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¿Primarias sin debates?

El acuerdo entre Zapatero y Gómez para que los socialistas madrileños elijan su candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma ha puesto de relieve la inclinación del PSOE a resolver de forma democrática las legítimas diferencias de criterio entre distintas instancias del partido. La decisión ha sido bien acogida y, según los sondeos, predominan las opiniones favorables a las primarias y los que entienden que fortalecerán al PSOE. Sin duda, su principal inconveniente consiste en que las preferencias de sus afiliados podrían ser muy distintas de las de su electorado potencial, pero el hecho de que sea la dirección del partido quien elija al candidato no constituye ninguna garantía de acierto. Al menos, en Madrid.

 

Con todo, solo desde la ingenuidad o el populismo cabe sostener que las elecciones primarias son un ejercicio democrático solo porque sean las bases quienes eligen el candidato. No basta con eso, sino que han de darse, además, algunas otras condiciones. Primero, que las bases puedan elegir entre dos o más opciones conociendo bien cuales son sus diferencias. Segundo, que todos los afiliados, del primero al último, puedan expresar libremente sus preferencias y votar con igual libertad sin sujeción a presiones de ningún tipo. Y tercero, que los aparatos sean no solo neutrales, sino garantes de la neutralidad, lo que debe impedirles tomar decisiones o emprender acciones que generen sospechas, aunque solo sean sospechas de parcialidad.

 

Las dos últimas condiciones son tan evidentes que no requieren mayor explicación. La primera sí. Si lo que hay que decidir es quién es el mejor candidato es porque se supone que hay diferencias entre ellos y que uno es mejor que el otro. Pero ¿en qué y por qué? Si los que tienen que decidir quién es el mejor son los afiliados, en este caso los del PSM, lo lógico sería que la campaña sirviera para ayudarles a hacerlo con conocimiento de causa, al margen de cualquier prejuicio inicial, basándose en una comparación entre los candidatos después de uno o varios debates públicos y no solo ni principalmente en lo que digan las encuestas. Lo que digan pueden cambiar en el curso de la campaña, que para eso está.

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Las primarias de Madrid están abriendo una oportunidad única al PSOE. Sus bases se están activando y movilizando y sería bueno que fueran a votar después de haber visto y oído a Trinidad y Tomás en un debate abierto y, a ser posible, en más de uno y no por lo que hubieran oído o leído acerca de ellos. Nadie debe optar por aquella por ser la preferida de la dirección, ni a este por partir de las bases. Estoy seguro de que afiliados y ciudadanos coincidirían en dos puntos: uno, que los debates favorecerían y no perjudicarían al partido; dos, que están a favor de que se produzcan. Las encuestas seguirán influyendo, pero, sin duda, serían mucho más fiables si los entrevistados se pronunciaran tras ver debatir a ambos candidatos.

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elpais.com/articulo

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