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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

La derecha del PSOE está agazapada, espera a que termine el período Zapatero para volver

ANTONIO GARCÍA-SANTESMASES Catedrático de Filosofía y miembro de Izquierda Socialista

M. CASTRO

Antonio García-Santesmases nació en Madrid hace 56 años. Catedrático de Filosofía Política en la UNED, es representante sindical de UGT en su Universidad. Ingresó en el PSOE en 1976. Es uno de los referentes de la corriente de opinión Izquierda Socialista, dentro del partido. Fue miembro del comité federal del PSOE y diputado. Veranea en Asturias desde hace 20 años, primero en Cudillero y desde 2000 en Gijón. «El dicho de que Madrid es 9 meses de invierno y 3 de infierno responde a la realidad. Durante 5 meses no se apaga la calefacción».

-Los que van a caldear el otoño este año son los sindicatos, el 29-S.

-Apoyo la huelga que han convocado los sindicatos. Es una gran idea que esta huelga se realice como una huelga europea, porque el debate de fondo es cómo queremos que sea el futuro de Europa. En Europa después de la Segunda Guerra Mundial, se construyó el Estado de bienestar, con una combinación entre el crecimiento económico, el pleno empleo, los derechos económico-sociales, la economía mixta y el papel de los sindicatos. Esto es lo que se quiere desmontar desde hace años, desde la llegada de Margaret Tatcher al Gobierno de Gran Bretaña en 1979, junto con lo que significó la política en Estados Unidos de Ronald Reagan y la del Papa Carol Wojtyla, las tres figuras del mundo neoconservador que trataron de crear un mundo donde la gente se olvide del origen del Estado de bienestar.

-¿Puede explicarse?

-Hay una corriente ideológica que plantea que el Estado de bienestar es un lujo que no nos podemos permitir. Pero no fue un lujo, fue una necesidad porque Europa venía de una guerra mundial, en la que desembocó la crisis del liberalismo de los años 30 con el auge del fascismo y del nazismo. Personas de distintas ideologías, con pensamiento liberal cristiano, progresista o de izquierda socialista llegaron a la conclusión de que no se podía volver al liberalismo del período de entreguerras porque el Estado para justificarse necesitaba, no sólo reconocer los derechos a la libertad de expresión y de conciencia o a la participación en los procesos políticos, sino que necesitaba regular la vida económica, garantizar los derechos no sólo como ciudadanos, sino como trabajadores. Eso es lo que poco a poco se está desmantelando.

-¿Puede valorar el giro que ha dado Zapatero en sus políticas?

-La dio en la fecha fatídica del 12 de mayo de 2010 donde él llega a aquella conclusión de que íbamos a cambiar los mercados y los mercados nos han cambiado a nosotros. Fue fruto de amenazas de los países europeos más importantes, de Estados Unidos y de China que exigieron tomar medidas que duelan; las pensiones, la reforma laboral, el salario de los funcionarios. Pero, claro, esto fue en un momento donde se había invertido una cantidad ingente de recursos para salvar a los responsables de la crisis, que son las entidades financieras. Es como decir que el Estado tiene que estar al servicio del capital y no puede garantizar los derechos económicos y sociales de los ciudadanos.

-¿Quiere decir que el Gobierno tiene las manos atadas?

-La idea que se transmite una y otra vez es que las instituciones financieras deben de ser autónomas y que las políticas económicas no pueden ser diferentes con independencia de quién gobierne. Esto es contra lo que se rebelan, con toda la razón, los sindicatos esperando que la sociedad los secunde. ¿Es que da lo mismo votar a una opción u a otra porque todas tienen que ir por el mismo camino, que está marcado por el imperio económico por encima de la soberanía política? En este envite no es que nos estemos jugando sólo los derechos, lo nos estamos jugando es invalidar completamente lo que es la democracia.

-¿Cómo explica el auge de partidos de extrema derecha en varios países europeos?

-Ante un horizonte tan sombrío, en el que no sabemos si nuestros hijos tendrán trabajo y si las personas de la tercera edad van a tener algún tipo de cobertura, surge el racismo y la xenofobia, La gente se pregunta «¿quién es el responsable de esto?». Y claro, no buscan a las entidades financieras, sino que buscan al gitano, como hace Sarkozy.

-¿Tienen razón los alemanes cuando se quejan por financiar el gasto de España?

-Alemania se ha olvidado de que toda Europa cargó con el coste de su reunificación. Es imprescindible un liderazgo europeo que no sea puramente nacionalista de Estado, que vaya más allá.

-¿Y qué me dice de los nacionalismos dentro de los estados, como ocurre en España?

-A mayor uniformidad tecnológica, por la globalización, se produce una mayor reivindicación de la identidad, de las raíces. Hay otros lugares donde se hace a través del Estado, porque están consolidados como estado-nación, con una fuerte cultura republicana, como Francia.

-¿Le parece adecuada la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán?

-Me parece un error de magnitud histórica. Sobre todo la parte primera, que invalida el preámbulo. Yo creo que con esas posiciones no hubiera sido posible la Constitución de 1978. Yo entiendo que si estuviera una persona como Tomás y Valiente se llevaría las manos a la cabeza. De los ponentes constitucionales, el concepto de España como nación de naciones lo defendieron Solé Tura, Roca, Peces-Barba y Herrero, frente a la postura contraria de Fraga, Pérez Llorca y Cisneros.

-¿Por qué error histórico?

-La mayoría del Tribunal Constitucional ha hecho un agravio a Cataluña muy perjudicial. Si uno recoge lo mejor de la cultura federalista sabe que hay una complicidad entre los sentimientos nacionales español y catalán. Es un problema de reconocimiento de identidad.

-¿No se está alimentando en Cataluña la identidad catalanista por contraposición a la española?

-En una minoría. Los que han hecho que aumente esa contraposición a España han sido los señores que después de tener el estatuto aprobado por el Parlamento catalán, reformulado por el Parlamento español y validado por un referéndum, deciden enmendarlo. Ese agravio fomenta el independentismo.

-¿Considera preciso reformar la Constitución?

-Yo voté a favor de la Constitución por el estado de derecho, el estado social y el inicio del estado autonómico. Me hubiera gustado que hubiera habido un referéndum paralelo sobre la forma de Estado para votar por la República.

-¿Cree que ese debate es tabú?

-Lo ha sido hasta ahora, pero creo que eso termina con el actual jefe del Estado. Es decir, no es concebible que eso pueda funcionar sin que haya una relegitimación. Mucha gente de izquierdas decía que era Juancarlista, no monárquica. Basta recordar la historia de los Borbones en España, con Carlos IV, Fernando VII, Isabel II o Alfonso XIII. La gran injusticia de la transición fue no haber recordado la idea de España que tenían Manuel Azaña, Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos.

-¿República es izquierda?

-Había liberales que como Azaña pensaban que el liberalismo para poder fortalecerse tenía que conectar con la democracia. Creo que ese modelo, la República, aunque haya sido tabú, va a volver.

-¿Por qué lo prefiere?

-En primer lugar, por la forma electiva. El poder no se basa en la herencia, en algo que no eligen los ciudadanos. En segundo lugar porque es hacer justicia a la mejor tradición española, que no es la de los Borbones, sino la de todos esos españoles derrotados y exiliados, que tuvieron la esperanza de que las democracias que los abandonaron en los años 30 los apoyaran para reconstruir la democracia en España en el año 46 o en el 47. La tragedia fue la larguísima dictadura hasta el año 75 y que la transición se tuvo que hacer olvidando ese legado republicano.

-¿Cómo ve las primarias del PSOE en Madrid?

-Pienso que es de justicia que Tomás Gómez sea el candidato.

-Parece que la decisión de que haya primarias ha molestado en el «aparato» del PSOE.

-Es difícil para los partidos, pero el hecho de que Gregorio Peces-Barba o Álvaro Cuesta hayan apoyado a Tomás Gómez, ha desdramatizado el asunto. En Asturias, por lo que se ve, está el caso de cantidad de afiliados del PP que quieren que el candidato sea Cascos, que tiene tensión con los aparatos de aquí, que son contrarios. En esos casos el mecanismo menos malo es hacer unas primarias.

-Areces acabó renunciando.

-Areces ya llevaba 24 años en el Ayuntamiento y el Principado. En los puestos de responsabilidad alta, tanto en la vida política como en las universidades o en los clubes deportivos, habría que limitar los mandatos. Ocho años ya son bastantes. Si además se hace un proceso interno en las organizaciones para elegir al siguiente candidato, serían mecanismos que sanearían en parte la política. Ibarra o Pujol presidieron 23 años una autonomía. Eso no es bueno. Es preferible que entre aire fresco y que la renovación, en vez de las cúpulas, la decidan los afiliados.

-¿Cree que el Gobierno de Zapatero da bandazos?

-Creo que convendría coordinar más los mensajes, porque en ocasiones han provocado un desconcierto manifiesto.

-Usted pertenece a Izquierda Socialista. ¿Dónde está la derecha dentro del PSOE?

-Está agazapada a la espera de que termine el período de Zapatero para volver. Eso es como yo lo veo. Para algunos de ellos, todo lo que para Izquierda Socialista han sido pasos importantes de Zapatero, como la retirada de las tropas de Irak, el matrimonio homosexual, el intento de encauzar el problema de la memoria histórica o el esfuerzo con el Estatuto de Cataluña, para ellos son errores. Hay pocos que lo dicen claramente, entre ellos Joaquín Leguina. Están agazapados, intentando hacer un balance de la gestión para tratar de que haya una rectificación. Es difícil que gente que haya apoyado inequívocamente a Felipe González durante los años 80 pueda coincidir con todo lo que hace Zapatero.

«Lo que está en juego con la forma de salida de la crisis económica es la democracia»

«El agravio del Tribunal Constitucional a Cataluña fomenta el independentismo»

lne.es

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