo: “Cuanta más avena demos al caballo, más abundante será su producción de excrementos y los pajarillos tendrán más para comer”.

 

Apoteosis de la idea de desigualdad y del desprecio del neoliberalismo por el común de los mortales. El conservadurismo apuesta por la continuidad, por la tradición, por los valores cristianos, por el orden por el marco patriótico y nacional. Ambas concepciones raramente se dan en estado puro, y más bien se han ido acoplando en la medida en que el neoliberalismo marca los límites de la gobernanza económica y el conservadurismo aporta la cobertura política, para hacer más llevaderas las incertidumbres que el proceso de globalización genera en los ciudadanos. François Fillon es un ejemplo casi perfecto de ello: él mismo se presenta como liberal en lo económico y radical conservador en la tradición de la derecha católica francesa.

 

En este contexto, la extrema derecha representa la radicalización de los valores conservadores para encuadrar a unas clases medias y populares que se sienten abandonadas e indefensas. Los valores fundamentales son compartidos: orden, autoridad, jerarquía, desigualdad, defensa de las instituciones, nacionalismo fundamental, prioridad a los nacionales, lo que vería es el nivel de intensidad. Volviendo a Emmanuel Terray: “Si la derecha clásica sólo admite la violencia si se ejerce en los límites fijados por la ley; la derecha extrema la contempla como un medio entre otros, a utilizar en función de las circunstancias”. Y así el rechazo al extranjero se convierte en xenofobia, el patriotismo en nacionalismo identitario y chauvinismo, la lucha antiterrorista en guerra al Islam, la autoridad en autoritarismo.

 

Y una última precisión conceptual: hay que abandonar la inflación de palabras usadas con intencionalidad política, ya que nada significan: no aportan conocimiento sino confusión; no sirven para entender sino para fomentar la ignorancia. La razón de su uso es estrictamente descalificatoria. Simplemente, se trata de colocar una etiqueta al adversario que le marque como excluido. Me refiero especialmente a populismo y antisistema. Y ahora está entrando en escena una tercera que camina rápidamente hacia este papel de gadget ideológico para todos los servicios: posverdad.

 

A juzgar por los discursos oficiales, Marine Le Pen, Trump, los Grillini, el independentismo catalán y Podemos tienen en común que son populistas y antisistema. Magnífico recurso para descalificar a todo aquello que desborda los estrictos límites del monopolio tradicional del poder, sin aportar información ni conocimiento alguno. Lo único que une a cosas tan dispares es que son diferentes expresiones al malestar generado por los estragos provocados por los años nihilistas en que se creyó que todo era posible, que no había límites al capitalismo, que acabaron con la crisis de 2008, y por la gestión que de ella hicieron los gobiernos conservadores y socialdemócratas. Pero la extrema derecha, ya sea en su versión norteamericana –Trump- o en su versión francesa –Le Pen- no tiene nada de antisistema, al contrario, es el plan B autoritario del sistema, y el independentismo catalán será anticonstitucional pero sumamente respetuoso con el sistema económico y social.

 

Igualmente, populismo es una palabra que atrapa todo, que ya no significa nada. Sus definiciones más solventes son dos: hacer promesas a la ciudadanía a sabiendas que no podrán ser cumplidas. Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Nada se ajusta tanto a esta definición como la campaña electoral de Rajoy de 2011. La otra definición gira en torno a la conversión del pueblo en sujeto político de cambio, bajo liderazgos personales fuertes. Pero el pueblo es un concepto demasiado amplio, que sólo adquiere sentido desde la pluralidad que lo constituye. Algunos dirigentes de Podemos han hecho suya la idea de populismo, para identificar la construcción de un nuevo relato de base popular. Pero que poco tiene que ver con el uso descalificativo que se hace del término populismo, y con los otros movimientos identificados como tales. En cuanto a la posverdad -`presentar como novedad la apelación a los sentimientos y a las emociones en política’-, me parece ridículo. La novedad es que la viralización de las mentiras las convierte en verdades con grandes dificultades para combatirlas. Para revisar el crecimiento de la extrema derecha en Europa hay que despojarse de estos tópicos.

 

2.- En general, toda Europa viene sufriendo un desplazamiento a la derecha desde los años 80. La inseminación de la derecha clásica por el llamado neoliberalismo, que ha dado lugar a una síntesis a menudo llamada neoconservadurismo, en un contexto de inseguridad e incertidumbre creciente; y la incapacidad de la izquierda para dar respuesta al desamparo de las clases medias y populares hundidas por la crisis, ha dejado espacio libre al crecimiento de la extrema derecha en Europa. La derecha clásica ha sido radical en las devastadoras políticas económicas, pero discreta y prudente en el discurso público. Y la extrema derecha, sin complejos a la hora de levantar la voz, ha canalizado las iras de muchos sectores. Y ha conseguido arrastrar a buena parte de la derecha –e incluso a la izquierda en algunos casos- para hacer su propia agenda.

 

La extrema derecha se nutre de las crisis de las clases medias. Como ha descrito Marina Subirats, desde los años 90 se fue construyendo la ilusión de que toda la sociedad era una inmensa clase media, con unos pocos ricos en la parte de arriba de la pirámide que habían optado por la secesión, y unos sectores marginales, casi invisibles, por la parte de abajo. Unos compraban en Zara y otros incluso en Louis Vuitton pero la quimera de la felicidad estaba construida con los mismos mimbres mentales del consumismo de masas. Esta ilusión se quebró con la crisis de 2008 que rompió a las clases medias por la mitad. Los que conservaron el empleo y pudieron mantener su trabajo profesional, favorecidos por la caída de la inflación, pudieron trampear la crisis razonablemente, pero se sintieron asediados por una de los sentimientos que más rápidamente se propagan en las clases medias: el miedo. Los que perdieron posición y se encontraron ante un abismo que creían ya superado para siempre, entraron en el desconcierto y la angustia. Y muchos de ellos abandonaron a los partidos en los que habían confiado al sentirse traicionados y se dejaron llevar por el rechazo a la política o por las promesas de redención comunitarista que ofrecía el discurso duro de la extrema derecha. La izquierda vio cómo su propio electorado se iba al otro lado del espectro. Y la derecha, pero también la socialdemocracia, optaron por el mimetismo de la extrema derecha: seguridad, xenofobia y miedo, con lo cual no hicieron más que reforzarla.

 

3.- La ciudadanía, en su desamparo, necesitaba chivos expiatorios: los encontró en los inmigrantes y en las élites. La crisis de los refugiados –a la que Ángela Merkel intentó inicialmente responder con franqueza, pero acabó acomodándose al estado general de opinión- reforzó el discurso contra los extranjeros, convirtiendo a los nacionales en víctimas y presentando a los inmigrantes como privilegiados que nos roban bienes y derechos. Desde esta perspectiva se han ido desplegando todos los tópicos del discurso de extrema derecha: excepción nacional, antieuropeísmo, repliegue identitario, prioridad a los autóctonos, comunitarismo, rechazo a la diversidad cultural. Los atentados del terrorismo yihaidista han reforzado el rechazo al extranjero, convirtiendo a los musulmanes en principal chivo expiatorio.

 

El complemento ideológico de la extrema derecha es el discurso antiélites, que les permite presentarse como lo que no son: una alternativa al sistema. En realidad, la extrema derecha es el plan B del sistema: la vía más directa hacia el autoritarismo posdemocrático. Pero se trata de capitalizar la reacción de la ciudadanía contra unas clases dirigentes y contra una clase política que, escondida detrás del discurso de los expertos, se ha ido alejando de la ciudadanía y desconectando de ella. Y para ello se presenta como personas ajenas a los que mandan, cercanas al pueblo y parte de él. Autenticidad popular como fondo de legitimación: somos como todos. El discurso antiélites es también una respuesta a una política que está transformando la democracia por la vía de la transferencia de la soberanía hacia la aristocracia de los expertos. Es decir, hacia la liquidación de la democracia liberal.

 

4.- La derechización de Europa debilita enormemente los valores de las grandes tradiciones liberales y republicanas europeas. Como si la enorme inundación producida por la globalización, que siguió a la caída del muro de Berlín, siguiera todavía activa. Primero, se llevó por delante al comunismo, después a la socialdemocracia, ahora tocaría al liberalismo. La razón crítica, la conciencia universal expresada en el imperativo categórico kantiano, la idea de humanidad como portadora de derechos básicos de todas las personas, las libertades civiles, se sienten amenazadas. Y el principio republicano es reemplazado por un comunitarismo de la peor especie. Y lo grave de la situación es que la derecha abandona el liberalismo ideológico –que no el económico- para hacer suya la agenda de la extrema derecha. Lo hemos visto en Francia donde la derecha católica, tradicional y conservadora ha desplazado al más liberal de los candidatos de las primarias, Alain Juppé, a favor del neoconservadurismo de François Fillon.

 

Y no olvidemos que la derecha española ha sido pionera en este sentido. Mariano Rajoy intentó imponer una contrarreforma en los primeros años de su mandato. El presidente quiso demostrar que la derecha había recuperado el poder sin complejos, y puso en acción al arsenal católico, conservador y centralizador. Desde la impunidad de la mayoría absoluta, implementó tres proyectos estrella que encargó a los tres ministros con más carga ideológica del Gobierno: la ley de Educación de Wert, la ley Mordaza de Fernández Díaz, y la del Aborto, en manos de Alberto Ruiz Gallardón. La propina fue la reforma laboral. Los tres ministros ya no están, sacrificados a mayor gloria del presidente. La reforma del aborto quedó en intento. La Lomce ya ha decaído, envuelta en una promesa de pacto sobre la educación. Y la ley Mordaza está en el punto de mira de la oposición. España resiste, en parte porque la reacción contra la crisis nihilista ha venido de la izquierda y no de la extrema derecha.

por Josep Ramoneda

http://www.espacio-publico.com

26/01/2017 09:10. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

‘LA INSOPORTABLE CONTRADICCIÓN DE UNA DEMOCRACIA CÍNICA’

JOSÉ ANTONIO PÉREZ TAPIAS / AUTOR DE ‘LA INSOPORTABLE CONTRADICCIÓN DE UNA DEMOCRACIA CÍNICA’

“El sacrificio de Pedro Sánchez fue una operación de Estado”

 

José Antonio Pérez Tapias (Sevilla, 1955) vuelve a casa por Navidad. Lo hace, concretamente, en la Editorial de la Universidad de Granada, institución donde ejerce como profesor y ocupa el cargo de decano de la Facultad de Filosofía y Letras. El libro se titula La insoportable contradicción de una democracia cínica, una recopilación de textos —varios de ellos publicados aquí, en CTXT— escritos entre 2015 y 2016 en los que analiza y contextualiza la situación política de nuestro país y la Unión Europea durante ese tiempo. 

La crisis de la democracia es el denominador común de un libro que recorre el deterioro de las instituciones y la pérdida de afecto de la ciudadanía por sus líderes políticos. Lo hace desde la izquierda, apuntando directamente al partido en el que milita Pérez Tapias, el PSOE. A través de la aparición de la “nueva política”, el resurgimiento del populismo de derecha y situaciones tan dramáticas como la de los refugiados, La insoportable contradicción de una democracia cínica trata de arrojar algo de luz en una cronología de acontecimientos que deja un panorama desolador para el europeísmo y la socialdemocracia. 

¿Se encuentran los sistemas democráticos en un punto de no retorno?

Están en un momento crítico, crucial. Estamos viendo cómo en muchísimos países se está dando una crisis de representación política, con una distancia muy grande entre la ciudadanía y sus representantes. Y esa distancia es un síntoma claro de que algo está fallando en los sistemas democráticos. Por tanto, es ahí donde urge encontrar esas soluciones que vayan en el camino de una democracia más participativa, donde esa conexión entre ciudadanía y representantes sea mucho más viva y fluida, y donde además la participación democrática no quede restringida al momento electoral.

La democracia es el sistema político de los Estados de Derecho que hoy pueden presentarse como tales, y está ocurriendo que los mismos Estados se están viendo relegados a una situación de impotencia grave respecto al mercado y los grandes poderes financieros. Esa misma crisis del Estado frente al mercado está repercutiendo también en la legitimidad con que se perciben las instituciones democráticas, de forma que la ciudadanía pasa a desconfiar de los gobiernos porque no responden a las expectativas o a los programas electorales. Y ocurre tanto en el ámbito de los Estados nacionales como en el ámbito de los supranacionales, como es la Unión Europea. Hace unos años hablábamos de un déficit democrático y hoy nos encontramos con una Unión Europea que tiene mucho de antidemocrática en su funcionamiento.

 

¿Qué representa el proyecto europeo para la supervivencia de la democracia?

 

La Unión Europea era vista como un lugar donde se había consolidado el Estado de bienestar, con una serie de políticas sociales que respondían a ciertos derechos sociales y un espacio de democracias consolidadas. Eran elementos fundacionales, donde los derechos políticos y civiles estaban suficientemente consagrados y fortalecidos. Y lo que nos hemos ido encontrando .................

 

¿Se trata de un modelo agotado, entonces?

 

Yo he llegado a decir que como proyecto político la Unión Europea está muerta. Lo que la mantiene hasta ahora es el euro. Por conservar el euro la propia Unión Europea está autodestruyéndose, con políticas económicas que van en una dirección muy contraria a las demandas y necesidades de la ciudadanía. Una Unión Europea sometida a las dinámicas de un mercado global desde una posición política muy débil: desde Europa se pensaba que se podía difundir a otras latitudes el modelo social europeo, y estamos viendo que el camino que se está recorriendo es a la inversa. En ...........

 

¿Aún tenemos oportunidad de tener voz o hemos quedado relegados a un plano de trágala permanente?

 

Una de las tareas de la acción política es ensanchar los márgenes de lo posible. No vale quejarse de que no hay margen, lo que hay que hacer es conseguir esos márgenes. Posibilidades hay. Lo que necesitamos es la suficiente inteligencia y voluntad política para lograr ese ensanchamiento transformador. Hay quienes lo han intentado, pero en unas situaciones tan difíciles que les ha sido imposible. Es el caso ...............

 

En su libro habla del drama de los refugiados y el auge de la xenofobia en Europa durante 2016. Más allá de las políticas xenófobas, ¿podremos hacer frente a las ideas que empiezan a arraigarse en la ciudadanía? 

La situación se complica por esas fuerzas xenófobas ultranacionalistas que canalizan un rechazo al otro, una especie de alergia, como digo en algunos pasajes del libro, adoptando una posición de exclusión. Hay mucha ceguera política en eso, mucho interés. Respondiendo al título del libro: unas notables dosis de cinismo. Porque las mismas contradicciones que se presentan ante esta situación ni siquiera se afrontan con un discurso decente u honesto, sino que se hacen valer en favor de la ley del más fuerte. ........................

 

¿Estamos asistiendo a una era política alimentada por la miseria? 

 

La política actual está alimentándose, tanto en el ámbito europeo como en el español, de un cinismo enorme. El capitalismo es un capitalismo cínico, porque ni siquiera necesita la cobertura ideológica o la manutención de cierta hipocresía social y apariencia, sino que se presenta descarnadamente: viene generado desde las élites económicas de un capitalismo omniabarcante e inmisericorde, contaminando la vida de las sociedades y contaminando la política a todos los niveles. Y así, .............

 

Hablaba sobre la falta de una democracia participativa y la necesidad de una representación política real. ¿Es un problema de instituciones o de la mediocridad política de quienes las ocupan? 

 

En una situación de crisis como la actual, en la que además se solapan las crisis, las instituciones (y la democracia española en general) necesitan una reforma constitucional en profundidad. En estos momentos de crisis se evidencia cómo falla la articulación de lo que llamábamos décadas atrás los factores objetivos y los factores subjetivos. Por una parte, las instituciones, que en sus propias dinámicas van formulando patologías en su funcionamiento por mecanismos muy oligárquicos y estructuras muy viciadas. Por otra, ...........

 

En el libro le leemos hablar, inevitablemente, sobre la crisis del PSOE. ¿Se ha contagiado el partido de ese cinismo democrático? 

 

Estamos ante un clima social muy consolidado, como he dicho, contamina todo. Este cinismo político penetra por todos los poros de las organizaciones y por eso nos encontramos cosas que para cualquier observador externo, o interno, son muy chocantes, si no escandalosas. Que en un partido político se pida juego limpio por quienes a todas luces no han practicado ese juego limpio que en democracia es exigible forma parte de ese discurso instalado en el cinismo político. Lo vemos constantemente, en el caso del ........................

 

¿Se parecen cada vez más Susana Díaz y Mariano Rajoy?

 

Podría decirse que tienen elementos en común, pero creo que en este caso los estilos personales son muy distintos, lo cual no quiere decir que sean virtuosos. Todos sabemos que Rajoy es el “maestro” del inmovilismo político, y desde luego en cuestiones de cinismo va bien servido. Pero los modos en los que actúa Susana Díaz responden a otras características. Puede sobreactuar ...............

 

¿Es Pedro Sánchez el Tsipras del PSOE? 

 

Pedro Sánchez, a través de sus manifestaciones y sus modos de actuar, ha hecho un recorrido muy interesante y muy costoso en términos políticos y personales. Se vio muy constreñido como secretario general porque le cortaron las alas y le ataron de manos y pies a la hora de, con los resultados electorales obtenidos, buscar alianzas de gobierno en el caso de que el PP no pudiera formarlo. Cuando Pedro Sánchez abre el camino de la izquierda ................

 

Podemos se cuela en cada página para servir de gancho entre la nueva y la vieja política. Con lo visto en las últimas semanas, ¿ha quedado la “nueva política” en poco más que caras nuevas?

 

En todo esto también hay ciertos excesos de confianza. Cualquiera puede pensar que lo que les pasa a los otros no le pasa a uno mismo, y no es así. Las organizaciones son capaces de generar ciertas dinámicas muy parecidas en unos partidos y otros. Hay que estar muy vigilante y ejercer importantes dosis de autocrítica para que estas situaciones no se produzcan y saber encauzarlas, tanto ...........

 

¿Es posible, en algún caso, una “nueva política”? 

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entrevista

05/01/2017 13:28. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

El redescubrimiento de la clase trabajadora en los países a los dos lados del Atlántico Norte

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Pompeu Fabra

 

Independientemente del mérito o demérito que pueda tener la palabra populismo para definir lo que está ocurriendo en gran parte de los países de la Unión Europea y en EEUU (tema para otro artículo), la realidad es que este término se está empleando para ocultar un fenómeno mucho más llamativo e importante, que es la necesidad de recuperar categorías analíticas que ayuden a entender la realidad que nos rodea y que han sido deliberadamente marginadas por los establishments político-mediáticos de tales países desde los años ochenta, tales como los conceptos y términos de clases sociales y conflicto de clases. En cada uno de los mayores eventos que han supuesto verdaderos tsunamis políticos en los países a los dos lados del Atlántico Norte (los cuales han cogido por sorpresa a sus establishments político-mediáticos), tales como la victoria del candidato republicano Trump en EEUU o el Brexit en el Reino Unido, ha habido un elemento en común: la movilización de la clase trabajadora (clase social que supuestamente había desaparecido en el análisis y la narrativa de tales establishments) en contra de políticas públicas neoliberales impuestas (y digo impuestas pues no estaban en sus ofertas electorales) por partidos gobernantes que han estado aplicando dichas políticas, las cuales han estado dañando enormemente el bienestar y calidad de vida de las clases populares, hasta tal punto que en EEUU, por ejemplo, su esperanza de vida ha ido descendiendo como resultado de la aplicación de dichas políticas.

 

En estos países, mediante los movimientos que sus establishments político-mediáticos definen como populistas, la clase trabajadora ha jugado un papel clave en el rechazo y movilización contra tales políticas públicas, rechazo que se ha hecho extensivo a dichos establishments, percibidos correctamente como sensibles hacia los intereses de los poderes financieros y económicos, y espectacularmente insensibles hacia el bienestar de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población. De ahí que una característica de estos movimientos de rechazo haya sido su profundo malestar con las instituciones llamadas representativas, así como con los instrumentos políticos que históricamente habían estado al servicio de la clase trabajadora (donde se habían originado), los cuales han sido percibidos como parte de aquellos establishments (y que cuando han gobernado han aplicado las mismas políticas que las de sus adversarios políticos, representantes de los partidos próximos -y derivados- de las clases dominantes). Ni que decir tiene que otras clases han intervenido en estos movimientos también, incluidos sectores de las clases profesionales y amplios sectores de las clases medias que se han ido proletarizando, consecuencia de las políticas públicas neoliberales que han afectado también negativamente su bienestar y calidad de vida. Pero la movilización de la clase trabajadora frente a las políticas llevadas a cabo por los gobiernos e instancias superiores (como las instituciones de gobernanza de la Unión Europea en el caso de Europa, instrumentos de las clases dominantes) ha sido determinante en tales movimientos llamados populistas.

El redescubrimiento de la clase trabajadora por las derechas y ultraderechas

 

En realidad, la concienciación sobre este hecho explica la respuesta de las estructuras de poder frente al protagonismo de la clase trabajadora, llegando al nivel de que el Partido Conservador británico, dirigido por la nueva primera ministra del Reino Unido, la Sra. Theresa May (uno de los partidos gobernantes en la Unión Europea que ha aplicado con mayor intensidad las políticas neoliberales), se ha erigido en el partido de la clase trabajadora (sí, ha leído bien, así lo definió la Sra. May), recuperando, en su discurso, la narrativa de la lucha de clases (la clase trabajadora frente a los establishments político-mediáticos británicos y europeos) que incluso las izquierdas tradicionales habían abandonado. La utilización de un mensaje soberanista frente a los poderes fácticos extranjeros, con un discurso claramente antiestablishment con marcado acento de conflicto con las estructuras del poder, está caracterizando a esta derecha, convertida en la ultraderecha, en una situación con ribetes parecidos a lo que ocurrió en los años treinta del siglo pasado, cuando aparecieron y se expandieron el nazismo y fascismo, que hay que recordar que se llamaron a sí mismos nacionalsocialistas.

 

Una situación semejante ha ocurrido en EEUU, donde la movilización de la clase trabajadora blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora estadounidense) ha jugado un papel determinante en la victoria de un candidato, Donald Trump, que se presentó como su representante (“I love the little people, forgotten in this country”) frente a un establishment político-mediático altamente impopular, y con un programa que tenía elementos atractivos para dicha clase trabajadora, como la eliminación de los tratados de libre comercio, que han facilitado la pérdida de puestos de trabajo en EEUU.

 

Esta situación de pujanza de este discurso de clase es un indicador más del enorme coste que ha significado para las izquierdas tradicionales su abandono del discurso de clases, un vacío que han llenando las nuevas derechas que hábilmente lo han recuperado para fines electorales que han sido altamente exitosos. La copia mimética por parte de las izquierdas de los términos utilizados por las derechas, refiriéndose a la mayoría de la población como personas pertenecientes a las “clases medias”, sin hacer referencia a la clase trabajadora (que continúa siendo la gran mayoría de las clases populares) ha tenido sus costes, hábilmente utilizados por las derechas, convertidas en ultraderechas.

publico.es

21/12/2016 08:48. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

La Junta de Castilla y León justifica el sobrecoste del Perla Negra con "una media de tasaciones"

La portavoz, Milagros Marcos, dice que se hicieron muchas valoraciones del edificio y no explica por qué no se atendió a dos informes que lo tasaban en 39 y 41 millones

La Junta cerró la compra en 52 millones aunque la Intervención General del Estado detectó que se habían pagado dobles facturas que dispararon el precio hasta los 70

"Se hizo una media entre tasaciones, porque hay varias". Así justifica la portavoz de la Junta de Castilla y León, Milagros Marcos, que se despreciasen y ocultasen dos tasaciones encargadas por el secretario general de Economía en 2009, Rafael Delgado, para decidir si era mejor comprar el edificio de Soluciones Integrales conocido como Perla Negra.

Este diario desveló hace unos días que esas tasaciones, realizadas por Alia y Tinsa, valoraban el edificio en 39 y 41 millones de euros. Las tasaciones se hicieron después de que Pablo Trillo, vocal de la empresa pública encargada de la gestión de suelo, alertase de los precios "disparatados" que se manejaban tanto para el alquiler como para la compra.

A pesar de que las valoraciones eran casi coincidentes, la Junta cerró la compra en 52 millones de euros. Pero no es que pagase 10 millones de más, es que a través de dobles facturas detectadas por la Intervención General del Estado el precio se disparó hasta los 70 millones.

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eldiario.es

16/12/2016 10:58. Izquierda Socialista en Valladolid #. No hay comentarios. Comentar.

Por qué la izquierda portuguesa lo consiguió y la nuestra no

Enrique del Olmo
Sociólogo y militante socialista

El pasado día 19 de noviembre, en el círculo de Bellas Artes de Madrid, y organizado por Marga Ferré, la directora de la Fundación Europa de los Ciudadanos, se celebró un magnífico debate sobre el Gobierno de Portugal con participación de la Diputada de En Marea Yolanda Díaz, y José Gusmão del Bloco de Esquerdas que ha participado en las negociaciones para la configuración del acuerdo parlamentario entre el PS de Antonio Costa, el PCP y el Bloco.

Fue como si nos colocasen un espejo delante de la cara y nos dijese el espejo: ¿Por qué nosotros no? Hay varios elementos que nos permiten acercarnos a una reflexión positiva.

En Portugal lograron un acuerdo para un Gobierno y un programa de medidas de urgencia social, con menor fuerza parlamentaria y electoral que en España a la altura del 20-D. ¿Qué hicieron allí y no aquí? ¿Y qué errores u opciones políticas se tomaron en España que impidieron una salida a la portuguesa, que no dudo que nos tendrían a todos más felices?

La primera cuestión es que en Portugal, en palabras de Gusmão: “El PS tuvo una voluntad de buscar un acuerdo a su izquierda fue capaz de romper el llamado arco de la gobernabilidad (PSD, CDS y PSP)”.

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El segundo tema fundamental. ¿Cuál fue la base del acuerdo?, también nos lo contesta Gusmão: “Otra de las claves del acuerdo fue que todos los partidos de izquierdas fueron muy solidarios y además fijamos unos objetivos muy concretos de mejora de la calidad de vida de gente y pusimos el foco en la devolución de renta a la población y en la devolución de derechos”.

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Tercera cuestión, a pesar de las enormes dificultades, a pesar de ser un país pequeño en la Unión Europea, a pesar de estar aislado por la derrota griega y el fiasco español. El gobierno portugués ha demostrado con hechos que otro camino era posible.  ...........

La cuarta cuestión que situó Jose Gusmão fue la necesidad de que la movilización social vuelva al primera plano.

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Desde el amargor de haber fallado a nuestros compatriotas ibéricos, extraigamos las conclusiones positivas apoyándolos y buscando un camino para revertir este gris panorama del Gobierno de Rajoy.

publico.es


28/11/2016 09:12. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

PSOE, balance de una época

Hace mucho tiempo que en los congresos del PSOE no se discute en torno a la viabilidad del proyecto socialdemócrata, a su capacidad o incapacidad de atraer a la gran mayoría de la población. La deliberación sobre ideas y proyectos fue sustituida por la búsqueda de liderazgos que nos condujeran al gobierno. Desde que Felipe González dejó de ser secretario general (1997), el PSOE se centró sobre todo en encontrar, cuanto antes, un líder nacional que hiciese real el apotegma: “somos un partido de gobierno”. De tanto poner énfasis en conquistar gobierno soslayamos la tarea política primordial de un partido: definir y delimitar el ideario del campo socialista para, de esa manera, fomentar un sentimiento de pertenencia que fuera más allá de los intereses territoriales de cada una de las federaciones que integran el partido. Es decir, se sobrepusieron las aspiraciones territoriales –y algunas veces, las estrictamente locales, para mayor carga de inconsistencia– en debates que deberían haber tenido un sentido transfronterizo, hasta llegar al extremo de adoptar decisiones “verticales” en virtud de los intereses de cada una de las regiones y de sus respectivas “baronías”. Cobró cuerpo la verticalidad y perdió la horizontalidad en los posicionamientos políticos. La oligarquización en la toma de decisiones sustituyó a la democracia deliberativa y, con ello, la vida interna del partido fue volviéndose cada vez más líquida o, si se quiere, más silenciosa compensada, la mayoría de las veces, por la acumulación de cargos institucionales a nivel local y regional. Así pues, el debate ideológico llegó a convertirse en un actor secundario y la escena crucial la protagonizó la elección de quién sería cabeza de cartel en el siguiente concurso electoral.

Lo importante, recargar la batería ideológica y abonar el terreno de las emociones para que la sequía del desencanto no agudizara la sensación de irrelevancia, enmudeció a favor de la incorporación de un modelo presidencialista o cesarista que acabaría por laminar cualquier intento de fortalecer la democracia interna. Lamentablemente, el procedimiento de primarias no ha coadyuvado a extender la democracia deliberativa en los órganos de toma de decisión ni tampoco ha servido para integrar a las minorías discrepantes en las distintas ejecutivas y en las instituciones. Por el contrario, las primarias han sido utilizadas para afianzar el modelo bonapartista y zafar al líder de turno de debates trascendentales a costa de renunciar al sentido último de la socialdemocracia. Quede claro, no estamos en contra de las primarias. Estamos en contra de legitimar las primarias como un proceso en el que “el que gana lo gana todo y el que pierde lo pierde todo”. El sentido de las primarias no puede ser el de sacralizar al líder y convertir a la militancia en monaguillos. No basta con decir “un militante, un voto”; es necesario pero insuficiente para democratizar realmente al partido. Hace falta establecer mecanismos que garanticen mayores cotas de inclusión en las distintas esferas de la vida orgánica e institucional del partido. En anteriores artículos publicados en infoLibre, expusimos algunas propuestas para evitar los efectos perniciosos del sistema de primarias.

Las preguntas que subyacen aquí son: ¿por qué los ciudadanos ya no conectan con nosotros?, ¿por qué el PSOE ha dejado de ser visto como partido impulsor de los cambios sociales?, ¿por qué el PSOE ha perdido el tono vital hasta el punto de ser percibido como una fuerza complementaria del sistema? Hay quienes, con poca memoria, sitúan el momento del gran desapego en el final de la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Es más, para la denominada “vieja guardia”, para quienes prefirieron abandonar el marxismo y deificar a Felipe González, la etapa de Rodríguez Zapatero es un “paréntesis” en la historia del socialismo español. Una época, afirman, para olvidar. Puede que esta lectura del pasado les reconforte pero no responde totalmente a la realidad. El PSOE lleva desfondándose políticamente desde hace mucho tiempo atrás.


Sin duda alguna, el primer trauma post-electoral sobrevino cuando Felipe González perdió las elecciones en marzo de 1996 y no pudo revalidar su mandato como presidente de gobierno. Se perdió por poco, es cierto (el PP obtuvo 9.716.006 votos mientras que el PSOE 9.425.678 votos). Con todo lo que había ocurrido desde 1993 a 1996 apenas hubo una diferencia de 290.328 votos. Quizá ese hecho, haber perdido por tan poco, facilitó que no se debatieran en profundidad las causas del declive socialista y que en el decisivo XXXIV Congreso Federal (junio de 1997), en el que González anunció que no optaría a la secretaría general con el fin de propiciar la renovación del partido y, de paso, arrastrar a Alfonso Guerra a abandonar la ejecutiva, no se trataran las razones de peso por las cuales el PSOE se había desplomado en las urnas y dejado de ser el partido de referencia para amplias capas de la población.

Tres eran los temas que estaban en el tapete y que, por desgracia, la sucesión del liderazgo de Felipe González los evaporó por completo: lo relativo a la tensión entre Estado de Derecho y razón de Estado, lo que incumbe a la economía social de corte socialdemócrata frente a prácticas económicas social-liberales y lo referente al modelo de organización del partido.

1. La zona oscura: razón de Estado

Frente al terrorismo de ETA fueron apareciendo distintos grupos ilegales que pretendían combatir con las armas aquella organización criminal: los Guerrilleros de Cristo Rey, el Batallón Vasco-Español, la Triple A y los Grupos Armados de Liberación (GAL). Todos estos grupos armados tuvieron algún tipo de permisividad, consentimiento o complicidad por parte de algunos altos servidores del Estado. Su existencia ponía en entredicho los propios principios básicos y fundamentales del Estado de Derecho. Por entonces, se hablaba de las “cloacas” del Estado dando a entender que son inevitables y que no hay Estado de Derecho sin esa “zona oscura” del uso de la violencia ilegítima. No obstante, en lo que nos afecta, no debemos eludir la pregunta: ¿por qué con el tema de los GAL se adoptó una actitud abstencionista de dejar hacer, dejar pasar? Desde una óptica de izquierda la pregunta que se nos impone es qué se hizo para transformar determinadas estructuras del Estado. No podíamos ni podemos justificar que en el aparato represor del Estado no se hubiera limpiado a tiempo el lastre dejado por la herencia del franquismo, ni tampoco que la democracia haya entrado tan tarde en una de las zonas más sensibles del aparato estatal. No puede haber razón de Estado ni patriotismo de partido para justificar la existencia de hábitos perversos, tramas político-policiales heredadas de la dictadura en los cuerpos de seguridad del Estado. 

El aplazamiento casi indefinido de la reforma de las fuerzas de seguridad del Estado probablemente fue una de las razones que contribuyeron a la derrota electoral.

2. Sintonía con las políticas neoliberales

Sobre la política económica de los gobiernos de Felipe González cabe hacer una interpretación específica española frente al resto de los países europeos. España tenía pendiente no sólo la incorporación a la Unión Europea, sino también de manera especial la construcción de un Estado de Bienestar. Ambas misiones se identificaron, en el sentir colectivo, como logros de Felipe González. En efecto, suponían un claro avance en temas como la universalización de la sanidad, la universalización de la educación hasta los dieciséis años, el acceso generalizado a la universidad fomentado por una política de becas hasta entonces desconocida, la implantación de las pensiones no contributivas, la superación de una política de beneficencia por un pilar incipiente de servicios sociales y un impulso muy importante en una red de infraestructuras públicas, etc.

Unos cambios profundos en nuestro país que tuvieron su principal reflejo en nuestros municipios. Los socialistas gobernábamos en las principales ciudades de España y lo hacíamos acompañados de un impulso ciudadano de cambio ante un hábitat muy desolador: había que superar las ciudades o barrios “dormitorios”, carentes de todo tipo de servicios. Y no hay duda de que las ciudades comenzaron a cambiar. Así nacían hospitales y centros de salud, colegios y escuelas infantiles, universidades, viviendas públicas y rehabilitación de entornos urbanos, complejos deportivos y culturales, etc. Una micro política que sin duda contribuyó al bienestar social y que sedimentaba fuertes redes de solidaridad a través de unos nuevos servicios sociales.

Pero, paradójicamente, serían estos logros y una cierta autocomplacencia los que frenaron el verdadero debate que se cernía sobre el auge de las políticas neoliberales en Europa. En el ámbito nacional, el problema con que se enfrentó el gobierno socialista era cómo gestionar la crisis económica de los años ochenta del siglo pasado, cuya característica principal era la pérdida de rentabilidad del capital a largo plazo. Los efectos de aquella crisis fueron: el decrecimiento de la inversión productiva, la aparición del paro estructural, el desequilibrio entre consumo y producción y, sobre todo, el nacimiento de la economía especulativa. Si queremos ser justos en la valoración, no perdamos de vista el contexto internacional: la economía neoliberal se consolidó como paradigma dominante a partir de los gobiernos de Reagan y Thatcher. Dichos parámetros neoliberales tuvieron, en efecto, un claro influjo en la economía política española. Ecos de estos planteamientos neoliberales fueron lo que en la segunda mitad de los ochenta se propuso como “saneamiento económico”: la primacía del control de la inflación sobre la creación de empleo, una política macroeconómica dirigida hacia el control de la oferta monetaria y de los tipos de interés, una política fiscal que favorecía a la renta del capital sobre la renta del trabajo y todo ello se aderezaba con una retórica que elogiaba las virtudes del mercado. Fue la época en la que imperó un uso funesto del concepto de “modernidad”: era utilizado para convertir al mercado en el agente fundamental de la eficacia económica, para eliminar las normas reguladoras de las relaciones laborales, para justificar el abaratamiento del coste salarial y las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, para promover la precarización del empleo con el objetivo de ser competitivos, etc. Y en paralelo se daba a entender que los sindicatos de clase eran una rémora para la modernización y el progreso.

En este período también se produjo una gran concentración de la riqueza, lo que por entonces se calificó “socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios”. Ni siquiera el más sano de los “posibilismos” o “gradualismos” podía justificar la dualización social que provocaba la aplicación de las premisas neoliberales. Y sostener que aquella política económica era la única posible constituye un verdadero desatino del pensamiento socialista, ya que implica reconocer explícitamente que había y hay que salvar los privilegios de quienes se benefician del statu quo. Triste noticia: defender la estabilidad no es sino defender el orden constituido. Y si ese orden es injusto, como ocurre en la sociedad capitalista, significa renunciar a la justicia social. Estamos convencidos de que la solución al desempleo no pasa necesariamente por la precarización del trabajo, de que la única vía para incrementar la demanda no es el recorte salarial y, en fin, de que el crecimiento económico es compatible con la justicia social, es decir, con el reparto de la riqueza y de las oportunidades. Para ello hubiera sido necesario que: 1) las grandes compañías transfiriesen anualmente un porcentaje mínimo de sus beneficios a los fondos de los asalariados, de tal manera que se hubiese garantizado el destino de los excedentes hacia el empleo; 2) se incrementara la influencia de los trabajadores en el proceso económico con el fin de avanzar hacia la economía social de mercado; 3) que existiera una mayor proporcionalidad en la presión fiscal entre el IRPF y el Impuesto de Sociedades; 4) interpretásemos en sus justos términos el artículo 128 de nuestra Carta Magna: Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

Es evidente que en materia económica se habían adoptado medidas que nos alejaban extraordinariamente de las señas de identidad de la socialdemocracia clásica. El caso más notorio fue la reforma del mercado laboral de 1994, siendo catalogada por los sindicatos como auténtica “contrarreforma”. No menos significativo fue que aquella ley contó con el respaldo de la derecha y causó desconcierto en las bases sociales de izquierdas y un profundo rechazo de los sindicatos. Paradójicamente, la ley se presentó como un instrumento para la creación de empleo y no tan paradójicamente como un mecanismo para flexibilizar la rigidez del mercado de trabajo. ¡¿Cuánto tiempo llevamos con el mantra de la rigidez del mercado de trabajo?! 

Sin duda alguna, toda esta sintonía con las políticas neoliberales incidió en el desgaste del gobierno socialista y ha tenido efectos sociales y electorales negativos.

3. El precio de la cohesión interna

Uno de los rasgos inherentes del proyecto socialista es la participación en la toma de decisiones y en los resultados económicos, sociales y culturales. Entendemos como un derecho inalienable intervenir en la toma de decisiones. Sin embargo, la situación del PSOE era a todas luces preocupante: se había convertido en un instrumento devaluado ya que la relación partido-gobierno, desde 1982, daba sobradas pruebas de sumisión, sucursalismo y seguidismo acrítico y acéfalo del partido respecto al gobierno. En aquellos años regía la máxima “se gobierna desde la Moncloa y no desde Ferraz”.

Asimismo, se aplicaba la tan manida “cohesión interna” como disolvente de la pluralidad. Es decir, se confundía cohesión interna con amordazamiento de la disidencia, con hacer de la disciplina un instrumento de control hasta el extremo de convertir el partido en una marioneta movida por muy pocos hilos y, en el peor de los casos, por uno solo. En la vida interna del PSOE se tendía fragmentar el debate alrededor de las zonas de influencia de los líderes regionales en vez de auspiciar el mismo en torno a posicionamientos políticos e ideológicos globales. Es el momento en que aparecen con intensidad las baronías territoriales como contrapeso a eso que se denominó “guerrismo”. Iniciamos el camino hacia un modelo de partido y de debate que consagraba el peso de cada federación, la fuerza de cada líder regional y, en consecuencia, se iba territorializando el discurso hasta llegar a perder el sentido global del pensamiento socialdemócrata. De forma que el discurso socialista ya no lo vertebraban las distintas corrientes o alas de pensamiento sino que los acuerdos o desacuerdos dependían de la región a la que se pertenecía y, por consiguiente, de lo que mantuviera el líder regional de turno.

En concomitancia con lo anterior, las Agrupaciones Locales fueron perdiendo entusiasmo, afán por el debate, y los militantes redujeron su capacidad política a cotizar, a realizar tareas puntuales en las campañas electorales y a apoyar pasivamente decisiones que no le habían sido consultadas. Con esta dinámica de funcionamiento, lógicamente los militantes carecían de recursos formativos para contrarrestar los ataquesdirigidos tanto por el neoconservadurismo como por el neoliberalismo contra el socialismo. 

Esta falta de respuesta del partido también contribuyó a la pérdida progresiva del voto entre la juventud y el respaldo social en las poblaciones de más de cincuenta mil habitantes.

4. No solo la corrupción

Es incuestionable que tanto los casos de corrupción como la financiación ilegal fueron la causa primordial de la pérdida de las elecciones. Pero, como decimos, sería erróneo atribuir tal pérdida sólo a la corrupción. La apropiación indebida de fondos reservados y la instrumentalización de la política como plataforma económica personal contribuyeron a deteriorar aceleradamente nuestra credibilidad. Comenzó a ser una broma de mal gusto hablar de “cien años de honradez”. Esas conductas delictivas e inmorales minaron el ánimo de muchos militantes y también alcanzaron de lleno en nuestros votantes y simpatizantes, pues desmoralizados perdieron la confianza en el PSOE.

Como vemos, todas estas cuestiones estaban sobre la mesa y eran ineludibles abordarlas y, sin embargo, en aquel XXXIV Congreso de 1997 de lo único que nos ocupamos fue de la sucesión del líder carismático. Para colmo de males el “dedo” de Felipe González impuso que su sucesor fuese Joaquín Almunia. La elección de Almunia significaba, desde la perspectiva de los procedimientos, el triunfo de la “dedocracia” sobre la democracia y, desde un punto de vista político, la victoria del ala liberal del partido. Añadamos que nada de lo que hizo González en ese Congreso fue censurado o criticado por el periódico de referencia de los progresistas españoles; al contrario, su línea editorial era la pauta-guía del proyecto socialista.

Ahora bien, ¿en qué centraron las causas de la derrota electoral aquellos que se vivieron implicados en los gobiernos de Felipe González? Podríamos hacer la pregunta de otra forma: ¿cómo se perciben a sí mismos quienes vincularon su vida política al proyecto de Felipe González? Según ellos, el derrumbe electoral se debía únicamente a dos causas: la corrupción y el enfrentamiento con los sindicatos. Ello puede verse en el balance que hacen de la época en el libro de María Antonia Iglesias, La memoria recuperada, Aguilar, Madrid, 2003. Ninguno de los próximos a Felipe González puso el acento en la política neoliberalque venía practicando el gobierno como causa de la desafección al proyecto socialista.

El eje de la política económica se resumía en la ecuación neoliberal: “menos regulación = más modernización = más crecimiento y empleo”. Contra ella se levantaron los sindicatos de izquierdas. Paradójicamente corrobora dicho balance el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, al valorar dicha época: “Dentro de cincuenta años, cuando los historiadores describan la política económica de los gobiernos de la democracia (UCD, PSOE y PP) no apreciarán muchas diferencias entre la orientación de las mismas […] porque sus elementos esenciales fueron los mismos: la apertura de la economía española, las reformas estructurales para mejorar el funcionamiento de los mercados y las políticas macroeconómicas ortodoxas. Cuando ahora, tan sólo siete años después de que los socialistas hayan dejado el gobierno, se nos pide resaltar algunas características de la política económica socialista, hay que sacar la lupa para encontrar algunas diferencias con las políticas de UCD y del PP…” (escrito para el libro de María A. Iglesias, Op.cit., pág. 903) Atendamos: Fernández Ordóñez nos recomienda “sacar la lupa” si queremos ver diferencias económicas entre la derecha y la izquierda. Quizá por esta razón Rodríguez Zapatero optó por él para que fuera la máxima autoridad del Banco de España.

Hay más, si repasamos las distintas valoraciones que hicieron de la huelga general del 14 D de 1988 quienes se vivieron identificados con el proyecto felipista, observaremos que existe una apreciación común sobre las causas de la misma: todo queda resuelto en un problema personal y psicológico del líder de la UGT, Nicolás Redondo. Fue el exministro de economía, Carlos Solchaga, quien mejor relató la supuesta patología psicológica del líder sindical: “Donde, en el caso de González, destacaba la seguridad y confianza en sí mismo; en el caso de Redondo brillaba su inseguridad personal y su desconfianza hacia todo el mundo. Redondo no podía concebir el ejercicio del liderazgo sin el uso de una autoridad con frecuencia brutal que pretendía extender a todo el mundo: desde un secretario provincial de la UGT a un ministro de la Nación. Si González era capaz (en el caso de que los tuviera) de superar sus rencores personales en los debates internos, eran proverbiales los odios africanos de Redondo (particularmente el que fue incubando contra el propio Felipe González)” (C. Solchaga, El fin de la edad dorada, Taurus, 1997, pág. 146) A la saga de Solchaga van José María Maravall, Javier Solana, Joaquín Almunia, Rosa Conde y una larga lista de eso que se llamó “renovadores”. No se consideró lo que atinadamente señaló el historiador Manuel Tuñón de Lara: que los sindicatos, si no se manifestaban contra la deriva socioliberal de la socialdemocracia española, corrían el riesgo de terminar por deslegitimar su propia figura de representantes efectivos de los intereses obreros.

La simplificación de los renovadores no pudo ser más estrambótica: todo el problema del PSOE se reducía a dos sujetos, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo. A partir de aquí, concluyeron que el declive del PSOE se debía fundamentalmente a la corrupción y desligaron de las causas el haberse abrazado alegremente al neoliberalismo económico. Es indudable que la infección de la corrupción había corroído las entrañas del PSOE (caso Filesa, Juan Guerra, Aida Álvarez, etc.), había anidado en el Banco de España (caso Mariano Rubio, Gescartera, etc.), había inoculado en el Ministerio del Interior (caso Mario Conde y Perote) y, lo que era más grave, había contaminado a las Fuerzas de Seguridad del Estado (caso Roldán, Amedo, Domínguez, etc.). El panorama, no nos engañemos, era pestilente. Los renovadores pusieron el ojo pura y exclusivamente en la corrupción obviando las consecuencias del significativo abandono de las políticas económicas propias de la socialdemocracia, convencidos de que la adopción de los postulados neoliberales no produjo un alejamiento significativo de la base social. Los socialistas españoles fueron quienes realmente inauguraron la Tercera Vía aunque no tuvieron, como Tony Blair, un teórico de referencia: Anthony Giddens. En España primero fue la praxis, luego la teoría, esto es, la acomodación de las ideas a los hechos.

PSOE, balance de una época (parte II)

5. El debate siempre pospuesto

Sirva esta ineludible exposición para explicar por qué habría sido imprescindible iniciar este debate en el XXXIV Congreso y, sin embargo, la sustitución de Felipe González se llevó por delante aquella inaplazable tarea. Joaquín Almunia, previamente designado por el máximo dirigente, fue elegido secretario general. Quienes asistieron a aquel Congreso trataron de que fuese posible una elección de los delegados entre Josep Borrell y Almunia. La autoridad del líder lo impidió. Se impuso el dedo de González pero inmediatamente se cuestionó la legitimidad de origen de Joaquín Almunia. Lo que supuso que en abril de 1998 se convocaran elecciones primarias para candidato a la presidencia de gobierno y Josep Borrell le ganara a Joaquín Almunia por un margen, en lo que sabemos, de 21.394 votos. Todo el mundo lo entendió como el triunfo de la militancia sobre el aparato y los más perspicaces lo leyeron como “una cierta reparación de una mala noche” en el XXXIV Congreso. El triunfo de Borrell logró romper el hielo entre el partido y los ciudadanos. Volvíamos a levantar el ánimo pero la alegría duró poco: en mayo de 1999 renunció como candidato debido, por una parte, al escándalo de fraude fiscal de dos colaboradores suyos cuando era Secretario de Estado de Hacienda y, por otra parte, a la falta de apoyo de la dirección del partido. Ciertamente Borrell y su equipo no supieron contrarrestar las zancadillas que les tendían desde el aparato.

En el año 2000 concurrimos a la cita electoral con Joaquín Almunia de candidato y, en un desesperado intento de que el derrumbe no fuese mayúsculo, fuimos cogidos de la mano de Francisco Frutos, líder de Izquierda Unida. La operación era rocambolesca: el ala social-liberal del partido unida a los viejos comunistas. ¿Quién daba crédito? Resultado: un aplastante fracaso, perdimos 16 escaños en el Congreso. La misma noche electoral (marzo de 2000), Almunia presentó la dimisión irrevocable. Justo es reconocer la elogiable actitud de Almunia. Se creó una gestora, presidida por Manuel Chaves, encargada de organizar el XXXV Congreso, en el que resultó elegido José Luis Rodríguez Zapatero.


Si con la renuncia de Felipe González no hubo debate, con la formación de la gestora aún más se imposibilitó la reflexión sobre la deriva del partido socialista. Una vez más, se aplazaba el debate por el acuciante quehacer de buscar un nuevo líder. Como sabemos, en aquel XXXV Congreso, celebrado en julio de 2000, se presentaron cuatro candidaturas, encabezadas por Matilde Fernández, Rosa Díez, José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero. Contra todo pronóstico ganó Zapatero, un joven de León, con mucha vida política en el interior del partido, con experiencia parlamentaria pero sin jugar ningún papel destacado en la institución, que no había ido a la manifestación de apoyo a Vera y Barrionuevo en la cárcel de Guadalajara.

Una nueva generación de jóvenes que no habían vivido directamente las inclemencias de la represión franquista, pero que se hacían cargo de la memoria de sus abuelos, tomaba el mando. La audacia de esa juventud la expresó sin complejos Rodríguez Zapatero cuando aseveró: “No estamos tan mal”. Tal vez ese optimismo no impostado atrajo el voto de los/as delegados/as de ese Congreso a la vez que la concepción del poder de José Bono produjo cierto espanto en algunas federaciones. No obstante, la cuestión que se nos plantea es si Rodríguez Zapatero había hecho la misma evaluación que hacemos nosotros de todo aquel período.

Con relación a la corrupción, en una entrevista que le hicieron Marco Calamai y Aldo Garzia (Zapatero, Ediciones Península, 2006, pág. 41), le preguntaron cuál de los errores de la vieja guardia no estaba dispuesto a asumir. En su opinión, el peor error era “no reconocer los errores. Apenas llegó a la secretaría general, decidió dejar de pagar a los abogados de Vera y Barrionuevo por el caso del secuestro de Segundo Marey. Es el momento en el que tanto Joaquín Leguina como José Luis Corcuera lanzan furibundas descalificaciones contra la medida. Y, por si fuera poco, posteriormente nombró Fiscal General del Estado a Conde Pumpido, cuyo voto había sido decisivo para condenar al ex-ministro del Interior y al ex-secretario de Seguridad del Estado por el secuestro de Marey. Aquí no acaba el pleito con la generación anterior: en la etapa 2000-2004 se produce un doble giro desconcertante para la vieja guardia. Primero, en lo que respecta a la política mediática, concede una importante entrevista a Pedro J. Ramírez, entonces director del diario El Mundo, enemigo acérrimo de Felipe González. El mensaje era nítido: el Grupo Prisa, el periódico El Paísprincipalmente, dejaba de ser el buque insignia del PSOE. Y, segundo, al producirse un cambio de ciclo en Cataluña con Joan Maragall a la cabeza, Zapatero entendió que había que variar la posición con relación al nacionalismo periférico. Convergencia i Unió ya no podría servir de sostén al gobierno nacional a cambio de obtener muy buenas contrapartidas por parte del gobierno central. Política que el perspicaz Jordi Pujol etiquetaba de “peix al cove”, que él mismo tiene a bien traducirla en sus Memorias como “aprovechar lo que puedas pescar, coger lo que se pueda” (Op. cit., pág. 85, Destino, 2013). Tal vez estas sean las razones por la que se acusó a Zapatero de haber hecho una “prejubilación masiva” en la organización. Imputación no se ajusta a los hechos: ¿no formaron parte de su primer gobierno Solbes y Bono?, ¿no fue Borrell candidato al Parlamento Europeo?, ¿no nombró a Almunia para la Comisión Europea?, etc.

A nuestro juicio, donde erró Rodríguez Zapatero fue en la estimación contemporizadora que realizó de la política económica de los gobiernos de Felipe González. Boyer, Solchaga y Solbes no fueron para él economistas discordantes con la tradición socialdemócrata. Ello explica que, una vez en el gobierno, nombrara a Pedro Solbes ministro de Economía y Miguel Sebastián, firme defensor de la desregularización económica, se convirtiera en su asesor áulico. Es cuanto menos llamativo observar que Rodríguez Zapatero pretendía superar la contradicción entre la ejecución de políticas económicas basadas en el dogma neoliberal y las reivindicaciones sindicales contra el desmantelamiento de los derechos laborales mediante la formulación del “republicanismo cívico” y su atractiva teoría de la libertad como “no dominación”. La obra del profesor Philip Pettit, Republicanismo, le había sido útil, según él, para ir “más allá de Felipe González”. Se trataba de ir más allá del concepto liberal de libertad como “no interferencia” y mostrar que las fuerzas que rigen el mercado no son ciegas sino que tienen los ojos bien abiertos y que para obtener grandes beneficios son capaces de poner en riesgo la salud de la gente y/o del planeta. Se ve que todo esto era “un decir” porque la práctica fue proporcionalmente inversa a la teoría de la libertad como no dominación. Probablemente el juicio más certero de la última etapa de Zapatero lo registró el novelista Juan José Millás en su artículo “El enigma”: “Sabemos que el destino de todos nuestros presidentes es salir mal de la Moncloa. Sabemos que Zapatero creía que escaparía a ese destino. Ya sabemos que no. Sabemos que dijo que no nos decepcionaría. Sabemos que nos decepcionó (quizá se decepcionó a sí mismo)” (El País, 03-04-2011) En efecto, Zapatero estuvo firmemente convencido de que a él los sindicatos no le harían una huelga.

Es verdad que Zapatero cumplió con su palabra cuando sacó a las tropas españolas del territorio iraquí. No nos falló, lo que le acarreó severas críticas del entorno felipista y de la derecha española, además de ocasionarle un distanciamiento en el contexto internacional. Frenó también de inmediato la aplicación de la Ley Orgánica de Educación promulgada por el gobierno de Aznar, con el voto en contra de la oposición parlamentaria. Es obvio que en sus gobiernos se tomaron en serio la consecución de los valores postmateriales: matrimonio entre personas del mismo sexo, ley contra la violencia de género, etc. No menos importante fue promover el cuarto pilar del Estado del bienestar: la atención a la dependencia, aunque no se dotó de un sistema de financiación nacional para hacerla realmente efectiva. Asimismo, demostró una gran altura de miras cuando reorientó la política geoestratégica de Aznar, completamente subordinada a los intereses de los neocons estadounidenses. España volvió a mirar a Europa, a eso que los neoconservadores calificaron con desprecio “la vieja Europa”: Francia y Alemania. Estas medidas supusieron un verdadero avance social y cultural pero todo comenzó a venirse abajo a partir de los ajustes realizados en mayo de 2010 con el objetivo de recortar el déficit público en torno a unos 15.000 millones de euros. La necesidad de atajar el déficit se impuso en la eurozona. La disciplina de la austeridad fue implacable: se trataba de salvar la economía a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población. El dictamen neoliberal hacía que los costes de la crisis recayeran sobre los ciudadanos. El giro de 180 grados que dio la política de Zapatero generó un gran desconcierto en la ciudadanía. Y ese amoldamiento a los patrones neoliberales difuminó el perfil de izquierda del gobierno. Si en mayo propuso un plan durísimo para reducir el déficit, en el debate sobre el estado de la Nación del 14 de julio reconoció sin ambages que lo único que podía hacer era “cambiar de rumbo”: “Donde antes se necesitaba gasto público e inversión, hoy se necesita austeridad y reformas […] Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad de un gobernante, que es precisamente gobernar. Voy a seguir ese camino, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste” (Diario de Sesiones del congreso de los Diputados, Nº 178, pág. 20, Año 2010).

Fue responsable, es verdad; pero ¿con quién?, ¿con los mercados o con los ciudadanos? Asumió, de golpe y porrazo, la ortodoxia neoliberal: prioridad absoluta a la reducción del gasto y al recorte del déficit sin el más mínimo gesto de repartir las cargas de la crisis entre las grandes fortunas. ¿Era la única política posible? Pensamos que no y no somos unos irresponsables. Otra política económica hubiese requerido otro equipo económico, es decir, romper la hebra social-liberalque se venía tejiendo desde los años ochenta en el modelo económico de la socialdemocracia española.

Aún hoy estamos pagando las consecuencias del “cueste lo que cueste”. La izquierda giró hacia la derecha apelando a lo “inevitable”, esto es, resignándose a una suerte de fatalidad cuando, en realidad, los hechos no respondían a otra cosa que a un dictado incuestionable y absolutamente político. Las exigencias de una nación, Alemania, y de su brazo económico, el BCE, cayeron en suelo español como una catástrofe. Y, paradójicamente, el deber patriótico se mutó en salvar a la banca financiera.

6. Fallamos a la ciudadanía

Esta es la triste historia de por qué fallamos a la ciudadanía. Para mayor desasosiego falta la coda final: el 27 de septiembre de 2011 el PSOE y el PP votaron conjuntamente la reforma del artículo 135 de la Constitución con el fin de establecer la prioridad absoluta del control del déficit sobre otras medidas económicas. Mandamos a Keynes al cuarto oscuro y nos sentamos en el porche a la espera de que amainase la tormenta. Pero de camino al cuarto oscuro tropezamos con una hoja del Diario de Sesiones antes citado en la que Rodríguez Zapatero le decía a Rajoy: “Es verdad que había una medida original, la había, fue la que más eco tuvo, que era reformar la Constitución para impedir el déficit. Una reforma que, como saben, es rápida, dado cómo es nuestro procedimiento de reforma constitucional, y que sería muy eficaz para combatir la coyuntura de la crisis económica. Esa ha sido toda la reforma original que le hemos oído en los últimos meses y que no tiene ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad” (pág.22). Lo que el 14 de julio de 2010 no tenía “ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad” el 27 de septiembre de 2011 tiene sustento, es efectivo y es competente. Cambio de rumbo a toda marcha y sin airbag. El trastazo electoral estaba de sobra anunciado. Ni siquiera el hecho de que ETA, vencida, dejara las armas pudo ser puesto en valor. Un triunfo de la democracia sin precedentes en la historia de España en la lucha contra la violencia terrorista pasó de largo durante la campaña electoral. La envestida económica pesó como una losa y había que salvar los muebles con urgencia. Cómo, buscando un nuevo liderazgo.

Y nuevamente el PSOE diluye el debate, no quiere hacer un balance. Vuelve a persistir en el error
. El 27 de mayo de 2011 el Comité Federal propone que Alfredo Pérez Rubalcaba sea el candidato del partido a la presidencia de gobierno. Pérez Rubalcaba, pupilo de Felipe González y afín al grupo Prisa (ahora forma parte del consejo editorial de El País), se hizo cargo de afrontar las elecciones sabiendo que estaban perdidas. Al tiempo, se propuso suceder a Zapatero en la secretaría general del partido. Se empeñó en liderar la travesía del PSOE. ¿Cómo interpretarlo? Volvía el pasado para solventar el futuro. Dicho mejor, el futuro era el pasado. Carmen Chacón, que había sido ministra de Urbanismo y Vivienda y ministra de Defensa en el gobierno de Zapatero, fue su contrincante en el XXXVIII Congreso Federal. Chacón perdió por veintidós votos y, entre otras razones, no sólo porque fuera de otro partido, el PSC, sino por ser catalana.

En un acto celebrado en Madrid, Pérez Rubalcaba enérgicamente afirmó: “El PSOE ha vuelto, compañeras y compañeros. Ha vuelto…” No es que el PSOE se hubiera ido de viaje, no; lo que volvía era el felipismo. El PSOE volvía a ser el PSOE, es decir, las riendas estaban otra vez bajo la influencia de Felipe González. Había que borrar cuanto antes la etapa de Rodríguez Zapatero. Se trataba de eliminar la huella de Zapatero: su aventura en Cataluña, en la política internacional con el diálogo de civilizaciones, en rehabilitar al republicanismo a través de la memoria histórica, etc. Había que pasar la página cuanto antes pero sin hacer un debate, ni sopesar los aciertos y las sombras. El PSOE marchaba hacia adelante con la vista puesta en el retrovisor. Y así nos fue en las elecciones europeas. Tras la severa derrota electoral, Pérez Rubalcaba tomó la decisión acertada: el 25 de mayo de 2014 anunció su futura salida como secretario general en el siguiente Congreso Federal, convocado para el mes de julio. No obstante, antes de despedirse definitivamente del Congreso de los Diputados culminó su labor parlamentaria avalando la continuidad de uno de los ejes capitales de la Transición española: la Monarquía. En la toma de posición sobre el proyecto de ley orgánica para hacer efectiva la abdicación del Rey Juan Carlos I, Pérez Rubalcaba puso de manifiesto la entera fidelidad de los socialistas al acuerdo constitucional de 1978 y, después de precisar que en dicha sesión parlamentaria no se estaba votando la sucesión del Rey Juan Carlos I en su hijo el Príncipe de Asturias porque eso ya se había votado en 1978, esgrimió con contundencia los argumentos por los que el PSOE votaría a favor de esa ley orgánica. Hizo una consideración definitiva para fijar la posición sin titubeos: “Permítanme que me haga retóricamente algunas preguntas. ¿Podría esta Cámara no hacer esta ley? No, no podría. Tiene que hacerla porque así lo establece la Constitución. Y una segunda pregunta. ¿Puede esta Cámara votar no a una ley que recoge la voluntad expresada libremente por el Rey? O, dicho de otra manera, ¿qué significaría un voto negativo a esta ley? Pues que o bien esta Cámara entiende que la abdicación no está bien formulada por parte del Rey, lo que no es el caso, o que este Congreso no autoriza la abdicación del Rey, lo que, entre otras cosas, comportaría el dislate de que esta Cámara le dijera al Rey que debe seguir siéndolo aunque él no quiera. En resumen, la Constitución nos mandata para hacer esta ley y, a mi juicio, no cabe otra posibilidad que votarla afirmativamente si la voluntad libre del Rey de abdicar está correctamente acreditada, como es el caso” (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados, Nº 204, pág. 9, 11-06-2014).

Nunca mejor dicho que todo lo que estaba diciendo era pura retórica, es decir, presentaba un falso dilema al modo de una disputa teológica para terminar concluyendo no que había otra vía: votar sí o sí la ley orgánica. Lo que para el PSOE había sido producto de la “convención” en 1978termina siendo, en 2014, resultado de la “convicción”. Antes asumimos la monarquía por conveniencia, ahora la cristalizábamos por convicción. Prueba de este salto cualitativo lo revela el mismo Pérez Rubalcaba al referirse a la intervención de Luis Gómez Llorente en el debate constitucional. Curiosamente rememoró sólo una parte del discurso de Gómez Llorente, aquella en la que señala que la monarquía no es incompatible con el socialismo, pero se le “olvidó” traer a la memoria un apartado esencial de su alocución: “Por otra parte, es un axioma que ningún demócrata puede negar, la afirmación de que ninguna generación puede comprometer la voluntad de las generaciones sucesivas. Nosotros agregaríamos que se debe incluso facilitar la libre determinación de las generaciones venideras” (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados, Nº 64, pág. 2195, 11-05-1978) Esto es, Pérez Rubalcaba, en plena crisis de la institución monárquica, cerró la puerta a que se abriera un referéndum sobre la continuidad de la monarquía. No sólo estaba legitimando el consenso de 1978 sino también estaba apuntalando el sistema. Un gran servicio a la institución, un flaco favor a la causa republicana.

7. No caigamos en la farsa

Tampoco sobre esta cuestión se pudo discutir en el XXXIX Congreso celebrado en julio de 2014. Ahora todo se centraba en quién ganaría las primarias. Así se desvanecía toda esperanza en que el partido iniciara una profunda reflexión sobre sus aciertos y sus errores. Concurrieron tres compañeros: Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. La personalización de la campaña y la individualización del liderazgo impidió que realizáramos una evaluación acerca de la crisis de la socialdemocracia que fuera más allá de la coyuntura. Todo el debate se sustanció en una puesta en escena en Ferraz con los tres candidatos dirigiéndose a unos pocos militantes y, sobre todo, a las cámaras de televisión. El mismo formato del debate imposibilitaba que se tratara con mesura la encrucijada en la que nos encontrábamos. Fue un acto electoral, no una jornada donde se pusiera sobre la mesa qué había que rectificar y hacia dónde tenía que ir el partido. Como sabemos, Pedro Sánchez obtuvo más apoyos y, en el Congreso Federal, formó una ejecutiva sin contar para nada con Eduardo Madina ni con Pérez Tapias. Interpretó que el ganador “se lo lleva todo” y que el perdedor “pierde todo”. Un lamentable comienzo, pues pretendía retrotraerse al modelo de organización bonapartista, aunque sin carisma alguno. Incluso su secretario de organización, César Luena, tuvo posteriormente la osadía de hablar de “El PSOE de Pedro Sánchez”. Todo un despropósito o, si se quiere, un partido que empezaba a ser estrafalario. Lo que mal empieza, asevera Aristóteles, mal acaba.

En El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx matiza una afirmación de su maestro: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa” (Op. cit., pág. 241, Espasa Calpe, 1985). En efecto, mal asunto sería caer nuevamente en el error. Demasiado mal lo hemos hecho en los últimos meses. No caigamos en la farsa de que el estancamiento en que se halla el PSOE se arregla con unas simples primarias. Y menos aún corregirán este desatino quienes han sido los máximos responsables de situar al PSOE al borde del precipicio.

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Mario Salvatierra, miembro del comité federal del PSOE; 
Enrique Cascallana, ex alcalde de Alcorcón y ex senador; 
Juan Antonio Barrio, ex diputado nacional 
José Quintana, ex alcalde de Fuenlabrada y actualmente diputado en la Asamblea de Madrid

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21/11/2016 09:15. Izquierda Socialista en Valladolid #. OPINIONES No hay comentarios. Comentar.

"La abstención es el mal mayor"

Pérez Tapias: "La abstención es el mal mayor"

madina

“El partido está roto ahora mismo”. José Antonio Pérez Tapias abandonaba el fatídico Comité Federal del PSOE del pasado uno de octubre pronunciando esta contundente frase. Poco después, Pedro Sánchez dimitía como secretario general y una gestora tomaba las riendas de la formación con la abstención en mente.

 

El exdiputado del PSOE y exportavoz de Izquierda Socialista había competido precisamente contra Sánchez y Eduardo Madina apenas dos años antes en la primera consulta entre la militancia para elegir al líder del partidos. Y lo hizo con los postulados más izquierdistas y criticando el viraje del partido durante la etapa final de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

A este decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada la batalla del PSOE le ha pillado en pleno arranque del curso universitario, Y, además, preparando una conferencia sobre violencia y cultura para un próximo congreso. En su mesilla, tiene estos días textos académicos y obras como La violencia y lo sagrado, de René Girard, y Sobre la violencia: Seis reflexiones marginales, de Slavoj Žižek.

 

A cuatro días de viajar a Madrid para participar en el Comité Federal que decidirá sobre la abstención, Pérez Tapias se confiesa con El Huffington Post. Tiene claro su ‘no’ al Gobierno del PP y defiende ir a unas terceras elecciones -"no son el fin del mundo”-. No da por hecho, además, que vaya a triunfar la tesis abstencionista. Y pide que haya pronto un congreso extraordinario para elegir al nuevo líder del PSOE. “Hay muchas miradas que se dirigen a Josep Borrell”, avisa.

 

¿Sigue creyendo y afirmando que el PSOE está roto?

 

Sí, fue un diagnóstico que en ese momento se hacía patente ante lo que se estaba viendo en el Federal. Esas tensiones se han proyectado hacia afuera y vemos ahora mismo que hay posiciones muy divergentes. No es una ruptura consumada, por fortuna, pero tenemos que ser conscientes de que las distancias son muy largas entre posiciones. Hay un antagonismo muy fuerte y que se evidencia en los órganos del partido, no en la militancia. Si no se abordan estas situaciones y se resuelven los temas pendientes, la ruptura puede consumarse. No es desechable.

 

¿Qué recuerdos guarda de aquel fatídico día?

Los recuerdos están muy vivos. Se ha descrito con muchos calificativos, de bochornoso a lamentable. En algún momento yo hablé de vomitivo. Fue una jornada muy negativa política y humanamente. La imagen que se proyectó a la ciudadanía fue ciertamente penosa, de vergüenza colectiva. Esto no se arregla con lamentaciones, exige una voluntad política para recomponer la situación. Y no sólo con la retórica de vamos a coser los descosidos.

 

El PSOE va camino de la abstención tras los últimos movimientos, ¿cree que esa postura se impondrá el domingo?


Tiene ciertos visos de ser la postura mayoritaria, pero no doy por hecho eso. Yo abogo por mantener el ‘no’ a la abstención al PP porque sigue habiendo sólidas razones. En este caso, vamos a ver qué pasa. Hay federaciones que se inclinan de manera clara por la negativa a la abstención, como Cataluña, Baleares, Cantabria, Castilla y León y Euskadi. La cuestión está muy abierta a pesar de las posibles apariencias de la abstención. Incluso el PSOE en Andalucía no presenta una realidad tan compacta como la que ve desde fuera. Hay que debatir y votar y vamos a ver si hay otra posibilidad que ahora no hemos vislumbrado.

 

Cita a Andalucía y usted es de allí, ¿qué le parece que ya hable abiertamente la dirección de abstención desde este lunes?

 

A estas alturas hay cuestiones que no sorprenden, aunque ciertamente han presentado un recorrido que merece la crítica. Es criticable por ser un viraje tan drástico sin una argumentación suficiente. Tal como está la situación política, la crispación y la gravedad de la coyuntura, el lenguaje de la ‘urticaria’ de Juan Cornejoen exceso coloquial no favorece en nada al debate político ni a aclarar la posición del partido. También se puede pensar que no había mucha convicción en el ‘no’ que se estaba propugnando. Deja a la militancia en una situación de perplejidad grande. Parece ser que algunos y algunas no se tomaron esto con la seriedad que el caso requería. ¿Qué esperaban, que en algún momento se diera ese vuelco a la abstención y quien fuera secretario general se achicharra abogando por la abstención? Aparecen muchos interrogantes.

 

En la reunión en el Senado el presidente de la gestora, Javier Fernández, les dijo a los parlamentarios que había que elegir entre elecciones y abstención “en el terreno del mal menor”. ¿Para usted cuál es el mal menor?

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