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Izquierda Socialista de Valladolid en la defensa de los Servicios Públicos

Látigo para Cuba, bálsamo para el Magreb

Cuba tiene hoy en día 58 presos de conciencia. La Unión Europea no le brinda ningún tipo de cooperación y le aplicó incluso, en 2003, unas sanciones inspiradas en una posición común que la diplomacia española desea suavizar cuando, el año próximo, ejerza la presidencia europea. Esa posición estipula que la mejora de la relación con Europa está supeditada a los progresos de Cuba en materia de derechos humanos.

 

Túnez posee, según la ONG Human Rights Watch, cerca de 800 presos condenados, en su mayoría, por "acciones que responden a motivos políticos" consistentes en preparar viajes a Irak o descargarse vídeos yihadistas, pero no cometieron actos violentos. Túnez es, junto con Marruecos, el socio norteafricano más mimado por la UE. Fue el primero en firmar un acuerdo de asociación, en 1996, y ahora negocia el llamado estatuto avanzado que supone un salto cualitativo.

 

¿No se puede comprar a Cuba con Túnez porque los reos cubanos son pacíficos mientras que los tunecinos son proclives al terrorismo? Retrotraigamos entonces a 1996 cuando Túnez fue premiado por la UE con el primer acuerdo de asociación. Aquel año había algo más de 400 presos de conciencia en la isla y cerca de 2.000 en el país magrebí. Éstos últimos eran entonces, en su mayoría, militantes de Ennahda (Renacimiento), un movimiento islamista no violento equiparable al marroquí Partido de la Justicia y del Desarrollo, a los que había que añadir un puñado de izquierdistas.

 

¿Sigue sin ser válida la comparación entre Cuba y Túnez porque, pese a todo, aquellos barbudos encarcelados no eran demócratas? Cotejemos otros episodios recientes en ambos continentes como los golpes de Estado. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya , elegido democráticamente, fue derrocado el 28 de junio y tres días después España y Francia retiraban a sus embajadores arrastrando a toda la UE que, el 20 de julio, anunció la suspensión de su cooperación con el país centroamericano.

 

El 6 de agosto de 2008 un pronunciamiento militar derrocó en Mauritania al presidente Sidi Ould Cheikh Abdellahi , que acababa de regresar de una visita oficial a España. Había sido elegido por sufragio universal 17 meses antes al término de una transición democrática ejemplar. El Gobierno español condenó el golpe, pero el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se apresuró en declarar que España mantendría "el mejor nivel de relaciones" con Mauritania.

 

La Unión Africana sancionó a la Junta Militar mauritana, la Administración de George Bush hizo otro tanto y cuando Barack Obama asumió la presidencia apretó aún más las tuercas. EE UU no sólo suspendió la cooperación y la ayuda militar sino que prohibió la entrada en su territorio a los militares golpistas y a los que les apoyaban activamente. Quería preservar la única democracia norteafricana. Washington "sigue proporcionando un apoyo moral y político al presidente democráticamente elegido", reiteraba, en mayo, un comunicado de la embajada estadounidense en Nuakchot. Hasta la pequeña oposición islamista alabó entonces a EE UU.

 

La UE amenazó con castigar a la Junta, pero no llegó a hacerlo en parte porque Francia y España lo evitaron. Moratinos descartó en el Senado, en octubre de 2008, que España sancionase por su cuenta a los golpistas. Su embajada en Nuakchot fue incluso la que más fácilmente les concedió visados Schengen para viajar a Europa.

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